domingo, 13 de octubre de 2019

Soberbio concierto a cargo de la Sinfónica de Montreal en el Colón

APASIONADO, TEMPERAMENTAL Y PROFUNDO
Martha CORA ELISEHT

            El título de esta nota es quizás la mejor definición de los quilates que posee un director de orquesta de la talla de Kent Nagano, quien tuvo a su cargo los conciertos que ofreció la Orquesta Sinfónica de Montreal dentro del Ciclo de Abono del Mozarteum Argentino en el Teatro Colón los días 7 y 8  del corriente. Quien escribe asistió al concierto del martes 8, donde se ofreció el siguiente programa: el Concierto para violín y orquesta n° 3 en Sol mayor, K. 216 de Wolfgang Amadeus Mozart (1756- 1791), con la presencia de la violinista Alexandra Soumm –quien tuvo que reemplazar a último momento a la alemana Verónika Eberle- y la Sinfonía n° 5 en Do sostenido menor de Gustav Mahler (1860-1911).
            El mencionado y prestigioso organismo sinfónico se presentó dentro de una gira por países americanos (Tournée des Amériques), que cuenta con el auspicio de la Embajada de Canadá  y que se extenderá hasta el 15 del corriente visitando las siguientes ciudades: San Pablo, Río de Janeiro, Santiago de Chile, Buenos Aires, Guanajuato, Ciudad de México, Guadalajara y Chicago. Y que marcará la despedida de Kent Nagano como director musical de la misma, ya que ha sido nombrado Director Principal de la Filarmónica de Hamburgo y de la Ópera del Estado (Staatsoper) de la mencionada ciudad. Por otra parte, la orquesta ya ha visitado la Argentina en numerosas oportunidades – la última, en 2016 con Kent Nagano- y continúa con una rica tradición melódica y discográfica desde 1962 hasta la fecha, siendo dirigida por maestros de gran jerarquía, como Zubin Mehta y Charles Dutoit.
            La exquisita violinista francesa Alexandra Soumm ha sido una de las revelaciones de este año. Nacida en Moscú,  comenzó a estudiar violín a los 5 años y ofreció su primer concierto a los 7 años en Montpellier. A partir de ahí, se radica definitivamente en Francia y se traslada a Viena para perfeccionarse con Boris Kuschnir. A los 15 años gana el  concurso de Eurovisión y a partir de allí desarrolla una carrera meteórica, que la ha llevado a tocar en los escenarios más importantes del mundo. Independientemente de poseer una técnica perfecta y un fraseo impecable, sorprendió a todos por la compenetración que tenía con la melodía. Una pudo apreciar desde su ubicación en platea que tanto ella como Kent Nagano intercambiaban miradas cómplices, que se decían todo con sólo mirarse a los ojos. Esta entrega permitió un diálogo perfecto entre solista y orquesta, brindando una versión monumental del mencionado concierto de Mozart que, como la mayoría de las obras del genio de Salzburgo, deben ser ejecutadas con un sonido puro y cristalino. Escrito en 1775, marca un punto de inflexión en la madurez con que Mozart escribía sus obras. Consta de tres movimientos (Allegro, Adagio y Rondó), donde se emplea un ritornello del aria de Amina de su ópera “Il Re  Pastore”, caracterizado por su gracia y elegancia, que es introducido por la orquesta y retomado por el instrumento solista. Naturalmente, Alexandra Soumm  no sólo ofreció una versión caracterizada por estas cualidades, sino que además, le dio muy buenos matices, al igual que soberbios trinos y cadencias. Esto se notó aún más en el último movimiento (Rondó vivace), donde se ofrecen una serie de variaciones –tipo pasacaglia- que la solista supo ejecutar a la perfección, acompañada por un sutil pizzicato en las cuerdas, similar al sonido de una mandolina, a modo de serenata. Al finalizar el concierto, el público estalló en una ovación prolongada, que obligó a que Soumm saliera a anunciar- leyendo un papel  en perfecto castellano y agradeciendo la oportunidad de presentarse en el Colón, luego de una risueña alusión al fútbol argentino- el 3° movimiento de la Sonata n° 2 para violín del compositor belga Eugène Ysaÿe (1858-1931), dedicada al violinista francés Jacques Thibaud (hay que recordar que Ysaÿe dedicaba sus Sonatas para sus prestigiosos colegas). No es un bis frecuente de escuchar, y Soummm se entregó a la ejecución del mismo con pasión, garra y temperamento, haciendo gala de su impecable fraseo. El movimiento termina con una cascada en pianissimo, que se desvanece a medida que finaliza la melodía, hecho que le valió el reconocimiento y la ovación por parte del público.
            La Sinfonía n° 5 en Do sostenido menor de Gustav Mahler ostenta el récord de ser la más tocada por orquestas extranjeras de gran prestigio en el Colón (Filarmónica de Israel con Daniel Barenboim (1980), Concertgebouw de Amsterdam con Bernard Haitink (1984), Staatskapelle Berlin con Daniel Barenboim (2008) y la última, con la excelentísima versión ofrecida por Simon Rattle al frente de la London Symphony durante el transcurso del corriente año). Por ende, la Sinfónica de Montreal no podía dejar de ejecutar esta obra monumental, compuesta por 5 movimientos de compleja y harto difícil ejecución (Trauermarsh in gmemssenem Schritt/ Stürmisch bewegt mit grössler Vehemenz/ Scherzo/ Adagietto/ Rondo finale. Allegro- Allegro giocoso- Frisch). Para esta versión, Nagano cambió al concertino y formó la orquesta a la alemana (segundos violines y violas hacia la derecha del escenario, violoncellos al medio y contrabajos detrás de los primeros violines), para lograr una mayor profundidad sonora y resaltar los diferentes grupos de instrumentos. A pesar de que ofreció una muy buena versión, caracterizada por innumerables sutilezas y por ser quizás muy emotiva, no logró igualar a la monumental versión ofrecida por Simon Rattle, que se destacó por ser brillante desde todo punto de vista. Nagano no logró el vuelo que debe tener el 2° movimiento (Stürmisch bewegt), que –acorde a su título- debe ser ejecutado con vehemencia. Y hubo un desacople muy notorio en la entrada de los cornos al inicio del 3° movimiento. A partir de allí, se marcó un punto de inflexión donde la orquesta comenzó a remontar un sonido espléndido, que prevaleció hasta el final. Tras ser largamente aplaudida y ovacionado, Kent Nagano decidió no hacer bises, ya que no se puede tocar otra cosa después de una obra tan monumental y compleja como esta particular sinfonía.
            Según opinión personal, una prefiere escuchar una muy buena versión de la mencionada obra de Mahler de tanto en cuando que comparar dos versiones de la Sinfonía durante el mismo año. Una cree que los programadores de conciertos debieran ponerse de acuerdo previamente para no repetir dos veces el  mismo repertorio. De esa manera,  el periodista especializado pueda relajarse y disfrutar de la música antes que entrar en comparaciones odiosas, que no le resta para nada mérito al tremendo esfuerzo y a la pasión por parte de Kent Nagano al frente de una excelente orquesta, que pese a estos pequeños tropiezos, brilló sobre el escenario del Colón

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