lunes, 19 de octubre de 2020

 

Nuestros cantantes en concierto

Escalinata Facultad de Derecho
Sábado 10 de octubre, 2020

 

Escribe: Graciela Morgenstern

 

 

Un grupo de cantantes líricos de primera línea, pertenecientes a "Cantantes Líricos Argentinos Autoconvocados", unieron sus voces en la escalinata de la Facultad de Derecho y brindaron un acto artístico, con el objetivo de hacer visible su problemática, como consecuencia del COVID19.


Con distanciamiento social, a capella, sin micrófono y hasta con barbijos, conformaron un pequeño coro y cantaron obras bien conocidas, dejando expuesto su alto nivel de calidad artística. El público, que en principio se reducía a un grupo de personas que se habían enterado del evento por las redes sociales, se fue acumulando a medida que los transeúntes y ciclistas se iban sumando.


Y eso, dijeron los artistas, era una de sus grandes necesidades: el contacto con el público. La reacción no se hizo esperar. Hubo aplausos, pedidos de bises y más de uno se les unió para entonar "O sole mio", "La canción a la bandera", de "Aurora" y la "Oda a la Alegría", de la Novena Sinfonía, de Beethoven.


Bien sabido es que las actividades artísticas han sido las primeras en truncarse y serán de las últimas en volver. Pero la nueva posibilidad de realizar actividades culturales en espacios abiertos abre una ventana. Los Cantantes Autoconvocados manifestaron su intención de pedir las autorizaciones correspondientes para poder regresar a la actuación. Sería bueno que tanto el Teatro Colón como otros organismos oficiales se unieran al esfuerzo privado. Hay muchos espacios públicos donde se pueden desarrollar estas actividades, tanto en la ciudad de Buenos Aires como en otros puntos del país.


Solamente en la Ciudad de Buenos Aires, se cuenta con parques, como el Centenario y Lezama; museos con espacios abiertos, como el patio de Museo Fernández Blanco y otros escenarios como la llamada "Campana Acústica" en los bosques de Palermo, el campo de polo, el hipódromo y muchos lugares más.


El retorno de la actividad lírica en esta nueva situación va a requerir del esfuerzo mancomunado de los artistas que, como se puede ver, ya lo están realizando, el público y la prensa, que deben dar su apoyo y las autoridades de todas las instituciones involucradas, a quienes se les pide: un poco de creatividad, por favor!


martes, 13 de octubre de 2020

 

Semana dedicada a Wagner en el Metropolitan Opera House de New York

 

LA WAGNERIANA MAYOR DE BUENOS AIRES, DE PARABIENES

Martha CORA ELISEHT

 

            A partir de un par de meses atrás, el Metropolitan Opera House de New York dedica sus transmisiones por streaming a un determinado compositor o a una determinada corriente de ópera (Siglo XX, ópera francesa o inglesa). Esta semana estuvo dedicada a Richard Wagner (1813-1883) y quien escribe no podía estar más feliz, ya que fue un magnífico regalo de cumpleaños por parte del gran teatro lírico neoyorquino.

            Las transmisiones que se dieron durante el transcurso de esta semana fueron las siguientes: TRISTAN UND ISOLDE (2016), TANNHÄUSER (2015),  EL ANILLO DEL NIBELUNGO (Tetralogía completa, 1990) y PARSIFAL (2013).

            Resultaría muy extenso realizar una descripción de cada uno de los títulos por separado, de modo que una decidió analizar la Tetralogía aparte, y las otras tres óperas, durante el transcurso de la presente nota.

 

TRISTAN UND ISOLDE

            Fue una coproducción del Met junto al Festival Baden- Baden, la ópera Nacional de Polonia (Tratr Wielcki) y The China National Center for the Performing Arts, que contó con puesta en escena de Mariuz Trelinski, escenografía de Boris Kudlica, vestuario de Marek Adamski e iluminación de Marc Heinz, con presentación a cargo de Deborah Voigt.

Elenco: Nina Stemme (Isolda), Stuart Skelton (Tristán), Ekaterina Gubanova (Brangäne), Evgeny Nikitin (Kurvenal), René Pape (Rey Marke), Neal Cooper (Melot), Tony Stevenson (Vigía), David Crawford (Piloto) y Alex Richardson (Pastor). El niño Jonathan O’Reilly  representó la alegoría de Tristán cuando era pequeño en el 3° Acto.

Dirección musical: Sir Simon Rattle

Dirección Coral: Donald Palumbo

            Al comenzar el célebre Preludio, comienza a dibujarse un círculo verde sobre una pantalla de video, que posteriormente se transforma en un periscopio, a través del cual se puede ver el barco que transporta a Isolde desde Irlanda hacia Cornwall navegando en un mar embravecido. A juicio de esta cronista, aparece la primera discordancia sobre una puesta en escena muy moderna, pero que no condice en absoluto con la concepción romántica de la obra. Si el Preludio es calmo, creciente para narrar una historia de amor prohibido, ¿por qué el mar está embravecido?.... Recién se torna calmo cuando va llegando a destino –acorde al libreto- . Por otra parte, es muy desagradable ver fumando al personaje principal. ¿Qué quiso decir el régisseur?... ¿Se homologa al fuego generado por una pasión ilimitada, que consume la nave?.... ¿Qué representa el periscopio?.... Realmente, no se entiende y arruina una función que se destacó no sólo por la magnífica actuación de los intérpretes, sino también por la excelsa y sublime dirección de Sir Simon Rattle en el podio. El hecho de presentar a Tristán  como capitán del barco, a Morold como un desaparecido – con ojos vendados, torso desnudo, torturado y con las manos atadas, para ser exterminado de un balazo en la nuca- no concuerda en absoluto con el texto. Lo mismo sucede en el 2° Acto, donde la escena se desarrolla en una torre de control, donde los amantes se encuentran y Brangäne da la señal, para luego pasar a un depósito lleno de barriles, donde tendrá lugar el desenlace del mismo: los amantes son sorprendidos por el Rey Marke ante la traición de Melot. Todos aparecen caracterizados como marinos –Marke, con chaqueta blanca, mientras que Trsitán y Melot, de negro (en contraposición)- y el protagonista es degradado cuando el Rey Marke le quita las charreteras.  Por su parte, se presenta a  Kurvenal como a un guerrillero, con campera de cuero negro, borceguíes y boina, mientras que las mujeres usan tonos de negro y gris. Para el 2° y 3° Acto, Isolde usa un vestido largo color bordó, cubierta por un piloto largo negro.  En el último Acto, el lecho del protagonista aparece iluminado sobre un contexto de sombras, en alusión a amenaza de muerte que se cierne. Ese efecto estuvo muy bien logrado –al igual que la aparición del niño cuando se encuentra agonizante- y fue lo más rescatable de una puesta en escena para el olvido.  Para acompañar a su amado en la muerte, ella se corta las venas y permanece sentada junto a su lado hasta que expira apoyando la cabeza sobre su hombro.

            Independientemente de una  muy correcta actuación de los roles secundarios, el solo de corno inglés que ilustra la agonía de Tristán en Kareol fue magníficamente ejecutado por Pedro Díaz. La pareja protagónica integrada por Nina Stemme y Stuart Skelton  brindó una cátedra de actuación y canto, tanto en los dúos como en las arias principales (“O sink’ herneiden, Nacht der Liebe”; So stürben wir”; “Mir erkoren, mir verloren”; “Das Schiff, siehst du’e noch nicht?”y “Mild und leise, wie er lächelt”). Por su parte, Ekaterina Gubanova brindó una Brangäne antológica, destacándose en su advertencia (“Einsam wachend in der Nacht”), mientras que el barítono ruso Evgeny Nikitin ofreció un muy buen Kurvenal. René Pape, insuperable como siempre en su interpretación del Rey Marke –rol que cantó en numerosas oportunidades y que es uno de sus “caballitos de batalla”-. Una magnífica actuación del Coro –preparado magistralmente por Donald Palumbo- completó una interpretación que fue descollante en cuanto a nivel de música y canto, pero opacada por una puesta de escena inadecuada. Por tratarse de una coproducción, a veces el sumar resta.

 

TANNHÄUSER

            Esta transmisión data de 2015 y contó con puesta en escena de Otto Schenk, escenografía de Günther Schneider- Siemssen, vestuario de Patricia Ziprodt,  iluminación de Gil Wechsler y coreografía de Norbert Vesak, con presentación a cargo de Susan Graham.

Elenco: Jonathan Botha (Tannjhäuser), Michelle De Young (Venus), Eva- María Westbroek (Elisabeth), Peter Mattei (Wolfram von Eschenbach), Günther Groisböck (Landgrave Herrmann), Noah Baetge (Walter von der Vogelweide), Ryan Mc Kinney (Bitterolf), Adam Klein (Heinrich der Schreiber), Richard Lugo (Reinmar von Zwetter) y Ying Fang (Pastor).

Dirección musical: James Levine

Dirección coral: Donald Palumbo

Dirección Coro de Niños: Anthony Piccolo

            Debido a que una ya se ha referido a la clásica puesta en escena de Otto Schenk en la crítica correspondiente al 21 de Julio próximo pasado, esta cronista sólo va a entrar en detalles en cuanto al nivel de canto, actuación y algunas modificaciones sobre iluminación, vestuario y caracterización de los personajes. Todas las representaciones son diferentes y, por lo tanto, puede haber algunas variantes.  Cuando se representa la Bacanal en el Venusberg a los 12:53 minutos del Preludio, los vestidos de los bailarines son blancos y rosados, dando la impresión que estuvieran semidesnudos. Los cambios de escena se dan mediante efectos de iluminación y la única variante en el vestuario es la entrada de Elisabeth, quien luce un vestido blanco y dorado como sinónimo de pureza y virtud, en contraposición al vestido dorado viejo de Venus, con un tajo largo al costado que dejó ver las larguísimas piernas de Michelle De Young. Esta gran mezzosoprano tiene la ventaja no sólo de poseer una excelente voz, sino también de ser muy alta. Si bien es robusta, no obstante supo interpretar muy bien a la diosa en la seducción del protagonista (“Geliebter, komm! Sieh dort die Grötte”). Por su parte, Jonathan Botha se mostró muy seguro al encarnar a Tannhäuser desde su primera aria (“O Königin!). Es un heldentenor que posee una voz melodiosa, rica en matices, ideal para interpretar al caballero medieval que pierde su alma por satisfacer sus pecados (“Wer ist dort im brüstigen Gebete?”) y tras haber fracasado para obtener el perdón del Papa en Roma para redimirlos y poder retornar al Wartburg (“Insbrust im Herzen”). Formó un magnífico dúo con la bella y angelical Elisabeth (“Der Gott der Liebe sollst du preisen”), encarnada magistralmente por Eva- María Westbroek. La soprano holandesa descolló desde su primera aria (“Dich, teure Halle”) y no sólo se lució en la defensa de su amado Heinrich durante el 2° Acto, sino también en su plegaria a la Virgen María en el 3° (“Almächtige Frau”), cuando se da cuenta que Tannhäuser no se encuentra entre los peregrinos que regresaron de Roma. Por su parte, el sueco Peter Mattei  brindó un excelente Wolfram von Eschenbach, que se lució en sus arias principales (“Blick’ich umhrer in diese melden Kreise” y la Canción de la Estrella Vespertina (“Wie Todesahnung… O du mein holder Abendstern”). Lo mismo sucedió con el bajo alemán Günther Groisböck dando vida al Landgrave Herrmann, implacable en su sentencia final tras la intercesión de su sobrina para salvar a Tannhäuser (“Ein furchtbares Verbrechen Ward begangen”). El sexteto de Caballeros del Wartbirg sonó solemne al final del 1° Acto (“Als die inkühnen Sange uns bestrittet”), al igual que el Coro y el Coro de Niños, al compás de la Marcha Festiva (“Heilige Gegrüβe”) y en el Coro de Peregrinos (“Beglückt darf nun dich, ihre Heimat zu schauen”).  Un aplomado y más experimentado James Levine brindó una excelente dirección orquestal, poniendo su inefable sello en materia de interpretación wagneriana. Se hizo honor a la concepción de esta ópera romántica –según definición del propio Wagner- mediante una puesta en escena clásica, efectiva, de muy buen gusto y con una constelación de buenas voces. Un placer indescriptible desde el punto de vista visual y auditivo.

 

PARSIFAL

            |Esta producción contó con puesta en escena de François Giraud, escenografía de Michael Levine, vestuario de Thibaut Vancreaenenboeck, iluminación de David Finn y coreografía de Carolyn Choa. La presentación estuvo a cargo de Eric Owens.

Elenco: Jonas Kaufmann (Parsifal), Katarina Dalamyan (Kundry), René Pape (Gurnemanz), Peter Mattei (Amfortas), Evgeny Nikitin (Klingsor), Run Battaberg (Titurel), Mark Schonwalter ( Primer Caballero), Ryan Speedo Green (Segundo Caballero), Jeanette Forn 8Primer Escudero), Lauren Mc Neese (Segundo Escudero), Andrews Stenson (Tercer Escudero), Mario Chang (Cuarto Escudero), María Zifchak (Una voz) y Kiera Duffy, Lee Xiu, IreneRoberts, Haeran Hong, Katherine White y Heather Johnson (Blumenmädchen).

Dirección musical: Daniele Gatti

Dirección Coral: Donald Palumbo

            A diferencia de la transmisión histórica ofrecida el 7 de Agosto próximo pasado, esta versión data de 2013 y está ambientada en el presente. El régisseur François Giraud concibió una puesta en escena moderna, demostrando que la obra de Wagner es atemporal. A los 10 minutos del Preludio, aparece el Coro vestido de negro. Se quitan los sacos y los Caballeros del Santo Grial aparecen descalzos, vestidos con camisas blancas y pantalones negros. Se reúnen formando un círculo, donde sobresale el protagonista –vestido con camisa y pantalón azules- como aquel tonto noble de corazón puro, que será capaz de buscar la lanza para curar la herida de Amfortas. Posteriormente, forman dos círculos concéntricos, agachándose y dejando ver sus camisas blancas. Amanece junto al lago sagrado en el bosque de Monsalvat y los mismos se despiertan. Gurnemanz sale del círculo. Por su parte, Kundry se encuentra vestida de negro y cambia sus vestimentas en el 2° Acto, cuando el malvado Klingsor le ordena seducir a Parsifal. Luce un vestido blanco, que resalta su rojiza cabellera y que se tiñe de rojo en su porción inferior tras el beso, simulando la sangre derramada por la herida de Amfortas. Este último también luce camisa blanca y pantalón negro, pero con una mancha roja que simula su herida en el costado derecho, mientras que Klingsor está caracterizado con un traje a saco azul petróleo, camisa roja y cabello rojizo. Las Blumenmädchen (Muchachas Flor) aparecen con larga cabellera negra, vestidos largos blancos,  sujetas a un caño –que simula un  tallo- . Los efectos de iluminación marcan los cambios de escena –mayor intensidad sobre cada uno de los protagonistas y sobre el cáliz sagrado cuando sucede la ceremonia-, mientras que un río de color rojizo representa la sangre derramada por Amfortas, que llama la atención de Parsifal. Cuando éste recupera la lanza, su mano está ensangrentada, al igual que la parte inferior de los vestidos de las Blumenmädchen. En el 3° Acto, los Caballeros del Grial lucen adustos, canosos y con sus sacos puestos, mientras que Kundry yace desfalleciente, descalza y vestida de negro con una enagua blanca. Es rescatada por Gurnemanz, quien le da de beber. Aparece Parsifal con su camisa abierta, un sobretodo azul desgreñado y desfalleciente mientras se ilumina la escena, al igual que en el Encantamiento del Viernes Santo. Kundry lava sus pies –cual Jesús a sus discípulos- y él la bautiza. Aparece un círculo dorado cuando se celebra la ceremonia del Santo Grial en el 1° y 3° Actos. En este último, Gurnemanz le coloca una camisa blanca para que Parsifal pueda ser admitido en el reducto. Cuando éste llega, la escena se ilumina. Toca la herida de Amfortas con su lanza y deja de sangrar. Una vez ya redimida del pecado, Kundry alza el Grial antes de expirar en brazos de Gurnemanz y Parsifal pasa a ser el nuevo Rey del Grial. Pese a ser moderna, respeta la concepción filosófica de la obra.

            El italiano Daniele Gatti dirigió la orquesta de manera solemne, como este Festival Sacro escénico lo requiere. Pudo haber sonado algo ralenteada en la célebre Música de Transfiguración, pero lo hizo de manera sublime y magistral. Fue intensamente aplaudido y ovacionado al finalizar cada una de sus intervenciones y al subir al escenario a saludar junto a los artistas. El Coro de la institución sonó acorde a las circunstancias: compacto, armónico y muy bien preparado en las escenas donde participa  (“Zum letzten Liebesmahle”, “Enthüllet den Gral” en el 1° Acto y “Geleiten wir im bergerden Schrein den Gral zum heiligen Amte…”, en el 3°). También sonaron muy bien todos los roles secundarios y las Muchachas Flor tratando de seducir al protagonista (“Komm, komm, holder Knabe!”). Y la mezzosoprano Katarina Dalamyan resultó ser una auténtica revelación: una voz grave, dramática, rica en matices y con un fraseo impecable. Si a esto se le suma su presencia escénica, fue ideal para interpretar a Kundry. Al despertar de su letargo por orden de Klingsor, su grito fue conmovedor y sonó desgarrador. Sonó muy bien en general y en particular, en la escena donde debe seducir al protagonista (“Zu End’ ihr Gram: Seine Mutter ist tot”). En cuanto a los principales roles masculinos, el barítono Evgeny Nikitin se lució dando vida al malvado Klingsor (“Das Zeit ist da”), mientras que el tándem formado por Peter Mattei, René Pape y Jonas Kaufmann se llevó los laureles por sus magníficas actuaciones y sus grandes voces. Nadie duda que René Pape es el gran bajo alemán del momento y su voz se destaca no sólo por ser melodiosa, sino también por su gran versatilidad. Se lució en sus arias principales (“He! Ho! Waldhütter ihr”; “Nun achte wohl und lass mich seh’n” y en la celebérrima “Das ist Karfreitags-Zauber, Herr!”, que marca el Encantamiento del Viernes Santo. Por su parte, Peter Mattei no sólo demostró que es un gran barítono, sino también, un perfecto actor, que dio vida a un dolido y sufriente Amfortas desde su inicio (“Ohn’ Urlaub?”) y al presidir la ceremonia del Santo Grial (“Wehvolles Erbe, dem ich verfallen!”). Jonas Kaufmann supo dar vida al protagonista merced a los excelentes matices de su voz (“Im Fluge treff’ ich was fliegt!”) y se destacó en el 2° Acto, donde puso su voz al servicio del canto luego del beso de Kundry (“Amfortas! Die Wunde!”) y al atrapar la lanza (“Mit diesem Zeichen bann’ich deinen Zauber”), al igual que al buscar a Amfortas para curarlo (“Zu ihm, des tiefe Klagen”).

            Hubo buena programación y cantantes para elegir y disfrutar a pleno, aunque sería bueno que no se repitieran tanto .los títulos y se incorporaran óperas como “LOS MAESTROS CANTORES DE NÜREMBERG” o “RIENZI”, tan alejadas de los escenarios porteños. Ojalá que la propuesta no caiga en saco roto y se pueda dar una próxima Wagner Week (o Wagner Woche, en alemán) como sólo el Met sabe hacerlo.

 

Espectacular transmisión por streaming de la Tetralogía wagneriana en el Metropolitan

 

UN ANILLO QUE RELUCE POR DONDE SE LO MIRE

Martha CORA ELISEHT

 

            Continuando con las transmisiones por streaming de la Wagner Woche (Semana dedicada a Wagner) del Metropolitan Opera House de New York, entre los días 7 al 11 del corriente mes tuvieron lugar las óperas que componen la Tetralogía “EL ANILLO DEL NIBELUNGO” (DER NIBELUNGEN RING) correspondientes a 1990 con producción integral de Otto Schenk, escenografía de Günther Schneider- Siemessen, vestuario de Rolf Langenfass e iluminación de Gil Wechsler. La dirección de orquesta estuvo a cargo de James Levine, mientras que John Keenan tuvo a su cargo la del Coro.

            El elenco estuvo integrado por los siguientes cantantes:

EL ORO DEL RHIN (DAS RHEINGOLD)

James Morris (Wotan), Christa Ludwig (Fricka), Siegfried Jerusalem (Loge), Marie- Anne Haggander (Freia), Jan- Hendrik Rootering (Fasolt),  Matti Salminen (Fafner), Ekkehard Wlaschicha (Albrecht), Heinz Zednik (Mime), Alan Held (Donner), Mark Baker (Froh), Brigitta Svenden (Erda), Diane Kesling (Wellgunde), Kaaren Erickson (Woglinde) y Meredith Parsons (Flosshilde).

LA WALKYRIA (DIE WALKÜRE)

 Hildegard Behrens (Brünhilde), James Morris (Wotan), Gary Lakes (Siegmund), Jessye Norman (Sieglinde), Christa Ludwig (Fricka), Kurt Moll (Hunding), Joyce Castle (Waltraute), Jagalyn Bower (Rossweise), Katharina Ikonomu (Helmwiege), Martha Thiegpen (Ortlinde), Diane Kesling (Siegrune), Wendy Hillhouse (Grimgerde), Pyramid Sellers (Gerhilde) y Sondra Kelly (Schwerleite).

SIEGFRIED (SIGFRIDO)

Siegfried Jerusalem (Siegfried), Hildegard Behrens (Brünhilde), James Morris (Wotan, el Viajero), Heinz Zednik (Mime), Ekkehard Wlaschicha (Albrecht), Matti Salminen (Fafner), Brigitta Svendsen (Erda) y Joyce Castle (Voz del pájaro del bosque).

EL OCASO DE LOS DIOSES (GÖTTERDÄMMERUNG)

Siegfried Jerusalem (Siegfried), Hildegard Behrens (Brünhilde), Matti Salminen (Hagen), Ekkehard Wlaschicha (Albrecht), Anthony Raffall (Günther), Hanna Lisowska (Gutrune), Christa Ludwig (Waltraute), Gwyneth Bean (Primera Norna), Joyce Castle (Segunda Norna), Andrea Gruber (Tercera Norna), Kaaren Erickson (Woglinde), Diane Kesling (Wellgunde) y Meredith Parsons (Flosshilde).

PRÓLOGO: EL ORO LUCE EN TODO SU ESPLENDOR

            EL ORO DEL RHIN representa el Prólogo de la Tetralogía y el pecado original. Sólo aquel que abjure del amor podrá ser capaz de forjar un anillo con el cual domine el mundo, pero al ser robado y permanecer fuera de las aguas del río, se transforma en un instrumento que no sólo es codiciado por todos, sino que trae desgracia a aquel que lo posea. Así lo entendió Otto Schenk en su concepción de la Tetralogía, donde realizó una perfecta caracterización de todos los personajes, comenzando por el enano Albrecht, un ser despreciable desde todo punto de vista –mitad hombre, mitad escarabajo- que resbala en los peñascos donde juegan alegremente las  Ninfas del Rhin (Woglinde, Wellgunde y Flosshilde), caracterizadas por sus trajes verdes y sus largas cabelleras, tan doradas como el oro que ellas custodian. En cambio, los gigantes Fasolt y Fafner lucen toscos y pesados, mientras que los dioses, bellos, gráciles y ricamente ataviados. Mientras que Wotan luce una túnica gris con bordados y pechera plateados, su típico parche en el ojo y su lanza, su esposa Fricka aparece ataviada de dorado y Freia, impecablemente vestida de blanco, con una corona de flores al tono. Dado su carácter de semidios, el astuto Loge viste un traje ceñido al cuerpo con franjas en diferentes tonos de marrón, rojo y dorado, simulando las llamas del fuego, mientras que el enano Mime está caracterizado como el herrero torpe. Los diferentes cambios de escena se realizan mediante efectos de iluminación.

            Acorde a la partitura, la introducción suena en pianissimo y va in crescendo a medida que avanza la melodía, hasta llegar a su clímax en el Andante ondulante que precede la aparición de las Ninfas del Rhin. El telón cambia de colores simulando las aguas, mientras que el brillo del oro se resalta mediante un efecto de iluminación perfectamente logrado. Una vez que el mismo es robado, se pasa al peñasco desde donde los dioses admiran el Walhalla. Una vez que los gigantes se llevan a Freia como parte de pago, el  envejecimiento de los dioses está perfectamente bien logrado, al igual que el descenso al Nibelheim mediante el interludio orquestal y el coro de yunques. La dirección de Levine resultó sumamente rica, sorprendente y versátil, logrando muy bien los diferentes efectos sonoros y los leitmotives característicos de cada uno de los personajes y las instancias –maldición del anillo, ocaso de los dioses luego de la advertencia de Erda-. Esta última aparece mediante una tarima elevada, que le permite emerger desde las profundidades de la Tierra cuando le ordena a Wotan que entregue el anillo a los gigantes. Por último, una vez que Donner insta a los dioses a ir hacia la nueva morada cruzando el arco iris, el efecto del trueno está muy bien logrado –simulando el martillo de Thor en la mitología escandinava- , mientras las Ninfas del Rhin lloran la pérdida del oro.

            La constelación de estrellas convocadas para el Prólogo no pudo haber sido mejor seleccionada. James Morris es uno de los más grandes intérpretes de Wotan de todos los tiempos y lo demostró con creces, al igual que la magnífica labor de Christa Ludwig como Fricka, donde su excelsa voz sonó magistralmente. El bajo Ekkehard Wlaschicha deslumbró con sus dotes vocales e histriónicas al encarnar al odioso Albrecht, mientras que el tenor  Heinz Zedlik hizo lo mismo con su hermano Mime. Los bajos Jan- Hendrik Rootering y Matti Salminen fueron dos extraordinarios Fasolt y Fafner respectivamente,  disputándose entre el amor de Freia y el poder del oro. Por su parte, la soprano Marie- Anne Haggander encarnó a una loable Freia, mientras Alan Held y Mark Baker hicieron lo mismo con Donner y Froh, respectivamente.  La labor de Siegfried Jerusalem fue fantástica al interpretar al astuto y multifacético Loge –personaje central en esta obra- y fue quien se llevó los laureles junto a Morris. También estuvo muy bien la mezzosoprano Brigitta Svendsen como Erda, mientras que el trío formado por Diane Kesling, Meredith Parsons y Kaaren Erickson descolló en su interpretación de las Ninfas del Rhin. Una producción escénica y vocal despampanante, de alto vuelo y perfectamente dirigida de la mano de un joven y entusiasta James Levine. 

 

1° JORNADA: REBELDE CON MÚLTIPLES CAUSAS

            Debido a que la representación de LA WALKYRIA (“DIE WALKÜRE”) correspondiente a la presente Tetralogía ya fue analizada minuciosamente como ópera representada individualmente en la crítica realizada el 1° de Julio pasado, quien escribe sólo hará mención a la excelencia de la régie, producción integral y a la jerarquía de los intérpretes que participaron de la misma. Es un placer poder apreciar este clásico dentro del marco que ofrece la Tetralogía, con una puesta en escena y un elenco que es fiel a la mejor tradición wagneriana, con el marco perfecto que brinda la música. Es Wagner en estado puro y un deleite audiovisual.

 

2° JORNADA: UN JOVEN GRAN HÉROE

            SIEGFRIED es un canto a la libertad. Ha nacido libre, sin miedo e inquieto por naturaleza y es lo suficientemente inteligente como para darse cuenta que no es hijo de Mime. Ansioso por no poseer una espada lo suficientemente fuerte como para recorrer el mundo en busca de aventuras, inquiere al nibelungo sobre sus orígenes hasta que consigue sacarle la verdad. Mientras tanto, Wotan recorre el mundo como el Viajero hasta encontrarlo. Para ello, porta su lanza y está caracterizado con un  traje negro, con larga capa y chambergo del mismo color, mientras que el héroe luce su clásica vestimenta en tonos marrones. Por su parte, los enanos Mime y Albrecht poseen las mismas vestimentas que en EL ORO DEL RHIN. Tras su letargo, Brünhilde presenta un vestido blanco, que marca el pasaje de ser una walkyria a una mujer mortal. Los cambios de escena también se logran mediante efectos de iluminación, predominando el claroscuro en las escenas más sombrías y enfocándose la luz en los protagonistas en las principales. El efecto de Fafner transformado en dragón está muy bien logrado, al igual que el aria de la forja de la espada Nothung y el pasaje del héroe a través de las llamas para llegar a la roca de la walkyria.

            La orquesta sonó magistral en todos los pasajes principales, pero donde más se destacó fue en el Preludio del 2° Acto, donde se destacó el solo de tuba que marca el leitmotiv de Fafner y el de la maldición del anillo, al igual que el solo de corno del protagonista llamando al pájaro del bosque –ejecutado por el solista Howard Howard- y el pasaje de la 2° a la 3° escena del 3° Acto, una vez que Siegfried quiebra la lanza de Wotan.

En cuanto a las voces principales, Heinz Zednik no sólo es un gran tenor wagneriano, sino también un magnífico actor, que supo encarar perfectamente bien a Mime y sus siniestros planes de matar al héroe luego de apoderarse del anillo, mientras que tanto Ekkehard Wlaschicha como Matti Salminen –este último, fuera de escena en “Lass mich schlaf”- estuvieron extraordinarios. Por su parte, James Morris brindó un Wotan de excelencia, al igual que la mezzosoprano Brigitta Svendsen como Erda, quien vaticina al dios sobre su destino.  Joyce Castle sonó muy bien como la voz del pájaro del bosque, quien le revela a Siegfried las intenciones de Mime y el camino hacia la roca de la walkyria. Siegfried Jerusalem es un gran intérprete de este rol y lo demostró con creces en la presente versión, destacándose en las arias principales (“Nothung! Nothung! Neidliges Schwert!”; “Mein Vater ist ihm nicht”; “Erwache! Erwache!....Sie hört mich nicht”) y en el dúo de amor junto a Brünhilde (“Heil dein Mutter, Sie mich/ dich  gebracht”; “Erwache, Brünhilde!”), magistralmente interpretada por Hildegard Behrens (“Heil dich, Sonne! Heil dich, Liebe!”… “Lang war mein Schlaf, ich bin erwacht” y la bellísima “Ewig var ich”). Una interpretación excelsa desde todo punto de vista y una versión sublime.

 

3° JORNADA: LOS DIOSES TAMBIÉN SON FINITOS

            Inspirada en el Ragnarok de la mitología escandinava, EL OCASO DE LOS DIOSES es la jornada crucial de la Tetralogía e imperiosamente necesaria para que el bien triunfe sobre el mal y que el fatídico anillo regrese a su origen. Pero para ello, hace falta mucho sufrimiento por parte de la protagonista (Brünhilda) para que pueda entender cómo funciona el mundo real. En este caso, mediante una serie de patrañas y engaños que harán que se sienta traicionada por parte del hombre que ama –el cual, también ha sido engañado bebiendo una mágica poción acorde a los siniestros planes de Hagen para apoderarse del anillo por orden de su padre Albrecht- . Al razonar como una mujer mortal, no puede discriminar que el anillo que Siegfried le deja como prueba de amor es el causante de todos los males, pese a la visita y la advertencia de su hermana Waltraute, quien le recomienda que lo devuelva a las aguas del Rhin. Por su parte, Siegfried también será víctima del complot de Hagen – ofreciéndole una poción que hará que se enamore de Gutrune y olvide a Bünhilde- y luego, de un segundo complot tramado por la propia Brünhilde, el rey gibich Günther y el propio Hagen. Mientras que los dos primeros lo hacen  por cuestiones de ofensa personal a instancias del malvado Hagen, este último necesita matar imperiosamente al héroe para apoderarse del anillo. Esta obra posee la música más hermosa y fascinante de toda la Tetralogía, cuyos interludios orquestales suelen ofrecerse a menudo como piezas de concierto (Escena de amor y Viaje de Sigfrido por el Rhin, Marcha Fúnebre de Sigfrido y la Escena Final, que representa un perfecto resumen de casi 16 horas de música en sólo 18 minutos). Pese a su larga duración (4 horas 50 minutos) no se puede dejar de escuchar, ya que posee  bellísimas arias (“Zu neuen Taten, teurer Helde”: “Hör mich, Schwester!”; “Erwache, mein Sohn” y el aria final: “Starke Scheite schictet mir dort”). Naturalmente, los magníficos efectos de iluminación permiten los numerosos cambios de escena; sobre todo, en el 1° Acto (Trío de las Nornas, Amanecer, Palacio de los Gibich, Roca de la Walkyria y Escena de la Traición, donde Siegfried usa el Tarnhelm –yelmo mágico- para ganar a Brünhilde como novia para Günther). Lo mismo sucede en el 3° Acto, donde los interludios orquestales permiten los cambios. Luego de encender la pira funeraria donde Brünhilde llevará a cabo su inmolación junto a los restos de Siegfried, la escena se enciende en llamas, pero se pasa rápidamente a las aguas del Rhin, donde las Ninfas se hallan alegres por haber recuperado el oro y ahogan a Hagen. Por último, el tema de la redención por  el amor se ilustra con un nuevo amanecer mientras arde el Walhalla con el leitmotiv característico del ocaso.

            Independientemente de la pareja protagónica integrada por Hildegard Behrens y Siegfried Jerusalem –perfectos desde todo punto de vista en las escenas de mayor carga dramática-, la dupla formada por Anthony Raffall como Günther y Hanna Lisowska como Gutrune también funcionó perfectamente dando vida a los hermanos de la estirpe de los Gibich, mientras que el finlandés Matti Salminen encarnó un perfecto Hagen desde todo punto de vista. Siniestro e intrigante desde lo actoral y excelso desde lo vocal, supo conjugar ambas cualidades para dar vida al villano. Además de las cantantes que dieron vida a las Ninfas del Rhin, el trío formado por  Gwyneth Bean, Joyce Castle y Andrea Gruber también se lució dando vida a las Nornas, hábiles hilanderas que vieron romperse el hilo del destino. Christa Ludwig encarnó una magnífica Waltraute, mientras que Ekkehard Wlaschicha hizo lo mismo como Albrecht. Además de los solistas, la preparación del coro masculino por parte de John Keenan fue soberbia en el 2° Acto. Es la única de las cuatro óperas que requiere la presencia del Coro. La magistral dirección de James Levine hizo el resto.

            La destrucción del mundo y creación de uno nuevo está  presente en todas las mitologías: Ragnarok para la escandinava y el Apocalipsis para la cristiana. Y sobre todo, mediante la redención por el amor, un tema recurrente en el universo wagneriano. En este caso, con una versión de antología, que demuestra que los dioses –al igual que los seres humanos- también son finitos.  El anillo brilla por donde se lo mire y dentro de su contexto original.

jueves, 1 de octubre de 2020

 

 

 

SOBERBIO DE PUNTA A PUNTA

 

“Mozarteum Argentino”, Actividad extraordinaria año 2020. Transmisión On Line del Concierto de apertura del Festival “Primavera de Praga 2019”. Actuación de la Orquesta Sinfónica de Bamberg, Director: Jakub Hrusa. Programa: Bedrich Smetana. “De Mi Patria” (ciclo de seis Poemas sinfónicos sobre regiones de la República Checa). 01 de Octubre de 2020.

 

NUESTRA OPINION: EXCELENTE.

 

  Es una inmensa alegría para mí este reencuentro con todos Ustedes en este momento de casi nula actividad musical en Ntro. País.  Espero próximamente poder cubrir algunas de las actividades vía streaming de la Dirección Nacional de Organismos Estables tanto como del Centro Cultural Kirchner  o de las actividades que el teatro Colón organizó con artistas nacionales actuando vía enlace desde sus domicilios. Mientras tanto, el Mozarteum Argentino nos acercó la irresistible propuesta de presenciar el lanzamiento vía redes sociales del video correspondiente a la apertura de la edición del pasado año del mundialmente reconocido Festival de la Primavera de Praga, el que tuvo como eje la presentación de Ntra. bién conocida Orquesta Sinfónica de Bamberg bajo la guía de su actual titular, el Checo  Jakub Hrusa, joven intérprete de actuales 39 años, portador de un frondoso currículum que luego de escucharlo se torna harto merecido dada su sólida calidad interpretativa. Programa que trajo como única obra el Ciclo de Bedrich Smetana “De Mi Patria”. Todo dicho.

 

  Compuesto en dos etapas, sus dos primeros números “El Alto Castillo” y el más famoso de ellos “El Moldava” finalizados hacia 1875 y los cuatro restantes: “Sarka”, “De los Prados y Bosques de Bohemia”, “Tabor” y “Blanik”, finalizados hacia 1882, poco tiempo antes de su muerte, “De Mi Patria” pinta a la República Checa como pocos compositores han podido hacerlo.  Antonin Dvorak es quien luego toma la posta y Leos Janacek es quien logra una evolución de lenguaje, pero en todos los casos manteniendo la esencia de una escuela nacional y de una identidad que le es propia a esa querida nación.

 

  Fue gratificante ver la labor de Hrusa en el podio y comprobar bajo su conducción la evolución y el refinamiento alcanzado por la Bamberg en el poco tiempo que lleva de titular el conductor Checo. Y en cuanto a Este, pude apreciar a una inmensa batuta que hace “cantar” a la orquesta, que expresa como pocos, con una elegancia para marcar los pasajes, frasear, pero por sobre todo interpretar, que me permite afirmar que estamos en presencia de un valor con mayúsculas. Al comienzo sutil de “El Alto Castillo” hasta su intenso final, a la exquisitez de “El Moldava”, pasando por la fuerza e intensidad de “Sarka” (La Guerrera), las sutilezas y refinamientos de “En los Prados y Bosques de Bohemia” , para llegar a los apasionados “Tabor” y “Blanik” con un discurso pleno de paleta de color, detalles, vuelo, todo lo que debe pedirse en una partitura rica de la que extrajo hasta el máximo posible.

 

  La justiciera ovación de pie que la concurrencia tributó a Hrusa y la Bamberg, habla por sí sola de la calidad del trabajo ofrecido. Debimos escucharlos este año en Buenos Aires. Agradezco al Mozarteum esta posibilidad de poder apreciarlo y deseo fervientemente que se pueda reprogramar a futuro esta visita, que, a no dudarlo, puede convertirse en un hito más para esta institución tan querida.

 

Donato Decina

viernes, 25 de septiembre de 2020

 

Muy buena transmisión por streaming de “LA FANCIULLA DEL WEST” desde el Met

 

QUIEN MANDA EN EL FAR WEST TIENE CARA DE MUJER

Martha CORA ELISEHT

 

            Dentro de la denominada Puccini Week, el Metropolitan Opera House de New York brindó en el día de la fecha una transmisión por streaming de “LA FANCIULLA DEL WEST” que data de 2010 y que contó con la presentación de Sondra Rabdanovsky, dirección coral de Donald Palumbo y dirección musical de Nicola Luisotti, puesta en escena de Giancarlo del Mónaco, escenografía y vestuario de Michael Scott e iluminación de Gil Wechsler, con el siguiente reparto: Deborah Voigt (Minnie), Marcello Giordani (Dick Johnson), Lucio Gallo (Jack Rance), Tony Stevenson (Nick), Edward Parks (Jim Larkens), Trevor Scheuneman (Sid), Hugo Vera (Trin), Dwayne Croft (Sonora), Jeff Matsey (Castro), Michael Forest (Joe), Richard Bernstein (Bello), Adam Herskowitz (Harry), David Crawford (Happy), Oren Gradus (Jack Wallace), Keith Miller (Ashby Wells Fargo), Edward Mout (un Jinete), Ginger Costa Jackson (Woowle) y Philip Cokorinos (Indio Billy).

            Esta representación contó con un valor agregado: el Met la incluyó en su Temporada 2010/2011, porque se cumplieron 100 años desde su estreno, cuando el teatro lírico neoyorquino le encargó a Puccini la composición de una ópera. Rápidamente, el italiano puso manos a la obra y contrató a los libretistas Guelfo Civinni y Carlo Zanganini para que adaptaran  una obra de David Belasco – el mismo autor de MADAME BUTTERFLY-, mientras que el músico sumó una maravillosa orquestación, donde el leitmotiv principal  posee reminiscencias del último acto de “MANON” de Massenet. Hasta puede decirse que Andrew Lloyd Weber tomó el tema para su musical “EL FANTASMA DE LA ÓPERA” del tema de amor interpretado por Dick Johnson  hacia el final del 1° Acto (“Quello che tacete”). Pese a que los descendientes de Puccini lo denunciaron por plagio, dicha demanda no prosperó. Desde su estreno –con la presencia estelar de Emily Destinn y Enrico Caruso en los roles centrales-, la ópera tuvo mucho éxito en Estados Unidos y otros escenarios europeos y sudamericanos –entre otros, el Teatro Colón- pero fue recibida con cierta reticencia en Italia. No obstante, se fue afianzando con el correr del tiempo y se representa regularmente en los principales escenarios del mundo. Según palabras de su autor en 1910, “la mejor obra que he compuesto”.

            Para la presente representación se montó la escenografía acorde al ámbito donde transcurre la ópera: fines del siglo XIX, durante la Fiebre del Oro en California. En el 1° Acto, en el Polka Saloon que administra Minnie, donde los hombres acuden a beber y jugar a las cartas tras trabajar en la mina. Y como buen Saloon que se precie de tal, con mostrador, mesas y sillas en tonos color madera. El 2° Acto muestra la cabaña de Minnie en medio de las montañas, donde la escenografía se divide en dos partes: por un lado, el interior y por el otro, el exterior de la cabaña, con lugar para apostar los caballos. A su vez, la misma posee un escondite secreto en el techo –donde la protagonista esconde a Dick Johnson tras haber sido herido- y una puerta lateral. El 3° Acto muestra un pueblo calle típico del Far West, donde tendrá lugar el desenlace. Naturalmente, el vestuario también es característico de la época, donde predominan los tonos marrones, con excepción del sheriff Jack Rance y el bandido Dick Johnson, quienes están vestidos de negro. Por su parte, Minnie también luce vestimentas en tonos de marrón en el 1° y 3° Acto, mientras que en el 2° Acto se engalana con un vestido celeste con vivos y pechera blancos, una rosa roja en la misma y un mantón de Manila al tono. Cuando se dispone a dormir, lo hace con camisón largo blanco. De más está decir que todos los intérpretes están magistralmente caracterizados.

            Todos los cantantes que interpretaron los roles secundarios se destacaron por la calidad de sus voces y sus dotes histriónicas, de modo que quien escribe se concentrará en los roles principales. Deborah Voigt sorprendió dando vida a una cándida y temperamental  Minnie, valiente como para vivir sola entre las montañas, capaz de manejar un rifle y lidiar con hombres regenteando una taberna en el Lejano Oeste pero a su vez, se permite soñar con el amor y hacer que todos la escuchen embelesados cuando recita un párrafo de la Biblia. Naturalmente, la fuerza del amor hará que se emperifolle para recibir en su casa a Dick Johnson  y que asimismo, él sea incapaz robar el oro que ella esconde celosamente en un lugar secreto de su taberna por respeto a la mujer que ama. Desde el punto de vista vocal, estupenda en los dúos de amor (“Comme siete graziosa” y “Dolce vita é de morir”) y sobresaliente en la  escena de las cartas junto al sheriff Jack Rance (“T’ofro questo uomo e la mia vita… Una partita”). A medida que la escena crece en intensidad dramática, alcanza su clímax al sacar el as que tiene escondido bajo la media, lo que le permite ganar la partida y salvar al hombre que ama. Una estupenda actuación, al igual que al impedir que  su amado sea colgado en la horca y recordarles a todos los favores que les ha hecho, que culmina con la intervención de Sonora (“Le tue parole sono di Dío”) y al despuntar el amanecer, cuando se aleja junto a su amado (“Addio, mia dolce terra”). Por su parte, la actuación del barítono italiano Lucio Gallo como el sheriff Jack Rance fue excelente, ya que posee un estupendo fraseo, una voz imponente –sin ser ruda ni áspera, que es lo que necesita este rol- rica en matices y una soberbia línea de canto. Además de la escena de la partida de póker, se luce presentándose como el sheriff (“Ió non sono Jack, sono il sheriffo”) y cuando observa sangre cayendo del techo (“Il strano… Il sangue sulla mano”). Y en el 3° Acto, su interpretación fue magistral. En cuanto al tenor, Marcello Giordani posee una voz sumamente dulce y melodiosa, ideal para las escenas de amor (“Quello che tacete”, “Un bacchio!”) y en los mencionados dúos junto a la protagonista, pero que por momentos le cuesta dar las notas sobreagudas. No obstante, se destacó en el aria del 2° Acto (“Sesun messi fa”) y en la más representativa de la ópera en el 3° Acto (“Che ella mi creda libero e lontano). Y el Coro sonó muy compacto, brindando el marco apropiado para las escenas de conjunto en el 1° y 3° Actos.

            Merece un párrafo aparte la impecable dirección del italiano Nicola Luisotti, quien brindó a la orquesta el brillo, vuelo y romanticismo típicos de la música de Puccini. Se destacó por su excelente manejo de los tempi y por contagiar su énfasis a los músicos.

            Una vez más el amor triunfa y prevalece sobre el odio, pero con una salvedad: en la mayoría de las óperas, la muerte pone fin a las penurias que sufren los enamorados, o el héroe aparece justo a tiempo para salvar a su amada. En este caso, es exactamente al revés: quien domina es una mujer fuerte, valiente y corajuda, capaz de hacer frente a todos en un lugar donde impera la ley del más fuerte. Típica actitud de una heroína pucciniana, quien se va junto al hombre que ama para vivir su amor bajo otros cielos y donde todo culmina con un final feliz. Una mujer que lleva los pantalones en un lugar dominado por hombres, tan rudo y salvaje como el Lejano Oeste. Todo es posible en el universo de Puccini.

martes, 22 de septiembre de 2020

 

Estupenda transmisión por streaming de “LA RONDINE” desde el Metropolitan

 

CON AIRES DE OPERETA PARISINA Y TINTE VERISTA

Martha CORA ELISEHT

 

            Los amantes de Puccini van a estar en su salsa durante el transcurso de esta semana, ya que el Metropolitan Opera House de New York ofrecerá una serie de transmisiones por streaming de las óperas más célebres del genio de Lucca. Y en el día de la fecha, la Puccini Week abrió con una de las óperas que menos se representan: LA RONDINE (LA GOLONDRINA) correspondiente a una transmisión por HD ofrecida en 2008 en coproducción con la Opéra du Capitole de Toulouse y la Royal Opera House Covent Garden, que contó con puesta en escena de Nicholas Joel y Stephen Barlow, escenografía de Ezio Frigerio, vestuario de Franca Squarciarino e iluminación de Duane Schuler. La dirección orquestal estuvo a cargo de Marco Armiliato; la coral, de Donald Palumbo y la presentación, de Renée Flemming.

            El elenco estuvo integrado por los siguientes cantantes: Angela Gheorgiu (Magda), Roberto Alagna (Ruggero), Lisette Oropesa (Lisette), Marius Brenciu (Prunier), Samuel Ramey (Rambaldo), Mónica Yunis (Yvette), Allison Cambridge (Bianca), Elisabeth DeShong (Suzy), Tony Stevenson (Gobin), David Crawford (Crebillon), David Won (Périchaud), Marty Singleton (Adolf), Anne Nonnemacher (Georgette), Belinda Oswald (Gabrielle), Alexandra Newland (Lolette), Jason Hendrix (Rabonnier), Ashley Emerson (una Cantante) y Roger Andrews (un Mayordomo).

            A pesar de ser una bellísima obra desde el punto de vista musical, la misma tuvo muchas dificultades desde su concepción. En 1913, los managers de la Ópera de Viena –Otto Eibenschutz y Heinrich Berté- le ofrecieron a Puccini una fabulosa suma para escribir una opereta. El autor se rehusó, ofreciéndoles en cambio una ópera cómica –al estilo de EL CABALLERO DE LA ROSA de Richard Strauss-. No es hasta Marzo de 1914 cuando el músico italiano recibe un libreto en alemán escrito por Alfred Willner y Heinz Reichert denominado LA GOLONDRINA (LA RONDINE), cuya adaptación al italiano fue realizada por Giuseppe Adami. Debido al estallido de la Primera Guerra Mundial, Puccini no terminó la obra hasta 1916, donde incorporó elementos de LA TRAVIATA con DIE FLEDERMAUS (EL MURCIÉLAGO), de Johann Strauss. Al igual que en la ópera de Verdi, la protagonista (Magda) es una joven que lleva una vida ociosa y despreocupada merced a la protección del rico banquero Rambaudo, pero que aún no ha encontrado el amor. Y al igual que Alfredo, Ruggero es un estudiante que proviene de una familia del interior y desea conocer la noche de París. Irá a Bulliers y vivirá un romance con Magda –quien se hace llamar Paulette para ocultar su verdadera identidad y que encuentra en el joven su tan ansiado amor-. Los amantes huyen a Niza, donde viven un apasionado romance, pero las deudas se acumulan. Por lo tanto, Ruggero escribe a su padre solicitando dinero y permiso para casarse y recibe una carta donde su madre le responde que dará su bendición si su amada es pura y honrada. A Magda no le queda otro remedio que revelar su pasado, volver a París a llevar su antigua vida y dejar a Ruggero con el corazón roto. De ahí que se la denominó irónicamente “La Traviata de los pobres”. Y comparte con la opereta de Johann Strauss el rol de la camarera, ya que Lisette es en LA RONDINE lo que Adele en EL MURCIÉLAGO. Ambas utilizan las ropas de sus patronas para asistir al baile y se encuentran disfrazadas para no ser reconocidas. Sin embargo, se puede trazar un paralelismo entre Magda y Mussetta: ambas poseen un rico protector y luego de unos años, Magda es una especie de Mussetta de mediana edad, más aplomada y asentada en la vida, que goza de un buen pasar tras haber vivido su etapa de bohemia parisina.

            Como consecuencia del estallido de la Primera Guerra Mundial y la declaración de guerra por parte de Italia a los Imperios Alemán y Austro- Húngaro en 1915, Puccini no concluyó su obra hasta 1916. Tampoco pudo estrenarse en Viena –tal como lo estipulaba el contrato- , de modo tal que no quedó otro remedio que representarla en un escenario neutral: Mónaco. Se estrenó en 1917 en la Ópera de Monte Carlo, con la participación de Gilda dalla Rizza y Tito Schipa en los roles protagónicos. El suceso fue rotundo fuera de Italia y en Buenos Aires (1920), pero fue recibida con frialdad y desprecio en Italia y otros escenarios europeos, ya que no era una típica tragedia pucciniana, sino una “comedia lírica”, tal como la definía su autor. Por eso no gozó de tanta popularidad como otras de sus obras, pero no deja de poseer una música bellísima, rica en leitmotives y lirismo.

            La presente versión está ambientada en la París de 1920, donde la casa de Magda es un elegante salón de estilo art- déco con un piano blanco, mientras que el 2° Acto se desarrolla en un decorado en blanco y negro que representa a Bulliers. En el 3° Acto, el hotel que alberga a los amantes en Niza es una villa mediterránea con mosaicos, vitrales y muebles de esterilla, con detalles de muy buen gusto. El vestuario es típico de la época de “los años locos” y resulta muy apropiado para la ocasión, donde los protagonistas usan trajes oscuros para una velada de gala, más informales para el baile en Bulliers y colores claros acorde al clima mediterráneo. Y al final, la escena se oscurece paulatinamente a medida que ella se aleja, mientras que la iluminación se concentra en Magda y Rambaudo. Un efecto muy apropiado para un final triste.

            La excelente preparación del Coro a cargo de Donald Palumbo fue el marco perfecto para el lucimiento de los protagonistas en el 2° Acto, donde Magda se ve asediada por los estudiantes y  en el cuarteto final entre Magda, Rugero, Lisette y Prunier. También brindó una muy buena performance fuera de escena cuando todos se retiran, mientras Magda y Ruggero quedan a solas. Lo mismo sucedió con todos los roles secundarios, pero la participación más significativa fue la del trío formado por Mónica Yunis, Allison Cambridge y Elisabeth DeShong como Yvette, Bianca y Suzy respectivamente durante el 1° Acto. La conjunción de sus voces fue estupenda y se puede decir lo mismo del trío formado por Tony Stevenson, David Won y David Crawford como Gobin, Périchaud y Crebillon respectivamente. Marco Armiliato es una autoridad en la materia y ofreció una brillante versión de este clásico, imprimiendo a la orquesta brillo, vuelo y el romanticismo necesarios para interpretar los ribetes que requiere la orquestación típica de Puccini.

            El tenor ligero Marius Brenciu ha sido una revelación como Prunier ya desde su primer aria (Chi bel sogno di Doretta) acompañado por un espléndido solo de piano y violín. Se lució en los dúos de amor junto a la gran Lisette Oropesa como Lisette (“Che silenzio! Che mistero!”), al igual que en el cuarteto de voces del 2° Acto. Y en el 3° Acto, en el diálogo con Magda (“Perche la tua vita non é questa”…). Posee un fraseo y una línea de canto impecables, que le permitieron llegar al falsete sin ninguna dificultad. El rol de Lisette le sentó de perlas a Oropesa, donde hizo gala de su maestría vocal habitual y de sus grandes dotes de soprano ligera. Lo mismo ocurrió con el bajo Samuel Ramey, quien demostró su excelencia vocal dando vida a Rambaudo en los dos primeros actos. Y en cuanto a la pareja protagónica, Angela Gheorgiu demostró con creces sobre el escenario del Met ser una soprano de jerarquía. Poseedora de una voz aterciopelada, con un amplio registro que abarca desde las notas más graves hasta las más agudas y unos matices estupendos, fue una Magda perfecta desde su primera aria, la más representativa y conocida de la ópera (“Chi bel sogno di Doretta”), el rondó donde la protagonista recuerda su juventud (“Puó darsi! Ma che non si dimenticano piú!”), su asombro y desesperación ante la noticia que le da Ruggero (“Che devo fare?”…) hasta alcanzar su mayor dramatismo (“Nella tua casa ió non posso entrare”). Naturalmente, el Met deliró ante cada una de sus intervenciones, al igual que a Roberto Alagna desde su entrada (“Pariggi, citá dei desideri”) y en el diálogo en Bulliers (“Nella dolce caressa della danza”), al igual que en los dúos de amor y en el trágico final, donde su histrionismo fue creciendo hasta el trágico desenlace. Una actuación perfecta desde el punto de vista vocal y actoral, donde sus voces fueron las ideales para una escena de honda intensidad dramática.

            Es una pena que este gran clásico pucciniano esté tanto tiempo ausente de los escenarios porteños. Desde 1990 que no se representa en el escenario del Colón –paradójicamente, el primer escenario donde se estrenó fuera de Europa- y hubo un intento de representarla por parte del Ensamble Lírico Orquestal en 2019, pero fracasó. Y no porque no se cuente con buenas voces como para poder representarla, sino todo lo contrario. En el país hay mucho talento y recurso humano apropiado como para poder brindar un espectáculo de jerarquía. Es una obra maravillosa, con una música exquisita, que vale la pena escuchar detenidamente para no catalogarla tan a la ligera como se hizo en sus orígenes.