domingo, 12 de noviembre de 2023

 


        Créditos: Servicio de Prensa del Teatro Colón, Fotografía del Mtro. Arnaldo Colombaroli


Extraordinario recital de Bryn Terfel y Carla Filipcic Holm junto a la Filarmónica


Y UN DÍA, VOLVIERON LA CALIDAD Y LA EXCELENCIA

Martha CORA ELISEHT


Los intérpretes invitados al Ciclo de Abono de la Orquesta Filarmónica de

Buenos Aires no paran de desfilar y son de una jerarquía y calidad absolutas. En este

caso, se contó con una estrella de la lírica mundial: el bajo- barítono galés Bryn Terfel,

quien se presentó sobre el escenario del Colón junto a la soprano argentina Carla

Filipcic Holm el pasado sábado 11 del corriente dentro del abono de la mencionada

orquesta bajo la dirección de Julian Kuerti, donde se ofreció el siguiente programa:

- Obertura

- “Was dufter doch der Flieder”, de LOS MAESTROS CANTORES DE

NÜREMBERG- Richard WAGNER (1813-1883)

- “Abendlich strahlt der Ssonne Auge”, de EL ORO DEL RHIN- Richard

WAGNER (1813-1883)

- “Mild und leise”, de TRISTÁN E ISOLDA- Richard WAGNER (1813-1883)

- “Cabalgata de las Walkyrias”

- “Despedida de Wotan”, de LA WALKYRIA- Richard WAGNER (1813-1883)

- “Ha! Welch’ ein Augenblick”, de FIDELIO- Ludwig van BEETHOVEN (1770-

1827)

- “Son lo spirito che nega”, de MEFISTOFELE- Arrigo BOITO (1842-1918)

- “Ió son l’umile ancella”, de ADRIANA LÉCOUVREUR- Francesco CILEA

(1866-1950)

- Entreacto al Acto II

- “If I were a rich man”, de EL VIOLINISTA EN EL TEJADO- Jerry BLOCK

(1928-2010)

- “Summertime”

- “Bess, you is my woman now”, de PORGY & BESS- George GERSHWIN

(1898-1937)

- “Art is calling for me”, de LA ENCANTADORA- Victor HERBERT (1859-1924)

- “Stars”, de LOS MISERABLES- Claude- Michel SCHÖNBERG (1944)


No es la primera vez que el bajo- barítono galés visita la Argentina -debutó con un

recital en 2018, con Laura Ward como pianista acompañante-, pero sí en un recital con

orquesta. En cuanto a Julian Kuerti, también era la primera vez con la Filarmónica –

tanto en 2017 como en 2022, lo hizo junto a la Orquesta Estable- y, tras la tradicional

afinación de instrumentos y con un orgánico numeroso, el canadiense ofreció una muy

buena versión de la célebre obertura de LOS MAESTROS CANTORES DE

NÜREMBERG (título que falta desde 1980 en las Temporadas Líricas del Colón).

Seguidamente y, munido de un martillo y un zapato, Terfel hizo su aparición sobre el

escenario del Colón para brindar una excelente versión del aria de Hans Sachs (Was


dufter doch der Flieder/ Cómo huelen las lilas). Su caudalosa voz, su dominio escénico

y su maestría deleitaron los oídos de todos aquellos amantes de la música de Wagner. Lo

mismo sucedió encarnando a Wotan en el aria final de EL ORO DEL RHIN cuando el

padre de los dioses se dirige al Walhalla. Sin embargo y, pese al correcto manejo y

marcación de tempi por parte del director, se escucharon algunas pifias por parte de los

bronces -más específicamente, en las tubas wagnerianas-. Una lástima, porque empañó

el excelente nivel del resto de los instrumentistas. La voz y el dominio escénico de Sir

Bryn Terfel volvieron a brillar antes de dar paso a Carla Filipcic Holm, quien brindó una

exquisita versión de la muerte de amor de Isolda (Mild und leise, wie er lächelt). La

soprano argentina es una perfecta intérprete de dicho rol y lo demostró con creces sobre

el escenario del Colón, retirándose ovacionada.

Una entiende que la Filarmónica es una orquesta que maneja más repertorio

sinfónico que ópera, pero la celebérrima Cabalgata de las Walkyrias es una pieza que

forma parte del repertorio habitual de los programas de conciertos sinfónicos y recitales.

Hubo numerosos errores por parte de los bronces y se notó, pero no fue impedimento

para que Bryn Terfel volviera a brillar una vez más encarnando a Wotan en la bellísima

escena de Despedida antes de sumir en un sueño profundo a Brünhilde -su hija

predilecta- sobre la roca de la walkyria. No sólo cantó a la perfección este rol

wagneriano, sino que, además, demostró un perfecto dominio del escenario y los

tiempos previamente a la invocación a Loge -semidiós del fuego- para levantar la

muralla cuya llamarada protegerá a Brünhilde hasta que un verdadero héroe la rescate

de su letargo. En este caso, la Filarmónica tuvo una muy buena actuación en la

capitulación y coda finales, donde los diferentes leitmotives se ejecutaron perfectamente

para cerrar esta primera parte del concierto.

La segunda parte se abrió con otra aria del repertorio alemán: “Ha! Welch’ ein

Augenblick” (Pizarro) de FIDELIO. El galés volvió a lucirse como el malvado

corregidor y regente de la prisión donde Florestan está confinado en las mazmorras por

desobedecer las órdenes del tirano. Además de su impecable dominio escénico y su

maestría vocal, su perfecto dominio del alemán hizo posible una interpretación de alta

jerarquía. Pero aún faltaba el plato fuerte de la noche: la demostración plena de sus

dotes histriónicas y las inflexiones de su voz para encarnar al Diablo en

MEFISTOFELE, de Arrigo Boito. El público deliró al escucharlo chiflar en Son lo

spirito che nega -más conocida como aria del chiflido- y comenzó a aplaudir

rabiosamente antes que comenzara la segunda parte de la misma. Tras cantar la segunda

estrofa, el delirio fue total y el público lo ovacionó.

A continuación, Carla Filipcic Holm demostró que también sabe incursionar en el

repertorio italiano brindando una excelente versión de Ió son l’umile ancella, de

ADRIANA LÉCOUVREUR. Es un aria que puede ser interpretada tanto por una

mezzosoprano como una soprano dramática y, en este caso, quedó fehacientemente

demostrado que es la mejor soprano dramática de la Argentina en la actualidad. Otro

aluvión de aplausos para esta gran artista.

La comedia musical es un género en el cual Bryn Terfel también ha incursionado y

decidió ofrecer varios fragmentos de este género: el primero de ellos, como el lechero

Tevye en EL VIOLINISTA EN EL TEJADO, donde demostró que, además de ser un gran


cantante, es todo un showman. Bailó, actuó y cantó este rol que supieron inmortalizar el

actor israelí Topol y, a nivel local, Raúl Rossi. Por su parte, la Filarmónica brindó una

muy buena versión del entreacto al Acto II de dicha obra. Sin embargo, no convenció en

el aria que eligió para cerrar el recital: Stars, de LOS MISERABLES. Hubo momentos

donde la orquesta lo tapó, ya que lleva mucha percusión y su voz era apenas perceptible

al final. En cambio, Carla Filipcic Holm se lució en Art is calling for me (El Arte me

está llamando) de la opereta LA ENCANTADORA, del compositor irlandés Victor

Herbert. Fue compuesta en 1911 durante su estadía en Estados Unidos y narra la historia

de la prima donna de la ópera Vivien Savary, quien es presionada por el Ministro de

Guerra de Zergovia -Ozir- para seducir al príncipe Iván. Si éste se enamora de una

plebeya, debe abdicar al trono y, por lo tanto, Ozir se transformaría en el regente de

dicho país. Pero como Vivien se enamora de Iván, le pide al malvado Ozir los papeles de

abdicación y se encarga de destruirlos. Mientras tanto, la princesa Stellina – quien desea

ser artista y no quiere saber nada de política- es quien canta esta célebre canción en

tiempo de marcha. Un perfecto dominio escénico de la soprano argentina en este género

y una revelación para quienes tomaron contacto por primera vez con esta obra. También

se lució con la célebre canción de cuna de Clara (Summertime) de PORGY & BESS, al

igual que junto a Bryn Terfel en el duetto de amor de la única ópera de Gershwin

(“Bess, you is my woman now”). Una muy buena combinación entre bajo y soprano y

otra ovación de aplausos para este célebre dúo.

Al término del recital, se ofrecieron dos bises: una canción galesa tradicional a

cargo de Bryn Terfel, y otra aria de un musical de Irving Berlin: Anything you can do -

que fuera interpretada como obra de cierre en el recital brindado por Thomas Hampson

y Luca Pisaroni en 2019-, que pertenece a ANNIE GET YOUR GUN (1946), donde tiene

lugar una feroz competencia de destrezas entre ambos protagonistas, ya que uno lo

puede hacer mejor que el otro. Ambos cantantes se sacaron chispas sobre el escenario

de manera muy divertida bajo la magistral dirección de Kuerti. Otra ovación de aplausos

para los intérpretes, quienes se retiraron muy satisfechos.

En una entrevista que esta cronista mantuvo con Carla Filipcic Holm a la salida del

Colón, la soprano manifestó que había dedicado el aria de LA ENCANTADORA a la

memoria de la gran gestora de cultura uruguaya María Julia Caamaño -fallecida

recientemente-, quien le recomendó preparar dicha obra para un evento que iba a tener

lugar en ese país que, lamentablemente, no se concretó. Un merecido homenaje a quien

fuera presidente del Centro de Cultura Musical del Uruguay y que tanto hizo por la

cultura del país hermano.

En cuanto al desempeño de la orquesta, la Filarmónica debiera ejecutar con mayor

asiduidad la obra de Wagner. Si bien la Estable sobresale en el ámbito operístico, hay

muchas obras del genio de Bayreuth que forman parte del repertorio sinfónico y

debieran ejecutarse más a menudo, ya que hace rato que faltan de las temporadas líricas

oficiales. Una vez que se cuenta con intérpretes de jerarquía y excelencia vocal para

interpretarlas, debieran estar un poco más aceitadas para que todo suene perfecto.



 



                           Créditos: De Paraíso para Usted, Martha Cora Eliseht con equipo propio


Impecable rescate de obras de Arriaga por el Ensamble Concentus en el Salón Dorado


OBRAS INÉDITAS DIGNAS DE DESCUBRIR


Martha CORA ELISEHT


Fundado en 2019, el Ensamble Concentus es el primer ensamble orquestal de

Sudamérica que se dedica a la interpretación del repertorio clásico- romántico europeo y

sudamericano con criterios historicistas. Está formado por notables músicos y

estudiantes avanzados no sólo de toda la Argentina, sino también de países limítrofes

como Chile, Uruguay, Paraguay y Brasil. La agrupación dirigida por Ricardo

Sciamarella se presentó el viernes 10 del corriente en el Ciclo de Cámara del Salón

Dorado del Teatro Colón con un repertorio formado pura y exclusivamente por obras

del compositor vasco Juan Crisóstomo de Arriaga (1806-1826), que contó con el

auspicio del Ayuntamiento de Bilbao y la asociación Laurak Bat para ofrecer el

siguiente programa, donde se emplearon instrumentos de época de fines del siglo XVIII:

- Obertura, Op.20 (Adagio/ Allegro assai) (1821) (estreno argentino)

- Obertura, Op.1 (Adagio/ Allegro) (1818)

- Sinfonía en Re menor (1824) (estreno argentino):

- Adagio/ Allegro vivace

- Andante

- Menuet/ Trío

- Allegro con moto

- Obertura de “Los Esclavos Felices” (Andante pastoral/ Allegro) (1820)

Ha sido un gran mérito de Ricardo Sciamarella difundir el repertorio de este

compositor tan poco conocido en estas latitudes, a quien se lo denominó “el Mozart

español” por sus dotes musicales de niño prodigio, así como también por su muerte

precoz a los pocos días antes de cumplir los 20 años, ocurrida en París como

consecuencia de tuberculosis. Nacido en Bilbao en 1806, desarrolló sus dotes musicales

desde temprana edad. Su padre había sido organista en la iglesia de Berriatua (Vizcaya)

y se trasladó en 1802 a Bilbao, donde ejerció como comerciante. Gracias a esta última

actividad, prosperó y permitió que Juan Crisóstomo tuviera educación musical desde

pequeño. Estudió violín y frecuentó las sociedades musicales de aquel entonces en su

ciudad natal hasta que compuso su primera obra (“Nada y Mucho”) en 1817. De su

etapa en Bilbao datan la Obertura, Op. 1 (1818), una Marcha Militar para banda, Op.2

y dos Himnos Patrióticos, Op.3 y Op.4. En 1820 aboca todos sus esfuerzos en la

composición de la ópera “Los Esclavos Felices”, de la cual sólo se conservan la

obertura y algunos fragmentos. Por recomendación del compositor José Sobejano y

Ayala, su padre decide enviarlo a París para que pudiera adquirir los conocimientos que

su ciudad natal no podía ofrecerle. En 1821 contaba sólo con 15 años cuando llegó a

París para estudiar en la École Royale de Musique et Déclamation -posteriormente,

Conservatorio- con los siguientes maestros: Pierre Baillot en violín, François- Joseph

Fétis en armonía y Luigi Cherubini en contrapunto. Sus profesores quedaron tan

maravillados con sus dotes que lo nombraron profesor répetiteur de la clase de fuga y


contrapunto de Fétis cuando sólo era un estudiante avanzado, ganándose un enorme

respeto y prestigio por parte del alumnado. De esta etapa surgen la mayoría de sus

obras, como los Tres Cuartetos para cuerdas y su Sinfonía en Re menor. No obstante,

sus múltiples tareas como intérprete, profesor y compositor pudieron tener influencia en

su muerte como consecuencia de una tuberculosis, acontecida en París en Enero de

1826. Tras su deceso, se le envió a su familia un baúl que contenía su violín y muchos

de sus manuscritos, que fue depositado en un desván y olvidado hasta 1869, cuando su

sobrino nieto Emiliano de Arriaga y Ribeiro decide rescatar la obra de su tío abuelo para

que sea conocida y difundida en su ciudad natal. Por dicho motivo, se crea en 1887 la

primera Comisión Permanente Arriaga en Bilbao, cuyo objetivo es difundir, publicar y

estudiar la obra del compositor. En 1888 se publica la partitura de los tres Cuartetos

para Cuerdas- quizás, su obra más conocida- y se le brinda una enorme difusión a nivel

local. Posteriormente, sus descendientes donaron las partituras al Ayuntamiento de

Bilbao y, como consecuencia de una grave inundación ocurrida en 1983, muchas de las

partituras se destruyeron. Afortunadamente, y merced a un minucioso trabajo de

reconstrucción, se pudieron recuperar y digitalizar para poder descargarlas y

consultarlas desde una página web especialmente creada a tal efecto.

Debido a que en los conciertos que se ofrecen en el Salón Dorado sólo existe un

programa de mano digital, Ricardo Sciamarella se refirió brevemente al compositor y su

obra luego de los agradecimientos a los auspiciantes antes de dar comienzo con la

Obertura, Op.20, que data de 1821 y consta de dos movimientos: Adagio/ Allegro assai.

Posee mucha influencia de inspiración mozartiana, pero también, ribetes de Haydn y

Beethoven en el crescendo y la fuga del Allegro assai, donde el compositor inserta una

melodía de su tierra natal -similar a una jota- antes de finalizar con un pasaje con golpes

de arcos que remedan la obertura de Il Signore Bruschino de Rossini. La interpretación

fue muy buena, al igual que en la Obertura, Op.1 que, como ya se dijo anteriormente,

pertenece a la etapa bilbaína del compositor. Data de 1818 y, a diferencia de la anterior,

se ejecuta con una orquesta más reducida. También posee dos movimientos: un Adagio

(en tono menor) de carácter solemne, seguido de un allegro (en tono mayor), de carácter

alegre y jovial. La orquesta estuvo muy bien ensamblada, logrando un sonido compacto

y buen empaste.

A continuación, tuvo lugar en calidad de estreno local la Sinfonía en Re menor para

gran orquesta, que pertenece a la etapa parisina de Arriaga y que fuera compuesta entre

los años 1824 a 1825. Consta de 4 movimientos (Adagio- Allegro vivace/ Andante/

Menuet- Trío/ Allegro con moto) y su orquestación lleva cuerdas, maderas por 2, 2

trompetas, 2 cornos y timbal, obedeciendo a la formación clásica característica de aquel

entonces. A diferencia de la obra anterior, el Adagio inicial está escrito en tono mayor y,

posteriormente, pasa a un Allegro vivace en tono menor, de corte beethoveniano, pero

con un estilo particular, imprimiendo su sello en la coda final. El Andante es de carácter

solemne y recuerda a la Sinfonía n°6 (“Pastoral”) de Beethoven, mientras que el

Menuet- Trío es vivaz y romántico, de carácter cortesano, donde el compositor

demuestra su capacidad en el manejo del contrapunto entre las diversas secciones de

instrumentos. Cierra con un apasionado y temperamental Allegro con moto, donde

Arriaga vuelve a imprimir su sello personal con un final avasallante. El público

respondió con un cálido aplauso tras la excelente interpretación de la sinfonía.


Por último, el Ensamble brindó una muy buena versión de la obertura de la ópera

Los Esclavos Felices, compuesta en 1820 y que consta de dos partes: Andante pastoral/

Allegro. Este último movimiento subdivide al tema pastoral principal y lo transforma en

una obra de carácter alegre y jovial. Se pudo escuchar un glissando introducido por las

violas y seguido por los vientos, con un contrapunto muy interesante entre estas dos

secciones de instrumentos que, posteriormente, se unen para brindar al movimiento

fuerza y energía. Los principales solistas de instrumentos de cuerdas desarrollaron una

muy buena labor, al igual que la cavatina a cargo de los cornos previamente a la

capitulación y fuga finales. Una muy buena labor que se vio coronada por numerosos

aplausos y vítores por parte del público.

Pese al mal clima imperante en esa fecha, el público concurrió masivamente al

Salón Dorado para ver de qué se trataba. Se encontró con un compositor totalmente

desconocido, cuya obra es magnífica y vale la pena totalmente descubrir y rescatar.

 


                      Créditos: Servicio de Prensa Teatro Colón, fotografía del Mtro. Arnaldo Colombaroli



Muy buena producción integral de “MADAMA BUTTERFLY” en el Colón


ENTRE LA NECESIDAD Y LA DIGNIDAD


Martha CORA ELISEHT


A menos de un año de cumplirse el centenario del fallecimiento de Giacomo

Puccini (1858-1924), el Teatro Colón decidió cerrar su temporada lírica con uno de los

títulos más emblemáticos del genio de Lucca: MADAMA BUTTERFLY, cuyas

representaciones podrán verse en el escenario del mayor coliseo porteño desde el 7 al 17

del corriente con puesta en escena de Livia Sabag, escenografía de Nicolás Boni,

vestuario de Sofía Di Nunzio, iluminación de José Luis Fioruccio y proyección en video

de Matías Otálora. Participan los maestros Diego Censabella y Masato Tamasaki como

asistentes de director musical; Mercedes Marmorek, en dirección de escena y Lilia

Scagliarini como asistente de vestuario. La dirección musical estará a cargo de Jan

Latham- Koenig para las funciones de abono, y Carlos Vieu, para las extraordinarias.

Asimismo, el Coro Estable actuará bajo la dirección de Miguel Martínez.

Esta cronista asistió a dos funciones extraordinarias los días 8 y 9 del corriente,

con el siguiente reparto, respectivamente:

- Daniela Tabernig/ Anna Sohn (Cio- Cio San/ Butterfly)

- Riccardo Massi/ Fermín Prieto (Pinkerton)

- María Lujan Mirabelli/ Cecilia Díaz (Suzuki)

- Omar Carrión/ Leonardo López Linares (Sharpless)

- Ramiro Pérez/ Gabriel Centeno (Goro)

- Felipe Carelli/ Fernando Grassi (Príncipe Yamadori)

- Emiliano Bulacios/ Christian Peregrino (tío Bonzo)

- Juan Barrile/ Sergio Wamba (Comisario Imperial)

- Edgardo Zecca/ Augusto Nureña Santis (Oficial)

- Rosario Mesiano/ Mariana Carnovali (Kate Pinkerton)

- Mariano Crosio/ Carlos Esquivel (Yacuside)

- Marina Torres/ Marta Del Giorgio (la Madre)

- Constanza Castillo/ Carmen Nieddu (la Prima)

- Roxana Horton/ Carina Höxter (la Tía)

y la participación de los niños Alina Geldymuradov Rutkauskas, Uma Michelle

Florencio y Lisandro Silva (Dolore, hijo de Butterfly).

Compuesta en 1904 con libreto de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica sobre la

novela homónima de David Belasco (Madame Butterfly, a Tragedy of Japan), es la

ópera que mejor narra la situación de una mujer joven y adolescente dentro de un

contexto adverso. A su vez, Belasco se basa en el relato homónimo de John Luther

Long (1898) y éste, sobre la novela Madame Chrysanthéme, de Pierre Loti (1887). Sin

embargo, algunos estudiosos afirman que el libreto está basado sobre hechos verídicos

ocurridos en Nagasaki en 1890.


Hija de una familia noble y pudiente venida a menos tras el suicidio de su padre

por mandato del Mikkado, Cio- Cío San conoce la pobreza y debe trabajar como geisha

para poder sobrevivir. No eran muchas las posibilidades que tenía una mujer en aquel

entonces para subsistir en una sociedad paternalista y conservadora como la japonesa,

con excepción del matrimonio. Precisamente, la protagonista toma esta última decisión

como medio para salir de la pobreza y lo hace con un extranjero, con toda la esperanza

de una vida mejor, que incluye hasta un cambio de religión. Su tío Bonzo la descubre y

se lo reprocha delante de todos sus parientes el mismo día de su boda. Aquí se desata el

nudo central del drama: su familia la abandona por haber cometido una ofensa

irreprochable y deposita todas sus esperanzas en su marido. Sin embargo, la fidelidad

eterna no está dentro de los planes de Pinkerton, quien planea casarse con “una vera

sposa americana”, tal como lo plantea al final del dúo con Sharpless. Para el marino,

sólo se trata de una aventura más, motivo por el cual la abandona, dejándola librada a su

suerte y en la absoluta miseria, sin saber que ha concebido un hijo con ella y

enterándose por medio del cónsul. De ahí la genialidad de Puccini de tratar un tema tan

actual y candente como la violencia de género: no por medio de violencia verbal y

golpes, sino de privaciones e incertidumbre -otro tipo de violencia psicológica-. Al

comprender que sólo regresa para llevarse a su hijo con su nueva esposa, defraudada y

despojada de lo que más ama en este mundo, Butterfly decide cumplir con el mandato

de suicidarse con la espada de su padre mediante un harakiri para preservar su dignidad.

Precisamente, la régie de Livia Sabag se basa en estos dos conceptos: la pobreza y la

degradación de la protagonista, quien no está preparada para afrontar la maldad de este

mundo. De ahí que la puesta en escena sea árida, oscura y estéril, pero respetando la

concepción original de la obra. La minka – casa común japonesa- situada sobre la colina

permite el desarrollo de todas las escenas. Sin embargo, sólo Goro, Sharpless y Kate

Pinkerton la suben, mientras que el cortejo nupcial entra desde un costado del escenario.

Quizás este sea el error más importante acorde a lo especificado en el libreto (“¿É un po

dura la scalata?”). La escenografía se completa con un árbol seco y rocas diversas. Se

proyectan videos sobre un telón para marcar los cambios que suceden en el 2° y 3° acto

-un alud y la crecida de un río, que indican la situación en que se encuentra la

protagonista acorde a la concepción de la régieseusse- y se muestra el deterioro de la

casa durante los 3 años de ausencia de Pinkerton. En el preludio al 3° acto, aparece el

marino y juega con su hijo. La iluminación se concentra sobre ellos mientras el telón

donde se proyecta el video sigue funcionando. En el momento del tutti orquestal con el

leitmotiv de la boda de la protagonista, aparece el sueño de Butterfly de reunirse con su

marido y su hijo en un prolongado abrazo y un beso apasionado, dando la imagen de

una familia perfecta y feliz. Un recurso muy bien logrado, que luego se desvanece para

dar paso a la realidad. El vestuario de época también concuerda con la concepción

original de la obra y, a diferencia de otras puestas en escena donde la protagonista se

viste a la usanza occidental en el 2° acto, Butterfly usa un kimono cuyo ruedo y mangas

se ven un tanto sucios y desprolijos, al igual que el de Suzuki, acorde a la concepción

escénica anteriormente mencionada.

En ambas funciones, Carlos Vieu ha dirigido magistralmente a la Orquesta

Estable, que sonó auténticamente forte e appasionata -características de Puccini-, con

brillo y enjundia. Bien conocida es su vasta experiencia como director de ópera y

demostró un perfecto conocimiento de la partitura. También ha sido excelente la


participación del Coro Estable bajo la dirección de Miguel Martínez y conmocionó a la

audiencia en el celebérrimo coro a bocca chiusa al final del 2° acto.

En cuanto a los roles secundarios y, en líneas generales, los integrantes de ambos

elencos han tenido un muy buen desempeño. Ha sido un placer poder escuchar a una

destacada intérprete del rol protagónico como Marina Torres en el rol de la Madre, al

igual que Carmen Nieddu como la Prima y Carina Höxter y Roxana Horton como la

Tía. Lo mismo sucedió con Edgardo Zecca y Augusto Nureña Santis como el Oficial;

Juan Barrile y Sergio Wamba como el Comisario Imperial y, en el caso del tío Bonzo, el

de Christian Peregrino fue algo superior que el de Emiliano Bulacios. Tanto Mariana

Carnovali como Rosario Mesiano brindaron una muy buena Kate Pinkerton, al igual

que Mariano Crosio y Carlos Esquivel como Yacuside. En cuanto al Príncipe Yamadori,

Felipe Carelli fue superior a Fernando Grassi en la interpretación de este rol, al igual

que Gabriel Centeno como Goro. Su presencia escénica fue imponente, ya que es el

principal personaje dentro de los coprimarios. Ramiro Pérez estuvo muy bien

caracterizado y compenetrado con el personaje, pero vocalmente, fue inferior. Si bien no

cantan, la actuación de los niños que interpretan a Dolore fue fantástica y se retiraron

muy aplaudidos.

En cuanto a los roles principales, tanto Omar Carrión como Leonardo López

Linares brillaron sobre el escenario del Colón como Sharpless. Ambos son notables

intérpretes de este rol y lo demostraron con creces sobre el escenario. Lo mismo sucedió

en el rol de Suzuki merced a la profesionalidad y al oficio actoral tanto de María Luján

Mirabelli como de Cecilia Díaz. Desde el punto de vista vocal, ambas fueron muy

parejas y quizás se la vio mejor plantada a esta última desde lo actoral.

El tenor italiano Riccardo Massi es una voz un tanto justa para las dimensiones

del Colón -ya se lo apreció como Radamés en 2018, donde, precisamente, no brilló- y

comenzó un tanto flojo en los diálogos con Goro. A medida que transcurría la acción,

fue creciendo paulatinamente hasta el dúo de amor (“Vieni la sera”) y sí se destacó en

el 3° acto (“Addío, fiorito asil”). Sin embargo, su voz carece del squillo que sí posee

Fermín Prieto, quien tuvo un destacadísimo desempeño desde el comienzo al final. El

tenor mendocino se lució sobre el escenario del Colón para dar vida a un excelente

Pinkerton desde los primeros compases hasta brillar en el dúo con Sharpless

(“Dovunque al mondo/ il yankee vagabondo”) y se mantuvo durante toda la obra.

Daniela Tabernig se encuentra en el mejor momento de su carrera y lo demostró

con creces una vez más sobre el escenario del Colón, dando vida a una Butterfly ideal en

todos los aspectos desde el comienzo en el fuera de escena (“Ancora un paso or vía”)

hasta los diferentes pasajes de su estado de ánimo en el dúo de amor (“Rinnegata e

felice” y el bellísimo “Vogliatemi bene”). Fue sumamente aplaudida en la célebre aria

del 2° acto (“Un bel di vedremo”) y sus dotes histriónicas se pusieron de manifiesto al

escuchar las duras palabras de Sharpless al final de la lectura de la carta. Lo mismo

sucedió en el encuentro con Kate y en la despedida de su hijo (“Addío, idolo mío”). Y,

como no podría ser de otra manera, la ovación del público fue total al finalizar la obra.

En cuanto a la soprano coreana Anna Sohn, es una buena cantante y una excelente

actriz. Quizás, su voz sea un tanto justa para un teatro como el Colón, pero lo compensó

merced a su oficio, al conocimiento del personaje y al physique du rôle. En el 1° acto se


la escuchó un tanto justa y, al igual que Massi, fue creciendo a medida que iba

avanzando la obra. No obstante, también recibió una nutrida ovación al final.

De las pocas versiones de MAADAME BUTTERFLY que esta cronista ha visto y

escuchado en el Colón, ésta ha sido la mejor desde lo estrictamente musical y vocal. (La

primera, en 1980, con Elena Mauti Nunziata en el rol protagónico, que fue espantosa y

la de Yoko Watanabe en 1984, que fue una muy buena intérprete de este rol, pero donde

falló el tenor). Una vez más, se demuestra que existe mucho talento a nivel nacional

como para contratar a cantantes internacionales cuyas voces no sobresalen ni brillan

sobre el escenario del Colón. Acorde al título de esta nota, los cantantes locales tienen la

necesidad imperiosa de presentarse en el mayor coliseo nacional para honrar y

dignificar su profesión.

sábado, 11 de noviembre de 2023

 



                            Créditos: Luciana D'Attoma, Dirección Nacional de Eléncos Estables. 

 

DOS ESCUELAS NACIONALISTAS HABILMENTE PROGRAMADAS

 

Centro Cultural Kirchner, Temporada 2023. Presentación de la Orquesta Sinfónica Nacional, Director: Diego Censabella. Solista: Mario de Salvo (Bajo). Participación del Coro Polifónico Nacional, Director: Antonio Domeneghini. Programa: Obras de Bartok y Castro. Auditorio Nacional, 08 de Noviembre de 2023.

 

NUESTRA OPINION: MUY BUENO

 

  En lo que para la Argentina es la “Semana de la Tradición”, la que tiene epicentro el 10 de Noviembre aniversario de la publicación del máximo poema nacional, “Martín Fierro” de José Hernández,  la Sinfónica Nacional rescató de un injusto olvido la partitura basada en esta obra compuesta por Juan José Castro, uno de los compositores y directores de orquesta que más bregó por un conjunto sinfónico nacional de máxima calidad. Junto a este trabajo, otro de trascendencia universal: la suite  del ballet “El Mandarín Maravilloso” de Bela Bartok. Si Castro fue un músico que partió de una influencia universal para luego converger en un lenguaje musical de corte nacional, Bartok hizo un recorrido a partir del lenguaje musical de su tierra para arribar a la universalidad. Interesante combinación.

 

  El Mtro. Diego Censabella fue el director invitado que tuvo a su cargo la conducción del concierto. Se inició con la Suite de Bartok, la que comienza con sonoridades bajas para ir ganando en intensidad. Basada en una obra de Melchior Lengyel, compuesta entre 1918 y 1919 y estrenada con escándalo y censura en Colonia en 1926, la trama contiene un Cocktail explosivo entre miseria, seducción, excitación y violencia que causó revuelo en su “premier”. La música es intensa de comienzo a fin, los momentos de mayor tensión son rubricados con pasajes en “fortíssimo” y necesita de sumos cuidados para evitar desbordes. La versión de Censabella tuvo esa intensidad y en los momentos más  vibrantes los “fortes” por momentos saturaron la acústica del auditorio nacional,  por lo cual, en esos instantes no hubo nitidez de planos sonoros.

 

  En cuanto a la cantata “Martín Fierro” de Juan José Castro, es una página clara e inequívoca de su producción del período nacionalista. Se inicia con los versos del primer canto (el célebre “Aquí me pongo a cantar”), prosigue con el fragmento de la vuelta del destierro en donde el protagonista halla su tapera pero encuentra que su mujer y sus hijos se han ido, prosigue con la trifulca en el baile y culmina con la célebre batida con un grupo de gauchos en donde en el medio de la lucha encuentra que uno de ellos , el Gaucho Cruz,  decide pelear junto a él y no contra él, naciendo la fuerte amistad entre ellos. Es una música descriptiva con momentos de intensidad y brillo orquestal, una fuerte intervención del solista y un coro que actúa de manera auxiliar  con la narración. Aquí sí, Censabella realizó una concertación sumamente acertada, con impecable ajuste, muy buen empaste, plena conexión con el coro y el solista vocal. Hubo noble trabajo por parte de los sectores de vientos y metales y una cuerda sumamente brillante. Mario de Salvo realizó una muy buena faena con sólida emisión , expresividad y una perfecta dicción castellana. El Coro Polifónico Nacional contó una vez más con la muy buena preparación de Antonio Domeneghini, exhibiendo una emisión homogénea de timbre acerado a tono con la partitura. Entre todos rescataron esta obra, varias veces anunciada como postergada, de un injusto olvido. Volver a las raíces muchas veces ayuda.

 

                                                                                                                                          Donato Decina

lunes, 6 de noviembre de 2023

 

 

UN INTERESANTE ATARDECER EN LA PLATA

 

Teatro Argentino de La Plata, temporada 2023: Ciclo de conciertos de la Orquesta Estable, Directora Invitada: Natalia Salinas. Solista: Adriana Mastrángelo (Mezzosoprano). Programa: Obras de Bordalejo, Ravel y Sibelius. Sala Alberto Ginastera, 05 de Noviembre de 2023.

 

NUESTRA OPINION: MUY BUENO

 

  Como parte de sus actividades del año 2023 y tras la largamente esperada concreción de la reapertura de la sala Alberto Ginastera, el Teatro Argentino de La Plata presentó un nuevo concierto de su Orquesta Estable a una semana escasa del anterior que culminara en un rotundo triunfo de la agrupación, en esa oportunidad comandada por el Maestro Luís Gorelik.  En esta oportunidad y nuevamente con un exigente programa, que incluyó el estreno mundial de una obra encargada por el Teatro y dos verdaderas joyas de la música, la conducción le fue confiada a una de las batutas femeninas de mayor trascendencia en los últimos tiempos: la santacruceña Natalia Salinas.

 

  El concierto se inició con el estreno mundial de la Suite “Parkour”  de Tomás Bordalejo, joven compositor quién actualmente reside en Francia. Se trata de una obra en dos movimientos sumamente contrastantes entre sí. Basándose en que Parkour es “el nombre de una técnica física que consiste en  transformar la escenografía urbana en obstáculos que deben ser sorteados” (así lo define la información que recibí de Prensa del Teatro Argentino), la obra se inicia desde las sonoridades más bajas, va progresando en un “crescendo” que tiene como protagonistas a los metales de la Orquesta hasta llegar a un poderoso “climax” sonoro. Continúa con una sección central confiada a  cuatro cornos y percusión a modo de un intermedio de corte más calmo el que desemboca nuevamente en un poderoso “tutti” orquestal con el que culmina esta primera parte. El segundo movimiento es de corte más reflexivo, en el que la mayor carga recae sobre la cuerda, la que expone una línea melódica. En duración es mucho más breve que el primero, culminando con la música casi “flotando” en el aire. Una vez más, Natalia Salinas volvió a demostrar su real capacidad en la conducción de repertorio contemporáneo,  guiando un conjunto que respetó hasta la mínima marcación de la notable conductora. La falta de programas de mano hizo que el público aplaudiera entre movimientos y que al concluir la obra esperara unos cuantos segundos antes de comenzar con los aplausos. Lamentablemente esa fue la tónica durante todo el concierto, diferente al anterior en donde hubo un magnífico silencio durante la interpretación de las obras.

 

  En la continuidad del programa, apreciamos una vez más a Adriana Mastrángelo en una obra de siglo veinte, en lo que parece ser el repertorio para la que se la ha requerido a lo largo de la temporada, exhibiendo toda su valía interpretativa con momentos superlativos de canto. “Sheherazade” de Maurice Ravel fue en ésta oportunidad la página abordada. Obra generadora de climas, con instantes de aura misteriosa,  otros de despliegue brillante y momentos de supremo lirismo. Desde la primera canción (Asia), Mastrángelo impuso su voz y su autoridad interpretativa, muy bien secundada por Salinas y la Orquesta, quienes brillaron en los momentos puramente orquestales con su intensa carga dramática. Ya en la segunda canción (Le Flute Enchantee), con un magnífico solo del titular de flauta, Mastrángelo entregó la mejor parte vocal con una expresividad sin fisuras y en la página de cierre “El Indiferente” todos lucieron por igual, coronando de esta manera una muy buena y digna versión.

 

  Tras el lógico intervalo, Natalia Salinas y la Estable acometieron con una de las joyas virtuosas del período Post-romántico, La sinfonía Nº 2 en Re mayor, Op. 47 de Jean Sibelius. Obra con la que culmina el período nacionalista de su producción, cuenta con instantes de suma intensidad, fuerte carga dramática y una secuencia final con sus dos últimos movimientos entrelazados que culminan en un brillante estallido que lleva a una triunfal coda de cierre. Una oportunidad para apreciar la valía de la Maestra en este repertorio.

 

  Salinas adoptó un “tempi” ágil en el inicio en donde más allá de algunas pequeñas imperfecciones   fue virando hacia pasajes muy bien llevados, culminando en un muy buen pianissimo.  Sobrevino luego el bucólico segundo movimiento en donde tras el lento comienzo se va entrelazando un  diálogo entre cuerdas y vientos con el que se cerrará este momento. Aquí hubo un mayor ajuste y suma claridad y precisión en la marcación de la Directora. Llegamos entonces a los dos movimientos de cierre en donde se escuchó por lejos lo mejor de la tarde. Hubo brillo orquestal, claridad de ideas y una magnífica exposición del célebre tema central a cargo de las cuerdas, las que deslumbraron por su tersura. La intensa coda de cierre fue muy bien llevada por Salinas hasta concluir la obra de manera estupenda. La cerrada ovación del público premió la labor, insistiendo en llamar al escenario a la Directora la que a mi entender se apresuró en retirarse y culminar así el concierto. Cuando el soberano brinda un mimo al alma hay que recibirlo con afecto y dejar que sea justamente el público el que decida cuando se extingue el aplauso.

 

Donato Decina

 Exitoso retorno a un indispensable espacio…


                                                                        Por Jaime Torres Gómez

Definitivamente, la recuperación de los espectáculos en su conjunto (¿aún en

pandemia…?), es plena.

Sin, embargo, la gradualidad de apertura en algunos espacios ha discurrido más

lenta de lo esperado, como en el caso de la magnífica sala de la Fundación

Corpartes, donde recién, hace poco más de un año, retomó su oferta de

espectáculos.

En la actualidad, la parrilla programática de Corpartes, a diferencia de antaño, no

es comparable frente a la realidad económica que enfrenta, dándose hoy una

política muy conservadora en su oferta, no obstante manteniendo, en lo macro,

su histórico perfil.

Sin perjuicio de lo anterior, en lo logístico, urge disponer de facilidades para

estacionamientos, como lo fue por muchos años, en el entendido que buena parte

del público llega en auto, instándose poder implementar convenios con espacios

cercanos para incentivar (y fidelizar) una mayor audiencia.

En este contexto, tras cuatro de ausencia, recientemente la Sinfónica

Nacional de Chile -que inauguró

el Teatro Corpartes, presentándose luego muchas veces- regresó para un par de

programas, celebrándose este retorno ante las excepcionales condiciones

acústicas que caracteriza a esa sala, y asimismo una nueva instancia para

expandirse a otros públicos.

En lo programático -con visos “experimentales”-, se ofrecieron

grandes hits de música para el cine de John Williams, y luego una propuesta en

base a diversas suites. Ante una buena concurrencia, se dio cuenta de la

conveniencia de perseverar presentándose en Corpartes, ora ante los beneficios

artísticos para la misma orquesta (excelente acústica), ora una mayor cobertura

territorial de sus actividades.   

Se asistió al segundo programa, al presenciarse el anterior en el Teatro de la

Universidad de Chile, sede de la Sinfónica. A priori, hubo calibrado interés al

incluirse una obra de culto de la música nacional, como la Suite

Latinoamericana de Luis Advis, seguida de las Suites de los ballets El Lago de

los Cisnes y Cascanueces, de Tchaikovsky. No obstante al tratarse de una

presentación dirigida hacia una nueva audiencia, fue excesivo disponer

de dos suites tchaikovskianas (con una, suficiente…), pudiendo combinarse

con otras suites como las de El Pájaro de Fuego, La Cenicienta (Prokofiev),

o Raymonda (Glazunov), entre muchas, diversificando mejor el programa.


Magníficamente dirigido por Christian Lorca, ascendente director nacional, abrió

con una excelente versión de la “Suite Latinoamericana”. Con una perspectiva

continental, esta obra plasma ecos sonoros de distintas locaciones a través de

un discurso de genuina inspiración vernácula, con eclécticos recursos

compositivos y gran oficio de orquestación.

De completa asimilación, Lorca ausculta las bondades intrínsecas de la obra,

brindando total unidad e idiomatismo. Gran manejo de las transiciones, resaltando

la elocuencia (y profundidad) del tema conductor a partir del preludio. Excelentes

balances, transparencias y matices, más concentrada respuesta de los sinfónicos.

La segunda parte con las Suites del Lago de los Cisnes y Cascanueces,

nuevamente mostraron la solidez musical de Christian Lorca, ofreciendo versiones

sin tropiezos en todo sentido. Excelentes indicaciones de dinámica, carácter y

coherentes acentos, dando cuenta de un director que merece máxima atención en

su desarrollo profesional.

En suma, un exitoso retorno de la Sinfónica Nacional a un espacio indispensable

de la vida cultural de Santiago como es el Teatro Corpartes, y magníficamente

liderado por una batuta local en ascenso...

 Estreno local de “ANTIDOTUM TARANTULAE XXI” a cargo de la Filarmónica


A CADA TARÁNTULA LE LLEGA SU HALCÓN


Martha CORA ELISEHT


En la infancia y parte de la adolescencia, hubo películas que han dejado una

huella imborrable. En el caso particular de quien escribe, LA CRÓNICA HELLSTROM –

magistralmente dirigida por Jamie Uys en 1973- fue uno de los primeros documentales

que trató el fascinante mundo de los insectos y los arácnidos desde un punto de vista

estrictamente científico. En dicho film, una de las escenas muestra cómo una avispa -el

halcón de la tarántula, enemigo natural de la mencionada araña- sobrevuela su cueva

hasta aprovechar el momento en que sale de su escondite para paralizarla con su

veneno, matarla y, posteriormente, alimentarse de ella para luego, depositar sus huevos

a modo de nido.

Del extraordinario mundo de la entomología viene aparejado el título de esta

nota con motivo del estreno local de ANTIDOTUM TARANTULAE XXI, del compositor

italiano Giovanni Solima dentro del Ciclo de Abono de la Orquesta Filarmónica de

Buenos Aires, hecho que tuvo lugar en el Teatro Colón el pasado sábado 4 del corriente

bajo la dirección de Valentina Peleggí. El mencionado concierto formó parte del ciclo

DIVINA ITALIA y actuaron como solistas el propio compositor junto a Mario Brunello

(violoncellos) para interpretar el siguiente programa:

- Scheherezade, Op.35- Nikolai RIMSKY- KORSKOFF (1844-1908)

- Antidotum Tarantulae XXI (concierto para dos violoncellos y orquesta)-

Giovanni SOLIMA (1962)

- Los pinos de Roma- Ottorino RESPIGHI (1879-1936)

La mencionada obra de Solima fue compuesta por encargo de la Orquesta Sinfónica

de Chicago y estrenada en 2014 por dicha agrupación sinfónica dirigida por Riccardo

Mutti, con el compositor como solista junto a Yo-Yo Ma. Se basa en antiguas danzas del

sur de Italia como la pizzica de la Puglia -inmortalizada por Domenico Modugno- y la

tarantela, ya que se creía que poseían un aspecto curativo contra la mordedura de dichas

arañas (casualmente, tarantela deriva de tarántula). Posteriormente, pasaron a formar

parte del bagaje cultural del sur de la península y se tornaron inmensamente populares.

Solima realizó variaciones sobre tarantelas de Nicola Vicentino (1511-1572) y

Athanasius Kircher (1602-1680) en dos de sus 5 movimientos (Moderato assai/ Allegro/

Moderato assai, basado en Nicola Valentino/ Allegro: Antidotum Tarantulae, basado en

Athanasius Kircher/ Moderato assai (variazioini)), que representan un auténtico desafío

para los dos cellos solistas. La orquestación lleva maderas por 2, metales por 2,

trombón, tuba, abundante percusión y cuerdas. Se inicia en lo más grave a cargo de los

contrabajos apoyados por el parche, mientras el primer cello marca la melodía y el

segundo cello sirve de apoyo. Luego, ambos instrumentos tocan al unísono hasta la

entrada de la orquesta. Es una melodía absolutamente tonal, audible, con buena línea

instrumental, profundidad sonora y numerosos contrapuntos a cargo de los diferentes


instrumentos (clarinete, timbal, flauta, oboe, corno), donde los solistas demuestran todo

su virtuosismo en las numerosas variaciones y los movimientos rápidos. Tanto Brunello

como Solima han visitado la Argentina en varias ocasiones y son dos eximios

intérpretes de dicho instrumento, donde prevalecieron su digitación, fraseo y pizzicato

en pasajes de muy difícil ejecución (hay una parte donde tocan con el arco en la parte

superior del instrumento mientras ejecutan un pizzicato). A las melodías ya

mencionadas se le agregan ribetes de jazz y otros ritmos latinoamericanos como la

contradanza cubana y danzas antiguas europeas (sarabanda, bourrée) interpretadas por

la orquesta. La obra culmina con una extensa fuga a cargo de la orquesta, que se

evanesce paulatinamente para culminar con la melodía inicial a cargo del solista. Al

público le gustó y recibió numerosos aplausos. El dúo Solima/ Brunello alzó sus

instrumentos en señal de aprobación y ofrecieron un bis que hizo delirar al público

desde los primeros compases: una monumental transcripción para dos violoncellos de

Bohemian Rhaapsody de Freddy Mercury y Brian May, que sonó magistralmente. Una

jamás imaginó que la música de Queen se tocaría algún día en el Colón y el dúo de

cellistas italianos lo hizo posible. La ovación fue total y absoluta.

Llamó la atención que la celebérrima Scheherezade de Rimsky- Korsakov haya sido

la obra elegida para la apertura de este concierto, ya que, por lo general, se interpreta

como obra de fondo. La maravillosa suite sinfónica basada sobre los cuentos de Las Mil

y Una Noches es una obra que forma parte del repertorio de la Filarmónica y que

permite explotar al máximo la capacidad de los solistas de los principales grupos de

instrumentos, característica que una pudo apreciar desde el primer leitmotiv formado por

la escala de cuatro notas de la escala de tonos enteros descendente que representa al

sultán Shahriar hasta las notas a cargo de las maderas, previamente a la introducción del

leitmotiv de la protagonista representado por el violín -magistral interpretación de Pablo

Saraví, completamente compenetrado con la obra desde el Largo e maestoso del 1°

movimiento (El mar y el viaje de Simbad, Allegro non troppo) hasta el final, con un

excelente acompañamiento de Alina Traine en arpa-. La profesionalidad de los

integrantes de la orquesta hizo posible una versión correcta, con excelentes

intervenciones de los principales solistas de las correspondientes filas de instrumentos

en los movimientos restantes (La historia del Príncipe Kalendar/ Lento: andantino-

Allegro molto- con moto; El joven príncipe y la joven princesa: Andantino quasi

allegretto- Pochissimo piú animato; Festival en Bagdad. El mar. El barco se estrella

contra un acantilado coronado por un guerrero de bronce: Allegro molto- vivo- Allegro

non troppo maestoso). Sin embargo, no puede decirse lo mismo del desempeño de

Valentina Peleggi en ciertas entradas y del manejo de los tempi en algunos pasajes

(entrada de trompeta a tiempo y el solo de trombón en el 2° movimiento, en tiempo más

lento de lo que una está habituada a escuchar). Observándola desde lo alto, dio la

impresión de que realizó gestos muy ampulosos y una marcación que no siempre

condecía con lo expresado en la partitura. Por lo tanto, la versión sonó como debía

merced al profesionalismo de la Filarmónica y es lo que esta cronista escuchó y vale la

pena recalcar. Sí tuvo muchísimo mejor desempeño en Los Pinos de Roma, donde se

respetaron los tempi y hubo un muy buen trabajo de cromatismo del poema sinfónico de

Respighi en sus cuatro movimientos (Los pinos de Villa Borghese/ Los pinos cerca de

una catacumba/ Los pinos del Gianicolo/ Los pinos de la Vía Appia). Con un orgánico

prácticamente completo, todos y cada uno de los músicos aportaron su granito de arena


para brindar una muy buena versión de esta obra maestra del máximo representante del

impresionismo italiano y se retiraron sumamente aplaudidos.

Independientemente que la extensión de las obras hizo que el concierto fuera muy

prolongado, el hecho de programar un poema sinfónico y una suite orquestal dentro del

mismo concierto llamó poderosamente la atención de quien escribe. Si fuera por el hilo

conductor de los comentarios del programa de mano (Compases de brújulas y danzas),

una de las obras no tendría que haberse incluido, ya que Los Pinos de Roma no tienen

nada que ver con las danzas. Lo mismo podría decirse de Antidotum Tarantulae XXI, ya

que tampoco tiene que ver con los viajes. Pero como formó parte de DIVINA ITALIA, el

repertorio italiano tiene obras de sobra como para integrar todo el programa a manera de

concierto temático, dentro del cual se incluía la obra de Solima. Y, con respecto de esta

última, el antídoto ha sido efectivo. Ahora bien: ¿para cuándo el antídoto contra los

celulares?… Es inconcebible que la gente no los apague o los silencie, aunque haya

indicación específica de hacerlo. Resulta sumamente molesto escuchar el sonido de una

alarma o de un ringtone mientras se está escuchando un concierto. A cada tarántula le

llegó su halcón, pero a los energúmenos que no silencian los celulares, no.

 

Muy buen concierto y estreno de “TEREZIN” a cargo de la Académica del Colón

 

MÚSICA PARA NUNCA MÁS OLVIDAR

Martha CORA ELISEHT

 

            Este es el primer año donde la Orquesta Académica del Teatro Colón organizó un Ciclo de Abono de conciertos. La agrupación dependiente del Instituto Superior de Arte de dicho coliseo brinda la oportunidad de perfeccionarse y foguearse a músicos muy jóvenes y talentosos que, con el correr del tiempo, pasarán a formar parte de las orquestas más prestigiosas del país. Asimismo, el Instituto Superior de Arte del Colón (ISATC) le brinda oportunidad a numerosos compositores mediante obras compuestas por encargo para su correspondiente estreno. Dentro de este ámbito, el pasado sábado 4 del corriente tuvo lugar en la sala principal del Colón los estrenos de la cantata TEREZIN, de Nelly Gómez y de He aquí la noche, de Claudio Alsuyet en el marco de un concierto a cargo de la Orquesta Académica del ISATC bajo la dirección de Paolo Bocchimuzzi, donde participaron los siguientes intérpretes: Iván Rutkauskas (piano), Denise Pertusi (soprano) y el Coro de Niños del Colón, dirigido por César Bustamante.

            El programa estuvo integrado por el siguiente repertorio:

-          Kikimora (leyenda para orquesta), Op.63- Anatoli LYADOV (1855-1914)

-          He aquí la noche (estreno mundial)- Claudio ALSUYET (1957)

-          Concierto para piano y orquesta n°2 en Fa mayor, Op.102- Dmitri SHOSTAKOVICH (1906- 1975)

-          Cantata por Terezin para narradora, coro de niños y orquesta (estreno mundial) – Nelly Beatriz GÓMEZ

-          Sinfonía n°1 en Re mayor, Op.25 (“Clásica”)- Sergei PROKOFIEV (1891-1953)

Desde la tradicional afinación de instrumentos se pudo apreciar una orquesta muy bien afinada y afiatada, característica que prevaleció durante todo el repertorio comprendido dentro del concierto. Discípulo de Carlos Vieu, Paolo Bocchimuzzi no sólo es un director joven y talentoso sino que, además, se desempeña como coordinador de la Académica. Formó un verdadero binomio junto con los músicos desde los primeros compases de la mencionada obra de Lyadov. Con excepción de El Lago Encantado, la producción de este gran compositor ruso es poco conocida y frecuentada por estas latitudes. Por lo tanto, ha sido un gran mérito incluir el poema sinfónico Kikimora, compuesto en 1910 y que se basa sobre una leyenda de la mitología eslava. Las kikimoras son espíritus femeninos que habitan las casas escondiéndose tras las paredes y son protectoras cuando la casa está en orden; caso contrario, hace ruidos, rompe la vajilla y es muy difícil poderla sacar. Se presentan en las pesadillas como mujeres hermosas que torturan a los hombres con sus deseos (casualmente, en inglés, el término nightmare deriva de dicha raíz, al igual que cauchemar en francés). La obra se inicia en tono menor en los instrumentos graves hasta la introducción de una melodía típicamente rusa a cargo del corno inglés, que alterna con un segundo tema a cargo de las cuerdas en trémolo, flauta y clarinete bajo. La alternancia de estos dos temas da el clima de suspenso y misterio anteriormente descripto hasta desembocar en un Allegro giocoso que posee reminiscencias de El Aprendiz de Brujo, de Paul Dukas. La marcación y dirección de Bocchimuzzi fue muy buena, al igual que en la obra de Alsuyet, que fuera comisionada por el Instituto Superior de Arte del Colón. Es una melodía muy bien elaborada, con un glissando inicial a cargo de las cuerdas, maderas y arpa donde hay un muy buen solo de flauta y oboe, con contrapunto a cargo del fagot. La entrada de la noche se anuncia mediante un trémolo en cuerdas con acompañamiento de trombones, que marcan ese clima noctámbulo tan particular. Según palabras de su autor: “La poética de la noche, tan representativa en la vida”. Posee una muy buena línea melódica, tonal, con efectos de claroscuro, muy bien ensamblada. Fue muy bien recibida por parte del público y el autor salió a saludar al escenario, siendo sumamente aplaudido.

Seguidamente, Iván Rutkauskas hizo su presentación sobre el escenario para brindar una excepcional versión del concierto n°2 para piano y orquesta en Fa mayor de Shostakovich. Compuesto en 1957, fue dedicado a su hijo Maxim con motivo de su graduación en el Conservatorio de Moscú. Su estreno se produjo a fines de ese mismo año con la presencia del compositor al piano y consta de 3 movimientos: Allegro/ Andante/ Allegro y los dos últimos se ejecutan sin interrupción (attaca). Pese a su breve duración (20 minutos), posee pasajes de gran dificultad técnica, que fueron abordados de manera magistral, con un perfecto dominio de cadencias, arpegios y arabescos. Los numerosos contrapuntos a cargo de las maderas (fagot, clarinete y oboe en el Allegro inicial) estuvieron perfectamente ejecutados, con un gran desempeño por parte de la orquesta. Unido esto a la precisa marcación de Bocchimuzzi, la versión fue de excelencia y se vio traducida en un sinfín de aplausos y vítores al final de su interpretación.

A continuación, el Coro de Niños hizo su presentación en el escenario junto a la soprano Denise Pertusi (narradora) para interpretar la segunda obra en calidad de estreno mundial: la Cantata por Terezin, compuesta por Nelly Gómez por encargo del ISATC y basada en poemas encontrados en dicho campo de concentración, ubicado a 60 kilómetros de Praga y donde miles de judíos provenientes de varios países europeos fueron deportados a partir de 1941. Ubicado en una antigua ciudad amurallada fundada sobre la confluencia de los ríos Elba y Ohre por la emperatriz María Teresa de Austria (de ahí deriva su nombre en alemán, Theresienstadt), fue una fachada donde los nazis trataron de mostrar a la Cruz Roja que los reclusos en dicho ghetto estaban bien atendidos. Para ello, llevaron a artistas de diferentes rubros (pintores, escultores, escritores) para que los niños y adolescentes hicieran dibujos y escribieran poemas. Desgraciadamente, sólo quedaron 17.200 de los 150.000 habitantes que dicho campo de concentración poseía hacia 1942 antes de partir hacia los campos de exterminio. En base a los poemas escritos por los niños de Terezin, la compositora ideó una cantata para narradora, coro de niños y un ensamble orquestal de 19 instrumentos, donde cada uno de los números que la integran abre con un solo de shofar. Las cuerdas en trémolo y el murmullo del coro infantil crean la sensación de miedo, incertidumbre y desolación ante la evacuación del ghetto mediante un lamento muy bien elaborado por la orquesta. El efecto de cuerdas divididas y disonancias- reforzado por la percusión- muestra la incertidumbre ante lo que vendrá (Mi corazón sigue latiendo, en palabras de la narradora, que repite el coro a 4 voces). El coro estuvo muy bien preparado y ensamblado, mientras la melodía in crescendo – donde posteriormente, la soprano se une al canto- finaliza abruptamente con un redoble de timbal, que representa la resolución y el destino final de aquellas almas inocentes. Un merecido homenaje y un cálido aplauso por parte del público a los intérpretes y la compositora, quien también estuvo presente sobre el escenario.

Por último, la Académica brindó una versión fresca y chispeante de la Sinfonía n°1 (“Clásica”) de Prokofiev, compuesta en 1917 y escrita según los cánones tradicionales en 4 movimientos (Allegro, en Re mayor (2/2) / Larghetto, en La mayor (3/4) / Gavotta. Non troppo allegro, en Re mayor (4/4) y Finale: Molto vivace, en Re mayor (2/2)). Sus texturas son económicas y su carácter, desenfadado y algo humorístico. Si bien posee disonancias propias del estilo del compositor, su base es tonal y representa el primer esfuerzo de Prokofiev respecto de este género, al cual retornaría en numerosas oportunidades durante el resto de su carrera.

Esta cronista se vio sorprendida por la diversidad de las obras comprendidas en el programa y por la calidad en sus interpretaciones. Es un orgullo para la Académica haber contado con dos estrenos mundiales, de los cuales, Terezin refleja los horrores de un pasado atroz, que amenaza con volver de la mano de los aprendices de Hitler. Hoy, más que nunca, se necesita de este tipo de obras para refrescar la memoria y no olvidar jamás las atrocidades del pasado cometidas por el odio y la intolerancia ante el hecho de pensar diferente o poseer otro credo. Desgraciadamente, la humanidad sigue cometiendo los mismos errores.      

jueves, 2 de noviembre de 2023

 

UNA “MISCELANEA” ENTRE CONCIERTOS DE PROBADOS ARTISTAS

 

Festival Fundación Chopiniana 2023, segundo concierto. Presentación del dúo conformado por Antonio Sarnelli de Silva (barítono) y Paolo Scibilia (piano). Programa: Arias de Verdi, Bizet y Donizetti, canciones de Tosti, Leoncavallo, Gastaldoni, Bellini y el propio Sarnelli de Silva. Palacio Paz, 01de Noviembre de 2023.

 

  Más que hacer un comentario, preferiré hacer una reflexión de cómo funcionan muchas veces determinados estamentos. En Ntro. programa de Streaming de hace dos semanas atrás al presentar este Festival de la Fundación Chopiniana, se mencionó esta presentación a la que me referiré líneas más abajo como una colaboración del Instituto Italiano de Cultura y la organización aceptó la propuesta como una innovación que uniría el piano con el canto en medio de una programación de fuste que incluye a un exitosísimo dúo polaco de pianistas y a cuatro interpretes nacionales de vastísima trayectoria tanto aquí como en el exterior, incluida la Presidenta de la entidad, Martha Noguera, la que por supuesto me exime de todo comentario.

 

  Mientras Ntro. Servicio Exterior cuenta con una Dirección de Asuntos Culturales, la que fue conducida en diferentes períodos por profesionales de la talla de Kive Staiff  y Sergio Renan, en donde se impulsó resueltamente a conjuntos de la talla del Ballet Argentino con Julio Bocca en pleno apogeo a la cabeza y a muchos otros artistas de fuste que hoy incluso se presentan en Ntras. Embajadas en el exterior, el Gobierno Italiano envía a través del Instituto Italiano de Cultura y de su Servicio Exterior a interpretes musicales  que solamente con una ayuda de ese tipo se pueden presentar fronteras afuera de la península, ya que a mi leal saber y entender dudo que puedan ser elegidos per se por programadores de teatros de primera línea. Pruebas sobran en los últimos veinte años. Casos concretos: Stefano Mazzoleni (Director de Orquesta) en dos oportunidades, Elisabetta Maschio  (Directora de Orquesta), la que si bien es la única que cuenta con grabaciones comerciales no pasó de una presentación en el Teatro Roma de Avellaneda allá por el año 2004. Elisabetta Battaglia (Soprano que vino junto a la Mtra. Maschio). Una dupla de Barítono y Pianista en una temática igual a la presentada en esta oportunidad cuyos nombres prefiero mantener en reserva y quienes también en este caso en dos oportunidades vinieron al Teatro Roma. Otra dupla que produjo escándalo en el mismísimo abono “Nuova Harmonía” con un tenor y un pianista a quienes se los presentaba como primeras estrellas y actuaron ambos con amplificación en el Teatro Coliseo y noveles intérpretes del “Progetto Fabbrica” de la Opera de Roma dentro del mismo abono.

 

  Aquí se presentaron el Barítono Antonio Sarnelli de Silva, un intérprete muy veterano, el que hace resaltar una amplísima foja de servicios con premios y actuaciones en Italia y varios países europeos y de América, de quién no existen en las redes más referencias que las que el currículum reza y que en la más popular de dichas redes se hallan en imagen y sonido algunos fragmentos de varias óperas a dúo con una soprano en Italia hace ya más de una década, sumado a “clips” de actuaciones en Italia con el recital que aquí presentó. Justamente en las redes se le da mayor importancia a su veta de escritor en donde se le reconocen muchas distinciones. Completó el dúo el pianista Paolo Scibilia quién además de acompañante hace resaltar una amplia  foja de servicios tanto como docente, director de orquesta y gestor cultural.

 

  En las notas al programa de mano, los intérpretes hacen resaltar que presentan “Un fascinante viaje musical que recorre la vocalidad italiana, propuesto como un refinado gusto de salón, sin arrebatos virtuosos en sí mismo, sino exclusivamente al servicio del buen gusto, la buena música y el buen canto” (sic).

 

  Pues bien, llegamos a la presentación en el imponente marco del hemiciclo del Palacio Paz y constatamos de que la voz acusa la veteranía, por lo cual recurriendo al oficio trata de llegar desentonando lo menos posible y que desde el piano muchas veces no partían respuestas como “apianar” algunos pasajes para que el intérprete vocal no deba esforzarse en demasía. En resumidas cuentas, lo que pudo percibirse es una actuación que pretendió ser de corte íntimo como quién le canta a sus amigos y no estuvo a la altura del evento y del abono para el que los artistas fueron convocados. Si bien una parte del público aplaudió de modo entusiasta y respetuoso, otra permaneció quieta en sus ubicaciones y otros, promediando el espectáculo, decidieron retirarse.

 

  Entiendo que la Organización del Festival actuó de buena fe al aceptar la propuesta. Sin embargo, debería sumarse este hecho a las polémicas colaboraciones que se han producido en el Teatro Colón, en donde aún faltan concretarse algunos espectáculos más. No es oro todo lo que reluce. Pruebas al canto, en estas dos décadas hemos tenido estas desagradables sorpresas.   

 

Donato Decina