Vikingur Olafsson y la Filarmónica de Berlín durante la interpretación del Concierto para Piano y Orquesta N° 1 de Brahms. Fotografía de Rob Davidson suministrada por Prensa del Teatro Colón.
Teatro Colón, temporada 2026. Presentación de la Orquesta Filarmónica de Berlín, Director: Kirill Petrenko. Solista: Vikingur Olafsson (Piano). Programa: Obras de Johannes Brahms y Richard Strauss. 23 de Octubre de 2026.
NUESTRA OPINION: EXCELENTE
Sin caer en el lugar común de cuantos años transcurrieron entre una visita y otra, sea bienvenida esta presencia de la Orquesta Filarmónica de Berlín a la Argentina. Lo hace como punto culminante de una gira iniciada en New York, donde su concierto en el Carnegie Hall marcó el inicio de la temporada 2026/2027 de dicha sala en el formato de una gala lírica con Jonas Kaufmann como solista. Tras ello, inició una Tournee Sudamericana que incluyó Bogotá (plaza cada vez más frecuente para grandes organismos internacionales), Sao Paulo en su magnífico auditorio y finalmente el Teatro Colón de Buenos Aires en una serie de tres presentaciones (dos de ellas con el mismo programa) de las cuales en una la Orquesta decidió transmitirla en directo por su canal "Digital Concert Hall" con una repetición en diferido al día siguiente. En el primero de los casos el propio Teatro Colón ofreció por su "streaming" en directo esa última presentación.
Si bien en esta gira no se tuvo la suerte de contar con la participación del primer concertino titular, Noah Bendix-Bagley, si los hizo con el segundo titular, Daishin Kashimoto, al que me referiré líneas más abajo. Fue un gusto grande ver en escena a varios de los grandes atriles de la orquesta, algunos bien conocidos por todos nosotros: Emmanuel Pahud (Flauta), Wenzel María Fuchs (Clarinete), Albrecht Mayer (Oboe), Dominik Wollenweber (Corno Inglés), quienes a lo largo del concierto aportaron su incuestionable calidad.
Sabido fue qué por un accidente doméstico, Danil Trifonov quién era el solista convocado para esta gira, debió resignar el compromiso. Para suplantarlo se consiguió el concurso del pianista islandes Vikingur Olafsson, quien se presentó finalmente ante nosotros.
Verdadera joya de la música, el concierto para piano y orquesta n° 1 en Re menor, Op. 15 de Johannes Brahms no solo se constituye en una obra capital para la combinación piano-orquesta, sino que pone a prueba la capacidad de cualquier solista. Sus dificultades técnicas, su permanente diálogo solista-orquesta, su tránsito desde la intensidad del movimiento de apertura a la introspección del segundo y el paso al arrollador tiempo de cierre, pone a prueba la capacidad de todas las fuerzas que lo acometen. En esta ocasión encontramos que Kirill Petrenko ajustó al conjunto de acuerdo a la visión del solista y esa visión no es la que el público de estas latitudes está acostumbrado a escuchar. Olafsson parte en el primer movimiento de un toque romántico en contraposición a lo enérgico. Crece con el transcurrir del mismo y culmina, si, en un en enfoque enérgico en el cierre del mismo. Petrenko respetó a rajatabla esta premisa y sorprende al auditorio en el momento del pasaje más dramático previo a la reexposición del tema inicial acompañando a Olafsson con un "crescendo" absolutamente administrado logrando una unidad solista-orquesta. Tras este inicio (opacado por los aplaudidores de siempre entre movimiento y movimiento), se apreció el momento más alto de la versión con un Olafsson creando el clima introspectivo que marca este tiempo y con intervenciones de los vientos y la cuerda grave en absoluto estado de gracia, exhibiéndose en todo su esplendor la belleza brahmsiana. Finalmente, el último movimiento se ofreció en la manera a la que el público local está acostumbrado con intensidad, una orquesta amalgamada y sin desbordes y un solista que crece a medida que la obra transcurre logrando de esta manera una versión que deja a todos reflexionando en cuestiones de estilo y abordaje. La técnica del solista es irreprochable y bienvenido sea el hecho que deje abierto al debate su forma de abordar la obra.
Tras los reiterados aplausos y salidas al escenario de Olafsson y el maestro Petrenko, el solista sorprende a la sala realizando un "encore" junto a los principales atriles de cuerda del conjunto. Se trató del adagio del concierto N° 5 de Johann Sebastian Bach con una transparencia y sutileza que cautivó a todos los espectadores presentes.
Gran expectativa aguardaba a la parte final en donde la Berliner acometería "Así Hablaba Zarathustra", Op. 30 de Richard Strauss. Entre los que "peinamos canas" deseábamos saber si la calidad seguía vigente. En los primeros compases me di cuenta que sí. Ataque preciso de la cuerda grave y trompetas de calidad insuperable para a partir de allí sorprendernos con una labor de orfebrería de Kirill Petrenko, que obtiene del conjunto todo lo que el pretende. Trabajo de intensidades, de tiempos, de planos sonoros, dinámicas, manejo imponente de los silencios. Hubo respuestas impecables de todos los solistas y una muy buena labor de Daishin Kashimoto en su extenso pasaje reservado al concertino en donde exhibió pulcritud y calidad. Petrenko demostró ser un verdadero trabajador de la música, alejado de todo divismo (como lo demostró en los agradecimientos a pesar de una nueva andanada de aplausos fuera de lugar entre el "fortissimo" del tema inicial que cierra uno de los momentos de la obra y el reinicio posterior). Esas características en su forma de trabajo seguramente han sido las razones por las que la mayoría de los músicos al momento de su designación se han inclinado por El. Lejos de la luminaria, baja exposición mediática y buen clima laboral. Fue una versión de altísimo nivel. Si bien este cronista ha tenido el privilegio a lo largo de 44 años de escuchar alguna versión imponente, esa ha sido una circunstancia irrepetible. Por lo tanto, en esta ocasión deja una vara a superar por quienes vengan a posteriori.
Como hace 26 años, el bis fue nuevamente la Danza Húngara N° 5 de Brahms. Escucharla nuevamente por ellos fue otro privilegio.
Donato Decina




