martes, 18 de febrero de 2020




UNA CREADORA CON MAYUSCULAS

María Laura Antonelli: “Argentígena”, álbum de 6 composiciones de su autoría para piano y electroacústica con la propia autora como interprete, Grabado en 2018. Sello: Acqua Records.

NUESTRA OPINION: EXCELENTE.

  Días pasados, en ocasión de visitar los estudios de “De Paraíso para Usted”, María Laura Antonelli, joven compositora y pianista argentina nos trajo este álbum del que irradiamos dos de sus composiciones: “Argentígena” (Título del álbum) y “Metrónomo in Progress”. Otras cuatro completan este trabajo: “Hembra Corcel”, “Invención Tango”, “La Hermosura de la Inmensidad Absoluta” y “La Máquina de Hacer Fantasmas” (El más extenso de los seis). Luego de haber tenido el privilegio de escucharlo, pudo asegurar que estamos en presencia de una creadora con mayúsculas, talentosa, además excelente pianista, la que no solo posee técnica muy sólida, sino que también irradia una muy potente energía tanto en su escritura musical como en la interpretación misma. A la “Argentígena”  que marca el pulso de  la Buenos Aires de hoy, se le suman la muy profunda “Hembra Corcel”, una chispeante “Invención Tango”, descripción en “La Hermosura de la Inmensidad Absoluta”( si bien pensada en espacio oceánico, bien le puede caber la inmensidad terrenal), el “eléctrico” y bien conocido “Metrónomo in Progress” y cerrar con  ”La Máquina de Hacer Fantasmas” en donde Antonelli se revela como una muy hábil empleadora de la electroacústica, la que es sostén fundamental de la composición. Así buceamos con ella en lo más profundo, disfrutamos sus manejos de las sonoridades y silencios y podemos sumergirnos en los climas de intimidad más increíbles. Hay también en las caras internas del álbum citas escritas por la propia compositora como  por Coni Banús” en “Hembra Corcel”, pero dejo que sean Uds. quienes las descubran buscando este trabajo. Vale mucho la pena, es uno de los mejores aportes a la discografía local de los últimos tiempos.

Donato Decina

sábado, 15 de febrero de 2020


 

UN MUY BUEN PROGRAMA PARA UN ATARDECER DE VERANO

“Centro Cultural Kirchner-Auditorio Nacional”: Concierto de Trompeta y órgano a cargo de Fernando Ciancio y Enrique Rimoldi. Programa de obras de diversos compositores. 14 de Febrero de 2020.

NUESTRA OPINION: MUY BUENO.

  Se sabe que la presente temporada ofrece más incertidumbre que sorpresas. No es fácil programar cuando no se sabe a ciencia cierta con qué recursos se contará, máxime cuando no hay aún presupuesto definitivo y  con lo que hoy por puede contarse es la prórroga del cálculo anterior de gastos y recursos, el que no previó para nada la estampida inflacionaria que barrió con todas las previsiones.  Es por eso que en la reapertura del Centro Cultural Kirchner tras el receso estival, se desarrollan actividades para todo tipo de público y para el rubro que nos interesa, la música clásica, se ofrecieron dos actividades en su sala principal, el Auditorio Nacional, empleando su formidable órgano tubular Klais Op. 1912, sumadas a un muy interesante ciclo de cámara con tres expresiones del máximo nivel en la Sala Argentina.

  La parte organística le fue encomendada a Enrique Rimoldi, un reconocido interprete de muy extensa trayectoria en Ntro. medio, quien fuera uno de los grandes animadores del inolvidable ciclo de Conciertos de Organo en los Barrios  que con mano maestra desplegó por décadas Adelma Gómez. En su primera presentación hizo dupla con Jaquelina Livieri en canto (de la que Graciela Morgenstern habló profusamente en Ntro. programa de Streaming del pasado Sabado) y en esta con un consagrado trompetista argentino como lo es Fernando Ciancio.

  El programa musical ofrecido abarcó un muy amplio panorama desde el Barroco hasta el Post-Romanticísmo y fue pensado para todo tipo de público, desde el melómano consecuente hasta el neófito, con una interesante duración de una hora sin intervalos y en donde pudimos apreciar para el dúo “Bis du bei mir”  de Bach, “Gavota” de William Joyce, “Voluntary” en Si bemol mayor de John Stanley, una exquisita transcripción del “Prelude” al “Te Deum” de Marc Antoine Charpentier y del estupendo “Ave Maria”  de Bach/Gounod, otra estupenda transcripción que fue la de “Lascia ch’io Pianga” de “Rinaldo” de Häendel, la “Melodía Solemne” de Walford Davies, la “Sonata en Re mayor” de Henry Purcell (No exenta de aplausos entre movimientos pero que se pueden disculpar dado el público neófito que había en la sala y la imposibilidad aun de contar con programas de mano), “Jerusalem” de Parry y la siempre bienvenida “Trompeta Voluntaria” de Jeremiah Clarke. A lo largo de este extenso programa de composiciones, más allá de la duración breve de algunas de ellas, los interpretes se mostraron muy efectivos, con impecable ajuste, la exquisita y refinada técnica de Fernando Ciancio expuesta fundamentalmente en el “Ave María”, “Lascia ch’io Pianga”, el “Prelude” y en “Trompeta Voluntaria” y el total dominio de Rimoldi del instrumento para el que reservó tres momentos solistas en donde desplegó su solvencia interpretativa, muy bien elegidos ellos por sus diferentes estilos y las riquezas de matices que contienen. Fueron. “Marcha Triunfal” de Scotson Clark (Evidentemente inspirada ésta en la del “Sueño de una Noche de Verano” de Mendelsohn), el sorprendente “Bolero de Concierto”, Op. 166 de Louis Lefebure-Kely y el “Rigaudon”, Op. 56 de Andre Campra, gratas sorpresas todas ellas para muchos oyentes.

  Ante el sostenido aplauso de la concurrencia que cubrió el 75 % del Auditorio Nacional, los interpretes retribuyeron con una muy íntima y sentida transcripción de “Alfonsina y el Mar” de Ariel Ramírez y Félix Luna que puso broche de oro a un programa pensado para todos, ideal para esta época del año, el que permitió el lucimiento de ambos intérpretes y que con inteligencia, utilizando un noble instrumento de alto impacto, le permitió al público un exquisito momento de música clásica.

Donato Decina

martes, 11 de febrero de 2020

Concierto en Santa María de la Armonía

.Director: Maestro Jordi Mora
.Solistas e intérpretes: Dulce Montenegro (flauta); Sofía Carmona, Marcos Paz, Evelyn Carmona (violines), Felipe Garese (cello); Gilda Lerithier (oboe); Hugo Fernández (guitarra), Marcela Crusat (piano); Martín Shuster (piano); Carolina Cho (piano); Eric Hasenclever (violín) Paula Gelpi (piano); Candela Santamarina (cello); Pamela Gallardo (clarinete), José Eizayaga (piano); Lucas Brass (cello); Bruno Amalfitano, piano.
.Estancia Santa María de la Armonía, Cobo, 9 de febrero de 2020, hora 18.

            El concierto de cierre de la vigésima novena edición del Campus Musical de Santa María de La Armonía estuvo integrado por la interpretación, en algunos casos de fragmentos y en otros de opus completos, de las obras cuyo estudio, preparación y análisis fueron materia de las distintas clases que tuvieron lugar durante el desarrollo de la actividad.
El programa comenzó con el Minuet de la Suite en si menor, BWV 1067  de Johann Sebastian Bach (1685-1750), para seguir con el Minuet y Rondó del Cuarteto para cuerdas nro. 1, K. 80, de Wolfgang Amadeus Mozart (1756.1791), por alumnos del proyecto Creciendo en Armonía.
Le siguieron las Pan, Faetón y Niobe, de las Seis metamorfosis según Ovidio, opus 49 para oboe, de Benjamin Britten (1913-1976), rápidas, de gran dificultad técnica y sin tregua para el intérprete, Gilda Lerithier mostró en ella su dominio del instrumento. Con notas casi siempre en stacatto,  breves pasajes dulces y resonancias de sonidos antiguos, requiere un gran control del flujo de aire y de la digitación en el instrumento.
Creación de Mundos, de H. Fernández (1961), por el autor en guitarra y Marcela Crusat en piano fue la siguiente obra: la guitarra establece una suerte de continuum rítmico sobre cuya base el piano desarrolla una fluida línea, como si llevara a cabo una improvisación. El esquema varía luego en el tempo y el carácter de la línea del piano. El discurso rápido, sin estridencias ni efectos, con un sonido suave, demanda una amalgama absoluta entre los intérpretes. Una muy bella obra.
La Suite Francesa nro. 2, en do menor, para piano, de Johann Sebastian Bach (1685-1750) fue interpretada por Martín Shuster. Los distintos ritmos de danza significan cambios en los acentos y la atención puesta en la nota que resuelve cada pasaje, a fin de establecer una línea de fraseo que no sea plana sino que se encamine hacia esa resolución. El fraseo y el tempo en las obras de Bach son algo sutil y complejo a la vez. Martín Shuster exhibió una línea absolutamente limpia y fluida y una clara musicalidad.
Carolina Cho abordó el primer movimiento de la Sonata nro. 2, en do menor (Claro de Luna), opus 27 de Ludwig Van Beethoven (1770-1827). En un comienzo de sonata como la número 2, tan conocida, pareciera muy difícil poder escuchar un enfoque nuevo. Sin embargo, la versión obtenida por Carolina Cho se destacó por la sutil musicalidad, la delicadeza del volumen y la fluidez de la línea. Como aspecto interpretativo cabe señalar que según sea el fraseo la obra adquiere o no, una connotación de melancolía. Tal fue el criterio de la intérprete.
El movimiento Allegro non troppo, del Concierto para Violín y Orquesta, en re mayor, opus 61, de Ludwig Van Beethoven (1770-1827) fue interpretado por Paula Gelpi en piano y Eric Hasenclever en violín. La larga introducción orquestal plantea el núcleo del material temático. Abordada en el piano resulta “poco pianística”, no obstante, es este fraseo inicial el que constituye la entrada a la obra. Requiere, además del claro esquema rítmico que abre el movimiento, ciertos ritardando en notas del comienzo de la frase y la sensación de “caída" hacia el resto de la frase (en la versión orquestal son los oboes quienes por primera vez exponen esta línea). La intervención del instrumento solista está dada por una variación, libre, cambiante, expansiva, del material. Del mismo modo que el segundo tema del primer movimiento de la Sinfonía Eroica, el tema inicial vuelve, de manera recurrente, tanto en el instrumento solista como en el piano, en una suerte de “regreso a casa”, dado por el “alejamiento” del desarrollo de las variaciones, donde todo se transmuta pero sigue siendo reconocible. Evoca en mucho a la Chacona de la Partita nro. 2 para violín de Bach. Renglón aparte merece la cadencia final donde hay un contrapunto entre el tema inicial y su respuesta (las resonancias de la Chacona siguen estando allí). Eric Hasenclever –ya fue posible apreciarlo el año pasado con su interpretación de la Chacona mencionada-  tiene un sonido refinado y potente al mismo tiempo y se siente muy cómodo en los pasajes de bravura. Paula Gelpi tiene un sentido de la frase, en sí misma y en relación al resto de la obra y una gran fluidez en el discurso pianístico.
La segunda parte se inició con la interpretación de Candela Santamarina de la Sarabande de la Suite nro. 3 para cello de Johann Sebastian Bach (1685-1750). Pasajes lentos y amplios, con notas dobles y un sonido dulce y profundo.
El primer movimiento del Concierto para Violín en la menor, BWV 1041 de Johann Sebastian Bach (1685-1750) fue abordado por Sofía Carmona como solista, junto con un ensamble de cuerdas. Exhibió su dominio del instrumento en la línea solista que comienza con una bella frase enfática que establece el material temático de todo el movimiento.
La Sonata para Clarinete y Piano, FP 184 de Francis Poulenc (1899-1963) fue abordada por Pamela Gallardo en clarinete y José Eizayaga en piano. De pasajes muy rápidos y cerrados entre ambos instrumentos, con prácticamente –sacando la Romanza- una renuncia a la melodía, explota la amplia dinámica del clarinete con pasajes de gran dificultad: del registro más agudo baja al más grave y casi todos los pasajes con muy rápidos. No es fácil establecer los momentos en que un material se resuelve y conduce a otro, ya que no hay casi melodía. No obstante, se trata de una cuestión que el intérprete debe tener muy presente para establecer las frases y en la relación con el otro instrumento. En la Romanza, único momento de relajación, Pamela Gallardo mostró la belleza de los motivos en una obra, en sí misma, rápida y tensional y con ello muy demandante para los intérpretes.
Lucas Brass en cello y Paula Gelpi en piano interpretaron la Sonata para cello y piano de Dmitri Shostakovich (1906-1975). La intensidad de los pasajes, su permanente cambio, en dinámica y rapidez hacen de esta sonata una obra de grandes requerimientos para los intérpretes. Su estructura implica una relación muy cerrada y estrecha entre ambos instrumentos, ya que el desarrollo del material temático pasa de uno a otro.  Volumen y fuerza son los elementos que más impresionan de ella y aparecen planteados en los distintos momentos de su desarrollo.
Bruno Amalfitano interpretó el Primer Cuaderno de la Música Callada, de Federico Monpou (1893-1987). Su música, sutil, delicada e intimista, se alinea con la de Faure, Satie y Debussy. Cada pieza es breve y utiliza elementos en sí sencillos: motivos delicados y dulces y un esquema armónico propio en el cual la línea de bajo, más que ser un acompañamiento establece un centro tonal y un clima. Cambios mus sutiles producen en el oyente una suerte de interrogante y cada pieza termina con un acorde prolongado con pedal: la música simplemente va extinguiéndose. Bruno Amalfitano pudo expresar muy bien en su interpretación la evanescencia del mundo musical de Monpou, que nos deja una sensación de dulzura y melancolía.
El Trío en mi bemol mayor, opus 100, de Franz Schubert (1791-1828), interpretado por Laura Gelpi (piano), Eric Hasenclever (violín) y Lucas Brass (cello) fue la última obra del programa.
Escuchada en vivo, a corta distancia de los intérpretes es dable apreciar dificultades inadvertidas en las grabaciones: La dinámica siempre cambiante –que obliga a una amalgama absoluta entre los instrumentistas- y la belleza de cada uno de los motivos musicales, ya sea de los principales o de los puentes en los diversos episodios. Lo que en las grabaciones parece secundario –el esquema rítmico- se advierte con claridad como un marco de la obra establecido muy brevemente por el piano pero que constituye una referencia para los otros instrumentos hasta el advenimiento del segundo tema. Es una obra de singular belleza pero no suave sino intensa y demanda un sonido tan refinado como potente en volumen que, como oyentes, nos atraviesa. Cuando hay momentos de relajación, como en el primer movimiento, surge un crescendo que nos devuelve a la intensidad: la imaginación schubertiana es tan extraordinariamente rica como inagotable.
El lenguaje de Schubert –como sucede en la Sinfonía La Grande- tiene que ver con la repetición –lo cual en este trío sucede particularmente en Andante con moto- (el leimotive de la Condesa Lyndon en la película Barry Lyndon, de Stanley Kubrick- pero la repetición es sí sutilmente cambiante. El tema central es introducido por una bellísima frase del cello.
Es dable destacar que  intérpretes como Laura Gelpi y Eric Hasenclever y Lucas Bras abordaron obras tan diferentes como el primer movimiento del Concierto para Violín de Beethoven (los dos primeros), la sonata de Shostakovich (la segunda intérprete mencionada y Lucas Brass) y el trío de Schubert (todos ellos). Tres texturas muy diferentes abordadas en un lapso bastante breve. Ello, y el modo en que lo hicieron, lleva a pensar que ya no cabe hablar de alumnos sino –por sus capacidades y aptitudes- de profesionales de la música.
Fue un extenso concierto de más de tres horas y media que permitió apreciar el talento de distintos intérpretes y acceder a obras lamentablemente poco frecuentes en el repertorio.  
        
              
           
           

Eduardo Balestena

lunes, 3 de febrero de 2020


Excelente reposición de “PORGY & BESS” en el Metropolitan de New York

MADE IN AMERICA
Martha CORA ELISEHT

            Dentro de la Temporada 2019-2020 del Metropolitan Opera House de New York, el pasado sábado 1° del corriente tuvo lugar la transmisión en HD de “PORGY & BESS” de George Gershwin (1898- 1937), con libreto de DuBose Heyward y Ira Gershwin, con un elenco compuesto por los siguientes cantantes: Eric Owens (Porgy), Angel Blue (Bess), Golda Schultz (Clara), Donovan Singletary (Jake), Frederick Ballentine (Sportin’ Life), Latonia Moore (Serena), Denyce Graves (Mariah), Alfred Walker (Crown), Errin Duane Brooks (Mingo), Chauncey Packer (Robbins y el vendedor de cangrejos), Norman Garrett (Jim), Jamez Mc Corkle (Peter, el vendedor de miel), Grant Neale (Detective), Tichina Vaughn (Lily), Bobby Mittelstadt (un Policía), Chanäe Curtis (Annie), Jonathan Tuzo (Nelson), Damien Geter (un estibador),Arthur Woodley (el falso abogado Frazier), Aundie Marie Moore (la vendedora de frutillas),  Michael Lewis (un funcionario) y Neo Randall (Scipio). La dirección orquestal estuvo a cargo de David Robertson, con régie de James Robinson, escenografía de Michael Yeargan, coreografía de Camille Brown, vestuario de Cathetine Zuber e iluminación de Donald Holder. El diseño de proyección estuvo a cargo de Luke Halle, mientras que David Leong coordinó y supervisó las escenas de lucha. Participó un coro integrado por cantantes afroamericanos, dirigido por Donald Palumbo y David Moody.
            Hacía prácticamente 19 años que la única ópera de Gershwin –denominada “ópera folklórica” por su autor- estaba ausente del escenario del Metropolitan. Gracias a los auspicios de The Sybill Harrington Endowment Fund y de Douglas Dockery Thomas, la presente coproducción pudo llevarse a cabo en forma conjunta con la Ópera de Amsterdam y la English National Opera (ENO). Con excepción de los roles interpretados por blancos  (Detective, un policía, Mr. Archdale y un funcionario), que son actuados –y no cantados-, el elenco de cantantes líricos es íntegramente afroamericano, acorde a la concepción de la novela homónima de DuBose y Dorothy Heyward sobre la vida de las comunidades negras en Cattfish Row (Charleston, Carolina del Sur). De ahí que sea difícil encontrar el elenco adecuado para su representación, a pesar de la enorme popularidad que tuvo la misma desde su estreno en el Alvin Theatre de New York, en 1935. Si bien Gershwin la consideraba su mejor obra, tardó mucho no sólo en componerla – más de 5 años, entre 1927 y 1932- sino también en ser reconocida como ópera para poder ser presentada en teatros líricos. En Estados Unidos, la primera representación completa de PORGY & BESS  tuvo lugar en la Ópera de Houston en 1976. Y en el Metropolitan de New York se representó por primera vez en 1985, con Grace Bumbry y Simon Estes en los roles protagónicos. El suceso fue rotundo y a partir de ese entonces, es la ópera con más representaciones en dicho país.
            La presente versión tuvo una particularidad: los cuatro actos se redujeron a dos –con un intervalo entre el final del 2° Acto y el inicio del 3°-  y se utilizó el escenario giratorio para facilitar los cambios de escena (perfectamente logrados mediante la proyección de video). Y previamente al comienzo de la función, el Director General de la entidad anunció que el protagonista -Eric Owens- iba a cantar su rol, pese a estar resfriado. ¡Y vaya si lo hizo! Este gran bajo- barítono estadounidense cumplió con su rol a la perfección–tanto vocal como actoralmente, interpretando magníficamente al lisiado Porgy-. Triunfó con creces en sus arias principales (“I’ve got plenty o’ nuttin’” y “Oh, Lawd, I’m on my way”) y en los dúos de amor con Bess (“Bess, you is my woman now” y “I want to stay here”). Quien escribe tuvo oportunidad de escucharlo interpretando roles tan diversos y de gran exigencia vocal como Orestes (ELEKTRA) y Vodik (RUSALKA), de modo que Porgy le sentó a la perfección. La soprano Angel Blue supo dar vida a una  excelente Bess, luciéndose  no sólo en los mencionados duetos de amor junto al protagonista, sino también en su aria con Crown (“Why wid you want Bess?”). Desde el punto de vista actoral, la protagonista se debate entre su adicción por las drogas y el alcohol versus la contención que le brinda el amor de Porgy, llevando una vida segura y tranquila. Y supo hacerlo con gran jerarquía. Pero quien se llevó los laureles desde el punto de vista vocal fue Latonia Moore, quien interpretó una Serena memorable. Su aria principal (“My man is gone now”) fue sobresaliente desde todo punto de vista, recibiendo numerosos vítores y aplausos hacia el final de la misma. También se destacó en la plegaria del 3° Acto (“O Doctor Jesus”). Y dentro de las voces femeninas, también tuvo una soberbia actuación la soprano sudafricana Golda Schultz, quien abrió la obra con la celebérrima Summertime. Posee una hermosa voz, con muy buenos matices y un timbre muy apropiado para este rol. Y Denyce Graves encarnó a una espléndida Mariah. Si bien su rol es más actuado y vocalizado que cantado, conserva ese hermoso color tonal que la hizo famosa internacionalmente. Además, hubo una revelación: Aundie Marie Moore, quien fue ovacionada luego de entonar su pregón como la vendedora de frutillas (“Oh, they’re so fresh n’ fine”). Es una joven soprano que suena muy prometedora, con una voz que sobresale por su timbre y su frescura. Se la vio muy desenvuelta en escena, derrochando gracia y simpatía sobre el escenario.
            En cuanto a las voces masculinas, se destacaron todos los principales protagonistas. El tenor Frederick Ballantine dio vida a un auténtico Sportin’Life, caracterizado por los atributos que requiere este personaje: miserable, cínico, descarado, atrevido, tramposo en la partida de dados, ofreciendo alcohol barato a Crown y drogas a Bess, quien finalmente cede ante su insistencia luego de la célebre aria “There’s a boat that’s livin’ soon for New York”. Y desde el punto de vista vocal, sobresalió en su aria junto al coro (“It ain’t neccesarily so”).  El barítono Alfred Walker –oriundo de New Orleans-  fue otra de las revelaciones al encarnar a un Crown que se caracterizó por su despotismo y brutalidad –requisitos fundamentales del personaje-. Asimismo, sobresalió desde el punto de vista vocal, ya que posee una bellísima voz, muy potente, oscura y con excelentes matices. Lo mismo sucedió con el barítono Donovan Singletary- egresado del Programa Lindemann para Artistas Jóvenes del Metropolitan-  quien ofreció un excelente Jake desde su primera aria (“A woman is a sometime thing”), al igual que Jamez Mc Corkle, cuya bella voz fue ideal para protagonizar a Peter (el vendedor de miel). El coro estuvo excelentemente bien preparado para las principales escenas donde participa el mismo y en el acompañamiento de blues, góspel y swing característicos de la obra. Y el trabajo coreográfico de Camille Brown fue estupendo para acompañar las escenas de conjunto. Lo mismo sucedió con las escenas de lucha entre los diversos protagonistas, donde la supervisión de David Leong rindió sus frutos. La perfecta y ágil dirección orquestal de David Robertson y la régie de James Robinson hicieron el resto para dar marco a esta gran versión del clásico de Gershwin.
            Si bien existen numerosas y excelentes versiones discográficas de PORGY & BESS – tanto en versión de ópera como de jazz-, cuando se representa Gershwin en un escenario estadounidense, con elenco íntegramente afroamericano –salvo algunas excepciones-, la mencionada ópera suena completamente diferente. Y esto fue lo que sucedió en el escenario del Metropolitan: una versión auténticamente Made in the USA, con el típico espíritu  norteamericano y sobresaliente desde todo punto de vista. 

martes, 28 de enero de 2020




CIERRE ACORDE A LA JERARQUIA DE LA TOTALIDAD DEL CICLO

Festival Internacional de Buenos Aires 2020. Ciclo de Conciertos de Música Contemporánea del Complejo Teatral de Buenos Aires 2019/20 (Segundo Movimiento). Concierto de Clausura. Actuación de la “Compañía Oblicua” (Sergio Catalán [Flautas], Javier Mariani [Clarinetes], Diego Ruíz [Piano], Gonzalo Pérez [Percusión], Elena Buchbinder [Violín], Fabio Loverso [Violonchelo], Lucía Lalanne [Soprano]), Dirección: Marcelo Delgado. Programa: Obras de Proscia, Delgado y Halac en estreno mundial (La primera y la última de las obras fueron comisionadas por el Ciclo). Teatro General San Martín, sala Antonio Cunill Cabanellas, 27 de Enero de 2020.

NUESTRA OPINION: EXCELENTE.

  La vigésimo tercera edición del Ciclo de Conciertos de Música Contemporánea llegó a su fin con una extraordinaria sesión en la que la “Compañía Oblicua” que dirige Marcelo Delgado fue la protagonista excluyente para un programa que ofreció tres estrenos mundiales de creadores argentinos, dos de los cuales fueron encargos del ciclo.

  Martín Proscia (quien además es saxofonista e integra el cuarteto “Tsunami”, el que participó también de esta edición), el propio Delgado y José Halac, cada uno con una obra fueron los compositores sobre los cuales giró la programación. Obras que exigen esfuerzo, mucha preparación y concentración para que el producto haya llegado lo más fielmente posible al público.

  Del primero de los mencionados se estrenó “Los Pichiciegos de Plaza de Mayo”. Inspirado en el título de un trabajo de Rodolfo Fogwill y partiendo de un acorde de una canción de Luís Alberto Spinetta, Proscia desarrolla una sonoridad que evoluciona hasta alcanzar una total intensidad. La labor de todos los instrumentistas fue encomiable. Algunos instrumentos como el piano lo hacían con su encordado preparado, los vientos que partieron de un simple soplido, la percusión de fuerte intervención, el apoyo de la electrónica para remarcar pasajes y hasta la presencia de un cronómetro que por dos veces evidentemente indicó las duraciones para parte de los momentos más intensos de la obra. Delgado condujo a pulso firme la obra, la que inició de esta forma un camino ascendente a lo largo de la noche.

  Del propio Delgado se escuchó “Una y Otra Vez”, a la que definió como los intentos para lograr el producto final, lo que finalmente ocurrió y tomo forma de obra. Aquí también se pudo percibir el camino desde las sonoridades más bajas hasta los momentos más intensos. Podría decirse que son ciclos que se desarrollan y adquieren unidad sobre el final y aquí también la electrónica va en apoyo de la música interpretada en vivo, la que requiere de los músicos el empleo de efectos producidos con sus propios instrumentos. Delgado está en plena madurez creativa y la solidez de este trabajo es la prueba más elocuente,

  Y el cierre vino de la mano de “Caminos del Espejo” de José Halac, quien toma como base un poema de Alejandra Pizarnik  para desarrollar la música. Obra de una intensidad poco común requiere desde un violonchelo que se interpreta desafinado, piano preparado, amplia percusión, violín y vientos que producen melodías, electrónica y fundamentalmente la voz de una soprano, la que expresa desde la declamación con pasajes de marcada intimidad, pasando por una línea media de voz con melodía muy cuidada y llegar en varias ocasiones hasta el grito para poder transmitir el texto de Pizarnik. Allí emergió triunfal Lucía Lalanne con una labor descollante desde la entrega física, actoral y vocal. Es una intérprete consumada y su labor fue consagratoria. Delgado logró las mejores respuestas de los miembros de la “Oblicua” y la obra fue estupendamente recibida.

  Ha sido un cierre acorde a la mejor tradición del ciclo y es remarcable el hecho de que se comisionen estrenos, con lo que esto significa para los creadores argentinos. Sumado al formidable “Primer Movimiento” de finales de 2019, nos da un resultado de excelencia y hago votos para que ello se mantenga en el futuro.

Donato Decina

sábado, 25 de enero de 2020




BRUNO LO BIANCO, INTERPRETE CON MAYUSCULAS

Festival Internacional de Buenos Aires 2020: Ciclo de Conciertos de Música Contemporánea del Complejo Teatral de Buenos Aires 2019/20 (Segundo Movimiento). Concierto a cargo del percusionista Bruno Lo Bianco. Programa: Obras de Matalón, Tolosa, Nante, Baroni y Santero. Teatro General San Martín, Sala Antonio Cunill Cabanellas, 24 de Enero de 2020.

NUESTRA OPINION: EXCELENTE.

  Como Uds. recordarán, a fines del pasado año (tan solo un mes y medio atrás), dimos cuenta del inicio de la edición 2019/20 de este tradicional ciclo, el que por vez primera se realizaba en dos etapas, aquella inicial (denominada “Primer Movimiento”) que incluyó la presencia de la violonchelista francesa Severine Ballon y el magnífico concierto que realizara la Sinfónica Nacional bajo la dirección de Natalia Salinas en una labor verdaderamente consagratoria. Por ese entonces en los últimos días de una gestión que podía unir a la Ciudad con la Nación, pudo emplearse el Auditorio Nacional del Centro Cultural Kirchner.  Ahora, enmarcado este tradicional ciclo en el ámbito del Festival Internacional de Buenos Aires, se ha vuelto al origen, esto es, el Teatro General San Martín, en cuya sala Antonio Cunill Cabanellas tendrán lugar cuatro conciertos en cuatro noches consecutivas, sumado a otro en el Hall Central, el que se agrega así a la tradición de este complejo de realizar conciertos abiertos al público en ese espacio. Las actividades son con entrada libre, gratuita, pero de capacidad limitada a las localidades disponibles de la sala, por lo que recomiendo llegar con suficiente anticipación al San Martín para poder procurar alguna de ellas. Si bien en este concierto de reanudación hubo espectadores que aún sin localidades pugnaron por presenciar el concierto y pudieron ubicarse para ello sillas adicionales en el espacio “avant scene”, ya que el ámbito físico lo permitió, entiendo que no siempre ello será posible y por eso la recomendación.

  El concierto que inició el llamado “Segundo Movimiento” tuvo como protagonista al percusionista Bruno Lo Bianco, líder además del grupo “Tambor Fantasma” quien desarrolló una rica programación basada en cinco creadores argentinos de trascendencia, de las cuales dos de las obras tuvieron carácter de estreno y  de estas, la compuesta por Juan Carlos Tolosa, fue encargo del Festival. Llamó mi atención al concluir la primera etapa algunas opiniones un tanto despectivas sobre la actual programación, tal vez pensando en que debía continuarse el camino empleado en el primer tramo. Sea por las circunstancias que fueren, estoy totalmente a favor de esta propuesta. Como verán líneas más abajo, tanto los compositores convocados en este programa de reanudación, como los que participarán en los conciertos venideros son creadores argentinos que están en la primerísima línea, que desarrollan una actividad que trasciende fronteras afuera (la que no puede ignorarse) y que sumado al encargo que el ciclo efectúa a algunos de ellos no hacen más que prestigiar la programación. Se está ante la gran oportunidad de estimular la creación y ofrecer una gran vidriera para presentarla. ¿Cuándo sino?.

  Seis obras de alto impacto y amplias exigencias fueron las que Lo Bianco abordó. Se inició con “Traces IV” de Martín Matalón del año 2006, ofrecida en carácter de estreno argentino, de quien además se escucharía luego otro trabajo. Obra para Marimba y electrónica, la que es empleada como soporte y “eco” de los sonidos que surgen del instrumento. Son acordes que van encontrando un desarrollo, apoyados por la electrónica la que brinda un marco muy interesante.

    Conocí la música de Juan Carlos Tolosa el año pasado en ocasión de su visita a Buenos Aires junto con los integrantes del Laboratorio de Música de la Universidad Nacional de Córdoba en el Ciclo del Teatro Nacional Cervantes. A El, este Ciclo le comisionó una obra y esta es “Los Pasajes”, una serie de  motivos sonoros que se inician con la interpretación de diferentes “tam-tam” (o gong como más habitualmente se los denomina), marimba y, finalmente, distintos tipos de tambores y bombos. Muy hábilmente construida, la obra va desde sonoridades en forte, al ámbito más intimo que la marimba puede proporcionar y rematar luego con la creciente tensión que los tambores y bombos logran. El trabajo fue muy bien recibido por el auditorio y marcó una de las primeras cumbres de la noche, por lo cual Lo Bianco invitó a Tolosa a sumarse a El en el saludo y recibir entonces la justa ovación.

  De la fuerza del final de “Los Pasajes”, pasamos luego a la mayor intimidad de “Evocaciones”, compuesta en 2017 por Alex Nante, en donde el Vibráfono tiene todo el protagonismo. Muy bien construida sobre la base de acordes, los que se van desarrollando de diferentes maneras. Capta al público de manera tal que el mismo queda subyugado ante ese tránsito.

 La obra de escritura más original fue “Study #1” de Claudio Baroni, compuesta en el año 2006 y que requiere del empleo de medios más “informales” (aun cuando suene inevitable la comparación con los que emplean “Les Luthiers”). Ellos van desde dos troncos secos y huecos, pasando por botellas de vidrio vacías, bowl plástico y frutera de vidrio, sumados a los más convencionales redoblante y bombo de batería. De muy ingenioso desarrollo, logra “incitar” al espectador a buscar su propia música.

  La segunda obra que se presentó de Martín Matalón fue “Short Stories” del año 2005, en donde una vez más el “Xilofón” fue el protagonista: Son cuatro episodios en donde se va desde momentos intensos, hasta otros más reflexivos y un final en donde la progresión sonora va desde la calma al mayor despliegue. También en este caso atrapa al oyente desde el vamos.

  El cierre vino de la mano de “B&LB” de Santiago Santero, compuesta en 2017 y cuyo título habla a las claras de que Lo Bianco es el destinatario. Desarrollada para diferentes tipos de bombo, requiere un gran despliegue del solista. Y aquí cabe decir que más allá de la muy buena recepción del público y del saludo del compositor junto a Lo Bianco, es el  momento para señalar que la labor de este último fue descollante a lo largo del programa, desplegando talento y energía con enorme generosidad,  dominando cada instrumento por El empleado  y hacer de cada obra abordada una creación en sí misma.

  No pudo haber sido más exitoso el retorno y seguiremos de cerca sus actividades.

Donato Decina  

viernes, 17 de enero de 2020




Critica:
Rigoletto-Opera Intima” en el Museo Juan C. Castagnino de Mar del Plata.

CREATIVIDAD, ESFUERZO Y SACRIFICIO: LAS CLAVES DEL TRIUNFO

Compañía “Lírica Libre”, temporada 2020. Giuseppe Verdi: “Rigoletto (Opera Intima)” (Basada en el original con libreto de Francesco María Piave a partir de “El Rey se Divierte” de Victor Hugo): Protagonistas: Fernando Santiago (Rigoletto), María José Dulín (Gilda), Ivan Maier (Duque de Mantua), Ramiro Montero (Sparafucile/ Marullo), Laura Pirruccio (Maddalena/Giovanna), Facundo Domínguez Manzano (Monterone), Pablo González Aguilar (Ceprano/ Maestro Verdi [Rol Actuado]). Grupo Instrumental. Vestuario: Mariela Daga, Mascaras , vestuario renacentista y recreación ambiental: Sergio Pelacani, Caracterización: El Camarín-Tienda de Arte, Iluminación: Pablo González Aguilar, Iván Maier y Elías Santiago, Sonido: Alejandro Gravelloni, Fotografía: Adriana Gardenia Padra, Imágenes: Dalmiro Zantleifer Ojeda. Dirección Musical: Horacio Soria. Dramaturgia y Puesta en Escena: Pablo González Aguilar. Museo Municipal Juan Carlos Castagnino- Ciudad de Mar del Plata, función del 10 de Enero de 2020.

NUESTRA OPINION: MUY BUENO

  Un año después de la resonante puesta en escena en versión íntima y reducida de “La Traviata”, Pablo González Aguilar engarzó para “Lírica Libre” la segunda gema de la inmortal trilogía verdiana, en este caso “Rigoletto”, en el mismo ámbito que el anterior trabajo, es decir, el “Museo Municipal Juan Carlos Castagnino” sito en la Villa Ortiz Basualdo de la Ciudad de Mar del Plata, en plena subida (o bajada según se mire) de la Av. Colón, entre las playas del Casino y la playa Varese.

    Si en “La Traviata” el libreto que desarrolló Francesco María Piave para el original de Alexandre Dumas (H) (“La Dama de las Camelias) permite su reducción al punto que una versión condensada es absolutamente entendible y llevadera con solo ver (y escuchar) las escenas del trío protagónico (Violetta-Alfredo-Giorgio), en “Rigoletto” el desarrollo de Piave sobre el original de Víctor Hugo (“El Rey se Divierte”) hace mucho más difícil la condensación. Las escenas de conjunto son decisivas, el coro masculino es soporte fundamental. ¿Cómo superó estas vallas Pablo González Aguilar?. Prescindiendo levemente de algunas escenas y/o personajes (Borsa, la Condesa Ceprano [aun cuando una mujer caracterizada como tal y convenientemente enmascarada acompañó al Duque en la danza]), enlazando con audio de una muy buena versión los pasajes en que el coro efectúa intervenciones decisivas (La efusiva parrticipación que acompaña la broma que el bufo le gasta a Ceprano, la maldición de Monterone, la sigilosa acción para el rapto de Gilda y la narración del mismo al Duque en el acto siguiente). Sabiendo además de antemano que el espacio público en el que se desarrolla este espectáculo tiene estrictas normativas (Funciona hasta las 21,30 hs. como museo y la función empieza casi estricto a las 22 hs.), debió seleccionar cuidadosamente los ambientes en donde la acción transcurrirá y afrontar la imposibilidad de no poder utilizar el mobiliario ya que es patrimonio público. Con todas estas prerrogativas entonces, decidió encarar el prólogo en la sala de exposiciones posterior a la recepción de la Villa, la que se convierte en el gran salón del “Palazzo Ducale” de los Gonzaga en Mantua (imposición de la censura austríaca como es bien sabido).  Allí el espectador se convierte en partícipe de la acción, ya que al ser recibido se le ofrece la primera parte de la propuesta gastronómica sobre la base de productos de una de las más reconocidas elaboradoras de conservas de pescado de la ciudad realizada por una ecónoma, familiar de los productores de las mismas, convenientemente regada con buen vino espumante. Una vez más González Aguilar asumirá el rol de Verdi, desde el que narrará a los espectadores el libreto y contará detalles de la acción. No alcanzarán a retirarse los cubiertos empleados en la degustación cuando irrumpe el audio con las dramáticas notas con las que se inicia el prólogo. El Duque interpreta “Questa o Quella” rodeado por el público y las camareras (caracterizadas también estas últimas),  mientras que sorpresivamente entre el público el “Giobbo” irrumpe en escena para gastar su broma a Ceprano. Monterone ingresa con un espacio en penumbras y tras su maldición, con la consecuente carga dramática, se cierra este momento. Verdi invita al púbico a colocarse en derredor a la escalera que conduce a los ambientes superiores para que se observe el “Pari Siammo” que tendrá lugar entre el oratorio de la residencia y el hall de distribución, no sin antes advertirnos de que el vestuario a emplearse sería distinto, y que se explicaría el porqué cuando en el acto siguiente se retorne al “salón ducal”.  Fui uno de los pocos privilegiados de apreciar frente a mi ese dúo con Sparafucile. Impacta mucho y más como se lo actuó e interpretó. En el mencionado Hall de distribución, un balcón con una abertura con vitrales y baranda exquisitamente trabajada en madera será la simbólica representación de la casa del bufón. Gilda y Giovanna salen al encuentro y ahí padre e hija harán su escena, mientras que el Duque aparece descendiendo sigilosamente por otra de las escaleras para sorprender a la joven. Mejor marco que el de ese balcón imposible. Desde allí Gilda se entrega en éxtasis a la interpretación de “Caro Nome” y allí los cortesanos apoyarán la escalera para el secuestro. Y al grito de socorro que la joven profiere desde el interior sigue la desesperación del “Giobbo” en pleno hall  ante la tragedia consumada.

  Un muy interesante enfoque e intercambio de ideas con los espectadores fue el que González Aguilar desarrolló  caracterizado como el compositor. A partir del  tema de “la pérdida de la virginidad” de Gilda y  tres visiones distintas para tratarla. La de la época de los Gonzaga en la que Piave sitúa la acción (y porque no recordar el “derecho de pernada”), la época romántica en la que Victor Hugo escribió la novela, luego adaptada por el libretista para que Verdi la desarrolle en música,  en la cual los convencionalismos y la moralina de la época la convertían en drama,  o la actual,  en donde el asunto tiene cada vez menos relevancia. Mientras se degustaba una exquisita copa helada, el Director Escénico cedió la palabra a tres espectadores quienes opinaron. A esta altura había un convencimiento generalizado de que primó  en la novela y el libreto el pensamiento de esa época a cuyo público iban dirigidas (libro y opera), por lo cuál ese era el sentido del empleó de vestuario de mediados de siglo diecinueve tanto en la acción frente a la casa del bufo y en la vuelta al salón ducal. Párrafo parte lo constituyó la resolución escénica del pasaje coral en la que los cortesanos le narran al duque el rapto,  sumado a la posterior entrada de Rigoletto y el semblanteo que desemboca en el dramático pedido por su hija al enterarse de que Esta se encuentra en la cámara de su amo junto a Este. Con la proyección sobre telón de fondo del cuadro “La Seducción de Zeus a Venus” del pintor Giulio Romano, coetáneo de la época en que está ambientada “Rigoletto”,  el que sirviera a los Gonzaga,  el Duque y los cortesanos se ubicaron tras él, actuando tras las sombras el coro de la narración, para que luego sean el Noble y Gilda  quienes actúen la escena de alcoba mientras Rigoletto entona el “Cortigianni…”.

  Tras un conveniente café, la parte final nos encontró de vuelta en el hall superior, ahora convertido en la sórdida hostería en la que Sparafucile cumple con los encargos que recibe y por los que cobra. Maddalena seduce y coquetea con el Duque en el balcón del que una y otra vez partirá “La Donna e’mobile”, pero es en la puerta a nivel de piso en donde se consumará el drama y Gilda será apuñalada . Es mucho mayor aún la tensión al estar los espectadores junto a Rigoletto cuando ocurre su mayor desgracia.

  Como apreciarán aquí la opera se presentó prácticamente completa. Es un gran mérito de González Aguilar el mantener en tensión al público de principio a fin. Supo mover muy bien escénicamente a los intérpretes y les extrajo todo lo mejor en la faz actoral. Se rodeó de muy buenos colaboradores comenzando por el vestuario seleccionado y aportado con gusto y oficio por Mariela Daga, las máscaras y la asesoría de la estética de la época de los Gonzaga desplegada por otro gran artista, Sergio Pelacani, las caracterizaciones que realizaron con los interpretes la gente de “El Taller”, el muy buen y equilibrado sonido que no desentonó con la música en vivo que desarrolló Santiago Gravelloni , coronando todo este despliegue los muy efectivos diseños lumínicos que el propio Director Escénico diseñó con la ayuda del mismísimo Iván Maier y el ya adolescente Elías Santiago, quien se ha involucrado en el ambiente teatral por propia decisión siguiendo las huellas de sus padres.

  Tras la experiencia acumulada en “La Traviata”, Horacio Soria decidió redoblar la apuesta y tras el dúo de violín y piano de aquella se ensambla ahora un conjunto de cinco instrumentos conformados por violonchelo, flauta y clarinete quienes se suman a los dos primeros. Sonó muy equilibrado, con plena conexión, buen empaste y atento a todo lo que ocurría tanto a nivel como en la parte superior a la que se acompañó desde abajo de manera perfecta por lo que ha sido un triunfo rotundo para el quinteto y su conductor.

  Tres muy buenas voces marplatenses se revelaron a Ntros. oidos: Laura Pirruccio quien hizo gala de muy buen registro y plena soltura escénica tanto como Giovanna como para Maddalena. Ramiro Montero, un muy buen barítono quién dio vida tanto a Marullo como al duro Sparafucile, en el que logró hacer valer su potente voz  desde las notas más bajas con clarísima emisión y un muy desenvuelto Facundo Martínez Marzano como el desesperado conde Monterone. Junto a ellos, Pablo González Aguilar despuntó el vicio tras su Dr. Grenvil del año anterior, ahora como el Conde Ceprano y lo hizo muy bien.

   En cuanto al trío  protagónico, no pudo haber mejor debut del rol del Duque para Iván Maier. Registro firme y sin fisuras, musicalidad, muy buena actuación, supo expresar. Después de las históricas funciones del Centenario del Teatro Roma de Avellaneda, pude reencontrarme con la Gilda de María José Dulín. La interpreta desde la maduración de su voz y lo hace con inteligencia. Transmite los sentimientos como pocas voces lo hace una cantante y es muy buena actriz. La magia está plenamente vigente. Y Fernando Santiago trazó un estupendo Rigoletto. Ladero del Duque, cancerbero de su hija, se va transformando con el correr de la función para clamar venganza ante la deshonra y se desmorona de modo desesperante ante la tragedia. Todos sentimos junto a El. Supo cantarlo, le dio todos los matices y logró meterse de lleno en el rol. Fue su triunfo.

  “Lírica libre” entregó otro producto con su característico sello de calidad. No cabe duda de que el éxito de las restantes funciones está garantizado y solo resta desearles que se repita el “Estrella de Mar” como el año anterior y que el 2021 venga de la mano de “Il Trovattore” en el ámbito de Mar del Plata que juzguen adecuado.

Donato Decina

jueves, 16 de enero de 2020




LA CALIDAD Y LAS GANAS SE DIERON CITA EN VILLA MITRE

“Archivo y Museo Histórico Municipal Roberto T. Barilli – Villa Mitre” (Ciudad de Mar del Plata): Concierto Lírico de Verano. Presentación de María Belén Rivarola (Soprano) y Miguel Silva Macías (Tenor) acompañados al piano por Jonas Ickert. Participación Especial: Rosario Vasquez (Violín-Guatemala) y Gonzalo Borgognoni (Clarinete-Mar del Plata/Argentina). 09 de Enero de 2020.

NUESTRA OPINION: MUY BUENO.

  Es muy saludable que Ntra. principal plaza turística del verano recupere la tradición de las veladas clásicas, fundamentalmente las de cámara y también aquellas manifestaciones que tienen que ver con el arte lírico. Ya hace 100 años atrás en el lamentablemente desaparecido Bristol Hotel en la zona de la primitiva rambla los hermanos Castro (Juan José, José María y Washington) junto a otros compañeros realizaban conciertos bajo la forma de cuartetos de cuerdas de altísima calidad. Hasta hace veinte años atrás, formaciones camarísticas originadas en los instrumentistas de los organismos musicales estables de la ciudad (Orquesta y Banda Sinfónicas) realizaban presentaciones regulares durante el año, pero fundamentalmente poniendo el foco en la vidriera veraniega ante la posibilidad de mostrarse ante un publico proveniente de diversas latitudes argentinas y del extranjero. Formaciones como el “Quinteto Rego” (Oficialmente “Quinteto Municipal de Piano y Cuerdas”), “Quinteto de Bronces”, “Quinteto de Vientos” y el aporte de la Universidad Nacional Marplatense a través de su Cuarteto de Cuerdas, honraron ese repertorio. En cuanto a la lírica, asociaciones como “Amigos de la Opera” y sus ciclos en el salón de actos de la filial local del Automovil Club Argentino, la “Opera de Mar del Plata “, Don Arturo Vega Godoy y sus “Estampas de Zarzuela” o la “Gala del Mar” que hasta hace un tiempo atrás patrocinó por un largo período un reconocido grupo asegurador permitió el conocimiento de muy buenos valores del medio local que tuvieron la inmensa oportunidad de compartir escenario con importantes figuras de Ntro. país y del extranjero. Conocimos entonces a voces de la talla de Luciano Garay, Edith Villalba, Andrea Nazarre, Antonio Grieco, María José Dulin y Fernando Santiago entre tantos buenos intérpretes. Las sucesivas crisis argentinas hicieron estragos con incalculables consecuencias. La del 2001 se llevó puestos a los conjuntos de cámara municipales , lo que dicho sea de paso sumió al gran Maestro Manuel Rego en un fuerte golpe anímico el que, entre otros factores, aceleró su prematura partida. Los organismos estables que permanecieron vieron hasta el año anterior mermar la cantidad de integrantes sin que en muchos casos se hayan titularizado los concursos celebrados para cubrir las vacantes originadas por jubilaciones, retiros o renuncias. Y en el plano de la lírica, desde hace cinco años que lamentablemente el grupo asegurador dejó de producir la “Gala del Mar”. Sin embargo, hay artistas que buscaron formas de mostrarse y permanecer en plena actividad. A la labor que desde hace décadas desarrollan instrumentistas como el caso del pianista Guillermo Zaragoza, se suman grupos como “Lírica Libre” y sus propuestas en el Museo Castagnino que reseñamos profusamente en esta página. Los conciertos de cámara que en la Villa Mitre realizan el Mtro. Aaron Kemelmajer y la “Camerata Mar del Plata” y, como en este caso, las galas que con producción de María Paula González efectúa el tenor Miguel Silva Macías, ahora en el ámbito recién mencionado como también en otros espacios de la ciudad y en la que se presenta junto a valores locales y del resto de país, todos de reconocida trascendencia.   Para esta ocasión, la figura convocada fue la Soprano María Belén Rivarola y el acompañamiento principal desde el piano estuvo a cargo de Jonas Ickert, también marplatense, quien se reveló como un acompañante de fuste y estupendo pianista.

  El “Archivo y Museo Histórico Municipal Roberto T. Barilli” tiene su sede en la residencia que el Ing. Emilio Mitre poseyó en Mar del Plata. Está situada a una cuadra y media de la otra villa célebre, Victoria,  y es un diseño del Arq. Fernández Haitze. Es una de las tantas muestras de una Argentina opulenta, consecuencia directa de la “Generación del Ochenta”. Sus amplios jardines, la suntuosa residencia principal, las dependencias de los cuidadores y las cocheras tienen detalles de muy buen gusto. En 1979, María Delfina Astengo de Moores, sobrina política del Ing. Mitre y su heredera, legó la residencia a la Municipalidad local, la que la destinó para su actual fin. Lleva ahora el nombre de Roberto T. Barilli, principal historiador de la ciudad, quien a principios de los ochenta era invitado permanente de los programas que Gerardo Sofovich emitía desde Mar del Plata, en los que los Argentinos todos tuvimos la oportunidad de conocer los detalles más impensados y las historias más increíbles.

  A la sala principal de este ámbito entonces arribaron los artistas para abordar un repertorio muy comprometido. María Belén Rivarola inició su participación entonando con potente emisión y sin fisuras el “Lamento de Dido” de “Dido y Eneas” de Hnry Purcell, haciendo gala de expresividad. Se pudo apreciar su capacidad para matizar en “Porgi Amor” de “Las Bodas de Fígaro”, para luego descollar en el “Pace, Pace mio Dio” verdiano con un total entendimiento con el Mtro. Ickert alcanzando una labor formidable que quedó coronada con “Ebben andro lontana” de “La Wally” de Catalani. Por su parte Miguel Silva Macías comenzó su labor mostrando muy buenas condiciones en el repertorio de opereta con un muy buen “Tuyo es mi Corazón” de “El País de las Sonrisas”, abordar con muy buena capacidad  “Ah la Paterna mano” de Macbeth y dar en el punto justo de expresión en su parte para “Dimmi che voi seguirmi” de “La Rondine” de Puccini, en donde fue el joven ansioso que planea el futuro con su amor ignorando que el castillo de naipes se derrumba.  Hubo duetos muy bien logrados en donde Rivarola y Silva Macías alcanzaron un magnifico entendimiento, sumado a la inteligencia de Ickert para acompañar como por ejemplo “Parigi o Cara” de “La Traviata” y “O Soave Fanciulla” de “La Boheme”, ambos muy bien actuados y en el segundo caso con el magnífico final fuera de escena entonado desde una sala contigua. Pero la gran sorpresa de la velada la constituyó la presencia como invitados de la violinista guatemalteca Rosario Vasquez (integrante de la Sinfónica Nacional de su país) y del clarinetista local Gonzalo Borgognoni (solista de su instrumento en la Banda Sinfónica Marplatense), ambos estupendos valores, los que junto a Ickert acompañaron a las voces en el gran dúo de amor de “Romeo y Julieta” de Gounod con el que culminó la primera parte y la escena del vals de Hanna y Danilo de “La Viuda Alegre” de Franz Lehar que cerró el espectáculo .

  Así pues, el balance nos deja un estupendo ámbito para la música, el que realzado por sus vigas de madera proyecta el sonido de estupenda forma. Dos muy buenos instrumentistas invitados. La gran revelación,  el pianista Jonas Ickert, al que debe conocérselo a nivel nacional. El generoso aporte del anfitrión, Miguel Silva Macías, que hace lo suyo con total entrega sin guardarse nada y el gran momento de María Belén Rivarola de la que es inadmisible que el Teatro Colón no repare en ella para cosas importantes. Párrafo aparte para Ud. Lector. Si va por allí de vacaciones, no dude al seguir Ntras. recomendaciones. Hay sorpresas de lugares y espectáculos que pueden dejarlo gratamente subyugado. Este es uno de ellos.

Donato Decina