Espectacular concierto a cargo de la Orquesta y el Coro Estables del Colón
PARA ALQUILAR BALCONES
Martha CORA ELISEHT
En vísperas de cumplirse su centenario el año próximo, la Orquesta Estable del
Teatro Colón no sólo se especializa en ópera, sino que también es capaz de interpretar
otros géneros; muy particularmente, música sinfónica o conciertos sinfónico- corales. Si
bien no se organizó para el corriente año un ciclo de abono, sí se está ofreciendo una
serie de conciertos extraordinarios por parte del mencionado organismo. El pasado
domingo 28 del corriente tuvo lugar el segundo concierto de esta serie en homenaje a
Giacomo Puccini (1858-1924) con motivo del centenario de su fallecimiento, dirigida
por José María Moreno, con participación del Coro Estable del Teatro Colón, bajo la
dirección de Miguel Martínez y los siguientes solistas: Pablo Fenoglio (trombón),
Gastón Oliveira Weckesser (tenor) y Omar Carrión (barítono) para brindar el siguiente
programa:
- Preludio de LE VILLI
- Dos intermezzi de LE VILLI:
- I. “L’Abbandono”
- II. “La Tregenda”- Giacomo PUCCINI (1858-1924)
- Concierto para trombón y orquesta- Nino ROTA (1911-1979)
- Misa a cuatro voces (Misa de Gloria)- Giacomo PUCCINI (1858-1924)
Tras tomar ubicación en el escenario, el Coro femenino y los integrantes de la
Estable – estos últimos, bajo la guía del concertino Oleg Pishenin- dieron comienzo al
concierto bajo la tutela de José María Moreno Valente para interpretar el preludio y los
dos Intermezzi de la primera de las óperas de Puccini (LE VILLI), compuesta en 1884
para un concurso de la editorial Sonzogno, cuando el genio de Lucca sólo tenía 25 años.
Lamentablemente, fue un fracaso, pero logró que su competidora -RICCORDI- la
publicara, a cambio de expandir la historia: de sólo un acto, pasó a tener dos y, por lo
tanto, se sumaron los dos intermezzi que aquí se representan: “L’abbandono” (El
abandono, la deserción) y “La Tregenda” (El espectro). Puccini es el primer
compositor italiano que toma el mito de las Willis -almas en pena de novias o mujeres
abandonadas por sus enamorados, muertas en víspera de su boda-. El primero abre y
cierra con el coro, que relata los hechos, mientras que el segundo se inicia con un
narrador. En este caso, se prescindió de este último para permitir un mayor lucimiento
de la orquesta en todos sus matices, donde Puccini ofrece un contrapunto entre maderas
y cuerdas en el preludio que abre la obra -auténtica melodía del Romanticismo tardío- y
se perfila como un gran sinfonista. Moreno Valente imprimió su ímpetu y plasticidad al
dirigir en forma conjunta a la Estable y al Coro, logrando una muy buena versión. Por
su parte, el Coro femenino sonó muy equilibrado y muy bien preparado.
Además de ser un eminente compositor de música de películas, Nino Rota dejó
varias obras para orquesta e instrumentos solistas. Su Concierto para trombón y
orquesta data de 1966 y consta de tres movimientos: Allegro giusto/ Lento, bien ritmato/
Allegro moderato, que muestran el lirismo del compositor y que también representan un
desafío para el solista, debido a que posee pasajes de gran virtuosismo. Es una de las
obras más conocidas del repertorio sinfónico de este gran compositor italiano y se
estrenó en Milán en 1969. La versión ofrecida por Pablo Fenoglio fue magistral,
demostrando su virtuosismo y fraseo en el manejo del instrumento, logrando un sonido
muy redondo y compacto. Por su parte, Moreno Valente supo lograr un muy buena
amalgama sonora y equilibrio entre orquesta y solista, lo que le valió un sinfín de
aplausos tras su interpretación. El trombonista aprovechó la oportunidad para interpretar
un bis: Improvisación n°1, de Enrique Crespo -que forma parte de los concursos para
integrar la fila de trombones de la Estable-. Posee ribetes de jazz y síncopa y permite
explorar todos los matices del instrumento sin utilizar una sordina (sólo con el manejo
de la vara). El Colón volvió a estallar en aplausos tras su interpretación.
Para la segunda parte del concierto, la obra elegida fue la Misa a cuatro voces –
más conocida como Misa de Gloria-, compuesta por Puccini en 1880 como ejercicio de
graduación del Instituto Musicale Luigi Boccherini de su ciudad natal antes de
perfeccionarse en Milán. A diferencia de una verdadera misa de Gloria -que sólo abarca
el Kyrie y el Gloria-, aquí también posee el Credo, Sanctus, Benedictus y Agnus Dei.
Sin embargo, nunca la publicó en vida, sino que intercaló partes de su Misa en otras de
sus obras – el Kyrie, en EDGAR y el Agnus Dei, en MANON LESCAUT-. Recién se
descubrió la partitura original en 1952 y se pudo editar para poder representarla. Es una
obra de enorme belleza escrita para coro a 4 voces, tenor y barítono, que fue,
precisamente, lo que se pudo apreciar en la presente versión, con un Coro Estable
maravillosamente equilibrado y bien preparado, una orquesta que sonó auténticamente
enérgica – característica fundamental de la música de Puccini- merced a la formidable
dirección de Moreno Valente y un excelente desempeño de Gastón Oliveira Weckesser y
Omar Carrión en los pasajes solistas.
Se logró un digno homenaje mediante un repertorio no convencional, con obras
que se ejecutan escasamente -con excepción de la Misa de Gloria- dentro del repertorio
italiano. Unido esto a la magnífica labor de José María Moreno Valente a cargo de la
Estable y de Miguel Martínez a cargo del coro, el Colón fue una fiesta. Como se dice
vulgarmente, para alquilar balcones.