Magnífico concierto de canciones inglesas en el Ciclo de Lieder del Teatro Cervantes
PRIMERAS AUDICIONES EN UN CICLO DE EXCELENCIA
Martha CORA ELISEHT
Uno de los eventos culturales más importantes que posee la amplia oferta en la
materia en Buenos Aires es el Ciclo de Música Lieder en el Teatro Nacional Cervantes.
Bajo la producción y dirección general de Martín Queraltó, este prestigioso ciclo no
sólo se dedica a la difusión de tradicional canción de cámara alemana, sino que también
se incluyen temas en otros idiomas. Las interpretaciones son de alta calidad y cuenta
con entrada libre y gratuita.
En esta oportunidad, les tocó el turno a las canciones de cámara inglesas en un
concierto ofrecido el pasado miércoles 27 del corriente en la Sala Luisa Vehil de dicho
teatro, donde participaron los siguientes cantantes: Daniela Prado (mezzosoprano),
Ricardo González Dorrego (tenor) y Alejandro Spies (barítono) acompañados en piano
por Carlos Koffman y Malena Levin para ofrecer el siguiente programa:
- “Danish Songs” (Canciones danesas) (1° audición)- Frederick DELIUS (1862-
1934):
- “The Violet” (2)- RT V/21
- “In the Seraglio Garden” (7)- RT III/4
- “Silken Shoes” (7)- RT III/4, n°1
- “Autumm” (2)- RT V/21
- “Irmelin” (7)- RT III/4, n°2
- “Summer nights” (7)- RT III/4, n°3
- “Through long, long years” (7)- RT III/4, n°6
- “Wine Roses” (7) - RT III/4, n°5
Solista: Daniela PRADO Piano: Carlos KOFFMAN
Henry COWELL (1847-1965):
- “St. Agnes Morning” (1914)
- “Daybreak” (1946)
- “The Little black boy” (1952)
- “Three anti- modernist songs” (1938) (estreno local)
Charles IVES (1874-1954):
- “Songs my mother taught me” (1895)
- “General William Booth enters into Heaven” (1914) (estreno local)
Solista: Ricardo GONZÁLEZ DORREGO Piano: Malena LEVIN
- “The Travel Songs”- Ralph VAUGHAN WILLIAMS (1872-1958):
- “The Vagabond”
- “Let beauty awake”
- “The roadside Fire”
- “Youth and Love in dreams”
- “The infinite shinning”
- “Heavens”
- “Whither must I wander”
- “Bright is the Ring of Words”
Solista: Alejandro SPIES Piano: Carlos KOFFMAN
A su vez, Martín Queraltó fue el encargado de presentar a los intérpretes y
realizar una breve reseña sobre los compositores y las obras. En el caso particular de las
Danish Songs (Canciones Danesas) de Delius sobre textos del poeta Jens Peter
Jakobsen (1847-1885) no existen antecedentes de que se hayan interpretado
anteriormente en el país debido -entre otras cosas- a la dificultad en conseguir las
partituras. Por lo tanto, representa la primera audición a nivel local. Fueron compuestas
en 1897 durante su estancia en Noruega -era muy amigo de Edvard Grieg y Christian
Sinding- como Seven Danish Songs y, posteriormente, se agregaron The Violet y
Autumm, que datan de 1900. Su estreno tuvo lugar en 1901 en París, donde Delius
residía desde 1897. Su estilo postromántico, impresionista y refinado se pone de
manifiesto en este ciclo al igual que su exuberante cromatismo musical, que permite el
lucimiento de la voz. En este caso, Daniela Prado fue la intérprete ideal: amplio dominio
del registro vocal, histrionismo, voz aterciopelada con excelentes matices románticos y
dramáticos y una interpretación que se vio coronada por el perfecto acompañamiento al
piano de un consabido instrumentista como Carlos Koffman. Ambos se retiraron
sumamente aplaudidos al final para dar paso a la dupla integrada por Malena Levin y
Ricardo González Dorrego, quienes interpretaron obras inéditas de dos autores
estadounidenses: Henry Cowell y Charles Ives. El primero de ellos adquirió fama por
ser anticonvencional y controvertido, pero se convirtió en un compositor emblemático
de la primera mitad del siglo XX y la vanguardia americana. Su lenguaje musical
fusiona elementos folklóricos, contrapunto disonante, temas paganos irlandeses y
orquestación no convencional para crear un lenguaje propio. Para ello, estudió música
oriental -lo que le permitió romper con las normas y cánones europeos- y su música se
caracteriza por el indeterminismo -indicaciones y guiños en la partitura que permiten la
improvisación en ciertos temas, en vez de ser fijos- en contraposición al serialismo.
Tampoco se encontró registro de representación de sus canciones en Argentina, de modo
que también se ofrecieron en calidad de estreno local.
La primera de ellas (St. Agnes’ Morning) tiene letra de Maxwell Anderson y
posee una melodía tonal agradable, que permite el lucimiento del tenor tanto en
crescendi como en pianissimi. Los textos de Daybreak y The Little black boy son de
William Blake y esta última fusiona melodías típicas de los negro spirituals con el ritmo
oriental ya mencionado. En cambio, las Tres canciones antimodernistas pertenecen a
Nicolás Slonimsky y poseen elementos clásicos como una sucesión de arpegios y
glissandi en piano previamente a la entrada del tenor -que remedan mucho a Forårsregn
(Chubasco de Primavera) de Grieg- y luego, golpes en el registro grave del piano que
remedan el sonido de un tambor, con una muy buena traducción musical de los sonidos
onomatopéyicos. También se lograron muy bien los efectos de sonido modernos
mediante una sucesión de escalas, pasajes y arpegios en el piano – similares a La
Consagración de la Primavera de Stravinsky- y una serie de onomatopeyas hacia el
final en el piano mientras el tenor narra el texto, sin perder línea de canto ni tonalidad.
Una tarea magnífica por parte de Malena Levin y Ricardo González Dorrego, que le
valieron un aplauso cálido y sostenido por parte del público antes de pasar a Songs my
Mother taught me (Canciones que me enseñó mi madre), compuestas por Charles Ives
en 1895 sobre texto del poeta checo Adolf Heyduk. Basada en su homónima de Dvořak
para canto y piano, la de Ives se caracteriza por poseer una melodía romántica, pero a su
vez, nostálgica. Por último, la dupla cerró con General William Booth enters into
Heaven, con texto de Vachel Lindsay sobre la vida del fundador del Ejército de
Salvación -un pastor metodista que brindó ayuda a los pobres, necesitados y marginados
durante la Revolución Industrial en el siglo XIX-. La melodía es una perfecta transición
y collage entre la tonalidad y atonalidad -tema en el que Ives era un experto- donde el
piano marca una serie de acordes que imitan el sonido de un bombo, pero que se hacen
cada vez más tonales a medida que se repite el estribillo (“¿Te has purificado en la
sangre del Cordero de Dios?”). Este exceso de material en el piano se va “limpiando” a
medida que transcurre la melodía y el tenor ofrece su recitativo. La labor desempeñada
por ambos intérpretes fue sublime, lo que les valió infinidad de aplausos y vítores por
parte del público.
A diferencia de los otros ciclos de canciones, el de Ralph Vaughan Williams
(The Travel Songs) fue interpretado hace algunos años atrás por el barítono Alejandro
Meerapfel. Fueron compuestas para barítono y piano entre 1905 y 1907 sobre textos de
Robert Louis Stevenson, quien fuera el escritor predilecto del músico inglés. No
obstante, recién se publicó como ciclo completo de canciones en 1960 -dos años
después de su fallecimiento-. Se inicia con The Vagabond (El Vagabundo), donde el
piano toca un ritmo de marcha de carácter ambiguo -la nostalgia por lo que dejó atrás y,
a su vez, el orgullo de abandonar-, que se repite en la mayoría de las canciones. La
segunda (Let beauty awake) posee arabescos y glissandi que brindan un tinte francés a
una melodía sumamente romántica. En la tercera (The roadside Fire) se repite la misma
base rítmica, pero con un tema mucho más romántico, que brinda un efecto de
caleidoscopio sonoro. La interpretación de Alejandro Spies fue excelsa desde todo
punto de vista: matices, esmalte, material vocal, línea de canto, perfecto dominio de
pianissimi y una tesitura soberbia en todas las canciones -especialmente, en Youth and
Love, la melancólica In dreams, The infinite shining Heavens y la espectacular ¿Whither
must I wander?, que deja un mensaje de esperanza pese a que es alguien que abandona
su tierra-. Por su parte, Carlos Koffman lo acompañó maravillosamente bien. Al
terminar, todos los artistas salieron a saludar y agradecer los aplausos del público.
Es una pena que este tipo de eventos no tenga mayor difusión. Una se enteró por
invitación personal y, de no ser por las redes sociales y por los programas especializados
en música clásica, el público ignora que estos ciclos existen. Sería muy bueno que los
grandes medios tuvieran su agenda y su sección correspondiente para dar cabida a este
tipo de ciclos de excelencia, donde se pueden escuchar estas auténticas gemas.
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