Una sociedad que rinde frutos, Ligia Amadio y la Orquesta Sinfónica Nacional en el Concierto del pasado Viernes 7 en esta fotografía proporcionada por la Dirección Nacional de Elencos Estables.
Concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional con la maestra Ligia
Amadio
.Orquesta Sinfónica Nacional
.Directora: maestra Ligia Amadio
.Solista: Lucrecia Jancsa, arpa
.Auditorio Nacional, Palacio Libertad, 7 de agosto, hora 19.
Bajo la dirección de la maestra Ligia Amadio, la Orquesta Sinfónica
Nacional se presentó en el Auditorio Nacional.
Como introducción, la conductora (breve y claramente) estableció una
línea de tiempo para poner en contexto a obras y autores, que, en distintos
tramos de sus vidas, coexistieron en la segunda parte del siglo XIX. Ello guió la
escucha de obras de diferentes lenguajes.
El Preludio a la Siesta de un Fauno, de Claude Debussy (1862-1918)
abrió el programa. Obra revolucionaria en aspectos tímbricos, armónicos y de
encadenamiento y funcionalidad de acordes, podemos filiarla en la influencia
del preludio de Tristán e Isolda; la impronta wagneriana es un rasgo que
comparte con Cesar Franck.
En efecto, el “acorde del fauno”, como el de Tristán e Isolda, es un
acorde semidisminuído que resuelve en un acorde de séptima de dominante,
en el acorde del fauno es al unísono y en el del Tristán por descenso por
semitonos. Igual que el Tristán, la obra de Debussy comienza y termina en
rubato. Tal imprecisión contrasta con los timbres puros que discurren con
frases de color orquestal, es decir, frases de un instrumento que prosiguen en
otro.
Podemos distinguir, cuatro grandes momentos en A, B1, B2, A´ que,
siguiendo al poema de Mallarmé, corresponden al motivo del fauno, repetido
tres veces de forma igual pero en diferentes contextos tonales; los juegos
amorosos del fauno; el propósito frustrado y finalmente la siesta.
El esquema tonal, con los distintos enlaces de acordes, que presenta al
poema como programa, es sutil y complejo.
Va de suyo que las exigencias que conlleva la obra son numerosas,
pasan por el fraseo, la vinculación entre las familias instrumentales y el
ensamblaje de elementos sutiles.
La “Morceau du concert” para arpa y orquesta en sol mayor, opus
154 (1918) de Camille Saint Säens (1835-1921) siguió en el orden del
programa. Obra de gran encanto melódico, el primer motivo presentado por el
arpa al comienzo es una cita de un motivo de la segunda parte del segundo
movimiento de la Sinfonía con Órgano (1886),nque será presentado
nuevamente, con cambios, hacia el final. El arpa, habitualmente conocida en la
música orquestal por su delicadeza y sugestión en atmósferas dulces y
encantadas, que anuncia además el pasaje de la orquesta a otros elementos o
regiones tonales (como en la octava sinfonía de Bruckner, por ejemplo) es
explotada en su posibilidad de abordar motivos con sonidos netos y
destacados. De este modo discurre su diálogo con la orquesta en un escenario
de permanente cambio de motivos de gran encanto sonoro.
El tejido es muy cerrado entre el instrumento solista y la orquesta en
pasajes la mayor parte de las veces muy rápidos.
Como bis, la maestra Lucrecia Jancsa interpretó con la flautista Patricia
Da Dalt un arreglo de Burdel 1900 de Astor Piazzolla, que comienza con una
frase muy acentuada de la flauta y un toque percusivo en el arpa.
La primera parte del concierto finalizó con La Valse, de Maurice Ravel
(1875-1937). La maestra Amadio señaló que la idea de componer una suerte
de evocación del vals fue interrumpida por la guerra, en la cual Ravel participó
como conductor motorista, luego de lo cual lo que refleja La Valse es la
disolución y la pérdida de un mundo.
Toda la obra en sí –que parece concebida en el modo menor como
centro tonal- se encuentra dada en una gran torsión, por empezar, la
introducción al tema inicial está dada en oscuros pasajes del registro más
grave de la cuerda y el clarinete bajo. El tema surge como velado y va tomando
forma a través de esta introducción, en registros no vinculados al vals al que la
obra evoca. Hay lo que parece un desplazamiento en el acento al segundo
tiempo del compás de pie ternario (primera torsión). Sobre este tema y su
respuesta se generan motivos que, en el desarrollo ulterior y con un
accelerando, se superpondrán también con timbres graves. El tema inicial
pugna por volver (segunda torsión), sin conseguirlo y se desdibuja una trama
sonora donde los motivos se fragmentan (tercera torsión).
Se alternan el lirismo velado del vals (o mejor dicho, los restos del vals) y
la precisión de intervenciones siempre acentuadas que van transformando el
material de una obra tan original como virtuosa.
Ya no es la evocación del vals y su nostalgia sino el fin de un mundo y el
advenimiento de algo muy diferente.
En la segunda parte fue interpretada la Sinfonía en re menor de César
Franck (1822-1890) Una de las cumbres del sinfonismo de la segunda parte
del siglo XIX, la sinfonía fue escrita entre 1886 y 1888. Franck pensó su obra
como una variante del poema sinfónico, en una forma cíclica, de allí que,
concebida entres movimientos, resulta muy diferente a otras obras del género.
Uno de los aspectos quizás más interesantes es que el eje central esté
dado por un motivo cuya célula temática es un intervalo de segunda menor
descendente (repetido tres veces), seguido por otro de cuarta disminuida
ascendente. Lo que esto genera es una sensación de pregunta respondida a
medias. Digamos entonces que la sinfonía es el desarrollo de esta pregunta,
trabajado de muy distintas maneras; la primera de ellas es la aparición de un
bellísimo segundo tema cantábile también vinculado a la célula inicial. Se unen
así libertad y rigor constructivo.
El segundo movimiento, luego del Lento y Allegro es un Allegretto es un
bellísimo Andante y Scherzo que sobre la base de un motivo del arpa y de las
cuerdas en pizzicato conduce a un hermoso solo del corno inglés, material que
se expande a la orquesta en un breve contrapunto de motivos que se
superponen. La genialidad abarca el lirismo y la forma.
En el extenso Allegro non troppo final el material anterior, tanto del
primero como del segundo movimiento se superpone en una construcción tan
compleja como coherente, en la cual dichos materiales forman una síntesis,
avanzan y al mismo tiempo dialogan entre sí en un movimiento construido
como una forma rondó sonata (como el final del Concierto en fa de Gershwin).
Luego del concierto, en un breve dialogo con la maestra Ligia Amadio,
una persona tan talentosa como accesible, la conductora señaló que el
resultado se había logrado luego de cinco ensayos. Dada la complejidad y
hondura de las obras, ello es indicativo del nivel y las capacidades tanto de la
orquesta como de la maestra invitada.
No es solo el tejido, es el sentido de las frases, el armado, la pureza de
los timbres en obras, como se mencionó al principio del concierto, muy
diferentes en sus lenguajes y cada una con requerimientos diversos.
Lucrecia Jancsa –gran intérprete y una persona de gran calidez- abordó
una obra virtuosa para su instrumento, lo hizo con un absoluto dominio técnico
y del estilo de la obra que interpretó, que demanda una precisión absoluta en la
rapidez de la mayor parte de los pasajes como en el diálogo con la orquesta.
En suma, un concierto de gran significación musical por las obras y sus
intérpretes.
Eduardo Balestena
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