sábado, 16 de marzo de 2024

 



Momentos culminantes de "Carmina Burana" de Orff/Wainrot a cargo del Ballet Estable del Teatro                                                                                      Colón.             


                 Créditos: Prensa Teatro Colón, Fotografía del Maestro Arnaldo Colombaroli.




Muy buena versión de “CARMINA BURANA” por los Cuerpos Estables del Colón


UNA CONJUNCIÓN PERFECTA


Martha CORA ELISEHT


Para la apertura de su Temporada 2024, el Teatro Colón decidió convocar a sus

Cuerpos Estables (Coro, Coro de Niños, Ballet y Orquesta Filarmónica de Buenos

Aires) para montar un espectáculo en conjunto: la versión escénica de “CARMINA

BURANA” de Carl Orff (1895- 1982) con coreografía de Mauricio Wainrot,

escenografía y vestuario de Carlos Gallardo, iluminación de Eli Sirlin -con la

participación de Carolina Rubinstein como asistente de iluminación- y asistencia técnica

de Analía Morales. Las funciones comenzaron el martes 12 y se extenderán hasta el

miércoles 27 del corriente, bajo la dirección musical de Carlos Calleja y Sebastiano de

Filippi, con dirección coral a cargo de Miguel Martínez (Coro Estable) y César

Bustamante (Coro de Niños) y dirección de Ballet a cargo de Mario Galizzi, con

reposición coreográfica de Victoria Balanza y Alexis Miranda. Participarán en calidad

de solistas Laura Rizzo/ Laura Pisani (sopranos); Martín Oro/ Fernando Ursino

(contratenores) y Alfonso Mujica/ Cristian Maldonado (barítonos).

Quien escribe tuvo la oportunidad de asistir a la función ofrecida el pasado

jueves 14 del corriente, con participación de los siguientes solistas: Laura Pisani, Martín

Oro y Alfonso Mujica, bajo la dirección musical de Carlos Calleja y los siguientes

solistas de ballet:

- Fortuna Imperatrix Mundi: Ayelén Sánchez, Juan Pablo Ledo, Federico

Fernández, Camila Bocca, Rocío Agüero, Jiva Velázquez, Lola Mugica, Luciano

García, Natalia Pelayo, David Gómez.

- Primo Vere: Beatriz Boos, Gerardo Wyss, Facundo Luqui, Rocío Agüero, Jiva

Velázquez, Lola Mugica, Emiliano Falcone, Paula Cassano, Luisina Rodríguez,

David Gómez.

- In Taberna: Ayelén Sánchez, Juan Pablo Ledo, Emanuel Abruzzo, Franco

Noriega, David Juárez.

- Cour d’amours: Federico Fernández, Camila Bocca, Rocío Agüero, Facundo

Luqui, Gerardo Wyss, Julieta Lerda, Yosmer Carreño.

- Fortuna Imperatrix Mundi: intérpretes mencionados en el primer número.

La celebérrima cantata de Orff forma parte del tríptico Trionfi – junto con El Triunfo

de Afrodita y CATULLI CARMINA- y fue compuesta en 1936 sobre poemas y textos de

los siglos XII y XIII encontrados en el monasterio benedictino de Beuern (Baviera,

Alemania) que versan sobre el amor carnal, los placeres terrenales y el goce de la

Naturaleza. En aquel entonces, se acostumbraba a escribir obras de carácter religioso, de

tal manera que esta serie de escritos medievales fue la más importante y antigua

colección de versos de carácter laico. En 1934, Orff encontró la edición de 1847 de los

CARMINA BURANA (Cantos Profanos) llevada a cabo por Johann Andreas Schmeller y

seleccionó 24 de estos poemas para componer su obra merced a la ayuda del estudiante


de latín y griego Michel Hoffmann, quien organizó el libreto mayoritariamente en latín,

con una pequeña cantidad de texto en alemán medio (bávaro) y francés antiguo. El

estreno tuvo lugar en la Alte Oper de Frankfurt am Main en 1937 bajo la dirección

musical de Oskar Wälterlin y fue todo un éxito debido a su riqueza rítmica, que se

acomoda a la sencillez de los textos y que permite el lucimiento tanto de la orquesta

como del coro y las voces solistas.

A diferencia de la concepción del autor sobre los textos benedictinos, la coreografía

de Mauricio Wainrot no está basada sobre los mismos, sino sobre la tonalidad musical,

sus ritmos y la fuerza que posee la cantata acentuada en la percusión, que juega un rol

fundamental y cuyos golpes de efecto son sumamente precisos. Mediante una

conjunción de movimientos que reúne elementos de danza clásica y contemporánea más

un vestuario atemporal, el resultado es una poderosa combinación de estética,

plasticidad y expresión corporal. Su estreno se produjo en 1998 en Flandes (Bélgica) y

fue interpretada posteriormente por el Royal Winnipeg Ballet de Canadá, el Ballet de la

Ópera National de Bordeaux (Francia), The Cincinnati Ballet (Estados Unidos), Ballet

Contemporáneo del Teatro Gral. San Martín (Buenos Aires), Ballet del Teatro del

Bicentenario de San Juan, Municipal de Río de Janeiro y Ballet del SODRE de

Montevideo, entre otros. Por lo tanto, se han cumplido 25 años de la creación de esta

coreografía y fue la elegida para la apertura oficial de la temporada de Ballet.

Para facilitar el despliegue de movimientos del cuerpo de baile y los cambios de

escena de los diferentes números que integran esta obra, se colocó al Coro Estable en

los palcos balcón y al Coro de Niños, en el palco avant scène ubicado a la derecha del

escenario, mientras que los solistas ocuparon la misma ubicación, pero del lado opuesto

y la orquesta, en el foso. Esto despertó cierta polémica en cuanto al desplazamiento del

coro de su ámbito natural, pero no le restó mérito. Desde el punto de vista vocal, la

excelente preparación de las voces tanto por parte de Miguel Martínez como de César

Bustamante hizo que ambos organismos brillaran, sonando de manera firme y

sumamente compacta. Lo mismo sucedió con las voces solistas, con estupendas

intervenciones del contratenor Martín Oro como el Cisne asado y chamuscado (In

Tabernam: Olim lacus colueram) y de la soprano Laura Pisani en Cour d’amours (Amor

volat undique/ In trutina/ Dulcissime), mostrando un excelente legato y squillo en notas

agudas. Sin embargo, no le sentó bien al barítono Alfonso Mujica, quien tuvo altibajos

en su interpretación: principalmente, en la parte donde debe cantar en falsete en In

Tabernam (Estuans interius), emitiendo un sonido desprolijo.

El desempeño de Carlos Calleja al frente de la Filarmónica fue otro de los puntos

fuertes de la velada, donde la orquesta sonó más que perfecta, brindando una

interpretación caracterizada por su fuste, enjundia y brillo, donde se destacaron todos

los percusionistas en general, y el timbalista Juan Ignacio Ferreiros en particular por su

precisión en los golpes. Además, Calleja es un eximio director de ballet, ya que supo

adaptar las exigencias de la partitura al tiempo del bailarín.

Tal como se dijo anteriormente, el cuerpo de baile se destacó por su plasticidad y

perfecta coordinación de movimientos, donde las parejas protagónicas formadas por

Juan Pablo Ledo/ Ayelén Sánchez (Fortuna Imperatrix Mundi/ In Tabernam) y Federico

Fernández/ Camila Bocca (Cour d’amours) brindaron una auténtica cátedra de


expresión corporal e interpretación. Por su parte, el trío formado por Rocío Agüero,

Lola Mugica y Paula Cassano ofreció una gran interpretación de Primo Vere, al igual

que Jiva Velázquez, Facundo Luqui y Gerardo Wyss en el mismo fragmento. Los

principales solistas también se lucieron en sus respectivos números. Los cambios de

escenografía y vestuario acorde a cada circunstancia para concluir en el Fortuna

Imperatrix Mundi final estuvieron perfectamente bien logrados.

La única objeción que una tiene para hacer es la ubicación del coro y las voces

solistas. Quizás, lo más lógico hubiera sido colocar a ambos coros y a los solistas en una

grada al fondo del escenario -como se hace habitualmente en los conciertos sinfónico-

corales- y hacer un cambio en la escenografía para que pudiera actuar en su ámbito

natural, sin estorbar la entrada de los bailarines. No obstante, la maravillosa acústica del

Colón hizo que todo sonara a la perfección para ofrecer un espectáculo de alta jerarquía

y calidad en materia multidisciplinaria. Una perfecta conjunción de los Cuerpos

Estables para marcar un excelente inicio de temporada.



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