miércoles, 22 de abril de 2026

 Cavalleria Rusticana e I Pagliacci en celebradas producciones

                                                                      Por Jaime Torres Gómez

Coincidiendo con los 20 años de Merlín Comunicaciones, y luego de una exitosa

reedición de la puesta en escena de la ópera Carmen en enero, llega la dupla

Cavalleria Rusticana e I Pagliacci, nuevamente en el Teatro Corpartes, de

excelente acústica.

Del todo encomiable la labor de Merlín Comunicaciones en abrir nuevos espacios

para el desarrollo de la ópera en Chile, constituyendo una plataforma

complementaria de trabajo para cantantes, músicos y todo el ámbito de producción.

A la vez, conforme la alta demanda de las producciones ofrecidas, ha evidenciado

un alto interés por la ópera, esperándose su continuidad en el tiempo, y, en lo

posible, expandiéndose a regiones.

Del todo acertado ofrecer estas dos óperas, sin duda muy entrañables para

muchos melómanos e ideales para la formación de nuevos públicos dada sus

grandes bondades compositivas junto a extraordinarios libretos.

Inscritas en el “verismo” (movimiento de la ópera italiana tendiente en dar a

conocer la realidad de manera lo más auténticamente posible), sus libretos se

basan en aspectos cotidianos de la vida y contrarios a los temas épicos de la era

romántica y anteriores. Normalmente la vena melódica es de fácil asimilación,

tendiéndose a un recitativo muy expresivo y naturalista, dándose un continuum

musical muy costumbrista o local.

En el caso de Cavalleria Rusticana (Honor Rústico), de Pietro Mascagni, se trata

de su ópera más famosa, y sin duda con una denominación muy bien pensada

para este melodrama siciliano, que -inevitablemente- recuerda su acertada

inclusión en el filme El Padrino III. En I Pagliacci ( Los Payasos), de Ruggiero

Leoncavallo, está basada en un hecho real de una causa criminal ocurrida en

Calabria, llevada a cabo por el juez Vincenzo Leonvallo, padre de Ruggiero.

Musicalmente, ambas óperas disponen de un magistral tratamiento de las voces,

colores y texturas instrumentales.

Excelente producción liderada por Gian Paolo Martelli como regisseur, con un

inteligente aprovechamiento del espacio en base a una estructura escenográfica

fija para ambas óperas debidamente cambiante mediante una dosificada

iluminación y esenciales elementos corpóreos. Muy acertadas las indicaciones de

movimientos, como un vestuario de estupenda factura.

De los dos elencos, se presenció la primera función con un deslumbrante José

Azócar en los roles de Turiddu y Canio. De impresionante squillo y arrebatadora


entrega, injustamente poco se le convocado en más producciones de ópera

locales... Asimismo, gran debut de soprano italiana Alessia Nadin como

Santuzza, con voz plena, rica en matices y de perfecto phsique du rol. De

importante material y nobleza de canto el barítono brasileño Rodolfo Giulani, en

los roles de Alfio y Tonio. Marcela González, de importantes medios vocales,

empero, su vocalidad para Nedda se apreció pesante. Patricio Sabaté, como

Silvio, con soberbia musicalidad y homogénea línea; asimismo, con gran oficio,

Gonzalo Tomckowiack como Beppe. La concertación de Eduardo Gajardo junto

a la Orquesta Filodramática de Chile, algo errática, aunque colaboradora con las

voces.

En suma, dos sólidas producciones de óperas de entrañables fibras…

 PROYECTO AUDIOVISUAL- CICLO INTEGRAL DE SINFONÍAS DE


ALBERTO WILLIAMS


RESUMEN- CONFERENCIA DE PRENSA 21-4-26


El pasado martes 21 del corriente se llevó a cabo en la Sala Manuel Antín del

Palacio Libertad Domingo F. Sarmiento una conferencia de prensa con motivo de la

presentación del proyecto audiovisual Ciclo Integral de las Nueve Sinfonías de Alberto

Williams, organizado por la Secretaría de Cultura de la Nación y la Dirección Nacional

de Elencos Estables con participación de la Orqueta Sinfónica Nacional y los dos

directores musicales encargados del proyecto: Pablo Boggiano -embajador de los

Elencos Estables- y Emmanuel Siffert- principal director invitado del mencionado

organismo sinfónico.

Participaron del acto la Directora Nacional de Elencos Estables -Mariela Bolatti-

, el maestro Pablo Boggiano, el programador de la Orquesta Sinfónica Nacional -Ciro

Ciliberto- y Pablo Williams -nieto del compositor-, quien aportó el material gráfico para

la realización de los dossiers con la explicación de las sinfonías, año de composición,

estructura e intérpretes.

Se trata no solamente del rescate del legado del compositor emblemático y padre

del nacionalismo musical argentino, sino también del mayor proyecto cultural en la

historia de la Sinfónica Nacional. Es la primera vez en el país que una orquesta

sinfónica graba en audio y video un ciclo integral de sinfonías de un compositor

vernáculo.

Asistieron a la ceremonia periodistas, autoridades de la Dirección Nacional de

Elencos Estables y se agradeció al Secretario de Cultura de la Nación -Leonardo Cifelli-

por su apoyo para la realización del proyecto; a la directora del Centro Cultural -Valeria

Ambrosio-; al programador Ciro Ciliberto por haberlo encabezado y ser el autor

intelectual; al director audiovisual - Diego Laber- y al coordinador general del área de

sonido de la institución -Emilio Nicoli-. Estos últimos han ido indispensables para su

concreción y realización.

Debido a que el maestro Siffert se encuentra en el exterior por compromisos

artísticos, envió un video agradeciendo a las autoridades por la confianza depositada

para la realización e interpretación de este ciclo.

Se proyectaron el 4° movimiento de la sinfonía n°2 en Do menor, op.55 “La

bruja de las montañas”, dirigido por Emmanuel Siffert y su homónimo de la sinfonía

n°3 en Fa mayor, Op.58 “La selva sagrada”. El material audiovisual es de excelente

calidad.

Al término de la proyección, los periodistas invitados pudieron hacer preguntas.

Se estima que el ciclo estará finalizado en febrero de 2027 y, posteriormente, la idea es

continuar con la obra sinfónica integral de Jacobo Ficher y Alberto Ginastera.

martes, 21 de abril de 2026

 


Daniela Tabernig, Carlos Calleja y la "Nueva Sinfonietta" de Bunos Aires luciendo en la Usina del Arte, tal como lo refleja esta fotografía de Martha Cora Eliseht,


Magistral concierto de la Nueva Sinfonietta en la Usina del Arte


EL MARAVILLOSO EFECTO DE LA MULTIPLICACIÓN

Martha CORA ELISEHT


El Ciclo de Camara de la Usina del Arte constituye un espacio de excelencia para

todos aquellos amantes del género por su alta calidad en los programas que lo integran y

la jerarquía de los intérpretes que participan dentro del mismo. Una prueba fehaciente

de ello ha sido el concierto ofrecido el pasado domingo 19 del corriente, con

participación de la agrupación Nueva Sinfonietta bajo la dirección de Carlos Calleja y la

soprano Daniela Tabernig para brindar el siguiente programa:

- Vier letzte Lieder (Cuatro últimas canciones) (versión para 13 instrumentos

solistas de Carlos Calleja)- Richard STRAUSS (1864-1948)

- Cuadros de una exposición (orquestación de Maurice Ravel- versión para 13

solista de Carlos Calleja)- Modest MUSSORGSKY (1839-1881)

La mencionada agrupación es un conjunto de 13 solistas cuyo objetivo es ofrecer

versiones de cámara de grandes obras para orquesta sinfónica. Liderada por uno de los

mejores directores de orquesta de todo el país, su repertorio abarca obras del repertorio

universal como Preludio a la siesta de un fauno de Debussy, la Sinfonía n°1 “El Titán”

de Gustav Mahler y Pas de deux de Cascanueces, entre otras. La mayoría de sus

integrantes se desempeñan como solistas en las orquestas más prestigiosas del país y

son los siguientes: Natalia Cabello (1° violín), Joaquín Orellano (2° violín), Héctor

Gareca (viola), Benjamín Báez (violoncello), Matías Cadoni (contrabajo), Guillermo

Irusta (flauta), Pamela Abad Quintale (oboe), Roberto Gutiérrez (clarinete), Manuel

López Leal (fagot), Pablo Bande (corno), Pablo Amaya (trompeta), Cristian Ibáñez

(percusión) y Alberto Biggieri (piano). Una vez que los músicos tomaron sus puestos

sobre el escenario d, Carlos Calleja y Daniela Tabernig se hicieron presentes ante un

nutrido auditorio que se dio cita en la Sala de Cámara de la Usina el domingo por la

mañana para disfrutar de un magnífico concierto.

Nacida en Santa Fe y radicada en España desde hace algunos años, Daniela Tabernig

es una de las mejores sopranos argentinas y una gran interprete de las Cuatro últimas

canciones de Richard Strauss, compuestas en 1948 cuando el músico alemán decide

establecerse en Suiza luego de finalizar la Segunda Guerra Mundial, con textos de

Hermann Hesse en las tres primeras (Frühling (Primavera), September (Septiembre),

Beim Schlafhengen (Al irme a dormir) y de Joseph von Eichendorff en la última (Im

Abendrot /Al atardecer). Representan la despedida de la vida del compositor y su

estreno tuvo lugar en Londres en 1950, interpretadas por Kirsten Flagstad. En la

presente versión para 13 instrumentos, descolló en su interpretación merced a su

impecable línea de canto, hermoso timbre y color vocales, matices y el buen gusto en la

materia para lograr ese carácter íntimo e introspectivo de la obra. La orquesta sonó

magnífica, con lucimiento de los principales solistas de los diferentes instrumentos,

donde se destacaron la concertino Natalia Cabello y el flautista Guillermo Irusta, cuyos


trinos en la última (Im Abendrot) sonaron estupendos. La versión fue exquisita, sutil y

con los matices típicos de esta gran obra. El público coronó la labor de la soprano, el

director y los músicos con una ovación de aplausos y vítores.

Compuesta originalmente por Mussorgsky en 1874 como una suite para piano,

Cuadros de una Exposición se basa en una exhibición póstuma de 10 pinturas de su

amigo y artista plástico Viktor Hartmann (1834-1873) organizada por el crítico de arte y

asesor del Grupo de los Cinco Vladimir Stásov (1824-1906). Posteriormente, Maurice

Ravel realiza su célebre orquestación en 1922 por encargo de Sergei Kousevitski, quien

era director de los Concertes Symphoniques de París. Forma parte del repertorio

habitual de toda orquesta sinfónica y está integrada por los siguientes cuadros: Gnomos,

El viejo castillo, Tullerías, Bydio (cabeza de ganado), Ballet de los polluelos en sus

cáscaras, Samuel Goldenberg y Schmuyle, El mercado de Limoges, Catacumbas, La

cabaña de Baba Yaga (sobre patas de gallina) y La gran puerta de Kiev. A esto se le

suma el motivo conductor (Promenade), donde el visitante entra al salón donde se

exhiben los cuadros. Escrito en estilo diatónico, este pasaje describe la acción y crea la

tensión. Luego de la quinta repetición del motivo, da la impresión que el visitante se

ensambla con los cuadros y forma parte del universo pictórico. La suite posee dos tipos

de armonización: la diatónica, para los cuadros poéticos, y la cromática, mediante

escalas de tonos enteros, octatónicas y yuxtaposición de pasajes para los cuadros de

tono fantástico y misterioso. En cuanto a la orquestación, intenta mantenerse fiel a la

estructura original. La única licencia que toma es la de eliminar la quinta Promenade

que precede a El mercado de Limoges y en El viejo castillo, Ravel hizo que el fagot y el

saxofón compartieran una melodía apaciguada y melancólica con el acompañamiento de

las cuerdas. La adaptación de Carlos Calleja para 13 instrumentos de la mencionada

orquestación de Ravel fue admirable y genial desde todo punto de vista, porque permite

el lucimiento de todos los solistas desde el impecable solo de trompeta y corno iniciales

en la Promenade que abre la obra hasta la colosal coda y capitulación final en La gran

puerta de Kiev. Una versión fantástica, donde la orquesta se lució en toda su plenitud

merced al impecable equilibrio sonoro y la marcación impuestos por el director y otra

manera de interpretar esta gran composición.

Fueron solamente 13 instrumentos solistas que sonaron como una gran orqueta

sinfónica merced a la calidad profesional de sus integrantes y a los magníficos arreglos

por parte del director mediante un maravilloso efecto de multiplicación de sonido. Por

lo tanto, bien valió la pena madrugar el domingo.

 


El Oboísta Nestor  Garrote, la Directora Rebeca Tong y la Filarmónica de Buenos Aires en esta estupenda toma de Juanjo Bruzza pàra Prensa del Teatro Colón


Impactante desempeño de Rebecca Tong al frente de la Filarmónica en el Colón

 

ÍNTIMO, HEROICO Y APASIONADO

Martha CORA ELISEHT

 

            Hace ya un tiempo que los conciertos ofrecidos dentro del Ciclo de Abono de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires (OFBA) poseen un título a modo de eje temático. El ofrecido en la sala principal del Teatro Colón el pasado viernes 17 del corriente se denominó “ÍNTIMO Y HEROICO” y estuvo dirigido por la indonesia Rebecca Tong, con participación de Néstor Garrote (oboe) en calidad de solista, donde se ofrecieron las siguientes obras:

-          Obertura de “DON GIOVANNI”, K.527- Wolfgang A. MOZART (1756-1791)

-          Diálogos. Concierto para oboe y cuerdas (revisión de Néstor Garrote)- Virtú MARAGNO (1928-2004)

-          Sinfonía n°3 en Mi bemol mayor, Op.55 “Heroica”- Ludwig van BEETHOVEN (1770-1827)

            En esta ocasión, el rol del concertino estuvo a cargo de Tatiana Glava, donde se apreció a una orquesta bien afiatada en la afinación de instrumentos previamente a la aparición de Rebecca Tomg en el podio. Poco se sabía de esta directora indonesia, quien se formó en la Universidad de Cincinnati y en el Royal Northern College of Music en Manchester. Fue asistente de Michael Tilson- Thomas y se perfeccionó con Pablo Heras- Casado y Marin Alsop. Actualmente se desempeña como residente de la Orquesta Sinfónica de Yakarta y sorprendió en su debut en el Colón por su temperamento al frente de la orquesta. Llamó la atención el orgánico de la Filarmónica para interpretar la célebre obertura mozartiana desde el Andante inicial en Re menor, que anticipa el desenlace del drama mediante la aparición del convidado de piedra (habitualmente, se emplea una formación más reducida). Se logró una versión muy correcta mediante un muy buen dominio de tempi y marcación precisa, que se vio reflejada en el Molto allegro en Re mayor que sigue al andante inicial que, a su vez, es la tonalidad de la moraleja que se canta al final de la ópera.

            Seguidamente, Néstor Garrote y Rebecca Tong hicieron su presentación sobre el escenario para interpretar el Concierto para oboe y orquesta de cuerdas (Diálogos) de Virtú Maragno, compuesto en 1995 con revisión posterior realizada por el intérprete en 2025 y dedicado a su hija Cecilia -destacada intérprete de dio instrumento-. Se divide en 4 movimientos: Con el viento/ Con los pájaros/ Con el paisaje/ Finale. Su línea melódica es tonal con ciertas disonancias y permite el lucimiento del oboe en todos sus matices. Para lograr los efectos sonoros a los que aluden los títulos de los movimientos, se emplean una serie de recursos en cuerdas (trémolo, uso de sordina, frote detrás del puente o efecto strappata (golpe sobre la caja del instrumento)). El movimiento inicial comienza con las cuerdas en stacatto que brinda el efecto del viento soplando fuerte hasta la entrada del oboe, donde Néstor Garrote exploró absolutamente todos los matices del instrumento mediante una sucesión de glissandi y trinos. Este último efecto se puso de manifiesto en el siguiente movimiento (Como los pájaros) donde los solistas de los dos primeros violines imitan los trinos de las aves en el registro más agudo, mientras el oboe imita el gorjeo mediante una serie de arabescos y glissandi. Posteriormente, un bello cantábile en cuerdas en diálogo con el oboe crea un efecto melódico que termina in crescendo hasta que el concertino y el solista vuelven a emular el canto de las aves. En el movimiento siguiente (Como el paisaje), un sostenuto en cuerdas ofrece ese clima bucólico que permite la entrada del oboe en Lento para brindar ese clima de quietud. El finale es un valseado donde el oboe desarrolla una serie de glissandi y arabescos sobre el tema principal en diálogo con la orquesta. Se logró un muy buen balance sonoro, con un excelente desempeño de Néstor Garrote en sus solos, al igual que el contrapunto con el concertino y el violoncello, donde Tatiana Glava y José Araujo se destacaron. A su término, la obra fue sumamente aplaudida y Néstor Garrote aprovechó para hacer un bis: Evocación del Perú de Henri Tomasi, con reminiscencias de música andina que le valió el reconocimiento y aplauso del público.

            Como obra de fondo se eligió la célebre Sinfonía n°3 en Mi bemol mayor, Op.55 (“Heroica”) de Beethoven, compuesta entre 1802 y 1804 y dedicada al príncipe Joseph von Lobkowitz, quien fuera mecenas del músico. Si bien Beethoven admiraba los ideales de la Revolución Francesa, se dice que rompió la hoja del manuscrito por el disgusto ocasionado cuando Napoleón Bonaparte se coronó emperador. El estreno oficial se produjo en 1805 en el Theter an der Wien con la presencia del compositor en el podio y se transformó en un suceso. Fue la primera sinfonía de Beethoven que se representó en París y el nombre de “Heroica” surgió de su primera publicación en 1806, cuando escribe “Sinfonía Eroica composta per celebrare la morte d’un Eroe”. Probablemente, el héroe al cual Beethoven hace alusión es el príncipe Luis Fernando de Prusia, quien era venerado como tal por sus contemporáneos y que murió durante un combate contra las tropas francesas en 1806. Esto ayuda a explicar mejor el análisis del musicólogo Barry Cooper en 1999, quien interpretó la estructura de los 4 movimientos que la componen de la siguiente manera: el primero (Allegro con brío) alude a la vida del héroe; el segundo (Marcha fúnebre. Adagio assai), a su muerte; el tercero (Scherzo- Allegro vivace- Trío) a su resurrección y el cuarto (Finale. Allegro molto), a su apoteosis en el paraíso. Previamente a la ejecución, Rebbecca Tong tomó el micrófono no solamente para agradecer la invitación y celebrar el 80° aniversario de la orquesta, sino también para “interpretar mi versión de la sinfonía”. Una siempre tiene cierto temor cuando un artista realiza este tipo de preámbulo, pero más allá de ciertas imperfecciones en la cadencia de caza a cargo de los cornos en el 3° movimiento y de alguna que otra entrada al inicio, la versión fue impactante. Hubo garra, enjundia, pasión y temperamento típicos del genio de Bonn. En resumen: era Beethoven en estado de gracia y el público estalló en aplausos hacia el final del concierto.

            Se hizo honor al eje temático del concierto: íntimo y heroico y, además, apasionado para coronar una muy buena interpretación de Beethoven. Así lo ameritan las características de la música del genio de Bonn.                 


sábado, 18 de abril de 2026

 

 Escena final de "I Pagliacci" en el escenario del Teatro Colón. Inicio de la temporada lírica 2026 del primer coliseo argentino en imágenes captadas por Juanjo Bruzza para Prensa del Teatro Colón.



“I Pagliacci” y “Cavalleria Rusticana” inician la Temporada del Colón


Dos óperas intensas en una versión con altibajos


Teatro Colón

Jueves 16 de abril de 2026


 


Escribe: Graciela Morgenstern


 


"Cavalleria Rusticana", melodrama en un acto, con libro de Giovanni Targioni-Tozzetti y Guido

Menasci, y música de Pietro Mascagni,

"I Pagliacci", drama en dos actos, con texto y música de Ruggero Leoncavallo.

Elenco: Denys Pivnitskyi, María Belén Rivarola, Fabián Veloz, Santiago Martínez, Ramiro Maturana,

Mariano Crosio, Ariel Casaris

Yonghoon Lee, Liudmyla Monastyrska, Fabián Veloz, Guadalupe Barrientos, Javiera Barrios

Coro de Niños del Teatro Colón. Directora: Mariana Rewerski

Coro Estable del Teatro Colón. Director: Miguel Martínez

Coreografía: Michele Cosentino

Video: Martín Ruiz

Régie, escenografía, vestuario e iluminación: Hugo de Ana

Orquesta Estable del Teatro Colón

Dirección musical: Beatrice Venezi


La Temporada Lírica comenzó con una dispar versión de Cavalleria Rusticana e I Pagliacci. Juntas

han recorrido el mundo pero en esta ocasión, injustificadamente, se ha invertido este orden, en el que

normalmente se las representa.

Ambas son exponentes del verismo, movimiento en el que la teatralidad y el dramatismo cobran

preponderancia. Si bien cortas, los valores son muchos en estas dos óperas intensas y sin altibajos.

I Pagliacci, subió a escena, en una versión con altibajos. Denys Pivnitskyi dejó expuesto el

predicamento del personaje, pero su canto mostró muchas falencias técnicas. Una emisión forzada, con

notas que llegaban más al grito que al canto, carente de matices, deficiente articulación del idioma y

afinación cuestionable. Un Canio para el olvido, aunque parte del público haya quedado impactado por su

vehemencia.


María Belén Rivarola lució su voz tersa, de color atractivo y técnica depurada. Su entrega al rol de

Nedda fue importante y aunque la marcación escénica no siempre la favoreció, se desempeñó

satisfactoriamente.

Fabián Veloz expuso una vez más, su gallardía vocal y relevancia sonora, su autoridad escénica y

musicalidad. Realizó una muy buena interpretación del Prólogo, así como del rencoroso Tonio.

Ramiro Maturana fue un Silvio correcto, mientras que Santiago Martínez compuso un Beppe

expresivo.

Cavallería Rusticana fue objeto de una digna versión, más pareja. La soprano Liudmyla Monastyrska

como Santuzza, exhibió canto rico en matices, caudal sonoro más que suficiente, agudos seguros y

poderosos, e importante desenvoltura escénica.

A su lado, Yonghoon Lee cantó con pasión, aunque con una tendencia a la sobreactuación.

Poseedor de un material vocal interesante, con mucha facilidad y brillo en la zona aguda y voz bien

colocada, resultó efectivo y convincente.

Fabián Veloz como Alfio, ratificó las virtudes vocales anteriormente mencionadas.

Guadalupe Barrientos dio realce al personaje de Mamma Lucía, tanto desde el punto de vista vocal

como actoral. Fue merecidamente una de las figuras más aplaudidas.

Javiera Barrios compuso una Lola atractiva y eficaz.

Una de las mejores actuaciones de la noche vino de parte de tanto el Coro Estable, dirigido por

Miguel Martínez, como el Coro de Niños, bajo las órdenes de Mariana Rewerski, organismos que tuvieron

un desempeño de excelencia en ambas obras, luciéndose en todas sus intervenciones.

La Orquesta Estable respondió con eficacia a las indicaciones de Beatrice Venezi, quien realizó una

lectura de la partitura apenas correcta, sin vuelo expresivo.

La producción escénica de Hugo de Ana, montada sobre el disco giratorio, se caracterizó por

excesos en “I Pagliacci”, tanto en el montaje escénico (cuál era el significado del andamiaje montado que

nadie usaba?) como en la cantidad de bailarines, y figuras circenses en escena. Si bien mostró gran

elaboración y buena factura, desvirtuó la verdadera esencia de la obra. En “Cavalleria Rusticana” hubo

mayor sobriedad, aunque los movimientos continuos del disco giratorio dieron cierta discontinuidad a la

faz musical.

De todas maneras, el público salió satisfecho, a juzgar por los aplausos del final y se puede decir

que fue un buen comienzo de la Temporada Oficial.

CALIFICACIÓN: BUENO




“I Pagliacci” y “Cavalleria Rusticana” inician la Temporada del Colón


Dos óperas intensas en una versión con altibajos


Teatro Colón

Jueves 16 de abril de 2026


 


Escribe: Graciela Morgenstern


 


"Cavalleria Rusticana", melodrama en un acto, con libro de Giovanni Targioni-Tozzetti y Guido

Menasci, y música de Pietro Mascagni,

"I Pagliacci", drama en dos actos, con texto y música de Ruggero Leoncavallo.

Elenco: Denys Pivnitskyi, María Belén Rivarola, Fabián Veloz, Santiago Martínez, Ramiro Maturana,

Mariano Crosio, Ariel Casaris

Yonghoon Lee, Liudmyla Monastyrska, Fabián Veloz, Guadalupe Barrientos, Javiera Barrios

Coro de Niños del Teatro Colón. Directora: Mariana Rewerski

Coro Estable del Teatro Colón. Director: Miguel Martínez

Coreografía: Michele Cosentino

Video: Martín Ruiz

Régie, escenografía, vestuario e iluminación: Hugo de Ana

Orquesta Estable del Teatro Colón

Dirección musical: Beatrice Venezi


La Temporada Lírica comenzó con una dispar versión de Cavalleria Rusticana e I Pagliacci. Juntas

han recorrido el mundo pero en esta ocasión, injustificadamente, se ha invertido este orden, en el que

normalmente se las representa.

Ambas son exponentes del verismo, movimiento en el que la teatralidad y el dramatismo cobran

preponderancia. Si bien cortas, los valores son muchos en estas dos óperas intensas y sin altibajos.

I Pagliacci, subió a escena, en una versión con altibajos. Denys Pivnitskyi dejó expuesto el

predicamento del personaje, pero su canto mostró muchas falencias técnicas. Una emisión forzada, con

notas que llegaban más al grito que al canto, carente de matices, deficiente articulación del idioma y

afinación cuestionable. Un Canio para el olvido, aunque parte del público haya quedado impactado por su

vehemencia.


María Belén Rivarola lució su voz tersa, de color atractivo y técnica depurada. Su entrega al rol de

Nedda fue importante y aunque la marcación escénica no siempre la favoreció, se desempeñó

satisfactoriamente.

Fabián Veloz expuso una vez más, su gallardía vocal y relevancia sonora, su autoridad escénica y

musicalidad. Realizó una muy buena interpretación del Prólogo, así como del rencoroso Tonio.

Ramiro Maturana fue un Silvio correcto, mientras que Santiago Martínez compuso un Beppe

expresivo.

Cavallería Rusticana fue objeto de una digna versión, más pareja. La soprano Liudmyla Monastyrska

como Santuzza, exhibió canto rico en matices, caudal sonoro más que suficiente, agudos seguros y

poderosos, e importante desenvoltura escénica.

A su lado, Yonghoon Lee cantó con pasión, aunque con una tendencia a la sobreactuación.

Poseedor de un material vocal interesante, con mucha facilidad y brillo en la zona aguda y voz bien

colocada, resultó efectivo y convincente.

Fabián Veloz como Alfio, ratificó las virtudes vocales anteriormente mencionadas.

Guadalupe Barrientos dio realce al personaje de Mamma Lucía, tanto desde el punto de vista vocal

como actoral. Fue merecidamente una de las figuras más aplaudidas.

Javiera Barrios compuso una Lola atractiva y eficaz.

Una de las mejores actuaciones de la noche vino de parte de tanto el Coro Estable, dirigido por

Miguel Martínez, como el Coro de Niños, bajo las órdenes de Mariana Rewerski, organismos que tuvieron

un desempeño de excelencia en ambas obras, luciéndose en todas sus intervenciones.

La Orquesta Estable respondió con eficacia a las indicaciones de Beatrice Venezi, quien realizó una

lectura de la partitura apenas correcta, sin vuelo expresivo.

La producción escénica de Hugo de Ana, montada sobre el disco giratorio, se caracterizó por

excesos en “I Pagliacci”, tanto en el montaje escénico (cuál era el significado del andamiaje montado que

nadie usaba?) como en la cantidad de bailarines, y figuras circenses en escena. Si bien mostró gran

elaboración y buena factura, desvirtuó la verdadera esencia de la obra. En “Cavalleria Rusticana” hubo

mayor sobriedad, aunque los movimientos continuos del disco giratorio dieron cierta discontinuidad a la

faz musical.

De todas maneras, el público salió satisfecho, a juzgar por los aplausos del final y se puede decir

que fue un buen comienzo de la Temporada Oficial

CALIFICACIÓN: BUENO





Escenas del inicio de temporada 2026 del Teatro Colón captadas por Patricio Cortes para Prensa del Teatro..


I Pagliacci – Cavalleria Rusticana – Teatro Colon

2026


El jueves 15 de abril, en la primera función de la temporada 2026

para el abono nocturno, subieron a escena en el Teatro Colon las

operas I Pagliacci de Leoncavallo y Cavalleria Rusticana de

Mascagni.

En líneas generales, la función no pasó de un nivel de corrección.

Invirtiendo el orden tradicional con el que se presentan estas

obras en forma conjunta, se representó I Pagliacci en primer

lugar.

El tenor ucraniano Denys Pivintsky, debutante en la sala, encarnó

el rol de Canio dignamente a pesar de abusar de sus recursos

vocales empujando y forzando constantemente de su emisión en

busca de un volumen, que naturalmente tiene sin necesidad de

tomar riesgos.

El papel de Nedda, fue cubierto por la soprano María Belén

Rivarola quien tuvo momentos de muy buena calidad vocal.

Con indiscutible profesionalismo y potencial vocal, Fabian Veloz

encarnó los roles de Tonio y Alfio (en Cavalleria). Por segunda

vez, este destacado barítono protagoniza en forma impecable el

personaje de Tonio que ya había interpretado en el Colon en

2015.

Ramiro Maturana como Silvio, cumplió discretamente con su

personaje.

Santiago Martinez se destacó como Beppe no solo en lo vocal;

también sobrellevando exitosamente las arbitrarias exigencias

escénicas que le impuso la dirección escénica a su personaje.


Cavalleria Rusticana contó con el debut en el teatro de dos

artistas de gran carrera internacional; el tenor coreano

Yonghoon Lee y la soprano ucraniana Liudmyla Monastryska.

Ambas voces imponentes en la zona aguda llenaban la sala, y

más débiles en la zona grave, lo que se hizo más notorio en el

caso de la soprano Monastryska, que no es una soprano

dramática. De todos modos, el “squillo” y la generosidad de esas

voces en los momentos culminantes de la obra, compensan las

carencias técnicas que son tan frecuentes en la mayoría de los

cantantes actuales.

Excelente Guadalupe Barrientos, a quien e esta ocasión le tocó el

rol de Mamma Lucia, y que había protagonizado el rol de

Santuzza con éxito en la temporada 2015.

La dirección musical al frente de la Orquesta Estable estuvo a

cargo de Beatrice Venezi. Una lectura correcta, que acompañó a

los cantantes y que por sí misma careció de vuelo y profundidad.


El Coro Estable preparado por Miguel Martinez aporto nuevamente 

toda su calidad y profesionalismo. Mientras que el Coro de Niños, en

la presentación de Mariana Rewerski como nueva titular tuvo una buena

labor.

Es innegable el gran trabajo de Hugo de Ana en la dirección

escénica y diseño escenográfico del espectáculo. La escenografía

se veía imponente y la marcación actoral muy trabajada. Sin

embargo, poco tuvieron que ver con la esencia de las dos obras

que por las circunstancias argumentales y ubicación ambiental

de la historia que se cuenta en ambas operas no requieren de

semejante aparatosidad. Demasiado exagerado todo.

Innecesarios los cambios de escenas con el disco giratorio del

escenario. Escenas que argumentalmente deben ocurrir en un

mismo lugar, y que de ese modo, interrumpen la continuación

musical de la obra. En suma, demasiado despliegue escénico

para obras que tratan un drama más íntimo.

En resumen, se puede decir que la apertura de la temporada

2026 del Teatro Colon, fue Buena.


                                                                  Roberto Falcone

 


Imagen de la mayoría de las fuerzas intervinientes en el concierto: El Solista Ricardo González Dorrego, la Sección Masculina del Coro Polifónico Nacional que dirige Fernando Tome, La Sinfónica Juvenil Nacional Libertador General San Martín  y en el podio su creador y director Mario Benzecry durante la interpretación de la cantata "Rinaldo" op. 56 de Brahms en una toma de la autora del presente comentario.


 Estupendo concierto de la Sinfónica Juvenil Gral. San Martín en el Palacio Sarmiento


DOS ESTRENOS LOCALES Y DOS JOYAS FULGURANTES

Martha CORA ELISEHT


El pasado domingo 12 del corriente se produjo un hecho trascendental en

materia de cultura: el estreno argentino de dos obras de compositores clásico-

románticos en calidad de primera audición dentro del programa de conciertos de la

Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil “Libertador Gral. San Martín” bajo la dirección de

su titular -maestro Mario Benzecry-, con participación del Coro Polifónico Nacional

dirigido por Fernando Tomé y el tenor Ricardo González Dorrego en calidad de solista.

El hecho tuvo lugar en el Auditorio Nacional del Palacio Domingo F. Sarmiento

durante el concierto inaugural de la Temporada 2026 del mencionado organismo

sinfónico, donde se representaron las siguientes obras:

- Ave María, Op.12 para coro femenino y orquesta- Johannes BRAHMS (1833-

1897)

- “Rinaldo”, Op.50- Johannes BRAHMS (1833-1897)

- Sinfonía n°7 en Mi bemol mayor (reconstrucción de Seymon Bogatyrev)- Piotr I.

TCHAIKOVSKY (1840-1893)

Una vez que los integrantes de la orquesta tomaran sus respectivas ubicaciones

sobre el escenario, Mario Benzecry hizo su presentación no sólo para agradecer la

presencia del público -un Auditorio Nacional atiborrado de gente que se dio cita esa

tarde-, sino también para ofrecer una reseña sobre las obras comprendidas en el

programa, de las cuales, dos fueron estrenos locales. Se dedicó la primera parte del

concierto -formada por obras de Brahms- a los 200 años de relaciones bilaterales entre

Argentina y Alemania. Pese a que se anunció -y agradeció- la presencia del ministro

alemán Peter Neben y su esposa, no estuvieron presentes.

El Ave María, Op.12 data de 1858 y fue la primera obra coral que compuso Brahms;

originalmente, para órgano y coro femenino y, posteriormente, para acompañamiento

con orquesta, que fue la que se representó durante el presente concierto. En 1878 su

autor también hizo una versión para piano. Su duración es breve (oscila entre 5 a 7

minutos) y se inicia con un canon entre sopranos y contraltos apoyado sobre las cuerdas

graves (violas, violoncellos y contrabajos) en contrapunto con las maderas. Dicho efecto

sonoro crea un clima angelical en una obra de gran belleza melódica que -por

momentos- remeda al coro a bocca chiusa del 2° acto de MAADAMA BUTTERFLY,

pero mucho más melódica, al estilo del célebre Canon de Pachlebel. Se logró un

perfecto equilibrio entre la orquesta y el coro, que contó con la magistral preparación de

Fernando Tomé al respecto. Hacia el final de la obra, la orquesta va lentamente in

crescendo para lograr ese clima angelical anteriormente descripto.

A continuación, las voces masculinas del Coro Polifónico Nacional tomaron sus

puestos junto a Ricrdo González Dorrego y Mario Benzecry para el estreno local de la


cantata RINALDO, Op.50 de Brahms, compuesta en 1863 para un concurso de música

coral en Aquisgrán. Posteriormente, Brahms abandona la composición y la retoma en

1867 debido al éxito obtenido con Un Réquiem Alemán. Está basada sobre el poema

homónimo de Goethe quien, a su vez, se basó en Jerusalén liberada de Torquato Tasso,

donde el protagonista -un caballero a las órdenes de Godofredo de Boilleau- va a pelear

a las Cruzadas para liberar a Jerusalén del yugo de Saladino. En su camino, cae

hechizado por el embrujo de la maga sarracena Armida, quien lo mantiene prisionero

haciéndole vivir un mundo ideal producto de su hechizo hasta que sus hombres van a

rescatarlo. A diferencia de las óperas de Lully y Rossini -que se centran sobre la

protagonista femenina-, aquí Armida no aparece, pero se la menciona como un demonio

una vez que Rinaldo despierta del embrujo. El caballero es recuperado por sus soldados,

quienes cantan un himno de alegría y júbilo al final de la obra (Am See, En el mar). Se

estrenó en Viena bajo la dirección del compositor en 1869, pero no tuvo gran éxito. La

duración de la cantata oscila entre 36 a 40 minutos y se inicia con una breve obertura

que reúne las tres principales características de la música del genio de Hamburgo:

solemne, romántica y marcial. Posteriormente, el coro interviene con una saloma

(canción de marineros) de carácter épico y heroico, con reminiscencias de corales de

Mendelssohn y Beethoven. La primera intervención del tenor es una romanza que alude

a los días felices junto a Armida mediante una melodía muy romántica, ricamente

elaborada, que alude al canto del ruiseñor en la maderas -muy buenas intervenciones de

Lázaro Martín en clarinete y de Maia Calahorra en fagot, al igual que la flautista-. Tras

la segunda intervención del coro en un canon a 3 voces, el protagonista retorna a la

realidad cuando los caballeros le muestran el escudo de diamante que -a manera de

espejo- refleja la realidad y rompe el hechizo. Este efecto sonoro está muy bien logrado

mediante una fanfarria en los bronces y una melodía sombría y oscura en tono menor en

cuerdas, que acompaña al tenor y va in crescendo hasta la entrada del coro. La

referencia a Armida como demonio es magnífica por su solemnidad y la obra culmina

con un final brillante, que -por momentos- posee reminiscencias del primer movimiento

de la 4° sinfonía y que reúne las características anteriormente mencionadas. La orquesta

y el coro sonaron perfectos, con una gran actuación de Ricardo González Dorrego como

solista que se vio coronada por una auténtica ovación de vítores y aplausos.

Tras la composición de su Sinfonía n°5 en 1888, Tchaikovsky logró un gran

reconocimiento como compositor y comenzó a componer su sinfonía en Mi bemol

mayor que -originalmente- iba a ser su sinfonía n°6. Debido a que tenía exceso de

trabajo -lo que incluyó una gira por Estados Unidos, la composición de Cascanueces,

Iolanta y su Concierto n°3 para piano y orquesta, Op.75-, el músico ruso abandonó la

composición en 1892, porque “no encontraba la introspección necesaria para

completarla y que una sinfonía merece”, según sus propias palabras en una carta

dirigida a su sobrino Vladimir Davydov. No obstante, Tchaikovsky ya había orquestado

los dos primeros movimientos y bosquejó los restantes. El tema principal (Allegro

brillante) era extrovertido, atractivo y muy hábilmente trabajado. A su vez, Tchaikovsky

nunca abandonó la idea de componer una nueva sinfonía acorde a sus planes y decidió

revisar los bosquejos por sugerencia de Davydov en vez de descartarlos por completo.

Influyeron en la composición de su Sinfonía n°6 (“Patética”) y en su Concierto n°3

para piano y orquesta, Op.75 del cual, sólo se publicó el 1° movimiento en octubre de

1893 porque consideraba que el material de la sinfonía en Mi bemol mayor era

demasiado largo para ser utilizado en un concierto para piano. En 1897, a tres años

luego de la muerte del compositor, su hermano Modest, Serguei Tanáyev y el editor

Beláyev se pusieron de acuerdo para estrenar dos movimientos de la sinfonía (Andante y


Finale) acorde a los bocetos que había dejado Tchaikovsky. Recién entre 1951 y 1955,

el compositor soviético Seymon Bogatyrev (1890-1960) realizó una reconstrucción de

la partitura original acorde a fuentes primarias, los bocetos originales de Tchaikovsky, la

orquestación del concierto para piano n°3, op.75 y la de Tanáyev de los movimientos

anteriormente mencionados. Esta reconstrucción tiene 4 movimientos: Allegro brillante

(Mi bemol mayor) /Andante (Si bemol mayor) / Scherzo: vivace assai (Mi bemol

menor) y Finale: Allegro maestoso (Mi bemol mayor), donde Bogatyrev siguió la

especificación de Modest Tchaikovsky de que el 3° movimiento debía ser un Scherzo,

mientras que, para el cuarto, empleó la partitura y las especificaciones del compositor

del mencionado concierto para piano. Publicó la partitura como Sinfonía n°7 en Mi

bemol mayor de Tchaikovsky, cuyo estreno mundial se produjo en 1957 en Moscú por

la Orquesta Filarmónica de la Región de Moscú dirigida por Mikhail Térian. La primera

grabación estuvo a cargo de la Orquesta de Filadelfia en 1962 dirigida por Eugene

Ormandy. Su orquestación lleva maderas por 4, 4 trompas, 2 trompetas, 3 trombones,

tuba, arpa, cuerdas y percusión. La versión lograda en calidad de estreno local fue

excelente, con un gran desempeño de todos los solistas de las princplaes secciones de

instrumentos -comenzando por la concertino Sofía Hermann- y una magnífica

marcación de tempi de la mano de una batuta como la de Mario Benzecry para poner

punto final a una noche mágica, donde la enjundia y el brillo de tan magnífica obra

cautivaron al público, que se puso unánimemente de pie al término de la función.

No sólo la Sinfónica Nacional Juvenil “Libertador Gral. San Martín” ha

presentado un sonido renovado por renovación parcial de sus integrantes, sino que ha

sido capaz de ofrecer dos obras en calidad de estrenos locales que, además, son dos

auténticas joyas que brillan con fulgor en el firmamento del repertorio universal.

Afortunadamente, se las rescató de su letargo para que el público argentino las pueda

apreciar.

 


Momento de la versión adaptada de Porgy and Bess de Gershwin que ofrece el Ensamble Lírico Orquestal festejando sus 25 años en el Teatro del Picadero. Fotogtrafía de Martha Cora Eliseht


Muy buena representación de “PORGY & BESS” por el Ensamble Lírico Orquestal


UNA HISTORIA DE AMOR, VALENTÍA Y COSTUMBRISMO

Martha CORA ELISEHT


Con motivo de celebrar su 25° aniversario, el Ensamble Lírico Orquestal ha

decidido festejarlo con la reposición de uno de sus grandes éxitos en versión semi

escenificada: PORGY & BESS, de George Gershwin (1898-1937), cuyo estreno tuvo

lugar el pasado sábado 11 del corriente en el Teatro El Picadero. Participó un ensamble

de jazz conformado por piano, bajo eléctrico, saxofón, clarinete, batería y flauta y el

Coral Ensamble bajo la dirección musical y coral de Gustavo Codina. El espectáculo

contó con coordinación de producción de Cecilia Layseca; ambientación y dirección

escénica de Gonzalo Berdes y el siguiente elenco: Pol González (Porgy), Ximena Farías

(Bess), Juan Salvador Trupia (Crown), Lidice Robinson (Serena), Christian Casaccio

(Sporting Life), Juan Feico (Jake) y Clara Pinto (Clara).

La idea de Geroge Gershwin acerca de componer una ópera se cristalizó en 1926

luego de leer la novela Porgy de DuBose Heyward, que narra las condiciones de vida de

los afroamericanos en Carolina del Sur. El compositor quedó fascinado con el

personaje: un lisiado que vive en un suburbio de Charleston (Catfish Row), quien trata

de rescatar a Bess del submundo de la droga y la prostitución por parte de Crown (su

esposo y proxeneta) y de Sporting Life (un vendedor de drogas). Él le brinda refugio,

comprensión y afecto y ambos se enamoran. Ni bien terminó de leerla, Gershwin le

escribió inmediatamente una carta a su autor manifestándole su intención. Debido a que

no tenía prisa en componer, Heyward realizó una versión teatral de su novela en

colaboración con su esposa Dorothy, que se estrenó en 1927. Inmediatamente, tanto Al

Jolson como Oscar Hammerstein II y Jerome Kern quisieron componer un musical

basado en dicha versión, pero luego perdieron el interés. Por lo tanto, Gershwin tenía el

camino libre, de modo que él y su hermano Ira se reunieron con DuBose Heyward en

Charleston para comenzar la composición de su denominada “ópera folklórica” en

1927, que debía ser interpretada exclusivamente por cantantes negros.

Debido a que Gershwin estaba fascinado con las melodías afroamericanas, los

pregones de los vendedores locales y los mitos y creencias populares (Buzzard keeps on

flyin’ this morning, aria de la lechuza), la composición de su ópera tardó 5 años en vez

de 2 como había previsto originalmente. Es la obra que condensa y conjuga a la

perfección la técnica europea de orquestación con expresiones idiomáticas del jazz,

blues, gospel y melodías folklóricas afroamericanas. Sin embargo y, pese a su gran

riqueza rítmica, no fue aceptada como una ópera en Estados Unidos, aunque Gershwin

siempre la consideró como su mejor obra. En aquella época, el prejuicio racial era muy

grande y ningún teatro lírico aceptaba cantantes afroamericanos como intérpretes.

El estreno mundial en escena se produjo en septiembre de 1935 en el Colonial

Theater de Boston, aunque la versión original se estrenó ese mismo año en el Carnegie

Hall de New York en versión de concierto bajo la dirección musical de Eva Jessye.


Durante los ensayos en Boston, Gershwin hizo muchos cortes, la refinó para resaltar su

acción dramática y acortar su duración. Bajo la régie de Rouben Mannoulian y

dirección musical de Alexander Smallens, se transformó en un suceso. No obstante,

todavía tuvo que pasar mucho tiempo para su aceptación como ópera en Estados

Unidos. Recién en 1976 la Houston Grand Opera produjo la partitura completa y su

estreno en el Metropolitan Opera House de New York tuvo lugar en 1985, con la

participación de Grace Bumbry y Simon Eastes en los roles protagónicos. Desde ese

entonces, se representa con bastante periodicidad dentro de Estados Unidos y en el resto

del mundo.

No es la primera vez que el Ensamble Lírico Orquestal representa este clásico.

Lo hizo en 2014 en el Auditórium de Belgrano en versión de concierto, donde

participaron cantantes, orquesta y coro en una selección de los fragmentos más

importantes. En este caso, se prefirió montar una versión semi escenificada con algunos

elementos (mesa con sillas, tarimas) para representar las diferentes escenas (juego de

dados, sepelio de Robbins, habitación de Porgy, escena de amor, convocatoria de Jake)

y ubicar al coro, que juega un rol primordial desde el principio hasta el final de la ópera,

ya que Gershwin lo considera como un protagonista más. Pero a diferencia de la

concepción del bel canto italiano, aquí se entonan frases integradas por vocales

características de las melodías folk afroamericanas y repeticiones (antífonas) del gospel.

El vestuario es sumamente sencillo y la escenificación de Gonzalo Berdes estuvo muy

bien realizada, al igual que la caracterización de los personajes.

En cuanto al aspecto musical, el ensamble de jazz sonó muy bien y los

fragmentos empleados en esta versión reducida estuvieron muy bien combinados.

Teniendo en cuenta que no se trata de un coro profesional, el Coral Ensamble -que

también cumple 20 años de existencia este año- sonó muy bien en todas sus

intervenciones, ya sea solo o acompañando a los principales intérpretes. Se destacó en

las arias del picnic en Kittiwah Island del 2° acto (Oh, I can’t sit down y I ain’t got no

shame doin’what I like to do!) y en la escena final del 1° (Oh, the train is at the station).

Si bien Clara Pinto ofreció una correcta versión del aria más famosa de la ópera

(Summertime), la de Lidice Robinson -que se repite en el 3° acto luego que Porgy mata

a Crown en defensa propia- fue muy superior. La mezzosoprano ecuatoriana se lució en

el aria de Serena (My man is gone now), lo que le valió un aplauso sostenido tras su

interpretación. Por su parte, Juan Feico brindó un correcto Jake en sus dos arias (A

woman is a sometime thing y Oh, I’m again now at the Blackfish Banks), pero la

revelación de la tarde fue Christian Casaccio como Sporting Life. No sólo posee el

physique du rôle necesario para interpretar este personaje, sino también sus recursos

vocales, que le permitieron lucirse en dos arias fundamentales: It ain’t necessarily so y

There’s a boat that’s livin’ soon for New York, lo que le valió la ovación del público.

¿Qué decir de Juan Salvador Trupia?... Un barítono extraordinario de gran caudal vocal,

que brindó un excelente Crown. Y en cuanto a la pareja protagónica, Ximena Farías fue

una gran intérprete de Bess, destacándose en todas sus intervenciones; principalmente,

en los dúos de amor (Bess, you is my woman now y I want to stay here… I love you,

Porgy) y en el encuentro con Crown (What you want wid Bess?). Lo mismo sucedió con

Pol González, un excelente bajo que encarnó muy bien el rol protagónico tanto desde lo

vocal como en lo actoral en los dúos de amor y en sus arias (I’ve got plenty o’ nuttin’ y

Oh Lawd, I’m on my way). Al término de la función, todos fueron muy aplaudidos.


Tanto Gustavo Codina como Cecilia Layseca no solamente se mostraron muy

agradecidos por la respuesta del público, sino que también aprovecharon la oportunidad

para entregar un diploma al actor Osvaldo Santoro, quien fue designado padrino del

Ensamble Lírico y que se encontraba entre la audiencia, invitándolo a pasar al

escenario. Un hermoso gesto hacia un grande de la escena nacional y para poner punto

final al estreno de esta producción, cuyas próximas funciones tendrán lugar los sábados

18 y 25 del corriente en un escenario simbólico, cuna del teatro independiente en el

país. Una obra que gusta y convoca, que permite disfrutar a pleno de la música del

compositor más genuino y auténticamente estadounidense.

 



Antonio Formaro y el piano. Una imágen que lo dice todo merced a esta toma plasmada por Martha Cora Eliseht.


Estupendo recital de Antonio Formaro en el Salón Dorado del Colón


ELEGANTE, REFINADO Y TEMPERAMENTAL


Martha CORA ELISEHT


En materia de música de cámara y recitales, el Salón Dorado del Teatro Colón

también abrió sus puertas durante la presente temporada con varios ciclos: EL

LEGADO, donde se rinde homenaje a prestigiosas figuras del ámbito local e

internacional por su trayectoria; Cuartetos de cuerdas, recitales de canto y piano y, esta

vez, le tocaba el turno a PIANISSIMO, donde tienen cabida los máximos representantes

e intérpretes de este instrumento. El concierto inaugural estuvo a cargo de la pianista

rusa Asiya Korepanova en marzo del corriente año y el pasado miércoles 8 del corriente

se presentó uno de los más prestigiosos pianistas argentinos de la actualidad: Antonio

Formaro, quien brindó un recital integrado por las siguientes obras:

- Sonata para teclado en Fa mayor, I.28- Baldassare GALUPPI (1706-1785)

- Introducción a la danza, Op.65- Carl María von WEBER (1786-1826)

- Variations sérieuses, Op.54- Félix MENDELSSOHN BARTHOLDY (1809-

1847)

- Images, Libro I (105-110) - Claude DEBUSSY (1862-1918)

- Suite de danzas criollas, Op.15- Alberto GINASTERA (1916-1983)

Una de las principales características de este concierto fue que Formaro tocó todo el

repertorio absolutamente de memoria, lo que representó un valor agregado en un evento

donde primaron la elegancia, exquisitez y sutileza en materia de interpretación en todas

las obras comprendidas en el programa.

Acorde a la tradición de composición del período barroco, la mencionada sonata de

Baldassare Galuppi se divide en tres movimientos: Andante/ Allegretto/ Presto, cuya

interpretación fue muy precisa y bien acompasada, sonando sumamente barroca. El

pianista hizo gala del dominio de tempi y ejecución de arpegios, trinos y cadencias.

Introducción a la Danza Op.65 o J.260 fue compuesta originalmente para piano a 4

manos en 1819 y se la considera como el primer vals de concierto de carácter

romántico, ya que sirvió de modelo a Johann Strauss para componer sus célebres valses

vieneses. Posteriormente, Héctor Berlioz lo orquestó en 1841 para una representación

de El cazador furtivo en París y fue la versión que inmortalizó Michel Fokine en 1911

para la coreografía de su ballet El Espectro de la Rosa. Su estructura es un vals en ¾ en

Re bemol mayor seguido de un rondó. Luego de una introducción lenta (Moderato),

sigue una sección rápida (Allegro vivace) y vals, que se alternan entre sí. Luego de una

serie de pasajes en escala exuberante (vivace), se repite el vals principal para culminar

con una coda final que, luego de una pausa, desemboca en el acorde final. Esta última

sección posee una serie de arabescos que no se incluyen en el ballet y que fueron

perfectamente ejecutados. Antonio Formaro no sólo es un pianista ideal para este tipo de

repertorio, sino que es especialista en el repertorio romántico. Fue una interpretación

que descolló por su elegancia, refinamiento y precisión.


Las Variations sérieuses (Variaciones serias), Op.54 en Re menor de

Mendelssohn fueron compuestas en 1841 y publicadas al año siguiente en Viena. Sobre

un tema principal de 16 compases -dividido en 4 secciones de 4 compases cada una- se

desarrollan 16 variaciones breve y diferentes en su estilo dentro de la misma tonalidad

agrupadas por parejas, que se interpretan sin solución de continuidad y culminan con

una fuga y un coral. Representan una auténtica demostración de virtuosismo y fueron

abordadas por un verdadero especialista en la materia, con un perfecto dominio de tempi

en los prestissimi alternando con pianissimi. Mientras las rápidas sonaron más

dramáticas, las lentas lo hicieron de manera más solemne y romántica.

Claude Debussy compuso el libro I de Images (Imáenes) entre 1901 y 1905, que está

formado por 3 piezas: Réflects dans l’eau (Reflejos sobre el agua), Hommage à Rameau

(Homenaje a Rameau) y Mouvement (Movimiento), que sonaron con el típico toque

impresionista característico del compositor usando la escala de tonos enteros, donde

hubo un perfecto dominio del teclado mediante arabescos, trinos, glissandi, arpegios y

cadencias que sonaron de manera útil y refinada. Por último, el pianista cerró el recital

con una magnífica versión de la mencionada Suite de danzas criollas, op.15 de

Ginastera, compuesta en 1946 e integrada por 5 números: Adagietto pianissimo/ Allegro

rustico/ Allegretto cantabile/ Calmo e poético/ Scherzando. Coda, donde la primera se

da en ritmo de balada; la segunda, de chacarera; la tercera, de huella/ triste; la cuarta, de

zamba y la última, de malambo. Todas son breves y su línea melódica es tonal.

Naturalmente, el público deliró luego de escuchar el malambo típico y característico del

compositor, con una síncopa en la sección central previamente a la coda final, lo que

produjo una ovación de aplausos y vítores. Como no podía ser de otra manera, Antonio

Formaro ofreció un bis: la Gavota de Camille Saint- Saëns, que también sonó magnífico

y le valió numerosos aplausos antes de finalizar un recital de excelencia.

En periodismo, se dice que el título de una nota representa la síntesis más perfecta

de su contenido y el presente recital no constituye la excepción a la regla. La elegancia

y el refinamiento en la interpretación se sumaron al temperamento del pianista para

lograr un recital donde descollaron la excelencia y la jerarquía en todos los aspectos.