martes, 13 de marzo de 2018


LLAMATIVAMENTE CONTENIDO

Teatro Colón, Temporada 2018, Ciclo de Interpretes Internacionales: Presentación de la Orquesta Filarmónica de Viena, Dirección: Gustavo Dudamel. Programa: Obras de Brahms y Tchaickovsky. 10 de Marzo de 2018.

NUESTRA OPINION: BUENO.

  Como viene ocurriendo desde 1965, la Filarmónica de Viena regresa a la Argentina con un frecuencia de promedio de alrededor de 16 años entre cada presentación. La primera (1965) de la mano del legendario Dr. Karl Böhm y las posteriores (1985 y 1999), con otro legendario, Lorin Maazel, en su podio. Programas con obras que por muy conocidas adquieren en proyección sumo compromiso: Quinta de Beethoven, Primera de Brahms, Suite de “El Pájaro de Fuego” (versión de 1919) de Stravinsky, Suite de “El Caballero de la Rosa”, “Así Hablaba Zarathustra” y “Don Juan” de Richard Strauss,  Octava sinfonía “Inconclusa” de Schubert, Primera Sinfonía “El Titán” de Mahler, mas la consabida y bienvenida secuencia de bises conformados por valses, polcas y/o gallops de la Familia Strauss u obras como la “Leonora Nº 3” de Beethoven. Por eso y a sabiendas de que la Orquesta comenzó la presente gira con sus “Tournee” habituales en Estados Unidos (Carnegie Hall y Naples [Florida]) y en México (D.F.), con obras de Berlioz, Mahler, Ives, Mozart y Tchaickovsky, sorprendió y mucho que en la continuidad de la misma (Bogotá, Santiago de Chile y Buenos Aires) la programación se haya circunscripto a Tchaickovsky y a Brahms y solo para un concierto en cada una de ellas (Para Chile, únicamente Brahms).  Impactó negativamente la decisión de la programación, a la que deberíamos calificarla de decepcionante ya que Brahms estuvo representada por la “Obertura para un Festival Académico”, Op. 80 y las “Variaciones sobre un Tema del Coral de San Antonio de Haydn” del Op. 56, las que si bien son un desafío en sí mismo para todo Director que se precie de serlo, parecen trabajos de un carácter menor para una única presentación en una sala a la que han honrado en cada visita con programación de altísima exigencia. En cambio la Cuarta Sinfonía en Fa menor, Op. 36 de Tchaickovsky es un reconocido “Caballito de Batalla” del repertorio del gran Director Venezolano que la acometió en la sala del Colón  con tan solo 19 años y de memoria al frente de la Simón Bolivar casualmente al año siguiente de la ultima visita de la “Philarmoniker”. Si tenemos en cuenta perfomances memorables de la dupla Dudamel-Sinfónica Simón Bolívar cuyo pico máximo lo marcó la inolvidable versión del 2011 de la Séptima de Mahler (“Canción de la Noche”), mayor es entonces la decepción experimentada con obras que pueden conformar un Concierto de los que se ofrecen a nuevos públicos en la “Usina del Arte”, pero no para el altar mayor de la música de América Latina. Un programa de una duración total de música de una hora quince minutos aproximadamente suena hasta a amarrete.

 Las dos  obras de Brahms encaradas en la primera parte tuvieron ajuste, el característico e inalterable sonido de la “Wiener Philarmoniker” con una tersura y un sonido mate incomparables, pero lució de manera incompresible  la contenida gesticulación y marcación de Dudamel, acrecentada en los pasajes en donde el colorido de las páginas exige justamente toda la extroversión que a el se le reconoce, por lo que el resultado fue de versiones prolijas, de muy buena sonoridad, pero carentes de mayor emotividad y expresividad.

  Otro tanto le cabe a los dos primeros movimientos de la Cuarta de Tchaickovsky y aquí sí, la sorpresa es aún mayor ya que le reconozco a Dudamel, sabiduría y pericia a la hora de acometerlos. Solo en el tercer movimiento con un extraordinario e inolvidable “Pizzicato” y en el decisivo cuarto pudimos escuchar verdaderamente la Cuarta. Demasiado poco.

  Y los bises estuvieron en la misma línea. Sabemos que es un “año Bernstein”. Que además de buen compositor, como Director de Orquesta forjó con la Wiener Philarmoniker una asociación formidable por mas de treinta años de mutua colaboración . Pero que la obra elegida como “encore” sea un movimiento del “Divertimento para Orquesta de Cuerdas” suena a poco y finalmente una “Polca” de los Strauss en donde por fín ahí sí escuchamos a la Filarmónica de Viena en su esplendor y tocando virtualmente por si sola. Demasiado poco y muy contenido para tanta expectativa.

Donato Decina

miércoles, 7 de marzo de 2018



AL MAESTRO, CON CARIÑO


Homenaje a Leonard Bernstein a 100 años de su nacimiento en la apertura del Ciclo de Abono de la Filarmónica en el Colón


            No es usual ni frecuente que se ejecuten obras  que están fuera del repertorio convencional en la apertura de un Ciclo de Abono de Conciertos, pero el maestro Enrique Arturo Diemecke lo logró, en su carácter de Director de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires y de Director Artístico del Teatro Colón. Rindió un merecido homenaje a uno de los músicos y compositores más brillantes y prolíficos que los Estados Unidos brindaron a la humanidad: Leonard Bernstein (1918-1990), durante el concierto de apertura del Ciclo de Abono de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, que tuvo lugar en el Colón el pasado jueves 1° del corriente.
            Bajo la presencia de Diemecke en el podio, el concierto se abrió con la Sinfonía n° 2 del mencionado compositor, subtitulada “La Edad de la Ansiedad” y basada sobre textos del poema homónimo de Wystan Hugh Auden, donde la fe es la característica común a los cuatro personajes (tres hombres y una mujer) aludidos en el poema. Actuó como solista la pianista Claire Huangci, de destacada actuación desde el inicio hasta el final de la obra.
            La Sinfonía consta de 3 partes: un prólogo (Lento moderato, pianissimo) y 2 movimientos, compuestos por 14 variaciones. El 1° (Las siete eras) comprende las variaciones 1 a 7, y el 2° (Las siete etapas), las 8 a 14. Tras el pianissimo de la introducción (a cargo de un diálogo introducido por el clarinete y el clarinete bajo (clarón)), el tema es tomado por un solo de flauta, seguido por las cuerdas hasta la intervención del piano solista, que marca la entrada al 1° movimiento. En esta primera parte, los solistas Mariano Rey (clarinete), Claudio Barile (flauta) y Sebastián Tozzola (clarón) tuvieron una interpretación excelente de sus respectivos instrumentos, mientras que Claire Huangci demostró poseer un fraseo excelente, al igual que finura y delicadeza en su interpretación.
            El 2° movimiento de la obra arranca con un solo de piano en la variación n° 8 (Molto moderato, ma movendo), tras el cual, luego de un breve silencio, se le une la orquesta mediante un contrapunto entre las maderas (corno inglés, contrafagot y clarón) y metales (cornos). Posteriormente, el piccolo y el piano retoman la melodía previamente al contrapunto interpretado por los contrabajos en tono grave sobre la melodía principal (piú mosso), a lo que le sigue un Cantabile interpretado por el piano y el resto de las cuerdas.
Seguidamente, en la variación n° 11 (L’istesso tempo) se escucha un tema netamente jazzístico por parte del piano, manteniendo un equilibrio bien logrado en la síncopa conjuntamente con la percusión.
            Si bien el desempeño de los solistas fue excelente durante toda la obra, esto se hizo más notorio en la variación n° 13 (L’istesso tempo), caracterizada por una melodía de neto corte impresionista, con un sonido limpio y un recitativo muy armónico por parte de maderas, metales y percusión antes del solo de piano que antecede a la variación n° 14 (Poco piú vivace), que culmina con el mismo tema con el cual se inicia la obra.
            Durante toda la obra, la labor del piano solista fue de excelencia interpretativa, destacándose las siguientes cualidades: muy buen equilibrio, buena pulsación, excelente digitación y sonido limpio. Ante la acalorada recepción del público, Claire Huangci debió interpretar un bis (que no fue anunciado y que se trató de  la Danza Española n° 5, de Granados), donde una vez más puso de manifiesto su calidad interpretativa.
            En la segunda parte del concierto se interpretaron dos de las obras más conocidas de Bernstein: On the Town (más conocida como Un día en New York, sobre la cual, se filmó la película homónima en 1949) y las celebérrimas Danzas Sinfónicas de West Side Story, una versión neoyorquina de Romeo y Julieta ambientada en el Upper West Side, donde se intercalan melodías de jazz y blues con ritmos latinos (cha- cha- cha y mambo).
La primera posee tres números (The Great Lover, Lonely Town- Pas de Deux  y Times Square 1944) que remedan los antiguos musicales de la década del ’40, a los cuales el compositor era tan afecto, con elementos de jazz y blues. La versión fue muy buena y equilibrada, con un excelente trabajo de trompetas, trombones, clarón, saxo tenor y requinto.
Si bien la orquesta sonó bien afinada y equilibrada desde el inicio, no sucedió lo mismo con el solo de apertura por parte de la batería del célebre Mambo, donde, por momentos, la percusión opacó al resto de las cuerdas y maderas. Con excepción de esta parte, Diemecke contagió su característico frenesí a los músicos a su cargo, que se notó muy especialmente en este número. También tuvieron una actuación destacada los solistas Pablo Saraví (violín) y Kristine Bara (viola) en los dúos de las escenas de amor.
La noche tuvo su momento emotivo cuando el maestro Diemecke tomó el micrófono para anunciar la despedida del cellista Marcelo Bru, tras 35 años de labor ininterrumpida en la Filarmónica.

Cuando las obras son muy famosas y universalmente conocidas, es fácil caer en excesos que pueden opacar las mismas, tal como sucedió en este caso. Pero también es meritorio aggiornar los programas de temporada de conciertos, incluyendo obras que se ejecutan en escasas ocasiones. Fue un justo homenaje a Bernstein al cumplirse 100 años de su nacimiento. 

                                                                           Martha CORA ELISEHT


UN CONCIERTO DE ALTO VUELO

            El 25 de Febrero próximo pasado tuvo lugar la inauguración del Ciclo de Conciertos de la Orquesta Estable del Teatro Argentino de La Plata, a cargo del Director estable de dicho organismo- Pablo Drucker- en el podio, quien eligió dos obras de difícil ejecución e interpretación, tales como la Sexta Sinfonía en Re menor, Op. 104 de Jan Sibelius y el célebre Concierto para Orquesta de Béla Bartok, que, habitualmente, no se ejecutan con frecuencia en las principales salas de conciertos del país.
            Debido a las reformas que se están llevando a cabo en dicha entidad, sus organismos estables están realizando una temporada itinerante por diferentes salas de conciertos y coliseos. En este caso particular, el concierto tuvo lugar en la sala sinfónica de la Usina del Arte, cuya acústica es ideal para este tipo de conciertos.
Desde el inicio, la Orquesta demostró una afinación perfecta, un sonido sólido, un equilibrio muy bien logrado y gran profesionalismo, tanto por parte del director como de sus músicos.
La Sexta Sinfonía de Sibelius se estrenó en Helsinski en 1923.  Cecil Gray (biógrafo del compositor) se refería a ella como “sentido de serenidad y pureza, donde se evitan los extremos”. En efecto, su colorido no es opulento ni ascético, ni brillante ni sombrío. Los temas no son ni extremadamente rápidos ni muy lentos, y se dan en tonos intermedios. Esto se aprecia desde el inicio del 1° movimiento (Allegro molto moderato), donde las cuerdas arrancan con un sonido suspendido, que remeda la polifonía del Renacimiento. Posteriormente, recobra su energía con fuerza y finaliza bruscamente con un tutti orquestal, antes de dar lugar al 2° movimiento (Allegretto moderato), que evoca la atmósfera brumosa del paisaje nórdico bajo la tibia luz del inicio de la primavera. El autor se refería a ella como “la más representativa de la esencia del pueblo finlandés”. El scherzo del 3° movimiento estuvo absolutamente bien logrado por parte de la agrupación, para luego finalizar con un vibrante Allegro molto, donde se retoma el tema inicial de la obra hasta desembocar en un final a cargo de las cuerdas. La concertino Ana Cristina Tartza tuvo una destacadísima actuación, al igual que Pablo Rubino (solista principal de los segundos violines).
Compuesto en 1942, el Concierto para Orquesta de Béla Bartok consta de cinco  movimientos, siguiendo el siguiente esquema: Vivo- Moderado- Lento- Moderado- Vivo. Según el propio compositor, “se produce una transición gradual de la austeridad del primer movimiento hasta la afirmación vital del último”. En efecto, la grandilocuencia y vitalidad característicos de esta obra representan el triunfo de la mente sobre el cuerpo (hay que recordar que Bartok estaba gravemente enfermo de leucemia cunado lo compuso). En la presente versión, el acorde inicial del 1° movimiento (Mi- La-Re- Sol) sonó muy compacto por parte de violoncellos y contrabajos, que luego es retomado por las maderas. Lo mismo sucedió con el Allegretto scherzando del 2° movimiento, interpretado magistralmente por el dúo de fagots y continuado por el resto de la Orquesta. Luego de la trágica Elegía del 3° movimiento, Drucker y los músicos a su cargo tuvieron un magnífico desempeño en los pasajes más brillantes y más conocidos de la obra Allegretto y Finale: pesante- presto, con un equilibrio perfecto entre los tutti y el contrapunto.
Cuando una orquesta está bien afinada, bien afiatada y ofrece un sonido seguro y sólido desde el primer momento, es una señal que impresiona bien de entrada y una garantía de calidad. Y eso fue exactamente lo que sucedió: la Orquesta Estable del Teatro Argentino de La Plata sonó como una orquesta europea, magistralmente dirigida por un músico de alto nivel y sólida formación como Pablo Drucker, quien contagió su energía, demostró su profesionalismo y ofreció un concierto memorable. Y que quedará resonando en nuestros oídos por mucho tiempo.
                                                        Martha CORA ELISEHT


UN CIERRE DE AÑO QUE FUE SIN ESCALAS DEL RESPLANDOR AL CLAROSCURO

Teatro Colón: Temporada 2017, Ballet: “El Cascanueces” Música de Piotr Illich Tchaickovsky. Coreografía: Rudolf Nureyev en reposición de Aleth Francillion. Protagonistas: Macarena Gimenez (Clara), Maximiliano Iglesias (Drosselmeyer/Mago/Príncipe), Edgardo Trabalón (Fritz/Danza Española), Emilia Peredo Aguirre (Luisa/Danza Española), Norma Molina (Abuela/Danza Arabe),  Julian Galván (Abuelo/Danza Arabe), Marta Desperés (Madre/Danza Rusa), Sergio Hochbaun (Padre/Danza Rusa), Facundo Luqui (Cascanueces), Guillermo Pérez (Rey de los Ratones), Paula Cassano-Alejo Cano Maldonado (Solistas Danza Arabe), Martín Vedia-Emiliano Falcone-Jiva Velázquez (Danza China), Ludmila Galaverna-Eliana Figueroa-Facundo Luqui (La Pastoral). Ballet Estable del Teatro Colón, Directora: Paloma Herrera. Alumnos de la Carrera de Danza del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, Coro de Niños del Teatro Colón, Director: Cesar Bustamante. Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, Director: Enrique Arturo Diemecke. Escenografía y Vestuario: Nicholas Georgiadis. Iluminación: Rubén Conde. Función del 28 de Diciembre de 2017.

NUESTRA OPINION: REGULAR

  Y llegamos a la última función del Colón para este año de la mano de “El Cascanueces”, la joya con música de Tchaickovsky  que marca la vuelta de la Coreografía de Rudolf Nureyev en reposición de Aleth Francillon (Integrante de la Fundación que lleva el nombre del Gigante Ruso de la Danza), luego del lamentable entredicho que la repositora tuviera con la entonces Directora del Ballet Estable, Lidia Segni y con el también por entonces Director General del Teatro, Pedro Pablo García Caffi. Esperemos que sea desde ahora el comienzo de un mutuo reencuentro que concluya en un beneficio para todos. Sin embargo, al sentarme en mi ubicación y comenzar a leer mi programa de mano, mi vecino de butaca me advirtió que no se hallaban las semblanzas de la pareja protagónica. Fui a esa zona de la publicación y efectivamente veo que se hallaban impresas las trayectorias de otros dos integrantes del Ballet Estable, en lugar de las correspondientes a quienes bailarían en esta función, a pesar de que ya desde hace quince días atrás contábamos con la información que proporciona la oficina de prensa en el sentido de que Macarena Giménez y Maximiliano Iglesias serían la pareja protagónica. Es de esperar que este lamentable suceso no vuelva a ocurrir.
  La versión de Nureyev (Obviamente que pensada en primer lugar para si  mismo), le otorga al protagonista masculino tres roles a saber: Drosselmeyer (Padrino de Clara), el Mago que anima la fiesta de Nochebuena y el Príncipe en que muta el Cascanueces (el que como tal en su apariencia “viva” está a cargo de otro Bailarín). En el Sueño de Clara, Los hermanos se transforman en los bailarines de la Danza Española, los Abuelos dirigen la Danza Arabe, los Padres son la pareja principal de la Danza Rusa y hasta los pequeños amigos se transforman en Ratones y Soldados al mando del Cascanueces.  Por ello hay una cierta coherencia en la narración de la fantasía con la transformación de los seres queridos de Clara en protagonistas del sueño.

  En la función presenciada, se vio un muy buen primer acto, con un buen comienzo de Macarena Giménez en el protagónico, una soberbia presencia de Maximiliano Iglesias en los tres roles, y fundamentalmente un estupendo Fritz de Edgardo Trabalón,  bien secundado por Emilia Peredo Aguirre como Luísa. Tambien se vió a Facundo Luqui luciéndose como el “Cascanueces” de forma humana, de la misma forma que a Guillermo Pérez en la encarnación del “Rey de los Ratones” Muy buena faena les cupo a los alumnos de la Carrera de Danza del Instituto Superior de Arte del Teatro con un formidable ensamble en los momentos de conjunto. Y el Ballet Estale mostrando un accionar muy ajustado tal como se lo viera en “La Bella Durmiente del Bosque” que tanto elogié en esta misma página.

  En el segundo acto pudimos apreciar una estupenda Danza Española con Trabalón y Peredo Aguirre mostrando impecables desplazamientos y desplegando una fomidable técnica. Un muy simpático cuadro para la Danza Arabe con Julián Galván transformado de Abuelo en Dueño del Harem y Norma Molina transformada de Abuela a Esposa Principal, mientras observaban la cuidada actuación y las estupendas figuras desarrolladas por Paula Cassano y Alejo Cano Maldonado. Muy simpáticos Marta Desperés y Sergio Hochbaun en la mutación que los llevó de Padres de Clara a Comandar la Danza Rusa que contiene hasta una cierta acrobacia muy bien resuelta. La Danza China tuvo la destacadísima interpretación de Martín Vedia, Emiliano Falcone y Jiva Velázquez, mientras que con mucha gracia y lucimiento Ludmila Galaverna, Eliana Figueroa y Facundo Luqui animaron “La Pastoral”. En el cuadro del célebre “Vals de las Flores” observé un cuidado desplazamiento del cuerpo de baile, sin embargo, algún desencuentro con el foso provocó que algunos bailarines quedaran desacoplados con el restó tardando bastantes compases en recomponer la coreografía. Precisamente, Enrique Arturo Diemecke concertó con mucha pericia la función, llegando a picos notables como ocurre con su conducción de los Conciertos de la Filarmónica y una vez mas el aporte muy cuidado  del Coro de Niños preparado por su titular, Cesar Bustamante, lo que ocurre es que a veces el reconocido temperamento que aflora en la interpretación del Conductor Mexicano hace que el conjunto lo siga como en el escenario y es allí donde en algunos pequeños momentos algunos bailarines se perdían dada la alteración del ritmo con el que venían haciéndolo desde los ensayos. Huelgan los elogios para la escenografía y el magnífico vestuario de Nicholas Georgiadis, sumado al impecable marco lumínico desarrollado por Rubén Conde. 

  Y entonces entremos de lleno en el fondo: Los Protagonístas. Maximiliano Iglesias mantuvo la impecable línea que se le vió a lo largo de todo el primer acto. Tiene presencia, técnica muy solvente, gracia y expresividad. Muy buen “Partenaire” de Clara, acompañando perfectamente en los “Pas” y formidables intervenciones solistas. En cambio a Macarena Giménez se la vio algo tensa, muy preocupada por que salga todo bien y esa preocupación derivó en algunas pronunciadas imprecisiones que afectaron  su desempeño, fundamentalmente en el “Pas de deux” y en su solo, y sin una Clara a pleno, la función no termina de cerrar. Si bien el público recibió con agrado el producto final, la sensación que quedó en los habitués de la danza y a mi mismo es que no nos terminó de convencer esta versión. Y el contraste  se evidenció con los Bailarines muy contentos recibiendo el aplauso, Diemecke exultante y extrovertido como siempre y una gran ausente: Paloma Herrera, que no salió a saludar. Evidentemente también percibió todo esto.

Donato Decina

miércoles, 13 de diciembre de 2017

MAS ALLA DE LA EMERGENCIA, EL PRODUCTO  FINAL FUE MUY DIGNO

Teatro Colón, temporada 2017, Opera: “Andrea Chenier”,  en cuatro actos con Música de Umberto Giordano y Liberto de Luigi Illica. Interpretes: José Cura (Andrea Chenier), María Pía Piscitelli (Maddalena di Coigny), Fabián Veloz (Carlo Gerard), Guadalupe Barrientos (Bersi), Sergio Spina (Incredibile), Emiliano Bulacios (Roucher), Alejandra Malvino (Madelon), Gustavo Gibert (Mathieu), Victor Castells (Fuquier-Tinville/Mayordomo), Cecilia Aguirre Paz (Contessa di Coigny), Norberto Marcos (Fleville), Iván Maier (Abate), Alejandro Meerapfel (Dumas), Alejandro Spies (Schmidt, Carcelero). Orquesta y Coro Estables del Teatro Colón. Escenografía: Emilio Basaldúa, Vestuario: Eduardo Caldirola, Iluminación: Rubén Conde, Coreografía: Carlos Trunsky. Dirección del Coro: Miguel Martínez. Dirección Musical: Chrstian Badea. Puesta en Escena: Matías Cambiasso. Función del Domingo 10 de Diciembre de 2017.

NUESTRA OPINION: MUY BUENO.


    Y llegamos al final de la accidentada temporada operística 2017. Acaso la mas irregular desde la reapertura de la sala en el 2010. Cantantes que parten de Buenos Aires sin emitir una sola nota en el escenario, cambios de elenco, de Directores de Orquesta, de puestas en escena y sus directores, de postergación de un título incluido en el abono, de inexplicable falta de energía en una función en la que quedó expuesto que los equipos de emergencia no funcionan como se debe.  Como se verá, difícil de explicar y difícil de asimilar por parte del soberano que se vio  obligado a aceptar sin remedio todas estas situaciones y del que al menos se evitó que se exprese de manera estruendosa al presentársele los hechos consumados. Esperemos que la recién anunciada temporada 2018 no vuelva a presentar todas estas irregularidades.

  La conformación de este “Andrea Chenier” nos mostró a un muy inteligente José Cura, estupendo actor y administrando sus recursos vocales con total sabiduría hasta llegar a un  rotundo cuarto acto, en un dúo estupendo con María Pía Piscitelli, a la que fue muy grato escucharla después de mucho tiempo en el Colón. Estupenda presencia actoral y vocal con una conmovedora “La Mamma Morta”. Fabián Veloz en una imponente caracterización de Carlo Gerard con voz poderosa y firme marcando uno de los puntos mas altos de la noche en un “Nemico della Patria” de imponente factura. Excelente actuación le cupo a Guadalupe Barrientos como la mulata Bersi. Voz potente y magnífica actuación. Sergio Spina fue un fantástico “Incredibile”, con sobresaliente actuación, muy buena expresividad y estupenda voz. Conmovedora fue la Madelon de Alejandra Malvino, redondeando una labor emocionante. Victor Castells fue un mayordomo en el primer acto, pero también un estupendo Fuquier-Tinville al que le pudo imprimir toda la veta siniestra del rol. Emiliano Bulacios compuso de manera admirable a Roucher, amigo del protagonista, con muy buenos recursos vocales y actorales. Y tanto Cecilia Aguirre Paz ( a la que fue muy bueno volverla a escuchar en roles) como la “Contessa”, Norberto Marcos (“Fleville”), Iván Maier (El Abate), Gustavo Gibert (Mathieu), y Alejandro Meerapfel (Dumas) tuvieron en sus breves roles muy buena actuación vocal y actoral. El coro, preparado una vez mas por Miguel Martínez lució magníficamente ajustado y responsable de toda esta amalgama musical fue el experimentado Director de Orquesta Rumano Christian Badea, el que con innegable oficio y sabiduría mantuvo un ida y vuelta permanente con el palco escénico atento a todos los detalles en el foso y en el escenario.

  Se podrán objetar algunos detalles que no estarán de acuerdo con la “rigurosidad histórica”  de la obra, pero hacerse cargo de esta responsabilidad a tan poco tiempo y sacar un resultado muy aceptable, ha sido mérito de Matías Cambiasso, quien contando con la colaboración de gente consustanciada con la Casa, han dado un marco escénico de “Epoca”  muy digno. Son Ellos: Emilio Basaldúa (Ex Director General del Teatro) en una muy práctica escenografía, Eduardo Caldirola con un muy buen vestuario. Rubén Conde, con una iluminación formidable y Carlos Trunsky con sobrias coreografías absolutamente acordes con la escena

  Hecho “Alla Argentina”  desde adentro de la misma casa y con dignidad. Llegaron a la otra orilla en muy buena forma. Y no es poco.


Donato Decina

lunes, 11 de diciembre de 2017

BUENA MUSICA, BUEN REEMPLAZO Y DIGNO CIERRE, (AUNQUE HABRÁN PRESENCIAS QUE PRONTO SE EXTRAÑARAN)

Teatro Colón: Decimoséptimo y último concierto del Ciclo de Abono de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, Director: Enrique Arturo Diemecke. Solista: Freddy Kempf (Piano). Programa: Obras de Prokofieff y Dvorak. Jueves 06 de Diciembre de 2017.

NUESTRA OPINION: MUY BUENO.

  Dentro de la maratón de cierres de los distintos ciclos musicales que se ofrecen en Buenos Aires, le llegó a la Filarmónica el día del último concierto de abono del corriente año.  El programa desarrollado giró en torno al segundo concierto para Piano y Orquesta de Serguei Prokofieff, obra que desde hace bastante tiempo faltaba en la programación de las orquestas de aquí y el cierre trajo una nueva versión del Titular de la Sinfonía Nº 9 “Del Nuevo Mundo” de Antonin Dvorak (casi con seguridad me atrevo en afirmar que son mas de tres las anteriores).

  Alrededor de quince días atrás se tuvo conocimiento de que el Pianista Boris Berezovsky (quién estaba programado originalmente como solista de esta obra) había notificado su renuncia a esta presentación por problemas personales. Su reemplazante fue el joven interprete Inglés Freddy Kempf, quien además de presentar un frondoso currículum en cuanto a presentaciones en centros de primer nivel, ha grabado la obra para el sello BIS Records junto a la Filarmónica de Bergen dirigida por Andrew Litton. Obra muy difícil, de momentos de una escritura endiablada con pasajes de  enormes dificultades técnicas y fuertes contrapuntos entre solista y orquesta. Durante el comienzo del primer movimiento se percibió que Kempf domina la obra a la perfección. Empero, tal vez por lo apremiante de la convocatoria, se notó algún pequeño desacople inicial  mas pasajes cercanos al “aporreo” del instrumento. Con el correr de la interpretación estos pequeños inconvenientes se fueron corrigiendo y encontramos entonces a un formidable solista de amplio sonido, excelente técnica y endiablada digitación, que encontró como aliados incondicionales a Diemecke y al conjunto.   La tensión fue creciendo en la sala a medida que avanzaba la obra y la concurrencia se vio literalmente “sacudida” en el abrupto y tensionante final de la página, estallando el público de manera previsible y, aunque no se lo vio a Kempf decidido a conceder un Bis (y la verdad es que no lo necesitaba después de semejante despliegue), a solicitud de Diemecke (y como para bajar la adrenalina), acometió con un Vals de Chopin en edición no original, pero en el que volvió a dar muestras de su calidad interpretativa.

  En cuanto a la “Nuevo Mundo”, llamó mucho la atención algunas imprecisiones en bronces y vientos en pasajes de “destaque”. Una vez mas los “tempi” fueron ágiles, aunque en el “adagio” central, se optó por un necesario (y mas adecuado) pasaje  lento.

  Con los aplausos finales, Diemecke sorprendió al auditorio para señalar que este cierre marcaba también la despedida para dos “históricas” y muy queridas integrantes de la Filarmónica: la Concertino Haydee Seibert (Visiblemente Emocionada) y la Solista de Viola Marcela Magin (ambas con mas de cuarenta años de trayectoria en la Filarmónica). Para Ellas y desde este espacio, un infinito GRACIAS por tantos años de aportes de excelencia.  No duden que se las extrañará.


Donato Decina

jueves, 7 de diciembre de 2017

BROCHE DE ORO MANTENIENDO LA CALIDAD CON REGULARIDAD

“Nuova Harmonia”: Función de clausura de la Temporada 2017. Actuación de “Aterballetto” (conjunto de la Fondazione Nazionale per la Danza), Dirección Artística desde Setiembre de 2017: Pompea Santoro. Programa: Trabajos de Giuseppe Spota (2015), Philippe Kratz (2015) e Johann Inger (2016). Bailarines Intervinientes: Noemí Arcangeli, Saúl Daniele Ardillo, Damiano Artale, Hektor Budlla, Alessandro Calvani, Martina Forioso, Arianna Kob, Philippe Kratz, Ina Lesnakowski, Valerio Longo, Grace Lylell, Ivana Mastroviti, Giulio Pighini, Roberto Tedesco, Lucia Vergnano, Serena Vinzio. Teatro Coliseo, 02 de Diciembre de 2017.

NUESTRA OPINION: EXCELENTE.

  “Nuova Harmonia” le puso el moño a una temporada en la que la calidad se mantuvo con regularidad a lo largo de la misma. Mas allá de una pequeña irregularidad en una de las últimas funciones, ello de ninguna manera desmerece lo hecho durante toda la presente temporada. Y le cupo al “Aterballetto”, el célebre conjunto de la Fondazione Nazionale per la Danza de Italia (que después de muchos años regresó a Buenos Aires), el  honor de hacerlo con una función en la que se presentaron trabajos de los años 2015 y 2016 en versiones de absoluta excelencia que dejó plenamente satisfecho al público que asistió al Coliseo. También recibimos en el programa de mano la noticia de que en Setiembre de 2017 ha cambiado su staff directivo, recayendo ahora en Pompea Santoro la responsabilidad de la Dirección Artística.

  Tres trabajos fueron sometidos a consideración del público asistente. El primero de ellos fue “Lego” de Giuseppe Spota, coreógrafo que de modo permanente brinda creaciones a la Compañía, autor además de la escenografía y el Vestuario. Con fragmentos musicales de Ezio Bosso, el sexteto “A Filetta” de Córcega, Jóhann Jóhannsson, Ólafur Arnalds y Nils Frahm. Tiene Iluminación: de Carlo Cerri y  Diseño de Video y Sonido del OOOPStudio.  El título refiere al significado de la palabra en la lengua Italiana, esto es: “UNO”. Una persona y sus lazos, la amistad, la familia, el amor y la vida misma. Ello se expresa en primer lugar con un espectacular marco audiovisual con efectos casi tridimensionales de fondo oscuro y elementos geométricos desde donde emerge el protagonista y todas sus relaciones y afectos. La música elegida, mayoritariamente electrónica, salvo el pasaje cantado “a cappella”, y de corte fundamentalmente minimalista, ayuda muchísimo a comprender la idea que Spota cuenta y desarrolla. Aparecen la pareja, el amor, la amistad, plasmados con todo un juego de enlaces, plasticidad y gran expresividad por parte de todos los bailarines. Luego de un gran desarrollo, los personajes van abandonando paulatinamente la escena hasta quedar el protagonista nuevamente solo, retirándose de la misma manera en la que ingresó, perdiéndose con la oscuridad del fondo de pantalla  Un trabajo de corte exquisito, en donde todos interactúan con  la tecnología y en donde la precisión y  la técnica conviven con la expresión.

El segundo trabajo provino de las entrañas mismas de la Compañía y se trató de “*hybrid” de Phlippe Kratz, integrante del conjunto, autor también en este caso del vestuario, la que cuenta con música del Británico Romare. Una fusión de lo electrónico con ritmos “Afro” , da el pié para que una pareja de baile desarrolle en escena diferentes tipos de danza, desde la clásica hasta la “tecno” pasando por la “Street Dance” y de ahí el carácter “Híbrido” que da el nombre a este trabajo y en donde con un interesante fondo lumínico , los protagonistas se deben prodigar ampliamente en escena y en este caso lo lograron con creces.

  Luego del consabido intervalo en donde el comentario mayoritario fue la excelencia del “Aterballetto”, sobrevino lo que sería de algún modo la “Cereza del Postre”, también procedente del interior del Conjunto, “Bliss” de Johann Inger, bailarín del mismo, autor también de la escenografía, co-autor del vestuario en este caso junta a Francesca Messori y que cuenta con iluminación de Peter Lundin La música está tomada de un recital que Keith Jarrett brindara en Colonia (Alemania) en 1974, en plenitud de medios (y de carácter, algo que de ningún modo aconteció en su escandalosa última presentación en Buenos Aires en el escenario del Colón, allá por el 2012) . Ese recital, pleno de jazz y sus improvisaciones es el vehículo para la exaltación de la felicidad, la repentinización, el deseo y la expresividad. Un juego de enlaces llevado a cabo en primer lugar por un hombre solo para que tres parejas vayan desarrollando sus evoluciones. Amigos que buscan amigas, no falta quien queda solo y lanza “un grito” casi como solicitando su lugar en ese juego, todo ello da lugar a un ”Collage” muy luminoso que contagia en sus ganas y que expresa la felicidad de vivir y que al igual que en la primera coreografía, el hombre  solo del comienzo sea quien cierre la obra, dejándonos una imagen de vivacidad absoluta.

  Este cuerpo de baile está compuesto no solo por Bailarines de la Península (Quienes de cualquier forma son mayoría), los hay también Ingleses, Alemanes y Albaneses. Todos tienen un frondosísimo currículum tanto en danza como en coreografía, estudios cursados en instituciones de reconocida excelencia y en promedio de Séis a Siete años perteneciendo al “Aterballetto”. No hubo ningún integrante que haya desentonado respecto a los demás. Todos se cumpliementan a las mil maravillas y conforman un cuerpo de baile absolutamente homogéneo. Aun así quiero señalar a quienes han tenido una mayor preponderancia en los tres trabajos y son:  Noemí Arcangeli , dueña de una figura “angelical”, de porte excelente  y de plasticidad absoluta en sus evoluciones y desplazamientos, fundamentalmente en las dos primeras coreografías (en la segunda conformó la pareja que desarrolló la totalidad del trabajo), Saul Daniele Ardillo (Quién abre y Cierra “Lego”), Hektor Budlla (Albanés),memorable co-protagonista con Arcangeli de *hybrid” en donde se cumplimentó con su compañera a la perfección mostrando plasticidad y elegancia. Y tanto ellos dos como Alessandro Calvani, Valerio Longo, Grace Lyell (Inglesa) e Ivana Mastroviti, como las parejas fundamentales en el juego de “Bliss”, quienes derrocharon energía, frescura y técnica, logrando transmitir la vivacidad que pretende mostrarle al público Este trabajo.

  Cierre perfecto para una muy buena temporada, la próxima promete momentos muy interesantes- A esperarla entonces.


Donato Decina 

lunes, 4 de diciembre de 2017

GUILLERMO BECERRA EN EL MEJOR MOMENTO DE  SU CARRERA

Concierto de cierre de la Temporada 2017 de la Orquesta Sinfónica Nacional, Director: Guillermo Becerra. Solista: Antonio Fornaro (Piano). Programa: Obras de Wagner, Rachmaninoff y Elgar. CCK-Sála Sinfónica, 01 de Diciembre de 2017.


  NUESTRA OPINION: EXCELENTE

  La Sinfónica Nacional culminó una accidentada temporada con un concierto de calidad superlativa. Antes del comienzo, la Violonchelista María Teresa Fainstein Day tomó la función que habitualmente le cabe a su Compañera de Fila María Eugenia Castro Tarchini (Quien no intervino en este concierto) y flanqueada por el Violinísta Carlos Cossatini anunció micrófono en mano que el siguiente sería el último concierto de la Orquesta por el corriente año, ya que además de persistir las diferencias con el Ministerio de Cultura en cuanto a incrementos salariales (Que mantienen a sus integrantes muy rezagados inclusive con algunos organismos musicales del interior [ya no solo respecto al Teatro Colón]), concursos para cubrir cargos vacantes (luego de esta velada se produjeron dos vacantes mas, dos violinistas,  uno de Ellos, Pablo Borzani quien tomó la palabra visiblemente emocionado y angustiado por la situación que el conjunto atraviesa), pago a los músicos interinos que cobran por contrato de locación de servicios con facturas monotributístas ( a los que se les deben varios meses) y puesta al día con los honorarios de los Directores de Orquesta Invitados (Algunos llevan años reclamando), el Ministerio de Cultura sumó la decisión de suprimir este año los tradicionales Conciertos de Diciembre al aire libre, los que por años se llevaban a cabo en zonas del Gran Buenos Aires que no tienen habitualmente acceso a ese tipo de manifestaciones culturales, por lo que una vez mas como forma de protesta, harían el concierto por respeto al público que siempre acompaña a la Orquesta y vistiendo ropas  de calle. Una sala muy llena (después de mucho tiempo se habilitaron las bandejas superiores de la misma) aplaudió sostenidamente a la integrante de la Orquesta, coincidiendo ese instante  con el ingreso al escenario del Maestro Becerra, quien micrófono en mano tomó la palabra para manifestar  su emoción por actuar por vez primera en la “Sála Sinfónica”, agregar que desde hace mas de treinta años es invitado permanente de la Sinfónica Nacional ya que ni bién retornó al País luego de cuatro años de residencia en Alemania fue convocado por vez primera al ciclo que ese año se llevó a cabo en el Teatro Nacionaal Cervantes  y que por ello y por el afecto que lo une al conjunto adhería al reclamo de los músicos. También se refirió a la obra de cierre, las Variaciones “Enigma” de Sir Edward Elgar, una de las obras que mas lleva en repertorio y en su afecto, desde sus tiempos de estudiante bajo la guía del Maestro Juan Carlos Zorzi, quien también la contaba entre sus predilectas y que “Nimrod”, la célebre variación Nº 9, estaría dedicada a los cuarenta y cuatro tripulantes desaparecidos que integran la dotación del Submarino A.R.A. “San Juan”. No podía ser de otro modo, ya que  estaba proviniendo de alguien que desde hace treinta y dos años reside en la Ciudad de Mar del Plata, base de dicho Submarino, y que por trece años tuviera a Becerra como titular de la Sinfónica local, mas otros once años como titular de la Banda Sinfónica de la ciudad que adoptó para quedarse a vivir.

  Casi de manera inconsciente, ya que desde hace tiempo que este concierto estaba programado de este modo, el comienzo fue con la Obertura de  la Opera“El Buque Fantásma” de Wagner, con un  comienzo muy enérgico, con cuerdas de magnífica tersura, vientos muy equilibrados y firmeza en percusión y bronces. Todos los temas de la Opera, sintetizados en esta obertura, fueron expuestos con un sonido muy transparente e instantes de muchísimo vuelo interpretativo.  El final nos mostró una muy buena versión.

  Se contó con el concurso del pianista Antonio Fornaro para una impresionante versión del Concierto para Piano y Orquesta Nº 4 de Serguei Rachmaninoff. Obra que en muchos momentos guarda relación (y hasta se podría decir que es una continuación) del Concierto Nº 3, fundamentalmente en el muy extenso primer movimiento y en amplios pasajes del tercero. Fornaro mostro una formidable solvencia técnica, momentos de estupenda intensidad interpretativa, digitación muy  segura y un amplísimo sonido, el que de manera perfecta se fusionó con el de la Orquesta que lo acompañó de manera admirable . No hubo necesidad de bises, la entrega fue apabullante.

  Y llegamos así a las “Enigma”, objeto de una versión formidable, acaso una de las mas perfectas versiones que yo recuerde por una Orquesta Argentina. Tuvo todo, discurso sostenido, ajuste, empaste perfecto, vuelo interpretativo, “Canto” orquestal sublime con epicentro en “Nimod”, que hizo lagrimear a mas de uno y cuyo últimos compases quedaron suspendidos en el aire, casi “Flotando”, y para el final, la posibilidad de escucharlo completo con el “Klais” dando el pedal justo a las últimas frases. Triúnfo rotundo para este Director excepcional que nos ofreció el que acaso haya sido el mejor concieto de su extensísima  trayectoria, conformando una sociedad artística estupenda con la Sinfónica Nacional


Donato Decina.