jueves, 23 de marzo de 2023

 

Mahlerfest…

                                                                   Por Jaime Torres Gómez

Desde fines del 2022 e inicio de este año, se ofreció una secuencia de sinfonías de Gustav Mahler a cargo de la Filarmónica de Santiago, Sinfónica Nacional de Chile, Sinfónica Nacional Juvenil y la Orquesta Academia del Festival Internacional de Música Portillo, dándose una suerte de Festival Mahler.

Las obras de este compositor postromántico cada vez adquieren mayor interés, siendo hoy en día culto en buena parte de las orquestas profesionales, e incluso en agrupaciones amateur y juveniles aventajadas. Esto, fundamentalmente, ante el amplio arco de temáticas insertas en toda la producción mahleriana, al estar directamente imbuidas de ideas filosóficas provenientes desde SchopenhauerNietscheDostoyevski y otros, más una adhesión a una espiritualidad directamente influida por la tradición judeo-cristiana, aunque sin duda trasuntándola...

En el caso de las obras presenciadas, viéndolas como conjunto, tienen como elemento común la búsqueda de una trascendencia construida principalmente desde el amor más una visión del ser humano como sujeto de conquistas por ideales superiores, asimismo una atrapante contemplación del mundo como un todo, dándose una interesante simbiosis entre el hombre y la naturaleza (con visos panteístas), amén de la omnipresencia de una quasi hegeliana dialéctica ante los tormentos existenciales del compositor.

En lo intrínsecamente musical, como buen heredero del romanticismo, Mahler expande con entera propiedad el vuelo rupturista propio de ese período, adoptando una libertad formal completamente atípica, manifestada en una rara síntesis entre la música pura y lo programático, donde lo expresivo cobra relieves superiores, junto a un genial dominio de lo armónico y de la orquestación.            

Ante tan atrapantes elementos, es normal verlos traducidos en amplias convocatorias, y consecuentemente hitos de innegable popularidad, al umbral de los devocional… Y en el caso de lo ofrecido, quedó felizmente reflejado con importantes audiencias e interpretaciones en las Sinfonías 1, 2, 4 y 8, más La Canción de la Tierra.

Cronológicamente, a fin de octubre, se ofreció la Cuarta Sinfonía a cargo de la Filarmónica de Santiago deslumbrantemente dirigida por Maximiano Valdés, siendo dicha presentación distinguida por el Círculo de Críticos de Arte de Chile. A la vez, importante consignar que estuvo precedida de magníficas versiones de la Danza Fantástica de Enrique Soro y la música completa del ballet Mi Madre de Oca (Ma Mére L´Oye) de Maurice Ravel, al parecer estreno en Chile (normalmente se ofrece la suite de cinco números), con un resultado de alto idiomatismo más una atenta respuesta de los filarmónicos.

En cuanto a la Cuarta MahlerianaValdés nuevamente demostró su gran afinidad con este compositor (recordándose vivamente sus magníficas lecturas de la N°1 “Titán”, las N° 5 y 6, y una impactante versión de “La Canción de la Tierra”), validándolo como un genuino mahler specialist… Grandes logros en empáticos tempi, transparentes texturas e irrefutable carácter. Gran respuesta de los filarmónicos.

Luego en diciembre, y finalizando la temporada de abono de la Filarmónica, una esperada Segunda Sinfonía “Resurrección” con Paolo Bortolameolli, quien cada vez cosecha más logros en el abordaje de obras mahlerianas. Y si bien la Resurrección se ha ofrecido asiduamente, empero la presencia de Bortolameolli (Principal Director Invitado) revestía máximo interés, ante el referente de haberla dirigido junto a una de las más importantes orquestas de Berlín.   

Además, cabe señalar que esta presentación constituyó el retorno de los conciertos al escenario del Teatro Municipal de Santiago, debido al emplazamiento de la orquesta en platea a lo largo de la pandemia, elemento relevante ante la experiencia de una sonoridad distinta dentro de este período, y, por tanto, debiéndose acomodar a la histórica percepción auditiva. Así, ante un resultado desparejo en la primera función, era menester asistir nuevamente para aquilatar mejor la interpretación, estando presente -adicionalmente- en la última presentación.        

Importantes logros especialmente en el primer movimiento (notable manejo de los contrastes y acentos, más una bien resuelta globalidad), aunque algunas debilidades en el segundo (cierto almibaramiento -abuso del rubato- en detrimento del candoroso carácter requerido…), excelente análisis conceptual en el tercero (Predicación de San Antonio de Padua a los Peces), contenida entrega en el Urlicht (excelente Evelyn Ramírez como mezzo solista) y notables desarrollos posteriores, con calibrado manejo de la tensión-distensión-expansión sonora. Formidables intervenciones de las sopranos Yaritza Véliz y Paulina González, en la primera y última función, respectivamente, más una excelente preparación del Coro Profesional del Municipal de Santiago. Importante destacar el premio a esta presentación del Círculo de Críticos de Arte de Chile.   

Posteriormente, en enero, el festival mahleriano de marras adquirió mayor protagonismo, concentrando tres obras representativas de diversos períodos creativos, como la Sinfonía N°1 “Titán”, la N°8 “De los Mil” y “La Canción de la Tierra”. Sin embargo, no fue oportuna la cercanía de fechas entre la 1 y 8, quedando la primera algo eclipsada en convocatoria ante el mega-despliegue de producción de la última, al ser un estreno largamente esperado.      

Así, la llegada de la Octava de Mahler fue posible concretarla sobre la base de una fuerte voluntad desde la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles (Foji) para celebrar en grande sus 30 años de existencia, proyecto admirablemente liderado en lo artístico por Paolo Bortolameolli como Titular de la Sinfónica Nacional Juvenil. Y sin soslayar el inmenso aporte de la Foji al desarrollo formativo, lo concreto que el hito de ofrecerse la Sinfonía de los Mil amerita completa plausibilidad, máxime al saberse que intentos anteriores no llegaron a puerto por la complejidad de sus enormes requerimientos. Y para darle debida concreción, fue del todo adecuado ofrecerla en el Teatro Caupolicán, emblemático recinto multipropósito y de amplia capacidad global.    

La versión de Bortolameolli superó todas las expectativas respecto a lo esperable de los jóvenes músicos y del amplio contingente de coros convocados, labor del mayor encomio y que dio cuenta del buen momento de los jóvenes talentos existentes en Chile, amén de una excelente salud coral junto al magnífico nivel de cantantes para los roles solísticos. Por su parte, Bortolameolli nuevamente demostró ser un magnífico mahleriano ante su completa claridad de conceptos interpretativos, radicados en una admirable unidad global. Importantes logros en la uniformidad de las cuerdas, más buen ensamble de maderas y percusión, quedando algo pendiente mayor homogeneidad en los bronces.

Excelentes desempeños del octeto de cantantes nacionales (varios radicados en el extranjero) Constanza Olguín (soprano), Andrea Aguilar (soprano), Evelyn Ramírez (contralto), Camila Guggiana (soprano), María Luisa Merino (mezzo), Juan Pablo Dupré (tenor), Ramiro Maturana (barítono)  y Sergio Gallardo (bajo). Asimismo, el conjunto de nueve coros provenientes desde varias regiones (incluidos varios de Santiago) constituyó un gran estímulo para que agrupaciones profesionales en el futuro repliquen esta experiencia, máxime al disponerse del adecuado nivel artístico para un proyecto de tal monumental magnitud…        

En el intertanto, y dentro del concierto aniversario de la Sinfónica Nacional, se ofreció la Sinfonía N° 1 “Titán”. Siendo muy recurrente localmente, el mayor interés estribó presenciarla por el actual titular sinfónico, el destacado maestro Rodolfo Saglimbeni, a quien poco se le conoce en Mahler (se le recuerda una gran versión del Adagio de la Décima Sinfonía más Las Canciones del Caminante), pudiendo ahora verlo en una obra de otras dimensiones y carácter. Felizmente se pudo corroborar la afinidad mahleriana de Saglimbeni, no obstante no estar ciento por ciento de acuerdo con la edición usada (al parecer, de cierta aproximación a la original, donde se realzan bruscos giros en perjuicio de las transiciones, especialmente en los dos primeros movimientos). Grandes momentos a partir del tercero, con impactantes honduras expositivas globales (soberbia administración de lo emotivo y descriptivo). Grandes logros de conjunto (esmalte sonoro y ensamble) y solísticos (formidable el solo del contrabajo en el tercer movimiento), dando cuenta del buen nivel de la decana orquestal del país.                

Y con inmensa satisfacción se recibió "La Canción de la Tierra" en una versión pletórica de idiomatismo liderada por Alejandra Urrutia, quien demostró profundo conocimiento de la partitura, y ante todo, con estremecedora humildad, dejando hablar por sí misma a la obra… Importante aporte haberla ofrecido en su versión masculina, en complemento a la recurrente de mezzo-contralto.

A la vez, impresionante el resultado de la Orquesta Academia del Festival Internacional de Música Portillo, donde sus jóvenes integrantes -aún en formación- lograron una respuesta con altísimo nivel de ensamble y musicalidad. Gran trabajo de los instructores internacionales. Asimismo, descollante el desempeño de Patricio Sabaté (barítono) y Javier Weibel (heldentenor), cada uno absolutamente consubstanciado en el espíritu de la obra y con entera autoridad en el “decir” de los textos. Magnífico Weibel en esta nueva experiencia como heldentenor (más se le conoce como barítono), con un mayor asentamiento vocal y sin duda hoy en día de los más apropiados en Chile para La Canción de la Tierra. Por su  parte, Sabaté estremecedor en el abschied (final de la obra), con cabal empoderamiento, más una vocalidad y musicalidad irredargüiblemente ad hoc para la parte.   

A su vez, muy oportuna la intervención previa de Elicura Chihuailaf (Premio Nacional de Literatura), con alta correlación reflexiva entre el sentido interno de la obra y su macro visión de la Madre Tierra… sumándose a un completo triunfo global en musicalidad, excelencia de preparación y alto sustrato de contenido…    

En suma, un Mahlerfest que consolidó una importante recuperación de la oferta programática -aún en los estertores de la pandemia-, sólo convocado por el gran Gustav

lunes, 20 de marzo de 2023

 

SIEMPRE PARECERA POCO PARA HOMENAJEAR A SEMEJANTE GIGANTE

 

Centro Cultural Borges, Temporada 2023. Ultimo concierto del ciclo: “Gandini en el Borges” y primero del Ciclo “Industria Nacional”. Actuación del “Colectivo Gerardo Gandini”, Creador, Curador y Director: Marcelo Delgado. Homenaje al gran compositor argentino a 10 años de su desaparición física con un programa de obras de su autoría. 19 de Marzo de 2023.

 

NUESTRA OPINION: EXCELENTE

 

  Si hay un compositor argentino que tras la irrupción de Juan Carlos Paz ha dejado una huella indeleble en la creación musical argentina, ese es sin dudas Gerardo Gandini. Hombre preclaro de una gran sabiduría, vasta erudición, apasionado como pocos, sano polemista, incluso para quién esto escribe ha sido una fuente fundamental para adquirir conocimientos. Docente que ha legado a una vasta generación de compositores que ahondaron el camino que el trazó. Creador, difusor de un repertorio que va desde su amado Schumann hasta Satie, Poulenc, Gershwin, Henze y de muchísimos colegas nacionales a los que desinteresadamente promovió. Alumno del Instituto Di Tella en la época de Oro al mando de Alberto Ginastera, Becario de la República Italiana, estudió en los años 60 en la celebérrima Academia Chigiana de Siena en donde Goffredo Petrassi sentaba sus reales, colaborador de instituciones como el Mozarteum Argentino. Compositor de temas incidentales para obras representadas en el entonces Teatro Municipal General San Martín, solista de Piano y Celesta de la Orquesta Sinfónica Nacional, Titular de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, creador de conjuntos como la Nueva Sinfonietta de Buenos Aires o la Sinfonietta Fundación Omega Seguros. Tuvo a su cargo el armado y la primera Dirección del Centro de Experimentación del Teatro Colón (acaso la creación más valiosa que afortunadamente perdura en el tiempo). Colaborador estrecho de Astor Piazzolla en la última etapa del gran compositor argentino. Infatigable, sagaz, irreverente. Podemos seguir enunciando muchas cosas más, pero hay sobre todo un legado muy prolífico en música en el que las principales instituciones musicales nacionales ahondarán a lo largo del año como en este caso en el que el Centro Cultural Borges a instancias de su Director el Lic. Ezequiel Grimson  comisionó al Mtro. Marcelo Delgado, quien conoció a Gandini como pocos, una serie de conciertos dedicados a su obra, el que se tituló  "Gandini en el Borges” y en este, el último de ellos, se decidió que se entrelace con el primero de la segunda temporada del ciclo “Industria Nacional”, que también el Mtro. Delgado prepara y dirige.

 

  El contenido de este concierto que se desarrolló en tres partes permitió ver la evolución de Gerardo Gandini músico, acaso como en pocas veces se podrá apreciar en una sesión en vivo y las versiones estuvieron a cargo del “Colectivo Gerardo Gandini”, una selección de músicos especializados en repertorio contemporáneo coordinados y dirigidos por el Mtro. Delgado.

 

 La primera parte del concierto incluyó “Piange e Sospira”, cuarteto del año 1969 para Violín, Piano, Clarinete y Flauta en dos movimientos uno de desarrollo más denso y el segundo a partir del disparador de la pregunta “¿Te gusta Jeanette?”, homenaje a Jeanette Arata de Erize la gran gestora cultural argentina, verdadera hacedora del Mozarteum para el que Gandini compuso este cuarteto estrenado en uno de los ciclos de la institución.   Notable faena de Elena Buchbinder en Violín, Sergio Catalán en flauta, Griselda Gianinni en Clarinete y Diego Ruíz en Piano preparado, recurso este muy empleado por el compositor en sus obras, tras lo cual siguió “Trioncirón” de 1977 (Trío que lleva integrado al título el nombre de una embarcación que perteneció a un amigo del creador), aquí la formación incluyó Viola a cargo de la misma Buchbinder, Clarinete, también por Gianinni y Ruiz en Piano y tiene la particularidad de que cada instrumento tiene asignada diferente música la que se interpreta al mismo tiempo , haciendo de su audición una fascinante experiencia.

 

  La Segunda parte estuvo conformada por “Soliloquio” de 1980 para oboe solo compuesto a la memoria de Francis Poulenc de extenso desarrollo y de suma densidad en la que Victoria Amerio se reveló  como una formidable interprete. Continuó con el primer movimiento de la sorprendente sonata para violonchelo del año 2006 en donde Favio Loverso descolló en la interpretación, debiendo en algunos momentos hasta murmurar la melodía. Y el cierre de esta parte estuvo compuesto por uno de los 6 estudios para “Descripción de la Luna” de 1993, otro de los cuales tuve oportunidad de escuchar dirigido por el propio Gandini en el ciclo de la “Sinfonietta Omega”. En este caso Sergio Catalán en flauta acompañado por Gonzalo Pérez Terranova en percusión, brindaron una versión magnífica, sumamente reconcentrada con un manejo estupendo de las sonoridades más bajas que cubren la mayoría de la página.

 

  La tercera y última parte incluyó “Porgy’s Dream” (Sueño de Porgy) de 1971, tomando como referencia la ópera de George Gershwin “Porgy and Bess” y más concretamente de su dúo protagónico. Está conformada por un interesante contrapunto entre un piano de jazz con un intérprete que además debe entender lo clásico y un conjunto clásico que debe entender de Jazz. A excepción de Diego Ruíz, los demás instrumentistas que previamente intervinieron  conformaron el grupo y se sumaron Martín Proscia en saxo, Natacha Tello en Violín, Guillermo Olguín en Viola, Cristian Basto en contrabajo y Marita Díaz en trompeta. En el piano se contó con la presencia del estupendo intérprete Ernesto Jodos quien demostró sobradamente estar a la altura de los requerimientos que Gandini pidió para esta obra.   A partir de la exclamación “George!” como una imaginaria presencia del compositor Norteamericano en la sala,  le sigue un desarrollo amplio con elementos que recuerdan al Gandini de tantas noches de buen jazz (al que también pude disfrutar), sin que por ello renunciara a su identidad musical. La Temporada recién comienza y seguramente se nos revelaran muchas sorpresas para que dimensionemos a esta gran figura. De fondo en el escenario y de manera paulatina con cada obra interpretada se fue descubriendo una fotografía del Maestro, bien merecido tiene que se lo recuerde así,  junto con lo mejor de su música.

 

Donato Decina

sábado, 18 de marzo de 2023

 

Un comienzo deslucido

 

“Fausto" inicia la temporada del Colón  

Teatro Colón.

Jueves 16 de Marzo de 2023

Escribe: Graciela Morgenstern

 

 

“Fausto”, de Charles Gounod                                                                                                     Libreto: Jules Barbier y Michel Carré                                                                                                            Elenco:  Liparit Avetisyan, Alexei Tikhomirov, Anita Hartig, Vinicius Atique, Juan Font, Florencia Machado y Adriana Mastrangelo                                                                                     Coro Estable del Teatro Colón                                                                                                                 Orquesta Estable del Teatro Colón                                                                                               Director del Coro: Miguel Fabián Martínez                                                                                                                      Règie, escenografía,vestuario, iluminación y coreografía: Stefano Poda                                                                                                                   Director de Orquesta: Jan Latham-Koenig.

 

Con una deslucida versión de "Fausto", de Charles Gounod, dio inicio la temporada 2023 del Teatro Colón, en el marco del programa “Divina Italia”, que consistió en que el regisseur Stefano Poda estuviera a cargo de la producción escénica.

Pero primero lo más importante. En el aspecto musical, la versión contó con un elenco desparejo.  La puesta en escena, con un escenario abierto hasta el fondo, perjudicó a la mayoría de los cantantes. El tenor armenio Liparit Avetisyan fue un protagonista de timbre agradable y agudos seguros. Sin embargo, no logró transmitir el dilema del personaje. Sus arias no conmovieron y, aunque mostró más eficacia en los dúos con Margarita, no logró convencer.

En tanto, el Mefistófeles  de Alexei Tikhomirov, no tuvo la imponencia que se espera del personaje. Sus recursos vocales no son malos pero sólo alcanzó un nivel de corrección.

En cambio, la soprano Anita Hartig fue uno de los pilares de la función. Con bello, color vocal, fraseo delicado y entrega al personaje, realizó una muy buena composición de Margarita.

El barítono brasilero Vinicius Atique no logró el nivel esperado para Valentin, siendo apenas correcto, con una actuación muy deslucida.

Florencia Machado fue un Siébel correcto y Adriana Mastrángelo  y Juan Font realizaron una buena labor como Marta y Wagner, respectivamente.

La puesta en escena y la ubicación del Coro Estable en el escenario hicieron que el sonido fuera desequilibrado. Pero aún en estas condiciones, el mencionado coro cumplió una labor de excelencia impecable, bajo las órdenes de su director Miguel Martínez. El Coro fue el otro pilar de la función.

Jan Latham-Koenig realizó una lectura despareja de la partitura, sin aportar mucho más que eso: una lectura, aunque la Orquesta Estable respondió a sus órdenes con eficacia.

Ya en el aspecto visual, que Stefano Poda realizó en su totalidad, la escenografía simbólica y despojada, consistía en un anillo que adoptaba diferentes posiciones según la escena. Y alrededor, adentro o encima del anillo se iban sucediendo las diferentes situaciones.

Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Es el caso de Poda. Una vez más abrió el escenario en toda su extensión, perjudicando la labor de los cantantes, al igual que en "Nabucco". O será que no sabe nada de canto? Habría que explicarle.

las escenas estuvieron plagadas de cursilerías, como globos negros, paraguas, una "ducha" de agua se supone que bendita sobre Siebel, para nombrar sólo algunas. La marcación escénica de los solistas fue muy endeble e inconsistente en muchos momentos. El vestuario fue de dudoso gusto en algunos momentos, mientras que la iluminación fue buena en general. No hubo nada destacable en las coreografías.

En fin, ya vendrán tiempos mejores.

 

CLASIFICACION: REGULAR

viernes, 17 de marzo de 2023

 

Gounod: Fausto

Teatro Colon 16 de Marzo de 2023

Hagamos un poco de historia. Fausto, de Charles Gounod fue estrenada en Paris, el 19 de marzo de 1859. Siete años más tarde, el 24 de agosto de 1866, la Compañía lírica de Antonio Pestalardo, la presenta por primera vez en Buenos Aires, en el antiguo Teatro Colon, con el siguiente elenco: Luis Lelmi (Fausto)/ Edoardo Bonetti (Mefistofele) / Carolina Briol (Margarita) / Antonio Maria Celestino (Valentin) / Rosina Mariotti (Siebel) / Teresa Sereno (Marta) /  Giuseppe Monteverde (Wagner), dirigida por el Maestro Federico Nicolao. En este mismo teatro, sube a escena en 22 oportunidades desde 1866 y 1888. A lo largo de estos años, algunos de los cantantes más relevantes de la época intervienen e sus representaciones, entre otros podemos citar a Julian Gayarre (1878) – Roberto Stagno (1886) – Angelo Masini y Gemma Bellincioni (1887) – Mattia Batistini como Valentin en 1882.

En el actual Teatro Colon, la obra se estrena el 25 de mayo de 1914 y fue representada en 16 temporadas hasta 1998. En oportunidad de su estreno, la Gran Compañía Lírica Italiana de Leopoldo Longinotti la presenta con un gran elenco para la época, encabezado por el director de orquesta Tulio Serafin y el siguiente elenco de cantantes: Bonci, Alessandro (tenor) Faust; De Angelis, Nazareno (bajo) Méphistopheles, Galeffi, Carlo (barítono) Valentin, Cannetti, Linda (soprano) Marguerite; Perini, Flora (mezzo) Siébel; Manfrini, Luis  (bajo)  Wagner y Zinetti, Giuseppina (mezzo) Marthe. La importancia y calidad de algunos elencos de aquellas viejas épocas, hicieron del Teatro Colon uno de los teatros más importantes del mundo.

En el Teatro Coliseo, Fausto se representó en 16 oportunidades entre 1909 y 1927 y su popularidad alcanzó también al Teatro de la Opera, Politeama y otros teatros menores porteños de comienzos del siglo XX quienes contantemente la incluían en su repertorio.

Llegamos así a la reposición que ofrece en estos días el Teatro Colon en las que el Fausto de Charles Gounod se convirtió en la música incidental de la que se valió Stefano Poda, el regisseur del espectáculo, para presentar una cosa similar al Nabucco, pero con otra víctima; Fausto. Algo así como esos avisos televisivos donde se escucha como música de fondo “Nessun dorma”, “la habanera de Carmen” o el “Dúo de las flores de Lakme” y donde lo importante no es el fondo musical sino el producto que se quiere vender. En este caso, lo que se quiere vender es, él mismo; Stefano Poda.

El Sr. Poda, en sus explicaciones de dos hojas, en el programa de mano, termina diciendo: “El espectador más sabio debe sentarse ante el telón cerrado y deshacerse de todos sus conocimientos y lecturas, incluidas la las que preceden. Es solo confiar en el misterio de la emoción, más que en el contenido de la narración con la que el cine ya nos ha emborrachado a su antojo. La música habla de todo sin nombrar nada.”

Quizás todavía el Sr. Poda no entendió que la opera es teatro y en él, la narrativa, el texto, la acción  y la coherencia teatral son muy significativas e imprescindibles y además,  pretende que alguien deje de ser sí mismo para entregarse a sus desvaríos.

En cuanto a la parte musical, a Fausto en definitiva, la función fue apenas correcta. El tenor protagonista, Liparir Avertisyan es muy seguro en la zona aguda, tiene buena línea de canto, pero no emociona. El bajo Aleksei Tikhomirov posee un buen material vocal pero es muy anodino en su interpretación. La soprano Anita Harrig, fue lo mejor del elenco; bella voz y compenetrada en el personaje. El barítono Vinicius Atique es un cantante muy elemental que no aportó absolutamente nada a su rol de Valentin. Apenas correcta la actuación de Florencia Machado como Siebel. Andriana Mastrángelo mostró su acostumbrado profesionalismo en el rol de Marta.

La dirección del Mtro Latham – Koenig acompañó la obra sin mayor lucimiento.

El valiente Coro Estable del Teatro Colon, demostró una vez más, que puede sobreponerse con calidad a cualquier circunstancia y capricho escénico.

Cabe mencionar aquí, que los resultados pudieron haber sido mejores si la escenografía no hubiera sido tan expuesta y tan amplia. La amalgama del sonido de las voces de los solistas y del coro fue perjudicada por este motivo.

Algo muy positivo en esta temporada: Los programas de mano volvieron a su tamaño normal!!!

Conclusión: El objetivo del Stefano Poda fue cumplido. Esta versión solo será recordada por su extravagante producción y porque los programas de mano volvieron a un tamaño razonable.

Roberto Falcone

 

Excelente apertura del Ciclo de conciertos de la Sinfónica Nacional en el CCK

 

Y A SUS PLANTAS, RENDIDO UN LEÓN

Martha CORA ELISEHT

 

            No es casual que esta cronista haya elegido uno de los versos más hermosos de las estrofas del Himno Nacional Argentino -que lamentablemente, no se canta en la actualidad- para titular esta nota, que refleja fielmente lo que sucedió en el concierto de apertura del ciclo 2023 de la Orquesta Sinfónica Nacional, que tuvo lugar en la Sala Sinfónica -Auditorio Nacional- del Centro Cultural Kirchner (CCK) el pasado 15 del corriente, bajo la dirección de Mariano Chiacchiarini y con la participación de Antonio Formaro como solista, quienes ofrecieron el siguiente programa:

-          Variaciones para orquesta- Gerardo GANDINI (1936-2013)

-          Concierto n°2 para piano y orquesta en Sol menor, Op.22- Camille SAINT- SAËNS (1835-1921) 

-          Variaciones “Enigma”- Sir Edward ELGAR (1857-1934)

Ante una sala prácticamente llena, la Sinfónica Nacional fue ampliamente aplaudida tras ingresar al escenario de la mano de su concertino Gustavo Mulé, donde se la oyó muy afiatada y con un sonido muy sólido luego de la tradicional afinación de instrumentos. Acto seguido, Mariano Chiaccharini anunció las obras provisto de un micrófono, ya que la consabida ausencia de programas de mano parece haberse instalado definitivamente post pandemia. Asimismo, rogó al público apagar sus celulares para evitar molestias.

La primera de las obras comprendidas en el programa fue compuesta por Gerardo Gandini en 1962 y fue estrenada por la Orquesta Sinfónica de Buffalo en 1965 durante el Interamerican Music Festival de Washington. Recibió también el premio Municipal de Música de Buenos Aires en ese mismo año y posee una orquestación profusa (cuerdas, arpa, piano, percusión, timbales, celesta, xilofón, glockenspiel y vibrafón). Se considera una de las obras más tempranas del mencionado compositor -del cual, se cumplen 10 años de su muerte durante el corriente año- y la versión ofrecida durante el presente concierto fue muy interesante, con buen equilibrio sonoro en los numerosos contrapuntos ofrecidos por las diferentes secciones de instrumentos, creando un clima de misterio y suspenso. Un digno homenaje a quien fuera pianista de la Sinfónica Nacional, Director Musical de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires y del Teatro Colón, entre otros cargos.

De los 5 conciertos para piano y orquesta compuestos por Saint- Saëns, el n°2 en Sol menor, Op.22 es el más conocido. Fue compuesto en 1868 y si bien consta de los tres movimientos clásicos (Andante sostenuto/ Allegro scherzando/ Presto), exhibe mucha más libertad en la elección de los tempi. Es uno de los conciertos más difíciles para dicho instrumento por la complejidad de su técnica, la diversidad de tempi ya descripta y por las monumentales cadencias que posee el 1° movimiento, que permiten el lucimiento del solista. No pareció tener dificultad alguna para un pianista de los quilates de Antonio Formaro, quien no sólo lo ejecutó de memoria, sino que demostró su virtuosismo en la cadencia inicial con elegancia e ímpetu. Por su parte, el acompañamiento de la orquesta fue perfecto desde el tutti luego de la primera cadencia hasta pasar a la segunda, logrando un poderoso equilibrio sonoro. que se mantuvo luego de la recapitulación por parte del solista y la orquesta hasta el final. En el 2° movimiento (Allegro scherzando), el solista tuvo una perfecta resolución no sólo de los tempi, sino también de los arpegios y arabescos in crescendo, al igual que los trinos. Formaro brindó una versión sublime, que sonó magistralmente hasta desembocar en el vibrante Presto final, donde el solista debe afrontar pasajes de extrema dificultad técnica.  No sólo salió airoso de tamaño desafío, sino que logró el aplauso unánime por parte del numeroso público que se dio cita esa noche en la Sala Sinfónica. En un sinfín de numerosos aplausos y vítores, el público se puso de pie para ovacionarlo y cayó rendido a los pies de la dupla Formaro- Chiacchiarini.

Las Variaciones sobre un tema original para orquesta, Op.36 -conocidas universalmente como Variaciones Enigma – fueron compuestas como un ejercicio orquestal en 1898. Al escucharlas, la esposa de Edward Elgar se sintió atraída por la melodía y le pidió que las repitiera. Entonces, comenzó a realizar variaciones dedicadas no solamente a su esposa, sino también a sus amigos a manera de retratos musicales. Fueron estrenadas en Londres en 1899 y comprende 14 variaciones sobre un tema oculto, que nunca es tocado. Pese a que el compositor dejó numerosas pistas, nunca fueron resueltas hasta su deceso. De ahí el nombre de “Enigma”. La versión ofrecida por Mariano Chiacchiarini al frente de la Sinfónica sonó sumamente armónica y profunda desde su inicio, con un perfecto lucimiento de los solistas a medida que iban transcurriendo las melodías de las diferentes variaciones, destacándose el concertino Gustavo Mulé, el violista Félix Peroni, el timbalista Gilberto Ayala y los solistas de maderas y metales. La música llegó a su clímax en la celebérrima NIMROD, donde se destacaron los pizzicatos de los cellos y las cadencias de todos los instrumentos. El desempeño de Chiacchiarini en el podio fue excelente y la pieza culminó con un final vibrante y un sonido prístino.

Si bien no se suelen ofrecer bises al finalizar los conciertos, en este caso se hizo una excepción con otra pieza célebre de Elgar: Salut d’amour, que fuera compuesta como regalo de aniversario de casamiento para su esposa. Otra muy buena versión de la Sinfónica al frente de tan deliciosa pieza y otra nueva ovación de aplausos.

En cierta ocasión, el pintor francés Eugène Delacroix manifestó que “la música es la voluptuosidad del espíritu”.  Una frase que sintetiza perfectamente la excelente apertura de un ciclo de conciertos que promete ser muy auspicioso e intenso.  

martes, 14 de marzo de 2023

 

"El Tercero en Discordia" 

La Scala de San Telmo

Sábado 11 de marzo de 2023

Escribe: Graciela Morgenstern

 

"El tercero en Discordia"

Intérpretes:

Ma Luisa Merino Ronda (mezzosoprano)

Rocìo Giordano (soprano)

Sergio Spina (tenor)

Eduviges Picone (piano)

Programa:

C Saint-Saëns: "Samson y Dalila": "Mon coeur ..."

G. Rossini: "La Serenata"

F. Lehar: "Giuditta": "Meine Lippen"

G. Verdi: "La Traviata": "Parigi o cara"

F. P. Tosti: "Ideale"

W. A. Mozart: "Così fan tutte": "Prendero quel brunettino"

P. Mascagni: "Cavalleria Rusticana": "Voi lo sapete o mamma"

S. Cardillo: "Core 'ngrato"

S. Gastaldon: "Musica proibita"

L. Arditi: "Il bacio"

F. Cilea: "L' Arlesiana": "Lamento di Federico"

 

En la tórrida tarde del sábado, en La Scala de San Telmo, se presentó un espectáculo muy agradable a cargo de la mezzo soprano María Luisa Merino Ronda, la soprano Rocío Giordano y el tenor Sergio Spina, acompañados al piano por la Maestra Eduviges Picone.

El título "El tercero en discordia", anunciaba un conflicto, que se basaba en cuál sería la preferencia: la ópera o la canzonetta. Con un programa equilibrado entre ambos géneros, se fue desenvolviendo la trama entre arias, dúos y canciones.

Todos los integrantes del elenco pudieron lucir sus habilidades. Rocío Giordano aportó la naturalidad de su canto, impecable coloratura y gracia interpretativa. Esto se evidenció especialmente en "Meine Lippen", que acompañó con unos pasos de danza española y en "Il bacio", que vertió con desenvoltura.

María Luisa Merino Ronda otorgó hondura dramática a sus arias más trágicas, como "Voi lo sapete o mamma" y sensualidad a "Mon coeur ...". Como ella mismo lo dijo "Las arias para mezzo son más pesadas". Exhibió facilidad para la zona aguda en la que se prodigó con generosidad.

Sergio Spina, como es ya bien conocido en él, dio a través de la rica gama de matices que utilizó, significado a cada frase de cada obra. Un verdadero caballero del decir, con quien cada partitura cobra un significado especial. Su  "Core 'ngrato" y "Lamento di Federico" fueron especialmente sentidas y conmovedoras.

Al piano, el excelente acompañamiento de Eduviges Picone, pianista que realizó el trabajo óptimo, sin quiebras, al que ya nos tiene acostumbrados.

Hubo dos instancias en las que el público pudo elegir las obras a interpretar. Una de ellas fue al finalizar el espectáculo, cuando el trío cantó "Nons ti scordar di me".

En la bochornosa tarde de ese día, un aire fresco parecía recorrer la sala. Arias o canciones? Era la música que triunfaba.

 

CALIFICACION: Muy bueno

 

 

 

 

lunes, 13 de marzo de 2023

 

Muy buena presentación de EL TERCERO EN DISCORDIA en la Scala de San Telmo

 

EL DELICADO EQUILIBRIO DEL TRIÁNGULO

Martha CORA ELISEHT

 

            Se dice que hay que en la vida hay que evitar tres figuras geométricas conflictivas e innecesarias: los círculos viciosos, las mentes cuadradas y los triángulos amorosos. Sin embargo, no parece ser el caso de EL TERCERO EN DISCORDIA (espectáculo de poliamor lírico, según definición de sus protagonistas), cuya presentación tuvo lugar el pasado sábado 11 del corriente en La Scala de San Telmo, con la participación de los siguientes cantantes: Rocío Giordano (soprano), María Luisa Merino Ronda (mezzosoprano) y Sergio Spina (tenor), acompañados al piano por Eduviges Piccone.

            Dicho espectáculo estuvo compuesto por una serie de arias románticas de ópera, opereta, canciones de cámara y canzonettas napolitanas hilvanadas mediante una serie de diálogos entre los protagonistas. La elección del repertorio fue muy acertada, basada mayoritariamente en lo italiano y llevada a muy buenos términos por parte del trío de cantantes y el excelente acompañamiento de Eduviges Piccone. Y lo bueno que también tuvo fue, precisamente, evitar caer en el repertorio habitual y redundante. De hecho, quien abrió el juego fue María Luisa Merino Ronda con “Mon coeur s’ouvre à ta voix” de SANSÓN Y DALILA, ejecutada de manera exquisita e impecable. Seguidamente, cantó junto a Sergio Spina “La Serenata” de Rossini, con muy buen lucimiento vocal. Rocío Giordano deslumbró en la célebre “Meine Lippen, sie küssen so heit” de GUIDITTA, de Franz Léhar e hizo gala de sus dotes de soprano ligera interpretando junto a Sergio Spina el célebre duetto “Pariggi, o cara” de LA TRAVIATA. El tenor se lució con una bellísima interpretación de Ideale de Paolo Tosti, mientras que Merino Ronda y Giordano cerraron esta primera parte del recital con una muy buena versión de“Prendero qual brunettino” de COSI FAN TUTTE.

            Tras una breve pausa, el juego entre los protagonistas y la pianista siguió acerca de si entonaban arias de ópera o canzonettas. La ópera ganó el round y dio paso a la célebre aria de Santuzza “Voi ió sapete, o mamma” de CAVALLERIA RUSTICANA. En el caso particular de quien escribe, era la primera vez que una escuchaba a María Luisa Merino Ronda interpretar esta aria y salió airosa del desafío. Sin embargo, la canzonetta tuvo su lugar con Core ‘ngrato de Salvatore Cardillo con una gran interpretación de Sergio Spina, quien volvió a formar dúo con la mezzosoprano chilena para brindar una exquisita versión de Música proibita, de Ettore Campogilliani. Tras los aplausos, Rocío Giordano dejó elegir al público entre dos melodías, donde triunfó por mayoría Il Baccio de Arditti, ofreciendo una versión donde derrochó frescura y simpatía. Seguidamente, Sergio Spina eligió el bellísimo Lamento de Federico de L’ARLESIANA de Cilea, brindando una interpretación sumamente correcta. El espectáculo cerró con una muy buena versión para tres voces de Non ti scordar di me de De Curtis, donde los protagonistas se retiraron sumamente aplaudidos, pese al escaso público que se dio cita a la tarde de ese día como consecuencia de las altísimas temperaturas que los porteños vienen soportando estoicamente.

            En un diálogo mantenido con los protagonistas una vez finalizado el recital, los intérpretes comentaron que era la primera vez que cantaban juntos y que tenían planeado realizar nuevos espectáculos con el correr del tiempo, al igual que incorporar más canciones de cámara italianas, lieder y otras arias del repertorio alemán y francés. Se retiraron sumamente contentos y conformes con su desempeño y prometieron ir por más, como habitualmente se dice en la jerga profesional.

            Sea equilátero, isósceles o escaleno, el triángulo es una de las figuras geométricas más bellas e inspirador de numerosas obras de arte. En materia musical en general y en la ópera en particular, siempre representa el conflicto entre sus protagonistas. En este caso, el poliamor lírico vino para quedarse sin caer en el vulgar mote de vicioso.    

 

Excepcional recital de piano en la apertura del Ciclo de Cámara en la Usina del Arte

 

CON GARRA, PASIÓN Y ESPÍRITU SANTAFESINOS

Martha CORA ELISEHT

 

            Carlos Guastavino (1912-2000) no sólo fue uno de los compositores argentinos más prolíficos, sino también uno de los mejores en cuanto a la calidad y variedad de sus composiciones -tanto en el ámbito del folklore como en el de la música académica-. Pese a haber compuesto numerosas obras para piano, sólo tres intérpretes han grabado su obra integral para dicho instrumento: Dora De Marinis (Grupo Mendoza), el inglés Martin Jones y la pianista santafesina Lilia Salsano, quien tuvo a su cargo el concierto de apertura del Ciclo de Cámara en la Usina del Arte el pasado domingo 12 del corriente como parte de la gira nacional de difusión de la obra integral del compositor.

            Ante la ausencia de programas de mano, la pianista se dirigió al público provista de un micrófono para anunciar las diferentes partes del recital y dar una breve reseña sobre las mismas.  Como no podía ser de otra manera, abrió con el celebérrimo Bailecito, compuesto en 1940 y que forma parte del repertorio de todo pianista argentino, a punto tal que suele ofrecerse como bis en salas de conciertos y/o recitales. Siguió con la Tercera sonatina sobre ritmos a la manera popular argentina (danza), que es un Allegro scherzando in tempo di malambo con ribetes de chamamé hacia el final, que fue interpretado de manera exquisita y sublime. Lo mismo sucedió con Romance de Cuyo – compuesta  en ritmo de zamacueca en 1953-, donde Salsano demostró ser una profunda conocedora de la obra merced a la resolución de la colosal cadencia de arpegios y arabescos que se dan tanto al inicio como al final de la obra.

            A continuación, se interpretaron dos de las denominadas Presencias (retratos musicales compuestos entre 1960 y 1961 sobre personajes imaginarios), donde el compositor permite que el oyente se imagine las características de los personajes a través de la música. Quien escribe describe a Loduvina  como una joven jovial, alegre y romántica que sueña en busca del amor ideal, mientras se imagina a Horacio Lavalle como un porteño -el mismo Guastavino lo describió como tal- preocupado y sumergido en sus cavilaciones, pero que se da una pausa y un espacio para reflexionar. La melodía en tono menor con ribetes impresionistas en las cadencias constituye la mencionada descripción del personaje.

            Seguidamente, se interpretaron tres de los Diez preludios sobre temas populares infantiles, compuestos en 1952: Un domingo de mañana, La Torre y En un coche va la niña. Mientras el primero es una fuga a tres voces basado en el tema “Estaba la Catalina”, el segundo es una versión libre sobre “La Torre en Guardia”. Ambas piezas fueron ejecutadas de manera impecable y magistral, si se tiene en cuenta los numerosos contrapuntos en la segunda. La última, en cambio, es una melodía fresca, con una cadencia que posee numerosos glissandi in crescendo que desembocan en un final abrupto. El esfuerzo de Salsano se vio coronado por numerosos aplausos.

            Posteriormente, se ofreció una de las primeras obras del mencionado compositor: “Movimiento” (Sonatina n°1), que fuera compuesta en Londres en 1949 merced a una beca otorgada por el British Council, basada en el taquirari “El cocherito” en fusión con chacarera y malambo. La interpretación fue magistral, al igual que la de la Cantilena n°3 “Jacarandá”, que forma parte de las Diez Cantilenas Argentinas compuestas entre 1953 a 1958 y que describe la explosión de flores celestes de dicho árbol mediante un cantábile ricamente elaborado con ribetes impresionistas y una sucesión de glissandi in crescendo. El recital continuó con el Romance n°1 “La niña del río Dulce”, perteneciente a la serie Tres Romances Nuevos (1954), donde se alternan dos leit motiv muy bien definidos: el de una niña (bastante traviesa, por cierto) y el río (caracterizando por arpegios y arabescos, con ribetes folklóricos), que fueron abordados con singular estilo y maestría. Seguidamente, se interpretó Las Niñas (1953), concebida originalmente para dos pianos en homenaje a las hermanas Cavallini, quienes eran prestigiosas pianistas. Posteriormente, Guastavino realiza una transcripción para un solo piano, que es la que se escuchó en el presente recital, donde Lilia Salsano volvió una vez más a deslumbrar con su magistral interpretación para culminar el recital con una de las obras más célebres del compositor santafesino: el Gato (1940), donde se ofrece una versión académica de este tradicional ritmo folklórico. Un final de fuste, que se vio coronado por numerosos aplausos y vítores

            No podían faltar los bises, que fueron dos: una versión íntima del consabido “Pueblito, mi pueblo”, compuesto en 1957 y otro clásico: “Fermina”, que forma parte de la serie de retratos musicales a jóvenes pianistas “Mis amigos” y que data de 1966. Este último se hizo a pedido del público, ya que la pianista manifestó su deseo de tocar “Se equivocó la paloma” sobre el poema homónimo de Rafael Alberti. Pero decidió respetar el pedido del público y volvió a brindar otra bellísima interpretación.

            Además de demostrar con creces que es una profunda conocedora de la obra de Guastavino, Lilia Salsano es una pianista de dotes excepcionales, que posee el privilegio de ser la única pianista argentina que llevó al disco su obra integral para dicho instrumento, además de difundir su obra por todo el país. La gira comenzó el año pasado y ya recorrió 12 provincias. Tras haber pasado por la capital de todos los argentinos, continuará por el resto del país con la garra, pasión y ese espíritu que sólo una santafesina puede brindar a la hora de difundir la música de su coterráneo.  

sábado, 11 de marzo de 2023

 

LISA Y LLANAMENTE UN FIASCO

 

Teatro Colón, temporada 2023. Ciclo Colón en la Ciudad: “Resurrección” Puesta en escena de Romeo Castelucci con Escenografía, Vestuario e Iluminación de su autoría tomando como soporte la Sinfonía Nº 2 en Do menor “Resurrección” de Gustav Mahler. Intérpretes: Jaquelina Livieri (Soprano), Guadalupe Barrientos (Mezzosoprano), Grupo Vocal de Difusión, Director: Mariano Moruja. Actores: Danae Cisneros, Enzo Lucino, Soledad García y Wenceslao Tejerina. Grupo de Figurantes. Dramaturgia: Piersandra Di Matteo. Dirección Musical: Charles Dutoit. Predio Ferial de Palermo de la Sociedad Rural Argentina (Pabellón Ocre) ,presentación del 08/03/23, formando parte del ciclo “Divina Italia”

 

NUESTRA OPINION: REGULAR.

 

Más allá de todos los comentarios que se hallan en el programa de mano que entregó el Teatro Colón, en el que explican el porqué de este espectáculo, lo cierto es que Romeo Castelucci desperdició una formidable oportunidad de escenificar este verdadero monumento a la música compuesto por un por entonces joven Gustav Mahler, si tan solo se ceñía al programa original que el mismo compositor escribió en ocasión de su estreno y, más aún, si también se hubiese inspirado en los textos tanto de Armin y Brentano en “Luz Primigenia” (Cuarto Movimiento) como de Klopstrock (Reforzado con agregados del propio Mahler) en el coral final de “Resurrección” que le da el título a este monumental trabajo. En su lugar, luego de oscurecerse el Pabellón Ocre del predio de la Rural de Palermo, ámbito seleccionado por el Colón para esta realización en colaboración con la Embajada de Italia en Argentina y el Instituto Italiano de Cultura dentro del ciclo denominado “Divina Italia”, un audio de canto de pájaros se apodera del espacio, un caballo aparece llevado por su dueña pastoreando sobre el terreno hasta que encuentran restos humanos emergiendo de la tierra. Llamado de emergencia y en lugar de autoridades de seguridad, la presencia directa de los equipos del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, encargados de descubrir una fosa común en medio del campo como ocultamiento de las barbaridades de la Guerra. Excavaciones, exhumaciones que comienzan a revelar la magnitud de lo que se ha encontrado. Si esto hubiese ocurrido dentro del marco del primer movimiento, que es una marcha fúnebre en la que el compositor expresa despedir a un héroe, la escena encajaría perfectamente. Ahora bien si observamos que en el transcurso del segundo movimiento, en el que Mahler indica que recuerda los momentos de felicidad de ese héroe que ahora no está la acción de exhumación continúa, al igual que en el tercero que simboliza el desencanto de la mano del sarcasmo, en donde para ello recurre a una reelaboración de su lied “El Sermón de San Antonio a los Peces” del mismo ciclo de Armin y Brentano en el que se apoya para su cuarto movimiento, vemos que música y acción van por caminos separados, incluso ante el potente y desesperado pasaje final de este fragmento. Al inicio del Cuarto Movimiento (Conformado por el Lied “Luz Primigenia”), se congela la acción con todos los actores y figurantes observando los restos recuperados y dio la impresión que a partir de ese momento en donde la música es reflexiva, la escena iría en la misma dirección. No fue así, ya que la acción escénica se retoma y continuaban las exhumaciones y otro tanto en el quinto, en donde Mahler simboliza con su música un juicio final en el que todos emergen, pero vivos, de sus sepulturas para dirigirse hacia donde Dios emitirá su sentencia. Una presencia se rescata y la de una integrante de esa Organización que evidentemente está buscando a algún ser querido con la certeza de que sus restos están allí y desesperadamente escarba con sus manos sin hallarlo y es contenida por un compañero que la disuade de continuar muy a pesar de ella. Los cuerpos son colocados en bolsas de morgue y cargados en los vehículos, los responsables se abrazan por el éxito de la misión y parten, tras lo cual y ya promediando desde la orquesta la parte final vocal y coral, una suave lluvia cae en ese campo borrando todo vestigio de horror y con un leve aumento de la luz queda expuesta la simbología de que esa lluvia traerá de la mano el inicio de un nuevo tiempo, recién ahí es donde música e imagen convergen en una misma idea, llegando juntos al final.

 

   Como podrán observar luego de todo lo que he expuesto, Romeo Castelucci cuenta una historia llamándola “Resurrección” sirviéndose de la música de Mahler pero muy lejos de todo lo que el compositor expresó en su partitura. La escena muy oscura, y la reiteración de la acción de exhumación de cadáveres durante aproximadamente cincuenta de los setenta minutos que dura la obra, da la pauta exacta de la pobreza de ideas para armar este espectáculo, que podría haber tenido danza, mayor movimiento escénico y no caer en el tedio. Sumado a ello, el hecho de haberse realizado con una deficiente amplificación, en donde todos los detalles de orquestación que Mahler incluye en su frondosa partitura quedan reducidos a la mínima e imperceptible expresión, debiendo prescindirse entre otras cosas de las bandas fuera de escena que le dan fundamental sustento al último movimiento (justamente es el llamado al Juicio Final), por lo que el espectáculo se volvió tedioso, difícil de sobrellevar para los espectadores, los que estaban ubicados en sillas plegables muy incómodas ubicadas en una tribuna tubular en la que algunos de sus tablones estaban muy mal asegurados con el consiguiente riesgo de accidentes, por lo que no fue de extrañar de que algunos de ellos emprendieran la retirada bastante antes del final hastiados y fastidiados de presenciar todo esto.

 

  El final mostró un leve y respetuoso aplauso a los actores y figurantes en el escenario y una efusiva recepción a las solistas y al Maestro Dutoit, quienes saludaron desde una posición elevada en el improvisado foso orquestal. Ni bien ellos se retiraron de ahí, cesaron automáticamente los aplausos y rápidamente el público inició la retirada.

 

  Musicalmente hablando y a pesar de la magra amplificación, el Maestro Dutoit  estuvo a la altura de la obra y supo disimular muy bien todo aquello que no pudo percibirse o que se perdió como resultado de la puesta en escena. Contó con una buena Guadalupe Barrientos en sus intervenciones sumada a la estupenda participación de Jaquelina Livieri, cada vez más asentada en el repertorio del Lied. En cuanto al Grupo Vocal de Difusión que lidera Mariano Moruja, estuvo muy correcto en su intervención. Me permito recordar que todos los años ofrece un ciclo de conciertos muy cerca de la Rural en la Parroquia San Ildefonso y muchos de sus integrantes han trabajado para el Teatro Colón dentro de sus programaciones y en otros ámbitos como los de la música contemporánea o en el mismo CETC del Teatro por lo que rechazo terminantemente que se diga que se trata de un coro no profesional.

 

  Para llegar a este espectáculo se movilizó una cantidad muy importante de tierra, más detalles de iluminación vehículos, animal, actores, figurantes y hasta un coro que no es el del Teatro. Se lo quiso presentar como apertura de la temporada cuando ya la Orquesta Estable retornó en Parque Centenario y la ópera lo hará la próxima semana. Demasiada inversión para algo que debió haberse hecho dentro de los conciertos en la sala y testimoniar con una “Resurrección” en serio el homenaje a los cuarenta años del retorno a la normalidad democrática. Recordemos que para llegar hace cuarenta años atrás pasamos por atrocidades más graves e inhumanas de las que aquí se narra. El resultado de esto: Un verdadero fiasco.

 

Donato Decina