lunes, 31 de julio de 2023

 

Espectacular cierre del Festival Argerich junto a los cuerpos estables del Colón


ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA


Martha CORA ELISEHT


El título de esta nota representa la impresión de la mayoría de los melómanos

que han seguido la presente edición del Festival Argerich, que contó con

prestigiosísimos intérpretes de diferentes instrumentos y directores de orquesta

invitados de primer nivel. Tras el celestial concierto de Vassily Petrenko al frente de la

Filarmónica junto a Nelson Goerner, el pasado domingo 30 del corriente se produjo el

concierto de clausura del Festival bajo la batuta de Charles Dutoit al frente de la

Orquesta Estable del Teatro Colón, con la presencia de los siguientes intérpretes:

Martha Argerich, Alan Kwiek, Iván Rutkauskas y Marcelo Ayub (pianos); el Grupo

Vocal de Difusión, dirigido por Mariano Moruja; el Coro Estable del Teatro Colón, bajo

la dirección de Miguel Martínez y los siguientes cantantes: Jaquelina Livieri (soprano),

Guadalupe Barrientos (mezzosoprano), Santiago Martínez (tenor), Hernán Iturralde

(bajo), Laura Pisani y Florencia Burgardt (sopranos), María Luisa Merino Ronda

(mezzosoprano), Darío Schmunck e Iván Maier (tenores) y Fernando Radó (bajo) para

interpretar el siguiente programa:

- “Las Bodas”- Igor STRAVINSKY (1862-1971)

- Sinfonía n°4 en Re menor, op.120- Robert SCHUMANN (1810-1856)

- Fantasía Coral en Do menor, Op.80- Ludwig van BEETHOVEN (1770-1827)

El concierto se dividió en tres partes: la primera, para interpretar la mencionada

cantata de Stravinsky, compuesta originalmente como un ballet en 1913 y concluida en

1917. Originalmente, lo concibió para orquesta ampliada -similar a la utilizada en LA

CONSAGRACIÓN DE LA PRIMAVERA- pero posteriormente, cambió drásticamente la

orquestación y decidió utilizar dos grupos de instrumentos de percusión, cuatro pianos,

coro mixto y un cuarteto de cantantes: soprano, mezzosoprano, tenor y bajo. Esto

manifiesta la tendencia del compositor de simplificar la orquestación usando grupos de

sonido desnudo, claro y mecánico. El libreto fue escrito por el mismo Stravinsky,

basado en letras de canciones de bodas rusas recopiladas por P.V. Kireevski en 1911 y

puede cantarse en ruso o en francés. En este caso, se cantó en francés y puede apreciarse

que las cadencias de los pianos -apoyadas en la percusión- poseen una melodía muy

similar a la de LA CONSAGRACIÓN DE LA PRIMAVERA, mientras que la melodía

cantada por el coro posee pasajes que recuerdan a CARMINA BURANA de Carl Orff. La

labor de los cuatro pianistas fue soberbia: mientras el dúo Ayub/ Rutkauskas tocaba los

trinos y arpegios, el dúo opuesto (Argerich/ Kwiek) marcaba la melodía, y viceversa.

La labor del Grupo Vocal de Difusión -muy bien preparado por Mariano Moruja- fue

estupenda, al igual que la del cuarteto vocal integrado por Jaquelina Livieri, Guadalupe

Barrientos, Santiago Martínez y Hernán Iturralde. Ninguno sobresalió por sobre el otro

en las partes al unísono y cada uno descolló en sus pasajes como solista. Los

percusionistas de la Orquesta Estable también tuvieron una destacadísima actuación

bajo la batuta magistral de Charles Dutoit en una versión brillante.


Tras el aluvión de aplausos, la mudanza de instrumentos y atriles y la

correspondiente preparación del escenario, los integrantes de la Orquesta Estable

tomaron posición sobre el escenario para brindar una fabulosa versión de la célebre

Sinfonía n°4 en Re menor de Schumann, cuyos 4 movimientos (Ziemlich langsam-

Lebhaft/ Romanze: Ziemlich langsam/ Scherzo & Trio: Lebhaft/ Langsam- Lebhaft-

Schneller- Presto) se ejecutan de manera attaca (sin interrupción). Tras la introducción

inicial a cargo de clarinetes y fagots (Bastante lento- Ziemlich langsam) en Re menor,

pasa luego a un tema brillante en Re mayor (Lebhaft- vivo). Este juego y alternancia de

tonalidades (primero, en menor y luego, en mayor) se va a dar también en el 2°

movimiento (Ziemlich langsam- Bastante lento), donde se inicia en La menor y pasa

posteriormente, a La mayor, mientras que el Scherzo y trío característico del 3°

movimiento se mantiene en Re menor para culminar con un final brillante y rápido

(Schnell- Presto) en Re mayor, que fueron interpretados con una entrega, maestría y

precisión totales, donde se destacaron todos y cada uno de los músicos. En la presente

versión, los solistas de los principales grupos de instrumentos tuvieron una

destacadísima actuación; sobre todo, en el cantábile del 3° movimiento, donde la

impecable marcación de Dutoit logró su efecto. La orquesta sonó como los dioses y

“cantó” en los pasajes de mayor lirismo, mientras que lo hizo de manera muy solemne

en los tutti y en las cadencias alla marcia. Como no podía ser de otra manera, el rugido

del Colón y otro aluvión de aplausos se sintieron luego de tan excelsa interpretación.

Por último, se interpretó la Fantasía Coral en Do menor de Beethoven, que fuera

compuesta y estrenada en Viena en 1808. No se conoce con certeza quién escribió el

texto y se cree que el poeta Christoph Kuffner lo arregló para la composición. Es muy

similar en cuanto a su estructura al último movimiento de la Sinfonía n°9 “Coral”, con

la única diferencia es que comienza con una introducción lenta y virtuosa a cargo del

piano (Adagio) hasta la introducción del tema principal (Allegro) a cargo de los

violoncellos y contrabajos. Luego de la introducción del tema coral a cargo del piano,

las flautas, oboes, clarinetes y las cuerdas realizan variaciones sobre el tema. Luego del

acompañamiento orquestal en forma conjunta con el piano en varias secciones (Meno

allegro/ Adagio ma non troppo/ Marcia, assai vivace), se repite el tema instrumental del

primer Allegro como introducción a la entrada del coro, cuando las sopranos cantan el

tema principal en trío con la mezzosoprano, que es tomado posteriormente por los

tenores y el bajo, y luego, por el coro en tutti (Allegretto ma non troppo). La obra

finaliza con una coda en Presto junto a la orquesta, coro y piano. Hacía mucho tiempo

que no se representaba en el Colón y el binomio Argerich/ Dutoit hizo gala de su

maestría, precisión y calidad interpretativa. Por su parte, el Coro Estable estuvo muy

bien preparado y sonó como un instrumento más junto con el sexteto de cantantes,

donde se destacaron la soprano Laura Pisani y la mezzosoprano María Luisa Merino

Ronda. Un final digno de la mejor tradición sinfónica- coral del Colón y otra ovación

para los intérpretes. Desde ya, no faltaron los ramos de flores arrojados por el público

desde las gradas más altas, lo que motivó a que Martha Argerich ofreciera un bis:

Escenas Infantiles de Schumann, que sonó muy íntimo y personal.

El repertorio elegido para el concierto de clausura no pudo haber sido mejor. Dio

posibilidad a músicos y cantantes de lucirse sobre el escenario del Colón con obras no

tan difundidas o que se representan muy poco. Y que sonaron absolutamente terrenales

gracias a la alquimia y la magia característica de estos intérpretes.

domingo, 30 de julio de 2023

 



     Fotografía, Servicio de Prensa del Teatro Colón, realizada por el Mtro. Arnaldo Colombaroli 



EL MEJOR CONCIERTO DE UNA ORQUESTA ARGENTINA EN UNA DECADA

 

Teatro Colón, temporada 2023: Noveno concierto del ciclo de abono y séptimo concierto del Festival Argerich 2023 a cargo de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, Director: Vasily Petrenko. Solista: Nelson Goerner (Piano). Programa: obras de Rachmaninoff y Strauss. Teatro Colón, 29 de Julio de 2023.

 

NUESTRA OPINION: EXCELENTE (+).

 

   Con la presencia en el podio del Maestro Vasily Petrenko (actual titular de la Royal Philarmonic Orchestra de Gran Bretaña) sumada a la convocatoria a Charles Dutoit para la concertación de la Sinfonía Nº 2 en Do menor “Resurrección” de Mahler y próximamente “Juana de Arco en la Hoguera” de Honegger, el Teatro Colón ha retomado para la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires un sendero que fue lamentablemente dejado de lado desde hace mucho tiempo por las razones que fuesen (además de las económicas o de pandemia). Ello devino en una declinación del nivel al que tradicionalmente nos tenía acostumbrados el conjunto de conciertos del Colón, a presencias injustificables de directores extranjeros  de cuestionables antecedentes a la hora decidirse sus contrataciones, la también injustificada ausencia de Directores Argentinos en el ciclo principal, sobre todo en cuanto a los consagrados residentes en nuestro medio como a no menos de seis compatriotas residentes en el exterior, a los que mayoritariamente se les ofrece actuaciones con la orquesta fuera de sede o bajar al foso a dirigir ballet (nada cuestionable esto, pero sí el hecho de que estén ausentes del ciclo de abono). Colofón, es imprescindible señalar de mi parte que desde hace algo más de una década hasta el año pasado, la gestión del Maestro Enrique Arturo Diemecke como titular terminó echando por tierra  todo lo que había construido desde su primera titularidad en el año 2005 posición a la que llegó, recordémoslo, avalado por los propios músicos del conjunto. Sin ninguna duda una gestión excedida en tiempo, limitada en repertorio y frenada en crecimiento artístico.  No es menester del presente comentario el recordar los ríos de opiniones que he vertido a lo largo de tantos años, pero sí  traer a colación todo esto, para entender mejor  porque gracias a la presencia de estos extraordinarios maestros, a los que se puede sumar el nivel magnífico de Ntros. compatriotas, la Filarmónica de Buenos Aires puede convertirse nuevamente en una de las mejores de América.

 

  Recordando al inolvidable Federico Monjeau cuando en ocasión de los primeros Festivales Argerich allá por el 2003 señalaba respecto a la presencia del Mtro. Dutoit que era estupendo que el Colón tuviera para sí a un Maestro con pleno prestigio internacional. Creo que estas palabras son absolutamente aplicables al Mtro. Petrenko. Su labor al frente de la Filarmónica solo puede ser catalogada como de excelencia absoluta. Un trabajo de verdadera orfebrería que incluyó, limpieza y pureza de sonido, estilo, ajuste, empaste para extraerle lo mejor a la Orquesta. La presencia de la mayoría de los atriles titulares, sumado a que en la Sinfonía Alpina de Richard Strauss se completó el orgánico con muchos de los mejores maestros de la Orquesta Estable (acierto del Colón en emplear solo elementos de la casa), coadyuvaron  a que la amalgama sonora fuese perfecta.

 

  El programa ofrecido fue de absoluta exigencia “Rapsodia sobre un tema de Paganini”, Op. 43 para piano y orquesta de Serguei Rachmaninoff  con Nelson Goerner como solista y “Una Sinfonía Alpina”, Op. 64 de Richard Strauss. Tal vez el concierto más comprometido de todo el abono.

 

  Afortunadamente Nelson Goerner es un artista que en cada presentación demuestra no tener techo. Su versión de la rapsodia fue electrizante: nervio, energía, despliegue técnico, sutilezas y un pleno entendimiento con el Mtro. Petrenko y la Orquesta.  Y estos últimos aportaron todo para redondear la versión perfecta: equilibrio, cero estridencias, planos sonoros finamente perceptibles. Magnífico trabajo de conjunto y la primera ovación gigantesca de la noche a la que Goerner retribuyo con una muy sentida versión del Nocturno en Do sostenido menor nº 20, Op. Póstumo de Frederic Chopin. Sobran los elogios.

 

 En la parte final, la Filarmónica con la inmensa guía de Petrenko ofreció una versión de la “Alpina” digna de las mejores orquestas del mundo. Quienes la hayan presenciado en vivo como los que aún pueden apreciarla en la red social You tube o la hayan visto por los mismos medios en directo, pueden dar fe de esto. Sutilezas en los solistas, ataques precisos sin excesos, bronces espectaculares, vientos en estado de gracia, ajustada percusión, buenas intervenciones del órgano y cuerdas que “cantaron” toda la noche, hacen que la escucha de este inmenso trabajo Staussiano haya sido un deleite absoluto y que me haya llevado a recordar a la Filarmónica representante de Buenos Aires ante el mundo con las inolvidables tres giras europeas casualmente con cuatro batutas de fuste (Yuri Simonov, Christof Escher, Luís Enrique García Navarro y Gabor Ötvos). ¿Les suena?.

 

  El “rugido” del Colón no se hizo esperar, aun cuando el Mtro. Petrenko  pidió con claro gesto al público un poco más de silencio para dejar extinguir los últimos sonidos. Cuatro salidas al escenario para agradecer la demostración de sublime maestría que Vasily Petrenko desplegó en el concierto son la cabal prueba del veredicto unánime del público, que solo se apaciguó con el beso y el saludo finales a la sala  por parte del maestro. De no haberlo hecho, probablemente la ovación hubiese sido aún mayor.

 

No caben dudas acerca de que este es el rumbo correcto. Seguramente deben solucionarse otros temas (salariales y artísticos) que la conducción actual y la que surja en Diciembre próximo deberán resolver. Mientras tanto, los músicos en el escenario dan lo mejor de sí para que la Filarmónica sea esta, la que todos queremos.

 

Donato Decina

sábado, 29 de julio de 2023

 Extraordinario concierto de la Orquesta de Cámara del Congreso de la Nación


CON EL SABOR DE LA NONNA PATRIA


Martha CORA ELISEHT


Se considera a España como la Madre Patria de la República Argentina por lazos

históricos, culturales, lingüísticos y religiosos. Sin embargo, para un considerable

porcentaje de la población del país, Italia también entra dentro de dicha categoría. Más

de la mitad de los argentinos posee raíces italianas -tanto propias como producto de los

vínculos conyugales y/o familiares- y, por lo tanto, se puede considerar a Italia como la

Nonna Patria de la Argentina. Precisamente, fue el país elegido para participar del

concierto temático organizado por la Orquesta de Cámara del congreso de la Nación

dentro de su Ciclo 2023, denominado “AIRES ITALIANOS” que tuvo lugar en el Salón

de los Pasos Perdidos del Congreso Nacional el pasado viernes 28 del corriente bajo la

batuta de su director titular -Sebastiano De Filippi- con la participación de la

mezzosoprano Guadalupe Barrientos como solista.

El programa estuvo comprendido por las siguientes obras:

- “De mi Patria” (serie argentina)- Luis SANMARTINO (1888-1973) (edición

de Lucio Bruno VIDELA)

- Allegro para cuerdas en Do mayor- Gaetano DONIZETTI (1797-1848)

- “El Ocaso”, poema lírico, P.101- Ottorino RESPIGHI (1879-1936)

- Sinfonía para cuerdas en Mi menor (transcripción orquestal del Cuarteto para

cuerdas por Arturo TOSCANINI)- Giuseppe VERDI (1813-1901)

En todos los conciertos de la mencionada agrupación de cámara se incluye una obra

argentina. En este caso, se interpretó la serie De mi Patria de Luis Sanmartino con

motivo de cumplirse el 50° aniversario de su fallecimiento. Fue compuesta en 1946 y

consta de tres números: Triste/ Milonga/ Gato, que fueron muy bien interpretados por la

orquesta. Lo mismo sucedió con el mencionado Allegro en Do mayor de Donizetti,

donde De Filippi demostró su profundo conocimiento de una de las escasamente

interpretadas obras de cámara del gran músico bergamasco. Es un allegro enérgico e

con brio con reminiscencias mozartianas, que posee pasajes sumamente complejos y

difíciles de interpretar. La orquesta salió airosa del compromiso y fue ovacionada al

final de esta exquisita versión.

Así como Gaetano Donizetti es un compositor principalmente operístico, Ottorino

Respighi lo es en el ámbito sinfónico. Sin embargo, ambos han compuesto numerosas

obras de cámara de gran belleza, la mayoría de las cuales son escasamente difundidas o

se representan en muy pocas ocasiones. No es el caso del poema lírico Il Tramonto (El

Ocaso), compuesto por Respighi en 1914 sobre el poema homónimo de Percy Bysshe

Shelley (1792-1822) escrito en 1816. Originalmente fue escrita para mezzosoprano y

cuarteto de cuerdas y, posteriormente, para orquesta de cuerdas. Es una obra muy

hermosa, con numerosos pasajes escritos de manera ondulante y múltiples matices

sonoros para el lucimiento de la orquesta de cuerdas y la mezzosoprano. En el caso


particular de Guadalupe Barrientos, el repertorio de cámara le sienta de maravilla. Su

caudalosa voz – muy rica en matices dramáticos y románticos- permitió no sólo su

lucimiento personal, sino, además, un magnífico acompañamiento del conjunto. Unido

esto a la magistral dirección de Sebastiano De Filippi, el resultado fue una combinación

perfecta, que se vio coronada por numerosos aplausos y vítores tras su interpretación.

La única obra de cámara de Giuseppe Verdi que se ha conservado es su Cuarteto

para cuerdas en Mi menor, compuesto durante una producción de su ópera AÍDA en

Nápoles en 1875. Escrito originalmente para dos violines, viola y violoncello, consta de

4 movimientos: Allegro/ andantino/ Prestissimo/ Scherzo- Fuga. Allegro assai mosso y

la versión interpretada en este concierto corresponde a la transcripción para orquesta

realizada por Arturo Toscanini. La presente versión fue magnífica, con gran maestría,

fuste y enjundia en su interpretación; sobre todo, del Prestissimo, que posee

reminiscencias de la música eslava -muy similar al Furiant de algunas obras de Dvořak-

que se alternan con un segundo tema más lírico, ricamente elaborado para desembocar

en la monumental Fuga del último movimiento. Ante una sala colmada de público, el

final fue un aluvión de aplausos y vítores.

Lo único que opacó este concierto fue la ausencia de programas de mano, ya que los

mismos no alcanzaron para satisfacer las demandas del numeroso público que se dio

cita en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso Nacional esa tarde. Sin embargo, se

compensó no sólo con la magnífica actuación de los músicos, director y solista invitada,

sino también con la proyección en simultáneo, que permitía seguir el programa

mediante el canal de Senado TV. La iniciativa de organizar conciertos temáticos es

excelente, ya que atrae al público y permite su renovación. Y tanto mejor cuando se

interpretan obras bellísimas como las comprendidas en este concierto, que se ejecutan

en raras ocasiones para que el público tenga oportunidad de conocerlas y disfrutarlas.

jueves, 27 de julio de 2023

 

HONESTIDAD Y ABSOLUTA ENTREGA

 

Orquesta Sinfónica Nacional, temporada 2023. Concierto, Director: Christian Baldini. Solista: Emilio Peroni (Piano). Programa: Obras de Gandini y Schumann. Centro Cultural Kirchner,  Auditorio Nacional: 26/07/23.

 

NUESTRA OPINION: MUY BUENO

 

   En la continuidad de su temporada y de los concursos de efectivización de cargos vacantes, la Orquesta Sinfónica Nacional volvió a presentarse en el Auditorio Nacional del Centro Cultural Kirchner. La velada marcó una nueva presentación como Director invitado del Maestro Christian Baldini, quien como bien se sabe se encuentra radicado en Estados Unidos y que como ocurre en cada verano boreal, vuelve al país no solo para pasar sus vacaciones, sino también para responder a estos compromisos que se presentan. El programa ofrecido contó además con otro de los homenajes a la figura de Gerardo Gandini, quien integró por muchos años la agrupación como instrumentista de Piano y Celesta.

 

  Tal como informamos en Ntro. programa del pasado Viernes 21 de labios del propio Maestro Baldini en el marco del reportaje que le efectuáramos,  debió rehacerse la programación por causas de fuerza mayor. No pudo ofrecerse el pautado concierto para piano y orquesta Nº 1 de Serguei Prokofieff en adhesión al 70º aniversario de su fallecimiento. Consultado el solista convocado, el pianista Emilio Peroni, se llegó de común acuerdo al reemplazo por el Concierto para Piano y Orquesta Op. 54 de Robert Schumann, de quién además se interpretó en la parte final su Sinfonía Nº 1 “Primavera”. Teniendo en cuenta que Gerardo Gandini era un confeso admirador de Schumann, no pudo haberse armado un programa tan redondo dado que la obra elegida del gran creador argentino fue “Eusebius” (Seudónimo que Schumann empleaba como crítico musical), basada en la danza para piano Nº 14 de la “Liga de David” de este gran creador universal, en la que Gandini se  basó para componer cinco nocturnos para orquesta de los cuales los cuatro primeros requieren intervención de los diferentes sectores del conjunto, quienes intervendrán en su totalidad interpretando al unísono cada parte asignada en el quinto y último. Y si de rarezas se trata, la partitura del director está impresa de forma tal que la debe leer de atrás hacia adelante.  En las tres oportunidades que tuve  de escuchar esta formidable obra, tanto Juan Pablo Izquierdo (en el estreno mundial de la obra por mi presenciado) como Leopold Hager luego separaron por sectores a la orquesta en donde cada uno de dichos sectores intervino en los cuatro primeros nocturnos para luego unirse todos en el final. Aquí el Mtro. Baldini mantuvo a la formación en sus lugares habituales, aun así logró ir marcando a cada sector en los primeros fragmentos y luego, sí, todos juntos. La música no puede ser más descriptiva, ni deja de rescatar el maravilloso halo de misterio que Gandini creó. Baldini estuvo en todos los detalles y los músicos respondieron de modo formidable conformando una muy buena  versión.

 

  Entrando ya en el Concierto de Schumann, Emilio Peroni no solo mantuvo en pié su participación como solista, sino que ofreció junto a Baldini y la Sinfónica una muy buena versión. Fue precisa, de transparencia sonora y sumamente ajustada. Muy bien acompañado por el Mtro. y la Orquesta, construyeron entre todos una sólida actuación. Si bien  Baldini previo al comienzo solicitó que no se aplauda entre movimientos, la enjundia de la interpretación y el final del primer movimiento que pareciera ser el de un concierto en sí mismo motivó que un sector del público prorrumpiera en un fuerte aplauso. Vuelto todo a su lugar, ya en el final propio de la obra, todo el auditorio tributó un fervoroso y justiciero aplauso en gratitud por la labor encomiable y en especial al Mtro. Peroni por todo lo expuesto anteriormente.

 

  Y en la parte final, el Mtro. Baldini ofreció junto a la Orquesta una versión estupenda de la Sinfonía Nº 1 “Primavera”. Sumamente ajustada, con instantes de un estupendo “canto orquestal” y altísimo vuelo interpretativo, se pudo escuchar esta página exquisita. Un pequeño desacople en la parte final no restó méritos de modo alguno para redondear una labor formidable y agregar una nueva y muy buena página en la relación Christian Baldini-Orquesta Sinfónica Nacional. Esperamos desde ya el retorno del Maestro. Será en Diciembre y en el Colón, justamente con “La Ciudad Ausente” del propio Gandini.

 

Donato Decina

martes, 25 de julio de 2023

 


                                  Fotografía: Prensa Teatro Colón/Mtro. Arnaldo Colombaroli


Excepcional concierto de Martha Argerich junto a prestigiosas figuras en el Colón


CON ENJUNDIA, MAESTRÍA Y PRECISIÓN


Martha CORA ELISEHT


El Festival Argerich no sólo cuenta con la presencia de la talentosa pianista

argentina, sino que también participan numerosos intérpretes de primer nivel -tanto

nacionales como internacionales-. El escenario del Teatro Colón fue el marco perfecto

para el 4° concierto del mencionado festival, que tuvo lugar el pasado sábado 22 del

corriente con la presencia de los siguientes artistas: Gideon Kremer y Madara Pētersone

(violines), Martha Argerich (piano), Sergei Nakariakov (trompeta) y la Orquesta

Filarmónica de Buenos Aires dirigida por Sylvain Gasançon, quienes interpretaron el

siguiente programa:

- “Twilight” para dos violines y orquesta de cámara- Giya KANCHELI (1935-

2019)

- “Metamorfosis”- Richard STRAUSS (1864-1949)

- Concierto n°1 para piano y trompeta en Do menor, Op.35- Dmitri

SHOSTAKOVICH (1906-1975)

Con motivo de las representaciones de LA CARRERA DEL LIBERTINO (THE

RAKE’S PROGRESS) de Igor Stravinsky, se utilizó un telón negro de fondo en vez de la

tradicional cámara acústica y se empleó el proscenio para que una reducida formación

de cuerdas y órgano electrónico pertenecientes a la Filarmónica tomaran posesión sobre

el escenario de nuestro mayor coliseo. Tras la tradicional afinación de instrumentos a

cargo del concertino Xavier Inchausti, los violinistas hicieron su presentación junto a

Sylvain Gasançon para interpretar la mencionada pieza de Giya Kancheli, que data de

2004. Es una obra íntima, de muy buena línea melódica, cuya apertura está a cargo de

los dos violines con contrapunto con el violoncello y el órgano electrónico.

Posteriormente, se alternan dos temas: uno, más misterioso y profundo, y otro, de

carácter romántico. La ejecución de Gasançon al frente de la Filarmónica se destacó por

la profundidad del sonido y su precisión en la marcación, característica que se vio

favorecida por la formación de la orquesta a la alemana. Los solos de violín poseen

reminiscencias barrocas, mientras las cuerdas desarrollan una serie de staccatos y

ostinatos. Madara Pētersone se destacó en sus pizzicatos, mientras Gideon Kremer

ejecutó un magistral cantábile en contrapunto con el pizzicato del segundo violín

solista. Tras un impecable contrapunto de los contrabajos con el pizzicato a cargo de los

violines, la obra culmina con el tema inicial ejecutado por los dos violines solistas en

diminuendo hasta que la melodía se evanesce. El resultado se vio coronado por

numerosos aplausos para la agrupación y una ovación para dos solistas de fuste y

reconocida trayectoria.

Acto seguido, Sylvain Gasançon brindó una formidable versión de la Metamorfosis

de Richard Strauss, cuyos 5 movimientos (Adagio ma non troppo- Aguisto- Piú allegro-

Adagio, tempo primo- molto lento) se ejecutan sin interrupción. Fue compuesta a fines


de la Segunda Guerra Mundial en los primeros meses de 1945 para 11 instrumentos de

cuerda y fue comisionada por Paul Sacher, quien era director del Collegium Musicum

de Zürich y la Orquesta de Cámara de Basilea. Su estreno tuvo lugar al año siguiente

por la mencionada agrupación en Zürich bajo la batuta de Sacher. Su motivo principal

hace alusión a la Marcha Fúnebre de la Sinfonía n°3, “Heroica” de Beethoven, pero

también posee ribetes de la 5° Sinfonía del genio de Bonn. En este caso, se reunió a lo

más selecto y granado de las cuerdas de la Filarmónica para interpretarla, con

actuaciones excepcionales en los solos de viola a cargo de Denis Golovin; de

violoncello, por Benjamín Báez; de contrabajo, por Javier Dragún y de violín, por

Xavier Inchausti. El Colón estalló en aplausos y vítores tras su interpretación.

El rugido del Colón volvió a escucharse una vez más cuando Martha Argerich,

Sergei Nakariakov y Sylvain Gasançon hicieron su presentación sobre el escenario para

brindar una excelsa interpretación del célebre Concierto n°1 para piano y trompeta de

Shostakovich, que fue el plato fuerte y lo mejor de la noche. La poderosa cadencia

inicial del piano a cargo de Martha Argerich sonó como los dioses: con enjundia, garra

y una precisión asombrosa, que se vio perfectamente acompañada por las intervenciones

-en mucha menor medida- de Sergei Nakariakov en los 4 movimientos en que se divide

la obra (Allegretto/ Lento/ Moderato/ Allegro con brio). Es, precisamente, en el Lento

donde el solo de trompeta con sordina suena similar a un oboe o corno inglés, lo que

permite el lucimiento del intérprete. El músico ruso- israelí es uno de los mejores

solistas de dicho instrumento en la actualidad y se lo conoce como “el Paganini de la

trompeta”. Su sonido limpio, llano y redondo se complementó perfectamente con las

cadencias y pasajes del piano en los dos últimos movimientos (se considera al Moderato

como una especie de preludio al imponente Allegro con brio final, dado que son dos

temas diametralmente opuestos). No sólo ambos lo tocaron de memoria, sino que su

interpretación fue sublime. A su término, la ovación fue de tal magnitud que tuvieron

que volver a bisar los últimos dos movimientos. No conforme con esto, el público

seguía aplaudiendo y vitoreando al binomio, que salieron juntos a interpretar un nuevo

bis: una versión para trompeta y piano de las Drei Klavierstücke, Op.73 para clarinete y

piano de Schumann. Sin embargo, hubo un inconveniente: una de las páginas de la

partitura estaba mal colocada y Martha Argerich interrumpió inmediatamente la

ejecución al darse cuenta que la melodía del piano no se correspondía con la de la

trompeta. Esto fue rápidamente subsanado y se ejecutó la obra da capo, que sonó

magistralmente desde el principio hasta el final. Una nueva ovación para los músicos

para poner punto final a una noche memorable.

A sus 82 años, Martha Argerich se encuentra espléndida y más talentosa que nunca.

Su enjundia, garra y precisión siguen siendo insuperables y lo demuestra cada vez que

aparece sobre el escenario del Colón en el festival que lleva su nombre, que reúne lo

más selecto de la música a nivel mundial y que permite que el rugido del Colón se

vuelva a sentir con cada una de sus interpretaciones.

viernes, 21 de julio de 2023

 

"La Carrera del Libertino" en el Colón

Teatro Colón

Jueves 20 de julio de 2023 

Escribe: Graciela Morgenstern

Fotos: Arnaldo Colombaroli/ Máximo Parpagnoli (Prensa teatro Colón)

 

 “La Carrera del Libertino”, de Igor Stravinsky

Libreto: W. H. Auden y Chester Kallman

Elenco: Ben Bliss, Christopher Purves, Andrea Carroll, Patricia Bardon, Hernán Iturralde, Alejandra Malvino, Darío Schmunck y Alejandro Spies

Orquesta Estable del Teatro Colón

Coro Estable del Teatro Colón

Director del Coro: Miguel Martínez

Escenografía: Julia Freid

Vestuario: Julio Suárez

Iluminación:  Matías Sendón

Dirección de escena: Alfredo Arias

Dirección musical: Charles Dutoit.

 

 

Inspirado en los grabados y pinturas de William Hogarth, Igor Stravinsy, decide componer su ópera "La carrera de un libertino" ("The Rake's Progress"), ampliamente representada en los escenarios líricos mundiales. El libreto, en inglés, es obra de  W. H. Auden y Chester Kallman. La ópera relata la manera en que un personaje diabólico, Nick Shadow,  tienta al joven Tom Rakewell, corrompiéndolo, llevándolo a su perdición, a la insania y alejándolo de su verdadero amor, Anne Truelove.

La obra fue estrenada en el Teatro La Fenice, Venecia, en 1951, subió a escena en el Teatro Colón cuatro veces, entre 1959 y 2001.

 

En esta nueva producción escénica de Alfredo Arias, al igual que en 2001, la escena cuenta con una especie de anfiteatro griego, con un reloj de fondo y una mesa de múltiples usos en el centro. Puede ser usada como mesa de disección, como cama o como asiento. En esta escenografía estática, de Julia Freid, se destaca el muy buen diseño de luces de  Matías Sendón y también el adecuado vestuario de Julio Suárez. La puesta dista de ser extraordinaria pero al menos, enmarca el drama y cumple su cometido en este respecto.

 

El elenco fue muy bueno y homogéneo, en términos generales. El tenor Ben Bliss tuvo un  manejo técnico de calidad y su interpretación de Tom Rakewell fue creciendo en intensidad a medida que iba avanzando la función. En su cavatina “Love, too frequently betrayed”, hizo gala de su elegante línea de canto.

 

Andrea Carroll como  Anne Truelove exhibió voz de belleza tímbrica, buen manejo del legato y hermosos pianisimos que quedaban "flotando" en la sala. En la faz actoral, también resultó convincente.

 

El barítono Christopher Purves compuso un multifacético Nick Shadow, el personaje diabólico que se juega el alma de Rakewell a las cartas,  con presencia escénica y flexibilidad vocal, que le permitió dar a cada frase la intención justa.

 

La Baba la Turca de Patricia Bardon fue correcta, sin descollar vocalmente..

 

Por otra parte, el Truelove de Hernán Iturralde estuvo a la altura del nivel artístico general, de la misma manera que la Mamá Oca de Alejandra Malvino, el Sellem de Darío Schmunck y .el guardia de manicomio Alejandro Spies.

El Coro Estable bajo la dirección de Miguel Martínez, realizó una muy buena actuación, con una interpretación pulida, como acostumbra hacerlo.

Pero indudablemente, lo mejor de todo fue la maravillosa conducción de Charles Dutoit, al frente de la Orquesta Estable, concertando los diferentes planos sonoros con precisión, de manera minuciosa, destacando la diáfana sutileza de algunos momentos de la partitura y contrastándolos con la el tempestuoso dramatismo de otros. Todos los sectores de la Estable le respondieron con idoneidad, para conformar lo que fue un muy buen espectáculo.

 

CALIFICACION: MUY BUENO

 


                                      Fotografía: Prensa Teatro Colón/Arnaldo Colombaroli

Sublime actuación de Martha Argerich y Nelson Goerner en el Colón


LA EXCELENCIA, POR PARTIDA DOBLE


Martha CORA ELISEHT


Tras el brillante concierto de cámara que marcó la apertura del Festival Argerich

2023 en el Teatro Colón, el pasado miércoles 19 del corriente tuvo lugar el segundo

concierto del Festival, donde los dos máximos exponentes argentinos del piano a nivel

mundial - Martha Argerich y Nelson Goerner- se presentaron sobre el escenario del

Colón para ofrecer un recital, cuyo programa se detalla a continuación:

- En blanc et noir para dos pianos, CD 142- Claude DEBUSSY (1862- 1918)

- Sonata para dos pianos en Re mayor, K.448- Wolfgang A. MOZART (1756-

1791)

- Danzas sinfónicas para dos pianos, Op.45b- Sergei RACHMANINOV (1873-

1943)

Sería una redundancia hablar sobre las carreras de estos prestigiosos intérpretes. Ella

es una leyenda del piano y él, no sólo uno de los mejores pianistas de su generación a

nivel internacional, sino el máximo exponente argentino radicado en el exterior. Ambos

se complementaron, se lucieron y se potenciaron en un concierto con localidades

agotadas y un Colón atiborrado de gente, donde no cabía un alfiler.

Contemporánea de la Sonata para violoncello y piano, los 12 Études (Estudios) y la

Sonata para flauta, alto y arpa, En blanc et noir (En blanco y negro) data de 1915 y

lleva el número 142 de la inmensa producción del compositor, quien en aquel entonces

se encontraba abrumado por varios motivos: el estallido de la Primera Guerra Mundial,

la muerte de su madre y su enfermedad de base (cáncer colorrectal), que se encontraba

en estado avanzado. Ahí realiza una profunda revisión de la técnica pianística y decide

mantener un estilo de composición simple, íntimo y reflexivo. Consta de tres

movimientos (Avec emportement/ Lens. Sombre y Scherzando) dedicados a Sergei

Koussevitsky, Jacques Charlot – sobrino de su editor, Jacques Durand- e Igor

Stravinsky, respectivamente, que poseen pasajes, arpegios, cadencias, tresillos y

quintillos de numerosa dificultad técnica y que fueron ejecutados de manera impecable

merced a la prodigiosa musicalidad, pulsación y digitación de ambos pianistas. Una ha

escuchado innumerables y estupendas versiones de esta obra, pero la versión ofrecida

por el binomio Argerich- Goerner fue muy superior desde todo punto de vista.

Dentro de la numerosa producción para piano de Mozart, la Sonata en Re mayor,

K448 es la única que el genio de Salzburgo compuso para dos pianos en 1781y está

escrita estrictamente en forma sonata- allegro, con tres movimientos: Allegro con

spirito/ Andante/ Molto allegro. Se caracteriza por presentar una melodía galante con

cadencias entrelazadas, donde los dos pianos dividen la melodía principal en la

exposición en el movimiento inicial, y cuando se presenta el tema, ambos lo tocan en

simultáneo. Para ello, los intérpretes invirtieron los lugares con respecto de la primera

obra: Nelson Goerner, a la izquierda y Martha Argerich, a la derecha. Tras un Andante


calmo y relajado, el binomio se lució en la introducción galopante y en las cadencias del

Rondó alla turca del Molto allegro final. Una interpretación sublime, auténticamente

mozartiana, que hizo que se escuchara el rugido del Colón y la ovación del público.

La versión para dos pianos de las Danzas sinfónicas, Op.45 fue compuesta en 1940,

paralelamente a la versión orquestal. Es la última obra de Rachmaninov y resume

perfectamente su estilo tardío de composición en los tres movimientos que la integran

(Non allegro/ Andante con moto (tempo di valse) / Lento assai- Allegro vivace- Lento

assai. Come prima- allegro vivace). Puede también considerarse como una síntesis de

toda su obra, ya que incluye melodías de varias de sus composiciones. El primer

movimiento alude al inicio de su Primera sinfonía (1897), derivado de la música secular

de Rusia, mientras que el Andante con moto en tempo di valse central presenta un

carácter fantasmagórico, haciendo alusión a los pródromos de la Revolución

Bolchevique de 1917. Por último, el movimiento final evoca al Dies Irae -representando

a la muerte- y a su obra Las vísperas, que representa a la resurrección mediante el canto

Bendecido por el señor, que culmina con un Aleluya. La maestría de la dupla Argerich-

Goerner se puso de manifiesto en toda su dimensión para ejecutar e interpretar una obra

compleja, de gran cromatismo orquestal traducida al lenguaje pianístico con un sonido

prístino, de alta calidad y caudaloso volumen. A su término, el Colón volvió a rugir en

un estallido final de aplausos y vítores, que iban aumentando de intensidad a medida

que los intérpretes hacían cada aparición en el escenario saludando al público. Y, como

en todo buen recital a dos pianos que se aprecie como tal, no podían faltar los bises: el

primero, una versión íntima y exquisita para dos pianos del tradicional Bailecito de

Carlos Guastavino, que sonó auténticamente criolla. Tras los múltiples y reiterados

aplausos, los intérpretes deslumbraron con un clásico del repertorio para dos pianos:

Scaramouche, de Darius Milhaud que, por sobre todas las cosas, sonó muy

brasileirinha.

Cuando se convoca a dos músicos de excelencia, se produce la magia y el

sinergismo de potenciación. A su vez, eso conlleva a una calidad de interpretación

superlativa y transforma un recital en una obra maestra, lo cual despierta la avidez, la

convocatoria y el aplauso del público. Posteriormente, la notica se pasa de boca en boca

y, con el correr del tiempo, todos quieren concurrir al Festival Argerich merced a su

bien ganado prestigio. Esto, a su vez, desemboca en una auténtica noche de Colón,

donde se escucha el famoso “rugido” digno de su glorioso pasado, pero en tiempo

presente.

 

                                          Fotografía: Prensa Teatro Colón/Arnaldo Colombaroli



Martha Argerich - Nelson Goerner: Recital a dos pianos

UNA SIMBIOSIS MAGICA

Miércoles 19 de julio de 2023

Teatro Colón

Escribe: Graciela Morgenstern

Fotos: Arnaldo Colombaroli


Recital a dos pianos: Martha Argerich - Nelson Goerner

Programa: En blanc et noir, de Claude Debussy

Sonata para dos pianos en re mayor, K448, de Wolfgang A. Mozart

Danzas sinfónicas op.45b, de SergeiRachmaninov,


Martha Argerich y Nelson Goerner se presentaron en un recital a dos pianos, en la

segunda jornada del Festival Argerich. Un concierto inolvidable que dejó al público

extasiado porque fue perfecto desde todo punto de vista.

El programa, compuesto por En blanc et noir, de Debussy, la Sonata para dos pianos en

re mayor, K448 y las Danzas sinfónicas op.45b de Rachmaninov, estuvo armado con

mucha inteligencia, ya que permitió apreciar un abanico de estilos y la excelencia artística

por parte de los intérpretes.

Fue especialmente notable la perfecta simbiosis entre ambos pianistas y la magistral

calidad de sus ejecuciones.

En "En blanc et noir" exhibieron una gama de colores y matices sonoros, precisión y

brillantez y un perfecto entendimiento entre ambos, desde el primer movimiento. En el

segundo, de corte más introspectivo, hubo un toque diáfano que quedó suspendido en la

sala, como envolviéndola, para luego volver a la perfecta articulación de los pasajes

rápidos en el tercero.

Luego de haber intercambiado pianos, realizaron una ejecución impecable de la Sonata

para dos pianos en re mayor, K448, de Mozart. Ambos mostraron su solvencia estilística y

técnica en los pasajes que requieren agilidad y energía, aunque sin excederse en la


dinámica, con una sincronización perfecta. Así mismo, la sutileza fue la mayor

característica del Andante, con fraseo impecable y matices que de pronto hacían que se

pudiera distinguir cada uno de los pianos y en otros, se fundían en uno solo. Un momento

sublime.

Ya en la obra final, las Danzas sinfónicas op.45b de Rachmaninov, volvieron a mostrar

todo su virtuosismo, resolviendo patrones rítmicos de mucha complejidad, con una

dinámica superlativa, absolutamente precisa. El segundo movimiento, magníficamente

interpretado, dio un poco de sosiego, para después encarar el tercero que una vez más,

demás está decirlo, sortearon de manera encomiable.

Y la sala abarrotada de público, se puso de pie para ovacionar a los artistas que

regalaron, fuera de programa, ; Bailecito, de Guastavino y Scaramouche Brasileira de

Milhaud, para cerrar una noche mágica.

CALIFICACION: EXCELENTE

jueves, 20 de julio de 2023

 Auspicioso inicio de temporada de ópera


                                                                                     Por Jaime Torres Gómez

Con una nueva producción de la ópera “Carmen”, recientemente se dio inicio a

la temporada lírica del Teatro Municipal de Santiago.

Gran expectativa revestía el retorno de la tradicional temporada de

ópera del Municipal capitalino aún en tiempos (¿post?) pandemiales,

considerando la normalización de las actividades, no obstante las secuelas de

la crisis económica asociada

Los desafíos de hoy para la captación de nuevos públicos en el ámbito de

la música de tradición escrita -particularmente en la ópera- no son menores, ante

un natural recambio generacional más los efectos de la pandemia, condicionando

la cantidad y perfil de títulos a programar, lo que amerita una periférica y

realista óptica coyuntural. De hecho, falta

retomar los seis títulos históricos, siendo prudente la

presente gradualidad hasta llegar (ojalá prontamente…) al esquema

tradicional. En este contexto, fue oportuno comenzar con Carmen, de Georges

Bizet, como título convocante y siempre desafiante.

Contemplando dos elencos de perfiles parecidos, es menester señalar la

tendencia del Municipal a una homologación de repartos, quizás para nivelar

a los cantantes nacionales con

los internacionales, traduciéndose en una equivalencia de precios para

sendos repartos. A priori, es riesgoso para los casos de títulos con asimetrías de

trayectorias, redundando en desbalances de la valorización económica inherente.

Por tal razón, antaño existía un primer elenco de verdadero

carácter internacional (incluyendo a artistas nacionales de gran trayectoria) junto a

otro local, este último concebido como el espacio reservado fundamentalmente a

los artistas locales emergentes.  

De la producción en sí, estuvo confiada a Rodrigo

Navarrete, prestigioso regista chileno, con exitosas producciones de ópera en el

mismo Teatro Municipal y en regiones. Lo mismo Ramón López,

de importante trayectoria como escenógrafo, iluminador y regista, confiándosele

en esta oportunidad el diseño escenográfico e iluminación. Y el diseño de

vestuario, recayó en Loreto Monsalve, también con colaboraciones previas en

el Municipal.  

Ambientada en la década de los años 90 del siglo XX, la propuesta apostó hacia

la atemporalidad del libreto de Ludovic Halévy y Henri Meilhac (basado en la

novela de  Prosper Mérimée  y ambientado en Sevilla, alrededor de

1820), axioma absolutamente válido, cuyas líneas macro no tuvieron mayores

tropiezos, máxime al darse, en general, debido correlato entre el espíritu del

mismo libreto y las singularidades históricas de la época actual.


Sobre los aciertos, principalmente se destaca toda la resolución de la escena

del Lilas Pastia, transportado al moderno concepto de “pub”, con acertados

efectos lumínicos, buena administración espacial, más una ad-hoc

introducción con una excelente coreografía flamenca (a cargo de Lorena

Peñailillo). Asimismo, interesante la inclusión

de manifestantes con pancartas contra el maltrato animal en el último acto (corrida

de toros), no obstante no haberse desarrollado mejor la idea, quedando sólo como

un esbozo… Y el concepto de la muerte de Carmen con un disparo en la espalda -

a priori, desconcertante-, a la postre tuvo sentido, en cuanto se desarrolla una idea

de la potente personalidad de la misma protagonista, como de la debilidad (a

grados extremos) del mismo Don José.  

En cuanto a falencias, no convenció del todo emplazar la escena del paraje en las

montañas (tercer acto) circunscrito a una bodega, interpretándose como

un refugio dentro de las mismas, idea un tanto difusa, y quizás única solución ante

la dificultad de resolver la limitante estructura fija a lo largo de toda la ópera.       

Respecto a la iluminación y vestuario, se destaca el apoyo del primero, resaltando

momentos claves como el primer encuentro entre Carmen y Don José,

asimismo el soporte lumínico general, como haber “templado” el vistoso (y en

momentos poco refinado) vestuario, aunque de

coherente aggiornamiento noventero (ante el pesar de los puristas…).

En lo musical hubo equilibradas entregas en los dos repartos, ambos sólidamente

dirigidos por el titular filarmónico Roberto Rizzi-Brignoli, quien

demostró completo conocimiento de la obra, brindando incuestionable manejo

estilístico, amén de un seguro apoyo al palco escénico. Atenta respuesta de

la Filarmónica de Santiago, con debido ajuste y calidad de sonido.   

Los desempeños vocales tuvieron resultados cruzados entre los elencos, al menos

en los roles principales. Es el caso de la joven mezzo georgiana Natalia

Kutateladze, de excelentes medios vocales y musicalidad, sin embargo su

interpretación de Carmen tuvo poco idiomatismo, optando por una visión en

exceso refinada, casi al umbral de una top model, y por encima de lo aguerrido y

brutal del personaje. Por distinto carril discurrió la formidable y experimentada

chilena Evelyn Ramírez, ofreciendo el verdadero psique du rol esperable, más

una musicalidad a borbotones.

En el caso de Don José, se contó con los mismos protagonistas de la “Manon”

de Massenet del año pasado -el mexicano Galeano Salas y el uruguayo Andrés

Presno-, quienes no tuvieron equivalencia de rendimiento, fundamentalmente, en

el caso de Salas, con una vocalidad aún bien asentada para el rol, acusando (en

la función de estreno) sinuosidades de emisión que no proveyeron uniformidad de

línea, y calante en algunos momentos (básicamente en el primer acto), aunque

inteligentemente administradas sus falencias hacia el último acto. Distinto el caso

de Andrés Presno, admirablemente empoderado en su cometido, sabiendo


administrar con entera propiedad sus naturales condiciones de robustez vocal,

amplia proyección y belleza de timbre.

De los demás roles, también hubo diferencias en Micalela, no dándose la

vocalidad ideal en el caso de la soprano norteamericana Alexandra Razskazoff,

de gran recuerdo en Mimí (La Bohéme) del año pasado, habiéndose deseado una

voz más lírica que permitiera contrastar mejor a la protagónica Carmen. Distinto la

chilena Paulina González, con gratos recuerdos en el mismo rol y aún con la

excelencia acostumbrada. En el vocalmente ingrato rol de Escamillo, insalvables

diferencias entre el bajo-barítono polaco Artur Janda y el barítono chileno Javier

Weibel, donde el primero acusó incomodidades de emisión (y entrega

interpretativa), mientras el segundo acomodando inteligentemente sus condiciones

para un adecuado cumplimiento. Y en general parejos los cometidos en los roles

secundarios de Zúñiga, Dancairo, Remendado, Mercedes y Frasquita.

En suma, un buen inicio de la temporada lírica del Municipal de Santiago, con una

producción en general de apreciable factura, con positivas entregas musicales

promedio más un rotundo éxito de público, augurando una creciente demanda por

asistir a la más completa manifestación de las artes musicales y escénicas, como

es la ópera…

lunes, 17 de julio de 2023

Carismática directora con Orquesta de Cámara de Chile

   Por Jaime Torres Gómez
Continuando con la exitosa temporada de la Orquesta de Cámara de Chile,
triunfal fue el debut en Santiago de la directora cubana-argentina Yeny Delgado,
de magnífica formación musical y carisma.
La figura de la maestra Delgado no es desconocida en Chile, habiendo colaborado
antes con las Sinfónicas de Antofagasta y Concepción. Actualmente vinculada con
la prestigiosa Sinfónica de Salta, ha sido titular de la Sinfónica de Matanzas, en su
natal Cuba, además de dirigir relevantes orquestas sudamericanas.
Con acabada musicalidad y técnica de dirección, el programa obedeció a un perfil
ideal para apreciar la formación artística de un(a) director(a), existiendo plena
correspondencia entre los autorizados requerimientos de la batuta y la calidad de
resultados. Y siguiendo la estructura itinerante (3 funciones en distintos lugares),
se asistió a la presentación del Teatro Californa de Ñuñoa, sede de la
agrupación, de privilegiadas condiciones acústicas.
Abrió con un (aparente) estreno local de “Adoración”, de la excelente compositora
afroamericana Florence Price (1887-1953). Sobre su música, cada vez adquiere
mayor atención, al compendiar una natural inspiración vernácula de raíz africana
con los modelos de la música occidental. Y en el caso de “Adoración” (1951), se
da un genuino carácter ascético (escrito originalmente para órgano, adaptado
luego tanto para violín solo como a un orgánico de cuerdas). Idiomática versión de
la maestra invitada, más cohesionada respuesta de los camaristas chilenos.
Seguidamente, una formidable versión de “La Gruta del Fingal” (o “Las
Hébridas”), de Felix Mendelssohn, pieza recurrente en las programaciones
locales. Conocida como Obertura, en realidad no hay claridad que lo sea,
asociándosele más a un “poema sinfónico”, sin serlo explícitamente. De expuestas
exigencias, su tejido armónico, de múltiples filigranas, transparencias y cambios
de carácter, exige suma coherencia expositiva. La versión ofrecida enfatizó en un
inteligente sentido contrastante y celebrada claridad de relato. Enjundiosas
exposiciones melódicas, hermosos fraseos, inteligentes acentos y gran calidad de
sonido.
Luego de muchos años de ausencia local, una extraordinaria versión de la
Sinfonía N° 6 de Franz Schubert. Siendo quizás la menos ofrecida, sin embargo
es de las más atractivas. Con una directa influencia italiana, se advierten pasajes
estilísticamente emparentados con el belcanto rossiniano e incluso atisbos de
Bellini, asimismo una clara influencia de Haydn e incluso del mismo Beethoven.
Sin duda, una obra magistral… Con irreprochable ductilidad, la versión de la
maestra Delgado dio cuenta de completa plasticidad expositiva y absoluta claridad
de conceptos en carácter, dinámicas y matices. Inapelablemente, una versión
triunfal…

Y fuera de programa (bis), un verdadero “caramelo”, una atrapante entrega de la
Contradanza de la Zarzuela “Cecilia Valdes”, del compositor cubano Gonzalo
Roig (1890-1970), brindándose un debido carácter caribeño. Entusiasta entrega
de los músicos nacionales ante las sólidas indicaciones de la magnífica maestra.
En suma, una atractiva presentación de la Orquesta de Cámara de Chile junto a
una carismática directora latinoamericana, esperándose verla en más
colaboraciones con las principales orquestas nacionales…

sábado, 15 de julio de 2023

 


Fotografía: Servicio de Prensa del Teatro Colón realizada por el Maestro Arnaldo Colombaroli


LA MAGNIFICA CEREMONIA DEL REENCUENTRO

 

Teatro Colón, temporada 2023: “Festival Argerich”, Concierto de apertura. Programa: Obras de Rheinberger y Schumann. Intérpretes: Martha Argerich (Piano), Freddy Varela Montero (Violín), Tatiana Glava (Violín), Adrián Felizia (Viola), Fernando Rojas Huespe (Viola), Stamir Todorov (Violonchelo), Chao Xu (Violonchelo), Eiian Ortíz Cárdenas (Contrabajo) Fabio Mazzitelli (Flauta), Guillermo Astudillo (Clarinete),Alejandro Lago (Oboe), Abner Da Silva (Fagot), Gustavo Ibacache (Corno). 15 de Julio de 2023.

 

NUESTRA OPINION: EXCELENTE.

 

  Sala llena, expectativa, momento de rebajar la iluminación de la misma y al aparecer sobre el escenario se percibe que el Colón “ruge”.  Es una de las mayores muestras de gratitud que este cronista visualiza permanentemente desde hace 40 años consecutivos en que concurre al Teatro Colón. Tal vez solo la iguale otro gigante amigo suyo: Daniel Barenboim. Martha Argerich (De ella se trata) ejerce un magnetismo muy particular sobre el público porteño (y por lo que se ha percibido de algunas latitudes cercanas que atraídos por el receso invernal vienen a Buenos Aires y encuentran a semejante nombre en el Colón). Cada presencia suya es sinónimo de teatro lleno, dispuesto a gustar de muy buena música y mucho mejor interpretada. En esta apertura de la edición 2023 del Festival que lleva su nombre el ritual se renueva. El público agradecido.

 

  En el comienzo, un grupo de profesores integrantes de la Orquesta Estable del Teatro Colón más algunos invitados, capitaneados desde el primer violín por Freddy Varela Montero (Primer concertino titular) acometieron con una obra poco frecuentada en las salas de concierto. Los Maestros la rescataron para el ciclo que la Asociación de Profesores de la Estable efectúa en la Fundación Beethoven y  encontraron aquí la gran ocasión de interpretarla ante el público de la sala de la calle Libertad. Se trata del Noneto en Mi bemol mayor, Op.139 de Josef Gabriel Rhenberger y junto al primer violín, acompañaron: Adrián Felizia (Viola), Chao Xu (Violonchelo) Eilan Ortíz Cárdenas (Contrabajo), Fabio Mazzitelli (Flauta), Guillermo Astudillo (Clarinete),  Alejandro Lago (Oboe),  Abner Da Silva  (Fagot) y Gustavo Ibacache (Corno).

 

  Oriundo del principado de Liechtenstein, músico precóz que ya a los 7 años brindaba recitales de órgano y que luego poco tiempo después se internara en el mundo de la composición, Josef Gabriel Rhenberger desarrolló,  basado fundamentalmente en Munich la mayoría de su profusa carrera. De prolífica producción, pueden encontrarse una gran cantidad de obras corales, de cámara, para  instrumentos solos y una llamativa cantidad de obras sinfónicas en las que nítidamente sobresale su sinfonía programática Nº 10 “Wallenstein”. Docente universitario, ejerció en Munich y formó a dos destacadísimos alumnos luego muy famosos ellos:  Engelbert Humperdinck  y Willem Furtwangler.  De 1884 es este Noneto, en donde encontramos una nítida influencia post-romántica y dentro de ella fundamentalmente la de Johannes Brahms. A lo largo de sus cuatro movimientos observamos que la estructura de los mismos responden a un primer tema, una segunda sección o sección central  para nuevamente volver al primero en una recapitulación que cierra el fragmento. Estos movimientos siguen más o menos el orden vigente en esa época: 1º) Allegro Moderato-Adagio-Allegro Vivo. 2º) Menuetto-Andantino. 3º) Adagio Molto y 4º) Allegro-Adagio Molto-Allegro Vivo. La versión  de los maestros fue impecable de punta a punta bajo la guía precisa de Freddy Varela Montero.  Con el correr de la interpretación, la misma ganó en intensidad. De muy gratas melodías, cada integrante del conjunto tuvo en ellas la posibilidad de  brillar en cada nota.  Fue un trabajo muy bien recibido por el público el que se expresó con un muy sostenido aplauso.

 

  Tras el intervalo, el “Rugido”. Por supuesto que Martha Argerich a nadie defraudó. Acompañada por Varela Montero, Tatiana Glava en segundo violín, Fernando Rojas Huespe en Viola y el magnífico Stamir Todorov en Violonchelo, ofreció una magistral interpretación del Quinteto  para piano en Mi bemol mayor Op. 44 de Robert Schumann, en la que desde el vamos impuso sus tiempos, su pulso y en donde junto a los músicos construyó una versión vivaz, sentida, con un intenso comienzo (Allegro Brillante),  un reflexivo segundo movimiento que cautivó de punta a punta (In modo d’una marcia. Un poco largamente), Un Scherzo más pleno que nunca y un Allegro final de tramite arrollador que hizo reaccionar con una gigantesca ovación al público. Es justo señalar la magnífica labor del cuarteto que acompañó a Argerich en donde resaltaron las labores de Varela Montero y Glava durante el segundo movimiento y de un magnífico Stamir Todorov a lo largo de la obra. Todos se demostraron capaces de seguir a la inmensa intérprete hasta en los mínimos detalles que Ella desee ofrecer.

 

  La enfervorizada reacción tuvo premio y fue la repetición del tercer movimiento con el mismo magnífico resultado de la primera vez. Tal vez haya sido demasiado, ya que a lo largo del concierto justamente los “neófitos” no se privaron jamás de aplaudir entre movimientos e incluso comenzaron a hacerlo unos compases antes del final del tercer tiempo del Noneto de Rheinberger  Ya es hora que las autoridades del Colón tomo cartas en el asunto. A pesar de todo eso, Martha Argerich  está plena y una vez más con ganas de entregarle lo mejor de sí misma al público argentino.   

 

Donato Decina

Muy buen unipersonal de María Eugenia Seijó en el Espacio EL VITRAL

 

UN CLÁSICO SIMEPRE VIGENTE EN VERSIÓN RENOVADA

Martha CORA ELISEHT

 

            Una característica de los clásicos es que, además de no pasar nunca de moda, también se pueden adaptar u ofrecer en versión libre. ¿Por qué no emplear ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS de Lewis Carroll en una versión para ballet?... Así lo entendió la compañía SURDANZA, que ofreció un espectáculo el pasado viernes 14 del corriente en el Espacio EL VITRAL sobre este clásico de la literatura universal en versión de danza flamenca denominado “ALICIA A CONTRATIEMPO” a cargo de María Eugenia Seijó como coreógrafa y protagonista.

            La producción contó con la siguiente ficha técnica: iluminación de Matías Cortés, vestuario de Silvina Sánchez, escenografía a cargo de SURDANZA, participación de Milagros Seijó (voz en off) y dirección de Luciana Prato.

            Esta versión engarza fragmentos de textos del escritor estadounidense con citas de personajes femeninos de la literatura española (“La Pastora Marcela” de DON QUIJOTE DE LA MANCHA, de Miguel de Cervantes; “Doña Inés “de DON JUAN TENORIO, de José Zorrilla; “Mariana Pineda” de Federico García Lorca sobre la obra del mismo nombre y Lola (“LA LOLA SE VA A LOS PUERTOS”), de Antonio y Manuel Machado) que, a su vez, alternan con  diferentes melodías, donde se representa a Alicia como aquella adolescente que, en su búsqueda sobre el sentido de las cosas, descubre un nuevo mundo: el de la danza española y, fundamentalmente, la danza flamenca. Para ello, se utilizan elementos característicos (castañuelas, abanico, mantón de Manila) que combinan con los que aparecen en la obra original de Carroll (juego de té y camino, señalado por un enorme rollo de papel sobre el cual, la protagonista baila). El resultado es un unipersonal sumamente interesante, donde la protagonista expresa sus sentimientos mediante una coreografía basada en danza flamenca. María Eugenia Seijó demostró ser una brillante bailarina y coreógrafa, que aprovechó el reducido escenario en toda su dimensión para lucir su plasticidad y su gracia como si hubiese estado sobre  un auténtico tablao flamenco. La coordinación de movimientos fue perfecta al utilizar no sólo los elementos anteriormente mencionados, sino, además, un libro, que iba leyendo a medida que iba bailando.

            Pese a ser una sala de reducidas dimensiones, estaba repleta de público, que aplaudió entusiasmado el esfuerzo de la protagonista y el grupo de trabajo. Otra opción más de las tantas que ofrece Buenos Aires en materia de espectáculos y, en este caso, de las compañías independientes de danza.   

 


sábado, 8 de julio de 2023

 

TREINTA AÑOS DE ENTREGA A LA COMUNIDAD

 

  Hoy, 08 de julio, Surdanza Espacio festejó sus primeros treinta años con la comunidad de Wilde desde donde trasciende y realiza una obra muy importante al servicio de su comunidad como es formar jóvenes valores en el campo de la danza clásica, la comedia musical, danzas populares, canto y hasta música de cámara.

 

 El festejo contó con la presencia del Sr. Intendente Municipal de Avellaneda Ing. Jorge Ferraresi, quien presenció la función de festejo en donde los alumnos que allí cursan en las diferentes disciplinas ofrecidas efectuaron su muestra de mitad de curso 2023, demostrando cada uno su evolución a lo largo del semestre recién concluido.

 

 Dentro de esta presentación tuve posibilidad de ver a los alumnos de Comedia Musical, rubro en el cuál se destacó la inclusión de un joven con discapacidad, el que actuó como uno más en escena y que merece el mayor elogio. También niñas que comienzan su aprendizaje en danzas clásicas, una notable pareja de baile de Salsa quienes con maravillosa conexión, desplegaron sus habilidades con absoluta perfección. En  el cierre, un conjunto de cámara interpretó piezas populares para luego sumarse al brindis con el “Felíz Cumpleaños” coreado por toda la concurrencia y proceder al apagado de las treinta velas de cumpleaños que coronaron a la infaltable torta.

 

 Dentro de ese momento el Intendente Ferraresi, en nombre de todo el Partido de Avellaneda destacó la actividad de este querida institución, por el permanente compromiso de la misma con la barriada de Wilde a la que pertenece, haciendo hincapié en la inclusión, habida cuenta de lo que acababa de ver y que narro líneas arriba, por  lo cual en  nombre del partido efectuó la entrega de un subsidio para avanzar en las obras de remodelación de la sala principal, la que ya exhibe una muy interesante actualización tecnológica. La Mtra. Luciana Prato, titular de la institución agradeció muy conmovida y renovó ante la concurrencia que desbordó las instalaciones su compromiso para seguir adelante y llegar así a más personas deseosas de aprender y progresar,

 

  Quiero cerrar esta reseña deseando a Surdanza lo mejor para estos años venideros y reiterar, luego de ver una vez más a tantos niños y jóvenes de Wilde que van a cursar, mi concepto que aún hay reservas y futuro en Ntra. sociedad.   

 

Donato Decina  

 Excelente actuación del pianista Miceal O’Rourke en el Salón Dorado del Colón


CON ALMA. BRILLO Y JÚBILO


Martha CORA ELISEHT


El Salón Dorado del Teatro Colón no sólo es una joya arquitectónica, sino

también un ámbito muy propicio para la ejecución de conciertos de cámara. Su

imponente y elegante arquitectura constituyó el marco más apropiado para que tuviera

lugar un concierto de cámara realizado el sábado 8 del corriente, donde participó el

pianista irlandés Miceal O’Rourke en calidad de invitado junto al Cuarteto Bríos,

integrado por Alma Quiroga y Damián Noriega (violines), Julio Domínguez (viola) y

Teresa Fainstein Day (violoncello), quienes interpretaron las siguientes obras:

- Concierto n°12 para piano y orquesta en La mayor, K.414 (versión para

cuerdas)- Wolfgang A. MOZART (1756-1791)

- Quinteto para piano en Fa menor, Op.34- Johannes BRAHMS (1833-1897)


Nacido y educado en Dublín, Miceal O’Rourke es uno de los mejores pianistas en la

actualidad y es la segunda vez que visita la Argentina (la anterior, en 2019). En esta

ocasión, ha actuado en el Ciclo de Cámara de la Usina del Arte y se presentó

recientemente con la Orquesta Sinfónica Nacional en el Centro Cultural Kirchner

(CCK). En este caso, se presentó junto al Cuarteto Bríos, integrado por músicos muy

talentosos que se desempeñan como solistas en las orquestas más prestigiosas del país

(Orquesta Estable del Teatro Colón, Orquesta Nacional de Música Argentina “Juan de

Dios Filiberto”, Orquesta Filarmónica de Buenos Aires y Sinfónica Nacional,

respectivamente). Prueba de ello fue la excelente calidad y equilibrio sonoro desde los

primeros compases del mencionado Concierto en La mayor K.414 de Mozart, conocido

también como Pequeño La mayor, que consta de tres movimientos (Allegro/

Andante/Allegretto) y que fuera compuesto en 1782 cuando llegó a Viena. Puede ser

interpretado tanto por una formación orquestal reducida (dos oboes, dos fagotes, dos

trompas, cuerdas y piano) como por un cuarteto de cuerdas, como sucedió durante el

presente concierto. La excelente pulsación, digitación, prodigalidad y musicalidad de

Miceal O’Rourke permitieron lograr una versión cristalina, imbuida del espíritu

mozartiano en los trinos, cadencias y pasajes de mayor dificultad. Por su parte, el hecho

de estar acompañado por un cuarteto de cuerdas permitió una versión más íntima, con

un mayor lucimiento del solista. También se logró una muy buena profundidad sonora

en el Andante central a cargo del cello y la viola, mientras que tanto Alma Quiroga

como Damián Noriega demostraron su maestría como violinistas. Una interpretación

digna del Ciclo de Cámara del Colón y una ovación de aplausos por parte del público.

El Quinteto en Fa menor, Op.34 de Brahms es conocido como “la corona de la

música de cámara”, ya que es una de las obras más bellas y conocidas dentro de dicho

género. Fue compuesto originalmente para quinteto de cuerdas (dos violines, viola y dos

violoncellos) en 1862 y posteriormente, su autor realizó una transcripción como sonata


para dos pianos hasta darle su versión definitiva, que fue estrenada en el Conservatorio

de Leipzig en 1866, dedicada a la princesa Anna de Hesse. Sus cuatro movimientos

(Allegro non troppo/ Andante- un poco adagio/ Scherzo: Allegro y Finale: Poco

sostenuto- Allegro non troppo- Presto, non troppo) poseen ribetes románticos y por

momentos, trágicos y oscuros. El piano actúa junto al cuarteto de cuerdas brindando una

unidad de expresión desde el inicio del 1° movimiento, donde los instrumentos suenan

al unísono. En este caso, fue una versión majestuosa desde el principio hasta el fin, con

un perfecto acople entre el piano y las cuerdas. El avasallante crescendo del Allegro non

troppo inicial estuvo perfectamente bien ejecutado, al igual que los diversos

contrapuntos. Tras la tranquilidad del Andante en La bemol mayor, donde el violoncello

y la viola se lucen en las notas graves de la cadencia inicial, el imponente Scherzo-

allegro sonó acorde a las tres características del compositor hamburgués: solemne,

romántico y marcial, con un excelente pizzicato a cargo de las cuerdas en general y del

violoncello en particular, al igual que el movimiento final. Tras la brevísima

introducción en sonata, el cello introduce el primer tema del Allegro -que posee

reminiscencias húngaras- que se une al segundo tema mediante un puente estridente,

ejecutado de manera impecable por los integrantes del ensemble en general y de Alma

Quiroga en particular. Por su parte, la introducción del piano sonó fogosa y apasionada

en el Presto non troppo final, con una sublime interpretación del conjunto y soberbia

actuación de O’Rourke, que hizo delirar al público hacia el final del concierto. Una

ovación de aplausos y vítores obligó al pianista y al conjunto a ejecutar un bis: nada

más ni nada menos que una obra tan compleja como el scherzo del Quinteto en Sol

menor, op.57 de Dmitri Shostakovich, que sonó magistralmente merced a la excelencia

de los intérpretes. El público volvió a delirar con otra ovación de aplausos.

Fue uno de los mejores conciertos de cámara en lo que va de la presente temporada,

digno del Colón en vísperas del 9 de Julio. No es casual que se haya interpretado un

repertorio clásico- romántico con alma, brillo, júbilo y, además, con brío -parafraseando

el nombre del cuarteto- como anticipo del festejo del día de la Patria.

viernes, 7 de julio de 2023

 Emblemáticos hitos…


                                                                  Por Jaime Torres Gómez

Una conjunción de hitos confluyeron en la presentación del concierto del Instituto

de Música de la Pontificia Universidad Católica de Chile (IMUC) en el Día del

Sagrado Corazón, la solemnidad más importante de dicha casa de estudios,

celebrando en esta oportunidad sus 135 años de historia.

Dentro de la variada temporada del IMUC, normalmente contempla -en las

presentaciones orquestales- a la Orquesta de Cámara UC como base, reforzada

por profesores y estudiantes según los programas. Lo mismo en el caso de

los coros, dándose una interesante instancia interactiva entre maestros y alumnos.

Fue el caso de esta presentación en el Salón Fresno, dirigida por el prestigioso

maestro chileno Maximiano Valdés, dándole debido realce al contemplar la

interpretación de la Misa Romana compuesta por su madre, Sylvia Soublette,

quien estuvo estrechamente ligada en los inicios del IMUC.

Coincidiendo con los 100 años de vida de esta importante figura de la vida

musical chilena y latinoamericana, Sylvia Soublette no sólo fue compositora,

cantante e instrumentista, desempeñándose también en la formación de

conjuntos, la dirección de coros y la enseñanza. Personalidad inquieta, alcanzó

niveles formativos de excelencia, como su aprendizaje en el Conservatorio

Superior de Música de París en las cátedras de Darius Mihaud, y luego con Oliver

Messiaen.

Conforme su mayoritaria dedicación a la música del pre y post Barroco -

inicialmente con el Conjunto de Música Antigua UC y luego con otras instituciones-

, su Misa Romana compendia naturalmente una estética influida por los cánones

de la música modal antigua en adelante. Admirable el tratamiento de las texturas

vocales, aunque algunas falencias de orquestación que ameritarían ser retocadas.

Y la armonía refleja una celebrada permeabilidad de lo arcaico con una moderna

sensibilidad de varias influencias de compositores como Hindemith, Honneger e

incluso algo de Frank Martin, entre muchos, adquiriendo indudable vigencia...

La versión ofrecida contempló un orgánico orquestal y coral reducido, y fiel al de

su estreno en el año 2012. Al respecto, cabe referirse a lo ofrecido en otra

oportunidad, con un mayor contingente de cuerdas y coreutas, también dirigido

por Maximiano Valdés (junto a la Sinfónica Nacional Juvenil), ganando más en

presencia y atractivo. No obstante ello, el trabajo de Valdés ahora junto a la

orquesta y coro de la UC, muy autorizado en carácter y uniformidad de resultados.

Magnífica calidad de ensamble, balances y matices. Y formidables cometidos de

los solistas Florencia Novoa (soprano), Javiera Barrientos (mezzo) y Gonzalo

Quinchahual (tenor).   


Y con celebrado criterio complementario, una extraordinaria versión de la siempre

bienvenida Séptima Sinfonía de L.V. Beethoven, que no amerita mayor

presentación… Autorizada lectura de Maximiano Valdés, dando cuenta de su

solvencia formativa y trayectoria. Con excelente adopción de tempi más una

celebrada visión del todo, se brindó completo carácter a lo largo de los cuatro

movimientos, amén de una galería de logros en balances, acentos, dinámicas y

progresiones expresivas. Atenta respuesta de la treintena de integrantes del

ensemble universitario.

En suma, una presentación que dio cuenta de una feliz coincidencia de

emblemáticos hitos, y con alta jerarquía de resultados…