miércoles, 16 de agosto de 2017

FESTIVAL BARENBOIM 2017 EN EL COLON



BREVE, CONTUNDENTE Y DE EXCELENCIA

NUESTRA OPINION: MUY BUENO.

Teatro Colón, Abono Azul año 2017: Festival Barenboim: Daniel Barenboim (Piano y Dirección), Martha Argerich (Piano), Kian Soltani (Violonchelo), Michael Barenboim (Violín), “The West- Eastern Divan Orchestra”  e instrumentistas solistas de Este Conjunto. Programas: 02 de Agosto de 2017: Obras de Ravel, Shostakovich y Berg. 04 de Agoato de 2017: Obras de Beethoven. 05 de Agosto de 2017: Obras de Richard Strauss y Tchaickovsky.

  La versión 2017 de este evento que originalmente se llamó “Festival de Música y Reflexión” nos mostró que aunque hayan restricciones de carácter económico en el Colón (Que son secreto a voces , las que tuvieron implicancia en el comienzo de la temporada con cancelaciones, cambios de programaciones y negociaciones con las editoriales musicales), y que este año la reflexión haya quedado de lado, las propuestas de Barenboim son abundantes, abarcan todos los períodos de la música y todo se hace con niveles de excelencia muy difíciles de superar. Aportes fundamentales como los de Martha Argerich, la capacidad de ese segundo instrumento suyo como lo es la West-Eastern Divan y las intervenciones que desde el interior mismo del conjunto hacen sus principales solistas con momentos de excelencia, dan como resultado un balance final harto positivo, aun cuando la programación haya sido del formato de dos conciertos sinfónicos y uno de cámara y la consabida velada “dueto” entre Argerich y Barenboim del que ya diéramos cuenta en esta página (y que además incluyó una sesión para público masivo en Plaza Vaticano), en lugar de las estadías mas largas anteriores (No hubo música de creadores árabes e israelíes, tampoco obras de algún compositor joven de los que el Director promueve siempre en sus programas y algún ciclo sinfónico para abordar).

  Las tres noches nos brindaron un amplísimo repertorio. La primera de ellas incluyó obras de Ravel, en homenaje a los ochenta años de la desaparición  física del inmenso creador francés. En el comienzo “Le Tombeau de Couperin”, bellísima suite en donde Barenboim extrajo de la Orquesta del Diván toda la transparencia de la música, los colores de cada fragmento y ese aire de corte melancólico que la composición trasunta, para alcanzar un final tan vivaz como lo marca Ravel. Y para el inicio de la segunda parte , la siempre bienvenida suite “Mi Madre la Oca”, de la que minutos antes tuviéramos un anticipo, ya que para el Bis posterior al Concierto de Shosta kovich, Martha Argerich y Daniel Barenboim interpretaron a cuatro manos “Laideronette, Emperatríz de las Pagodas”, el tercer movimiento de la composición en su versión original en donde tuvimos detalles que habitualmente en la versión orquestal no se perciben y sirvió de introducción a la versión orquestal posterior, la que tuvo todo el color, la sutileza y los climas que Ravel requiere, con un inmenso clima preparatorio al éxtasis final que da “El Jardín Feérico”. Los centros de ambas partes nos entregaron una nueva versión de Argerich del Concierto para Piano, trompeta y Orquesta Nº 1 en Do menor, Op. 35 de Dimitri Shostakovich, con un abordaje muy personal en la que una vez mas ese veradero “Huracan” que Martha es en este tipo de obras surge en plenitud, con endiablada digitación, tiempos enérgicos y ágiles y un recorrido en el que Barenboim estuvo siempre pendiente para estar en sintonía con la propuesta de la interprete y que hace que por ejemplo el Trompetísta solista de la Orquesta (cuyo nombre no figuró en el programa de mano aparentemente por motivos de seguridad) no siempre interviniera “a tempi”. De cualquier modo resultó una versión muy interesante que hizo eclosionar a la concurrencia  y que generó el bis ya comentado.  Y el final mostró la generosa “audacia” del Director al ofrecernos una impactante versión de las Tres Piezas para Orquesta del Op. 6 de Alban Berg. Es increíble lo que Barenboim ha logrado con este conjunto, el que solo actúa durante dos o tres meses en todo al año y que cada uno o dos años registra la rotación de algunos de sus integrantes. El sonido, la contundencia del discurso musical, la energía que generan algunos de los fragmentos y esos por momentos “impiadosos” pasajes que impactan duramente en el oyente y que Barenboim  los expresa como pocos. Final arrasador que no dejó lugar a absolutamente nada mas.

  La segunda de las noches nos trajo la velada de Cámara en la que  Barenboim en el piano que lleva su nombre junto a su hijo Michael en violín y a Kian Soltani en Violonchelo abordaron tres tríos de Beethoven, repertorio que maneja como pocos y en el que se mueve como pez en el agua. Fiel a su estilo, seleccionó  composiciones de las tres etapas compositivas del genio de Bonn: El Nº 1 del Op. 1 (Sí, la primera obra de catálogo que se registra), el Nº 1 del Op. 70 en Re mayor, llamado “Espíritu” y cerrar con esa inmensa página que es el Op. 97 en Si bemol mayor “Archiduque”. Barenboim extrae de su piano hasta el mas mínimo detalle, marca el pulso de las interpretaciones, genera los climas, logra las mayores sutilezas y obtiene una transparencia sonora pocas veces escuchada. A su lado, Kian Soltani demuestra ser el socio casi perfecto, con pasajes de una belleza tímbrica exquisita y una entrega absolutamente apasionada y Michael Barenboim desde el violín aportó muy buen sonido  y pasajes de acertadísima intervención. No hizo falta nada mas.

  Y la última velada nos trajo la revelación en vivo de un Barenboim imponente en la concertación de Richard Strauss con un “Don Quijote” de increíble factura, con Soltani nuevamente solista en una entrega verdaderamente de antología, con sonoridad maravillosa y notable refinamiento. Su compenetración con la obra fue tal que en la intervención final que marca la partida definitiva de la criatura cervantina también El se desinfló en el último compás. Notable intervención de la solista de viola como “Sancho Panza” y buenos pasajes de Michael Barenboim como solista en los fragmentos de “Dulcinea”: Hago especial hincapié  en el pasaje de la Cabalgata en los Aires en donde el “Tutti” orquestal registró uno de los puntos mas altos de la actuación en todo el festival.

 El cierre le cupo a una maravillosa versión de la Quinta Sinfonía en mi menor, op. 64 de Tchaickovskky, que tuvo intensidad, vuelo, tensión, canto como pocas veces Barenboim  nos haya ofrecido, pasajes de una vibración  poco común y una coda final en donde hasta las fanfarrias sorprendieron al estar en un plano de igualdad con el resto del conjunto. Un cierre increíble para una versión magistral, que dio lugar a dos bises. El primero con Soltani (que en la segunda parte volvió a su lugar en el conjunto) como solista de un arreglo de Laham Shani (Espero que así se escriba, al menos así lo entendí), quien es asistente del Director, de “El Císne” de “El Carnaval de los Animales” de Camille Saint-Säens, para luego sí cerrar con la Obertura de “Ruslan y Ludmila” de Mikhail Glinka, casualmente el fragmento que Shani dirigiera como Bis en el Colón en el 2015 y que aquí tuvo todo.

  La Orquesta del Divan y Martha regresarán en el 2019 y Barenboim regresará el año próximo con la Staatskapelle Berlín para ofrecernos “Tristán e Isolda” y conciertos sinfónicos. El Balance nos entregó: un Festival superior al del año pasado, por programación y resultados logrados. Que este es el único evento que el Colón programa con suficiente antelación y es por lejos el que mejor resultado le brinda,  y se nota. Se debería tratar de acordar con Barenboim  para la programación, alguno de los ciclos que el Director trabaja a la perfección. ¿Por qué no Brahms?. Barenboim y el teatro tienen la  respuesta.


Donato Decina

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