sábado, 30 de agosto de 2025

 


Ricardo González Dorrego durante su presentación en el teatro Nacional Cervantes captado por la cámara de la autora del presente comentario


Magnífico concierto de canciones inglesas en el Ciclo de Lieder del Teatro Cervantes


PRIMERAS AUDICIONES EN UN CICLO DE EXCELENCIA

Martha CORA ELISEHT


Uno de los eventos culturales más importantes que posee la amplia oferta en la

materia en Buenos Aires es el Ciclo de Música Lieder en el Teatro Nacional Cervantes.

Bajo la producción y dirección general de Martín Queraltó, este prestigioso ciclo no

sólo se dedica a la difusión de tradicional canción de cámara alemana, sino que también

se incluyen temas en otros idiomas. Las interpretaciones son de alta calidad y cuenta

con entrada libre y gratuita.

En esta oportunidad, les tocó el turno a las canciones de cámara inglesas en un

concierto ofrecido el pasado miércoles 27 del corriente en la Sala Luisa Vehil de dicho

teatro, donde participaron los siguientes cantantes: Daniela Prado (mezzosoprano),

Ricardo González Dorrego (tenor) y Alejandro Spies (barítono) acompañados en piano

por Carlos Koffman y Malena Levin para ofrecer el siguiente programa:

- “Danish Songs” (Canciones danesas) (1° audición)- Frederick DELIUS (1862-

1934):

- “The Violet” (2)- RT V/21

- “In the Seraglio Garden” (7)- RT III/4

- “Silken Shoes” (7)- RT III/4, n°1

- “Autumm” (2)- RT V/21

- “Irmelin” (7)- RT III/4, n°2

- “Summer nights” (7)- RT III/4, n°3

- “Through long, long years” (7)- RT III/4, n°6

- “Wine Roses” (7) - RT III/4, n°5

Solista: Daniela PRADO Piano: Carlos KOFFMAN


Henry COWELL (1847-1965):

- “St. Agnes Morning” (1914)

- “Daybreak” (1946)

- “The Little black boy” (1952)

- “Three anti- modernist songs” (1938) (estreno local)

Charles IVES (1874-1954):

- “Songs my mother taught me” (1895)

- “General William Booth enters into Heaven” (1914) (estreno local)

Solista: Ricardo GONZÁLEZ DORREGO Piano: Malena LEVIN


- “The Travel Songs”- Ralph VAUGHAN WILLIAMS (1872-1958):

- “The Vagabond”

- “Let beauty awake”

- “The roadside Fire”

- “Youth and Love in dreams”

- “The infinite shinning”

- “Heavens”

- “Whither must I wander”

- “Bright is the Ring of Words”

Solista: Alejandro SPIES Piano: Carlos KOFFMAN


A su vez, Martín Queraltó fue el encargado de presentar a los intérpretes y

realizar una breve reseña sobre los compositores y las obras. En el caso particular de las

Danish Songs (Canciones Danesas) de Delius sobre textos del poeta Jens Peter

Jakobsen (1847-1885) no existen antecedentes de que se hayan interpretado

anteriormente en el país debido -entre otras cosas- a la dificultad en conseguir las

partituras. Por lo tanto, representa la primera audición a nivel local. Fueron compuestas

en 1897 durante su estancia en Noruega -era muy amigo de Edvard Grieg y Christian

Sinding- como Seven Danish Songs y, posteriormente, se agregaron The Violet y

Autumm, que datan de 1900. Su estreno tuvo lugar en 1901 en París, donde Delius

residía desde 1897. Su estilo postromántico, impresionista y refinado se pone de

manifiesto en este ciclo al igual que su exuberante cromatismo musical, que permite el

lucimiento de la voz. En este caso, Daniela Prado fue la intérprete ideal: amplio dominio

del registro vocal, histrionismo, voz aterciopelada con excelentes matices románticos y

dramáticos y una interpretación que se vio coronada por el perfecto acompañamiento al

piano de un consabido instrumentista como Carlos Koffman. Ambos se retiraron

sumamente aplaudidos al final para dar paso a la dupla integrada por Malena Levin y

Ricardo González Dorrego, quienes interpretaron obras inéditas de dos autores

estadounidenses: Henry Cowell y Charles Ives. El primero de ellos adquirió fama por

ser anticonvencional y controvertido, pero se convirtió en un compositor emblemático

de la primera mitad del siglo XX y la vanguardia americana. Su lenguaje musical

fusiona elementos folklóricos, contrapunto disonante, temas paganos irlandeses y

orquestación no convencional para crear un lenguaje propio. Para ello, estudió música

oriental -lo que le permitió romper con las normas y cánones europeos- y su música se

caracteriza por el indeterminismo -indicaciones y guiños en la partitura que permiten la

improvisación en ciertos temas, en vez de ser fijos- en contraposición al serialismo.

Tampoco se encontró registro de representación de sus canciones en Argentina, de modo

que también se ofrecieron en calidad de estreno local.

La primera de ellas (St. Agnes’ Morning) tiene letra de Maxwell Anderson y

posee una melodía tonal agradable, que permite el lucimiento del tenor tanto en

crescendi como en pianissimi. Los textos de Daybreak y The Little black boy son de

William Blake y esta última fusiona melodías típicas de los negro spirituals con el ritmo

oriental ya mencionado. En cambio, las Tres canciones antimodernistas pertenecen a

Nicolás Slonimsky y poseen elementos clásicos como una sucesión de arpegios y


glissandi en piano previamente a la entrada del tenor -que remedan mucho a Forårsregn

(Chubasco de Primavera) de Grieg- y luego, golpes en el registro grave del piano que

remedan el sonido de un tambor, con una muy buena traducción musical de los sonidos

onomatopéyicos. También se lograron muy bien los efectos de sonido modernos

mediante una sucesión de escalas, pasajes y arpegios en el piano – similares a La

Consagración de la Primavera de Stravinsky- y una serie de onomatopeyas hacia el

final en el piano mientras el tenor narra el texto, sin perder línea de canto ni tonalidad.

Una tarea magnífica por parte de Malena Levin y Ricardo González Dorrego, que le

valieron un aplauso cálido y sostenido por parte del público antes de pasar a Songs my

Mother taught me (Canciones que me enseñó mi madre), compuestas por Charles Ives

en 1895 sobre texto del poeta checo Adolf Heyduk. Basada en su homónima de Dvořak

para canto y piano, la de Ives se caracteriza por poseer una melodía romántica, pero a su

vez, nostálgica. Por último, la dupla cerró con General William Booth enters into

Heaven, con texto de Vachel Lindsay sobre la vida del fundador del Ejército de

Salvación -un pastor metodista que brindó ayuda a los pobres, necesitados y marginados

durante la Revolución Industrial en el siglo XIX-. La melodía es una perfecta transición

y collage entre la tonalidad y atonalidad -tema en el que Ives era un experto- donde el

piano marca una serie de acordes que imitan el sonido de un bombo, pero que se hacen

cada vez más tonales a medida que se repite el estribillo (“¿Te has purificado en la

sangre del Cordero de Dios?”). Este exceso de material en el piano se va “limpiando” a

medida que transcurre la melodía y el tenor ofrece su recitativo. La labor desempeñada

por ambos intérpretes fue sublime, lo que les valió infinidad de aplausos y vítores por

parte del público.

A diferencia de los otros ciclos de canciones, el de Ralph Vaughan Williams

(The Travel Songs) fue interpretado hace algunos años atrás por el barítono Alejandro

Meerapfel. Fueron compuestas para barítono y piano entre 1905 y 1907 sobre textos de

Robert Louis Stevenson, quien fuera el escritor predilecto del músico inglés. No

obstante, recién se publicó como ciclo completo de canciones en 1960 -dos años

después de su fallecimiento-. Se inicia con The Vagabond (El Vagabundo), donde el

piano toca un ritmo de marcha de carácter ambiguo -la nostalgia por lo que dejó atrás y,

a su vez, el orgullo de abandonar-, que se repite en la mayoría de las canciones. La

segunda (Let beauty awake) posee arabescos y glissandi que brindan un tinte francés a

una melodía sumamente romántica. En la tercera (The roadside Fire) se repite la misma

base rítmica, pero con un tema mucho más romántico, que brinda un efecto de

caleidoscopio sonoro. La interpretación de Alejandro Spies fue excelsa desde todo

punto de vista: matices, esmalte, material vocal, línea de canto, perfecto dominio de

pianissimi y una tesitura soberbia en todas las canciones -especialmente, en Youth and

Love, la melancólica In dreams, The infinite shining Heavens y la espectacular ¿Whither

must I wander?, que deja un mensaje de esperanza pese a que es alguien que abandona

su tierra-. Por su parte, Carlos Koffman lo acompañó maravillosamente bien. Al

terminar, todos los artistas salieron a saludar y agradecer los aplausos del público.

Es una pena que este tipo de eventos no tenga mayor difusión. Una se enteró por

invitación personal y, de no ser por las redes sociales y por los programas especializados

en música clásica, el público ignora que estos ciclos existen. Sería muy bueno que los

grandes medios tuvieran su agenda y su sección correspondiente para dar cabida a este

tipo de ciclos de excelencia, donde se pueden escuchar estas auténticas gemas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario