viernes, 31 de julio de 2026

 La partida de un fundamental director latinoamericano…

    Por Jaime Torres Gómez


Con el reciente fallecimiento del destacado maestro argentino Pedro Ignacio Calderón, se

despide a una figura fundamental de la dirección orquestal latinoamericana.

La partida de Calderón se suma a la de otros relevantes maestros surgidos en el continente,

entre ellos Víctor Tevah, Luis Herrera de la Fuente, Eduardo Mata, Juan Matteuci, Carlos

Païta, Miguel Ángel Veltri, Carlos Félix Cillario, Simón Blech, Henrique Morelenbaum, Eleazar de

Carvallo, Juan Carlos Zorzi, Juan Emilio Martini, Jorge Fontenla, Julio Malaval, Enrique

Ricci, Juan José Castro, Agustín Cullell, Miguel Patrón Marchand y Rodolfo Saglimbeni, que

tuvieron importante gravitación en el desarrollo de las orquestas e instituciones musicales de

la región.

El talento del maestro Calderón, sumado a una privilegiada formación desde su Argentina natal y

luego complementada en la Academia Santa Cecilia en Roma, dieron fruto tempranamente al ser

galardonado en el prestigioso Concurso Dimitri Mitroupulos, en Estados Unidos, permitiéndole ser

asistente de Leonard Bernstein en la Filarmónica de New York, y poco tiempo después, titular de

la excelente Filarmónica de Buenos Aires, ostentando dicha posición por 22 años…, cuya labor

fue altamente reconocida ante la amplitud del repertorio ofrecido, destacándose, entre mucho,

la integral de las sinfonías de Gustav Mahler, compositor con especial afinidad.

Con una vasta experiencia como director invitado en orquestas de primer mundo, y pudiendo

radicarse en Europa o Estados Unidos, la opción de Calderón por no salir de su país fue del todo

acertada y genuina, por cuanto pudo proyectar su carrera aportando al desarrollo de las

instituciones musicales de Argentina, primero en el Teatro Colón, donde, además de su

recordado titularato de la Filarmónica y luego como Director Artístico del mismo, con una visión

programática que permitió desarrollar en pleno a los organismos artísticos de dicho coliseo, amén

de una labor formativa de audiencias con una óptica de largo plazo y de escaso parangón…

Tras el término de su gestión en el Colón y la Filarmónica, y ante una situación de completa

inestabilidad de la Sinfónica Nacional de Argentina, se le convoca como maestro titular de

dicha orquesta, manteniéndose por otros 22 ininterrumpidos años, labor que permitió darle

estabilidad artística, administrativa e incluso política, considerando la vulnerabilidad propia de una

institución condicionada por la burocracia estatal… El nivel artístico impreso por Calderón fue el

esperable al de un avezado kapellmeister, encumbrando a la Nacional a altos estándares

internacionales, posicionándola como una de las orquestas líderes de Latinoamérica, y

reivindicándole su histórico nivel de las épocas de Juan José Castro, Jacques Bodmer y otros.

La labor del maestro Calderón no sólo se circunscribió a las vecindades bonaerenses, siendo un

habitual y comprometido colaborador en orquestas de provincia, dando cuenta de su fructífero

trabajo en pos del desarrollo de las instituciones argentinas en su conjunto, amén de haber sido

un importante formador de directores de orquesta.

Con un vasto repertorio, desde los barrocos a los contemporáneos, buena parte lo llevó a cabo

con lecturas de completa autoridad en lo estilístico plasmadas con una acabada técnica de

dirección. Del todo encomiable su natural dominio de la globalidad, firmando versiones sin

sinuosidades, de completo sentido del todo y, consecuentemente, de irrefrenables audiciones que

compendiaban emotividad e intelecto. 

En rigor, no es tan simple determinar la especialización repertorística de Calderón, dado que era

normal percibir profundidad de ideas musicales reflejadas en resultados de jerarquía técnica y

artística. Sin perjuicio de ello, muy destacable su abordaje de los compositores germanos, siendo

autoridad indiscutida en Bach, Beethoven, Brahms, Bruckner, Richard Strauss, Mahler,

Schönberg, Alban Berg y Anton Webern, incluyendo a los franceses, italianos y otros. Y de gran

compromiso fue su difusión de la música argentina y latinoamericana en general.

Como muestra adicional al respeto a su autoridad artística, es menester referirse a su liderazgo

en convocar a la Filarmónica de Buenos Aires junto a la Sinfónica Nacional para los exigentes

Gurrelieder, de A. Schönberg, un hito no replicado en envergadura de producción. También cabe

resaltar otras presentaciones que fue posible ver en Argentina, como sus antológicas direcciones

de la Tercera Sinfonía, de Mahler, con la Filarmónica de Buenos Aires en el Teatro Colón, más un

programa francés con la Sinfónica Nacional, contemplando grandes versiones de obras como la

Sinfonía sobre un Aire Montañés Francés, de Vincent D´Indy, el Tercer Concierto para Violín, de

Saint Saëns y El Aprendiz del Hechicero, de P. Dukas. Y de especial recuerdo una 5ta Sinfonía,

de Tchaikovsky, con la prestigiosa Sinfónica de la Universidad de San Juan en el emblemático

Auditorio Juan Victoria, de acústica referencial.


La relación con Chile fue intensa por varias décadas, habiéndose curiosamente interrumpido en

el año 2000 luego de una notable presentación con la Filarmónica de Santiago en el Teatro

Municipal capitalino, aunque, esporádicamente, después regresó a la prestigiosa Sinfónica de la

Universidad de Concepción. De los conciertos inolvidables con la Filarmónica en el Municipal

deben destacarse Petroushka de Stravinsky, la Sinfonía N° 41 “Júpiter” de Mozart, el Manfredo

de Tchaikovsky, la 5ta de Shostakovitch, los Preludios Vegetales de Alfonso Letelier, la Sinfonía

N°9 “La Grande” de Schubert, y Don Juan de R. Strauss. Asimismo, junto a la Sinfónica Nacional

de Chile, legendarias interpretaciones de “La Canción de la Tierra” de Mahler (junto a una

autorizadísima Carmen Luisa Letelier), la Primera Sinfonía de Brahms y la Octava de Bruckner,

además, seguramente, la mejor versión presenciada en Chile de Los Planetas de G.Holst.

La partida del maestro Pedro Ignacio Calderón imposible pueda pasar inadvertida para la vida

musical latinoamericana, siendo un referente indiscutido para las actuales y futuras generaciones

de músicos.

   La Asociación de Críticos Musicales de la Argentina manifiesta su asombro por la disolución del Coro Nacional de Niños, organismo de alto nivel internacional y bellísimas voces, con más de medio siglo de reconocida e ininterrumpida labor y un amplio repertorio. 


     Dirigido desde sus orígenes por la gran maestra Vilma Gorini de Teseo, su labor formativa de registros infanto-juveniles consiguió  plasmar un conjunto de registros si se quiere angelicales, impecablemente afinados, musicalmente muy seguros

     Rechazamos la medida que acaba de tomar el Poder Ejecutivo, y recordamos que el apoyo de las autoridades al arte y la cultura, por encima de cualquier cuestión presupuestaria, resulta fundamental en orden a la elevación popular y la consolidación democrática. En medio de las ruinas, la Alemania de 1946, no se sabe cómo, consiguió poner en funcionamiento siete teatros. 

Carlos Ernesto Ure, Néstor Echevarría, Graciela Morgenstern
Secretarios Generales