domingo, 31 de julio de 2022

 

Concierto de Javier Camarena (tenor)

Alyson Rosales (soprano – Angel Rodriguez  (piano)

Teatro Colon 30/07/2022

En un concierto inesperado, ya que no había sido programado al anunciarse el año anterior la presente temporada, el Teatro Colon ofreció un recital de un muy destacado cantante de la actualidad; el tenor Javier Camarena. Camarena, (ya conocido por el público del Colon por ese magnífico concierto que ofreció en 2017),  viene también a presentarse en la nueva producción de L’elisir d’amore, de Donizetti, que subirá a escena la próxima semana.

La voz de los cantantes líricos va madurando y por ende, cambiando a lo largo de sus carreras. Debido a esa natural e inevitable maduración de la voz, el cantante va adaptando necesariamente su repertorio y su técnica a las nuevas circunstancias que ese cambio natural le  impone. No se canta igual cuando se tiene veinte años, que a los treinta o a los cuarenta y es por eso, que cuando se llega a esos momentos de adaptación a una nueva vocalidad hay que ir probando el nuevo repertorio hasta alcanzar la maduración plena, la comodidad necesaria para abordarlo y una nueva “memoria muscular” para sostener la técnica.

Javier Camarena está en ese proceso, por lo que se explica la naturaleza del programa elegido. Ya está dejando de ser el tenor ligero, o “tenor de gracia”, como se solía llamar a su tipo de voz en algún momento, para convertirse en un tenor lírico.

Si bien conserva esos brillantes y fáciles agudos, y esa estupenda línea de canto belcantista con la que nos conquistó en 2017, su centro está tomando otra consistencia que lo lleva a pasar a un registro de tenor lírico neto. Es por todo esto, que se justifica que haya incluido en este concierto, arias como la de I Lombardi, Manon  y Boheme que apuntan hacia ese nuevo horizonte que se le aproxima. Su mayor lucimiento en esta noche, sin embargo, fueron el aria de Tebaldo, de I Capuleti e i Montecchi, de Bellini (que no se escuchaba en el Colon desde 1971, interpretada por Umberto Grilli, en ocasión de la representación de esa opera, que protagonizaron Renata Scotto y Renzo Casellato), y Spirto gentil, de la Favorita.

La calidad de su canto, la entrega en el decir, y su estupenda musicalidad, son cualidades constantes que no se pierden y hacen de Javier Camarena el gran artista que es. Y es en ese contexto, sumado a que se encuentra plenamente abocado a los ensayos de L’elisir, que estrena en pocos días, que se justifica plenamente que en los bises no haya cantado algunos de sus “caballitos de batalla”, como la famosa aria de Tonio de La fille du regiment, que parte del público le reclamaba. En cambio, interpretó canciones populares con muy buen gusto, y que por otra parte, no son ninguna novedad ya que lo ha hecho a lo largo de toda su carrera.

Conocimos a una nueva soprano; Alyson Rosales, que comienza su camino artístico, y como premio de un concurso, Camarena le ofreció la oportunidad de presentarse junto a él en este concierto. Rosales tiene una agradable voz de soprano lírica, robusta y de buen volumen que lució principalmente en el “Si, mi chiamano Mimi”. Cantó correctamente “Eccomi in lieta vesta” de Capuleti, pero el “Aria del veneno”, de Romeo y Julieta de Gounod no fue tan bien servida. Esta es un aria difícil, que solía cortarse en las representaciones de esta opera en otras épocas, y requiere una madurez vocal e interpretativa más relevante a la que la promisoria soprano ha alcanzado hasta ahora.

Muy buen acompañante el pianista Angel Rodriguez, que interpretó una versión para piano solo de la Habanera de Carmen, con arreglos propios, que no aportó nada, pero demostró su calidad de ejecutante.

En resumen;  un buen concierto con un gran tenor adaptándose bien a sus nuevas circunstancias con una soprano que promete, pero que debería elegir con más cuidado alguna de las arias a interpretar.

Párrafo aparte para los aplaudidores a destiempo de siempre, que ni siquiera conocen cuanto termina el dúo “O soave fanciulla”.

Peor aún el papelón de tener al tenor sobre el escenario, dispuesto a comenzar la segunda parte del concierto, esperando que un público irrespetuoso reingrese a la sala. Cosas jamás vistas en el Colon, y que forman parte de esta degradación cultural que estamos padeciendo.

Roberto Falcone

sábado, 30 de julio de 2022

 

Espectacular concierto a cargo de la Orquesta de Cámara del Congreso de la Nación

 

SONIDOS QUE ENVUELVEN Y ENAMORAN

Martha CORA ELISEHT

 

            La Orquesta de Cámara del Congreso de la Nación no sólo es uno de los mejores organismos artísticos del país, sino que también ostenta el privilegio de ser la única orquesta de cámara profesional, estable y oficial con sede en la Ciudad de Buenos Aires.  Ganadora en dos oportunidades del premio otorgado por la Asociación de Críticos Musicales de la Argentina como mejor orquesta de cámara del país, realiza una labor formativa en el ámbito musical y ofrece un programa temático de conciertos. Precisamente, con motivo de los 175 años del fallecimiento de Félix Mendelssohn Bartholdy (1809-1847), la mencionada agrupación ofreció en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso de la Nación el pasado viernes 29 del corriente un concierto denominado “MENDELSSOHNIANA” bajo la dirección de su titular -Sebastiano De Filippi- con la participación del violinista Freddy Varela Montero en calidad de solista, en un programa compuesto por las siguientes obras:

-          “Elegía” (transcripción para orquesta de cuerdas)- Mario PERUSSO (1936) (1° audición)

-          Concierto para violín y orquesta de cuerdas en Re menor, MWV O3- Félix MENDELSSOHN BARTHOLDY (1809-1847)

-          Sinfonía para orquesta de cuerdas n°7 en Re menor, MWV N7- Félix MENDELSSOHN BARTHOLDY (1809-1947)

Ante un auditorio a sala llena, una vez que los músicos tomaron sus puestos sobre el escenario, Sebastiano De Filippi agradeció la presencia en sala del maestro Perusso y aclaró que era la primera audición de su obra (Elegía) en transcripción para orquesta de cuerdas -la versión original es para cuarteto de cuerdas- y fue compuesta durante 2021 en homenaje a las víctimas de la pandemia de COVID 19. Se trata de un adagio elegíaco de carácter trágico, cuya introducción está a cargo del cello y del contrabajo para ser retomada posteriormente por el violín y la viola, logrando un clima de desolación y tristeza mediante el efecto de cuerdas divididas. Posee una línea melódica absolutamente tonal, con pasajes donde los solos de violines y violas alternan en contrapunto con el resto de las cuerdas -muy buena actuación del concertino Pablo Pereira, el solista guía de segundos violines Catriel Galván, la cellista Mariana Levitin y los violistas Mercedes Sánchez y Federico Butera- para desembocar en un cierre en tono menor a cargo de toda la orquesta. Un cálido aplauso por parte de la numerosa concurrencia fue el mejor homenaje al compositor y a los músicos en mérito a su labor.

            Si bien no es tan conocido como su homónimo en Mi menor, el Concierto para violín y cuerdas en Re menor no deja de ser una bellísima obra cuya composición data de 1822, cuando Mendelssohn sólo tenía 13 años y fue en homenaje a su amigo y maestro Eduard Rietz. Tras la muerte de Mendelssohn, su viuda donó el manuscrito original de este concierto a Ferdinand David -quien precisamente, estrenó el célebre Concierto en Mi menor-. Lamentablemente, cayó en el olvido y fue rescatado por otro virtuoso del violín: Yehudi Menuhin, quien recuperó el manuscrito original en 1951 y lo editó para reestrenarlo en el Carnegie Hall de New York al año siguiente. Consta de tres movimientos: Allegro/ Andante/ Allegro y posee reminiscencias gitanas -sobre todo, en la tumultuosa cadencia del Allegro final- que alternan con modulaciones típicas de la música de Schubert y Mozart. La orquesta obtuvo un sonido muy claro y sumamente compacto desde los primeros compases, con una perfecta conjunción armónica entre solista y conjunto instrumental. La labor de Freddy Varela Montero fue magistral: hizo gala en todo momento de su digitación y fraseo, que se puso de manifiesto en el solo del movimiento central y en la cadencia del Allegro final, con un excelente contrapunto en trémolo a cargo de cellos y contrabajos. Y como no podía ser de otra manera, el público deliró al final del concierto y estalló en aplausos.

            Del mismo período data la Sinfonía n°7 en Re menor para orquesta de cuerdas, que forma parte de las 13 sinfonías que Mendelssohn compuso entre 1821 y 1823, cuando sólo contaba con 12 a 14 años a modo de tributo a grandes músicos como Mozart., Haydn, Carl Phillipp Emmanuel Bach y Johann Christian Bach. Sin embargo, nunca fueron publicadas ni ejecutadas en público hasta muchos años después de la muerte del compositor. La mayoría poseen 3 movimientos, salvo las n°7, 8 y 9, que poseen 4. En el caso particular de la sinfonía n°7, sus movimientos son: Allegro/ Andante amorevole/ Menuetto/ Allegro molto, donde la orquesta brindó una interpretación sublime, con una perfecta marcación de tempi y un sonido prístino, perfectamente acompasado. Una muestra más de la brillante tarea llevada a cabo por Sebastiano De Filippi y que se vio coronada por una ovación por parte del público.

            Ese mismo día hubo una variada oferta de conciertos en varios de los ámbitos más selectos de la Ciudad de Buenos Aires y todos, interpretados por excelentes profesionales. No obstante, el público se inclinó más por este tipo de repertorio: un compositor conocido, convocante y con obras cuasi inéditas, que rara vez se representan. Precisamente, son sonidos que atrapan, envuelven y enamoran a los melómanos en todo el mundo. Y que representan un auténtico placer al poder escucharlos.  

miércoles, 27 de julio de 2022

 

Sensacional concierto con obras de cámara de Ravel en la Fundación Beethoven

 

IMPRESIONISMO FRANCÉS AL POR MAYOR

Martha CORA ELISEHT

 

            Maurice Ravel (1875-1937) ha sido un músico extraordinario. Independientemente de sus obras más conocidas y mundialmente famosas (Bolero, Pavana para una Infanta difunta, Mi Madre la Oca o L’Enfant et les Sortileges), ha incursionado en todos los géneros -excepto música religiosa-, además de ser un gran orquestador. Quizás, la música de cámara de este gran compositor francés sea la parte menos difundida de su vasta obra, pero no por eso deja de ser interesante. Por dicho motivo, la Fundación Música de Cámara decidió organizar un concierto compuesto íntegramente por sus obras en este género (“SOLAMENTE RAVEL”), que tuvo lugar el pasado martes 26 del corriente en el Auditorio de la Fundación Beethoven con la presencia de los siguientes intérpretes: el Cuarteto Petrus, integrado por Pablo Saraví y Hernán Briático (violines); Denis Golovin (viola) y Cecilia Stamig (violoncello); Alina Traine (arpa), Matías Tchicourel (clarinete), Horacio Massone (flauta), Mariano Manzanelli (piano) y Víctor Torres (barítono), que ofrecieron un programa integrado por las siguientes obras:

-          Cuarteto en Fa mayor para dos violines, viola y violoncello

 

-          Tres piezas paródicas para piano:

-Menuet sur le Nom d’Haydn (Minueto sobre el nombre de Haydn)

- À la manière d’Alexander Borodin (vals)

- À la manière d’Emmanuel Chabrier (Allegretto)

     -     Tres canciones de Don Quijote a Dulcinea

    -     Introducción y Allegro para flauta, arpa, clarinete y cuarteto de cuerdas

            Tras una breve presentación a cargo de las autoridades de ambas entidades, se dedicó el concierto a la memoria de Pía Sebastiani (1925-2015), quien fuera directora del primitivo Conservatorio Beethoven y luego, presidente de la Fundación homónima. Posteriormente, los integrantes del Petrus se dirigieron hacia el escenario para dar comienzo al Cuarteto en Fa mayor, compuesto entre los años 1902 y 1903 en homenaje a Gabriel Fauré, quien fuera profesor de Ravel en el Conservatorio de París. Consta de 4 movimientos (Allegro moderato/ Assez vit, très rythmé/ Três lent/ Vit et agité) que están unidos por un motivo conductor en Fa mayor. Mientras que el primer movimiento está escrito en forma de sonata y posee gran refinamiento, el segundo es un scherzo caracterizado por un juego ambiguo de pizzicatos entre acorde binario y terciario, que permite el lucimiento de los solistas. El movimiento lento (Très lent) es sumamente contrastante en comparación con el apasionado torbellino del movimiento final (Vit et agité- Rápido y agitado), donde se recapitulan los temas del primer movimiento. Los integrantes del Petrus ofrecieron una versión sublime, caracterizada por la excelente labor de todos y cada uno de los músicos, brindando vuelo a la melodía acorde a las especificaciones en la partitura y un fraseo impecable. Una versión de alta calidad, digna de uno de los mejores conjuntos de cámara del país, que se retiraron sumamente aplaudidos.

            Seguidamente, el pianista Mario Manzanelli ofreció las Tres piezas periódicas para piano. La primera fue compuesta en 1909, mientras que las dos restantes, en 1912 y cada una está dedicada a una personalidad de la música (Joseph Haydn, Alexander Borodin y Emmanuel Chabrier). Se trata de un minueto, un vals y un allegretto respectivamente, que fueron ejecutadas con suma elegancia y precisión. A su vez, Manzanelli acompañó al barítono Víctor Torres para interpretar las Tres Canciones de Don Quijote a Dulcinea (Chanson romanesque, chanson épique y Canson à boire/ Canción romanesca, canción épica y Canción para beber, respectivamente). Fueron compuestas entre 1932 y 1933, durante la última etapa de la vida de Ravel (quien para ese entonces ya sufría una enfermedad neurológica degenerativa que lo llevó a la muerte) sobre versos de Paul Morand y poseen una belleza melódica que permite el lucimiento del barítono. En este caso, Víctor Torres lo hizo de manera exquisita, merced a su impecable línea de canto y los matices de su voz. Es uno de los mejores cantantes de cámara en el país y lo demostró con creces sobre el escenario.

            La obra de cierre fue la Introducción y Allegro para flauta, arpa, clarinete y cuarteto de cuerdas, que fuera compuesta en 1905 y que lleva el M46 del catálogo de Marrat.  Fue escrita para promocionar un modelo de arpa cromática (Érard) que competía con Pleyel por la fabricación de dicho instrumento y que finalmente se impuso, siendo el precursor del arpa moderna. Tras una breve introducción a cargo de la flauta y el clarinete mediante un pianissimo lento y expresivo, el Allegro -en forma de sonata- comienza con el bellísimo solo de arpa caracterizado por un monumental arpegio, mientras los violines ejecutan un pizzicato y el resto de las cuerdas, en arco. La melodía fluye de un instrumento a otro hasta desembocar en un fortissimo y una nueva cadencia a cargo del arpa, que se mantiene hasta la recapitulación final. Una versión magistral desde todo punto de vista, donde la arpista Alina Traine sobresalió merced a su exquisita musicalidad, al igual que Matías Tchicourel y Horacio Massone en clarinete y flauta respectivamente. Unido esto a la labor de los integrantes del cuarteto de cuerdas, fue memorable. Y como no podía ser de otra manera, el público estalló en aplausos y vítores al finalizar el concierto.

            Cuando dos instituciones de prestigio se reúnen para aunar esfuerzos y convocan a intérpretes de primer nivel, los resultados están a la vista y hablan por sí solos. Un concierto descollante, donde la obra de cámara del gran Maurice Ravel estuvo perfectamente representada en una auténtica demostración de talento y maestría.  

   

 

 

 

Reportaje a Christian Baldini

Nacido en Mar del Plata, Christian Baldini  completó con honores sus estudios de dirección orquestal y composición en la Universidad Católica Argentina, obteniendo luego becas completas para llevar a cabo su maestría y doctorado en las universidades estatales de Pensilvania y Nueva York.

Desde 2009 es director artístico de la Orquesta Sinfónica UC Davis y desde 2012 director musical de la Orquesta Sinfónica Camelia, de Sacramento, capital de California, con la cual ha abordado ciclos completos de las sinfonías de Brahms, Sibelius, Schumann y Beethoven, así como estrenos locales de obras de Luciano Berio, György Ligeti, Edgar Varese, Oscar Strasnoy, además de numerosos estrenos locales.

 

Una visión holística

Con un repertorio íntegramente dedicado a música argentina, el concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional del 15 de julio de 2022 en la Sala principal del CCK significó, gracias a Gonzalo Quintas, de la Dirección Nacional de Organismos Artísticos, la posibilidad de entrevistar extensamente al maestro Christian Baldini. La oportunidad fue su estancia de algunos días en Mar del Plata, y la conversación tuvo lugar en un café próximo a nuestro Teatro Colón, lugar donde lo conocí hace varios años, cuando vino a dirigir nuestra Orquesta Sinfónica Municipal.

Del simple cotejo de fechas y de sus antecedentes surge la juventud con la cual inició, cimentó y lleva a cabo una carrera en la cual ha abordado los géneros y los períodos más diversos, desde el clasicismo a las vanguardias.

Hablar con un músico del calado de Christian Baldini es abrir un panorama nuevo a cada momento: es inacabable la lista de experiencias musicales, interpretaciones, formaciones –orquestales o camarísticas-  y obras a que hace referencia. En el trato es llano y muy amable y produce la sensación de que su habla oral –precisa, sobria e informal al mismo tiempo- sigue las leyes de la música.

 

Una primera etapa

-Cómo fue el comienzo de tus estudios musicales –le pregunto.

-CB. Cuando comencé a considerar las distintas opciones pude ver que en la  UCA era una carrera larga, de siete años y la consideré la mejor de esas opciones.

Recuerdo haber ido allí: era una casa en San Telmo que daba la impresión de un lugar familiar, como si se fuera a visitar a un amigo. Cuando entré había alguien haciendo un examen y resultó que también era de Mar del Plata. Era Valentín Garvie, que estaba estudiando dirección orquestal. Fuimos amigos desde entonces.

Di el primer año libre y comencé a cursar desde el segundo. Era una formación muy completa, con excelentes docente.

 

Es una mañana fresca y desde el refugio de la vereda en el cual estamos ante una mesa y cercanos a una estufa vemos pasar incesantemente a la gente, en vacaciones. El ruido del escape de una moto nos invade por un momento. La vida discurre, como la música.

 

-¿Venís de familia de músicos?

-CB. No, mi mamá era enfermera, mi papá médico…mi tía Martiana, que decía tocar el piano, era una persona de mucha cultura y me regaló la primera biografía de Mozart, pero no fue una influencia decisiva y la mía no era una familia musical.

De chico para mí la música era como una salida, un refugio y aprendí a leer muy temprano, mi papá me enseñó con un libro de primario de mi hermana, que era mayor. A partir de allí comencé a leer y tenía una facilidad para aprender cosas. Entré a la escuela y me aburría y tenía una conducta desastrosa. Sentía que no me hallaba en la escuela, y la maestra me retaba en lugar de darme otra cosa para hacer.

Ya a los tres años le dije a mi mamá que quería estudiar el violín, entonces las posibilidades, eran diferentes.   

Mientras estudiaba en la UCA formé un ensamble. Estaba en el tercero o cuarto año de la carrera, es decir que me faltaban un año o dos  para graduarme. Era un grupo inicialmente muy pequeño, hicimos audiciones y en el primer ensayo nos debemos haber juntado 11 o 12 personas y a lo largo de esos dos año que trabajé fue un crecimiento muy satisfactorio, porque terminamos teniendo una orquesta sinfónica completa, un ensamble de vientos, un  coro polifónico. Hicimos varios sinfónico corales. Conseguí apoyo financiero para llevar el ensamble de vientos a Mar del Plata, a tocar al Teatro Colón. Aprendí muchísimo  de todo lo que es producción, además  de lo que es dirección musical.

Cuando fui a Pensilvania, muy poquito tiempo después de mi llegada fundé otro ensamble. Fue entonces que la decana me convocó para conversar y estaba muy impresionada de que tan pronto hubiera fundado y me dio apoyo económico para que pudiera alquilar música y financiar la actividad. 

Cuando me llamó la docente pensé “qué habré hecho mal”, en cambio me dijo que mi examen era el mejor que había visto y me ofreció el apoyo para el ensamble.

Era muy grande la disponibilidad de partituras, partichelas y grabaciones de las que había.

La experiencia en Davis, California fue muy importante. Soy  profesor de la Universidad de California desde hace ya  13 años, comienzo el año 14 ahora y soy director de la Orquesta Sinfónica de UC Davis, que es de la Universidad de California en Davis y tenemos un teatro maravilloso realmente, el Mondavi Center y este año está en el aniversario número 20 y vienen orquestas de todo el mundo, como la Filarmónica de San Petesburgo , con Valery Gergiev, ha venido la Sinfónica Nacional Rusa, la Sinfónica de San Francisco, muy seguido, la de Los Ángeles con Gustavo Dudamel, la Royal Philarmonic de Londres, la Filarmónica de Seúl. Yo he  dado charlas-presentaciones para la Filarmónica de China, la Sinfónica de Shangai. Es decir que vienen orquestas de Asia, de Europa, de Estados Unidos todo el tiempo a tocar, y la orquesta de UC Davis es la orquesta residente ahí y tenemos el privilegio de hacer todos los ensayos en el escenario. No tenemos que ir a ninguna sala de ensayo, lo cual nos ha ayudado a tener una actividad sostenida y lograr una calidad artística muy alta

Luego hice el doctorado en Buffalo Universidad de Nueva York, que era a unas cuatro horas en auto de donde yo vivía. Llegué allí como estudiante doctorado en composición; al poco tiempo se enfermó el director de la orquesta, que quedó en Nueva York y no podía volar, y  me llama el jefe del Departamento de Música y me dice si como un favor podía dirigir el concierto del día siguiente y  tuve una media hora de ensayo brevísimo, donde ensayamos algunas cosas puntuales y tuvimos el concierto que era la Quinta Sinfonía de Beethoven, el Pélleas y Mélisande de Fauré y  una obra nueva de alguien que se estaba graduando en su doctorado en composición. Todo fue muy bien. Pasó alrededor de un mes y me ofrecieron el  cargo de director musical de esa orquesta en Buffalo.

Había llegado a Estados Unidos para continuar mis estudios, pensaba hacer la maestría y el doctorado y volver, pero las cosas se fueron dando de otro modo.

 

-¿Cómo llegas a California Davis?

-CB Tuve una entrevista para el cargo de Director Musical en la Universidad de California Davis y no solamente tuve que  dirigir a la orquesta en dos ensayos sino también conocer lo que es una gran parte del trabajo en Estados Unidos, que es el referido a los sponsors, la gente que dona dinero. Me reuní con esa gente y también tuve que dar una clase magistral a un director de orquesta que estaba haciendo estudios de posgrado, di una clase sobre Bach,  también.

Tuve muchas reuniones y al finalizar  todo eso, no habrá pasado ni una semana que me ofrecieron el caro, y quien era mi mentor de doctorado en Buffalo, un extraordinario compositor que se llama David Felder, cuando le conté que me habían ofrecido ese cargo me dijo que absolutamente  lo tenía que tomar porque es uno de los más deseados en los Estados Unidos; la Universidad de California es  la institución pública más prestigiosa del mundo, entonces tiene muchos beneficios tener un cargo en la Universidad de California y tenía razón, ahora que ya llevo casi 14 años , no era algo que hubiera podido pasar por alto porque fue muy importante en mi desarrollo personal y profesional  

 

Salzburgo y Michael Tilson Thomas

-Hay otros hitos muy importantes en tu carrera: el haber sido finalista en el Concurso Internacional para Jóvenes Directores de Orquesta, nada menos que en Salzburgo, y tu vínculo con Michael Tilson Thomas, director titular de la Orquesta Sinfónica de San Francisco y discípulo, nada menos, que  de Leonard Bernstein. Tilson Thomas es un gran divulgador y pedagogo cuya serie de programas Keeping the score nos brinda un análisis ameno y exhaustivo de las obras y un sentido de perfección interpretativa.

-CB. Es cierto, si bien no gané el concurso fui uno de los tres finalistas de un total de 91 concursantes de todo el mundo y eso me significó, entre otras cosas, poder contar con un manager para mi carrera.

Nunca me acerqué a los directores para pedirles algo; quizás hubiera debido o hubiera podido hacerlo. Conocí a Michel Tilson Thomas cuando asistí a ensayos de la Orquesta Sinfónica de San Francisco de Amériques, de Varèse.  Es una obra que no se toca tanto porque es gigante, lleva una orquesta como de ciento y pico de personas, con 14 percusionista, dos arpas,  mas todas las maderas a 5, con dos contrafagots, con tubas, trombón contrabajo, 6 o 7 trompetas. Es más grande que La Consagración de la Primavera.

Tilson Thomas me recibió en su despacho en el Teatro y me sorprendió que conociera mucho de mi actividad. Sucedió por ejemplo que al presentarme a otras personas les dijera que le gustaba como había abordado las sinfonías de Sibelius. Fue toda una sorpresa que alguien como él conociera mi actividad de ese modo y se refiriera a ella con entusiasmo.

 

-Michael Tilson Thomas une el amor a la música con el detalle y el nivel de detalle con el que trabaja es enorme, que hayas sido su director asistente habla mucho de tus méritos. Siendo como es, igual que Bernstein, no se detiene hasta lograr la perfección y eso es lo que habrá de esperar de su director asistente.

-CB. Trabajé con él, que tiene un sentido pedagógico innato: le basta decir una palabra o hacer un gesto para transmitir algo  y llegó a delegarme conciertos de la orquesta por estar muy satisfecho por cómo abordaba las obras.

Es además un hombre de gran experiencia que ha conocido a músicos de los más grandes del siglo XX.

 

-El programa dedicado a Aaron Copland es una prueba de ello. Es decir que hiciste las sinfonías de Jean Sibelius en forma integral. Cuáles son tus preferencias.

-CB. Es difícil hablar de preferencias. Cada obra tiene un gran valor y transmite algo propio. A la hora de armar un programa de concierto no se trata de incluir una obertura breve, un concierto para instrumento solista y orquesta  y luego la sinfonía que a uno le guste. Se trata de algo distinto.

El programa debe tener su progresión y las obras vincularse e iluminarse unas a otras. Por ejemplo en un concierto que era sobre el concepto de la luz y la oscuridad tenía dos obras de Ravel: Alborada del Gracioso al comienzo y la Rapsodia Española  al final. En el caso de la Alborada es una canción matutina y en el de la Rapsodia  es una trayectoria  de lo que es el transcurrir de un día, terminando con una gran fiesta en feria. Las dos obras en el medio eran de dos compositores italianos, que representaban más la noche y la oscuridad y lo oscuro como concepto filosófico. El primer compositor era Luigi Dellapiccola. Hicimos  la Piccola música notturna y luego de la pausa hicimos  de Salvatore Sciarrino hicimos la Introduzione a lo oscuro. Él es además  el compositor italiano viviente más grande y he tenido el privilegio de estudiar con él  en Francia, en un Festival donde  se me estrenaba una obra para orquesta y Sciarrino era el compositor que daba clases magistrales a compositores que iban allí de todo el mundo.

Ese fue el concepto y cuando tocamos esa pieza de Sciarrino apagamos todas las luces del teatro y sólo dejamos las luces de los atriles. Es una música que genera como un anti espacio, porque tiene parte de silencio, se mantiene al límite de lo audible e inaudible. Tiene algunos efectos que son  casi como “animalísticos”: usa no sólo las cuerdas sino los vientos, la flauta hace como unos rugidos. Es una pieza muy impresionante en lo sensorial, así que el efecto de tocarla con las luces  apagadas gustó muchísimo. Lo que me gustó de ese programa  fue que la gente venía por Ravel, que es un compositor que adora y conoce, pero al final, además de Ravel, estaban fascinados por las obras de Dellapicola y Sciarrino. Eso es lo que me gusta lograr con esos programas eclécticos y conceptuales, es como un chef en un restaurante  que no pone simplemente un pedacito de esto y otro de esto otro para comer y llenarse. La idea es  tener un trayecto, una experiencia más holística y que haya a lo largo del tiempo un desarrollo de confianza entre el chef y los comensales, o, en este caso, entre el director de orquesta, la orquesta y el público.

 

-La música termina por vincularse según la propuesta del intérprete.

-CB Brahms, Schumann, Bruckner, son enormes presencias en la música y particularmente siento algo especial por el clasicismo de Haydn, que siempre sorprende con algo vivo, gracioso y espontáneo; las sinfonías de Mozart, como la Linz o la Júpiter, y las de Beethoven.

Me gusta mucho trabajar con cantantes y el repertorio sinfónico coral. El cantante es en sí mismo el instrumento y eso tiene un valor diferente. La música proviene de su propio cuerpo y me gusta tanto hacer obras con cantantes –óperas o sinfónico corales- como escribir música coral.

 

-Tilson Thomas ha dicho que prepara las obras cantando, o en el piano. Hay muchas maneras de comenzar a entrar en ese mundo de la obra y ella parece ser la que propone cómo debe ser abordada.

-CB En mi caso, más allá de trabajar en el piano o cantando, suelo estudiarlas en el escritorio. No hay un solo modo.

 

La frágil libertad

-Y en cuanto a la actividad compositiva, cómo es  la génesis de una obra, cómo nace, bajo que estímulos e ideas y cómo se desarrolla o es ella misma, al surgir, la que pide ser desarrollada de uno u otro modo.

-CB. No hay una sola manera. A veces puede provenir de un poema, otras de diferentes circunstancias. Tampoco se trata de hacer por ejemplo un clásico cuarteto de cuerdas, sino de emplear una formación que esté dada por la índole de lo que uno quiere decir.

Escribí por ejemplo un concierto para violín y orquesta a solicitud de una violinista coreana y se convirtió en una obra política; dediqué el artículo Freedom is fragile, en “The Gleaming Sword”, a la relación entre  libertad, política y música, con varios ejemplos musicales.

Corea es una magnífica península artificialmente dividida por la política y hay una libertad desigual en el sur y en el norte. Encontré inspiración en desgarradoras cartas de personas que deben vivir forzosamente separadas, sufriendo la pérdida de familiares.

Durante mis investigaciones encontré testimonios, entre los cuales estaba el de un periodista de Corea del Sur que fue detenido por las autoridades de Corea del Norte y liberado solamente por la intervención del ex presidente Clinton.

La península de Corea ha sido dividida por demasiado tiempo. Las familias han sido separadas por ese límite artificial que es el paralelo 38. La crueldad de esta segregación, las violaciones a los derechos humanos relativas a ellos hizo inevitable dedicar la obra a todos quienes habían sido víctimas  de estas políticas y de las guerras.

Muchos sonidos e imágenes vinieron a mí a medida que me involucré más en este proyecto, desde la imagen  del muro de Berlín, dividiendo  a Alemania en dos naciones, al muro que separa a comunidades y familias a lo largo de Norteamérica. 

 

-Cómo es posible plasmar esto en la música.

-CB por medio de distintos estímulos y materiales: tomé por ejemplo cartas. Hay historias como las de Hyseo Lee y Yeonmi Park, dos desertoras del régimen de Corea del Norte. Euna Lee es una periodista Sud Coreana que fue detenida por las autoridades de Corea del Norte y utilicé distintas cartas de familiares separados a lo largo de la frontera.

Es una pieza muy dramática y se vale de las ventajas que los recursos expansivos de la orquesta y su dispositivo y de instrumentos autóctonos tanto como de la voz humana.

La libertad es frágil, dice Euna Lee y si no luchamos  por los derechos humanos y las personas oprimidas ahora mismo, quién lo hará por ellos.

 

-La versión es de la Orquesta UC Davis y Celine Jeong Kim

-CB. Sí, es la orquesta de la que soy titular desde 2009 y debo decir además que esta fue la primera vez, en los 13 años  que he estado en Davis, que programé una obra mía. No es por falta de oportunidad, pero soy muy cuidadoso con eso. No me gusta. Hay gente que es compositor y director y todos los años se programa obras  propias, que a mí no  me parece correcto hacer eso: hay mucho repertorio que me interesa explorar y cuando programo música no lo hago de una manera egoísta diciendo me gusta esta sinfonía, la programo sí o sí, sea bueno para la orquesta o no y no tenga nada que ver con el resto del programa. Tengo mucho cuidado con eso y de la misma manera, hacia anos que  me pedían que pusiera una obra mía en el programa y esta fue la oportunidad y la primera vez que lo hice  y no tengo pensado  en un futuro cercano volver a programas  nada mío.

Con mi otra orquesta, la de sacramento, la Camelia Simphony  Orchestra tampoco. Me han pedido que programara una obra mía y no lo  he hecho. Este ano estoy entrando en mi décima temporada y  consideré  en un momento en escribir una obra nueva. Es posible pero con  mucho cuidado y tiene que haber una muy buena razón para hacerlo, no simplemente que salga por que salga.

Celine Jeong Kim es una violinista coreana excelente que hizo un posgrado en la Universidad de San Francisco. Ahora está trabajando en la orquesta nacional de Corea, en los primeros violines.

 

 

La firme voz

El concierto para violín es ciertamente una experiencia dramática. Al escucharlo en el registro de Celine Jeong Kim y la Orquesta…se tiene una idea muy diferente de las funciones posibles que la música puede tener: primero es una intervención poderosa y cortante, un discurso vigoroso que se interrumpe con la aparición de una segunda solista que toca partes del concierto para violín y orquesta de Mendelssohn, hasta que es retirada casi violentamente de la escena: hay –en apariencia- una sola voz legitimada para estar allí y no existe diálogo posible con otra porque se interrumpen. También el anhelo de libertad irrumpe. Sin embargo, pronto sucederá algo aun más inusual: comenzará  la lectura de cartas, con un fondo musical suave pero al mismo tiempo desgarrado.

Son recursos inhabituales que producen un fuerte impacto, en parte por el contenido de la música y en parte por significar, en sí mismos una ruptura: con la tradición, con la música como algo simplemente bello, para dar paso a una experiencia diferente, algo que podemos llamar –como el compromiso del que hablaba Jean Paul Sartre- un deber del artista: el de asumir su obra como un testimonio y una herramienta de lucha.  

La voz que no es cantada, que es una lectura, se convierte en el elemento más poderoso de todos. La orquesta se transforma en un pedal para la voz, la acompaña: es aquella la que guía y de pronto aparece el silencio y fuertes golpes percusivos. Los discursos políticos son la ruptura total con la experiencia de las personas sometidas el régimen y, claramente, forman parte de la violencia.

 

Christian Baldini desarrolló un recurso y una estética musical en función de un estímulo poderoso que surgió de su propia experiencia: son los hechos los que encuentran  sus propios modos de expresarse. La música engloba a aquello que está más allá de ella pero que no es ajeno, involucra el manejo de la orquesta y de la voz pero desde la necesidad de actuar.

 

Colofón

En lo que hace a su actividad como conductor, ha dirigido para la Ópera de Inglaterra (Londres); Teatro Colón de Buenos Aires; Festival de Aldemburgh; Ópera de San Francisco. Asimismo, ha estado al frente de la Orquesta del Norte de Holanda, del Noroeste de Alemania y muchas otras, en Europa y Estados Unidos.

Como compositor, ha recibido premios internacionales en Corea, Estados Unidos, Argentina y Francia.

Ha realizado numerosas grabaciones discográficas, incluida la selección como “Grabación del mes” de la revista Gramophone y grabación destacada de Classic FM por su CD con música de Wolfgang Amadeus Mozart.

Entre otros registros se cuenta el editado por Centaur Records, 2021, con obras de Varese, Baldini, Ligueti y Lutoswasky, dirigiendo la Orquesta de la Radio de Munich, que han sido elogiados por la crítica especializada.

La música es un mundo  que nunca puede ser conocido en su totalidad y cuyas posibilidades son múltiples, en ese camino valen todas las ideas que provengan de una profunda convicción y sabiduría. Ese quizás sea el mensaje final.

 

Eduardo Balestena

 

Ciclo Grandes Intérpretes 

 

Nadine Sierra ovacionada en el Colón

Sábado 16 de Julio de 2022 

Escribe: Graciela Morgenstern

Teatro Colón

 

Nadine Sierra, soprano

Kamal Khan, piano

Programa:

Charles Gounod: "Je veux vivre", de "Romeo y Julieta" 

Gioacchino Rossini: "Arpa gentil che fida", de "El viaje a Reims"

Richard Strauss: "Allerseelen"

                            "Ständchen"

                             "Morgen"

                            "Wiegenlied"

                            "Cäcilie"

Giuseppe Verdi: "È strano....sempre libera", de "La traviata"

Gustave Charpentier: "Depuis le jour", de "Luise" 

Joaquín Turina: Homenaje a Lope de Vega 

I "Cuando tan hermosa os miro" 

II "Si con mis deseos" 

III "Al val de Fuente Ovejuna" 

Leonard Bernstein:"I feel pretty" y "Somewhere", de "West Side Story" 

Heitor Villa-Lobos: "MelodÍa Sentimental" 

Ernani Braga: "Engenho Novo

Gerónimo Giménez: "Me llaman la primorosa", de "El barbero de Sevilla"

 

 

Con un programa ecléctico que fue modificado respecto del programa de mano entregado por el Teatro Colón, debutó la soprano Nadine Sierra quien,  junto al pianista Kamal Kahn, brindó un brillante concierto.

 

Su voz tiene un timbre de cálida belleza que corre por la sala, con buen caudal. Su técnica es depurada y su canto, refinado. Desde el comienzo, con el vals de Julieta, "Je veux vivre", de "Romeo y Julieta", de Gounod, demostró un perfecto dominio de la  coloratura, que arrancó la ovación del público. En tanto, en su aria rossiniana de "El viaje a Reims", se pudo apreciar su óptimo manejo del fiato, cualidad que estuvo presente durante todo el recital, sosteniendo frases extensas en varias oportunidades. De la misma manera, impactó su canto con matices, bellos "filati" y pianísimos, que desplegó en varios momentos de la función.

 

Así, luego de ofrecer una correctísima versión de las canciones de Richard Strauss,  completó la primera  parte con "È strano....sempre libera", de "La traviata",  vertido con ataques seguros e impecable legato en el primero y haciendo gala, nuevamente, de su coloratura en el segundo.

 

Ya en la segunda parte, la poco frecuentada a pesar de su belleza "Depuis le jour", de "Luise" ,de Charpentier, cantada con pureza de tono, sonidos dulces y envolventes. A lo que siguieron tres canciones de Turina en homenaje a Lope de Vega.

 

Hasta ese momento, todo estaba bien. excepto por la actitud del público, seguramente desconocedor del género, que aplaudía en cualquier momento, incluyendo después de cada canción en los ciclos de Strauss y Turina, lo que desconcentro a la cantante; así como también antes de comenzar "Sempre libera". Sería interesante "educar" al público en este sentido.

 

Pero tal vez, la mejor parte del recital fueron las obras de Bernstein, de "West Side Story", en las que la soprano se movió con mucha comodidad y ofreció una muy buena interpretación. Lo mismo sucedió tanto con la obra de Heitor Villa-Lobos, "MelodÍa Sentimental", como con la de Ernani Braga, "Engenho Novo", cantadas vertida con buen gusto y calidez.

 

Cerrando la segunda parte, "Me llaman la primorosa", de la zarzuela "El barbero de Sevilla", de Gerónimo Giménez.

 

Párrafo aparte merece el pianista Kamal Khan quien, completamente consubstanciado con Nadine Sierra, realizó un excelente trabajo como acompañante, colaborando a dar realce a cada una de las obras y su interpretación. Ambos constituyeron un equipo sólido y absolutamente integrado.

Los aplausos y bravos no tardaron en hacerse escuchar. En respuesta, los artistas, emocionados ante la ovación, brindaron, fuera de programa: "Sì, mi chiamano Mimi", "Stranger in Paradise", del musical "Kismet" (1953), de Robert Wright y George Forrest, basado en musica de Borodin, "La rosa y el sauce", de Guastavino y la infaltable "O mio babbino caro".

Otro gran momento del ciclo “Grandes Intérpretes Internacionales”.

 

CALIFICACION: EXCELENTE

lunes, 25 de julio de 2022

 

Recital Nadine Sierra (soprano)

Teatro Colon 23/07/2022

En el marco del ciclo Grandes intérpretes que ofrece el Teatro Colon en la presente temporada, se presentó la soprano estadounidense Nadine Sierra, junto al pianista Kamal Khan con un recital de calidad.

Nadine Sierra, es una soprano lírica, de gran extensión vocal y muy buena técnica; con fiatos sorprendentes, hermosos filados, y facilidad en su registro alto; virtudes estas que desplegó a lo largo de todo el programa.

Al respecto del programa, el repertorio previamente anunciado, y que figura en el programa de mano, fue modificado. El aria de Norina, de Don Pasquale de Donizetti con la que debía comenzar el recital, fue reemplazada, (inteligentemente), por el Vals de Julieta, del Romeo y Julieta de Gounod. Esta aria, le permitió a la soprano presentarse con un fragmento en el que mostró plenamente sus virtudes vocales y de ahí en más el público presente se rindió a sus pies.

Continuó así con un repertorio muy variado, entre arias de opera, (entre ellas el “Depuis le jour”, de Louise de Charpentier, que aunque muy conocida, es poco frecuentada),  canciones (Richard  Strauss, Joaquin Turina, Leonard  Bernstein, Heitor Villa Lobos  y Ernani Braga), dejando de lado “los cuatro madrigales amatorios” de Rodrigo, que figuraban originalmente, y culminando la segunda parte con la romanza de la zarzuela El Barbero de Sevilla de Gerónimo Gimenez, “Me llaman la primorosa”. Todo interpretado con calidad y buen gusto.

Las canciones de Maria, (I feel pretty y Somewhere) de West side story de Bernstein y Melodía sentimental de Villa Lobos,  fueron estupendamente cantadas, y de lo mejor del concierto.

Entre los bises incluyó La rosa y el sauce, de Guastavino, y Si, mi chiamano Mimi”, de la Boheme de Puccini.

 Muy interesante y a su medida fue el popurrí de canciones pertenecientes a un musical de Wright y Forrester llamado Kismet, con adaptaciones de piezas musicales escritas por Alexander Borodin.

Como no podía ser de otro modo, no faltó el sempiterno, consabido y ya a esta altura cansador “O mio babbino caro", estupendamente cantado y esta vez sin errores.

Mención aparte merece el comportamiento del cierto público presente, que no sabe en qué momento se debe aplaudir. Al parecer, algunos no saben, o no les han enseñado, que no se debe aplaudir al final de cada tema de los ciclos de canciones. Se aplaude al final del ciclo y no al final de cada canción. También deberían aprender que hay que esperar un momento al final de la obra para arrancar el aplauso. Y esto viene a colación, ya que entre dos temas del ciclo “Homenaje a Lope de Vega” de Turina comenzaron los aplausos que desconcentraron a la cantante, que debió acercarse a la partitura para retomar la pieza.

Las buenas tradiciones se van perdiendo y en este caso se vieron las consecuencias. Lamentable!

Pero en definitiva, el concierto fue bueno y la cantante tuvo un gran éxito gracias a su talento y simpatía.  El ciclo Grandes Intérpretes que nos ofrece el Teatro Colon, hasta ahora, es de lo mejor de la temporada.

Roberto Falcone