jueves, 4 de junio de 2026

 

Escena final de "Dementia" de Oscar Strasnoy/Adriana Harwicz en el escenario del Colón , retratada de forma magistral por Juanjo Bruzza para Prensa del Teatro Colón.


CONSTRUIR UNA OPERA DE UN MODO DIFERENTE

 

 

Teatro Colón, temporada 2026. Opera: “Dementia” (En tres cuadros y un epílogo), Encargo del Teatro Colón en Estreno Mundial. Intérpretes: Florencia Burgwardt (Escritora de 25 años), Daniela Tabernig (Escritora de 50 años), Monica Ferracani (Escritora de 75 años), Sebastián Angulegui (Traductor de 25 años), Alejandro Spies  (Traductor de 50 años), Víctor Torres (Traductor de 75 años), Cintia Velázquez, María Castillo de Lima, Gabriel Vacas, Marcelo Iglesias Reynes, Leonardo Fontana (Coro de Vecinos/Cazadores), Ivan Rutkauskas (Piano), Milva Leonardi (Mucama-Rol actuado), Pablo Ruíz Seijo (Pianísta-Rol Actuado) Orquesta Estable del Teatro Colón. Escenografía y Vestuario: Mariana Tirantte, Iluminación: Matías Seidon, Proyección y Video: Martín Borini, Coreografía: Luciana Acuña. Dirección Escénica: Mariano Pensotti. Dirección Musical: Tito Ceccherini. Función de Estreno Mundial del 31 de Mayo de 2026.

 

 

NUESTRA OPINION: MUY BUENO

 

 

“Somos una mala traducción de nosotros mismos”, a partir de esa frase que Ariana Harwicz introduce en el libreto de “Dementia” comienza a desarrollarse la acción en paralelo de la vida de una pareja a los 25, 50 y 75 años. Una escritora y un traductor de sus obras que transitan desde la euforia inicial a la necesidad  de que ella escriba para poder traducir y así vivir. La presencia de una empleada doméstica que ejercerá atracción sobre el traductor, quien desaparecerá de manera misteriosa. Un vecino pianista el que interferirá en la escritora con sus interpretaciones y vecinos y cazadores de vida rural muy sencilla. En la evolución se verá que ella ha escrito y ganado premios y luego ante la desmemoria de su esposo traductor dejó de escribir largo tiempo atrás. Ahí comienza la reconstrucción del recorrido. Aparecerán miserias, deseos, conflictos. Texto y música van en una misma dirección. La palabra es dura, la música contundente. Aquí entonces surge una impresionante labor de conjunto. En primer lugar la dupla Strasnoy-Harwicz, quienes desde cero se lanzaron a la creación de esta historia con un texto que sirve a la música y  viceversa. Harwicz viste a la obra con lenguaje franco y directo y Strasnoy en  plena posesión de medios musicales nos muestra su evolución compositiva respecto a “Réquiem”, su anterior trabajo. Ambos nos proporcionan un trabajo cerrado de atmósfera densa el que se desarrolla, crece y convence de manera progresiva. Junto a ellos, la puesta  impecable de Mariano Pensotti, ya sea en cuanto a movimiento como a desplazamiento de los intérpretes en el escenario y  hasta en el convincente uso del disco giratorio del mismo, apuntalado por un soberbio vestuario de  Mariana Tirantte utilizando los mismos géneros en diferentes combinaciones para cada etapa de vida de la pareja, siendo además autora de una muy funcional escenografía que para que en cada escena los protagonistas se ubiquen en el espacio adecuado. Todo ello se ve reforzado  por la impecable iluminación de Matías Sendon y el apoyo de video diseñado por Martín Borini. El equipo se completó con la magistral dirección musical de Tito Ceccherini, el que no dejó nada librado al azar, ya sea  por su permanente conexión con el palco escénico como por el rendimiento que obtuvo de la Orquesta Estable la que logró una labor superlativa.

 

  Yendo al plano vocal,  las labores fueron creciendo con el correr de la función. Florencia Burgwardt como la joven escritora asumió el que tal vez sea el rol  más comprometido en lo que va de su carrera, asentándose con el correr de la función  y saliendo airosa. Daniela Tabernig con naturalidad y solvencia se luce tanto vocal como actoralmente como la escritora de 50 años y Mónica Ferracani dando cátedra de buen  gusto tanto en lo vocal como en lo actoral. En los roles masculinos, Sebastián  Angulegui mostro soltura y oficio como el joven traductor, Alejandro Spies en una papel que pareciera haber sido hecho a su medida se lució ampliamente como el escritor de 50 años y, definitivamente, Víctor Torres como el escritor de 75 años con un oficio en el decir y una soltura escénica que logra que el espectáculo todo se torne realmente convincente.

 

  Hubo solvencia en las voces que dieron vida a los vecinos y los cazadore, una labor estupenda de Ivan Rutkauskas desde el piano, para una actuación muy lograda de Pablo Ruíz Seijo en el rol del vecino pianista y una sugerente intervención de Milva Leonardi como la Doméstica que se introduce en la vida de la joven pareja. Finalmente muy acertados fueron los movimientos coreográficos de Luciana Acuña.

 

Esta es la misión permanente del Teatro Colón. Incentivar a los compositores nacionales, ayudar a sus desarrollos y de no olvidar a quienes los precedieron. Es la razón de ser de la casa.  De ahora en más sus directivos tienen la palabra  para el desarrollo futuro.    

Donato Decina


miércoles, 3 de junio de 2026

 

La gran Midori ovacionada por el público asistente al Concierto de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires en el Teatro Colón. Fotografía estupenda de Juanjo Bruzza enviada por Prensa del Teatro Colón.


LA VIGENCIA DE MIDORI

 

Teatro Colón, Temporada 2026. Concierto de Abono a cargo de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, Directora: Zoe Zeniodi. Solista: Midori (Violín). Programa: Obras de Tchaikovsky, Charbonnier y Honneger. 30 de Mayo de 2026.

 

NUESTRA OPINION: MUY BUENO.

 

  Si bien se esperaba que el Concierto para Violín y Orquesta de Tchaikovsky  con el atractivo de Midori como solista se ofreciera en la segunda parte del programa, una voz en off anunció antes del inicio de la primera parte que justamente la obra con solista ocuparía dicha parte y las dos obras restantes pasaban a la segunda. No estuvo para nada desacertada esa decisión por parte de quien la haya tomado. La estructura de un programa coloca a la obra con solista en el centro del mismo balanceando con las otras obras que lo completan, y en el resultado final, se demostró que harto justificadamente correspondía hacerse así.

 

  Desde su primera visita a mediados de los noventa como a su regreso en la pasada década, el romance entre el público porteño y Midori se mantuvo inalterable y se ratificó en esta ocasión. Su versión del Concierto para Violín y Orquesta de Tchaikovsky fue de absoluta excelencia. Una obra que luce permanentemente esplendorosa, en manos de esta eximia interprete se nos revela en que también desde otro enfoque se puede  mantener su esplendor. Pasajes de un refinamiento exquisito ya desde los primeros ataques. Total seguridad ante los desafíos técnicos. Momentos de profundidad sublime en la que construye y comparte con el público una introspección en la que la música fluye con serenidad y naturalidad. El movimiento central se exhibió pleno de canto manteniendo las características antes mencionadas y un final con un  sorprendente y maravilloso timbre “mate” en el que la solista se movió absolutamente a sus anchas. Por su parte la Filarmónica con la guía de su titular, Zoe Zeniodi, acompañó de manera correcta, aun cuando en el primer  movimiento se apreciaron algunos desacoples con la solista. En nada extrañó que la reacción del público fuera la de una sostenida ovación para que Midori retribuyera con dos fragmentos “Bachianos”, marca registrada de su repertorio que dejó al público en total estado de éxtasis. Ojalá pueda contarse con una nueva visita en breve tiempo.

 

  El inicio de la segunda parte nos trajo el estreno del Poema Sinfónico Nº 3 “Bosques de Maiernigg” dedicado a la memoria de Gustav Mahler, el gran compositor Bohemio, justo en una semana en la cual la propia Orquesta en su próximo concierto abordará los “Rückert -Lieder”   y la Sinfónica Nacional a la semana siguiente abordara la imponente quinta sinfonía en la que su cuarto movimiento (Adagietto) tiene en su base la melodía del más famoso de los “Rückert-Lieder” (“Estoy solo en el mundo”). Por lo cual, más allá de las casualidades, resultó muy interesante su audición la que revistió el carácter de estreno argentino y sudamericano. Nos encontramos en una obra de desarrollo tonal, inspirada en esos bosques en los cuales Mahler se retiraba los veranos a componer.  Parte desde un vibrante y sostenido discurso del  cual algunos temas expresados son retomados a lo largo de la misma. Su orquestación es para un orgánico amplio y sin caer en lugares comunes. Charbonnier logra mantener la tensión y la atención de forma permanente y ese es su gran mérito.  La Mtra. Zeniodi obtuvo del conjunto una muy buena respuesta y el público recibió con mucho agrado este trabajo.

 

 

  En el final, anunciado como estreno argentino, aunque al momento de escribir el presente comentario  llegó la información de que la Sinfónica Nacional lo ofreció a comienzos de los cincuenta de la pasada centuria, se interpretó la Sinfonía Nº 2 de Arthur Honneger.

 

  A modo de introducción, tras anunciar la obra y las circunstancias de su composición, la Mtra. Zeniodi con muy buen criterio solicitó al público que no se aplaudiera entre movimientos, para lo cual mantuvo su mano en alto en esos instantes logrando así su cometido. A lo largo de sus tres movimientos, compuesta durante gran parte de la segunda guerra mundial y fundamentalmente en la ocupación alemana de Francia, Honneger plasma en el pentagrama un trabajo de alta densidad y fuerte carga emotiva. Compuesta para cuerdas, con una intervención  de trompeta fuera de escena al final de la obra simbolizando un canto de esperanza ante la adversidad, el compositor hace una extensa e intensa catarsis musical.  Haciendo un paralelismo, esta sinfonía resulta pionera de dos trabajos posteriores también ambos para cuerdas: “Metamorfósis” de Richard Strauss y el Cuarteto Nº 8,Op. 110 de Dimitri Shostakovich, el que luego en arreglo de Rudolf Barshai se transforma en la Sinfonía de Cámara Op. 110 B. Mientras Honneger emplea alrededor de 35 minutos para este trabajo, Shostakovich lo hace en 25 y Richard Strauss casi en otro tanto. Hay una diferencia, Honneger estaba viviendo la guerra y los otros dos compositores se expresaron luego de haberla padecido. Apreciamos una muy interesante labor de la Mtra. Zeniodi, con estupenda actuación de las cuerdas a lo largo de toda la obra y una sobria intervención de Fernando Ciancio desde fuera de escena con la trompeta.

 

  Noche de rendimiento parejo junto a una formidable interprete.

 

Donato Decina



 SÓLIDO INICIO DE TEMPORADA LÍRICA


Por Jaime Torres Gómez

Como ha sido tradicional, en mayo se inició la temporada lírica del Teatro Municipal de

Santiago, en esta oportunidad con la La Bohème, de Giacomo Puccini, sin duda uno de los

títulos más populares del repertorio operístico. 

Estratégicamente, la elección de La Bohème, al igual como Madama Butterfly al inició de la

temporada del año pasado, obedeció a una lógica de reencantar a los operáticos tradicionales

más la captación de nuevas (y necesarias) audiencias.

Huelga destacar el importante esfuerzo asociado de las instituciones musicales (teatros y elencos

artísticos respectivos) por desarrollar continuamente la ópera (suma de todas las artes musicales

y escénicas) ante su alta complejidad técnica y económica..., reconociéndose el esfuerzo, por

décadas, del Municipal de Santiago al ofrecer temporadas internacionalmente reconocidas. Sólo

esperar, superada la actual coyuntura económica, retomar a futuro los tradicionales 6 títulos

históricos…

Los referentes de La Bohème en el Municipal son potentes, como las producciones de 1978 con

la afamada Adriana Maliponte; 1982, en la recordadísima producción de Nicola Benois junto a

Yasuko Hayashi, Luis Lima y Vicente Sardinero; y la antológica versión de 1986 con Renata

Scotto y Jaume Aragall.

Cabe señalar que la producción de Benois se repuso –con algunas variantes- todas las veces

hasta la anterior puesta en escena propiamente tal, considerando que la última vez correspondió

a una versión semi escenificada y en contexto de pandemia (2022). En esta oportunidad se contó

con una nueva producción liderada por Cristina Gallardo-Domâs, en su debut como regisseur, y

sin duda toda una autoridad artística (particularmente en esta ópera), al ser un referente mundial

en la interpretación de Mimí. El diseño de escenografía estuvo confiado a Julián Hoyos,

asimismo, Loreto Monsalve como diseñadora de vestuario, y Ricardo Castro en la iluminación.

Con celebrada intuición teatral, la regie de Gallardo-Domâs acertó con el cambio de época al año

1945 del siglo XX, no desdibujando la esencia del libreto original, y consecuentemente,

discurriendo, en lo macro, hacia una correcta exégesis argumental, no obstante ciertas libertades

menores.

Muy bien delineado el perfil de cada personaje, amén de una ordenada disposición de masas y

elementos corpóreos. Del todo acertada la omnipresente aparición de la figura del compositor (a

cargo del actor Francisco Pérez-Bannen) deambulando en buena parte de la ópera, quizás en

señal de empatía con los personajes en escenas relevantes. Y siendo un recurso teatralmente

recurrente, quizás no fue siempre lograda la yuxtaposición de planos escénicos paralelos,

perdiéndose algo la sorpresividad de algunas entradas de personajes (en el primer acto la llegada

de Benoit, y en especial la llegada de Mimí a la buhardilla). A la vez, poco (o nada) se entendió la

presencia de la misma Gallardo-Domâs evocando a Marlene Dietrich, no siendo más que una

curiosa anécdota.

Sobre la producción misma, de buena factura la escenografía de Julián Hoyos, de pictórica

mirada, con buen sentido contrastante y estupendamente apoyada por un acertado diseño

lumínico de Ricardo Castro. Excelentes diseños de vestuario de Loreto Monsalve.

En lo musical, una triunfal concertación de Paolo Bortolameolli, donde el lenguaje pucciniano

definitivamente le es afín (formidable su dirección de M. Butterfly el año pasado). Abordar Puccini


no es baladí ante la rica paleta armónica, tímbrica y colorística presente en casi toda su

producción. Del todo consubstanciado, Bortolameolli propone una penetrante mirada analítica,

transparente, y libre de ciertos aditamientos tímbricos y colorísticos (abusos de glissandi y otros

extemporáneos efectos) que se dan en ciertos enfoques. Magnífica conjunción foso - palco

escénico, con logrados balances, empática adopción de tempi, certeros matices y excelente

acompañamiento a las voces.

Con dos elencos de parecidas trayectorias, especial expectativa revestía el debut de la destacada

soprano chilena Yaritza Véliz como Mimi, luego de cantarlo en importantes casas de óperas

mundiales, cometido que la validó como una gran intérprete al poseer todos los atributos vocales

y musicales deseables para el rol. De amplia proyección, homogéneo legato, rango y calibrada

musicalidad, Yaritza logra empoderarse en la mayor parte del desarrollo dramático, destacándose

en todo el primer acto (notable la atmósfera irradiada desde su primera aparición, y luego con una

entrañable entrega en “Mi chiamano Mimí”, como en el dúo “O soave fanciulla”). Aunque errática

en el tercer acto (día del estreno), careció de mayor progresión dramática, recuperando

expresividad hacia el final de la ópera.

Muy bien complementada en todo orden la segunda Mimí, con la debutante Usbeka Angelina

Akhmedova, de importante material y consumada musicalidad, brindando toda la fragilidad

propia del personaje, y logrando gran emotividad especialmente en el tercer acto. Sin duda, un

valor a tener en cuenta para futuras temporadas.

Siderales diferencias entre los Rodolfos… En el caso de Michael McDermott (primer elenco), si

bien su canto es noble y con una entrega más bien enfatizada en la fragilidad del personaje,

empero, su vocalidad es inadecuada para el rol al no poseer el espesor requerido (se trata de un

tenor lírico y de insuficiente caudal para Rodolfo), evidenciando dificultades en el passaggio y una

permanente tirantez en los agudos. Por distinto carril Kameron Lopreore (segundo elenco),

tenor-spinto de impactante caudal, hermoso timbre y amplia extensión, que ofreció una entrega

más extravertida (quizás, en exceso). Ideal a futuro volver a ficharlo para roles veristas e incluso

en algunos de tenor heroico.

De los secundarios y comprimarios, muy buenos resultados como Marcello de los también

debutantes Germán Enrique Alcántara y especialmente Yeontaek Yang. De menor jerarquía

Camila Romero y Pilar Garrido, como Musetta, en parte al no tener todos los atributos del

physique du rôle demandados (no es fácil interpretar a Musetta), no obstante, al tratarse de

talentosas cantantes. Y descollantes Matías Moncada y Francisco Salgado como Colline, a la

vez, muy sólidos Javier Weibel y Sergio Gallardo como Shaunard, lo mismo Cristián Lorca y

Pedro Alarcón, respectivamente, como Benoit y Alcindoro.

En suma, un sólido inicio de la temporada lírica del Teatro Municipal de Santiago, y buen

referente para los próximos títulos de ópera en el decano coliseo artístico nacional.

viernes, 29 de mayo de 2026

 En la cumbre de Los Alpes…


                                                                      Por Jaime Torres Gómez

Luego de erráticos resultados artísticos más una inquietante disminución promedio

de público desde marzo, el reciente programa de la Sinfónica Nacional, dirigido

por el magnífico maestro chileno Luis Toro Araya (30), ayudó a revitalizar el

desarrollo de la temporada.

Multipremiado en importantes concursos internacionales, Toro Araya cada vez da

muestra de un talento desbordante, posicionándose como uno de los más

destacados jóvenes directores del momento, ameritando seguir contando con su

presencia en las orquestas nacionales, y especialmente en la Sinfónica, al

encontrarse acéfala de titularidad…

Siguiendo la tradicional línea editorial, el programa contempló el estreno mundial

de una obra chilena y la reposición de la cautivante Sinfonía Alpina, de Richard

Strauss, ausente en la Sinfónica por 25 años. Cabe destacar (y celebrar) la

importante presencia de la música nacional en la actual temporada, pero con

interrogantes en cuanto su combinación (y dosificación) con el repertorio universal.

De curioso formato, el estreno del Concierto para Trombón, Violín y Orquesta

de Ignacio Teillerie (1995), de ninguna manera pasa inadvertido, rayando en

cierta provocación... De lúdico carácter y de heterodoxa estética, se trata de un

diálogo con el pasado con directos guiños a Alban Berg, Schostakovitch,

Prokofiev, Mahler y Korngold, asimismo, incorporando elementos jazzísticos, del

ragtime y del tango. De exuberante (quizás pomposa) orquestación, hay méritos

de un buen tratamiento colorístico y rítmico, como una lograda homologación

tímbrica entre el violín y trombón, aunque, en momentos, un desbalance del violín

solista ante inorgánicos tutti orquestales. Estupendos cometidos de Obeed

Rodriguez (trombón solista de la Sinfónica) y Alberto Dourthé (histórico

concertino sinfónico) más una comprometida dirección de Toro Araya.

Con radical giro de carácter (inadecuada combinación con la pieza previa), la

segunda parte con Eine Alpensinfonie (“Una Sinfonía Alpina), Op. 64

straussiana constituyó una potente experiencia, tanto por la megaproducción

asociada (más de 100 músicos) y al ofrecerse en condiciones acústicas

inmejorables como en la Gran Sala Sinfónica Nacional.

Obra de implacables requerimientos técnicos (virtuosismo orquestal), requiere una

probada madurez artística y acabado sentido de ensemble. Y en contenido,

existen diversas interpretaciones de su pathos interno, desde una amable (y

objetiva) descripción de un viaje a los Alpes, o bien, un tránsito hacia profundas

dimensiones racionales y espirituales.


Y lejos de cierta frivolidad interpretativa, la versión firmada por Luis Toro Araya

clarifica la inmanencia de la obra a través de una sonoridad transparente (notable

dominio de las capas sonoras), acertado sentido del rubato, inteligente adopción

de tempi y notable arquitectura de los planos sonoros. Gran respuesta de los

sinfónicos en todo orden, con hermosura de sonido global más importantes

desempeños solísticos.

Inapelablemente, una triunfal versión de la Alpina alzándose a la cumbre de los

insondables Alpes straussianos...

domingo, 10 de mayo de 2026

 


Radek Baborák en su doble rol de Solista y Director de los "Prague Chamber Soloists" enalteciendo la apertura de la Temporada 2026 del Mozarteum Argentino, retratados todos por la Sra. Liliana Morsia  


NUEVA TEMPORADA CON LA INALTERABLE CALIDAD

 

Mozarteum Argentino, temporada 2026. Concierto de Apertura de Temporada. Presentación de los “Prague Chamber Soloists”, Director y Solista: Radek Baborák (Corno). Programa: Obras de Mozart, Haydn, Britten, Sinigaglia y Schubert. Teatro Colón: 04 de Mayo de 2026.

 

NUESTRA OPINION: MUY BUENO

 

  Una nueva temporada del Mozarteum Argentino se ha iniciado ante su público y en esta oportunidad con la presencia de los “Prague Chamber Soloists” bajo la Dirección del Cornista Radek Baborák, conocido en nuestro medio por haberse presentado como solista junto a la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, ocasión en la que el bis fue hecho junto a los colegas de su instrumento miembros del gran conjunto argentino.

 

  Una de las características observadas a lo largo del concierto, en la que además pudimos apreciar a este excepcional interprete en su faceta de Director, ha sido que a lo largo del mismo Baborák se mantuvo absolutamente conectado con todo el conjunto. En todo momento el Director mantuvo su atención ante cada instrumentista, ya sea con gestos, miradas y complicidades. Mantuvo una actitud absolutamente descontracturada, incluso en su relación con el público al que miraba con simpatía ante cada intervención solista de algún integrante del ensamble. Esa simpatía comenzó a ser verdaderamente arrolladora sobre el final del concierto, lo que enfervorizó a la concurrencia que respondió con una sostenida ovación a todos los músicos ante la notable calidad del conjunto y su guía.

 

  El inicio de la velada, con una impecable interpretación del Divertimento en Fa mayor K.138 tambien conocido como K.125C denominado “Sinfonía de Salzburgo” N 3, permitió apreciar el clásico sonido “mate” de la cuerda europea, con un buen empaste y gran ajuste a lo largo de sus tres movimientos. “Tempi” acertado con notables exposiciones del conjunto a lo largo de toda la obra.

 

  Seguidamente se pudo apreciar al Baborák solista con una brillante interpretación del Concierto para Corno y Cuerdas Nº 1 en Re mayor Hob. VII d:3 de Franz Joseph Haydn  en donde el solista se explayó a sus anchas aportando a la obra su bellísimo sonido con sobresaliente abordaje de las cadencias en las que llegó a notas agudas que pocas veces pueden escucharse desde el corno, Las cuerdas lo secundaron a la perfección desde la concertino hasta el último atril, dejando impactado a todo el público asistente.

 

  Cerrando la primera parte se pudo disfrutar de una muy buena versión de la “Sinfonía Simple” de Benjamin Britten en la que Baborák guió con inteligencia al conjunto a lo largo de sus cuatro movimientos que van desde el estilo clasisista hasta los primeros embriones de la propia personalidad musical de este enorme creador Inglés. Aquí hallamos el primer punto alto de la noche.

 

  Leone Sinigaglia, quien vivió entre 1868 y 1944, forma parte del grupo inmenso de compositores lamentablemente poco frecuentados. Es por eso que resultó muy interesante la inclusión de su “Romance para Corno y Cuarteto de Cuerdas”, Op.3  Aquí en un arreglo para grupo ampliado. Es una obra en un solo movimiento muy expresiva en la que se pudo hallar una vez más las virtudes interpretativas de quien hoy sea acaso el Nº 1 del instrumento. Si bien breve en duración, fue lo suficientemente interesante para disfrutar de un nuevo gran momento.

 

  Para el cierre, llegamos al otro momento fuerte de la noche con una vibrante versión de la transcripción hecha por Mahler, según el manuscrito conservado por su hija Anna, del Cuarteto  para Cuerdas Nº 14 en Re menor D.810 “La Muerte y la Doncella” de Franz Schubert. (¿Conservará Marina hija de Anna y nieta de Gustav aún ese manuscrito?). Aquí se impusieron las tensiones, la carga dramática, las extensas exposiciones de temas muy bien resueltas y un vibrante final en “tempi” de Tarantella que simboliza la “Danza de la Muerte” que remató una magnífica faena. Más alla de alguna imperfección que en modo alguno empañó la versión, se asistió a un inicio de fuste en el que además hubo bises, Piazzolla incluido, que hicieron del público un disfrute absoluto.

 

 

 

Donato Decina


lunes, 4 de mayo de 2026

 

Alejo Pérez, brazos en alto, agradece al público la ovación a la que se hizo acreedor tras la interpretación de la "Sinfonía Fantástica" de Héctor Berlioz. Créditos: Prensa Teatro Colón para esta fotografía magnífica de Juanjo Bruzza.


DA GUSTO ESCUCHAR A LA ESTABLE

 

Teatro Colón, Temporada 2026. Concierto a cargo de la Orquesta Estable del Teatro Colón, Director: Alejo Pérez. Programa: Obras de Beethoven y Berlioz. 03 de Mayo de 2026.

 

NUESTRA OPINIÓN: MUY BUENO.

 

  Cuando hace poco tiempo atrás el Teatro Colón anunció la designación del Mtro. Alejo Pérez como titular de la Orquesta Estable, no pude menos que felicitar a los directivos por este nombramiento. A la luz de lo escuchado en este concierto que marcó su asunción en el cargo, ratifico plenamente los conceptos anteriores.

 

 Abordando un programa muy comprometido y que pocas veces la Estable aborda en concierto, Pérez decidió iniciar la velada con una interpretación de la 6ª sinfonía Op. 68 “Pastoral” de Beethoven. Página descriptiva de la vida campestre en la que el gran compositor plasmó en música los episodios más usuales de la actividad rural, la obra fue objeto de una muy digna versión en la que prevaleció el clima introvertido, el trabajo de frases y pasajes y la acentuación hasta en los mínimos detalles. El maestro Pérez obtuvo de la orquesta notables respuestas a partir de los atriles solistas desde el Concertino Freddy Varela Montero hasta el último integrante. Más allá de alguna imperfección, estas no empañaron en modo alguno el resultado final por lo que puede considerarse a la misma, como quedó dicho, una perfomance muy satisfactoria.

 

  La segunda parte estuvo asignada a la “Sinfonía Fantástica” (Episodios en la vida de un artista) de Héctor Berlioz. Aquí el Mtro. Pérez al frente del nutrido orgánico que el compositor francés dispuso, logró un resultado aún mayor. Logró mantener la tensión a lo largo de los cinco movimientos en donde nuevamente desde el primer al último integrante dio lo mejor de sí mismo. Momentos de magnífico fraseo, “tempi” de justeza absoluta, ataques seguros, instantes de plena energía para redondear de esta manera una muy buena labor, con la consiguiente adhesión del público, aún más allá de algunos aplausos fuera de lugar, para lo que apelo nuevamente a las autoridades de la casa a que se anuncie por audio las normas de conducta a observar durante las funciones.

 

  Dentro de esta magnífica velada y tras el intervalo, los Profesores de la Orquesta homenajearon a la violinista Martha Cossatini, segunda instrumentista en la historia del conjunto que obtuvo un cargo efectivo por concurso, la que se retiró del mismo tras largos años de pertenencia. Tras sentidas palabras del Mtro. Varela Montero, la Mtra. Cossatini, muy conmovida, agradeció a los que hasta ese momento fueron sus compañeros, ganándose el respetuoso aplauso de toda la concurrencia. Desde aquí le deseamos a la Mtra. lo mejor para esta nueva etapa de su trayectoria y que desde ella siga resonando la música.

 

Donato Decina


sábado, 25 de abril de 2026

 

 

 

PILAR POLICANO, EZEQUIEL SILBERSTEIN Y LA FILIBERTO EN UNA MAGNIFICA NOCHE.

 

 

Dirección Nacional de Elencos Estables, temporada 2026. Presentación de la Orquesta Nacional de Música Argentina “Juan de Dios Filiberto”, Director: Ezequiel Silberstein, Solista: Pilar Policano (Violín). Programa: Obras de Filiberto, Piazzolla, Troilo, Plaza y Ninsinman. Centro Cultural Domingo Faustino Sarmiento-Auditorio Nacional, 24 de Abril de 2026.

 

NUESTRA OPINION:  MUY BUENO.

 

  Este concierto de la Orquesta Nacional de Música Argentina “Juan de Dios Filiberto” marcó la primera presentación como solista invitada de Pilar Policano en la que abordó un género en el cual ya la habíamos apreciado, ya sea dentro de programas de conciertos como en los bises: El Tango. Incrementó la expectativa el hecho de que esta vez lo haría acompañada por una agrupación de mayor envergadura instrumental como lo es la Filiberto y por eso, además de una gran difusión mediática como cada vez que Pilar retorna al país, no extrañó en absoluto que se agotaran todas las localidades habilitadas para esta actividad en el Auditorio Nacional.

 

  Comencemos  esta parte de la reseña hablando de las intervenciones puramente orquestales. Las obras que la Orquesta interpretó tuvieron arreglos del Maestro  Cristian Zarate, los que tuvieron la particularidad de que en algún pasaje de cada obra siempre se halló una cita a obras populares famosas de otros compositores, variaciones a cargo de instrumentos solistas de la orquesta e incluso fusión con otros ritmos afines al Tango (Tal vez por aquello de que nuestra música ciudadana tuvo un origen orillero y quienes fueron sus primeros intérpretes y bailarines también gustaban de esos ritmos), podemos citar el Candombe, la habanera y , ya dentro de lo contemporáneo, al jazz, pero en este caso como lo efectúan los conjuntos argentinos (tuve la suerte de presenciar una magistral improvisación entre Al Di Meola y Dino Saluzzi hace más de treinta años con resultado antológico). Así fueron apareciendo “Quejas de Bandoneón” de Filiberto, “Zita” de Piazzolla y , luego de la participación de Pilar Policano,  “La Trampera” ese clásico de Pichuco, “Morena” y “Color Tango” del gran Julián Plaza, “Argentinos en Europa” de Marcelo Ninsinman (último alumno de Piazzolla quién dirigió en su inicio el Trío de la Fundación Piazzolla), este con un colorido arreglo que me hizo recordar a las colaboraciones Piazzolla/Ferrer y “Pipi” Piazzolla (recientemente fallecido) con el propio Ferrer, finalizando  con el “Allegro Tangabile” compuesto por Piazzolla para “María de Buenos Aires” y que Bernardo Neustadt utilizó hace medio siglo atras para “Tiempo Nuevo” como cortina de ese programa. Muy buenas participaciones de todos los solistas del conjunto, en especial la del Mtro. Horacio Romo en Bandoneón, quien lo hizo empuñando el instrumento que perteneció al Mtro. Osvaldo Piro, por muchos años titular de la Filiberto, quién se lo legó antes de fallecer. Ezequiel Silberstein demostró su versatilidad como  Director de Orquesta, abordando por igual el repertorio clásico y lo popular, guió al conjunto con absoluta soltura, siempre cómodo en el podio y comunica tanto a la orquesta como al público en las explicaciones antes de cada segmento del concierto con absoluta espontaneidad, por lo que puedo afirmar que se disfrutó y mucho de todo este segmento orquestal.

 

  En el centro del programa, no extrañó la soltura con la que Pilar Policano se floreó en el escenario. Se ofreció “Las Cuatro Estaciones Porteñas” de Piazzolla en un arreglo para Violín y Orquesta de Cuerdas del compositor y arreglador ruso Leonid Desyatinikov, el que tuvo la particularidad de insertar citas a las estaciones Vivaldianas en cada fragmento Piazzoleano. Aquí la apreciada Pilar tuvo la virtud de acoplar su sonido clásico al del conjunto con una precisión absoluta. Magníficamente acompañada por Silberstein y los músicos, Pilar Policano brindó pasajes de un sonido bellísimo que acentuaba la pintura melancólica con la que Piazzolla  grafico en muchos pasajes de la obra su impresión porteña. Un arreglo camarístico de una hondura profunda que fue resaltado por una magnífica solista estupendamente acompañada. Quedó tiempo para el destaque de varios solistas de cuerdas del conjunto con intervenciones descollantes del Concertino Fabricio Zanella y de la solista de Violonchelo de quien desconocemos sus datos ya que al no existir programas de mano no aparecen los nombres de los integrantes, salvo que se los mencione en las presentaciones previas. La espontánea ovación del público logró que entre todos, ya con orquesta completa, brindaran como bis una estupenda versión de “Decarísimo” de Astor Piazzolla en un magnífico arreglo de Osvaldo Requena (quien por mucho tiempo integró el cuarteto de maestros que guiaron la orquesta de canal 11 y que también condujera a la Filiberto).

 

   Una noche de pleno disfrute para un público excepcional que respondió a la guía brindada por el Maestro Silberstein. “Las Cuatro Estaciones Porteñas” se apreciaron de principio a fin con un silencio Inmaculado. Por eso la satisfacción al final fue mayor.  

 

Donato Decina  

 

Momento de Cavalleria Rusticana en función de segundo elenco en el Teatro Colón, captado por Juanjo Bruzza para Prensa del Teatro.


Muy buen segundo elenco de I PAGLIACCI/ CAVALLERIA RUSTICANA en el Colón


LAS SEGUNDAS PARTES SUELEN SER MEJORES

Martha CORA ELISEHT


Acorde a lo comentado por el colega -y colaborador- Ignacio Dotti en la emisión

del programa radial CULTURA EN PARALELO el pasado martes 21 del corriente,

mencionó que prefería los segundos elencos de ópera en comparación con los primeros

porque eran más parejos respecto del nivel artístico y línea de canto. En contraposición

al vulgar dicho “las segundas partes nunca fueron buenas” en materia de remakes de

clásicos del cine universal o continuación de auténticos éxitos de taquilla, el segundo

elenco convocado para las representaciones de las óperas I PAGLIACCI/ CAVALLERÍA

RUSTICANA en el Teatro Colón demostró que fue la honrosa excepción que confirma la

regla, tanto por su nivel artístico como interpretativo.

Quien escribe tuvo la oportunidad de asistir a la representación de esta dupla del

verismo italiano que tuvo lugar en el escenario del mayor coliseo porteño el pasado

jueves 23 del corriente, con dirección musical de Marcelo Ayub y el siguiente reparto:

I PAGLIACCI: Alejandro Roy (Canio), Marina Silva (Nedda), Youngjun Park (Tonio),

Samon Mc Crady (Silvio), Sergio Spina (Beppe), Reinaldo Samaniego y Esteban

Hildebrand (Dos campesinos).

CAVALLERIA RUSTICANA: Diego Bento (Turiddu), Mónica Ferracani (Santuzza),

Youngjun Park (Alfio), Guadalupe Barrientos (Mamma Lucía) y Daniela Prado (Lola).

La presente producción contó con la siguiente ficha técnica: dirección escénica,

diseño de escenografía, vestuario e iluminación de Hugo de Ana; coreografía y

asistencia de dirección escénica de Michele Cosentino; ambientación de Claudia Vega;

video de Martín Ruiz y, como asistentes de escenografía, iluminación, vestuario y

coreografía, a cargo de David Secundino, Rubén Conde, Cristina Acati y Paul Castro,

respectivamente. Participaron el Coro Estable y de Niños del Teatro Colón dirigidos por

Miguel Martínez y Mariana Rewerski, respectivamente.

Acorde a la evolución de la ópera italiana, el verismo es una corriente iniciada en

1890 que se caracteriza por presentar un retrato realista de la vida cotidiana-

especialmente, de las clases bajas-, rechazando los temas míticos o los enfoques del

romanticismo. La música se da de manera continua, evitando las arias de coloratura y

los recitativos para lograr un canto más fluido. La ópera que inaugura este género es,

precisamente, CAVALLERÍA RUSTICANA de Pietro Mascagni (1863-1945), mientras

que I PAGLIACCI de Ruggiero Leoncavallo (1857-1919) no sólo es la más

representativa del género, sino también la que contiene una de las arias más célebres a

nivel internacional del repertorio para tenor: “Recitar… Vesti la giubba”. Por ser dos

obras maestras de breve duración, se representan juntas en ese orden: no sólo porque la

primera fue compuesta antes que la segunda, sino que la época en la que se desarrolla la

primera es a mediados del siglo XIX en Vizzini (pueblo del interior de Sicilia), mientras


que la segunda está ambientada en una aldea de fines de dicho siglo en Calabria. En este

caso, y, acorde a la concepción del régisseur Hugo de Ana, el Teatro Colón decidió

invertir el orden cronológico de las obras acorde a su fecha de estreno en su sala: I

PAGLIACCI se representó por primera vez en 1908, mientras que CAVALLERÍA

RUSTICANA lo hizo al año siguiente.

De todas las óperas compuestas por Mascagni, CAVALLERÍA RUSTICANA es la

más popular y la más representada en todo el mundo. Fue compuesta en 1890 como

parte de un concurso para compositores noveles que jamás habían montado una ópera

en escena, organizado por el editor de música milanés Edoardo Sonzogno. Una de las

condiciones era que debía ser un melodrama en un único acto. Tan sólo dos meses antes

de la fecha del concurso, Mascagni le pidió a su amigo Giovanni Targioni- Tozzetti que

le proporcionara un libreto. Éste eligió la novela homónima de Giovanni Verga y junto

con su colega Guido Menasci fueron enviándole el libreto por partes. Finalmente,

resultó electa entre las tres finalistas sobre un total de 73 óperas participantes y se

estrenó en el Teatro Constanzi de Roma en mayo de ese mismo año, con un suceso

notorio de público y crítica que perdura hasta nuestros días.

Cuando se produjo el estreno de CAVALLERÍA RUSTICANA, Leoncavallo era un

compositor muy poco conocido. Quedó impactado por la ópera de Mascagni y decidió

escribir una obra similar en un solo acto al estilo verista. Para ello, se inspiró en dos

fuentes: un hecho de la vida real acontecido durante su infancia (asesinato de una mujer

durante una representación de la commedia dell’arte, donde su padre llevó a cabo la

investigación criminal en su carácter de Juez de Paz) y La Femme de Tabarin de Catulle

Mendès, donde se representa una obra dentro de otra obra -similar a lo que acontece en

PAGLIACCI, motivo por lo cual fue demandado por plagio en 1897-. Nunca se pudo

demostrar con certeza cuál fue la fuente original que motivó la composición, pero sí que

fue un suceso rutilante desde su estreno en el Teatro Dal Verme de Milán en 1892, con

dirección de Arturo Toscanini. A partir de allí, se representó en Londres y Estados

Unidos (1893). Su estreno en Buenos Aires tuvo lugar en la temporada inaugural del

Teatro Colón (1908), interpretada por Amedeo Bassi y Titta Ruffo.

En la presente producción, la escenografía de Hugo de Ana contó con la

presencia de un muro divisorio de altura considerable, sobre el cual se realizó una

proyección de video para ilustrar las escenas y realizar la ambientación. Sin embargo,

fue demasiado ampulosa y contrastó con respecto del argumento original de ambas

obras: I PAGLIACCI se desarrolla en una aldea de Calabria y la compañía de commedia

dell’arte liderada por Canio contó con un exceso de figurantes y bailarines, que

recordaban más al Cirque du Soleil que a un grupo de payasos y saltimbanquis que

llevan una vida itinerante y son pobres. Si bien se utilizó el escenario giratorio para los

cambios de escena como si se tratara de filmar diversos cuadros cinematográficos -lo

que justificaba la presencia de cámaras y un sillón de director de cine a la derecha del

escenario-, el exceso de su empleo retrasó la interpretación de la música, rompiendo el

clima íntimo de la obra. No sucedió lo mismo en CAVALLERÍA RUSTICANA, donde el

muro divisorio cumplió su función para separar la iglesia de la trattoria de Mamma

Lucía. No obstante, llamó la atención al principio de la ópera que la gente del pueblo

concurriera provista de sillas en el momento que Turiddu canta a Lola su serenata. Estas

incongruencias no sólo no respetaron la concepción original de la obra, sino que fueron


controversiales. A esto se le agrega el hecho de que si I PAGLIACCI está ambientada a

mediados del siglo XIX -tal como figura en el programa de mano-, los payasos de la

compañía de Canio llegan a la aldea en un camión cuando todavía no se había inventado

el motor a combustión. Un detalle más a tener en cuenta.

Desde el punto de vista musical y vocal, los grandes protagonistas de la noche

fueron los elencos estables. Tanto la Orquesta como el Coro y el Coro de Niños

desempeñaron una magnífica labor en ambas óperas. Dada su condición de pianista

acompañante y maestro interno, Marcelo Ayub posee un profundo conocimiento de las

partituras de estas joyas del verismo y lo demostró con creces, brindando los matices

necesarios y la enjundia a la Orquesta Estable para su correcta interpretación.

Respecto de I PAGLIACCI, el tenor español Alejandro Roy posee muy buenos

matices, esmalte vocal y buena técnica, pero le faltó expresividad en el aria más famosa

y conmovedora de la ópera (“Vesti la giubba”). Se lo apreció mucho mejor y más

seguro en el aria de la 2° parte (“Non, Pagliaccio non só”), motivo por el cual se retiró

sumamente aplaudido. Por su parte, Marina Silva brindó una espléndida Nedda desde lo

vocal como desde lo actoral. Una la ha apreciado en numerosas oportunidades en este

rol y se destacó en todas sus intervenciones; principalmente, en su aria (“Stridono

lassu”), mientras que el barítono coreano Youngjun Park ofreció un muy buen Tonio

merced a su voz caudalosa, bien timbrada, con brillo y esmalte tonales y muy buenas

dotes histriónicas, al igual que Sergio Spina como Beppe. Si bien el barítono Samson

Mc Crady se desempeñó correctamente como Silvio, no descolló en su rol, que juega un

papel fundamental en la dramaturgia de la obra.

En cuanto a CAVALLERÍA RUSTICANA, Diego Bento se lució como Turiddu en

sus arias, comenzando por la serenata inicial a Lola (“O Lola, c’hai di latti la

cammisa”), en el duetto con Santuzza (“Tu qui, Santuzza”) y luego del célebre

Intermezzo (“Viva il vino spumeggiante”; “Mamma, quel vino é generoso”). Puso garra

e ímpetu para componer su personaje y le brindó el espíritu italiano típico, característico

de esta obra. Por su parte, Mónica Ferracani compuso una excelente Santuzza merced a

sus dotes histriónicas, su caudal de voz y sus matices dramáticos, sobresaliendo tanto en

las notas agudas como en las graves con brillo y squillo. Cantó sin dificultad el

mencionado duetto con Turiddu y su aria principal (“Voi io sapete, o mamma”).

Youngjun Park encarnó un muy buen Alfio, sin dificultades en su aria (“Il cavallo

scalpita”), al igual que Guadalupe Barrientos, quien dio vida a una excelente Mamma

Lucía. Por su parte, Daniela Prado se destacó como Lola en su stornello (“Fior de

giaggolo”). El Coro Estable sobresalió en sus correspondientes arias (“Gli aranci

olezzano” e “Inneggiamo, il signore é risorto”), mientras que la Estable se lució en el

célebre Intermezzo. Una muy buena versión de este clásico, donde el público convalidó

con sus aplausos y vítores al término de la función.

Si bien se trató de una buena representación, no estuvo exenta de controversias e

incongruencias. A veces, el exceso de figurantes y gente arriba del escenario resta en

vez de sumar. Por otra parte, el exceso de escenario giratorio rompió el clima íntimo de

las obras. En esta ocasión, el segundo elenco tuvo una actuación mucho más pareja que

el primero en materia de interpretación vocal. Por lo tanto, una vez más se pone de

manifiesto y se ratifica la excelente calidad de los intérpretes locales, desmitificando


aquello por lo cual “las segundas partes nunca fueron buenas”. Por el contrario, las

segundas partes – o los segundos elencos- suelen ser mejores.

jueves, 23 de abril de 2026

 

JAVIER MAS, UN CONDUCTOR EN PERMANENTE EVOLUCIÓN

 

Dirección Nacional de Elencos Estables, temporada 2026. Concierto a Cargo de la Orquesta Sinfónica Nacional, Director: Javier Mas. Solista: Pedro Salerno (Contrabajo). Programa: Obras de Mantiñan, Botessini y Nielsen. Palacio Libertad, Auditorio Nacional, 22 de Abril de 2026.

 

NUESTRA OPINION: BUENO

 

  Un programa, que para estos tiempos resultó innovador e interesante ha sido el llevado a cabo por la Orquesta Sinfónica Nacional bajo la Dirección del Mtro. Javier Mas, titular de la Orquesta Sinfónica Provincial de Rosario y que desde hace más de una década viene registrando un franco y decido crecimiento interpretativo, a la vez que se ha revelado en el abordaje de obras desgraciadamente infrecuentes en los programas de concierto.

 

  En el inicio se pudo apreciar “Crudo”, obra del año 2018 del compositor Leonardo Mantiñan. Obra que abreva en el tema de las reiteradas crisis en Medio Oriente (hoy de inquietante actualidad), con su correlato  sobre las fuentes energéticas y sus sabidas consecuencias, Mantiñan plasma en la partitura un esquema basado en el trabajo de sonoridades, efectos tímbricos y pasajes tonales, los que entrelaza de manera interesante, manteniendo la tensión en modo permanente. También resulta efectiva la instrumentación, con destacada labor para los instrumentistas de percusión e incluso una intervención del piano empleando sus cuerdas accionadas en forma manual y con arco  en apoyo de la anteriormente mencionada percusión, muy bien llevada a cabo por el solista de la Orquesta, Marcelo Balat . Obra que resultó premiada por el Fondo Nacional de las Artes,  también fue seleccionada por la Universidad de Minas Gerais para que el Maestro Mantiñan sea designado como compositor en residencia.

 

  Continuando con la programación y con la participación como solista del Maestro Pedro Salerno (quien también lo es de la Orquesta), se ofreció una estupenda versión del Concierto para Contrabajo y Orquesta Nº 2 de Giovanni Bottesini. Contrabajista, compositor, Director de Orquesta, responsable del estreno mundial de “Aida” de Verdi en 1871 en El Cairo, es autor de una profusa cantidad de composiciones para el instrumento. Este trabajo, de estilo clasicista, es breve, conciso, pero pleno de melodías de gran belleza. A lo largo de sus tres movimientos, Salerno le extrajo a su instrumento el máximo de sonoridad, obteniendo un sonido puro y de extrema belleza. El maestro Mas y las cuerdas de la Sinfónica Nacional le brindaron al solista un ropaje magnífico con un apoyo sonoro de exquisita calidad. Los sostenidos aplausos del público lograron que el Maestro Salerno respondiera con un Bach exquisito.

 

  Ya en la parte final, Mas y los “Sinfónicos” acometieron con una buena versión de la Sinfonía Nº 4 Op, 29, “Inextinguible” de Carl Nielsen.  Hace más de 40 años, cuando este cronista comenzaba a frecuentar el ambiente musical argentino, asistió en ese entonces en el Auditorio de Belgrano a una versión conducida por su entonces titular, Juan Carlos Zorzi, como complemento de un homenaje al Mtro. Alberto Ginastera quien recién había fallecido. Allí ocurrió que naciera un “deslumbramiento” ante este trabajo del compositor danés, intenso, rico en matices, con momentos de un colorido orquestal verdaderamente maravilloso y las dos variantes: la enjundiosa e intensa introducción con el motivo principal que de la mano de un fragoroso contrapunto de timbales reaparecerá en el final y una sección central verdaderamente introspectiva y de corte camarístico en donde fundamentalmente los vientos deben desarrollar una partitura con todos los condimentos para el destaque. Hay un detalle principal: está compuesta para ser interpretada “Da Capo a Fine”, sin solución de continuidad.  Mas acertó por completo en el “tempi” empleado, logrando mantener a “raya” a la Orquesta para evitar desbordes. Una brillante labor de las cuerdas con instantes de pura belleza. Vientos sencillamente exquisitos, los que resultaron el punto mas alto de todo el concierto y bronces muy ajustados. Los timbalístas tuvieron dispar desempeño. Mientras que el solista principal tuvo una destacadísima labor, su compañero en cambio tuvo una participación con desbordes, sumado a que hubo instantes de saturación sonora, por lo que en el pasaje denominado “batalla”, a cargo justamente de los timbalístas, no se pudieron percibir a algunos sectores del conjunto. De todos modos fue una versión muy digna, que reveló el permanente compromiso interpretativo del Maestro Mas, largamente aplaudido por el público.

 

Donato Decina