sábado, 18 de junio de 2022

 El viernes 10/6 se presentó la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires bajo

la batuta del M°B.Bronnimann en el Teatro Colón con un concierto que va a ser digno de recordar. En la primera parte, el Concierto N° 2 de Bela Bartok, estrenado en Argentina en 1953 por la Sinfónica de Buenos Aires con la conducción del M° V. Tevah y como solista  Eduardo Acedo, se puede apreciar que Bartok no era solo un experto neoclásico que dominaba sabiamente el contrapunto, sino que también era capaz de lograr una profunda intensidad lirica.
Siendo una de las obras básicas del repertorio concertante del Siglo XX , en donde el compositor muestra una radiancia especial, en parte por la instrumentación de la obra, Xavier  Inchausti, en un indiscutible "tour de force", brindó una excelente versión  Demostró su virtuosismo para llevar adelante esta partitura, suficientemente "endiablada" para el solista, a quien la orquesta acompañó eficientemente de la mano del gran director, M° Bronnimann, quien, con pocos ensayos logró un sonido diáfano de la OFBA.
En la 2° parte se interpretó la Sinfonia N° 14 en sol menor, Op.135 de D. Shostakovich, obra poco transitada por nuestras orquestas, estrenada en Buenos  Aires el 11/09/1975 por  el Ensamble Músical de Buenos Aires con la batuta del M° P. I. Calderón. En esta obra puede escucharse el empleo de series dodecafónicas, alejándose a menudo de la tonalidad, a la que el autor había vuelto luego de su  5° Sinfonía
Aquí  los solistas Daniela Tabernig ( soprano) y Alejandro Spies (baritono) desplegaron su calidad vocal en cada una de sus intervenciones, muchas de ellas además  acompañadas por los solos de cello de Benjamín Báez, quien mostró un bellísimo sonido en la ejecución
Despidió el público a los artistas con inacabables aplausos, teniendo, por ejemplo, el M° Inchausti,  que retornar al escenario en varias oportunidades por ser aclamado por los presentes

                                                                      Marta Lugo de Palacio

viernes, 17 de junio de 2022

 

Tres chilenos en triunfales direcciones…

                                                                                        Por Jaime Torres Gómez

 

Ha sido asombroso el nivel de recuperación de la actividad musical en pandemia, pudiendo asistirse a una apreciable cantidad de presentaciones en diversas instituciones.

 

Lo anterior no ha dado espacio para consignar todo lo visto, y de ahí la tardanza en publicar las críticas… dando cuenta de un saludable estado de normalización de las actividades, amén de contemplarse propuestas con mayor valor agregado ante la creciente concurrencia de un público cautivo allende los avatares pandémicos…

 

Dentro de lo presenciado, es menester destacar tres relevantes presentaciones a cargo de jóvenes y talentosos directores nacionales con circulación internacional, como Paolo Bortolameolli, Luis Toro Araya y Lautaro Mura.

 

En el caso de Paolo Bortolameolli, de importante internacionalidad como Residente de la prestigiosa Filarmónica de Los Ángeles más relevantes actuaciones de invitado con orquestas de rango mundial, recientemente se le vio como flamante Titular de la Sinfónica Nacional Juvenil luego de un importante titularato de Maximiano Valdés, y debutando con un deslumbrante concierto realizado en la magnífica sala de Corpartes, de privilegiadas condiciones acústicas y actualmente facilitada a esta agrupación para el desarrollo de su temporada.

 

Esta presentación en sí constituyó un multivariado hito, en cuanto confluyeron varios elementos como el debut de un renovado orgánico de músicos -prácticamente en su totalidad-, asimismo la presencia de las nuevas autoridades de la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles (Foji), encabezadas por la actual Primera Dama de la Nación junto al nuevo Director Ejecutivo, el destacado compositor nacional Miguel Farías, y musicalmente, como relevante hito, el estreno mundial del Concierto para Piano de Jorge Peña Hen, emblemática figura de la música nacional asesinado en 1973…, proyecto postergado tras el estallido social y luego por la pandemia.

 

Tratándose de una obra de juventud dedicada a su futura esposa, se aprecia una exploración de una variopinta estética, signada por un eclecticismo post romántico de atractivos giros modernistas con influencias de Paul Hindemith, Max Reger, y algo de Arthur Honneger, Sergej Rachmaninoff e incluso del chileno Domingo Santa-Cruz (en el tratamiento del contrapunto).

 

No obstante disponer de una idiomática escritura pianística más un buen manejo de la orquestación, su relato a ratos se torna divagatorio (especialmente el tercer movimiento) e incluso prosopopéyico, amén de un manejo ineficiente de la economía discursiva (innecesariamente largo…). Así, disponiendo de méritos para incorporarlo con relativa jerarquía a la literatura de piano y orquesta chilena, empero no llega a las cimas de los conciertos de Enrique Soro, Gustavo Becerra, Alfonso Leng, Alfonso Letelier, Domingo Santa-Cruz, Juan Orrego Salas y Juan Allende-Blin

 

Excelente cometido de la destacada pianista rusa radicada en Chile Svetlana Kotova -fundamental en el rescate de esta obra-, obteniendo precisa digitación y soberbio manejo de los planos sonoros. Y la alada labor de concertación de Bortolameolli, del mayor encomio en ajuste grupal y calidad de sonido.

 

Luego, en la segunda parte, se presenció una atrapante versión de las Suites 1 y 2 del ballet El Sombrero de 3 Picos” de Manuel de Falla, donde Bortolameolli se mostró soberanamente idiomático, auscultando toda la frescura emanada de la propia partitura. Grandes logros en colores, timbres, transparencias y neurálgico pulso, obteniendo de los jóvenes músicos una entrega de contagiosa vitalidad y excelencia global, dando cuenta de un revitalizado liderazgo de continuidad al reconocido trabajo formativo por décadas.

 

Por su parte, el concierto de la Orquesta de Cámara de Chile, organizado por la Corporación Cultural de Las Condes y realizado en un grato espacio contiguo de la Parroquia San Vicente Ferrer, estuvo deslumbrantemente dirigido por Luis Toro Araya, multipremiado maestro chileno en relevantes concursos internacionales. Dentro de su ascendente carrera, hoy ostenta el cargo de Director Asistente de la prestigiosa Orquesta Nacional de España, posición ganada en un concurso internacional ante varias decenas de postulantes.

 

Abrió con una notable versión de la Obertura Coriolano, de L.V. Beethoven, exhibiendo completo dominio de la obra. Idiomáticos logros en carácter (de trágicos tintes), contrastes temáticos (calibrados fortes y delicados pianissimi) y certeras exposiciones globales. Fabulosa respuesta de los camaristas chilenos ante los autorizados requerimientos de la joven y talentosa batuta.

 

Posteriormente, con radical giro programático, una impactante entrega del Divertimento para Cuerdas de Béla Bartók, obra de extremadas dificultades técnicas (como toda la producción bartokiana…). Con irreprochable idiomatismo, Toro Araya hilvanó un discurso interpretativo sin sinuosidades, obteniendo una respuesta de completa adherencia de los camaristas nacionales. Notable trabajo de articulaciones, transparencias, planos sonoros y matizaciones. Grandes logros de conjunto e individuales, especialmente los solos del concertino, Hernán Muñoz.

 

Como última obra, una versión de importantes logros de la Sinfonía N° 59 (“Feuer”, “Fuego”) de F.J. Haydn. Siendo una obra de magnética expresividad, a lo largo de sus cuatro movimientos existe una atractiva variedad de contrastes que en su conjunto proveen una progresiva linealidad auditiva. Notables aciertos en carácter y estilo, asimismo un artesanado trabajo de texturas y dinámicas, elementos de elocuentes méritos para calibrar el talento de un emergente talento nacional de la dirección de orquesta, esperando se le pueda ver prontamente en mayores colaboraciones con más orquestas del país.

 

Finalmente, una importante presentación de la Orquesta Clásica de la USACH dirigida por Lautaro Mura. Este talentoso director, al igual que Paolo Bortolameolli, ha sido formado por David del Pino Klinge, complementando luego sus estudios en Alemania, país donde actualmente reside, y donde está vinculado principalmente a ensembles de música contemporánea.  

 

Por su parte, la labor de la Orquesta de la USACH -injustamente, a veces-, no ha tenido una ideal cobertura mediática, circunscribiéndose (quizás, en exceso…) a un ámbito universitario sin mayor visibilidad nacional, máxime al tratarse de una agrupación de excelencia… esperándose pueda ampliarse su alcance geográfico en lo pronto.     

 

Con un atractivo programa clásico-romántico que incluyó el Idilio de Sigfrido de R. Wagner y la Cuarta Sinfonía de L.V. Beethoven, constituyó una inmejorable plataforma para apreciar la musicalidad de Lautaro Mura, dando muestras de una solvente formación artística y técnica.

 

En el caso del Idilio wagneriano, si bien al inicio se dio un espesor sonoro algo grueso más cierto desbalance entre las voces instrumentales, a poco andar hubo una debida amalgama perfectamente correlacionada al certero discurso interpretativo del maestro Mura, con inteligente adopción de tempi, transparencias y empáticas resoluciones de carácter.   

 

Y con una gran versión de la Cuarta beethoveniana se puso término a esta solidísima jornada de la Orquesta USACH, que por años ha brindado importantes aportes a la difusión de atractivos repertorios y a buenos niveles de entrega. Grandes logros en claridad y linealidad discursiva, desde un hipnótico logro de lo  misterioso discurrido en la primera sección del primer movimiento (notable la entrada dada al primer acorde) más una vitalidad irrefrenable en los desarrollos posteriores en toda la obra, signado de hermosos fraseos, soberbio manejo de las dinámicas, contrastes y balances, amén de una respuesta con extraordinario sentido de ensemble de toda la orquesta. Un triunfo artístico superior     

miércoles, 15 de junio de 2022

 Ciclo Grandes Intérpretes

 

Muy buen recital de Roberto Alagna

 

Teatro Colón

Martes 14 de junio de 2022

 

Escribe: Graciela Morgenstern

 

 


Roberto Alagna, tenor
Irina Dichkovskaia, piano


Édouard Lalo: "Vainement ma bien aimée", de "Le roi d´Ys"
Luigi Cherubini: "Suspendez à ces murs", de "Les Abencérages"
Jacques Halévy: "Rachel quand du Seigneur", de "La Juive"
Frédéric Chopin: Nocturno en re bemol mayor Op. 2 Nº 2
Giuseppe Verdi: "O figli, o figli, miei", de "Macbeth"
Ruggero Leoncavallo: "Si puo" (Prólogo), "O Colombina", "Vesti la giubba", de "I pagliacci"
Ruggero Leoncavallo: "Au clair de la Lune", de "Sérénade française"
Riccardo Drigo: "Les Millions d’Arléquin"
Vincenzo Di Chiara: "La Spagnola"
Frédéric Chopin: Fantasía Impromptu en do sostenido menor
Rodolfo Falvo: "Dicitencello Vuje"
Giuseppe Cioffi: "Na sera ‘e Maggio"
Ernesto Tagliaferri: "Passione"
Frédéric Chopin: Vals en re bemol mayor Op. 64 Nº 1
Eduardo di Capua: "Io te vurria vasà"
Ernesto De Curtis: "Torna a Surriento"

 

 

Siempre es celebrada la presentación de un cantante de fama internacional en nuestro medio. En esta oportunidad fue el tenor Roberto Alagna, dentro del ciclo "Grandes Intérpretes", acompañado al piano por Irina Dichkovskaia

 

El paso de los años hizo que su voz tomara algunos tintes más oscuros, pero no perdió "squillo", los agudos siguen potentes y su entrega y simpatía lo convierten en un favorito del público.

 

La primera parte del programa estuvo integrada por arias de óperas francesas e italianas, algunas de ellas raras en el repertorio de nuestro teatro. Así fue que se pudieron escuchar: "Vainement ma bien aimée" de "Le roi d´Ys", Édouard Lalo; "Suspendez à ces murs" de la ópera "Les Abencérages", de Luigi Cherubini y
"Rachel quand du Seigneur", de "La Juive", Jacques Halévy. Si bien fue interesante la experiencia, Alagna incurrió en un canto monótono, sin matices, con una emisión un tanto forzada.

 

Ya en el plano de laópera italiana, logró la mejor interpretación de esta etapa con "O figli, o figli, miei", de "Macbeth", de Giuseppe VerdiTras lo cual encaró tres arias para diferentes cuerdas, de "I pagliacci", de Leocavallo. La primera, "Si puo" (Prólogo) es para barítono, y evidentemente, la voz tenoril de Roberto Alagna no es la adecuada, por lo que su versión fue apenas correcta y sin mayor trascendencia. Entonces, interpretó el "O Colombina", que requiere una voz más liviana, para cerrar con "Vesti la giubba", en la que evidenció una notoria fatiga vocal.

 

Tras el intervalo, un nuevo Alagna se presentó ante el público. Cantó una serie de canciones francesas e italianas. Y ahí se vio el gran tenor que es. Más relajado y evidentemente cómodo en el repertorio, abrumó con los "pianissimi", el fraseo y puso hondo sentimiento a todo lo que interpretó.

 

La pianista Irina Dichkovskaia realizó una buena actuación tanto en el acompañamiento como en las tres obras de Chopin que ejecutó.


Después de la maravillosa actuación del tenor en esta última parte del programa, el público, fascinado, deliró y Alagna correspondió con generosidad a tanto entusiasmo. Once fueron los bises que cantó, algunos acompañados al piano y otros a capella. Uno de los más aplaudidos fue "La malagueña", con sus largas notas en falsete. Finalmente, cerró con un fragmento de "El día que me quieras", a capella. Un público efervescente lo despidió.

 

En resumen, resultó ser un muy buen concierto.

 

CALIFICACION: MUY BUENO 

 

Recital del Tenor Roberto Alagna

Irina Dichkovskaia (piano)

Teatro Colon 14/06/2022

En otra noche de fiesta para los melómanos habitués del Teatro Colon, se presentó el tenor francés de origen siciliano, Roberto Alagna.

Una vez más, después de Joyce Di Donato y Piotr Beczala, podemos apreciar un cantante de primer nivel sobre el escenario del Teatro Colon, aunque siempre en la misma modalidad de concierto. Y no es que no apreciemos los conciertos de cantantes líricos ni mucho menos; es que ya va siendo hora de que podamos disfrutar del arte de estos grandes artistas de primera categoría interpretando una ópera completa; personificando un rol en toda su plenitud artística. Es de esta manera en la que podemos considerar a nuestro amado teatro en el nivel de los grandes teatros del mundo.

Roberto Alagna, cautivó al público presente con su bella voz, su carisma, y sobre todo por su magnífico oficio. Cierto es que no todo fue perfecto, pero es innegable que sabe, como pocos,  cautivar con su expresión, su voz  y su entrega a quienes asistieron a escucharlo.

Roberto Alagna, es uno los de tenores más destacados de la actualidad,  y sabe regular el esfuerzo de semejante recital, sorteando con profesionalismo algún que otro momento de dificultad vocal que a otro cantante le hubiera sido objetado.

Comenzó su concierto con tres hermosas arias, poco frecuentadas y novedad para muchos que fueron. La ” Aubade”, de Le Roi d’ Ys de Lalo; “Suspendez a ces murs”  de Les Abencérages de Cherubini y el aria de Eleazar, de La juive de Halevy “Rachel, quand du Signeur”; todas muy bien cantadas.

Continuó con tres arias de I Pagliacci: “Prologo”, esta cantada fuera de su registro y que al parecer le trajo alguna molestia y luego, ya si en tesitura de tenor, “O Colombina” y “Vesti la giubba”.

Ya en la segunda parte, Alagna estaba a sus anchas interpretando hermosas canciones del repertorio italiano con las cuales enloqueció al público.

Muy generoso, interpretó once bises, de los más variados repertorios, algunos  “ a capella”, que llevaron al tenor a una noche triunfal. Su interpretación de “La Malagueña”, de Ramirez y Galindo, causó furor en los presentes por sus largos fiatos.

La pianista acompañante Irina Dichkovskaia, fue correcta en su trabajo junto al tenor y en las piezas de Chopin que interpretó como solista.

En síntesis; una gran noche con un tenor que llegó al corazón del público del Teatro Colon. Esperemos poder apreciarlo pronto en escena en algún rol de su repertorio actual.

Roberto Falcone

martes, 14 de junio de 2022

 

TRIUNFAL PRESENTACION DEL FAURE QUARTETT

 

Mozarteum Argentino, Temporada 2022.  Presentación del Faure Quartett (Alemania): Erika Geldsetzer (Violín), Sascha Frömbling (Viola), Konstantin Heidrich (Violonchlo), Dirk Mommertz (Piano). Programa: Obras de Mahler, Faure y Brahms. Teatro Colón, 13/06/22.

 

NUESTRA OPINION: EXCELENTE.

 

  Una vez más el Mozarteum Argentino permitió al público local la posibilidad de apreciar a una alta expresión de la música de cámara como lo es el Faure Quartett, integrado por Erika Geldsetzer en Violín, Sascha Frömbling en Viola, Konstantin Heidrich en Violonchelo y Dirk Mommertz en Piano, quienes se presentaron para abordar un programa integrante compuesto por  obras del Post-Romanticísmo en las que descollaron en calidad.

 

  La sesión se inició con el movimiento para cuarteto con piano en La menor de Gustav Mahler obra en mi caso largamente esperada  que debió interpretarse durante los célebres “Festivales Argerich” que Ntra. Inmensa pianista organizaba en la misma sala del Teatro Colón y que por razones de fuerza mayor no pudo hacerse.  Concebida por el compositor en sus años de conservatorio, la obra nos muestra a un joven creador ya muy resuelto y decidido con escritura muy personal la que llamativamente no volverá a encontrarse en alguna de sus obras de mayor enjundia como si ocurre (entre otras) en sus sinfonías posteriores. Intenso, profundo y de amplio desarrollo discursivo deja espacio para el lucimiento de cada interprete del conjunto. De muy buena recepción por el público presente, se convirtió en el comienzo ideal ante lo que luego sobrevino.

 

  Como corolario de la primera parte, hubo música de quién bajo su advocación toma el nombre el conjunto: Gabriel Faure a través de su Cuarteto Nº1 en Do menor marcado con el Op.15 de su producción. Compuesta alrededor de 1877, esta obra presenta la tradicional disposición de cuatro movimientos. Más allá de algunas influencias que pueden ser reconocidas de compositores de prestigio de esa época, la obra tiene un “sabor” típicamente francés. Transcurre describiendo muchos estados de ánimo que van desde la enjundia del primer movimiento, hacia la introspección y pesadumbre que refleja el “Adagio” que sigue, para luego virar hacia sutilezas que conducen a un cierre brillante. Aquí sí el pianista Dirk Mommertz se erige en columna vertebral del conjunto, entregando acentuaciones y sutilezas por igual, una vigorosa interpretación de la violinista Erika Geldsetzer, para luego ver que Sascha Frömbling es un violista que no pasa para nada desapercibido y que encontramos en Konstantin Heidrich a un Violonchelista sencillamente formidable, exquisito y con una admirable profundidad de sonido. Versión para el recuerdo magníficamente recibida y justicieramente ovacionada.

 

  Para el cierre una de las obras más testimoniales de toda la producción de Johannes Brahms: el Cuarteto con Piano Nº 1, op. 25 en donde sobrevuela el espíritu de su permanente contacto y estrecha relación con Clara Wieck y Robert Schumann. Obra de sostenido discurso, vehemente, con el lenguaje que bien se le conoce, es uno de los más grandes trabajos del compositor y el Faure estuvo a la altura de semejante compromiso, en donde a las cualidades ya mencionadas para el cuarteto del creador galo, se le agrega el apasionamiento que cada integrante puso en la interpretación que rayó en la más absoluta excelencia, alcanzando el pico en las variaciones en estilo gitano que culminan la obra y que motivaron la electrizante reacción del público.

 

  Dos piezas bien contrastantes fueron ofrecidas fuera de programa ante la insistencia del público: Un tango de compositor argentino cuyo nombre no pudo oírse en el anuncio del violista debido al cuchicheo del público y una exquisita versión de cuarteto de “Apres un Reve” de Faure. No podía ser de otro modo.

 

Donato Decina

 EL MORO SE PASEO POR LA USINA


Siempre es bienvenido y para celebrar el esfuerzo de compañías independientes en presentar espectáculos operísticos de calidad.
Si a ello sumamos la experiencia de algunos artistas que trabajan con una enorme cantidad de jóvenes haciendo escuela en algo tan difícil como el arte y además es de acceso gratuito para el público se crea una combinación irresistible.

Y así fue este Otello en la Usina del Arte que dio un marco espléndido al estar en más de 80% cubierta su capacidad en una fría tarde de domingo.

La obra, elección más que desafiante...uno de los máximos exponentes de la adultez compositiva de Giuseppe Verdi, la historia del moro de Venecia.

Vamos al análisis: Creativa propuesta escénica como nos tiene acostumbrados el Festival Opera Buenos Aires, que hacen maravillas con medios económicos más que ajustados y seguramente más de algún billete salido del bolsillo de los propios protagonistas.....

La orquesta....muy jóvenes y algunos instrumentistas expertos que actuaron como verdaderos profesionales...vaya el reconocimiento al maestro preparador Ramiro Soto Montllor.
La experiencia del ya conocido en nuestro medio maestro Helge Dorsch nos regaló una representación con la vena italiana y el nervio a flor de piel. Todos los colores de la partitura salieron a la luz. Excelente! ( Al maestro Dorsch no le podremos ofrecer dirigir en nuestro máximo coliseo en vez de algunos pseudo renombrados?)

Los cantantes, salvo la fundadora y directora maestra Graciela de Gyldenfeldt, toda sangre nueva.

Hermoso el empaste y sonido del coro juvenil del que además salieron los papeles coprimarios. Al director  Damián Roger vaya la merecida distinción

Otello fue encarnado por el tenor Gabriel García; timbre consistente, excelente actor que supo mostrar todas las facetas del personaje y un canto heroico muy destacado. Un hallazgo!

Iago encarnado por el barítono Matías Tosi, quien además asumió la regie. En buen estilo verdiano con un canto que trajo reminiscencias de grandes intérpretes del siglo pasado. Sobre el final se notó un poco el cansancio vocal...y no era para menos porque hubo una entrega generosa en todo su trabajo!

Desdémona en la voz de la directora y fundadora maestra Graciela de Gyldenfeldt aportó sabiduría,experiencia y oficio, especialmente en el cuarto acto donde se ganó todos los aplausos.

Agradecido como asistente de haber disfrutado de una versión para recordar...y preparando para el Turandot de octubre...en la misma sala.

Valoración MUY BUENO

                                                                                                   Andrés Berretta




lunes, 13 de junio de 2022

 

Monumental concierto de música barroca a cargo del Ensamble FULMINI en el CCK

 

UNA MAESTRÍA EN EXQUISITEZ Y BUEN GUSTO

Martha CORA ELISEHT

 

Ciudad de Astengo, Echesortu y Casas;

Cuna del onorevole Benvenuto.

En ti se han fundido cuatrocientas razas;

Pero nunca ha salido un gringo bruto.

Sin lugar a duda, los versos del gran caseur Arturo Palenque Carreras definen a  Rosario como uno de los grandes epicentros de la cultura nacional. Cuna de numerosos artistas, pintores y escritores, es también la sede del Ensamble FULMINI de música barroca, creado hacia fines de 2012 y cuya misión consiste en la interpretación de la música antigua correspondiente al período barroco y clásico con instrumentos de época y docentes especializados en la materia.  Además, sus objetivos comprenden el estudio de la técnica correspondiente a cada instrumento de manera personal y particular y el trabajo de la música desde una perspectiva histórica. La mayoría de sus integrantes son muy jóvenes y no hace falta que emigren para especializarse en este tipo de música, porque luego de haberse capacitado debidamente en Europa, los docentes decidieron hacer escuela en su ciudad natal y de esta manera, formar a los músicos jóvenes. Los instrumentos que utilizan son réplicas de instrumentos antiguos (flauta dulce, flauta piccolo barroca, flauta de pan, oboe d’amore, oboe barroco -cuyo sonido es similar al clarinete-, clave e instrumentos de cuerdas usando cuerdas de tripa), lo que brinda una sonoridad especial, ya que la afinación es diferente de la de los instrumentos modernos (415 Hertz en vez de los característicos 440). Su repertorio está formado principalmente por obras barrocas, que abarca desde tríos hasta obras sinfónico-corales.

Con motivo de celebrar su décimo aniversario, la agrupación se presentó con un concierto en la Sala Sinfónica -Auditorio Nacional- del Centro Cultural Kirchner (CCK) el pasado domingo 12 del corriente. Sus integrantes son: Agustín Tamagno y Diego Nadra (oboes), María Eugenia Montalvo (flauta), Azul Chiavia (fagot), Gustavo Di Giannantonio y Nicolás Toneatto (violines), Lucas Soria (viola), Claudia Di Giannantonio (violoncello), Guillermo Properzi (contrabajo), Jorge Lavista (clave) y Juan Carlos Saez Kovacs (órgano) e interpretaron el siguiente repertorio:

-          “Les caracteres de la danse”- Jean Férry REBEL (1666-1747)

-          Suite de “The Fairy Queen”- Henry PURCELL (1659-1695)

-          Suite Burlesque- Georg Philipp TELEMANN (1681-1767)

Ante la consabida ausencia de programas de mano, el oboísta Agustín Tamagno ofició como presentador y destacó que las obras comprendidas en el repertorio se caracterizaron por ser tres suites que poco a poco, fueron despegándose de la danza y de los textos - motivos originales por los cuales fueron compuestas- para dar prioridad a la música.  En el caso particular de Les caracteres de la danse, Rebel hilvana 12 danzas de la época (Courante, Menuet, Bourée, Chaconne, Sarabande, Gigue, Rigaudon, Passepied, Gavotte, Sonate, Loure y Musette). Tras comenzar con un bello e inspirado Preludio, las danzas seleccionadas por este gran compositor barroco francés representan diferentes estados de ánimo. Curiosamente, Rebel inserta una sonata entre la Gavotte y la Loure para finalizar con otra sonata. La obra fue compuesta en 1715 y ambas sonatas están escritas en estilo italiano. Este tipo de composición ya permite entrever la separación de la música de la danza y fue ejecutada magistralmente con el empleo de instrumentos de época, que le dieron una sonoridad diferente. En el caso particular del oboe d’amore, éste suena como una trompeta barroca, mientras que el oboe barroco, como un clarinete. Todos los instrumentistas demostraron su experiencia y maestría a cargo de cada uno de sus instrumentos, pero le otorgaron exquisitez y buen gusto a cada una de sus interpretaciones. Por otra parte, el hecho de que el contrabajo usara cuerdas de tripa permitió -por momentos- que sonara como un segundo violoncello.

Tras el éxito alcanzado con su ópera Dido y Eneas, Henry Purcell compuso The Fairy Queen (La Reina de las Hadas) en 1692 como una opereta con un prólogo y 5 actos, basada en El sueño de una noche de verano de William Shakespeare. Acorde a la tradición inglesa de la opereta, sólo se podía incluir música en escenas de amor o donde hubiera personajes fantásticos. Purcell propuso que las antesalas de las escenas tuvieran música para que el espectador pudiera imaginar lo que no podía apreciar en escena. El ensamble interpretó algunos fragmentos de esta célebre obra (First music, Hornpipe, Second music, Rondeau, First act tune (Jig), Dance of the fairies, Third act tune: Hornpipe, Act V: Prelude, Monkeys dance y Chaconne), que fueron interpretados con un enfoque muy dinámico, con un fantástico contrapunto entre los tonos agudos y graves y una espléndida labor de todos los instrumentistas.

Georg Philipp Telemann ha sido el compositor más prolífico de toda la música: se estima que su producción abarcó más de 3000 obras, de las cuales sólo se pudieron recuperar 800, ya que muchas se han perdido. En el caso particular de la Suite Burlesque, se denomina así porque los números que integran la misma están inspirados en personajes de la Commedia dell’Arte (Scaramouche, Harlequinade, Colombine, Pierrot, Menuet 1 y Menuet 2, Mezzetin in turc). Tras una breve Obertura al estilo francés, Scaramouche está representado por una música en tono marcial, ya que era quien provocaba las peleas entre los personajes -de ahí deriva el término escaramuza-, mientras que Arlequín era acróbata y por lo tanto, representado por un Allegro vivace; Colombina se representa con una melodía dividida, que le otorga un carácter dulce y conciliador, mientras que el pizzicato en cuerdas es la característica de Pierrot. Telemann introduce un Menuet porque era su danza predilecta, pero lo transforma de tal manera, que cuando se quiere bailar, cambia el ritmo y todos los pasos. Por último, Mezzetin se representa con ritmo de una sarabanda alla turca, donde los oboes emulan el “hic” del borracho para cerrar la obra. Una magistral interpretación para finalizar el concierto.  Tanto gustó, que decidieron hacer como bis un número de otra suite de Telemann: “Los Turcos” de LES NATIONS (Las Naciones), que también reunió las características mencionadas anteriormente en cuanto a su interpretación.

Después de las afortunadas intervenciones de Nikolas Harnoncourt, Helmut Rilling y otros grandes músicos que insistieron que la música barroca debía tocarse con instrumentos originales de época, hubo un auténtico renacimiento de la música de este período, que permitió recuperar su belleza original. Es sorprendente ver que esta tendencia prendió fuerte en el interior del país, donde se crearon numerosas agrupaciones especialistas en música barroca con instrumentos de época. Y es otro auténtico placer poder apreciarlas periódicamente en Buenos Aires para rendir a la música antigua el homenaje que se merece. 

sábado, 11 de junio de 2022

 

Espectacular concierto de Xavier Inchausti y Baldur Brönnimann con la Filarmónica

 

LA VANGUARDIA CON MAESTRÍA, A LA ORDEN DEL DÍA

Martha CORA ELISEHT

 

            La Orquesta Filarmónica de Buenos Aires está pasando por un muy buen momento artístico, con numerosos directores de prestigio internacional dentro de su Ciclo de Abono 2022. Además, cuenta con solistas de primer nivel y fama internacional. Un buen ejemplo de ello fue el concierto ofrecido por la mencionada agrupación sinfónica en el Teatro Colón el viernes 10 del corriente bajo la batuta del suizo Baldur Brönnimann y la participación del concertino titular Xavier Inchausti en calidad de solista, junto con los cantantes Daniela Tabernig (soprano) y Alejandro Spies (bajo) en un programa comprendido por las siguientes obras:

-         Concierto n°2 para violín y orquesta, Sz. 112- Bela BARTÓK (1881-1945)

 

-         Sinfonía n°14 en Sol menor (“De Cámara”), Op.135- Dmitri SHOSTAKOVICH (1906-1975)

El director suizo es un viejo conocido de la Filarmónica y la dirigió en numerosas oportunidades, dejando una excelente impresión en el público habitué. E hizo gala de su maestría al conducir la dificilísima obra de Bartók, que representa un auténtico desafío tanto para la orquesta como para el solista. Fue compuesto entre 1937 y 1938 durante la permanencia de su autor en Europa por encargo del violinista húngaro Zoltán Székely, quien convenció a Bartók de emplear el esquema tradicional de tres movimientos (Allegro non troppo/ Andante tranquilo/ Allegro molto), pese a que el gran representante del nacionalismo musical húngaro lo hubiera estructurado en un solo movimiento (tema con variaciones). Se inicia con un bellísimo tema inspirado en aires folklóricos de su país natal, donde el violín posee pasajes de enorme dificultad técnica en fraseo, cascada, arpegios y trémolo. Le sigue un segundo tema dentro del mismo movimiento en línea cromática para lucimiento del solista hasta la irrupción final de la orquesta en el enérgico tema inicial. El Andante tranquilo sigue la concepción original de la obra -tema con variaciones- para luego desembocar en el vivacísimo Allegro molto final, donde se repiten los aires folklóricos húngaros. No sólo Inchausti lo ejecutó a la perfección, sino que el hecho de tocar este concierto tan difícil de memoria representó un valor agregado, que hizo delirar al público. El acompañamiento por parte de la orquesta fue perfecto y se logró un excelente equilibrio sonoro. Tal así fue: luego del concierto, Inchausti se vio obligado a hacer un bis: cuando todo el público escuchó el tema original de Paganini -que da el título a la célebre Rapsodia de Rachmaninov- creyó que se trataba del famoso Capriccio n°24 del mismo autor. En realidad, es un tema con variaciones para violín denominado Paganiana y pertenece a Nathan Milstein, que también tocó de memoria. Pese a que las luces de la sala se iluminaron antes -una gaffe que no encontró explicación-, el público permanecía pegado a sus asientos para escucharlo embelesado. La ovación de vítores y aplausos fue unánime para este gran músico argentino.

            El programa se completó con otra obra poco ejecutada en los tradicionales programas de conciertos: la Sinfonía n°14, Op.135 de Shostakovich, denominada “De Cámara” porque fue compuesta para octeto de violoncellos en 1969. En realidad, no se trata de una sinfonía propiamente dicha, sino de una serie de once cantos sobre poemas de diferentes autores traducidos al ruso (Federico García Lorca, Rainer María Rilke, Guillaume Apollinaire y Wilhelm Küchelbecker) para bajo y soprano, que versan sobre la muerte prematura. La elección de los autores no fue casual: García Lorca murió fusilado durante la Guerra Civil española; Küchelbecker, víctima de tuberculosis a temprana edad durante su exilio; Rainer María Rilke, de leucemia, y Apollinaire, durante una pandemia.  Debido a que Shostakovich ya había padecido un infarto, decidió rendir homenaje a todos aquellos que fallecieron en medio del dolor y la tristeza. La orquestación es para orquesta de cuerdas reducida, percusión y celesta, que brinda la oportunidad de lucirse a todos y cada uno de los solistas junto a los cantantes. Respecto de estos últimos, a Alejandro Spies le sienta de maravilla cantar en ruso. Independientemente que sea un idioma abierto y dulce, resultó ideal para su voz, acompañada en numerosos pasajes por el contrapunto del contrabajo -magistral labor de Javier Dragún-. Daniela Tabernig está pasando por su mejor momento, ya que se encuentra en plenitud vocal. Es una soprano lírica cuya voz está adquiriendo timbres dramáticos y, por lo tanto, ideal para este tipo de interpretación. Su voz también fue acompañada por el violín y el violoncello en contrapunto -excelente labor de Pablo Saraví y Benjamín Báez, respectivamente-. El acompañamiento orquestal estuvo muy bien logrado y los percusionistas Federico Del Castillo y Christian Frette se lucieron en el solo de redoblante y xilofón, al igual que la solista de celesta. Y como no podía ser de otra manera, el esfuerzo de los artistas se vio coronado con una multitud de aplausos.

            Como ya se mencionó en diferentes notas, es muy bueno rescatar este tipo de obras tan poco representadas (la última vez que quien escribe escuchó la mencionada obra de Shostakovich fue durante un concierto de la Filarmónica en 1982), al igual que incluir intérpretes argentinos de primer nivel. También sería bueno que cuando vienen orquestas extranjeras ejecutaran este tipo de obras y no quedarse solamente con Mozart, Beethoven, Mahler o Brahms. Personalmente, a una le gustaría escuchar a un solista extranjero en este tipo de repertorio. Y lo mejor de todo es que hay músicos muy talentosos en el país como para poder hacerlo.     

jueves, 9 de junio de 2022

 

Gran concierto en el CCK festejando el 55° aniversario del Coro Polifónico Nacional

 

UN CONCIERTO MAGNÍFICO Y UN SENTIDO HOMENAJE

Martha CORA ELISEHT

 

            El Coro Polifónico Nacional es uno de los mejores del país. Ha sido premiado en numerosas oportunidades y representa el ámbito donde cantan la mayoría de los artistas convocados para interpretar roles protagónicos tanto en el Teatro Colón, el Teatro Argentino de La Plata como en las producciones independientes de ópera y recitales. El pasado miércoles 8 del corriente se llevó a cabo un concierto en la Sala Sinfónica del Centro Cultural Kirchner con motivo del festejo de los 55 años de existencia de la mencionada agrupación, con la participación de los siguientes músicos invitados: Sebastián Aschenbach (órgano), María Eugenia Castro y Diego Sánchez (violoncellos). La dirección musical estuvo a cargo del maestro Hernán Sánchez Arteaga y el programa estuvo integrado por las siguientes obras:

-          Singet dem Herr nein Neues Lied” (Canten al Señor un nuevo canto), BWV 225- Johann S. BACH (1685-1750)

-          Solistas:

             Laura DELOGU (soprano)

             Verónica CANAVES (contralto)

             Ricardo GONZÁLEZ DORREGO (tenor)

             Clodomiro FORN y PUIG (bajo)

 

-          Drei geistliche Lieder (Tres canciones espirituales), Op.96-

Félix MENDELSSOHN BARTHOLDY (1809-1847)

-          Solista: María Luisa MERINO RONDA (mezzosoprano)

 

-          Misa brevis- Zoltan KODÁLY (1882-1967)

-          Solistas:

              Kyrie: Laura PENCHI, Raquel WEINHOLD y Vanesa TOMAS 

                         (sopranos)

            Qui tollis peccata: Milagros SEIJÓ (contralto), Maico HSIAO (tenor) y 

                                           Martín CALTABIANO (bajo)

 

Una vez que los coreutas hicieron su presentación sobre el escenario, el maestro Antonio Domeneghini -actual Director del Coro- hizo su presentación y dedicó el concierto a su colega Roberto Saccente, quien fuera no sólo director de la agrupación, sino también el que más tiempo lo dirigió. Lo invitó a pasar al escenario, donde no sólo recibió el aplauso de los coreutas y del numeroso público presente, sino además un diploma de honor y un ramo de flores. A sus 94 jóvenes años, Saccente se encuentra perfectamente lúcido y con un envidiable aspecto físico. Laura Saccente dirigió unas palabras de agradecimiento al público en nombre del Coro y sus integrantes.

Tras finalizar la ceremonia, Hernán Sánchez Arteaga hizo su presentación en escena junto a los músicos y brindó una breve reseña de las obras. También dedicó la obra de Bach a Robertro Saccente -quien fuera su maestro en Dirección Coral en el Conservatorio “Alberto Ginastera” de Morón-, que consistió en un motete en forma de canon a cuatro voces. La obra de Bach sonó magnífica merced a la excelente labor de Sebastián Aschenbach a cargo del órgano Kreis del CCK, mientras que los cellistas ofrecieron un excelente acompañamiento en los graves. El cuarteto vocal sonó muy bien y equilibrado, destacándose la voz del tenor Ricardo González Dorrego. Si bien se lo escuchó algo apagado al bajo Clodomiro Forn y Puig en los graves al principio, posteriormente se afianzó y dejó lucir su voz junto al resto del cuarteto solista.

La obra de Mendelssohn consiste en tres himnos, cuyas melodías se escuchan hasta la actualidad en las iglesias protestantes (Drei geistiche Lieder, Tres cantos espirituales) y fueron compuestos para órgano, coro y mezzosoprano solista. María Luisa Merino Ronda tuvo una excelente labor y se llevó los laureles merced a los matices vocales y su excelente línea de canto. El acompañamiento de órgano fue perfecto, al igual que el del Coro, que no canta de manera conjunta con la solista, sino que lo hace por separado. La obra cierra con un poderoso canon a 4 voces (bajos/ tenores/ contraltos/ sopranos) tras la intervención de la solista.

Zoltan Kodály compuso su Misa brevis entre los años 1940 y 1944 -coincidente con la invasión por parte de las tropas nazis a Hungría durante la Segunda Guerra Mundial, mientras caían las bombas sobre Budapest-.  En esta ocasión y acorde al protocolo sanitario vigente, se renovaron los coreutas; es decir, la mitad del Coro cantó las dos primeras obras y la Misa brevis, la otra mitad. La obra abre con un poderoso crescendo a cargo del órgano en tono menor, oscuro y lúgubre, dando esa sensación de incertidumbre acorde al contexto histórico en el que fue compuesta. Tras una melodía suave, se vuelve al crescendo inicial para dar paso al coro en el Kyrie, donde el trío de sopranos integrado por Vanesa Tomas, Raquel Weinhold y Laura Penchi ofreció una bellísima versión, destacándose la voz de esta última por sobre el resto. En el Gloria, luego de la impactante intervención de Maico Hsiao continúa una melodía vibrante en tono mayor. En esta ocasión no se tocó el Credo, sino que se pasó directamente al Qui tollis peccata mundo (Tú, que quitas los pecados del mundo), donde tuvo una destacada actuación la contralto Milagros Seijó en los pasajes dramáticos, secundada por el bajo Martín Caltabiano y por el tenor Maico Hsiao. Tras una breve intervención del órgano, el Coro se lució en el exultante Santo. Tanto este pasaje como el Benedictus poseen reminiscencias de Carl Orff y en el Hossana in excelsis (Hossna en las alturas) remeda a Júpiter en LOS PLANETAS de Holst. Hubo un perfecto equilibrio sonoro entre el Coro y el órgano en esta parte, mientras que en el Agnus Dei aparece un canon a 4 voces (bajos/ tenor solista/ tenores/ contralto solista/ sopranos). La obra culmina con un final brillante por parte del Coro y del órgano in crescendo (Ora nobis pacem), donde el trío de sopranos volvió a destacarse una vez más. Una verdadera ovación de aplausos coronó la ejecución magistral de esta obra, tan poco frecuentemente representada y tan maravillosa.

En síntesis: no pudo haberse elegido un mejor repertorio para celebrar esta auténtica fiesta, coincidente con el aniversario del Polifónico. ¡Salud! ¡Por muchos años más de buena música y éxitos!