sábado, 25 de abril de 2026

 

 

 

PILAR POLICANO, EZEQUIEL SILBERSTEIN Y LA FILIBERTO EN UNA MAGNIFICA NOCHE.

 

 

Dirección Nacional de Elencos Estables, temporada 2026. Presentación de la Orquesta Nacional de Música Argentina “Juan de Dios Filiberto”, Director: Ezequiel Silberstein, Solista: Pilar Policano (Violín). Programa: Obras de Filiberto, Piazzolla, Troilo, Plaza y Ninsinman. Centro Cultural Domingo Faustino Sarmiento-Auditorio Nacional, 24 de Abril de 2026.

 

NUESTRA OPINION:  MUY BUENO.

 

  Este concierto de la Orquesta Nacional de Música Argentina “Juan de Dios Filiberto” marcó la primera presentación como solista invitada de Pilar Policano en la que abordó un género en el cual ya la habíamos apreciado, ya sea dentro de programas de conciertos como en los bises: El Tango. Incrementó la expectativa el hecho de que esta vez lo haría acompañada por una agrupación de mayor envergadura instrumental como lo es la Filiberto y por eso, además de una gran difusión mediática como cada vez que Pilar retorna al país, no extrañó en absoluto que se agotaran todas las localidades habilitadas para esta actividad en el Auditorio Nacional.

 

  Comencemos  esta parte de la reseña hablando de las intervenciones puramente orquestales. Las obras que la Orquesta interpretó tuvieron arreglos del Maestro  Cristian Zarate, los que tuvieron la particularidad de que en algún pasaje de cada obra siempre se halló una cita a obras populares famosas de otros compositores, variaciones a cargo de instrumentos solistas de la orquesta e incluso fusión con otros ritmos afines al Tango (Tal vez por aquello de que nuestra música ciudadana tuvo un origen orillero y quienes fueron sus primeros intérpretes y bailarines también gustaban de esos ritmos), podemos citar el Candombe, la habanera y , ya dentro de lo contemporáneo, al jazz, pero en este caso como lo efectúan los conjuntos argentinos (tuve la suerte de presenciar una magistral improvisación entre Al Di Meola y Dino Saluzzi hace más de treinta años con resultado antológico). Así fueron apareciendo “Quejas de Bandoneón” de Filiberto, “Zita” de Piazzolla y , luego de la participación de Pilar Policano,  “La Trampera” ese clásico de Pichuco, “Morena” y “Color Tango” del gran Julián Plaza, “Argentinos en Europa” de Marcelo Ninsinman (último alumno de Piazzolla quién dirigió en su inicio el Trío de la Fundación Piazzolla), este con un colorido arreglo que me hizo recordar a las colaboraciones Piazzolla/Ferrer y “Pipi” Piazzolla (recientemente fallecido) con el propio Ferrer, finalizando  con el “Allegro Tangabile” compuesto por Piazzolla para “María de Buenos Aires” y que Bernardo Neustadt utilizó hace medio siglo atras para “Tiempo Nuevo” como cortina de ese programa. Muy buenas participaciones de todos los solistas del conjunto, en especial la del Mtro. Horacio Romo en Bandoneón, quien lo hizo empuñando el instrumento que perteneció al Mtro. Osvaldo Piro, por muchos años titular de la Filiberto, quién se lo legó antes de fallecer. Ezequiel Silberstein demostró su versatilidad como  Director de Orquesta, abordando por igual el repertorio clásico y lo popular, guió al conjunto con absoluta soltura, siempre cómodo en el podio y comunica tanto a la orquesta como al público en las explicaciones antes de cada segmento del concierto con absoluta espontaneidad, por lo que puedo afirmar que se disfrutó y mucho de todo este segmento orquestal.

 

  En el centro del programa, no extrañó la soltura con la que Pilar Policano se floreó en el escenario. Se ofreció “Las Cuatro Estaciones Porteñas” de Piazzolla en un arreglo para Violín y Orquesta de Cuerdas del compositor y arreglador ruso Leonid Desyatinikov, el que tuvo la particularidad de insertar citas a las estaciones Vivaldianas en cada fragmento Piazzoleano. Aquí la apreciada Pilar tuvo la virtud de acoplar su sonido clásico al del conjunto con una precisión absoluta. Magníficamente acompañada por Silberstein y los músicos, Pilar Policano brindó pasajes de un sonido bellísimo que acentuaba la pintura melancólica con la que Piazzolla  grafico en muchos pasajes de la obra su impresión porteña. Un arreglo camarístico de una hondura profunda que fue resaltado por una magnífica solista estupendamente acompañada. Quedó tiempo para el destaque de varios solistas de cuerdas del conjunto con intervenciones descollantes del Concertino Fabricio Zanella y de la solista de Violonchelo de quien desconocemos sus datos ya que al no existir programas de mano no aparecen los nombres de los integrantes, salvo que se los mencione en las presentaciones previas. La espontánea ovación del público logró que entre todos, ya con orquesta completa, brindaran como bis una estupenda versión de “Decarísimo” de Astor Piazzolla en un magnífico arreglo de Osvaldo Requena (quien por mucho tiempo integró el cuarteto de maestros que guiaron la orquesta de canal 11 y que también condujera a la Filiberto).

 

   Una noche de pleno disfrute para un público excepcional que respondió a la guía brindada por el Maestro Silberstein. “Las Cuatro Estaciones Porteñas” se apreciaron de principio a fin con un silencio Inmaculado. Por eso la satisfacción al final fue mayor.  

 

Donato Decina  

 

Momento de Cavalleria Rusticana en función de segundo elenco en el Teatro Colón, captado por Juanjo Bruzza para Prensa del Teatro.


Muy buen segundo elenco de I PAGLIACCI/ CAVALLERIA RUSTICANA en el Colón


LAS SEGUNDAS PARTES SUELEN SER MEJORES

Martha CORA ELISEHT


Acorde a lo comentado por el colega -y colaborador- Ignacio Dotti en la emisión

del programa radial CULTURA EN PARALELO el pasado martes 21 del corriente,

mencionó que prefería los segundos elencos de ópera en comparación con los primeros

porque eran más parejos respecto del nivel artístico y línea de canto. En contraposición

al vulgar dicho “las segundas partes nunca fueron buenas” en materia de remakes de

clásicos del cine universal o continuación de auténticos éxitos de taquilla, el segundo

elenco convocado para las representaciones de las óperas I PAGLIACCI/ CAVALLERÍA

RUSTICANA en el Teatro Colón demostró que fue la honrosa excepción que confirma la

regla, tanto por su nivel artístico como interpretativo.

Quien escribe tuvo la oportunidad de asistir a la representación de esta dupla del

verismo italiano que tuvo lugar en el escenario del mayor coliseo porteño el pasado

jueves 23 del corriente, con dirección musical de Marcelo Ayub y el siguiente reparto:

I PAGLIACCI: Alejandro Roy (Canio), Marina Silva (Nedda), Youngjun Park (Tonio),

Samon Mc Crady (Silvio), Sergio Spina (Beppe), Reinaldo Samaniego y Esteban

Hildebrand (Dos campesinos).

CAVALLERIA RUSTICANA: Diego Bento (Turiddu), Mónica Ferracani (Santuzza),

Youngjun Park (Alfio), Guadalupe Barrientos (Mamma Lucía) y Daniela Prado (Lola).

La presente producción contó con la siguiente ficha técnica: dirección escénica,

diseño de escenografía, vestuario e iluminación de Hugo de Ana; coreografía y

asistencia de dirección escénica de Michele Cosentino; ambientación de Claudia Vega;

video de Martín Ruiz y, como asistentes de escenografía, iluminación, vestuario y

coreografía, a cargo de David Secundino, Rubén Conde, Cristina Acati y Paul Castro,

respectivamente. Participaron el Coro Estable y de Niños del Teatro Colón dirigidos por

Miguel Martínez y Mariana Rewerski, respectivamente.

Acorde a la evolución de la ópera italiana, el verismo es una corriente iniciada en

1890 que se caracteriza por presentar un retrato realista de la vida cotidiana-

especialmente, de las clases bajas-, rechazando los temas míticos o los enfoques del

romanticismo. La música se da de manera continua, evitando las arias de coloratura y

los recitativos para lograr un canto más fluido. La ópera que inaugura este género es,

precisamente, CAVALLERÍA RUSTICANA de Pietro Mascagni (1863-1945), mientras

que I PAGLIACCI de Ruggiero Leoncavallo (1857-1919) no sólo es la más

representativa del género, sino también la que contiene una de las arias más célebres a

nivel internacional del repertorio para tenor: “Recitar… Vesti la giubba”. Por ser dos

obras maestras de breve duración, se representan juntas en ese orden: no sólo porque la

primera fue compuesta antes que la segunda, sino que la época en la que se desarrolla la

primera es a mediados del siglo XIX en Vizzini (pueblo del interior de Sicilia), mientras


que la segunda está ambientada en una aldea de fines de dicho siglo en Calabria. En este

caso, y, acorde a la concepción del régisseur Hugo de Ana, el Teatro Colón decidió

invertir el orden cronológico de las obras acorde a su fecha de estreno en su sala: I

PAGLIACCI se representó por primera vez en 1908, mientras que CAVALLERÍA

RUSTICANA lo hizo al año siguiente.

De todas las óperas compuestas por Mascagni, CAVALLERÍA RUSTICANA es la

más popular y la más representada en todo el mundo. Fue compuesta en 1890 como

parte de un concurso para compositores noveles que jamás habían montado una ópera

en escena, organizado por el editor de música milanés Edoardo Sonzogno. Una de las

condiciones era que debía ser un melodrama en un único acto. Tan sólo dos meses antes

de la fecha del concurso, Mascagni le pidió a su amigo Giovanni Targioni- Tozzetti que

le proporcionara un libreto. Éste eligió la novela homónima de Giovanni Verga y junto

con su colega Guido Menasci fueron enviándole el libreto por partes. Finalmente,

resultó electa entre las tres finalistas sobre un total de 73 óperas participantes y se

estrenó en el Teatro Constanzi de Roma en mayo de ese mismo año, con un suceso

notorio de público y crítica que perdura hasta nuestros días.

Cuando se produjo el estreno de CAVALLERÍA RUSTICANA, Leoncavallo era un

compositor muy poco conocido. Quedó impactado por la ópera de Mascagni y decidió

escribir una obra similar en un solo acto al estilo verista. Para ello, se inspiró en dos

fuentes: un hecho de la vida real acontecido durante su infancia (asesinato de una mujer

durante una representación de la commedia dell’arte, donde su padre llevó a cabo la

investigación criminal en su carácter de Juez de Paz) y La Femme de Tabarin de Catulle

Mendès, donde se representa una obra dentro de otra obra -similar a lo que acontece en

PAGLIACCI, motivo por lo cual fue demandado por plagio en 1897-. Nunca se pudo

demostrar con certeza cuál fue la fuente original que motivó la composición, pero sí que

fue un suceso rutilante desde su estreno en el Teatro Dal Verme de Milán en 1892, con

dirección de Arturo Toscanini. A partir de allí, se representó en Londres y Estados

Unidos (1893). Su estreno en Buenos Aires tuvo lugar en la temporada inaugural del

Teatro Colón (1908), interpretada por Amedeo Bassi y Titta Ruffo.

En la presente producción, la escenografía de Hugo de Ana contó con la

presencia de un muro divisorio de altura considerable, sobre el cual se realizó una

proyección de video para ilustrar las escenas y realizar la ambientación. Sin embargo,

fue demasiado ampulosa y contrastó con respecto del argumento original de ambas

obras: I PAGLIACCI se desarrolla en una aldea de Calabria y la compañía de commedia

dell’arte liderada por Canio contó con un exceso de figurantes y bailarines, que

recordaban más al Cirque du Soleil que a un grupo de payasos y saltimbanquis que

llevan una vida itinerante y son pobres. Si bien se utilizó el escenario giratorio para los

cambios de escena como si se tratara de filmar diversos cuadros cinematográficos -lo

que justificaba la presencia de cámaras y un sillón de director de cine a la derecha del

escenario-, el exceso de su empleo retrasó la interpretación de la música, rompiendo el

clima íntimo de la obra. No sucedió lo mismo en CAVALLERÍA RUSTICANA, donde el

muro divisorio cumplió su función para separar la iglesia de la trattoria de Mamma

Lucía. No obstante, llamó la atención al principio de la ópera que la gente del pueblo

concurriera provista de sillas en el momento que Turiddu canta a Lola su serenata. Estas

incongruencias no sólo no respetaron la concepción original de la obra, sino que fueron


controversiales. A esto se le agrega el hecho de que si I PAGLIACCI está ambientada a

mediados del siglo XIX -tal como figura en el programa de mano-, los payasos de la

compañía de Canio llegan a la aldea en un camión cuando todavía no se había inventado

el motor a combustión. Un detalle más a tener en cuenta.

Desde el punto de vista musical y vocal, los grandes protagonistas de la noche

fueron los elencos estables. Tanto la Orquesta como el Coro y el Coro de Niños

desempeñaron una magnífica labor en ambas óperas. Dada su condición de pianista

acompañante y maestro interno, Marcelo Ayub posee un profundo conocimiento de las

partituras de estas joyas del verismo y lo demostró con creces, brindando los matices

necesarios y la enjundia a la Orquesta Estable para su correcta interpretación.

Respecto de I PAGLIACCI, el tenor español Alejandro Roy posee muy buenos

matices, esmalte vocal y buena técnica, pero le faltó expresividad en el aria más famosa

y conmovedora de la ópera (“Vesti la giubba”). Se lo apreció mucho mejor y más

seguro en el aria de la 2° parte (“Non, Pagliaccio non só”), motivo por el cual se retiró

sumamente aplaudido. Por su parte, Marina Silva brindó una espléndida Nedda desde lo

vocal como desde lo actoral. Una la ha apreciado en numerosas oportunidades en este

rol y se destacó en todas sus intervenciones; principalmente, en su aria (“Stridono

lassu”), mientras que el barítono coreano Youngjun Park ofreció un muy buen Tonio

merced a su voz caudalosa, bien timbrada, con brillo y esmalte tonales y muy buenas

dotes histriónicas, al igual que Sergio Spina como Beppe. Si bien el barítono Samson

Mc Crady se desempeñó correctamente como Silvio, no descolló en su rol, que juega un

papel fundamental en la dramaturgia de la obra.

En cuanto a CAVALLERÍA RUSTICANA, Diego Bento se lució como Turiddu en

sus arias, comenzando por la serenata inicial a Lola (“O Lola, c’hai di latti la

cammisa”), en el duetto con Santuzza (“Tu qui, Santuzza”) y luego del célebre

Intermezzo (“Viva il vino spumeggiante”; “Mamma, quel vino é generoso”). Puso garra

e ímpetu para componer su personaje y le brindó el espíritu italiano típico, característico

de esta obra. Por su parte, Mónica Ferracani compuso una excelente Santuzza merced a

sus dotes histriónicas, su caudal de voz y sus matices dramáticos, sobresaliendo tanto en

las notas agudas como en las graves con brillo y squillo. Cantó sin dificultad el

mencionado duetto con Turiddu y su aria principal (“Voi io sapete, o mamma”).

Youngjun Park encarnó un muy buen Alfio, sin dificultades en su aria (“Il cavallo

scalpita”), al igual que Guadalupe Barrientos, quien dio vida a una excelente Mamma

Lucía. Por su parte, Daniela Prado se destacó como Lola en su stornello (“Fior de

giaggolo”). El Coro Estable sobresalió en sus correspondientes arias (“Gli aranci

olezzano” e “Inneggiamo, il signore é risorto”), mientras que la Estable se lució en el

célebre Intermezzo. Una muy buena versión de este clásico, donde el público convalidó

con sus aplausos y vítores al término de la función.

Si bien se trató de una buena representación, no estuvo exenta de controversias e

incongruencias. A veces, el exceso de figurantes y gente arriba del escenario resta en

vez de sumar. Por otra parte, el exceso de escenario giratorio rompió el clima íntimo de

las obras. En esta ocasión, el segundo elenco tuvo una actuación mucho más pareja que

el primero en materia de interpretación vocal. Por lo tanto, una vez más se pone de

manifiesto y se ratifica la excelente calidad de los intérpretes locales, desmitificando


aquello por lo cual “las segundas partes nunca fueron buenas”. Por el contrario, las

segundas partes – o los segundos elencos- suelen ser mejores.

jueves, 23 de abril de 2026

 

JAVIER MAS, UN CONDUCTOR EN PERMANENTE EVOLUCIÓN

 

Dirección Nacional de Elencos Estables, temporada 2026. Concierto a Cargo de la Orquesta Sinfónica Nacional, Director: Javier Mas. Solista: Pedro Salerno (Contrabajo). Programa: Obras de Mantiñan, Botessini y Nielsen. Palacio Libertad, Auditorio Nacional, 22 de Abril de 2026.

 

NUESTRA OPINION: BUENO

 

  Un programa, que para estos tiempos resultó innovador e interesante ha sido el llevado a cabo por la Orquesta Sinfónica Nacional bajo la Dirección del Mtro. Javier Mas, titular de la Orquesta Sinfónica Provincial de Rosario y que desde hace más de una década viene registrando un franco y decido crecimiento interpretativo, a la vez que se ha revelado en el abordaje de obras desgraciadamente infrecuentes en los programas de concierto.

 

  En el inicio se pudo apreciar “Crudo”, obra del año 2018 del compositor Leonardo Mantiñan. Obra que abreva en el tema de las reiteradas crisis en Medio Oriente (hoy de inquietante actualidad), con su correlato  sobre las fuentes energéticas y sus sabidas consecuencias, Mantiñan plasma en la partitura un esquema basado en el trabajo de sonoridades, efectos tímbricos y pasajes tonales, los que entrelaza de manera interesante, manteniendo la tensión en modo permanente. También resulta efectiva la instrumentación, con destacada labor para los instrumentistas de percusión e incluso una intervención del piano empleando sus cuerdas accionadas en forma manual y con arco  en apoyo de la anteriormente mencionada percusión, muy bien llevada a cabo por el solista de la Orquesta, Marcelo Balat . Obra que resultó premiada por el Fondo Nacional de las Artes,  también fue seleccionada por la Universidad de Minas Gerais para que el Maestro Mantiñan sea designado como compositor en residencia.

 

  Continuando con la programación y con la participación como solista del Maestro Pedro Salerno (quien también lo es de la Orquesta), se ofreció una estupenda versión del Concierto para Contrabajo y Orquesta Nº 2 de Giovanni Bottesini. Contrabajista, compositor, Director de Orquesta, responsable del estreno mundial de “Aida” de Verdi en 1871 en El Cairo, es autor de una profusa cantidad de composiciones para el instrumento. Este trabajo, de estilo clasicista, es breve, conciso, pero pleno de melodías de gran belleza. A lo largo de sus tres movimientos, Salerno le extrajo a su instrumento el máximo de sonoridad, obteniendo un sonido puro y de extrema belleza. El maestro Mas y las cuerdas de la Sinfónica Nacional le brindaron al solista un ropaje magnífico con un apoyo sonoro de exquisita calidad. Los sostenidos aplausos del público lograron que el Maestro Salerno respondiera con un Bach exquisito.

 

  Ya en la parte final, Mas y los “Sinfónicos” acometieron con una buena versión de la Sinfonía Nº 4 Op, 29, “Inextinguible” de Carl Nielsen.  Hace más de 40 años, cuando este cronista comenzaba a frecuentar el ambiente musical argentino, asistió en ese entonces en el Auditorio de Belgrano a una versión conducida por su entonces titular, Juan Carlos Zorzi, como complemento de un homenaje al Mtro. Alberto Ginastera quien recién había fallecido. Allí ocurrió que naciera un “deslumbramiento” ante este trabajo del compositor danés, intenso, rico en matices, con momentos de un colorido orquestal verdaderamente maravilloso y las dos variantes: la enjundiosa e intensa introducción con el motivo principal que de la mano de un fragoroso contrapunto de timbales reaparecerá en el final y una sección central verdaderamente introspectiva y de corte camarístico en donde fundamentalmente los vientos deben desarrollar una partitura con todos los condimentos para el destaque. Hay un detalle principal: está compuesta para ser interpretada “Da Capo a Fine”, sin solución de continuidad.  Mas acertó por completo en el “tempi” empleado, logrando mantener a “raya” a la Orquesta para evitar desbordes. Una brillante labor de las cuerdas con instantes de pura belleza. Vientos sencillamente exquisitos, los que resultaron el punto mas alto de todo el concierto y bronces muy ajustados. Los timbalístas tuvieron dispar desempeño. Mientras que el solista principal tuvo una destacadísima labor, su compañero en cambio tuvo una participación con desbordes, sumado a que hubo instantes de saturación sonora, por lo que en el pasaje denominado “batalla”, a cargo justamente de los timbalístas, no se pudieron percibir a algunos sectores del conjunto. De todos modos fue una versión muy digna, que reveló el permanente compromiso interpretativo del Maestro Mas, largamente aplaudido por el público.

 

Donato Decina

 

 

   

miércoles, 22 de abril de 2026

 Cavalleria Rusticana e I Pagliacci en celebradas producciones

                                                                      Por Jaime Torres Gómez

Coincidiendo con los 20 años de Merlín Comunicaciones, y luego de una exitosa

reedición de la puesta en escena de la ópera Carmen en enero, llega la dupla

Cavalleria Rusticana e I Pagliacci, nuevamente en el Teatro Corpartes, de

excelente acústica.

Del todo encomiable la labor de Merlín Comunicaciones en abrir nuevos espacios

para el desarrollo de la ópera en Chile, constituyendo una plataforma

complementaria de trabajo para cantantes, músicos y todo el ámbito de producción.

A la vez, conforme la alta demanda de las producciones ofrecidas, ha evidenciado

un alto interés por la ópera, esperándose su continuidad en el tiempo, y, en lo

posible, expandiéndose a regiones.

Del todo acertado ofrecer estas dos óperas, sin duda muy entrañables para

muchos melómanos e ideales para la formación de nuevos públicos dada sus

grandes bondades compositivas junto a extraordinarios libretos.

Inscritas en el “verismo” (movimiento de la ópera italiana tendiente en dar a

conocer la realidad de manera lo más auténticamente posible), sus libretos se

basan en aspectos cotidianos de la vida y contrarios a los temas épicos de la era

romántica y anteriores. Normalmente la vena melódica es de fácil asimilación,

tendiéndose a un recitativo muy expresivo y naturalista, dándose un continuum

musical muy costumbrista o local.

En el caso de Cavalleria Rusticana (Honor Rústico), de Pietro Mascagni, se trata

de su ópera más famosa, y sin duda con una denominación muy bien pensada

para este melodrama siciliano, que -inevitablemente- recuerda su acertada

inclusión en el filme El Padrino III. En I Pagliacci ( Los Payasos), de Ruggiero

Leoncavallo, está basada en un hecho real de una causa criminal ocurrida en

Calabria, llevada a cabo por el juez Vincenzo Leonvallo, padre de Ruggiero.

Musicalmente, ambas óperas disponen de un magistral tratamiento de las voces,

colores y texturas instrumentales.

Excelente producción liderada por Gian Paolo Martelli como regisseur, con un

inteligente aprovechamiento del espacio en base a una estructura escenográfica

fija para ambas óperas debidamente cambiante mediante una dosificada

iluminación y esenciales elementos corpóreos. Muy acertadas las indicaciones de

movimientos, como un vestuario de estupenda factura.

De los dos elencos, se presenció la primera función con un deslumbrante José

Azócar en los roles de Turiddu y Canio. De impresionante squillo y arrebatadora


entrega, injustamente poco se le convocado en más producciones de ópera

locales... Asimismo, gran debut de soprano italiana Alessia Nadin como

Santuzza, con voz plena, rica en matices y de perfecto phsique du rol. De

importante material y nobleza de canto el barítono brasileño Rodolfo Giulani, en

los roles de Alfio y Tonio. Marcela González, de importantes medios vocales,

empero, su vocalidad para Nedda se apreció pesante. Patricio Sabaté, como

Silvio, con soberbia musicalidad y homogénea línea; asimismo, con gran oficio,

Gonzalo Tomckowiack como Beppe. La concertación de Eduardo Gajardo junto

a la Orquesta Filodramática de Chile, algo errática, aunque colaboradora con las

voces.

En suma, dos sólidas producciones de óperas de entrañables fibras…

 PROYECTO AUDIOVISUAL- CICLO INTEGRAL DE SINFONÍAS DE


ALBERTO WILLIAMS


RESUMEN- CONFERENCIA DE PRENSA 21-4-26


El pasado martes 21 del corriente se llevó a cabo en la Sala Manuel Antín del

Palacio Libertad Domingo F. Sarmiento una conferencia de prensa con motivo de la

presentación del proyecto audiovisual Ciclo Integral de las Nueve Sinfonías de Alberto

Williams, organizado por la Secretaría de Cultura de la Nación y la Dirección Nacional

de Elencos Estables con participación de la Orqueta Sinfónica Nacional y los dos

directores musicales encargados del proyecto: Pablo Boggiano -embajador de los

Elencos Estables- y Emmanuel Siffert- principal director invitado del mencionado

organismo sinfónico.

Participaron del acto la Directora Nacional de Elencos Estables -Mariela Bolatti-

, el maestro Pablo Boggiano, el programador de la Orquesta Sinfónica Nacional -Ciro

Ciliberto- y Pablo Williams -nieto del compositor-, quien aportó el material gráfico para

la realización de los dossiers con la explicación de las sinfonías, año de composición,

estructura e intérpretes.

Se trata no solamente del rescate del legado del compositor emblemático y padre

del nacionalismo musical argentino, sino también del mayor proyecto cultural en la

historia de la Sinfónica Nacional. Es la primera vez en el país que una orquesta

sinfónica graba en audio y video un ciclo integral de sinfonías de un compositor

vernáculo.

Asistieron a la ceremonia periodistas, autoridades de la Dirección Nacional de

Elencos Estables y se agradeció al Secretario de Cultura de la Nación -Leonardo Cifelli-

por su apoyo para la realización del proyecto; a la directora del Centro Cultural -Valeria

Ambrosio-; al programador Ciro Ciliberto por haberlo encabezado y ser el autor

intelectual; al director audiovisual - Diego Laber- y al coordinador general del área de

sonido de la institución -Emilio Nicoli-. Estos últimos han ido indispensables para su

concreción y realización.

Debido a que el maestro Siffert se encuentra en el exterior por compromisos

artísticos, envió un video agradeciendo a las autoridades por la confianza depositada

para la realización e interpretación de este ciclo.

Se proyectaron el 4° movimiento de la sinfonía n°2 en Do menor, op.55 “La

bruja de las montañas”, dirigido por Emmanuel Siffert y su homónimo de la sinfonía

n°3 en Fa mayor, Op.58 “La selva sagrada”. El material audiovisual es de excelente

calidad.

Al término de la proyección, los periodistas invitados pudieron hacer preguntas.

Se estima que el ciclo estará finalizado en febrero de 2027 y, posteriormente, la idea es

continuar con la obra sinfónica integral de Jacobo Ficher y Alberto Ginastera.

martes, 21 de abril de 2026

 


Daniela Tabernig, Carlos Calleja y la "Nueva Sinfonietta" de Bunos Aires luciendo en la Usina del Arte, tal como lo refleja esta fotografía de Martha Cora Eliseht,


Magistral concierto de la Nueva Sinfonietta en la Usina del Arte


EL MARAVILLOSO EFECTO DE LA MULTIPLICACIÓN

Martha CORA ELISEHT


El Ciclo de Camara de la Usina del Arte constituye un espacio de excelencia para

todos aquellos amantes del género por su alta calidad en los programas que lo integran y

la jerarquía de los intérpretes que participan dentro del mismo. Una prueba fehaciente

de ello ha sido el concierto ofrecido el pasado domingo 19 del corriente, con

participación de la agrupación Nueva Sinfonietta bajo la dirección de Carlos Calleja y la

soprano Daniela Tabernig para brindar el siguiente programa:

- Vier letzte Lieder (Cuatro últimas canciones) (versión para 13 instrumentos

solistas de Carlos Calleja)- Richard STRAUSS (1864-1948)

- Cuadros de una exposición (orquestación de Maurice Ravel- versión para 13

solista de Carlos Calleja)- Modest MUSSORGSKY (1839-1881)

La mencionada agrupación es un conjunto de 13 solistas cuyo objetivo es ofrecer

versiones de cámara de grandes obras para orquesta sinfónica. Liderada por uno de los

mejores directores de orquesta de todo el país, su repertorio abarca obras del repertorio

universal como Preludio a la siesta de un fauno de Debussy, la Sinfonía n°1 “El Titán”

de Gustav Mahler y Pas de deux de Cascanueces, entre otras. La mayoría de sus

integrantes se desempeñan como solistas en las orquestas más prestigiosas del país y

son los siguientes: Natalia Cabello (1° violín), Joaquín Orellano (2° violín), Héctor

Gareca (viola), Benjamín Báez (violoncello), Matías Cadoni (contrabajo), Guillermo

Irusta (flauta), Pamela Abad Quintale (oboe), Roberto Gutiérrez (clarinete), Manuel

López Leal (fagot), Pablo Bande (corno), Pablo Amaya (trompeta), Cristian Ibáñez

(percusión) y Alberto Biggieri (piano). Una vez que los músicos tomaron sus puestos

sobre el escenario d, Carlos Calleja y Daniela Tabernig se hicieron presentes ante un

nutrido auditorio que se dio cita en la Sala de Cámara de la Usina el domingo por la

mañana para disfrutar de un magnífico concierto.

Nacida en Santa Fe y radicada en España desde hace algunos años, Daniela Tabernig

es una de las mejores sopranos argentinas y una gran interprete de las Cuatro últimas

canciones de Richard Strauss, compuestas en 1948 cuando el músico alemán decide

establecerse en Suiza luego de finalizar la Segunda Guerra Mundial, con textos de

Hermann Hesse en las tres primeras (Frühling (Primavera), September (Septiembre),

Beim Schlafhengen (Al irme a dormir) y de Joseph von Eichendorff en la última (Im

Abendrot /Al atardecer). Representan la despedida de la vida del compositor y su

estreno tuvo lugar en Londres en 1950, interpretadas por Kirsten Flagstad. En la

presente versión para 13 instrumentos, descolló en su interpretación merced a su

impecable línea de canto, hermoso timbre y color vocales, matices y el buen gusto en la

materia para lograr ese carácter íntimo e introspectivo de la obra. La orquesta sonó

magnífica, con lucimiento de los principales solistas de los diferentes instrumentos,

donde se destacaron la concertino Natalia Cabello y el flautista Guillermo Irusta, cuyos


trinos en la última (Im Abendrot) sonaron estupendos. La versión fue exquisita, sutil y

con los matices típicos de esta gran obra. El público coronó la labor de la soprano, el

director y los músicos con una ovación de aplausos y vítores.

Compuesta originalmente por Mussorgsky en 1874 como una suite para piano,

Cuadros de una Exposición se basa en una exhibición póstuma de 10 pinturas de su

amigo y artista plástico Viktor Hartmann (1834-1873) organizada por el crítico de arte y

asesor del Grupo de los Cinco Vladimir Stásov (1824-1906). Posteriormente, Maurice

Ravel realiza su célebre orquestación en 1922 por encargo de Sergei Kousevitski, quien

era director de los Concertes Symphoniques de París. Forma parte del repertorio

habitual de toda orquesta sinfónica y está integrada por los siguientes cuadros: Gnomos,

El viejo castillo, Tullerías, Bydio (cabeza de ganado), Ballet de los polluelos en sus

cáscaras, Samuel Goldenberg y Schmuyle, El mercado de Limoges, Catacumbas, La

cabaña de Baba Yaga (sobre patas de gallina) y La gran puerta de Kiev. A esto se le

suma el motivo conductor (Promenade), donde el visitante entra al salón donde se

exhiben los cuadros. Escrito en estilo diatónico, este pasaje describe la acción y crea la

tensión. Luego de la quinta repetición del motivo, da la impresión que el visitante se

ensambla con los cuadros y forma parte del universo pictórico. La suite posee dos tipos

de armonización: la diatónica, para los cuadros poéticos, y la cromática, mediante

escalas de tonos enteros, octatónicas y yuxtaposición de pasajes para los cuadros de

tono fantástico y misterioso. En cuanto a la orquestación, intenta mantenerse fiel a la

estructura original. La única licencia que toma es la de eliminar la quinta Promenade

que precede a El mercado de Limoges y en El viejo castillo, Ravel hizo que el fagot y el

saxofón compartieran una melodía apaciguada y melancólica con el acompañamiento de

las cuerdas. La adaptación de Carlos Calleja para 13 instrumentos de la mencionada

orquestación de Ravel fue admirable y genial desde todo punto de vista, porque permite

el lucimiento de todos los solistas desde el impecable solo de trompeta y corno iniciales

en la Promenade que abre la obra hasta la colosal coda y capitulación final en La gran

puerta de Kiev. Una versión fantástica, donde la orquesta se lució en toda su plenitud

merced al impecable equilibrio sonoro y la marcación impuestos por el director y otra

manera de interpretar esta gran composición.

Fueron solamente 13 instrumentos solistas que sonaron como una gran orqueta

sinfónica merced a la calidad profesional de sus integrantes y a los magníficos arreglos

por parte del director mediante un maravilloso efecto de multiplicación de sonido. Por

lo tanto, bien valió la pena madrugar el domingo.

 


El Oboísta Nestor  Garrote, la Directora Rebeca Tong y la Filarmónica de Buenos Aires en esta estupenda toma de Juanjo Bruzza pàra Prensa del Teatro Colón


Impactante desempeño de Rebecca Tong al frente de la Filarmónica en el Colón

 

ÍNTIMO, HEROICO Y APASIONADO

Martha CORA ELISEHT

 

            Hace ya un tiempo que los conciertos ofrecidos dentro del Ciclo de Abono de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires (OFBA) poseen un título a modo de eje temático. El ofrecido en la sala principal del Teatro Colón el pasado viernes 17 del corriente se denominó “ÍNTIMO Y HEROICO” y estuvo dirigido por la indonesia Rebecca Tong, con participación de Néstor Garrote (oboe) en calidad de solista, donde se ofrecieron las siguientes obras:

-          Obertura de “DON GIOVANNI”, K.527- Wolfgang A. MOZART (1756-1791)

-          Diálogos. Concierto para oboe y cuerdas (revisión de Néstor Garrote)- Virtú MARAGNO (1928-2004)

-          Sinfonía n°3 en Mi bemol mayor, Op.55 “Heroica”- Ludwig van BEETHOVEN (1770-1827)

            En esta ocasión, el rol del concertino estuvo a cargo de Tatiana Glava, donde se apreció a una orquesta bien afiatada en la afinación de instrumentos previamente a la aparición de Rebecca Tomg en el podio. Poco se sabía de esta directora indonesia, quien se formó en la Universidad de Cincinnati y en el Royal Northern College of Music en Manchester. Fue asistente de Michael Tilson- Thomas y se perfeccionó con Pablo Heras- Casado y Marin Alsop. Actualmente se desempeña como residente de la Orquesta Sinfónica de Yakarta y sorprendió en su debut en el Colón por su temperamento al frente de la orquesta. Llamó la atención el orgánico de la Filarmónica para interpretar la célebre obertura mozartiana desde el Andante inicial en Re menor, que anticipa el desenlace del drama mediante la aparición del convidado de piedra (habitualmente, se emplea una formación más reducida). Se logró una versión muy correcta mediante un muy buen dominio de tempi y marcación precisa, que se vio reflejada en el Molto allegro en Re mayor que sigue al andante inicial que, a su vez, es la tonalidad de la moraleja que se canta al final de la ópera.

            Seguidamente, Néstor Garrote y Rebecca Tong hicieron su presentación sobre el escenario para interpretar el Concierto para oboe y orquesta de cuerdas (Diálogos) de Virtú Maragno, compuesto en 1995 con revisión posterior realizada por el intérprete en 2025 y dedicado a su hija Cecilia -destacada intérprete de dio instrumento-. Se divide en 4 movimientos: Con el viento/ Con los pájaros/ Con el paisaje/ Finale. Su línea melódica es tonal con ciertas disonancias y permite el lucimiento del oboe en todos sus matices. Para lograr los efectos sonoros a los que aluden los títulos de los movimientos, se emplean una serie de recursos en cuerdas (trémolo, uso de sordina, frote detrás del puente o efecto strappata (golpe sobre la caja del instrumento)). El movimiento inicial comienza con las cuerdas en stacatto que brinda el efecto del viento soplando fuerte hasta la entrada del oboe, donde Néstor Garrote exploró absolutamente todos los matices del instrumento mediante una sucesión de glissandi y trinos. Este último efecto se puso de manifiesto en el siguiente movimiento (Como los pájaros) donde los solistas de los dos primeros violines imitan los trinos de las aves en el registro más agudo, mientras el oboe imita el gorjeo mediante una serie de arabescos y glissandi. Posteriormente, un bello cantábile en cuerdas en diálogo con el oboe crea un efecto melódico que termina in crescendo hasta que el concertino y el solista vuelven a emular el canto de las aves. En el movimiento siguiente (Como el paisaje), un sostenuto en cuerdas ofrece ese clima bucólico que permite la entrada del oboe en Lento para brindar ese clima de quietud. El finale es un valseado donde el oboe desarrolla una serie de glissandi y arabescos sobre el tema principal en diálogo con la orquesta. Se logró un muy buen balance sonoro, con un excelente desempeño de Néstor Garrote en sus solos, al igual que el contrapunto con el concertino y el violoncello, donde Tatiana Glava y José Araujo se destacaron. A su término, la obra fue sumamente aplaudida y Néstor Garrote aprovechó para hacer un bis: Evocación del Perú de Henri Tomasi, con reminiscencias de música andina que le valió el reconocimiento y aplauso del público.

            Como obra de fondo se eligió la célebre Sinfonía n°3 en Mi bemol mayor, Op.55 (“Heroica”) de Beethoven, compuesta entre 1802 y 1804 y dedicada al príncipe Joseph von Lobkowitz, quien fuera mecenas del músico. Si bien Beethoven admiraba los ideales de la Revolución Francesa, se dice que rompió la hoja del manuscrito por el disgusto ocasionado cuando Napoleón Bonaparte se coronó emperador. El estreno oficial se produjo en 1805 en el Theter an der Wien con la presencia del compositor en el podio y se transformó en un suceso. Fue la primera sinfonía de Beethoven que se representó en París y el nombre de “Heroica” surgió de su primera publicación en 1806, cuando escribe “Sinfonía Eroica composta per celebrare la morte d’un Eroe”. Probablemente, el héroe al cual Beethoven hace alusión es el príncipe Luis Fernando de Prusia, quien era venerado como tal por sus contemporáneos y que murió durante un combate contra las tropas francesas en 1806. Esto ayuda a explicar mejor el análisis del musicólogo Barry Cooper en 1999, quien interpretó la estructura de los 4 movimientos que la componen de la siguiente manera: el primero (Allegro con brío) alude a la vida del héroe; el segundo (Marcha fúnebre. Adagio assai), a su muerte; el tercero (Scherzo- Allegro vivace- Trío) a su resurrección y el cuarto (Finale. Allegro molto), a su apoteosis en el paraíso. Previamente a la ejecución, Rebbecca Tong tomó el micrófono no solamente para agradecer la invitación y celebrar el 80° aniversario de la orquesta, sino también para “interpretar mi versión de la sinfonía”. Una siempre tiene cierto temor cuando un artista realiza este tipo de preámbulo, pero más allá de ciertas imperfecciones en la cadencia de caza a cargo de los cornos en el 3° movimiento y de alguna que otra entrada al inicio, la versión fue impactante. Hubo garra, enjundia, pasión y temperamento típicos del genio de Bonn. En resumen: era Beethoven en estado de gracia y el público estalló en aplausos hacia el final del concierto.

            Se hizo honor al eje temático del concierto: íntimo y heroico y, además, apasionado para coronar una muy buena interpretación de Beethoven. Así lo ameritan las características de la música del genio de Bonn.                 


sábado, 18 de abril de 2026

 

 Escena final de "I Pagliacci" en el escenario del Teatro Colón. Inicio de la temporada lírica 2026 del primer coliseo argentino en imágenes captadas por Juanjo Bruzza para Prensa del Teatro Colón.



“I Pagliacci” y “Cavalleria Rusticana” inician la Temporada del Colón


Dos óperas intensas en una versión con altibajos


Teatro Colón

Jueves 16 de abril de 2026


 


Escribe: Graciela Morgenstern


 


"Cavalleria Rusticana", melodrama en un acto, con libro de Giovanni Targioni-Tozzetti y Guido

Menasci, y música de Pietro Mascagni,

"I Pagliacci", drama en dos actos, con texto y música de Ruggero Leoncavallo.

Elenco: Denys Pivnitskyi, María Belén Rivarola, Fabián Veloz, Santiago Martínez, Ramiro Maturana,

Mariano Crosio, Ariel Casaris

Yonghoon Lee, Liudmyla Monastyrska, Fabián Veloz, Guadalupe Barrientos, Javiera Barrios

Coro de Niños del Teatro Colón. Directora: Mariana Rewerski

Coro Estable del Teatro Colón. Director: Miguel Martínez

Coreografía: Michele Cosentino

Video: Martín Ruiz

Régie, escenografía, vestuario e iluminación: Hugo de Ana

Orquesta Estable del Teatro Colón

Dirección musical: Beatrice Venezi


La Temporada Lírica comenzó con una dispar versión de Cavalleria Rusticana e I Pagliacci. Juntas

han recorrido el mundo pero en esta ocasión, injustificadamente, se ha invertido este orden, en el que

normalmente se las representa.

Ambas son exponentes del verismo, movimiento en el que la teatralidad y el dramatismo cobran

preponderancia. Si bien cortas, los valores son muchos en estas dos óperas intensas y sin altibajos.

I Pagliacci, subió a escena, en una versión con altibajos. Denys Pivnitskyi dejó expuesto el

predicamento del personaje, pero su canto mostró muchas falencias técnicas. Una emisión forzada, con

notas que llegaban más al grito que al canto, carente de matices, deficiente articulación del idioma y

afinación cuestionable. Un Canio para el olvido, aunque parte del público haya quedado impactado por su

vehemencia.


María Belén Rivarola lució su voz tersa, de color atractivo y técnica depurada. Su entrega al rol de

Nedda fue importante y aunque la marcación escénica no siempre la favoreció, se desempeñó

satisfactoriamente.

Fabián Veloz expuso una vez más, su gallardía vocal y relevancia sonora, su autoridad escénica y

musicalidad. Realizó una muy buena interpretación del Prólogo, así como del rencoroso Tonio.

Ramiro Maturana fue un Silvio correcto, mientras que Santiago Martínez compuso un Beppe

expresivo.

Cavallería Rusticana fue objeto de una digna versión, más pareja. La soprano Liudmyla Monastyrska

como Santuzza, exhibió canto rico en matices, caudal sonoro más que suficiente, agudos seguros y

poderosos, e importante desenvoltura escénica.

A su lado, Yonghoon Lee cantó con pasión, aunque con una tendencia a la sobreactuación.

Poseedor de un material vocal interesante, con mucha facilidad y brillo en la zona aguda y voz bien

colocada, resultó efectivo y convincente.

Fabián Veloz como Alfio, ratificó las virtudes vocales anteriormente mencionadas.

Guadalupe Barrientos dio realce al personaje de Mamma Lucía, tanto desde el punto de vista vocal

como actoral. Fue merecidamente una de las figuras más aplaudidas.

Javiera Barrios compuso una Lola atractiva y eficaz.

Una de las mejores actuaciones de la noche vino de parte de tanto el Coro Estable, dirigido por

Miguel Martínez, como el Coro de Niños, bajo las órdenes de Mariana Rewerski, organismos que tuvieron

un desempeño de excelencia en ambas obras, luciéndose en todas sus intervenciones.

La Orquesta Estable respondió con eficacia a las indicaciones de Beatrice Venezi, quien realizó una

lectura de la partitura apenas correcta, sin vuelo expresivo.

La producción escénica de Hugo de Ana, montada sobre el disco giratorio, se caracterizó por

excesos en “I Pagliacci”, tanto en el montaje escénico (cuál era el significado del andamiaje montado que

nadie usaba?) como en la cantidad de bailarines, y figuras circenses en escena. Si bien mostró gran

elaboración y buena factura, desvirtuó la verdadera esencia de la obra. En “Cavalleria Rusticana” hubo

mayor sobriedad, aunque los movimientos continuos del disco giratorio dieron cierta discontinuidad a la

faz musical.

De todas maneras, el público salió satisfecho, a juzgar por los aplausos del final y se puede decir

que fue un buen comienzo de la Temporada Oficial.

CALIFICACIÓN: BUENO




“I Pagliacci” y “Cavalleria Rusticana” inician la Temporada del Colón


Dos óperas intensas en una versión con altibajos


Teatro Colón

Jueves 16 de abril de 2026


 


Escribe: Graciela Morgenstern


 


"Cavalleria Rusticana", melodrama en un acto, con libro de Giovanni Targioni-Tozzetti y Guido

Menasci, y música de Pietro Mascagni,

"I Pagliacci", drama en dos actos, con texto y música de Ruggero Leoncavallo.

Elenco: Denys Pivnitskyi, María Belén Rivarola, Fabián Veloz, Santiago Martínez, Ramiro Maturana,

Mariano Crosio, Ariel Casaris

Yonghoon Lee, Liudmyla Monastyrska, Fabián Veloz, Guadalupe Barrientos, Javiera Barrios

Coro de Niños del Teatro Colón. Directora: Mariana Rewerski

Coro Estable del Teatro Colón. Director: Miguel Martínez

Coreografía: Michele Cosentino

Video: Martín Ruiz

Régie, escenografía, vestuario e iluminación: Hugo de Ana

Orquesta Estable del Teatro Colón

Dirección musical: Beatrice Venezi


La Temporada Lírica comenzó con una dispar versión de Cavalleria Rusticana e I Pagliacci. Juntas

han recorrido el mundo pero en esta ocasión, injustificadamente, se ha invertido este orden, en el que

normalmente se las representa.

Ambas son exponentes del verismo, movimiento en el que la teatralidad y el dramatismo cobran

preponderancia. Si bien cortas, los valores son muchos en estas dos óperas intensas y sin altibajos.

I Pagliacci, subió a escena, en una versión con altibajos. Denys Pivnitskyi dejó expuesto el

predicamento del personaje, pero su canto mostró muchas falencias técnicas. Una emisión forzada, con

notas que llegaban más al grito que al canto, carente de matices, deficiente articulación del idioma y

afinación cuestionable. Un Canio para el olvido, aunque parte del público haya quedado impactado por su

vehemencia.


María Belén Rivarola lució su voz tersa, de color atractivo y técnica depurada. Su entrega al rol de

Nedda fue importante y aunque la marcación escénica no siempre la favoreció, se desempeñó

satisfactoriamente.

Fabián Veloz expuso una vez más, su gallardía vocal y relevancia sonora, su autoridad escénica y

musicalidad. Realizó una muy buena interpretación del Prólogo, así como del rencoroso Tonio.

Ramiro Maturana fue un Silvio correcto, mientras que Santiago Martínez compuso un Beppe

expresivo.

Cavallería Rusticana fue objeto de una digna versión, más pareja. La soprano Liudmyla Monastyrska

como Santuzza, exhibió canto rico en matices, caudal sonoro más que suficiente, agudos seguros y

poderosos, e importante desenvoltura escénica.

A su lado, Yonghoon Lee cantó con pasión, aunque con una tendencia a la sobreactuación.

Poseedor de un material vocal interesante, con mucha facilidad y brillo en la zona aguda y voz bien

colocada, resultó efectivo y convincente.

Fabián Veloz como Alfio, ratificó las virtudes vocales anteriormente mencionadas.

Guadalupe Barrientos dio realce al personaje de Mamma Lucía, tanto desde el punto de vista vocal

como actoral. Fue merecidamente una de las figuras más aplaudidas.

Javiera Barrios compuso una Lola atractiva y eficaz.

Una de las mejores actuaciones de la noche vino de parte de tanto el Coro Estable, dirigido por

Miguel Martínez, como el Coro de Niños, bajo las órdenes de Mariana Rewerski, organismos que tuvieron

un desempeño de excelencia en ambas obras, luciéndose en todas sus intervenciones.

La Orquesta Estable respondió con eficacia a las indicaciones de Beatrice Venezi, quien realizó una

lectura de la partitura apenas correcta, sin vuelo expresivo.

La producción escénica de Hugo de Ana, montada sobre el disco giratorio, se caracterizó por

excesos en “I Pagliacci”, tanto en el montaje escénico (cuál era el significado del andamiaje montado que

nadie usaba?) como en la cantidad de bailarines, y figuras circenses en escena. Si bien mostró gran

elaboración y buena factura, desvirtuó la verdadera esencia de la obra. En “Cavalleria Rusticana” hubo

mayor sobriedad, aunque los movimientos continuos del disco giratorio dieron cierta discontinuidad a la

faz musical.

De todas maneras, el público salió satisfecho, a juzgar por los aplausos del final y se puede decir

que fue un buen comienzo de la Temporada Oficial

CALIFICACIÓN: BUENO





Escenas del inicio de temporada 2026 del Teatro Colón captadas por Patricio Cortes para Prensa del Teatro..


I Pagliacci – Cavalleria Rusticana – Teatro Colon

2026


El jueves 15 de abril, en la primera función de la temporada 2026

para el abono nocturno, subieron a escena en el Teatro Colon las

operas I Pagliacci de Leoncavallo y Cavalleria Rusticana de

Mascagni.

En líneas generales, la función no pasó de un nivel de corrección.

Invirtiendo el orden tradicional con el que se presentan estas

obras en forma conjunta, se representó I Pagliacci en primer

lugar.

El tenor ucraniano Denys Pivintsky, debutante en la sala, encarnó

el rol de Canio dignamente a pesar de abusar de sus recursos

vocales empujando y forzando constantemente de su emisión en

busca de un volumen, que naturalmente tiene sin necesidad de

tomar riesgos.

El papel de Nedda, fue cubierto por la soprano María Belén

Rivarola quien tuvo momentos de muy buena calidad vocal.

Con indiscutible profesionalismo y potencial vocal, Fabian Veloz

encarnó los roles de Tonio y Alfio (en Cavalleria). Por segunda

vez, este destacado barítono protagoniza en forma impecable el

personaje de Tonio que ya había interpretado en el Colon en

2015.

Ramiro Maturana como Silvio, cumplió discretamente con su

personaje.

Santiago Martinez se destacó como Beppe no solo en lo vocal;

también sobrellevando exitosamente las arbitrarias exigencias

escénicas que le impuso la dirección escénica a su personaje.


Cavalleria Rusticana contó con el debut en el teatro de dos

artistas de gran carrera internacional; el tenor coreano

Yonghoon Lee y la soprano ucraniana Liudmyla Monastryska.

Ambas voces imponentes en la zona aguda llenaban la sala, y

más débiles en la zona grave, lo que se hizo más notorio en el

caso de la soprano Monastryska, que no es una soprano

dramática. De todos modos, el “squillo” y la generosidad de esas

voces en los momentos culminantes de la obra, compensan las

carencias técnicas que son tan frecuentes en la mayoría de los

cantantes actuales.

Excelente Guadalupe Barrientos, a quien e esta ocasión le tocó el

rol de Mamma Lucia, y que había protagonizado el rol de

Santuzza con éxito en la temporada 2015.

La dirección musical al frente de la Orquesta Estable estuvo a

cargo de Beatrice Venezi. Una lectura correcta, que acompañó a

los cantantes y que por sí misma careció de vuelo y profundidad.


El Coro Estable preparado por Miguel Martinez aporto nuevamente 

toda su calidad y profesionalismo. Mientras que el Coro de Niños, en

la presentación de Mariana Rewerski como nueva titular tuvo una buena

labor.

Es innegable el gran trabajo de Hugo de Ana en la dirección

escénica y diseño escenográfico del espectáculo. La escenografía

se veía imponente y la marcación actoral muy trabajada. Sin

embargo, poco tuvieron que ver con la esencia de las dos obras

que por las circunstancias argumentales y ubicación ambiental

de la historia que se cuenta en ambas operas no requieren de

semejante aparatosidad. Demasiado exagerado todo.

Innecesarios los cambios de escenas con el disco giratorio del

escenario. Escenas que argumentalmente deben ocurrir en un

mismo lugar, y que de ese modo, interrumpen la continuación

musical de la obra. En suma, demasiado despliegue escénico

para obras que tratan un drama más íntimo.

En resumen, se puede decir que la apertura de la temporada

2026 del Teatro Colon, fue Buena.


                                                                  Roberto Falcone