martes, 13 de marzo de 2018


LLAMATIVAMENTE CONTENIDO

Teatro Colón, Temporada 2018, Ciclo de Interpretes Internacionales: Presentación de la Orquesta Filarmónica de Viena, Dirección: Gustavo Dudamel. Programa: Obras de Brahms y Tchaickovsky. 10 de Marzo de 2018.

NUESTRA OPINION: BUENO.

  Como viene ocurriendo desde 1965, la Filarmónica de Viena regresa a la Argentina con un frecuencia de promedio de alrededor de 16 años entre cada presentación. La primera (1965) de la mano del legendario Dr. Karl Böhm y las posteriores (1985 y 1999), con otro legendario, Lorin Maazel, en su podio. Programas con obras que por muy conocidas adquieren en proyección sumo compromiso: Quinta de Beethoven, Primera de Brahms, Suite de “El Pájaro de Fuego” (versión de 1919) de Stravinsky, Suite de “El Caballero de la Rosa”, “Así Hablaba Zarathustra” y “Don Juan” de Richard Strauss,  Octava sinfonía “Inconclusa” de Schubert, Primera Sinfonía “El Titán” de Mahler, mas la consabida y bienvenida secuencia de bises conformados por valses, polcas y/o gallops de la Familia Strauss u obras como la “Leonora Nº 3” de Beethoven. Por eso y a sabiendas de que la Orquesta comenzó la presente gira con sus “Tournee” habituales en Estados Unidos (Carnegie Hall y Naples [Florida]) y en México (D.F.), con obras de Berlioz, Mahler, Ives, Mozart y Tchaickovsky, sorprendió y mucho que en la continuidad de la misma (Bogotá, Santiago de Chile y Buenos Aires) la programación se haya circunscripto a Tchaickovsky y a Brahms y solo para un concierto en cada una de ellas (Para Chile, únicamente Brahms).  Impactó negativamente la decisión de la programación, a la que deberíamos calificarla de decepcionante ya que Brahms estuvo representada por la “Obertura para un Festival Académico”, Op. 80 y las “Variaciones sobre un Tema del Coral de San Antonio de Haydn” del Op. 56, las que si bien son un desafío en sí mismo para todo Director que se precie de serlo, parecen trabajos de un carácter menor para una única presentación en una sala a la que han honrado en cada visita con programación de altísima exigencia. En cambio la Cuarta Sinfonía en Fa menor, Op. 36 de Tchaickovsky es un reconocido “Caballito de Batalla” del repertorio del gran Director Venezolano que la acometió en la sala del Colón  con tan solo 19 años y de memoria al frente de la Simón Bolivar casualmente al año siguiente de la ultima visita de la “Philarmoniker”. Si tenemos en cuenta perfomances memorables de la dupla Dudamel-Sinfónica Simón Bolívar cuyo pico máximo lo marcó la inolvidable versión del 2011 de la Séptima de Mahler (“Canción de la Noche”), mayor es entonces la decepción experimentada con obras que pueden conformar un Concierto de los que se ofrecen a nuevos públicos en la “Usina del Arte”, pero no para el altar mayor de la música de América Latina. Un programa de una duración total de música de una hora quince minutos aproximadamente suena hasta a amarrete.

 Las dos  obras de Brahms encaradas en la primera parte tuvieron ajuste, el característico e inalterable sonido de la “Wiener Philarmoniker” con una tersura y un sonido mate incomparables, pero lució de manera incompresible  la contenida gesticulación y marcación de Dudamel, acrecentada en los pasajes en donde el colorido de las páginas exige justamente toda la extroversión que a el se le reconoce, por lo que el resultado fue de versiones prolijas, de muy buena sonoridad, pero carentes de mayor emotividad y expresividad.

  Otro tanto le cabe a los dos primeros movimientos de la Cuarta de Tchaickovsky y aquí sí, la sorpresa es aún mayor ya que le reconozco a Dudamel, sabiduría y pericia a la hora de acometerlos. Solo en el tercer movimiento con un extraordinario e inolvidable “Pizzicato” y en el decisivo cuarto pudimos escuchar verdaderamente la Cuarta. Demasiado poco.

  Y los bises estuvieron en la misma línea. Sabemos que es un “año Bernstein”. Que además de buen compositor, como Director de Orquesta forjó con la Wiener Philarmoniker una asociación formidable por mas de treinta años de mutua colaboración . Pero que la obra elegida como “encore” sea un movimiento del “Divertimento para Orquesta de Cuerdas” suena a poco y finalmente una “Polca” de los Strauss en donde por fín ahí sí escuchamos a la Filarmónica de Viena en su esplendor y tocando virtualmente por si sola. Demasiado poco y muy contenido para tanta expectativa.

Donato Decina

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