Gran Sala: celebrando con “Elías”
Por Jaime Torres Gómez
Luego de décadas anhelando contar en Santiago con una sala de conciertos de alto standard
acústico, hace justo un año fue posible concretarse tras la inauguración de la Gran Sala
Sinfónica Nacional de la Universidad de Chile, sede de la Sinfónica Nacional y a la vez
espacio natural abierto a otras agrupaciones visitantes del ámbito docto.
El balance de este primer año de funcionamiento es altamente positivo en cuanto a una
importante llegada promedio de público, más una constante mejora en la modelación sonora de la
Sinfónica en su nueva casa, no obstante, aún con camino por recorrer…. A la vez, ha sido
transversal el reconocimiento de contar con este imprescindible espacio cultural, destacándose,
entre varios, la distinción hecha por el Círculo de Críticos de Arte de Chile.
Como buen marco de celebración de este hito, se contó con la presentación del formidable
oratorio Elías, Op 70, de Felix Mendelssohn, después de 17 años de ausencia. Ante su larga
duración más altos requerimientos -principalmente a la amplia masa coral-, no suele ofrecerse,
siendo ahora la quinta vez que se hace en Chile desde 1982, y antes no muy asiduo desde su
estreno en Chile, en 1938.
“Elías”, quizás la obra más completa de Mendelssohn, fue estrenado exitosamente en
Birmingham (1846), un año antes de su temprana muerte. Con el precedente del “Paulus”,
estrenado 10 años antes, y en parte, previamente, con la Sinfonía N° 2 “Lobgesang”, de alguna
forma el género “oratorio” fue más bien escaso en Mendelssohn.
El gran mérito de “Elías” se traduce en una revalorización de la tradición del oratorio germano,
principalmente de Bach y Händel. A la vez, la historia de “Elías” de alguna forma no le permitía a
Mendelssohn ese brillo y habitual fantasía de sus obras instrumentales, aunque casi todas las
facetas de su personalidad aquí están plenamente plasmadas. Se destacan momentos notables
como el impresionante comienzo del corto recitativo de Elías ligado con el desgarrador desarrollo
del preludio orquestal (de admirable tratamiento contrapuntístico), como el aria “Es ist Genug!”
(¡Basta ya Señor…!), genialmente contrastado con la amable intervención del coro de los ángeles
en “Alzaré mis ojos…”, entre tantos aciertos.
Con robusto enfoque, el director chileno Helmuth Reichel Silva condujo una versión que acertó
en empáticos tempi, esmerado ensamble y debida progresividad dramática, aunque, en
momentos, faltaron mayores contrastes entre lo desgarrador y lo amable, amén de mayores
aligeramientos sonoros y transparencias. El Coro Sinfónico de la Universidad de Chile, con un
cometido sinuoso en texturas y a ratos con errática afinación. Y descollantes desempeños de los
solistas invitados, liderados por un solvente Christian Senn como Elías (notable su “decir”, no
siendo un bajo propiamente tal), la mezzo brasileña Carolina Faria (gran descubrimiento y
soberbia en la aparición de Jezabel), la soprano Pilar Garrido (de hermoso timbre y magnífica en
el recitativo “He aquí que el Señor envió a Elías…”) y el tenor Gonzalo Quinchahual notable en
todas sus intervenciones.
En suma, un importante hito conmemorativo con “Elías”…