miércoles, 1 de julio de 2020


Magnífica transmisión histórica por streaming  de “LA WALKYRIA” en el Metropolitan

POR SIEMPRE WAGNER
Martha CORA ELISEHT

            Continuando con la serie de transmisiones históricas por streaming desde el Metropolitan Opera House de New York, en el día de la fecha le tocó el turno a “LA WALKYRIA” (DIE WALKÜRE) de Richard Wagner (1813-1883) representada en dicho teatro en 1991 con puesta en escena de Otto Schenk, escenografía de Günther Schneider- Siemssen, vestuario de Rolf Langenfass e iluminación de Gil Wechsler, con un elenco compuesto por los siguientes cantantes: Hildegard Behrens (Brünhilde), James Morris (Wotan), Gary Lakes (Siegmund), Jessye Norman (Sieglinde), Christa Ludwig (Fricka), Kurt Moll (Hunding), Joyce Castle (Waltraute), Jagalyn Bower (Rossweise), Katharina Ikonomu (Helmwiege), Martha Thiegpen (Ortlinde), Diane Kesling (Siegrune), Wendy Hillhouse (Grimgerde), Pyramid Sellers (Gerhilde) y Sondra Kelly (Schwerleite). La dirección musical estuvo a cargo de James Levine.
            La primera jornada de la Tetralogía EL ANILLO DEL NIBELUNGO (DER NIBELUNGEN RING) puede representarse tanto sola como dentro de la misma. La ventaja que tiene cuando se representa la monumental obra de Wagner en forma completa permite apreciar mejor el hilo de la narración y el orden de los acontecimientos. No obstante, el Met la representa muy a menudo fuera del marco de la Tetralogía –la última vez, en Marzo de 2019, con la soprano estadounidense Christine Goerke como protagonista-. Sea como fuere, existe una explicación sobre cómo sucedieron las cosas en el Prólogo (EL ORO DEL RHIN) en el 2° Acto, cuando Wotan le confiesa a su hija predilecta –Brünhilde, la walkyria que da el título a la ópera y su protagonista-  lo sucedido con el enano Albrecht, quien robó el oro a las ninfas del Rhin para forjar un anillo cuyo propietario dominará el mundo. Debido a que el dios debió darlo como parte de pago a los gigantes Fasolt y Fafner por la construcción de su castillo –Walhalla-, Fafner mata a su hermano Fasolt y se transforma en un dragón para custodiarlo. Sólo podría conquistarlo un héroe libre –no creado por el dios-, pero éste todavía no ha nacido. Mientras tanto, para proteger su castillo, envía a las walkyrias a recolectar los cuerpos de los héroes muertos para defenderlo. ¿Por qué? En el interín, Albrecht sedujo a una mujer y ha tenido un hijo –Hagen, que aparecerá recién en EL OCASO DE LOS DIOSES- y de esa manera, prolonga su dinastía, que se contrapone a los intereses del dios. Ya sea por acumulación de poder –en el caso de Wotan- o de dinero –por parte de Albrecht-, cualquiera de las dos cosas puede llegar a corromper el mundo. Ése es uno de los principales mensajes que deja la tetralogía wagneriana, al igual que la salvación del mundo mediante la redención por el amor –cuyo leitmotiv aparece cantado por Sieglinde en el 3° Acto, alabando la bondad de Brünhilde por haberla salvado mientras se encuentra gestando a Siegfried, fruto de la unión con su hermano Siegmund-. Pese a que cuenta con el aval de Wotan (Wälsa), dicha relación incestuosa es imperdonable para Fricka, esposa del dios y diosa del matrimonio. Por ende, le ordena proteger a Hunding –esposo de Sieglinde- y matar a su propio hijo. Sin embargo, Brünhilde desobedece la orden de su padre y pagará muy caro su error: en vez de ser una walkyria divina, será una mujer mortal y esposa del primer hombre que la encuentre. No obstante, Wotan intercede a su pedido de protegerla dejándola sumida en un sueño profundo y rodeada de una muralla de fuego, para que sólo un verdadero héroe sea capaz de rescatarla de su letargo.
            La puesta en escena de Otto Schenk fue espectacular, con una escenografía y vestuario dignos de la mejor tradición wagneriana. Los efectos de iluminación de Gil Wechsler hicieron mucho hincapié en el claroscuro típico de las obras del genio de Bayreuth. En el 1° Acto, la casa de Hunding es humilde y posee un portón, que luego de la escena del descubrimiento de la espada  Nothung (“Ein Schwert verhies mir mein Vater”), se abre para dar paso al bosque florido iluminado por la luz de la luna, donde tiene lugar la escena de amor entre los gemelos Siegmund y Sieglinde (“Winter stürme wiehem den Wonnemond”). Mediante un efecto magistral de iluminación se logra que la espada brille cuando Siegmund más la necesita.  En el 2° Acto, en contraposición a la oscuridad, Fricka aparece íntegramente vestida de blanco, representando la pureza del matrimonio y brinda luminosidad en medio de la oscuridad, mientras que Brünhilde luce la armadura clásica sobre falda y blusa naranja –el resto de las walkyrias lo hace en tonos de gris-. Y en el 3° Acto, una vez que Wotan pronunció su implacable castigo, la escena se ilumina al quedar a solas con Brünhilde hasta el final, cuando invoca a Loge para rodear la roca de la walkyria con una muralla de fuego. Otro efecto de iluminación espectacular.
            En cuanto a los principales intérpretes, James Levine demostró ser un profundo conocedor de la partitura, logrando una muy buena profundidad y equilibrio sonoro desde el Preludio al 1° Acto, crenado el clima de misterio que envuelve la huida de Siegmund hasta que llega a casa de Hunding. Su marcación fue sumamente precisa y puso un énfasis especial en la célebre Cabalgata de las Walkyrias al inicio del 3° Acto. Y en cuanto a la escena final, el telón iba cayendo a medida que se iba desvaneciendo la música. Y que fue sumamente aplaudido al final. Por su parte, ha sido un auténtico placer escuchar un tenor de los quilates de Gary Lakes encarnando a Siegmund, que estuvo acompañado por una eximia Sieglinde: Jessye Norman. Ambos formaron una pareja inolvidable desde el punto de vista vocal y actoral, con un maravilloso intercambio de miradas cuando se reconocen a primera vista el uno al otro como hermanos y descendientes de Wälsa. También estuvo muy bien el detalle de ofrecer hidromiel –licor de la hospitalidad en la mitología nórdica- en un cuerno. Y en los interludios, las miradas de cariño y ternura se correspondían plenamente. Los matices dramáticos de Jessye Norman fueron estupendos, tanto en la consabida aria de amor (“Du bist der Lenz”) como en el diálogo con Brünhilde (“Niche sehre dich Sorge un mich”).  También ha sido un auténtico placer poder apreciar a la legendaria Christa Ludwig como Fricka, cuya interpretación fue excelsa. James Morris ha sido uno de los mejores intérpretes de Wotan de todos los tiempos–rol que también cantó en el Teatro Colón- . Se destacó en la confesión junto a Brünhilde en el 2° Acto (“Ein anders ist’s”) y en el dúo del 3° Acto junto a la protagonista (“War es so schmächlich”) y en la escena de despedida de su hija dilecta (“Leb wohl, du kühnes, herrliches Kind”), donde ambos no sólo se fundieron en un abrazo lleno de ternura, sino que también sucedió lo mismo cuando le besa los ojos para luego sumirla en su sueño (“Der Augen, lichtende Paar”). Por su parte, el bajo alemán Kurt Moll también encarnó un soberbio Hunding. Si bien la caracterización de todos los personajes fue perfecta, la de éste en particular fue la mejor.
            El rol protagónico estuvo a cargo de Hildegard Behrens, quien interpretó una brillante Brünhilde de cabo a rabo a partir de su introducción en el 2° Acto (“Hojoho!”), donde no sólo demostró tener una perfecta técnica vocal, sino también alcanzar sin dificultad las notas agudas en los pasajes más dramáticos (“So sah ich Siegvater nie” y “Siegmund! Sich auf mich”). Y se lució desde el punto de vista actoral cuando decide proteger a Sieglinde y enfrentar a su padre. Por último, las diferentes cantantes que interpretaron a las Walkyrias en la célebre Cabalgata sonaron perfectamente bien cantando al unísono, aunque hubo alguna que otra desprolijidad desde lo individual.
            Ha sido un auténtico placer poder volver a escuchar a estos legendarios cantantes –muchos de los cuales actuaron en el Colón- y apreciar este clásico wagneriano con una puesta en escena y un vestuario  dignos de la mejor tradición de Bayreuth, merced al perfecto estado de conservación del material fílmico y sonoro. Ya sea representada individualmente o dentro de la Tetralogía, es Wagner en estado puro. Y eso es lo que realmente importa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario