miércoles, 21 de octubre de 2020

 Monumental transmisión por streaming desde el Met de la trilogía de Donizetti 


EL ESPLENDOR DE LA DINASTÍA TUDOR HECHO ÓPERA

Martha CORA ELISEHT


Siguiendo con la tónica de transmisiones por streaming de determinados compositores, el Metropolitan Opera House de New York dedicó la semana pasada un homenaje a Gaetano Donizetti (1797-1848) reviviendo no sólo sus óperas bufas más conocidas (LA FILLE DU RÉGIMENT, DON PASQUALE, L’ELISIR D’AMOR, que ya han sido debidamente comentadas en el blog durante el transcurso del corriente año) sino también su trilogía sobre reinas de Inglaterra pertenecientes a la dinastía Tudor (TUDOR QUEENS), que ha sido  llevada recientemente al disco por Diana Damrau y que comprende los siguientes títulos: ANNA BOLENA, MARÍA STUARDA y ROBERTO DEVEREUX.  Son óperas muy poco representadas por la gran exigencia vocal a la que los cantantes se ven sometidos –conjuga dramatismo con bel canto, por lo que se requiere de voces dramáticas y que, al mismo tiempo, posean una coloratura y un legato perfectos- y porque también requieren la recreación de una época de lujo y esplendor. Por ende, la escenografía y el vestuario deben ser acordes a la Inglaterra regida por esta dinastía entre 1536 y 1598 para poder ambientarla como se merece. 

La monumental puesta en escena concebida por David Mc Vicar creó el marco perfecto para recrear las características mencionadas anteriormente de la era Tudor, que contó asimismo con un valor agregado: tanto ANNA BOLENA como ROBERTO DEVEREUX se representaron por primera vez en el gran teatro lírico neoyorquino en 2011 y 2016 respectivamente. Las actuales transmisiones por streaming se representaron entre los días 15 al 17 del corriente, con los siguientes elencos y ficha técnica:


ANNA BOLENA (2011)

Elenco: Anna Netrebko (Anna Boelna), Ekaterina Gubanova (Jane Seymour), Ildar Abdrazakov (Enrique VIII), Stephen Costello (Richard Percy), Tamara Munford (Smeaton), Keith Miller (Lord Rochefort, hermano de Anna) y Tony Stevenson (Hervey). 

Dirección de orquesta: Marco Armiliato

Dirección Coral: Donald Palumbo

Escenografía: David Mc Vicar. Vestuario: Moritz Junge. Iluminación: Jennifer Tipton. 

Presentación: Renée Flemming.

El primer título de la trilogía se estrenó en el Teatro Carcano de Milán en 1830, con   libreto de Felice Romani basado sobre las novelas Anna Bolena de Ippolito Pindemonte y  Alessandro Pepoli, inspiradas en la vida de la segunda esposa de Enrique VIII y  madre de Elizabeth I de Inglaterra, quien es desdeñada por su marido como consecuencia de su romance con Jane Seymour –dama de compañía de la Reina e integrante de la corte- . La ópera relata los últimos días de la desdichada reina y su condena a muerte. Tras su debut en Londres y algunos escenarios de Estados Unidos, la ópera fue escasamente representada en la segunda mitad del siglo XIX y cayó rápidamente en el olvido. Su retorno a los escenarios  se produjo luego de la Segunda Guerra Mundial en 1957, de la mano de María Callas en el rol protagónico. Otras grandes intérpretes de este rol han sido Joan Sutherland y Beverly  Sills y más recientemente, Anna Netrebko, quien la representó en 2010 en la Ópera de Viena. 

En la presente versión, la suntuosidad de los detalles en el magnífico vestuario de época y la caracterización de los personajes fueron soberbias. Mientras que el Coro utiliza vestidos negros con tocas del mismo tono –al igual que la Reina- y pecheras blancas, el paje y juglar Smeaton aparece vestido de blanco –en contraposición al clima de tristeza e incertidumbre, representa la alegría- . Esto se acompaña con un magistral recurso del claroscuro en la iluminación, que se centra sobre los principales personajes, comenzando por Jane Seymour y siguiendo por la protagonista, quien luce idéntico color, pero que se diferencia por su casquete de perlas y gargantilla del mismo material. En la escena de cacería y retorno de Percy, la Reina luce un monumental vestido de época de terciopelo rojo con guantes al tono, mientras que el Rey Enrique VIII luce un típico atuendo con calzas cortas, jubón  en negro y dorado con amplias mangas, mientras que los tonos dorados y marrones prevalecen luego de comprobar la supuesta traición de Anna y su condena a muerte. Percy lo hace en tonos grises y plateados, luciendo calzas cortas y camisa de mangas amplias tras haber sido prisionero y condenado, al igual que Lord Rochefort. Jane Seymour luce un vestido rojo con toca dorada cuando suplica al Rey por la vida de Anna. Sin embargo, las cartas ya están echadas: los vínculos matrimoniales han sido rotos y Anna se enfrenta a su cruel destino con gran solemnidad y entereza. 

La dirección de Marco Armiliato  fue perfecta desde el principio hasta el final, respetando rigurosamente los tempi y brindando a las escenas de mayor intensidad dramática su sello personal, exaltando las mismas. El solo de arpa que precede a la canción de Smeaton en la primera escena del 1° Acto estuvo perfectamente bien ejecutado. Y el Coro brindó un marco perfecto para las escenas donde el mismo interviene. ¿Y qué se puede decir de las voces principales?... No hay voz como la de Anna Netrebko, caracterizada por su melodía, fraseo y espléndidos agudos. El Met deliró ante cada una de sus intervenciones al finalizar sus arias principales (“Me condena il mio fato”) y los duettos con Richard (“Io t’amo ancora”), los tríos y el estupendo sexteto al final del 1° Acto (“Il separate in carcere”). Pero su mejor intervención la hizo junto con Ekaterina Gubanova en el dúo entre Anna y Jane en el 2° Acto, que es la escena de mayor intensidad dramática (“Sul suo capo aggravi un Dío”). La actuación de la mezzosoprano rusa fue magnífica desde su primera intervención (“Avanti la mia vittima”) pasando por su aria ante la condena de Anna (“Il mio cor m’a tradito”) y clamando por su vida ante el Rey (“Ascolta la mia preghiera”). Por su parte, Stephen Costello demostró que es un tenor que estuvo a la altura de las circunstancias. Impecables agudos, muy buena línea de canto y un fraseo perfecto para encarnar al dolido Percy, quien está dispuesto a sacrificar su vida por la de la mujer que ama. Además, su voz posee matices que recuerdan a los de Plácido Domingo en su juventud. Ildar Abdrazakov se lució como el malvado e inflexible Enrique VIII en cada una de sus intervenciones, pero la más sobresaliente fue en la escena  del 1° Acto junto a Jane (“Tutti alla gloria… Comme il sol rival non avra”) y en el Trío que marca la escena final de cacería (“Anna, addío! Alla caccia”!) junto con  el tenor y la soprano. Tamara Munford también se lució vocal y actoralmente como el fiel paje y juglar Smeaton, quien está enamorado de la Reina y es salvajemente torturado por ello. Los personajes secundarios también tuvieron actuaciones destacadas. En resumen, una conjunción perfecta de bel canto, música y drama para mostrar el reinado de Enrique VIII en todo su esplendor. 


MARÍA STUARDA (2013)

Elenco: Joyce di Donato (María Stuart), Elza van der Heever (Elizabeth I), Matthew Polenzani (Robert, Earl de Leicester), Joshua Hopkins (Lord Cecil), Matthew Rose (Lord Talbot) y María Zifchak (Hannah Kennedy).

Dirección orquestal: Maurizio Benini

Dirección coral: Donald Palumbo

Escenografía y vestuario: John Mc Farlane. Iluminación: Jennifer Tipton. 

Presentación: Deborah Voigt


La segunda ópera de la trilogía relata la vida de María Stuart, reina de Escocia y prima de Elizabeth I de Inglaterra, quien fue tomada prisionera por el presunto asesinato de su segundo esposo y  colaboración con el reino de Francia para despojar del trono a su prima –independientemente de su condición de ferviente católica, mientras que Elizabeth era protestante- y posteriormente decapitada en la Torre de Londres en 1587, tras 18 años de cautiverio. Naturalmente, Donizetti pensó en Felice Romani para escribir el libreto, pero éste se negó. Por lo tanto, la responsabilidad cayó en Giuseppe Bardari, quien a su vez se inspiró en el drama homónimo de Schiller sobre la reina de Escocia. Sin embargo, tuvo que soportar la censura imperante en la época, porque su estreno –previsto en el Teatro San Carlo de Nápoles en 1834- debió posponerse hasta el año siguiente. Los Borbones –que gobernaban el Reino de Nápoles en esa época-  era la dinastía más conservadora de Europa. Su estreno tal como fuera concebida originalmente se produjo en Milán un año después de la muerte del compositor, en 1849. Posteriormente, se representó sin censura en el San Carlo de Nápoles en 1866 y cayó en el olvido hasta 1958, cuando se exhumó en Bérgamo  con dirección de Oliviero de Fabritiis. Sin  embargo, no fue hasta 1967 que se produjo su restauración definitiva de la mano de intérpretes de la talla de Leyla Gencer, Montserrat Caballé, Edita Gruberova, Shirley Verrett, Janet Baker y Joan Sutherland. Este título iba a cerrar la Temporada 2019-2020 del Met con Diana Damrau en el rol protagónico, pero debió suspenderse como consecuencia de la pandemia de COVID 19.

En la presente representación, la corte de Elizabeth I se representa en dos tonos: blanco y rojo. La reina y sus súbditos aparecen vestidos de blanco, con excepción de Lord Cecil y Lord Talbot– con boina y túnica negras-. La caracterización de la reina de Inglaterra es estupenda –joven, con su largo cabello rojizo y los clásicos vestidos con miriñaque. Por su parte, Robert de Leicester luce una clásica armadura en tonos de plateado y gris. En contraposición a la alegría de la corte, la protagonista luce un sencillo vestido negro con corte que resalta su cintura grácil, pechera blanca y un crucifijo en su pecho, al igual que sus damas y Hannah Kennedy, que lo hace en gris. Asimismo, contrasta con el vestido rojo que Elizabeth usa durante la partida de caza que se dirige al bosque de Fotteringham –donde María Stuart  está prisionera-. En el 2° Acto, la Reina ya luce el típico vestido con collar isabelino, el rostro pintado de blanco y el cabello recogido en un gran rodete con casquete de perlas, mientras que María lo hace de negro en el castillo donde está prisionera y donde Lord Talbot le anuncia su condena a muerte luego de su largo cautiverio. En la escena final, se quita el vestido y parte hacia el cadalso vestida de rojo. Los cambios de escena se logran mediante efectos de iluminación y paneles, que permiten pasar de la corte al bosque y de la sala del trono a la mazmorra. 

Maurizio Benini no sólo es una de las más grandes batutas de la actualidad en materia de ópera, sino además un perfecto conocedor de la partitura. La orquesta del Metropolitan sonó perfectamente equilibrada, con una precisión absoluta en los tempi y en los momentos de mayor intensidad dramática. La actuación del Coro también estuvo perfecta de la mano de Donald Palumbo. Muy buenas las actuaciones de María Zifchak, Joshua Hopkins y Matthew Rose en los roles secundarios y en cuanto a los roles primarios, Elza van der Heever ofreció una gran interpretación de Elizabeth I desde su primera cavatina (“Ah, quando all’ara scorgemi”), pasando por el dúo con  Robert (“Era d’amor l’imagine””Sul crin la rivale”) y la cavatina del 2° Acto (“Questa vita m’e funesta”), al igual que el bellísimo sexteto con el cual culmina el 1° Acto. Matthew Polenzani es un tenor que posee una excelente coloratura y un fraseo que lo hacen muy apropiado para encarar este tipo de roles. Brindó un perfecto Robert de Leicester, enamorado de la protagonista y a su vez, como es el hombre del cual la reina está enamorada, trata de negar su amor por María (“O memore!”… “Rimino il bel semblante”) y en el ya mencionado dúo. Sus agudos fueron insuperables y el Met estalló en aplausos tras cada una de sus intervenciones. Una excelsa Joyce di Donato tuvo a su cargo el rol protagónico, que sorteó sin mayores dificultades merced a su famosa coloratura –ideal para este tipo de roles- y su sorprendente capacidad actoral. Esto se logró desde su primera aria, donde recuerda su infancia en Francia (“O nube! Che lieve per l’aria ti aggiri”), su enfrentamiento con  Elizabeth (“La Regina! Fatale!” y la cavatina: “É sempre la stessa, superba, orgugliosa”). También se destacó en la cabaletta “Morta al mondo, senza trono” y cuando desprecia a su prima (“Figlia impura di Bolena e bastarda!... “Il trono é  profanato”). En el 2° Acto, la iluminación se centra ante su dolor al recordar la muerte de su marido (“Delle mie colpe lo squalido fantasma”….”Quando di luce rosea”). El Met cayó a sus pies luego de sus pianissimi y luego del clímax en materia dramática (“Ió juro avanti Dío”). Y también, cuando  marcha hacia el cadalso en la última escena y le pide a Hannah que la acompañe hasta el pie del patíbulo (“Deh’! tu di una umile preghiera”; “Di un cor che more”) y al proclamar su inocencia hasta el último minuto (“Ah! Se un giorno di queste ritorte”). Una versión de lujo de esta auténtica gema de la corona donizettiana.


ROBERTO DEVEREUX (2016)

Elenco: Sondra Rabdanovsky (Elizabeth I), Mathew Polenzani (Roberto Devereux), Elina Garanca (Sarah, Duquesa de Notthingham), Mariucz Kwiecen (Duque de Notthingham), Brian Bowen (Lord Cecil), Yohan Yi (Paje), Christopher Job (Sir Walter Raleigh)  y Paul Corona (Sirviente de Nottingham). 

Dirección musical: Maurizio Benini

Dirección Coral: Donald Palumbo

Escenografía: David Mc Vicar. Iluminación: Paul Constable. Vestuario: Moritz Junge. Coreografía: Leah Hausman. 

Presentación: Deborah Voigt. 

La ópera menos representada de la trilogía se sitúa en 1598, donde muestra una envejecida reina Elizabeth I a los 69 años de edad, donde no sólo luce su clásico vestido con miriñaque, collar isabelino y manto en forma de corazón en su espalda, sino que además camina con bastón. Su estreno se produjo en el Teatro San Carlos de Nápoles en 1837 con libreto de Salvatore Cammarano, basado en dos obras de autores franceses sobre el Conde de Essex (Corneille y La Calprenede). A diferencia de las otras dos óperas que componen la trilogía, tuvo un suceso rotundo y se representó en los principales teatros líricos europeos y americanos (La Habana, 1839; New York, 1849 y Buenos Aires, 1854). Posteriormente, cae en el olvido y recién se rescata en 1964 por Leyla Gencer –quien la llevó al disco en ese mismo año, dirigida por Mario Rossi- . Otras grandes intérpretes de este dificilísimo rol fueron Edita Gruberova, Montserrat Caballé, Beverly Sills y Dimitra Theodossiu. La presente transmisión también constituye su debut en el Met. 

La puesta en escena de David Mc Vicar es sumamente fastuosa, pero sencilla. Los cambios de escena se logran mediante efectos de iluminación, pero el escenario es el mismo durante toda la obra, donde comienza a narrarse la historia a partir de la muerte de Elizabeth I en el prólogo. Esto se ve coronado por un sensacional vestuario de época, que recrea perfectamente la dinastía Tudor. El protagonista –de quien la Reina está enamorada y quien es acusado de traición tras haber servido como Embajador en Francia- también luce un atuendo digno de su rango en tonos de gris, negro y plateado, mientras el Duque de Nottingham lo hace en tonos de marrón. Como dama e integrante de la Corte, Sarah luce un magnífico vestido color verde agua en la primera escena, y posteriormente, una falda azul con bordados dorados –de la misma tela del pañuelo que desatará las sospechas de la Reina sobre su rival- y una blusa floreada con chal blanco. Sir Walter Raleigh, con armadura en tonos de gris y plateado, y Lord Cecil, de la misma manera que en la puesta de escena de MARÍA STUARDA. En la escena final, la Reina demuestra que es una mujer y lo hace mediante un camisón blanco largo y bata gris. Se quita su peluca antes de nombrar a su sobrino James I como nuevo Rey de Inglaterra. Los efectos de iluminación son perfectos y se centran sobre los protagonistas en las escenas de mayor dramatismo.

Es la segunda vez que esta cronista aprecia esta magistral obra, ya que tuvo la oportunidad de escucharla mediante transmisión HD en vivo al finalizar la Temporada 2015-2016 del Met. La bellísima música compuesta por Donizetti encontró en la magistral batuta de Maurizio Benini a un intérprete ideal, colocando su habitual énfasis en las escenas de mayor intensidad dramática y permitiendo que las voces de los protagonistas se luzcan mediante un perfecto equilibrio orquestal. El Coro también estuvo muy bien preparado merced a la dirección de Donald Palumbo, ya que participa en numerosas escenas. Y en cuanto al nivel de canto, fue una de las obras más perfectas que una ha escuchado en un rol sumamente difícil, ya que la intensidad dramática se mantiene durante casi toda la obra. 

Los roles secundarios estuvieron perfectamente bien interpretados de la mano de Paul Corona, Yohan Yi, Christopher Job y Brian Bowen,, de manera tal que una se va a referir a los roles principales. Una cantante de los quilates de Elina Garanca no pasa desapercibida, sino todo lo contrario. Su actuación fue impecable desde su primera aria, y fue aumentando en intensidad dramática en el dúo con el protagonista (“Si tu m’ami, tu devra laschiami”… Dacché tornasti, ah, mísera!”) y la cabalettaQuesto addío fatale”. Lo mismo sucedió en el dúo con el barítono en el 2° Acto. Lo mismo sucedió con el barítono Mariucz Kwiecen, quien brindó una sublime interpretación del Duque de Nottingham. Por su parte, Matthew Polenzani hizo gala de su línea de canto y sus dotes de tenor belcantista desde su aparición en escena (“O ma reale, asiedi a voi”), en el dúo de amor con anteriormente mencionado con Sarah  y cuando es condenado por traidor (“Momento fatale… Mia regina, ió voglio la norte”). Su interpretación fue magistral en la escena del 2° Acto antes de partir hacia el patíbulo (“Nottingham, tu m’a rapito la donna qu’amo”), donde hizo gala de sus pianissimi, al igual que sus espectaculares agudos en la cavatina “Di tanti sentí lacrime”. Desde ya, el Met lo ovacionó al finalizar cada una de sus intervenciones. Un párrafo aparte merece la magistral interpretación de Sondra Rabdanovsky como Elizabeth I. Es una de las mejores sopranos dramáticas del momento e hizo gala de sus espléndidas coloratura y línea de canto desde su primera aria (“Un terrible sospetto”), pasando por la cavatina “Il suo amore benedetto”, donde el Met la ovacionó al terminar el aria por sus insuperables agudos. Lo mismo sucedió al descubrir la traición de Roberto mostrando la tela que Sarah le había entregado (“Ingrato impío, ingrato core”) y en el trío “Ió l’assigno” junto a la Reina y al Duque. Y cuando se quita la peluca y se muestra como una mujer (“Vive, ingrato!”) el Met se rindió a sus pies ante tan soberbia interpretación. La ovación fue total luego de su última aria (“Le sangue avuto, le sangue al cel é arrivata”) y su monumental agudo final.

Es un auténtico placer poder apreciar estas tres gemas, que son auténticas joyas de la corona. En este caso, de las reinas de Inglaterra, que marcaron una época de esplendor, magistralmente retratada por el gran compositor bergamasco. E interpretadas por una constelación de estrellas, que permiten admirarlas y apreciarlas en toda su magnitud.    



lunes, 19 de octubre de 2020

 

Nuestros cantantes en concierto

Escalinata Facultad de Derecho
Sábado 10 de octubre, 2020

 

Escribe: Graciela Morgenstern

 

 

Un grupo de cantantes líricos de primera línea, pertenecientes a "Cantantes Líricos Argentinos Autoconvocados", unieron sus voces en la escalinata de la Facultad de Derecho y brindaron un acto artístico, con el objetivo de hacer visible su problemática, como consecuencia del COVID19.


Con distanciamiento social, a capella, sin micrófono y hasta con barbijos, conformaron un pequeño coro y cantaron obras bien conocidas, dejando expuesto su alto nivel de calidad artística. El público, que en principio se reducía a un grupo de personas que se habían enterado del evento por las redes sociales, se fue acumulando a medida que los transeúntes y ciclistas se iban sumando.


Y eso, dijeron los artistas, era una de sus grandes necesidades: el contacto con el público. La reacción no se hizo esperar. Hubo aplausos, pedidos de bises y más de uno se les unió para entonar "O sole mio", "La canción a la bandera", de "Aurora" y la "Oda a la Alegría", de la Novena Sinfonía, de Beethoven.


Bien sabido es que las actividades artísticas han sido las primeras en truncarse y serán de las últimas en volver. Pero la nueva posibilidad de realizar actividades culturales en espacios abiertos abre una ventana. Los Cantantes Autoconvocados manifestaron su intención de pedir las autorizaciones correspondientes para poder regresar a la actuación. Sería bueno que tanto el Teatro Colón como otros organismos oficiales se unieran al esfuerzo privado. Hay muchos espacios públicos donde se pueden desarrollar estas actividades, tanto en la ciudad de Buenos Aires como en otros puntos del país.


Solamente en la Ciudad de Buenos Aires, se cuenta con parques, como el Centenario y Lezama; museos con espacios abiertos, como el patio de Museo Fernández Blanco y otros escenarios como la llamada "Campana Acústica" en los bosques de Palermo, el campo de polo, el hipódromo y muchos lugares más.


El retorno de la actividad lírica en esta nueva situación va a requerir del esfuerzo mancomunado de los artistas que, como se puede ver, ya lo están realizando, el público y la prensa, que deben dar su apoyo y las autoridades de todas las instituciones involucradas, a quienes se les pide: un poco de creatividad, por favor!


martes, 13 de octubre de 2020

 

Semana dedicada a Wagner en el Metropolitan Opera House de New York

 

LA WAGNERIANA MAYOR DE BUENOS AIRES, DE PARABIENES

Martha CORA ELISEHT

 

            A partir de un par de meses atrás, el Metropolitan Opera House de New York dedica sus transmisiones por streaming a un determinado compositor o a una determinada corriente de ópera (Siglo XX, ópera francesa o inglesa). Esta semana estuvo dedicada a Richard Wagner (1813-1883) y quien escribe no podía estar más feliz, ya que fue un magnífico regalo de cumpleaños por parte del gran teatro lírico neoyorquino.

            Las transmisiones que se dieron durante el transcurso de esta semana fueron las siguientes: TRISTAN UND ISOLDE (2016), TANNHÄUSER (2015),  EL ANILLO DEL NIBELUNGO (Tetralogía completa, 1990) y PARSIFAL (2013).

            Resultaría muy extenso realizar una descripción de cada uno de los títulos por separado, de modo que una decidió analizar la Tetralogía aparte, y las otras tres óperas, durante el transcurso de la presente nota.

 

TRISTAN UND ISOLDE

            Fue una coproducción del Met junto al Festival Baden- Baden, la ópera Nacional de Polonia (Tratr Wielcki) y The China National Center for the Performing Arts, que contó con puesta en escena de Mariuz Trelinski, escenografía de Boris Kudlica, vestuario de Marek Adamski e iluminación de Marc Heinz, con presentación a cargo de Deborah Voigt.

Elenco: Nina Stemme (Isolda), Stuart Skelton (Tristán), Ekaterina Gubanova (Brangäne), Evgeny Nikitin (Kurvenal), René Pape (Rey Marke), Neal Cooper (Melot), Tony Stevenson (Vigía), David Crawford (Piloto) y Alex Richardson (Pastor). El niño Jonathan O’Reilly  representó la alegoría de Tristán cuando era pequeño en el 3° Acto.

Dirección musical: Sir Simon Rattle

Dirección Coral: Donald Palumbo

            Al comenzar el célebre Preludio, comienza a dibujarse un círculo verde sobre una pantalla de video, que posteriormente se transforma en un periscopio, a través del cual se puede ver el barco que transporta a Isolde desde Irlanda hacia Cornwall navegando en un mar embravecido. A juicio de esta cronista, aparece la primera discordancia sobre una puesta en escena muy moderna, pero que no condice en absoluto con la concepción romántica de la obra. Si el Preludio es calmo, creciente para narrar una historia de amor prohibido, ¿por qué el mar está embravecido?.... Recién se torna calmo cuando va llegando a destino –acorde al libreto- . Por otra parte, es muy desagradable ver fumando al personaje principal. ¿Qué quiso decir el régisseur?... ¿Se homologa al fuego generado por una pasión ilimitada, que consume la nave?.... ¿Qué representa el periscopio?.... Realmente, no se entiende y arruina una función que se destacó no sólo por la magnífica actuación de los intérpretes, sino también por la excelsa y sublime dirección de Sir Simon Rattle en el podio. El hecho de presentar a Tristán  como capitán del barco, a Morold como un desaparecido – con ojos vendados, torso desnudo, torturado y con las manos atadas, para ser exterminado de un balazo en la nuca- no concuerda en absoluto con el texto. Lo mismo sucede en el 2° Acto, donde la escena se desarrolla en una torre de control, donde los amantes se encuentran y Brangäne da la señal, para luego pasar a un depósito lleno de barriles, donde tendrá lugar el desenlace del mismo: los amantes son sorprendidos por el Rey Marke ante la traición de Melot. Todos aparecen caracterizados como marinos –Marke, con chaqueta blanca, mientras que Trsitán y Melot, de negro (en contraposición)- y el protagonista es degradado cuando el Rey Marke le quita las charreteras.  Por su parte, se presenta a  Kurvenal como a un guerrillero, con campera de cuero negro, borceguíes y boina, mientras que las mujeres usan tonos de negro y gris. Para el 2° y 3° Acto, Isolde usa un vestido largo color bordó, cubierta por un piloto largo negro.  En el último Acto, el lecho del protagonista aparece iluminado sobre un contexto de sombras, en alusión a amenaza de muerte que se cierne. Ese efecto estuvo muy bien logrado –al igual que la aparición del niño cuando se encuentra agonizante- y fue lo más rescatable de una puesta en escena para el olvido.  Para acompañar a su amado en la muerte, ella se corta las venas y permanece sentada junto a su lado hasta que expira apoyando la cabeza sobre su hombro.

            Independientemente de una  muy correcta actuación de los roles secundarios, el solo de corno inglés que ilustra la agonía de Tristán en Kareol fue magníficamente ejecutado por Pedro Díaz. La pareja protagónica integrada por Nina Stemme y Stuart Skelton  brindó una cátedra de actuación y canto, tanto en los dúos como en las arias principales (“O sink’ herneiden, Nacht der Liebe”; So stürben wir”; “Mir erkoren, mir verloren”; “Das Schiff, siehst du’e noch nicht?”y “Mild und leise, wie er lächelt”). Por su parte, Ekaterina Gubanova brindó una Brangäne antológica, destacándose en su advertencia (“Einsam wachend in der Nacht”), mientras que el barítono ruso Evgeny Nikitin ofreció un muy buen Kurvenal. René Pape, insuperable como siempre en su interpretación del Rey Marke –rol que cantó en numerosas oportunidades y que es uno de sus “caballitos de batalla”-. Una magnífica actuación del Coro –preparado magistralmente por Donald Palumbo- completó una interpretación que fue descollante en cuanto a nivel de música y canto, pero opacada por una puesta de escena inadecuada. Por tratarse de una coproducción, a veces el sumar resta.

 

TANNHÄUSER

            Esta transmisión data de 2015 y contó con puesta en escena de Otto Schenk, escenografía de Günther Schneider- Siemssen, vestuario de Patricia Ziprodt,  iluminación de Gil Wechsler y coreografía de Norbert Vesak, con presentación a cargo de Susan Graham.

Elenco: Jonathan Botha (Tannjhäuser), Michelle De Young (Venus), Eva- María Westbroek (Elisabeth), Peter Mattei (Wolfram von Eschenbach), Günther Groisböck (Landgrave Herrmann), Noah Baetge (Walter von der Vogelweide), Ryan Mc Kinney (Bitterolf), Adam Klein (Heinrich der Schreiber), Richard Lugo (Reinmar von Zwetter) y Ying Fang (Pastor).

Dirección musical: James Levine

Dirección coral: Donald Palumbo

Dirección Coro de Niños: Anthony Piccolo

            Debido a que una ya se ha referido a la clásica puesta en escena de Otto Schenk en la crítica correspondiente al 21 de Julio próximo pasado, esta cronista sólo va a entrar en detalles en cuanto al nivel de canto, actuación y algunas modificaciones sobre iluminación, vestuario y caracterización de los personajes. Todas las representaciones son diferentes y, por lo tanto, puede haber algunas variantes.  Cuando se representa la Bacanal en el Venusberg a los 12:53 minutos del Preludio, los vestidos de los bailarines son blancos y rosados, dando la impresión que estuvieran semidesnudos. Los cambios de escena se dan mediante efectos de iluminación y la única variante en el vestuario es la entrada de Elisabeth, quien luce un vestido blanco y dorado como sinónimo de pureza y virtud, en contraposición al vestido dorado viejo de Venus, con un tajo largo al costado que dejó ver las larguísimas piernas de Michelle De Young. Esta gran mezzosoprano tiene la ventaja no sólo de poseer una excelente voz, sino también de ser muy alta. Si bien es robusta, no obstante supo interpretar muy bien a la diosa en la seducción del protagonista (“Geliebter, komm! Sieh dort die Grötte”). Por su parte, Jonathan Botha se mostró muy seguro al encarnar a Tannhäuser desde su primera aria (“O Königin!). Es un heldentenor que posee una voz melodiosa, rica en matices, ideal para interpretar al caballero medieval que pierde su alma por satisfacer sus pecados (“Wer ist dort im brüstigen Gebete?”) y tras haber fracasado para obtener el perdón del Papa en Roma para redimirlos y poder retornar al Wartburg (“Insbrust im Herzen”). Formó un magnífico dúo con la bella y angelical Elisabeth (“Der Gott der Liebe sollst du preisen”), encarnada magistralmente por Eva- María Westbroek. La soprano holandesa descolló desde su primera aria (“Dich, teure Halle”) y no sólo se lució en la defensa de su amado Heinrich durante el 2° Acto, sino también en su plegaria a la Virgen María en el 3° (“Almächtige Frau”), cuando se da cuenta que Tannhäuser no se encuentra entre los peregrinos que regresaron de Roma. Por su parte, el sueco Peter Mattei  brindó un excelente Wolfram von Eschenbach, que se lució en sus arias principales (“Blick’ich umhrer in diese melden Kreise” y la Canción de la Estrella Vespertina (“Wie Todesahnung… O du mein holder Abendstern”). Lo mismo sucedió con el bajo alemán Günther Groisböck dando vida al Landgrave Herrmann, implacable en su sentencia final tras la intercesión de su sobrina para salvar a Tannhäuser (“Ein furchtbares Verbrechen Ward begangen”). El sexteto de Caballeros del Wartbirg sonó solemne al final del 1° Acto (“Als die inkühnen Sange uns bestrittet”), al igual que el Coro y el Coro de Niños, al compás de la Marcha Festiva (“Heilige Gegrüβe”) y en el Coro de Peregrinos (“Beglückt darf nun dich, ihre Heimat zu schauen”).  Un aplomado y más experimentado James Levine brindó una excelente dirección orquestal, poniendo su inefable sello en materia de interpretación wagneriana. Se hizo honor a la concepción de esta ópera romántica –según definición del propio Wagner- mediante una puesta en escena clásica, efectiva, de muy buen gusto y con una constelación de buenas voces. Un placer indescriptible desde el punto de vista visual y auditivo.

 

PARSIFAL

            |Esta producción contó con puesta en escena de François Giraud, escenografía de Michael Levine, vestuario de Thibaut Vancreaenenboeck, iluminación de David Finn y coreografía de Carolyn Choa. La presentación estuvo a cargo de Eric Owens.

Elenco: Jonas Kaufmann (Parsifal), Katarina Dalamyan (Kundry), René Pape (Gurnemanz), Peter Mattei (Amfortas), Evgeny Nikitin (Klingsor), Run Battaberg (Titurel), Mark Schonwalter ( Primer Caballero), Ryan Speedo Green (Segundo Caballero), Jeanette Forn 8Primer Escudero), Lauren Mc Neese (Segundo Escudero), Andrews Stenson (Tercer Escudero), Mario Chang (Cuarto Escudero), María Zifchak (Una voz) y Kiera Duffy, Lee Xiu, IreneRoberts, Haeran Hong, Katherine White y Heather Johnson (Blumenmädchen).

Dirección musical: Daniele Gatti

Dirección Coral: Donald Palumbo

            A diferencia de la transmisión histórica ofrecida el 7 de Agosto próximo pasado, esta versión data de 2013 y está ambientada en el presente. El régisseur François Giraud concibió una puesta en escena moderna, demostrando que la obra de Wagner es atemporal. A los 10 minutos del Preludio, aparece el Coro vestido de negro. Se quitan los sacos y los Caballeros del Santo Grial aparecen descalzos, vestidos con camisas blancas y pantalones negros. Se reúnen formando un círculo, donde sobresale el protagonista –vestido con camisa y pantalón azules- como aquel tonto noble de corazón puro, que será capaz de buscar la lanza para curar la herida de Amfortas. Posteriormente, forman dos círculos concéntricos, agachándose y dejando ver sus camisas blancas. Amanece junto al lago sagrado en el bosque de Monsalvat y los mismos se despiertan. Gurnemanz sale del círculo. Por su parte, Kundry se encuentra vestida de negro y cambia sus vestimentas en el 2° Acto, cuando el malvado Klingsor le ordena seducir a Parsifal. Luce un vestido blanco, que resalta su rojiza cabellera y que se tiñe de rojo en su porción inferior tras el beso, simulando la sangre derramada por la herida de Amfortas. Este último también luce camisa blanca y pantalón negro, pero con una mancha roja que simula su herida en el costado derecho, mientras que Klingsor está caracterizado con un traje a saco azul petróleo, camisa roja y cabello rojizo. Las Blumenmädchen (Muchachas Flor) aparecen con larga cabellera negra, vestidos largos blancos,  sujetas a un caño –que simula un  tallo- . Los efectos de iluminación marcan los cambios de escena –mayor intensidad sobre cada uno de los protagonistas y sobre el cáliz sagrado cuando sucede la ceremonia-, mientras que un río de color rojizo representa la sangre derramada por Amfortas, que llama la atención de Parsifal. Cuando éste recupera la lanza, su mano está ensangrentada, al igual que la parte inferior de los vestidos de las Blumenmädchen. En el 3° Acto, los Caballeros del Grial lucen adustos, canosos y con sus sacos puestos, mientras que Kundry yace desfalleciente, descalza y vestida de negro con una enagua blanca. Es rescatada por Gurnemanz, quien le da de beber. Aparece Parsifal con su camisa abierta, un sobretodo azul desgreñado y desfalleciente mientras se ilumina la escena, al igual que en el Encantamiento del Viernes Santo. Kundry lava sus pies –cual Jesús a sus discípulos- y él la bautiza. Aparece un círculo dorado cuando se celebra la ceremonia del Santo Grial en el 1° y 3° Actos. En este último, Gurnemanz le coloca una camisa blanca para que Parsifal pueda ser admitido en el reducto. Cuando éste llega, la escena se ilumina. Toca la herida de Amfortas con su lanza y deja de sangrar. Una vez ya redimida del pecado, Kundry alza el Grial antes de expirar en brazos de Gurnemanz y Parsifal pasa a ser el nuevo Rey del Grial. Pese a ser moderna, respeta la concepción filosófica de la obra.

            El italiano Daniele Gatti dirigió la orquesta de manera solemne, como este Festival Sacro escénico lo requiere. Pudo haber sonado algo ralenteada en la célebre Música de Transfiguración, pero lo hizo de manera sublime y magistral. Fue intensamente aplaudido y ovacionado al finalizar cada una de sus intervenciones y al subir al escenario a saludar junto a los artistas. El Coro de la institución sonó acorde a las circunstancias: compacto, armónico y muy bien preparado en las escenas donde participa  (“Zum letzten Liebesmahle”, “Enthüllet den Gral” en el 1° Acto y “Geleiten wir im bergerden Schrein den Gral zum heiligen Amte…”, en el 3°). También sonaron muy bien todos los roles secundarios y las Muchachas Flor tratando de seducir al protagonista (“Komm, komm, holder Knabe!”). Y la mezzosoprano Katarina Dalamyan resultó ser una auténtica revelación: una voz grave, dramática, rica en matices y con un fraseo impecable. Si a esto se le suma su presencia escénica, fue ideal para interpretar a Kundry. Al despertar de su letargo por orden de Klingsor, su grito fue conmovedor y sonó desgarrador. Sonó muy bien en general y en particular, en la escena donde debe seducir al protagonista (“Zu End’ ihr Gram: Seine Mutter ist tot”). En cuanto a los principales roles masculinos, el barítono Evgeny Nikitin se lució dando vida al malvado Klingsor (“Das Zeit ist da”), mientras que el tándem formado por Peter Mattei, René Pape y Jonas Kaufmann se llevó los laureles por sus magníficas actuaciones y sus grandes voces. Nadie duda que René Pape es el gran bajo alemán del momento y su voz se destaca no sólo por ser melodiosa, sino también por su gran versatilidad. Se lució en sus arias principales (“He! Ho! Waldhütter ihr”; “Nun achte wohl und lass mich seh’n” y en la celebérrima “Das ist Karfreitags-Zauber, Herr!”, que marca el Encantamiento del Viernes Santo. Por su parte, Peter Mattei no sólo demostró que es un gran barítono, sino también, un perfecto actor, que dio vida a un dolido y sufriente Amfortas desde su inicio (“Ohn’ Urlaub?”) y al presidir la ceremonia del Santo Grial (“Wehvolles Erbe, dem ich verfallen!”). Jonas Kaufmann supo dar vida al protagonista merced a los excelentes matices de su voz (“Im Fluge treff’ ich was fliegt!”) y se destacó en el 2° Acto, donde puso su voz al servicio del canto luego del beso de Kundry (“Amfortas! Die Wunde!”) y al atrapar la lanza (“Mit diesem Zeichen bann’ich deinen Zauber”), al igual que al buscar a Amfortas para curarlo (“Zu ihm, des tiefe Klagen”).

            Hubo buena programación y cantantes para elegir y disfrutar a pleno, aunque sería bueno que no se repitieran tanto .los títulos y se incorporaran óperas como “LOS MAESTROS CANTORES DE NÜREMBERG” o “RIENZI”, tan alejadas de los escenarios porteños. Ojalá que la propuesta no caiga en saco roto y se pueda dar una próxima Wagner Week (o Wagner Woche, en alemán) como sólo el Met sabe hacerlo.

 

Espectacular transmisión por streaming de la Tetralogía wagneriana en el Metropolitan

 

UN ANILLO QUE RELUCE POR DONDE SE LO MIRE

Martha CORA ELISEHT

 

            Continuando con las transmisiones por streaming de la Wagner Woche (Semana dedicada a Wagner) del Metropolitan Opera House de New York, entre los días 7 al 11 del corriente mes tuvieron lugar las óperas que componen la Tetralogía “EL ANILLO DEL NIBELUNGO” (DER NIBELUNGEN RING) correspondientes a 1990 con producción integral de Otto Schenk, escenografía de Günther Schneider- Siemessen, vestuario de Rolf Langenfass e iluminación de Gil Wechsler. La dirección de orquesta estuvo a cargo de James Levine, mientras que John Keenan tuvo a su cargo la del Coro.

            El elenco estuvo integrado por los siguientes cantantes:

EL ORO DEL RHIN (DAS RHEINGOLD)

James Morris (Wotan), Christa Ludwig (Fricka), Siegfried Jerusalem (Loge), Marie- Anne Haggander (Freia), Jan- Hendrik Rootering (Fasolt),  Matti Salminen (Fafner), Ekkehard Wlaschicha (Albrecht), Heinz Zednik (Mime), Alan Held (Donner), Mark Baker (Froh), Brigitta Svenden (Erda), Diane Kesling (Wellgunde), Kaaren Erickson (Woglinde) y Meredith Parsons (Flosshilde).

LA WALKYRIA (DIE WALKÜRE)

 Hildegard Behrens (Brünhilde), James Morris (Wotan), Gary Lakes (Siegmund), Jessye Norman (Sieglinde), Christa Ludwig (Fricka), Kurt Moll (Hunding), Joyce Castle (Waltraute), Jagalyn Bower (Rossweise), Katharina Ikonomu (Helmwiege), Martha Thiegpen (Ortlinde), Diane Kesling (Siegrune), Wendy Hillhouse (Grimgerde), Pyramid Sellers (Gerhilde) y Sondra Kelly (Schwerleite).

SIEGFRIED (SIGFRIDO)

Siegfried Jerusalem (Siegfried), Hildegard Behrens (Brünhilde), James Morris (Wotan, el Viajero), Heinz Zednik (Mime), Ekkehard Wlaschicha (Albrecht), Matti Salminen (Fafner), Brigitta Svendsen (Erda) y Joyce Castle (Voz del pájaro del bosque).

EL OCASO DE LOS DIOSES (GÖTTERDÄMMERUNG)

Siegfried Jerusalem (Siegfried), Hildegard Behrens (Brünhilde), Matti Salminen (Hagen), Ekkehard Wlaschicha (Albrecht), Anthony Raffall (Günther), Hanna Lisowska (Gutrune), Christa Ludwig (Waltraute), Gwyneth Bean (Primera Norna), Joyce Castle (Segunda Norna), Andrea Gruber (Tercera Norna), Kaaren Erickson (Woglinde), Diane Kesling (Wellgunde) y Meredith Parsons (Flosshilde).

PRÓLOGO: EL ORO LUCE EN TODO SU ESPLENDOR

            EL ORO DEL RHIN representa el Prólogo de la Tetralogía y el pecado original. Sólo aquel que abjure del amor podrá ser capaz de forjar un anillo con el cual domine el mundo, pero al ser robado y permanecer fuera de las aguas del río, se transforma en un instrumento que no sólo es codiciado por todos, sino que trae desgracia a aquel que lo posea. Así lo entendió Otto Schenk en su concepción de la Tetralogía, donde realizó una perfecta caracterización de todos los personajes, comenzando por el enano Albrecht, un ser despreciable desde todo punto de vista –mitad hombre, mitad escarabajo- que resbala en los peñascos donde juegan alegremente las  Ninfas del Rhin (Woglinde, Wellgunde y Flosshilde), caracterizadas por sus trajes verdes y sus largas cabelleras, tan doradas como el oro que ellas custodian. En cambio, los gigantes Fasolt y Fafner lucen toscos y pesados, mientras que los dioses, bellos, gráciles y ricamente ataviados. Mientras que Wotan luce una túnica gris con bordados y pechera plateados, su típico parche en el ojo y su lanza, su esposa Fricka aparece ataviada de dorado y Freia, impecablemente vestida de blanco, con una corona de flores al tono. Dado su carácter de semidios, el astuto Loge viste un traje ceñido al cuerpo con franjas en diferentes tonos de marrón, rojo y dorado, simulando las llamas del fuego, mientras que el enano Mime está caracterizado como el herrero torpe. Los diferentes cambios de escena se realizan mediante efectos de iluminación.

            Acorde a la partitura, la introducción suena en pianissimo y va in crescendo a medida que avanza la melodía, hasta llegar a su clímax en el Andante ondulante que precede la aparición de las Ninfas del Rhin. El telón cambia de colores simulando las aguas, mientras que el brillo del oro se resalta mediante un efecto de iluminación perfectamente logrado. Una vez que el mismo es robado, se pasa al peñasco desde donde los dioses admiran el Walhalla. Una vez que los gigantes se llevan a Freia como parte de pago, el  envejecimiento de los dioses está perfectamente bien logrado, al igual que el descenso al Nibelheim mediante el interludio orquestal y el coro de yunques. La dirección de Levine resultó sumamente rica, sorprendente y versátil, logrando muy bien los diferentes efectos sonoros y los leitmotives característicos de cada uno de los personajes y las instancias –maldición del anillo, ocaso de los dioses luego de la advertencia de Erda-. Esta última aparece mediante una tarima elevada, que le permite emerger desde las profundidades de la Tierra cuando le ordena a Wotan que entregue el anillo a los gigantes. Por último, una vez que Donner insta a los dioses a ir hacia la nueva morada cruzando el arco iris, el efecto del trueno está muy bien logrado –simulando el martillo de Thor en la mitología escandinava- , mientras las Ninfas del Rhin lloran la pérdida del oro.

            La constelación de estrellas convocadas para el Prólogo no pudo haber sido mejor seleccionada. James Morris es uno de los más grandes intérpretes de Wotan de todos los tiempos y lo demostró con creces, al igual que la magnífica labor de Christa Ludwig como Fricka, donde su excelsa voz sonó magistralmente. El bajo Ekkehard Wlaschicha deslumbró con sus dotes vocales e histriónicas al encarnar al odioso Albrecht, mientras que el tenor  Heinz Zedlik hizo lo mismo con su hermano Mime. Los bajos Jan- Hendrik Rootering y Matti Salminen fueron dos extraordinarios Fasolt y Fafner respectivamente,  disputándose entre el amor de Freia y el poder del oro. Por su parte, la soprano Marie- Anne Haggander encarnó a una loable Freia, mientras Alan Held y Mark Baker hicieron lo mismo con Donner y Froh, respectivamente.  La labor de Siegfried Jerusalem fue fantástica al interpretar al astuto y multifacético Loge –personaje central en esta obra- y fue quien se llevó los laureles junto a Morris. También estuvo muy bien la mezzosoprano Brigitta Svendsen como Erda, mientras que el trío formado por Diane Kesling, Meredith Parsons y Kaaren Erickson descolló en su interpretación de las Ninfas del Rhin. Una producción escénica y vocal despampanante, de alto vuelo y perfectamente dirigida de la mano de un joven y entusiasta James Levine. 

 

1° JORNADA: REBELDE CON MÚLTIPLES CAUSAS

            Debido a que la representación de LA WALKYRIA (“DIE WALKÜRE”) correspondiente a la presente Tetralogía ya fue analizada minuciosamente como ópera representada individualmente en la crítica realizada el 1° de Julio pasado, quien escribe sólo hará mención a la excelencia de la régie, producción integral y a la jerarquía de los intérpretes que participaron de la misma. Es un placer poder apreciar este clásico dentro del marco que ofrece la Tetralogía, con una puesta en escena y un elenco que es fiel a la mejor tradición wagneriana, con el marco perfecto que brinda la música. Es Wagner en estado puro y un deleite audiovisual.

 

2° JORNADA: UN JOVEN GRAN HÉROE

            SIEGFRIED es un canto a la libertad. Ha nacido libre, sin miedo e inquieto por naturaleza y es lo suficientemente inteligente como para darse cuenta que no es hijo de Mime. Ansioso por no poseer una espada lo suficientemente fuerte como para recorrer el mundo en busca de aventuras, inquiere al nibelungo sobre sus orígenes hasta que consigue sacarle la verdad. Mientras tanto, Wotan recorre el mundo como el Viajero hasta encontrarlo. Para ello, porta su lanza y está caracterizado con un  traje negro, con larga capa y chambergo del mismo color, mientras que el héroe luce su clásica vestimenta en tonos marrones. Por su parte, los enanos Mime y Albrecht poseen las mismas vestimentas que en EL ORO DEL RHIN. Tras su letargo, Brünhilde presenta un vestido blanco, que marca el pasaje de ser una walkyria a una mujer mortal. Los cambios de escena también se logran mediante efectos de iluminación, predominando el claroscuro en las escenas más sombrías y enfocándose la luz en los protagonistas en las principales. El efecto de Fafner transformado en dragón está muy bien logrado, al igual que el aria de la forja de la espada Nothung y el pasaje del héroe a través de las llamas para llegar a la roca de la walkyria.

            La orquesta sonó magistral en todos los pasajes principales, pero donde más se destacó fue en el Preludio del 2° Acto, donde se destacó el solo de tuba que marca el leitmotiv de Fafner y el de la maldición del anillo, al igual que el solo de corno del protagonista llamando al pájaro del bosque –ejecutado por el solista Howard Howard- y el pasaje de la 2° a la 3° escena del 3° Acto, una vez que Siegfried quiebra la lanza de Wotan.

En cuanto a las voces principales, Heinz Zednik no sólo es un gran tenor wagneriano, sino también un magnífico actor, que supo encarar perfectamente bien a Mime y sus siniestros planes de matar al héroe luego de apoderarse del anillo, mientras que tanto Ekkehard Wlaschicha como Matti Salminen –este último, fuera de escena en “Lass mich schlaf”- estuvieron extraordinarios. Por su parte, James Morris brindó un Wotan de excelencia, al igual que la mezzosoprano Brigitta Svendsen como Erda, quien vaticina al dios sobre su destino.  Joyce Castle sonó muy bien como la voz del pájaro del bosque, quien le revela a Siegfried las intenciones de Mime y el camino hacia la roca de la walkyria. Siegfried Jerusalem es un gran intérprete de este rol y lo demostró con creces en la presente versión, destacándose en las arias principales (“Nothung! Nothung! Neidliges Schwert!”; “Mein Vater ist ihm nicht”; “Erwache! Erwache!....Sie hört mich nicht”) y en el dúo de amor junto a Brünhilde (“Heil dein Mutter, Sie mich/ dich  gebracht”; “Erwache, Brünhilde!”), magistralmente interpretada por Hildegard Behrens (“Heil dich, Sonne! Heil dich, Liebe!”… “Lang war mein Schlaf, ich bin erwacht” y la bellísima “Ewig var ich”). Una interpretación excelsa desde todo punto de vista y una versión sublime.

 

3° JORNADA: LOS DIOSES TAMBIÉN SON FINITOS

            Inspirada en el Ragnarok de la mitología escandinava, EL OCASO DE LOS DIOSES es la jornada crucial de la Tetralogía e imperiosamente necesaria para que el bien triunfe sobre el mal y que el fatídico anillo regrese a su origen. Pero para ello, hace falta mucho sufrimiento por parte de la protagonista (Brünhilda) para que pueda entender cómo funciona el mundo real. En este caso, mediante una serie de patrañas y engaños que harán que se sienta traicionada por parte del hombre que ama –el cual, también ha sido engañado bebiendo una mágica poción acorde a los siniestros planes de Hagen para apoderarse del anillo por orden de su padre Albrecht- . Al razonar como una mujer mortal, no puede discriminar que el anillo que Siegfried le deja como prueba de amor es el causante de todos los males, pese a la visita y la advertencia de su hermana Waltraute, quien le recomienda que lo devuelva a las aguas del Rhin. Por su parte, Siegfried también será víctima del complot de Hagen – ofreciéndole una poción que hará que se enamore de Gutrune y olvide a Bünhilde- y luego, de un segundo complot tramado por la propia Brünhilde, el rey gibich Günther y el propio Hagen. Mientras que los dos primeros lo hacen  por cuestiones de ofensa personal a instancias del malvado Hagen, este último necesita matar imperiosamente al héroe para apoderarse del anillo. Esta obra posee la música más hermosa y fascinante de toda la Tetralogía, cuyos interludios orquestales suelen ofrecerse a menudo como piezas de concierto (Escena de amor y Viaje de Sigfrido por el Rhin, Marcha Fúnebre de Sigfrido y la Escena Final, que representa un perfecto resumen de casi 16 horas de música en sólo 18 minutos). Pese a su larga duración (4 horas 50 minutos) no se puede dejar de escuchar, ya que posee  bellísimas arias (“Zu neuen Taten, teurer Helde”: “Hör mich, Schwester!”; “Erwache, mein Sohn” y el aria final: “Starke Scheite schictet mir dort”). Naturalmente, los magníficos efectos de iluminación permiten los numerosos cambios de escena; sobre todo, en el 1° Acto (Trío de las Nornas, Amanecer, Palacio de los Gibich, Roca de la Walkyria y Escena de la Traición, donde Siegfried usa el Tarnhelm –yelmo mágico- para ganar a Brünhilde como novia para Günther). Lo mismo sucede en el 3° Acto, donde los interludios orquestales permiten los cambios. Luego de encender la pira funeraria donde Brünhilde llevará a cabo su inmolación junto a los restos de Siegfried, la escena se enciende en llamas, pero se pasa rápidamente a las aguas del Rhin, donde las Ninfas se hallan alegres por haber recuperado el oro y ahogan a Hagen. Por último, el tema de la redención por  el amor se ilustra con un nuevo amanecer mientras arde el Walhalla con el leitmotiv característico del ocaso.

            Independientemente de la pareja protagónica integrada por Hildegard Behrens y Siegfried Jerusalem –perfectos desde todo punto de vista en las escenas de mayor carga dramática-, la dupla formada por Anthony Raffall como Günther y Hanna Lisowska como Gutrune también funcionó perfectamente dando vida a los hermanos de la estirpe de los Gibich, mientras que el finlandés Matti Salminen encarnó un perfecto Hagen desde todo punto de vista. Siniestro e intrigante desde lo actoral y excelso desde lo vocal, supo conjugar ambas cualidades para dar vida al villano. Además de las cantantes que dieron vida a las Ninfas del Rhin, el trío formado por  Gwyneth Bean, Joyce Castle y Andrea Gruber también se lució dando vida a las Nornas, hábiles hilanderas que vieron romperse el hilo del destino. Christa Ludwig encarnó una magnífica Waltraute, mientras que Ekkehard Wlaschicha hizo lo mismo como Albrecht. Además de los solistas, la preparación del coro masculino por parte de John Keenan fue soberbia en el 2° Acto. Es la única de las cuatro óperas que requiere la presencia del Coro. La magistral dirección de James Levine hizo el resto.

            La destrucción del mundo y creación de uno nuevo está  presente en todas las mitologías: Ragnarok para la escandinava y el Apocalipsis para la cristiana. Y sobre todo, mediante la redención por el amor, un tema recurrente en el universo wagneriano. En este caso, con una versión de antología, que demuestra que los dioses –al igual que los seres humanos- también son finitos.  El anillo brilla por donde se lo mire y dentro de su contexto original.

jueves, 1 de octubre de 2020

 

 

 

SOBERBIO DE PUNTA A PUNTA

 

“Mozarteum Argentino”, Actividad extraordinaria año 2020. Transmisión On Line del Concierto de apertura del Festival “Primavera de Praga 2019”. Actuación de la Orquesta Sinfónica de Bamberg, Director: Jakub Hrusa. Programa: Bedrich Smetana. “De Mi Patria” (ciclo de seis Poemas sinfónicos sobre regiones de la República Checa). 01 de Octubre de 2020.

 

NUESTRA OPINION: EXCELENTE.

 

  Es una inmensa alegría para mí este reencuentro con todos Ustedes en este momento de casi nula actividad musical en Ntro. País.  Espero próximamente poder cubrir algunas de las actividades vía streaming de la Dirección Nacional de Organismos Estables tanto como del Centro Cultural Kirchner  o de las actividades que el teatro Colón organizó con artistas nacionales actuando vía enlace desde sus domicilios. Mientras tanto, el Mozarteum Argentino nos acercó la irresistible propuesta de presenciar el lanzamiento vía redes sociales del video correspondiente a la apertura de la edición del pasado año del mundialmente reconocido Festival de la Primavera de Praga, el que tuvo como eje la presentación de Ntra. bién conocida Orquesta Sinfónica de Bamberg bajo la guía de su actual titular, el Checo  Jakub Hrusa, joven intérprete de actuales 39 años, portador de un frondoso currículum que luego de escucharlo se torna harto merecido dada su sólida calidad interpretativa. Programa que trajo como única obra el Ciclo de Bedrich Smetana “De Mi Patria”. Todo dicho.

 

  Compuesto en dos etapas, sus dos primeros números “El Alto Castillo” y el más famoso de ellos “El Moldava” finalizados hacia 1875 y los cuatro restantes: “Sarka”, “De los Prados y Bosques de Bohemia”, “Tabor” y “Blanik”, finalizados hacia 1882, poco tiempo antes de su muerte, “De Mi Patria” pinta a la República Checa como pocos compositores han podido hacerlo.  Antonin Dvorak es quien luego toma la posta y Leos Janacek es quien logra una evolución de lenguaje, pero en todos los casos manteniendo la esencia de una escuela nacional y de una identidad que le es propia a esa querida nación.

 

  Fue gratificante ver la labor de Hrusa en el podio y comprobar bajo su conducción la evolución y el refinamiento alcanzado por la Bamberg en el poco tiempo que lleva de titular el conductor Checo. Y en cuanto a Este, pude apreciar a una inmensa batuta que hace “cantar” a la orquesta, que expresa como pocos, con una elegancia para marcar los pasajes, frasear, pero por sobre todo interpretar, que me permite afirmar que estamos en presencia de un valor con mayúsculas. Al comienzo sutil de “El Alto Castillo” hasta su intenso final, a la exquisitez de “El Moldava”, pasando por la fuerza e intensidad de “Sarka” (La Guerrera), las sutilezas y refinamientos de “En los Prados y Bosques de Bohemia” , para llegar a los apasionados “Tabor” y “Blanik” con un discurso pleno de paleta de color, detalles, vuelo, todo lo que debe pedirse en una partitura rica de la que extrajo hasta el máximo posible.

 

  La justiciera ovación de pie que la concurrencia tributó a Hrusa y la Bamberg, habla por sí sola de la calidad del trabajo ofrecido. Debimos escucharlos este año en Buenos Aires. Agradezco al Mozarteum esta posibilidad de poder apreciarlo y deseo fervientemente que se pueda reprogramar a futuro esta visita, que, a no dudarlo, puede convertirse en un hito más para esta institución tan querida.

 

Donato Decina