Formidable clausura de Festival de Música Contemporánea
Por Jaime Torres Gómez
Con excelencia se clausuró la 26 versión del prestigioso Festival Internacional de Música
Contemporánea de la Universidad de Chile, nuevamente bajo la curatoría del destacado
compositor nacional Andrés Maupoint.
Anteriormente se ha destacado la buena salud de los encuentros de música contemporánea,
destacándose los Festivales de la Universidad Católica de Chile, el “Darwin Vargas”, de la
Católica de Valparaíso, y el “Músicahora”, de La Serena, herederos de los encuentros de música
contemporánea en la década de los 60 del siglo pasado.
Con una celebrada descentralización territorial, la presente edición de este Festival contempló
presentaciones de conciertos, talleres y charlas educativas en diversos lugares de Santiago, Viña
del Mar y Rancagua. En lo programático, continuó en la línea de mostrar una amplia panorámica
de la música contemporánea desde diversas latitudes, considerando invitaciones a las
compositoras Flo Meneses, de Brasil, y Natalia Solomonoff, de Argentina.
La jornada final, como ha sido tradicional, contó con la presencia de la Sinfónica Nacional de
Chile, en esta oportunidad bajo la dirección del maestro Emmanuel Siffert, titular de la Orquesta
de Cámara de Chile. Y como también ha sido tradición, el programa consideró dos estrenos de
jóvenes compositores chilenos, como un homenaje a un compositor nacional de amplia
trayectoria y una obra del repertorio universal contemporáneo.
Del todo acertado haber iniciado el programa con una obra fundamental de la música
contemporánea, como la atrapante (y visceral) Passacaglia, Op. 1, de Anton Webern,
cronológicamente más antigua respecto al resto de las obras, asimismo, un lógico esbozo
estético para la música de tradición escrita de nuestros días. Al ser una de las primeras obras del
gran Anton Webern, se inscribe aún dentro de la tonalidad extendida (al igual como la genial
Noche Transfigurada, de Arnold Schönberg).
En Chile, en las últimas décadas, siempre la dirigió, magistralmente y en varias oportunidades, el
maestro Juan Pablo Izquierdo, siendo del todo interesante presenciarla ahora con otro director.
La versión de Emmanuel Siffert estuvo a la altura de los desgarradores requerimientos expresivos
de la obra, obteniendo lo mejor de los sinfónicos, amén de percibirse acústicamente muy nítida
en la nueva Gran Sala Sinfónica Nacional de la Universidad de Chile. Impactantes los pizzicatos
iniciales, recreando la angustiante atmósfera demandada, para continuar formidablemente sus
desarrollos con una galería de logrados contrastes y acentos. Una versión triunfal…
Seguidamente se dio paso a tres estupendas piezas de estreno de los chilenos Cristián Lazo
(1984) y Ariel Sanhueza (1990), como de Natalia Solomonoff (1968). De variopintas temáticas,
caracteres y estéticas, en su conjunto constituyeron un logrado complemento contrastante.
En el caso de “Fénix”, de Cristián Lazo, se trató de una pieza para gran orquesta, pletórica de
colorido y efectos (atractivo uso del leño y de sonidos producidos con ruidos de papel de buena
parte de los integrantes de la orquesta), reconociéndose influencias bien asimiladas, entre otros,
de Messiaen e incluso de Rautavaara. Discursivamente interesante al describir un ciclo de caídas
y levantamientos vitales.
De formidable factura “Subterra”, de Ariel Sanhueza, en una inevitable asociación a la novela
homónima de Baldomero Lillo, con certeras evocaciones a las profundidades de las minas del
carbón en Lota. Con variados recursos musicales más un efectivo sentido del contraste (notable
los tutti simbolizando los estruendosos sonidos subterranos, como aquél de mayor remanso, con
un notable pedal en las cuerdas), dan cuenta de completa imaginación y oficio.
Ineludiblemente provocativa “Suelo, incierto, cielo”, de Natalia Solomonoff, compuesta en
2018 y ya estrenada, no pasando desapercibido ahora su debut en Chile. Con amplia trayectoria,
Solomonoff es una compositora irreverente en sus temáticas y muy comprometida por
involucrarse en las realidades sociales y políticas. En el caso de esta pieza, devela una
angustiante desintegración del tejido social conforme el impacto de un convulso momento de su
natal Argentina. Gran manejo de las células temáticas más una notable administración del
tiempo, con una inteligente disposición de todas sus ideas al no sobrar ni faltar elementos
discursivos. Impactante y desgarrador el súbito final, de completa desesperanza...
Comprometidas lecturas de Emmanuel Siffert, firmando verdaderas interpretaciones y
extrayendo máxima excelencia de la decana orquesta nacional, arribando así a una versión de
antología de los “Estudios Emocionales” para Orquesta, del notable compositor chileno
Roberto Fallabella (1926-1958), en conmemoración a los 100 años de su nacimiento.
Clave en el desarrollo compositivo nacional, la originalidad de Fallabella estriba en una genial
adopción de influencias europeizantes fusionándolas con lo propio. Los Estudios Emocionales se
basan en los bailes a la Virgen de la Tirana, estilizados y con misteriosos desarrollos que de
alguna forma revelan una subjetividad difícil de interpretar. La versión del maestro Siffert acertó
en una admirable unidad de sus 7 partes o estudios, de por sí bien segmentados y no fáciles de
unir. Notable manejo de lo rítmico y melódico, amén de una extraordinaria claridad en los
requerimientos de carácter. Sin duda, de las más impactantes versiones de los Estudios
fallabellianos que se tenga recuerdo.
En suma, una formidable jornada de clausura de un espacio ineludible en la vida musical chilena,
esperando con ansias su 27 versión….