Estupendo concierto de apertura de la Sinfónica Nacional en el Palacio Sarmiento
LOS MEJORES, CON MAESTRÍA Y CRITERIO
Martha CORA ELISEHT
Ha comenzado un nuevo año y, por ende, un nuevo ciclo de conciertos de la
Orquesta Sinfónica Nacional. La distinguida agrupación inauguró su temporada 2025 el
pasado viernes 28 de Febrero de la mano de su principal director invitado -Emmanuel
Siffert- en el Auditorio Nacional del Palacio Domingo Faustino Sarmiento, donde
participó en calidad de solista el cuarteto de trombones VIENTO SUR integrado por
Carlos Ovejero, Pablo Fenoglio, Enrique Schneebelli y Jorge Urani para interpretar el
siguiente programa:
- Concierto par cuarteto de trombones y orquesta- Gerardo GARDELIN (1965)
- Sinfonía n°2 en Mi bemol mayor, Op.63 (en memoria de HM Eduardo VII)- Sir
Edward ELGAR (1857-1934)
Con un orgánico prácticamente completo, la orquesta realizó su presentación sobre
el escenario para la tradicional afinación de instrumentos a cargo del concertino
Gustavo Mulé tras lo cual, los solistas y el director hicieron su presentación sobre el
escenario. El mencionado cuarteto de trombones se formó en 2002 y sus integrantes se
desempeñan como solistas de dicho instrumento en las principales orquestas del país:
Carlos Ovejero y Pablo Fenoglio, como trombones tenor en la Sinfónica Nacional y
Estable del Teatro Colón y, en el caso de Enrique Schneebelli y Jorge Urani, como
trombones bajo en la Estable del Colón y Sinfónica de Córdoba respectivamente. Se
caracteriza por presentar un estilo innovador y un sonido versátil, compacto,
contundente y muy bien equilibrado. Realiza numerosas giras internacionales y ha
participado en los principales festivales para dicho instrumento en Estados Unidos (Salt
Lake City en Utah, Fort Myer en Virginia y Austin y Lubbock en Texas, entre otras
ciudades), en Brasil (Segundo Festival “Carlos Gomes”, Campinas) desde 2008 hasta la
fecha y en Argentina, en el Festival Trombonanza, que se organiza todos los años en la
ciudad de Santa Fe. También han realizado numerosas giras por el interior del país,
donde actuaron junto a las Orquestas Sinfónicas de Córdoba, de Santa Fe, de Rosario y
Orquesta de la Universidad Nacional de Tucumán. Asimismo, han ofrecido numerosas
clases magistrales en las universidades más importantes de Estados Unidos desde ese
mismo año y grabaron dos discos: Del sur y otros aires (2008) y Tango (2010) con
obras para cuarteto de trombones de diversos compositores argentinos (Gerardo
Gardelin y Gerardo Schiavon) y otros autores como Jan Koetsier, Irvin Wagner y
Duvensky.
Precisamente, el Concierto para cuarteto de trombones y orquesta de Gardelín fue
estrenado por VIENTO SUR junto a la Orquesta Sinfónica de Oklahoma en Stillwater
(Minnesota, Estados Unidos) en 2017 e interpretado por primera vez en el país junto a
la Orquesta Sinfónica de Santa Fe en 2019. Posee tres movimientos y se inicia con un
Allegro in tempo di malambo a cargo del cuarteto solista en diálogo con la orquesta,
caracterizado por muy buenos contrapuntos entre el cuarteto de trombones con los
metales, percusión y maderas. Asimismo, el diálogo entre los trombones tenores y bajos
fue de una perfección absoluta, donde Pablo Fenoglio llevó la voz cantante seguido por
Enrique Schneebelli, seguido de un muy buen solo de Carlos Ovejero en contrapunto
con Schneebelli y Urani. A continuación, un cantábile en cuerdas anuncia el segundo
tema antes del solo de trombón bajo -magnífico desempeño de Jorge Urani- seguido por
el resto del cuarteto hasta recapitular en el malambo inicial, que cierra con un poderoso
tutti orquestal. El segundo movimiento (Andante cantábile) abre con una balada a cargo
del trombón tenor seguido por el resto y, posteriormente, por la orquesta con una
melodía de fuerte impronta romántica -de hecho, remeda al 3° movimiento de la
Sinfonía n°2 de Rachmaninov- cuyo desarrollo va in crescendo con el cuarteto y la
orquesta. Cada uno de los trombonistas se lució en sus respectivos solos y en la fuga
final, para dar fin con otro tutti orquestal de manera abrupta. En cambio, en el
movimiento final (Allegro enérgico) abre la orquesta y luego, el cuarteto de trombones
se acopla desarrollando una serie de variaciones sobre el tema principal, de carácter
dramático, que alterna con un segundo tema (Lento) que brinda cierto clima de misterio,
tomado con gran brillo por el cuarteto solista. Una magnífica interpretación donde el
sonido y la maestría fueron lo primordial hasta tal punto, que el Auditorio Nacional
estalló en aplausos y vítores luego de la misma, hecho que motivó a los solistas a
ofrecer un bis: un inusual arreglo para cuarteto de trombones de la tradicional zamba
Paisaje de Catamarca, de Rodolfo “Polo” Giménez, que sonó brillante (hasta tal punto,
que daban ganas de cantarla). Los músicos se retiraron sumamente aplaudidos tras este
nuevo logro.
La obra de fondo elegida para esta ocasión fue la Sinfonía n°2 en Mi bemol mayor,
Op.63 de Elgar, compuesta entre 1909 y 1911 y dedicada al rey Eduardo VII de
Inglaterra. Su estreno se produjo en el Festival Musical de Londres en 1911 con el
compositor al podio, quien la definió como “el apasionado peregrinaje del alma”.
Prueba de ello es su poderosa orquestación -requiere de un orgánico prácticamente
completo que lleva cuerdas, maderas por 3, metales por 3, tuba, clarinete en Mi bemol,
2 clarinetes en si bemol y clarinete bajo, corno inglés, contrafagot, 2 arpas y abundante
percusión- y los diferentes motivos que aparecen en los 4 movimientos en los cuales se
divide la obra (Allegro vivace e nobilmente/ Larghetto/ Rondo/ Moderato e maestoso).
El Allegro vivace e nobilmente inicial se inicia con intervalos amplios en las cuerdas y
maderas altas, sujeto a fluctuaciones métricas asombrosas, que le dan mucha
expresividad y pasión (“tremendous in energy”), según palabras de su propio autor. Le
sigue un bellísimo tema lírico a cargo de las arpas seguido de un largo episodio
espectral a cargo de los trombones y la tuba, que Elgar definió como “una especie de
influencia maligna deambulando por el jardín en la noche de verano” dado por el
“motivo fantasma” en los violines. Mediante una serie de capitulaciones y
elaboraciones complejas, el movimiento más largo de la obra -dura alrededor de 17
minutos- culmina con una coda con final virtuoso. El 2° movimiento (Larghetto) es una
marcha fúnebre de carácter elegíaco de gran belleza tonal debido a la muerte del
monarca en 1910. El Rondó del 3° movimiento hace las veces de scherzo y estuvo muy
bien logrado por los integrantes de la orquesta merced a la magistral dirección de
Emmanuel Siffert, quien se lució por su marcación, empaste y dominio de tempi para
culmina con un final brillante. El movimiento final (Moderato e maestoso) es tan o más
elaborado que el inicial, escrito en forma de sonata donde se intercalan tres melodías, de
las cuales, una alude a Hans Richter, quien fuera promotor de la música de Elgar. A
pesar de poseer un desarrollo brillante, el final culmina en pianissimo, que se va
esfumando lentamente hasta que la melodía desaparece. La versión ofrecida por la
Sinfónica Nacional fue estupenda, con un gran logro de todos los matices desplegados
en esta sinfonía de modo solemne, brillante y, al mismo tiempo, dramático. Los grupos
de instrumentos principales se destacaron en su conjunto, a modo de solistas. No es una
obra que se interprete muy a menudo – de hecho, se interpretó en el Colón el año pasado
por la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires bajo la dirección de Wolfgang Wengeroth-
y la orquesta brindó una excelente versión merced al profesionalismo de sus integrantes.
El Auditorio Nacional se puso de pie al finalizar el concierto, donde tanto el director
como los músicos fueron intensamente aplaudidos.
Cada vez que Emmanuel Siffert dirige a la Sinfónica Nacional se establece un
romance que se traduce en versiones caracterizadas por su brillo, fuste y enjundia.
Prueba de ello fueron las magistrales interpretaciones de Vida de Héroe de Richard
Strauss y el War Requiem de Benjamin Britten ofrecidas el año pasado y el concierto
inaugural de la presente temporada continúa en la misma línea. Sería ideal su
designación como director estable de la mejor orquesta sinfónica del país, ya que ha
dado pruebas de sobra para merecerlo.
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