Muy buena adaptación de “EL ELIXIR
DE AMOR” para público infantil
EL
ELIXIR SURTE EFECTO HASTA EN LOS MÁS PEQUEÑOS
Martha
CORA ELISEHT
Uno
de los méritos del Ciclo “Colón para Chicos” es la organización de conciertos
didácticos para que los niños se familiaricen con los instrumentos de una
orquesta sinfónica y fomentar el gusto por la música, así como también adaptar
espectáculos líricos y/o coreográficos para público infantil. En este caso, se
aprovechó la puesta en escena de las funciones de “EL ELIXIR DE AMOR” de
Gaetano Donizetti (1797-1848) para ofrecer una versión para niños en adaptación
de Marina Mora dentro de dicho ciclo. Las funciones tuvieron lugar en el Colón
los días 6 y 7 del corriente a las 11 horas con puesta en escena de Emilio
Sagi, escenografía de Enrique Bordolini, vestuario de Renata Schussheim,
iluminación de José Luis Fioruccio y proyección en video de Natalio Ríos, con
subtitulado electrónico de Mónica Zaionz, producción artística de Zunilda Eva
González y coordinación técnica de Ladislao Hanczyk, bajo la supervisión
escénica de Andrea Mijailovsky. Participó la Orquesta Académica del Instituto Superior
de Arte del Teatro Colón (ISATC) bajo la dirección de César Bustamante y un
elenco formado por los siguientes cantantes: Jacquelina Livieri (Adina), Darío
Schmunck (Nemorino), Gustavo Gibert (Dulcamara) y Rocío Arbizu (Gianetta)
más un elenco de actores figurantes coordinados por Jimena Mangione.
La
presente versión es una adaptación de la obra original que dura aproximadamente
70 minutos, donde se realizó un extracto de las principales arias – cantadas en
italiano-, mientras que los parlamentos son en castellano. Si bien se contó con
subtitulado electrónico, la concurrencia estuvo formada por niños de todas las
edades -algunos de los cuales todavía no saben leer- y hubo que explicarles el argumento.
En vez de ambientar este gran clásico del bel canto dentro de su
contexto original, Emilio Sagi trasladó la escena al campus de un colegio de
Estados Unidos de la década del’50 -al estilo de High School Musical-, donde
Adina es la chica más popular del colegio por ser bella, aplicada y
estudiosa, mientras que Nemorino es el mejor alumno -caracterizado como
un nerd- y está perdidamente enamorado de ella, pero la caprichosa Adina
lo ignora. Gianetta -amiga de Adina- actúa como intermediaria
y como presentadora de la acción. Al no haber coro, los figurantes ocupan el
lugar del mismo cuando Adina lee la novela de Tristán e Isolda o
en las escenas donde el mismo juega un papel fundamental (ante la llegada de Dulcamara
o cuando Gianetta ordena guardar silencio ante la muerte del tío
millonario de Nemorino y éste recibe la herencia, motivo por el cual
todas las chicas lo siguen). Aunque no respete la concepción original, la
puesta en escena resultó efectiva. A los chicos les encantó y permitió la
entrada de los diferentes personajes. En
el caso de Dulcamara, se presenta con un descapotable de época conducido
por chofer y acompañado por dos bellas asistentes, mientras que Nemorino se
desplaza en bicicleta. Se
suprimieron los pases de básquet y el dribbling entre los figurantes
previamente a la entrada del director de orquesta a raíz de un incidente
ocurrido durante uno de los ensayos.
En
cuanto a la música, la Académica del
ISATC tuvo un rol muy correcto bajo la dirección de César Bustamante -Director
del Coro de Niños del Colón-, quien supo dar una muy buena versión de la
selección de fragmentos elegidos para esta ocasión (“Quanto é bella, quanto
é cara”;“Della crudele Isotta”; “Chiedi all’aura lusinghiera”; “Udite,
udite, rustici!”; “Caro elisir…Sei mio!”;“Esulti sur la bárbara”; “Quanto
amore! Una terna occhiatina”; “Ió les laschio un bel tesoro” y la
celebérrima romanza “Una furtiva lacrima”). Por su parte, Jacquelina
Livieri brindó una graciosa y simpática Adina, derrochando gracia y
soltura sobre el escenario. Desde el punto de vista vocal y actoral, perfecta,
al igual que Rocío Arbizu como Gianetta. Darío Schmunck compuso un muy buen Nemorino,
sobresaliendo en sus arias y parlamentos junto a Adina y
Dulcamara. A Enrique Gibert le tocó componer a este simpático y misterioso
personaje, creador del mágico elixir que todo lo puede merced a sus dotes
histriónicas y su experiencia profesional. Ha interpretado este rol en varias
oportunidades y en esta ocasión lo hizo con gracia y talento, invitando a los
chicos a batir palmas al compás de la música en el aria final.
¿Y
el público?... A veces, una se queda sorprendida de ver lo bien que se portan
los chicos durante el desarrollo de un espectáculo. Estaban encantados y
fascinados con la puesta en escena, la historia y sus protagonistas. Prestaron
mucha atención y exclamaban cada vez que aparecía un personaje -sobre todo, en
la entrada de Dulcamara- y comprendieron perfectamente el argumento de
la obra. Por más que estuviera cantada en italiano, supieron apreciar de qué se
trata una ópera. Es muy recomendable educar a los chicos desde temprana edad
llevándolos a ver este tipo de espectáculos -que a juicio de quien escribe,
deberían representarse más a menudo-. Es la única manera de formar nuevos públicos
y la más correcta. Si les gustó, probablemente retornen algún día a nuestro
mayor coliseo para ver una ópera en toda su magnitud. En este caso, el mágico elixir
surtió su efecto: no sólo entre los chicos, sino también entre sus padres,
familiares y en ese niño que todos llevamos dentro.
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