viernes, 21 de marzo de 2025

 


María Belén Rivarola, protagonista de Aída en el segundo elenco para la apertura de Temporada del Teatro Colón. Créditos: Prensa Teatro Colón, fotografía de Lucía Rivero.


Con "Aída", el Colón inició su Temporada 2025


Teatro Colón

Miércoles 12 de marzo de 2025

Escribe: Graciela Morgenstern


"Aida“, de Giuseppe Verdi

Libreto: Antonio Ghislanzoni

Elenco: María Belén Rivarola, Mairín Rodríguez, Marcelo Puente, Leonardo Lòpez

Linares, Christian Peregrino, Emiliano Bulacios, Monserrat Maldonado y Sergio Spina

. Orquesta Estable del Teatro Colón

Coro Estable del Teatro Colón - Director del Coro: Miguel Martínez

Ballet Estable del Teatro Colón – Director: Julio Bocca

Concepción escénica y diseño de escenografía: Roberto Oswald

Repositor de escenografía: Christian Prego

Coreografía: Lidia Segni

Iluminación: Rubén Conde

Dirección de escena y diseño de vestuario: Aníbal Lápiz

Dirección musical: Marcelo Ayub

 


En una sala desbordante de público y en carácter de celebración por los 100 años de los

Cuerpos Estables del Teatro Colón, subió a escena Aída, de Giuseppe Verdi, una de sus

creaciones más espectaculares y una de las que más veces se ha representado en

nuestro primer coliseo. El Colón ha programado varias funciones con tres elencos

alternativos. Este comentario se refiere al segundo de ellos.

Fue esta una muy buena versión. La concepción escénica original es de autoría de

Roberto Oswald quien junto con Aníbal Lápiz, conformó durante muchos años una dupla

invencible. Esta puesta es una muestra cabal de esto y habla una vez más, de la gran

capacidad creativa del dúo. Repuesta por Christian Prego, la escenografía centra la


escena en torno de una gran esfinge, símbolo de Egipto y todo lo que su cultura

representa, el efecto creado es de una imponente magnificencia. Se suma el suntuoso

vestuario ideado cuidadosamente por Aníbal Lápiz, en el que trajes y tocados lucen tan

grandilocuentes como impecables. El diseño de iluminación de Rubén Conde contribuye

eficazmente a la ambientación y la marcación escénica, también de Lápiz, se ve eficiente

y esmerada, especialmente en el tratamiento de la masa coral y figurantes. Las

coreografías de Lidia Segni son adecuadas también. Los elementos se amalgaman en un

todo de alto impacto que refleja todo lo que se espera del gran equipo de profesionales

que son.

En el plano musical, sobresalió sin duda la Aída de María Belén Rivarola, por su voz de

buen caudal y el refinamiento en el canto. Sus dos arias "Ritorna vincitor" y "O patria mia"

fueron muy aplaudidas y recibió una gran ovación en el saludo final.

Marcelo Puente, debutando el rol de Radamés, actuó con total compromiso y salió airoso

de las dificultades que "Celeste Aida" plantea;. Realizó una muy buena actuación con muy buena

labor en dúos y escenas de conjunto.

Mairín Rodríguez fue una Amneris muy correcta, aunque en algunos momentos las

exigencias de la parte parecieron superar sus medios vocales.

En tanto, fue óptimo el desempeño de Leonardo López Linares encarnando a Amonasro,

en el que una vez más, exhibió todas sus bondades vocales e histrionismo.

De la misma manera, Christian Peregrino en el papel de Ramfis, mostró solvencia vocal y

actoral, así como Emiliano Bulacios, como el Rey de Egipto. En el rol de la Sacerdotisa,

Monserrat Maldonado resultó muy agradable al oído y Sergio Spina fue eficaz en el rol

breve pero ingrato del Mensajero, que requiere resonancia en el extremo grave.

El Coro Estable, bajo las órdenes de Miguel Martínez, respondió con excelencia a los

requerimientos de la obra, que no son pocos, reiterando su alta calidad vocal.

Marcelo Ayub al frente de la Orquesta Estable, fue fiel al estilo verdiano y dirigió con

tiempos precisos, logrando eficaz equilibrio sonoro y temperamento adecuado.

Los cálidos aplausos de un público entusiasta al final de la función, fueron muy

merecidos.

CALIFICACION: MUY BUENO


 Filarmónica con refrescantes aires…


Por Jaime Torres Gómez

Gran expectativa generó la apertura de la temporada de abono de la Filarmónica

de Santiago tras el anuncio de Paolo Bortolameolli como Director Titular

Designado, cargo que asumirá en propiedad a partir del 2026.

Próxima a cumplir 70 años, la Filarmónica ha sido la agrupación eje de las

temporadas de conciertos, ópera y ballet del Teatro Municipal de Santiago,

siendo el perfil de sus titulares, idealmente, experimentados directores de

conciertos y óperas. En el caso de Bortolameolli, conocido básicamente como

exitoso director de conciertos, queda la expectativa de ver sus próximas

contribuciones en ópera, considerando que se le ha visto poco en este género.  

La llegada a la Filarmónica de este prestigioso director nacional (muy bien

formado por David del Pino Klinge, más estudios complementarios en Estados

Unidos) viene precedida de una importante circulación internacional, como a la vez

por sus innovadoras (y a veces riesgosas…) propuestas comunicacionales que no

han dejado indiferentes al público tradicional y nuevas audiencias. Un botón de

muestra ha sido su reciente paso como jurado en el Festival de la Canción de Viña

del Mar, con una exposición que cruzó el umbral esperable de un director del

ámbito docto…

Por otro lado, el actual nivel de la Filarmónica se aprecia muy superior respecto a

los últimos dieciocho años de rendimientos variables, en parte al no haber contado

con titulares de jerarquía, más una dotación aún limitada de músicos estables,

requiriéndose de permanentes refuerzos. De hecho, las últimas temporadas han

sido acotadas en cuanto a cantidad de conciertos (urge retomar el abono de diez

programas, como antaño), como un poco impulso a la difusión de la música de

compositores nacionales. Felizmente, conforme la trayectoria de Bortolameolli, se

avizora una mayor diversificación programática, como bien se reflejó en el criterio

de las obras ofrecidas en la reciente apertura de temporada.

Haciendo gala a la misma historia filarmónica, con décadas aportando a la música

chilena, se reestrenó “Manará, homenaje a Jorge Peña Hen”, de la

joven compositora chilena Florencia Novoa, obra estrenada y presenciada hace

dos años junto a la Sinfónica Nacional Juvenil. Sobre esta inclusión, no se tiene

recuerdo que la Filarmónica haya hecho alguna obra de una mujer compositora

nacional, recibiéndose con total beneplácito, y, subsecuentemente, refrescando el

interés por conocer más del panorama creativo actual de la música de tradición

escrita local. 

Respondiendo a un potente relato a raíz del asesinato a Jorge Peña Hen, y sin

pretensiones efectistas, la obra responde eficientemente a su cometido, servida de

una ecléctica escritura, explotando una amplia gama de texturas y colores, más

una certera empatía evocativa. Quizás, en momentos, hay cierto hermetismo y


pocos contrastes (salvo el tratamiento rítmico al evocar la oscura Caravana de la

Muerte). La entrega de los filarmónicos (primera función) no se percibió con

debida aquilatación, quizás por falta de ensayo.

Como segunda obra, el Primer Concierto para Piano de P.I. Tchaikovsky, un

infaltable de las programaciones de orquestas, y casi diez años ausente en la

Filarmónica. De completo encomio haber contemplado esta magnífica obra e ideal

para atraer a nuevos públicos. Notable el desempeño del pianista macedonio

Simon Trpčeski, debutante en Chile. Con un enfoque de total frescura e

inteligentemente enfatizado en lo lúdico y lejos de toda prosopopeya, Trpčeski

derrochó musicalidad a borbotones servida de una consumada técnica, sacando

máximo partido posible al nuevo Steinway del Municipal, aún con camino por

recorrer (inexplicable su desuso desde julio pasado tras su estreno con el

mismísimo Danill Trofonov…), percibiéndose sin mayor brillo y con algunas

durezas. Gran manejo de las dinámicas y matices más una notable administración

del rubato. La alada batuta de Bortolameolli en total consubstanciación,

obteniendo estupenda respuesta en todo orden de los filarmónicos.

Y como broche de oro, una de las mejores versiones hechas en Chile de la

atrapante Quinta Sinfonía de Dimitri Schostakovitch, largamente ausente en la

Filarmónica, e ideal para motivar la presencia de público tradicional como nuevo.

Bortolameolli conoce a fondo los vericuetos de la obra, logrando un resultado

triunfal de este verdadero auto da fe schostakovitchiano, y no exento de

ambigüedades discursivas (difícil hallar los códigos ocultos plasmados por el gran

Dimitri…). Los filarmónicos, en estado de gracia, adhirieron “con tutti” a las

certeras indicaciones de carácter, dinámicas y tempi. Sin duda, una versión de

antología y de alto impacto en la gran audiencia congregada.

En suma, un inicio de la temporada filarmónica con refrescantes aires de calidad

interpretativa y de certero criterio programático, elementos esenciales para

proyectar una venturosa etapa de Paolo Bortolameolli

 


La Gran Escena del Templo en la imponente presentación visual de Aida, original de Roberto Oswald  en reposición de Anibal Lápiz. Foto: Prensa Teatro Colón, Carlos Villamayor.



AIDA – Función Abono Vespertino 09 de marzo 2025


En función de Abono Vespertino, el Teatro Colon abrió su temporada 2025 con Aida de

Giuseppe Verdi, interpretada por el primero de los tres elencos dispuestos para esta reposición

y que contó con la presencia de cantantes extranjeros en los roles principales.

En el rol de Aida, se presentó la soprano Carmen Giannattasio, ya conocida en el Colon cuando

cantó Desdémona, en Otello, junto a José Cura en 2013. Pese a estar pasando por un doloroso

momento familiar, Giannatassio intervino en esta función en forma muy profesional y sacando

adelante su rol de manera correcta dentro de las circunstancias que atraviesa. Seguramente,

en otras condiciones su lucimiento hubiera sido mejor.

Daniela Barcellona, retornó al Colon para ser Amneris en esta Aida. Buen desempeño vocal y

escénico, matizando sus frases, dando sentido a la palabra y los requerimientos vocales y

actorales de su personaje.

El tenor Martin Mühle fue Radames. Si bien su voz es importante y su registro agudo es de

gran calidad, carece totalmente de sutileza en su canto por lo que resulta inexpresivo y hasta

monótono; sobre todo en la II escena del acto IV, donde las circunstancias del momento

argumental requieren (y Verdi o pide), menos volumen y más expresión.

El barítono Youngjun Park como Amnoasro, hizo un muy buen debut en nuestro teatro. Una

voz importante, contundente y expresiva.

Otra muy buena interpretación fue la del bajo Simon Lim. Una voz importante y rica en

matices, que pudo mostrarla en un rol que no es de gran lucimiento para los cantantes de su

cuerda y que sin embargo, lo hizo sobresalir entre el elenco.

Diego Bento como El Mensajero y Marina Silva como Sacerdotisa cumplieron con sobrada

calidad sus pequeños roles.

No todo fue muy feliz con la Orquesta Estable y el Maestro Stefano Ranzani al frente. Hubo

desajustes en algunos momentos con los cantantes, y las trompetas, en La Marcha Triunfal

tuvieron alguna imprecisión. Seguramente eso se irá corrigiendo en el devenir de las

funciones.

La vieja puesta de Roberto Oswald lució una vez más demostrándonos que el argumento de

Aida transcurre en Egipto en la época de los faraones. Eso solo, es desde ya una novedad y

gracias a la dirección escénica de Aníbal Lápiz, quien vio esta ópera por primera vez, puede irse

del Teatro Colon con la tranquilidad de haber entendido la trama argumental de la opera Aida,

de Giuseppe Verdi.


                                                                                            Roberto Falcone

jueves, 6 de marzo de 2025

 Estupendo concierto de apertura de la Sinfónica Nacional en el Palacio Sarmiento


LOS MEJORES, CON MAESTRÍA Y CRITERIO


Martha CORA ELISEHT


Ha comenzado un nuevo año y, por ende, un nuevo ciclo de conciertos de la

Orquesta Sinfónica Nacional. La distinguida agrupación inauguró su temporada 2025 el

pasado viernes 28 de Febrero de la mano de su principal director invitado -Emmanuel

Siffert- en el Auditorio Nacional del Palacio Domingo Faustino Sarmiento, donde

participó en calidad de solista el cuarteto de trombones VIENTO SUR integrado por

Carlos Ovejero, Pablo Fenoglio, Enrique Schneebelli y Jorge Urani para interpretar el

siguiente programa:

- Concierto par cuarteto de trombones y orquesta- Gerardo GARDELIN (1965)

- Sinfonía n°2 en Mi bemol mayor, Op.63 (en memoria de HM Eduardo VII)- Sir

Edward ELGAR (1857-1934)

Con un orgánico prácticamente completo, la orquesta realizó su presentación sobre

el escenario para la tradicional afinación de instrumentos a cargo del concertino

Gustavo Mulé tras lo cual, los solistas y el director hicieron su presentación sobre el

escenario. El mencionado cuarteto de trombones se formó en 2002 y sus integrantes se

desempeñan como solistas de dicho instrumento en las principales orquestas del país:

Carlos Ovejero y Pablo Fenoglio, como trombones tenor en la Sinfónica Nacional y

Estable del Teatro Colón y, en el caso de Enrique Schneebelli y Jorge Urani, como

trombones bajo en la Estable del Colón y Sinfónica de Córdoba respectivamente. Se

caracteriza por presentar un estilo innovador y un sonido versátil, compacto,

contundente y muy bien equilibrado. Realiza numerosas giras internacionales y ha

participado en los principales festivales para dicho instrumento en Estados Unidos (Salt

Lake City en Utah, Fort Myer en Virginia y Austin y Lubbock en Texas, entre otras

ciudades), en Brasil (Segundo Festival “Carlos Gomes”, Campinas) desde 2008 hasta la

fecha y en Argentina, en el Festival Trombonanza, que se organiza todos los años en la

ciudad de Santa Fe. También han realizado numerosas giras por el interior del país,

donde actuaron junto a las Orquestas Sinfónicas de Córdoba, de Santa Fe, de Rosario y

Orquesta de la Universidad Nacional de Tucumán. Asimismo, han ofrecido numerosas

clases magistrales en las universidades más importantes de Estados Unidos desde ese

mismo año y grabaron dos discos: Del sur y otros aires (2008) y Tango (2010) con

obras para cuarteto de trombones de diversos compositores argentinos (Gerardo

Gardelin y Gerardo Schiavon) y otros autores como Jan Koetsier, Irvin Wagner y

Duvensky.

Precisamente, el Concierto para cuarteto de trombones y orquesta de Gardelín fue

estrenado por VIENTO SUR junto a la Orquesta Sinfónica de Oklahoma en Stillwater

(Minnesota, Estados Unidos) en 2017 e interpretado por primera vez en el país junto a

la Orquesta Sinfónica de Santa Fe en 2019. Posee tres movimientos y se inicia con un

Allegro in tempo di malambo a cargo del cuarteto solista en diálogo con la orquesta,


caracterizado por muy buenos contrapuntos entre el cuarteto de trombones con los

metales, percusión y maderas. Asimismo, el diálogo entre los trombones tenores y bajos

fue de una perfección absoluta, donde Pablo Fenoglio llevó la voz cantante seguido por

Enrique Schneebelli, seguido de un muy buen solo de Carlos Ovejero en contrapunto

con Schneebelli y Urani. A continuación, un cantábile en cuerdas anuncia el segundo

tema antes del solo de trombón bajo -magnífico desempeño de Jorge Urani- seguido por

el resto del cuarteto hasta recapitular en el malambo inicial, que cierra con un poderoso

tutti orquestal. El segundo movimiento (Andante cantábile) abre con una balada a cargo

del trombón tenor seguido por el resto y, posteriormente, por la orquesta con una

melodía de fuerte impronta romántica -de hecho, remeda al 3° movimiento de la

Sinfonía n°2 de Rachmaninov- cuyo desarrollo va in crescendo con el cuarteto y la

orquesta. Cada uno de los trombonistas se lució en sus respectivos solos y en la fuga

final, para dar fin con otro tutti orquestal de manera abrupta. En cambio, en el

movimiento final (Allegro enérgico) abre la orquesta y luego, el cuarteto de trombones

se acopla desarrollando una serie de variaciones sobre el tema principal, de carácter

dramático, que alterna con un segundo tema (Lento) que brinda cierto clima de misterio,

tomado con gran brillo por el cuarteto solista. Una magnífica interpretación donde el

sonido y la maestría fueron lo primordial hasta tal punto, que el Auditorio Nacional

estalló en aplausos y vítores luego de la misma, hecho que motivó a los solistas a

ofrecer un bis: un inusual arreglo para cuarteto de trombones de la tradicional zamba

Paisaje de Catamarca, de Rodolfo “Polo” Giménez, que sonó brillante (hasta tal punto,

que daban ganas de cantarla). Los músicos se retiraron sumamente aplaudidos tras este

nuevo logro.

La obra de fondo elegida para esta ocasión fue la Sinfonía n°2 en Mi bemol mayor,

Op.63 de Elgar, compuesta entre 1909 y 1911 y dedicada al rey Eduardo VII de

Inglaterra. Su estreno se produjo en el Festival Musical de Londres en 1911 con el

compositor al podio, quien la definió como “el apasionado peregrinaje del alma”.

Prueba de ello es su poderosa orquestación -requiere de un orgánico prácticamente

completo que lleva cuerdas, maderas por 3, metales por 3, tuba, clarinete en Mi bemol,

2 clarinetes en si bemol y clarinete bajo, corno inglés, contrafagot, 2 arpas y abundante

percusión- y los diferentes motivos que aparecen en los 4 movimientos en los cuales se

divide la obra (Allegro vivace e nobilmente/ Larghetto/ Rondo/ Moderato e maestoso).

El Allegro vivace e nobilmente inicial se inicia con intervalos amplios en las cuerdas y

maderas altas, sujeto a fluctuaciones métricas asombrosas, que le dan mucha

expresividad y pasión (“tremendous in energy”), según palabras de su propio autor. Le

sigue un bellísimo tema lírico a cargo de las arpas seguido de un largo episodio

espectral a cargo de los trombones y la tuba, que Elgar definió como “una especie de

influencia maligna deambulando por el jardín en la noche de verano” dado por el

“motivo fantasma” en los violines. Mediante una serie de capitulaciones y

elaboraciones complejas, el movimiento más largo de la obra -dura alrededor de 17

minutos- culmina con una coda con final virtuoso. El 2° movimiento (Larghetto) es una

marcha fúnebre de carácter elegíaco de gran belleza tonal debido a la muerte del

monarca en 1910. El Rondó del 3° movimiento hace las veces de scherzo y estuvo muy

bien logrado por los integrantes de la orquesta merced a la magistral dirección de

Emmanuel Siffert, quien se lució por su marcación, empaste y dominio de tempi para

culmina con un final brillante. El movimiento final (Moderato e maestoso) es tan o más


elaborado que el inicial, escrito en forma de sonata donde se intercalan tres melodías, de

las cuales, una alude a Hans Richter, quien fuera promotor de la música de Elgar. A

pesar de poseer un desarrollo brillante, el final culmina en pianissimo, que se va

esfumando lentamente hasta que la melodía desaparece. La versión ofrecida por la

Sinfónica Nacional fue estupenda, con un gran logro de todos los matices desplegados

en esta sinfonía de modo solemne, brillante y, al mismo tiempo, dramático. Los grupos

de instrumentos principales se destacaron en su conjunto, a modo de solistas. No es una

obra que se interprete muy a menudo – de hecho, se interpretó en el Colón el año pasado

por la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires bajo la dirección de Wolfgang Wengeroth-

y la orquesta brindó una excelente versión merced al profesionalismo de sus integrantes.

El Auditorio Nacional se puso de pie al finalizar el concierto, donde tanto el director

como los músicos fueron intensamente aplaudidos.

Cada vez que Emmanuel Siffert dirige a la Sinfónica Nacional se establece un

romance que se traduce en versiones caracterizadas por su brillo, fuste y enjundia.

Prueba de ello fueron las magistrales interpretaciones de Vida de Héroe de Richard

Strauss y el War Requiem de Benjamin Britten ofrecidas el año pasado y el concierto

inaugural de la presente temporada continúa en la misma línea. Sería ideal su

designación como director estable de la mejor orquesta sinfónica del país, ya que ha

dado pruebas de sobra para merecerlo.