Instantes definitorios de la tragedia de los amantes de Verona, captados por Juanjo Bruzza para Prensa del Teatro Colón.
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Instantes definitorios de la tragedia de los amantes de Verona, captados por Juanjo Bruzza para Prensa del Teatro Colón.
I Capuleti e i Montecchi – T.C. 25/06/2026
I Capuleti e i Montecchi, de Vincenzo Bellini, es la sexta opera de
este compositor que se conociera en Buenos Aires. Su estreno
local tuvo lugar en el Teatro Principal de la Victoria el 23 de
octubre de 1852. Desde esa fecha figuró en nueve temporadas
distintas hasta 1879 y no volvió a cantarse en nuestro medio.
Se representó en el Teatro de la Victoria en 1852 y 1854. En el
antiguo Colon en 1857, 1861, 1862 y 1874. Ese mismo año y en
1875 en el Teatro de la Opera y nuevamente en el antiguo Colon
en 1879.
Pasaron 92 años hasta su exhumación en el actual Teatro Colon
en 1971 con un elenco encabezado por la gran soprano Renata
Scotto y el querido tenor Renzo Casellato, con dirección del
Maestro Enrique Sivieri y la regie de Margarita Walmann.
Fuera de Buenos Aires pero muy cerca nuestro, se la escuchó en
el año 2001 en el Teatro Roma de Avellaneda.
I Capuleti e i Montecchi no es evidentemente, uno de los
mejores trabajos de Bellini. Seguramente, la premura en que
debió componerla, (un mes solamente), el haber tenido que
recurrir a utilizar fragmentos adaptados de su opera fracasada
Zaira, y la imposición del empresario Lanari de que el papel de
Romeo debía ser escrito para Giuditta Grisi contribuyó a que la
tarea fuera dura y llena de sobresaltos.
Lo que es seguro, es que esta opera se sostiene en la medida en
que sus intérpretes sean de un nivel superior, con todas las
habilidades canoras que propone el bel canto. El virtuosismo
vocal, en esta producción, estuvo ausente al parecer de manera
deliberada, en parte por las características vocales de algunos
cantantes y en parte por la mano de algún “coautor”, que adaptó
algunos pasajes.
Es así que la función ofrecida de esta opera por el primer elenco
que presentó el Teatro Colon, fue buena pero no brillante.
La soprano Yaritza Véliz como Giulietta y la mezzo Silvia Tró
Santafé, como Romeo, fueron efectivas en sus respectivos roles.
El tenor Ioan Hotea, cumplió discretamente con su rol de
Tebaldo con algún problema en la emisión y su registro limitado.
Los roles de Capellio y Lorenzo, no tienen momentos de
lucimiento propio en I Capuleti e i Montecchi. Participan en
escenas de conjunto y sus intervenciones se limitan a los
recitativos que van hilvanando la trama del argumento. Nicola
Ulivieri fue Capellio y Fabrizio Baggi, Lorenzo. Aún así, ambos
cantantes cumplieron discretamente con sus respectivas partes.
El Coro Estable como de costumbre, realizó un estupendo
trabajo, y el Maestro Avelino Pidó al frente de la Orquesta
Estable concertó la obra con la calidad que ya le conocemos.
La producción escénica a cargo de Pablo Maritano, fluctúa entre
lo tradicional y algunos conceptos actuales. La pared de fondo
rasgada, que simboliza una “grieta”, parece indicar un concepto
actual de las diferencias entre facciones; pero las diferencias
ideológicas entre Güelfos y Gibelinos fue mucho más profunda
que una “Grieta”; fue una guerra que duró siglos.
El vestuario ideado por Emilia Tambutti, caricaturizó el personaje
de y Romeo. Ridiculamente vestido durante toda la obra, ni
siquiera hizo notar la diferencia entre el verdadero personaje y
su simulación como mensajero.
En síntesis, el espectáculo fue bueno, pero hay obras, como este
I Capuleti e i Montecchi, que solo la salvan los divos.
Roberto Falcone
UNA VERSION ENCOMIABLE
Centro Cultural Domingo Faustino Sarmiento, temporada 2026. Concierto a cargo de la Orquesta Sinfónica Nacional, Director: Emmanuel Siffert. Programa: Gustav Mahler, Sinfonía N° 6 en La menor, “Estoica”. Palacio Libertad, Auditorio Nacional, 26/06/26.
NUESTRA OPINION: MUY BUENO
Sumergirse en la escucha de una obra de las características de la Sexta Sinfonía de Mahler no es cosa de todos los días. Una página densa, cargada de tensión, con una orquestación frondosa. Ya desde el primer compás el oyente sabe que su desenlace es fatal. Pareciera que Mahler vuelca sobre el pentagrama de manera anticipada cuál será su destino y cómo ha influído la inclusión de un instrumento de percusión construído especialmente para esta obra y es el Martillo, sobre el que tanto se ha hablado en el mundo de la música relacionándolo con el destino del propio compositor. Casualidad o no, lo cierto es que tras el estreno de la obra en 1906 en el Festival de Essen, la que dejó asombrada al auditorio y que fuera considerada por la crítica uno de los dos mejores trabajos presentados junto a una obra de Ferruccio Busoni, Mahler sufre la muerte de su hija Anna por escarlatina, al año siguiente se vió obligado a dimitir como Director Musical de la Opera de Viena y luego es diagnosticado de endocarditis bacteriana, enfermedad que en 1911 lo llevará a la muerte. No se trató de suprimir el famoso tercer martillazo del cuarto movimiento. El destino ya estaba escrito.
Si bien en los últimos años se menciona a esta sinfonía como “Trágica”, me baso en la opinión de Deryck Cooke, biógrafo de Mahler y uno de los responsables del rescate integral de la Sinfonía N° 10, en definirla como “Estoica” y me parece lo más adecuado ya que a lo largo de la escucha se sabe hacia dónde conduce y que el protagonista (Mahler) no rehuye a su destino y lo aguarda de pié “estoicamente”.
Cuatro son los movimientos en los que se asiste en el primero a la exposición de una marcha de corte trágico como primer tema, la descripción o semblanza de su esposa en el segundo tema y retorno a ámbos en diferentes momentos, el segundo retorno al tema de Alma se enmarca dentro de un tema pastoril con cencerros y campanas fuera de escena de corte muy bucólico. Este tema emergerá en modo triunfal al final del movimiento con un rotundo cierre.
También en los últimos tiempos se menciona el hecho de que la última decisión del compositor fué la de alterar el órden de interpretación de los movimientos centrales, colocando el “andante” que obra como un autorretrato del propio Mahler en segundo término y el “scherzo” que describe a sus hijas en el tercero. Tras la muerte del autor, su esposa Alma Schindler opinó que se debía volver a invertir ese orden. Como fuere, la opinión de la Sra. de Mahler es absolutamente acertada ya que a mi entender, hacerlo en ese órden original acrecienta la progresión dramática. Así lo entendió también en esta oportunidad el Maestro Siffert y el público asistió a una versión de verdadero fuste.
Entrando de lleno entonces en el concierto, se apreció una versión sumamente ajustada, de discurso sostenido en los movimientos “de punta”, fundamentalmente el de cierre en donde se alcanzó el “climax” ideal para el durísimo final. El “scherzo” marcó el comienzo de un sostenido crecimiento de la versión y el “Andante” o “autorretrato” fue lo más logrado de la noche por fraseo, punto justo interpretativo y estupendas respuestas de todos los solistas de instrumentos en todas las intervenciones requeridas.
No cabe duda de que el Maestro Siffert ha realizado una labor ímproba logrando con tal vez pocos ensayos un resultado de categoría. Es de agradecer también el que se le hayan suministrado los refuerzos para una partitura tan densa (9 cornos, 7 trompetas 4 trombones y la densa sección de percusión,martillo incluído, hablan a las claras de ello).
Se pudo advertir la progresión dramática, aquí seguramente radica la aceptación del público, quién llamó alrededor de 5 veces al escenario al Director para recibir los aplausos. Tras ello, la saludable decisión del saludo colectivo de Este y todos los Músicos y el apretón de manos entre compañeros de atril. Algo muy frecuente y bienvenido, broche de oro de una muy buena noche.
Donato Decina
Nelson Goerner, Marc Albrecht y la Filarmónica. Sociedad perfecta para un Schumann inolvidable retratados impecablemente por Juanjo Bruzza para Prensa del Teatro Colón.
Recuperando el optimismo…
Por Jaime Torres Gómez
El séptimo programa de abono de la Sinfónica Nacional hacía presagiar una baja demanda de
público, al contemplar dos obras de compositores chilenos junto a otra del repertorio universal.
Por mandato, la línea editorial de la Sinfónica supone una amplia difusión de la música nacional,
siendo menester su eficaz concreción en base a “dosificados criterios”. Y en el caso de este
programa, a priori, resultó abultado disponer de dos tercios con obras chilenas en el marco de la
temporada internacional de abono, en sí ecléctica y orientada a una amplia gama de público,
siendo más efectivo radicarlas (como bloque) en un programa de nicho, como un ciclo de música
chilena o latinoamericana. Y si bien la música nacional debe estar muy presente en la temporada
internacional, empero, no debe perderse de vista un contexto promedio-diverso de audiencias.
Felizmente, el segundo día de la presentación dio cuenta de una importante llegada de público,
recuperándose el optimismo luego de dos meses con bajas de público, a diferencia del año
pasado tras la inauguración de la Gran Sala Sinfónica Nacional, sede de la Sinfónica.
Con excelente desempeño del debutante joven director norteamericano Ian Niederhoffer,
comenzó con el Andante para Cuerdas, de Alfonso Leng, en reemplazo, a último momento, de
la Sinfonía Preliminar de “El Pájaro Burlón”, de Acario Cotapos... Si bien la pieza de Leng es de
magnífica factura y entrañable carácter (de estética post romántica), en realidad, no reviste mayor
interés insistir ofreciéndola localmente, aunque en esta oportunidad fue interesante presenciarla
por primera vez en la flamante Gran Sala…, percibiéndose sonoramente bien realzada. Magnífico
enfoque del maestro Niederhoffer, de completo idiomatismo, logrando robusto ensamble y nitidez
de voces de las cuerdas sinfónicas.
Seguidamente, el Concierto para Oboe y Orquesta, de Manuel Bustamante, escrito en el año
2023 y presenciado hace dos años junto al destacado oboísta nacional José Luis Urquieta (a
quien le fuera dedicada la obra) y la Orquesta de Cámara de Chile (muy bien dirigida por
Francisco Rettig, extrañamente ausente en la Sinfónica en su actual sede de la Gran Sala
Sinfónica Nacional…).
De atractiva factura, y de alguna forma de onírico y épico carácter, esta obra alude a un viaje por
diversas culturas de un héroe, plasmando una variedad de estados anímicos, evocaciones de
locaciones y luchas internas, y fusionado con una rica batería de universales influencias
musicales. Excelente escritura para el oboe, explotando una amplia variedad de efectos
colorísticos y rítmicos, amén de un buen tratamiento de orquestación, y adaptándose muy bien a
un orgánico grande como el de la Sinfónica. Notable desempeño (nuevamente) de José Luis
Urquieta en todo orden, validándose otra vez como un referente del oboe en Chile y
Latinoamérica. Comprometido desempeño de la talentosa batuta invitada junto a los sinfónicos,
con estupendos balances y calibrado ajuste.
Y con radical (e inteligente) giro, la segunda parte contempló una largamente ausente Sinfonía
N° 9 (7) “La Grande”, de Franz Schubert. De olímpico optimismo, esta inédita sinfonía
(descubierta años después de la muerte del compositor) presenta un desarrollo formal atípico y
de original estructura respecto a sus demás obras. De pocos contrastes -prevaleciendo más los
momentos agitados que los de mayor remanso-, es dable percibirla con cierto carácter marcial y
hasta fanfarrón, no obstante ineludible atisbar una evidente presencia del Schubert esencial de su
delicada música de cámara, y particularmente en sus lieder (sección lenta del segundo
movimiento).
Excelente interpretación firmada por Ian Niederhoffer, de enfoque más bien camarístico y con
alabado énfasis en lo cantable. Logros mayúsculos en diáfanas texturas, empática adopción de
tempi conforme los requerimientos de carácter, y monolítico ensamble.
En suma, un programa de inteligente variedad y jerarquía de resultados, no obstante riesgoso
para la actual coyuntura en la demanda de público, aunque revitalizando el optimismo por la
llegada de mayores audiencias.
Kei Solvang en la sala del Museo de Grieg en Troldhaugen
.Solista Kei Solvang, piano
.Sala de la Casa Museo de Edvard Grieg, Troldhaugen, Bergen, Noruega
.16 de junio de 2026
La pianista Kei Solvang interpretó una selección de obras pertenecientes a la
colección de Piezas Líricas de Edvard Grieg (1843-1907).
Dichas piezas abarca 66 obras, escritas entre 1867 (opus 12) a 1901 (opus 71) y
constituye un corpus central en la producción pianística del compositor. En efecto,
combinan ritmos y formas danzantes, de gran belleza e inspiración melódica, con
progresiones armónicas y acentos tajantes, en un tejido de cambios de compás y
variaciones dinámicas en toda su extensión. El permanente cambio hacia elementos tan
bellos como inesperados es una marca de este gran conjunto de obras.
Filiadas en el nacionalismo romántico, las formas tradicionales noruegas son una
fuente de inspiración más que una utilización textual de sus métricas.
Podemos datar las obras seleccionadas para el concierto en aproximadamente 1873
la del opus 19; 1885 las del opus 43; 1892/93 la del opus 54; y 1901 la del opus 73. De la
simple enumeración, advertimos que solo las piezas del opus 19 fueron escritas en la
residencia anterior de Grieg y que el resto lo fue en el lugar donde las escuchamos, la
residencia en la que vivió desde 1886.
Cada pieza tiene una narrativa propia, con motivos repetitivos que van mutando, o
desarrollos en forma de lied (ABA) o en forma rondó, con un refrán que se reitera y alterna
con diferentes episodios; tal como sucede en otros opus, tales como el último movimiento
del concierto en Fa de Gershwin o el nro. 2 de Bela Bartók: a la exposición de un motivo
central, o refrán, suceden distintos episodios, presentados una y otra vez a partir del refrán.
El opus 65 nro. 6, como sucede en varios de los conciertos para piano de Mozart, parece
responder a la forma rondó/sonata: el motivo central funciona como una exposición y los
episodios como un desarrollo y re exposición; ello sucede con alternancia de ritmos
terciarios y de un marcado 2/2 en el desarrollo central y contrastante con el material El
motivo inicial es ascendente, se mantiene en una altura donde es desarrollado y baja para,
inmediatamente, convertirse en un elemento nuevo.
Es decir, que ese fluir tan imaginativo como delicado es expuesto dentro de una
forma muy elaborada y requiere una gran ductulidad en el fraseo y a la vez la energía que
demandan los pasajes más intensos.
Las obras interpretadas fueron; Primavera, op. 43, nro. 6; Mariposas, op.43, nro.
1; Día de esponsales en Trolhaugen, op. 65, nro. 6; En mi país natal, opus 43 nro. 3;
Marcha de los trolls, opus 54, nro. 3; Víspera de verano, opus 71 nro. 2 y Escena de
Carnaval, opus 19., nro. 3.
Sucede que cuando la música tiene en sí una belleza melódica el oyente repara en
eso antes en la complejidad dada por ese permanente cambo de intensidades y el dominio
formal absoluto que el intérprete debe tener para lograr la espontaneidad que es la esencia
de un lenguaje eminentemente pianístico: en efecto, explora las posibilidades expresivas del
instrumento y logra una línea musical que parece una improvisación llena de inventiva.
En la conversación con la intérprete quedó muy claro este aspecto: un intérprete
debe tener el dominio formal de una estructura compleja y la fluidez para hacerla grácil,
flexible y elegante.
Nacida en Japón, en 2002, Kei Solvang ya tiene una trayectoria extensa. Basta
escuchar un registro como el de la Partita nro. 2, en do menor, BWV 826 de Bach para
hacer evidente su poder de abordar texturas muy complejas y diferentes entre sí. Se refirió a
su preferencia por las obra de Beethoven de su período medio y por Debussy. Por lo
demás, se trata de una persona sumamente accesible al diálogo y dueña de una elegancia y
soltura a la hora de referirse –en un inglés perfecto- a cada obra.
Mencionó lo entrañable que este repertorio es para ella.
Nacida en Japón en 2002 (su familia y ella se mudaron Noruega en 2007) Kei
Solvgang se perfecciona en Alemania. Asimismo, fue aceptada pare estudiar en la Academia
Grieg para jóvenes talentos, Universidad de Bergen. Entre 2019 y 2022 fue miembro del
programa de talentos de la academia Jiri Hlinka, una entidad internacional con sede en
Bergen.
Ha obtenido premios en diferentes concursos internacionales y, entre otros logros,
ha sido finalista en la competición Cecilia International Competition y primer premio en la
Competición Orbetello para piano. Ha recibido distintas becas.
La oportunidad de escuchar una selección de las Piezas Líricas de Grieg en la casa
del gran compositor, lugar en el cual la mayor parte de ellas fue escrita, por parte de una
intérprete como Kei Solvang fue una experiencia musical de exepción.
Eduardo Balestena
SOBRIEDAD Y ESTILO
Juventus Lyrica, temporada 2026. Opera: “Madama Butterfly”, drama lírico en versión original en dos actos con música de Giacomo Puccini y libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, basado en la novela homónima de David Belasco. Intérpretes: Sofía Gala Godoy (Cio-Cio-San), Marcelo Gomez (B.F. Pinkerton), María Koslova (Suzuki), Ernesto Bauer (Sharpless), Santiago Delpiano (Goro), Jerónimo Vargas Gomez (Yamadori), Cristian de Marco (Zio Bonzo), Natacha Nocetti (Kate Pinkerton), Ramiro Brandan (Comisario Imperial), Chander Coviello (Notario), María Paz Parra Araya (Madre), Sol Risé (Tía), Natalia Bereskyj (Prima). Orquesta de Juventus Lyrica, Coro de Juventus Lyrica, Director: Pablo Manzanelli. Escenografía e Iluminación Gonzalo Córdova, Vestuario: María Jaunarena. Dirección Musical: André dos Santos. Puesta en escena: Ana D’Anna. Teatro Avenida de Buenos Aires, Función del 12 de Junio de 2026.
NUESTRA OPINION: BUENO
Uno de los objetivos que me impuse al crear “De Paraíso para Usted” fue que todas las manifestaciones de música clásica tuviesen su espacio de difusión. Entiendo que dicho objetivo se cumple, y más aún cuando en estos tiempos de escaso o nulo apoyo en cuanto a contribuciones y mecenazgos se refiere, obliga a grupos o asociaciones a administrar y ser creativos con los escasos medios y recursos con que dichas entidades cuentan. “Juventus Lyrica” es seguramente la referencia obligada en la materia . Por promover a las voces jóvenes en espectáculos en donde priman la sobriedad y el buen gusto sin caer en lugares comunes y con el esfuerzo que significa contar con un buen soporte orquestal, una masa coral bien preparada y crear un espacio escénico a partir de una determinada idea, aún con elementos mínimos pero que sitúan de manera impecable al espectador en tiempo y espacio.
En la presente temporada de esta institución tuvimos la grata noticia de que se compondría de dos títulos en escena. El primero que hoy nos convoca; “Madama Butterfly” de Puccini. El otro: “Rigoletto”, por el cual esperaremos.
Si bien al correrse el telón del Avenida uno ya percibió que la puesta sería tradicional y que el mencionado buen gusto estaba instalado sobre el escenario de la sala, siempre es interesante leer los comentarios insertos en el programa de mano. Allí Ana D’Anna, la directora escénica de esta versión, manifiesta que ha abrevado en tres fuentes: Kobayashi Issa, poeta Japonés especializado en Haiku (poemas breves nipones), John Luther Long (Periodista Estadounidense autor del cuento “Madame Butterfly”) y David Belasco autor de la obra de Teatro “Madame Butterfly, que impresionara a Giacomo Puccini al punto de encontrar en ella el argumento para una nueva ópera. Los tres en mayor o menor medida sobrevolaron la historia real que la hermana de Long le refirió a este a partir del relato de su esposo, misionero metodista destinado un tiempo en Japón. Es ante todo un choque de culturas. La Japonesa, rica en tradiciones, espiritualidad, meditación y costumbres con la Occidental de vida más libre, más allá de algunos pruritos, con mentalidad de avanzada. Una acertadísima decisión fue la elección de dibujos del artista plástico Japonés Maruyama Okyo, coetáneo del poeta Issa para ambientar los espacios de la casa en que vivirán Cio-Cio-San y Pinkerton. En pocas imágenes se expresó todo. Triunfo para Gonzalo Cordova quien además iluminó de manera impecable la escena. Muy cuidado y adecuado el vestuario que aportó María Jaunarena, de época y cuidado en el estilo. D’Anna redondeó una interesante labor de marcación escénica, logrando que los cantantes respondan con una muy adecuada labor actoral. Discrepo solamente respecto a las indicaciones al personaje de Goro quien lejos de ser el siniestro rufián casamentero, aquí aparece con movimientos sobreactuados más de tipo marcial que de un inescrupuloso que al saber que se disuelve la unión entre Pinkerton y la protagonista, no duda ya en colocarla junto al rico Yamadori.
Solvente una vez más la participación del Coro de la Institución con la preparación de Pablo Manzanelli, totalmente integrado al palco escénico y de allí que también corresponde resaltar la muy buena concertación de André dos Santos, equilibrada en todo momento, balanceando perfectamente entre voces y música y guiando a una ajustadisima orquesta.
El elenco estuvo integrado por voces que mostraban experiencia junto a otras que afrontaban el desafío de hacer sus primeros protagónicos de fuste. Así en los roles de flanco lucieron Ramiro Brandán como el Comisario Imperial con buena voz y clarísimo decir. Cristian De Marco, con estupenda solvencia para encarar su Zio Bonzo. Natacha Nocetti con presencia y buen decir para el ingrato rol de Kate Pinkerton. Santiago Delpiano con muy buena voz en el rol de goro y Jerónimo Vargas Gómez con un Yamadori de impecable factura. Correctísimos en sus breves intervenciones los demás coprimarios.
Los roles principales fueron cubiertos por María Koslova como Suzuki, quien resultó la revelación de la función con muy buen decir, presencia actoral y total compenetración con su rol. Ernesto Bauer haciendo gala de su oficio y línea de canto para un muy buen Sharpless. Pinkerton fue abordado por Marcelo Gómez con correctos recursos actorales y vocales, aún cuando en estos últimos lleva su registro agudo al límite.
En cuanto a la protagonista, Sofía Gala Godoy, salió airosa del compromiso. Creció con el correr de la función y su actuación fué sumamente digna. Tal vez le convenga ahora dejar transcurrir un tiempo para que con mayor madurez vocal y bien asentada retome el rol.
Donato Decina
Ligia Amadio y la Sinfónica Nacional durante la inolvidable interpretación de la Quinta Sinfonía de Mahler. Fotografía de Santiago García para la Dirección Nacional de Elencos Estables.
LA PERFECTA SIMBIOSIS DIRECTORA/ORQUESTA
Centro Cultural Domingo Faustino Sarmiento, Temporada 2026. Concierto a cargo de la Orquesta Sinfónica Nacional, Directora: Ligia Amadio. Programa: Gustav Mahler, Sinfonía N° 5 en Do sostenido menor. Auditorio Nacional, 10 de Junio de 2026.
NUESTRA OPINION: EXCELENTE
De toda la producción Mahleriana, la Sinfonía N° 5 en Do sostenido menor ocupa un lugar preponderante. Sus principales características son: un plan que se esboza a partir del hecho de que a pesar de que sus movimientos son cinco tanto los dos iniciales como los dos finales se interpretan sin solución de continuidad y entre los dos primeros y el tercero hay una pausa un poco mayor (no extensa pero sí de descanso) dada la intensidad de la música de esa primera parte. Hay mucho de personal en esos pentagramas. Dolor por la pérdida de seres queridos. llegada a Viena en donde se consumará como profesional de la dirección de orquesta y la llegada del amor como culminación de su existencia. Hay un tránsito desde la sombra a la luz.
En el terreno de la música la obra se inicia con una imponente y vibrante marcha fúnebre en donde pareciera describir el deambular del cortejo. Este movimiento inicial tendrá su correlato con el “tormentoso” posterior, perfecta descripción de la tristeza y la desesperanza. Casi sobre el final del mismo hay un tema interpretado por una fanfarria al que podría describírselo como un desahogo, el que será retomado luego de forma brillante en la coda de cierre de la obra. Perfecta descripción del cambio de ánimo. El movimiento central es una verdadera transición. Mahler ha llegado a Viena, se inserta y a través del vals nos muestra su presente aún cuando se permite en la sección central exhibir melancolía del pasado. Es a partir del cuarto movimiento en donde la obra da un giro radical. Ha aparecido el amor de su vida, Alma Schindler, y en el “Adagietto” plasma el que tal vez sea el mayor obsequio de amor que un compositor haya hecho a su mujer.El último acorde de las cuerdas queda suspendido en el aire para que con el primer acorde a cargo del corno se inicie el quinto movimiento en un engarce perfecto y que en una fuga magnífica exteriorice toda su felicidad. Aquí en la coda es en donde reaparece el tema de la fanfarria del segundo movimiento, ahora ese pasaje es brillante y la obra culmina plena de luminosidad.
En cuanto a la orquestación, la misma es frondosa con número importante para cada sección del conjunto. En toda la partitura hay detalles que no deben pasarse por alto, por lo que todo director que se precie de ser tiene al abordarla un inmenso desafío por delante, para sí y para los músicos de la orquesta a quienes debe convencer y motivar con su propuesta. Una interpretación rutinaria de esta obra hace que inmediatamente quede en el olvido, en cambio una versión profunda hace que se la recuerde como una referencia.
Justamente lo segundo es lo que ocurrió con la versión ofrecida por Ligia Amadio y la Sinfónica Nacional. Profunda al máximo . Rica en matices y atenta a cada detalle. Tiempos exactos sin caer jamás en baches. Una Sinfónica que respondió en total plenitud desde los puntales como los solistas de trompeta y corno hasta el último músico. Versión que quedará en la memoria auditiva y será referencia obligada. Perfecta simbiosis Orquesta/Directora.
Donato Decina
ANTONIO FORMARO EN CONTINUA SUPERACION
Festival Konex de Música Clásica 2026. Concierto de Apertura. Presentación del pianista Antonio Formaro. Programa: Obras de Soler, Albéniz, Turina, Granados y Falla. Sede de la Colección Amalita (Fundación Fortabat), 08 de Junio de 2026.
NUESTRA OPINION: MUY BUENO
Con la presencia del Sr. Embajador de España en la Argentina Don Joaquín de Arístegui Laborde, altos dignatarios extranjeros y del anfitrión el Dr. Luís Ovsejevich, Presidente de la Fundación Konex, tuvo lugar en el espacio de la Colección Amalita en Puerto Madero el concierto de apertura del Festival Konex de Música Clásica 2026, el que este año lleva el título de “España Sonora” y que tuvo como único artista de dicho concierto al pianista Antonio Formaro.
Tras las palabras del Sr. Embajador de España y del anfitrión y con una sobria e impecable presentación de mi colega Daniel Varacalli Costas, el gran intérprete argentino abordó una exigente y generosa programación que abarcó composiciones de los siglos XVIII, XIX y XX, en los que Formato evidenció su profundo conocimiento del repertorio por él elegido, su siempre impecable técnica y su total y por momentos visceral entrega, algo que el propio intérprete se encargó de señalarle al público,. ya que se trataba de un repertorio que escuchaba desde su infancia bajo la influencia de su Sra. Madre, la que se hallaba presente en el espacio.
Así pudo apreciarse dos sonatas de Antonio Soler a modo de introducción. De la “Suite Española” de Isaac Albéniz los números “Granada” y la celebérrima “Asturias”, ésta última en una versión sencillamente estupenda. Del propio Albéniz el programa también incluyó de “Cantos de España” Op. 232 “Oriental”, “Bajo la Palmera”, “Córdoba” y “Seguidillas”.
Este estupendo recorrido musical continuó con dos de las “Danzas Españolas” de Enrique Granados: la N° 2 “Oriental” y la N° 5 “Playera” también conocida como “Andaluza” que marcó otro de los puntos altos del concierto. Del propio Granados se pudo escuchar seguidamente su “Capricho Español”, Op. 39 de infrecuente programación. Bienvenida ha sido su inclusión.
No podía faltar en este repertorio Joaquín Turina y el Maestro Formato ofreció una interesante versión de “Orgía” de las “Danzas Fantásticas” Op. 22.
Cerrando este recorrido/repertorio sobrevino el momento más alto de la noche con las estupendas interpretaciones de obras de Manuel de Falla. Se escucharon la “Serenata en Mi menor”, la “Farruca del Molinero” de “El Sombrero de Tres Picos” con el vértigo creciente de su parte final y rematar con tres momentos de “El Amor Brujo”: la “Danza del Terror”, el “Canto del Pescador” y una soberbia versión de la “Danza Ritual del Fuego”, remate justo para una faena excepcional.
Tras la cerrada y justa ovación del público, Formaro entregó una composición que obró como puente para el siguiente concierto del Festival el próximo 4 de Agosto en el Salón Dorado del Teatro Colón referido a “España en la Opera”: la danza “Aragonesa” de “Le Cid” de Massenet. Impecable cierre para una noche que quedará en el recuerdo.
El Maestro Formaro volverá a presentarse en el marco del Festival dentro del ciclo de la Orquesta Académica del Teatro Colón el próximo 26 de Setiembre cuando aborde “Noches en los Jardines de España” de Don Manuel de Falla. Vale la pena agendarlo
Donato Decina.