La partida de un fundamental director latinoamericano…
Por Jaime Torres Gómez
Con el reciente fallecimiento del destacado maestro argentino Pedro Ignacio Calderón, se
despide a una figura fundamental de la dirección orquestal latinoamericana.
La partida de Calderón se suma a la de otros relevantes maestros surgidos en el continente,
entre ellos Víctor Tevah, Luis Herrera de la Fuente, Eduardo Mata, Juan Matteuci, Carlos
Païta, Miguel Ángel Veltri, Carlos Félix Cillario, Simón Blech, Henrique Morelenbaum, Eleazar de
Carvallo, Juan Carlos Zorzi, Juan Emilio Martini, Jorge Fontenla, Julio Malaval, Enrique
Ricci, Juan José Castro, Agustín Cullell, Miguel Patrón Marchand y Rodolfo Saglimbeni, que
tuvieron importante gravitación en el desarrollo de las orquestas e instituciones musicales de
la región.
El talento del maestro Calderón, sumado a una privilegiada formación desde su Argentina natal y
luego complementada en la Academia Santa Cecilia en Roma, dieron fruto tempranamente al ser
galardonado en el prestigioso Concurso Dimitri Mitroupulos, en Estados Unidos, permitiéndole ser
asistente de Leonard Bernstein en la Filarmónica de New York, y poco tiempo después, titular de
la excelente Filarmónica de Buenos Aires, ostentando dicha posición por 22 años…, cuya labor
fue altamente reconocida ante la amplitud del repertorio ofrecido, destacándose, entre mucho,
la integral de las sinfonías de Gustav Mahler, compositor con especial afinidad.
Con una vasta experiencia como director invitado en orquestas de primer mundo, y pudiendo
radicarse en Europa o Estados Unidos, la opción de Calderón por no salir de su país fue del todo
acertada y genuina, por cuanto pudo proyectar su carrera aportando al desarrollo de las
instituciones musicales de Argentina, primero en el Teatro Colón, donde, además de su
recordado titularato de la Filarmónica y luego como Director Artístico del mismo, con una visión
programática que permitió desarrollar en pleno a los organismos artísticos de dicho coliseo, amén
de una labor formativa de audiencias con una óptica de largo plazo y de escaso parangón…
Tras el término de su gestión en el Colón y la Filarmónica, y ante una situación de completa
inestabilidad de la Sinfónica Nacional de Argentina, se le convoca como maestro titular de
dicha orquesta, manteniéndose por otros 22 ininterrumpidos años, labor que permitió darle
estabilidad artística, administrativa e incluso política, considerando la vulnerabilidad propia de una
institución condicionada por la burocracia estatal… El nivel artístico impreso por Calderón fue el
esperable al de un avezado kapellmeister, encumbrando a la Nacional a altos estándares
internacionales, posicionándola como una de las orquestas líderes de Latinoamérica, y
reivindicándole su histórico nivel de las épocas de Juan José Castro, Jacques Bodmer y otros.
La labor del maestro Calderón no sólo se circunscribió a las vecindades bonaerenses, siendo un
habitual y comprometido colaborador en orquestas de provincia, dando cuenta de su fructífero
trabajo en pos del desarrollo de las instituciones argentinas en su conjunto, amén de haber sido
un importante formador de directores de orquesta.
Con un vasto repertorio, desde los barrocos a los contemporáneos, buena parte lo llevó a cabo
con lecturas de completa autoridad en lo estilístico plasmadas con una acabada técnica de
dirección. Del todo encomiable su natural dominio de la globalidad, firmando versiones sin
sinuosidades, de completo sentido del todo y, consecuentemente, de irrefrenables audiciones que
compendiaban emotividad e intelecto.
En rigor, no es tan simple determinar la especialización repertorística de Calderón, dado que era
normal percibir profundidad de ideas musicales reflejadas en resultados de jerarquía técnica y
artística. Sin perjuicio de ello, muy destacable su abordaje de los compositores germanos, siendo
autoridad indiscutida en Bach, Beethoven, Brahms, Bruckner, Richard Strauss, Mahler,
Schönberg, Alban Berg y Anton Webern, incluyendo a los franceses, italianos y otros. Y de gran
compromiso fue su difusión de la música argentina y latinoamericana en general.
Como muestra adicional al respeto a su autoridad artística, es menester referirse a su liderazgo
en convocar a la Filarmónica de Buenos Aires junto a la Sinfónica Nacional para los exigentes
Gurrelieder, de A. Schönberg, un hito no replicado en envergadura de producción. También cabe
resaltar otras presentaciones que fue posible ver en Argentina, como sus antológicas direcciones
de la Tercera Sinfonía, de Mahler, con la Filarmónica de Buenos Aires en el Teatro Colón, más un
programa francés con la Sinfónica Nacional, contemplando grandes versiones de obras como la
Sinfonía sobre un Aire Montañés Francés, de Vincent D´Indy, el Tercer Concierto para Violín, de
Saint Saëns y El Aprendiz del Hechicero, de P. Dukas. Y de especial recuerdo una 5ta Sinfonía,
de Tchaikovsky, con la prestigiosa Sinfónica de la Universidad de San Juan en el emblemático
Auditorio Juan Victoria, de acústica referencial.
La relación con Chile fue intensa por varias décadas, habiéndose curiosamente interrumpido en
el año 2000 luego de una notable presentación con la Filarmónica de Santiago en el Teatro
Municipal capitalino, aunque, esporádicamente, después regresó a la prestigiosa Sinfónica de la
Universidad de Concepción. De los conciertos inolvidables con la Filarmónica en el Municipal
deben destacarse Petroushka de Stravinsky, la Sinfonía N° 41 “Júpiter” de Mozart, el Manfredo
de Tchaikovsky, la 5ta de Shostakovitch, los Preludios Vegetales de Alfonso Letelier, la Sinfonía
N°9 “La Grande” de Schubert, y Don Juan de R. Strauss. Asimismo, junto a la Sinfónica Nacional
de Chile, legendarias interpretaciones de “La Canción de la Tierra” de Mahler (junto a una
autorizadísima Carmen Luisa Letelier), la Primera Sinfonía de Brahms y la Octava de Bruckner,
además, seguramente, la mejor versión presenciada en Chile de Los Planetas de G.Holst.
La partida del maestro Pedro Ignacio Calderón imposible pueda pasar inadvertida para la vida
musical latinoamericana, siendo un referente indiscutido para las actuales y futuras generaciones
de músicos.