viernes, 21 de marzo de 2025

 Filarmónica con refrescantes aires…


Por Jaime Torres Gómez

Gran expectativa generó la apertura de la temporada de abono de la Filarmónica

de Santiago tras el anuncio de Paolo Bortolameolli como Director Titular

Designado, cargo que asumirá en propiedad a partir del 2026.

Próxima a cumplir 70 años, la Filarmónica ha sido la agrupación eje de las

temporadas de conciertos, ópera y ballet del Teatro Municipal de Santiago,

siendo el perfil de sus titulares, idealmente, experimentados directores de

conciertos y óperas. En el caso de Bortolameolli, conocido básicamente como

exitoso director de conciertos, queda la expectativa de ver sus próximas

contribuciones en ópera, considerando que se le ha visto poco en este género.  

La llegada a la Filarmónica de este prestigioso director nacional (muy bien

formado por David del Pino Klinge, más estudios complementarios en Estados

Unidos) viene precedida de una importante circulación internacional, como a la vez

por sus innovadoras (y a veces riesgosas…) propuestas comunicacionales que no

han dejado indiferentes al público tradicional y nuevas audiencias. Un botón de

muestra ha sido su reciente paso como jurado en el Festival de la Canción de Viña

del Mar, con una exposición que cruzó el umbral esperable de un director del

ámbito docto…

Por otro lado, el actual nivel de la Filarmónica se aprecia muy superior respecto a

los últimos dieciocho años de rendimientos variables, en parte al no haber contado

con titulares de jerarquía, más una dotación aún limitada de músicos estables,

requiriéndose de permanentes refuerzos. De hecho, las últimas temporadas han

sido acotadas en cuanto a cantidad de conciertos (urge retomar el abono de diez

programas, como antaño), como un poco impulso a la difusión de la música de

compositores nacionales. Felizmente, conforme la trayectoria de Bortolameolli, se

avizora una mayor diversificación programática, como bien se reflejó en el criterio

de las obras ofrecidas en la reciente apertura de temporada.

Haciendo gala a la misma historia filarmónica, con décadas aportando a la música

chilena, se reestrenó “Manará, homenaje a Jorge Peña Hen”, de la

joven compositora chilena Florencia Novoa, obra estrenada y presenciada hace

dos años junto a la Sinfónica Nacional Juvenil. Sobre esta inclusión, no se tiene

recuerdo que la Filarmónica haya hecho alguna obra de una mujer compositora

nacional, recibiéndose con total beneplácito, y, subsecuentemente, refrescando el

interés por conocer más del panorama creativo actual de la música de tradición

escrita local. 

Respondiendo a un potente relato a raíz del asesinato a Jorge Peña Hen, y sin

pretensiones efectistas, la obra responde eficientemente a su cometido, servida de

una ecléctica escritura, explotando una amplia gama de texturas y colores, más

una certera empatía evocativa. Quizás, en momentos, hay cierto hermetismo y


pocos contrastes (salvo el tratamiento rítmico al evocar la oscura Caravana de la

Muerte). La entrega de los filarmónicos (primera función) no se percibió con

debida aquilatación, quizás por falta de ensayo.

Como segunda obra, el Primer Concierto para Piano de P.I. Tchaikovsky, un

infaltable de las programaciones de orquestas, y casi diez años ausente en la

Filarmónica. De completo encomio haber contemplado esta magnífica obra e ideal

para atraer a nuevos públicos. Notable el desempeño del pianista macedonio

Simon Trpčeski, debutante en Chile. Con un enfoque de total frescura e

inteligentemente enfatizado en lo lúdico y lejos de toda prosopopeya, Trpčeski

derrochó musicalidad a borbotones servida de una consumada técnica, sacando

máximo partido posible al nuevo Steinway del Municipal, aún con camino por

recorrer (inexplicable su desuso desde julio pasado tras su estreno con el

mismísimo Danill Trofonov…), percibiéndose sin mayor brillo y con algunas

durezas. Gran manejo de las dinámicas y matices más una notable administración

del rubato. La alada batuta de Bortolameolli en total consubstanciación,

obteniendo estupenda respuesta en todo orden de los filarmónicos.

Y como broche de oro, una de las mejores versiones hechas en Chile de la

atrapante Quinta Sinfonía de Dimitri Schostakovitch, largamente ausente en la

Filarmónica, e ideal para motivar la presencia de público tradicional como nuevo.

Bortolameolli conoce a fondo los vericuetos de la obra, logrando un resultado

triunfal de este verdadero auto da fe schostakovitchiano, y no exento de

ambigüedades discursivas (difícil hallar los códigos ocultos plasmados por el gran

Dimitri…). Los filarmónicos, en estado de gracia, adhirieron “con tutti” a las

certeras indicaciones de carácter, dinámicas y tempi. Sin duda, una versión de

antología y de alto impacto en la gran audiencia congregada.

En suma, un inicio de la temporada filarmónica con refrescantes aires de calidad

interpretativa y de certero criterio programático, elementos esenciales para

proyectar una venturosa etapa de Paolo Bortolameolli

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