domingo, 23 de junio de 2024

 Excelente actuación de la Orquesta de Cámara del Congreso de la Nación en el CCK


PARA LA BUENA MÚSICA, NO HAY FERIADO QUE VALGA

Martha CORA ELISEHT


Durante los feriados puente para fomentar un fin de semana largo pueden pasar

dos cosas: que se aproveche con fines turísticos o para realizar tareas o actividades que

quedan postergadas durante la semana. Y, en caso de no poder viajar, suelen ofrecerse

espectáculos de muy buen nivel como el brindado por la Orquesta de Cámara del

Congreso de la Nación, que tuvo lugar en el auditorio Nacional del Centro Cultural

Kirchner (CCK) el pasado viernes 21 del corriente bajo la dirección de su titular -

Sebastiano De Filippi-, donde se interpretaron las siguientes obras:

- “Figarillo”- Juan Bautista ALBERDI (1810-1884)

- Danzas populares rumanas, Sz. 56/68- Bela BARTÓK (1881-1945)

- Cinco danzas griegas- Nikolaos STALKOTTAS (1904-1949)

- La Muerte y la Doncella en Re menor, D.810 (transcripción para orquesta de

cuerdas)- Franz SCHUBERT (1797-1828)


Ante un auditorio prácticamente colmado de gente -se habilitaron las bandejas

superiores-, la orquesta hizo su presentación para brindar el consabido Figarillo, minuet

compuesto por Juan Bautista Alberdi en 1837 y que alude al apodo con el escribía en el

periódico La Moda -fundado por él mismo durante dicho año- sobre música, literatura,

poesía, vestimenta y costumbres. Es un clásico del repertorio de cámara nacional y el

conjunto brindó una muy buena versión.

Seguidamente, se interpretaron las Danzas populares rumanas Sz.56/68 de Bela

Bartók en orquestación de Arthur Willner. Compuestas originalmente para piano en

1915, reúne los siguientes números: Danza con bastón, danza del brazo, danza en el

lugar, danza con cornamusa, polca rumana y danza rápida, donde el compositor inserta

temas folklóricos típicos de dicho país y de su Hungría natal. Constituye otra de las

especialidades del ensamble, donde el concertino Pablo Pereira se lució en todos los

solos a su cargo y acompañado magistralmente por el resto. La precisión y la marcación

de De Filippi fueron perfectas y sumamente precisas. Lo mismo sucedió en la

interpretación de las Cinco danzas griegas de Nikos Stalkottas (Epirótica/ Cretiscense/

Tsamicótica/ Arcádica/ Clefticense), compuestas entre 1931 y 1936 tras su regreso a su

tierra natal. En ellas, el compositor fusiona danzas folklóricas típicas de diferentes

regiones griegas con elementos de la Segunda Escuela de Viena. Los músicos se

destacaron en una versión de fuste, colorida y vibrante.

Previamente a la segunda parte del concierto, el maestro De Filippi tomó el

micrófono para dedicar la obra de Schubert a la memoria del maestro Guillermo Opitz,

personalidad trascendental de la música de cámara en el país y especialista en la

materia, fallecido ese mismo día. En este caso, se eligió una transcripción para cuerdas


del Cuarteto para cuerdas en Re menor, Op.14 (“La muerte y la doncella”), inspirado

en su lied homónimo con texto de Matthias Claudius, compuesto por Schubert en 1817

y publicado póstumamente en 1832. Sin embargo, no fue hasta bien entrado el siglo XX

cuando alcanzó fama mundial gracias a David Oistrach, quien fuera el principal difusor

de muchas de las obras del compositor vienés. Consta de 4 movimientos: Allegro/

andante con moto/ Scherzo: allegro molto/ Presto, que narran el enfrentamiento de una

joven moribunda y la muerte, que se le presenta para acompañarla a dormir el sueño

eterno. Esta bellísima obra ya es una especialidad de la orquesta -la interpretó durante el

transcurso del corriente año bajo la dirección de Pablo Saraví- y sonó perfecta desde su

violenta apertura al unísono del 1° movimiento, que muestra una carrera por parte de la

doncella a través del dolor, la angustia y la resignación, que culmina con un acorde

agonizante en Re menor. En cambio, el Andante con moto es de carácter apacible y

representa a la muerte, donde el concertino, el solista guía de segundos violines, la

segunda viola, el primer violoncello y el contrabajo se lucen en espléndidos solos, como

sucedió en esta ocasión por parte de Pablo Pereira, Catriel Galván, Federico Butera,

Mariana Levitin y Adrián Speziale respectivamente. El poderoso Scherzo -que, por

momentos, remeda el leitmotiv del descenso al Nibelheim en EL ORO DEL RHIN-

culmina con un trío que muestra un carácter más lírico para desembocar en el vibrante

Presto final en ritmo de tarantela, que era la danza que protegía tanto de la locura como

de la muerte, ejecutado con una impecable maestría y precisión. Una vez más,

Sebastiano De Filippi hizo gala de su excelente marcación y dominio de los tempi,

motivo que le valió una ovación de aplausos y vítores por parte del numeroso público

que se dio cita esa noche en el Auditorio Nacional.

Una vez más, el hecho de brindar espectáculos de alto nivel con entrada libre y

gratuita hace que la concurrencia sea masiva. Esto demuestra que, pese al feriado

puente, el público se encuentra sumamente ávido por asistir a funciones de jerarquía y

lo demostró con un Auditorio Nacional prácticamente al tope de su capacidad. Para la

buena música, no hay domingo ni feriado que valga.

 




El Mtro. Pablo Druker durante el concierto contemporáneo del Teatro Colón Fotografía del Mtro.Arnaldo Colombaroli.


LUCIO LA FILARMONICA EN UN COMPROMETIDO PROGRAMA CONTEMPORANEO

 

Teatro Colón, temporada 2024. Séptimo concierto de abono y primero de programación contemporánea a cargo de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, Director: Pablo Druker. Solista: Alejandro Aldana (Violín). Programa: Obras de Chin, Adès y Adams. 22 de Junio de 2024.

 

NUESTRA OPINION: MUY BUENO.

 

  En esta oportunidad y con la advocación del Título de la Obra de John Adams “Harmonielehre” se llevó a cabo el séptimo de los conciertos de abono de la temporada 2024 confiado a la ya experimentada guía de Pablo Druker, un verdadero especialista en este repertorio, en un programa dedicado a tres de los actuales creadores del firmamento musical: Unsuk Chin, Thomas Adés y John Adams. Tres estilos a veces parecidos, a veces diferentes para interpretaciones de altísimos riesgo y compromiso.

 

 El inicio tuvo lugar con el estreno de “Frontispicio para Orquesta” de Unsuk Chin, la gran compositora surcoreana, en donde hay influencias de grandes compositores, una escritura muy personal, instantes de fortísima intensidad y gran desarrollo discursivo. La Filarmónica a partir de la solvencia de Druker, brindo una muy buena versión dada la calidad de todos los instrumentistas que la conforman.

 

 La obra de mayor elaboración en esta programación ha sido “Concentric Paths” de Thomas Ádes, un concierto para Violín y Orquesta en el que Alejandro Aldana (Brasileño de padres argentinos y Concertino de la Orquesta del Teatro Municipal de Sao Paulo) descolló como solista. Momentos de extenso discurso matizados con frases de línea melódica, un segundo movimiento muy reconcentrado expuesto con suma precisión y una parte final dinámica que tendrá un instante último de seca culminación. Por momentos el solista se integra a la Orquesta, mientras que en otros debe desarrollar una extensa labor. Aldana estuvo a la altura de las circunstancias y la Filarmónica con la segura guía de Druker lo acompañó con notable categoría.

 

  La parte final nos trajo a John Adams, su forma minimalista y su desarrollado trabajo “Harmonielehre” una obra en tres movimientos que hacen honor a dicha forma musical en la que se imponen citas a Mahler, Wagner, Schönberg y Sibelius. Desarrollos muy extensos pero sumamente llevaderos. Druker condujo la obra con pulso muy firme y aquí vale destacar a todos los maestros de la orquesta que intervinieron en esta versión ya que mencionar a algunos podría producir injustas omisiones.

 

  Una noche distinta, con una sala virtualmente llena que rompe con el mito de que la música contemporánea no convoca y la presencia de dos valores plenamente identificados con el género, quienes aportaron lo mejor de sí mismos.

 

Donato Decina


 

LA  RATIFICACION DEL MUY BUEN MOMENTO

 

C.C.K., Temporada 2024. Presentación de la Orquesta de Cámara del Congreso de la Nación, Director: Sebastiano de Filippi. Programa: Obras de Alberdi, Bartok/Willner, Stalkottas y Schubert. Auditorio Nacional, 21 de Junio de 2024.

 

NUESTRA OPINION: MUY BUENO

 

  Dentro de la programación del año 2024 del C.C.K. se encuentra enmarcada esta presentación de la Orquesta de Cámara del Congreso Nacional, la que en las últimas tres ediciones en disputa obtuvo el premio a la mejor Orquesta de Cámara según la votación de la Asociación de Críticos Musicales de Argentina.

 

   El programa estuvo conducido por su titular, Sebastiano de Filippi. Atento a que el próximo Lunes 24 hará  su presentación habitual de los últimos Lunes de cada mes y en esa ocasión con el Maestro Ezequiel Fautario como invitado, el programa ofrecido en esta oportunidad incluyó obras que el conjunto ya ha ofrecido ante el público, pero entiendo que lo importante ha sido comprobar el estupendo sonido que la Orquesta desplegó ante un Auditorio Nacional muy colmado, mejor aún que el que se percibe habitualmente en los conciertos que brinda en el Salón de los Pasos Perdidos  del Palacio Legislativo y destacar la precisa guía del Maestro De Filippi, el conductor que en los últimos 11 años supo darle a la agrupación carácter, rostro, frondoso repertorio y fino sonido.

 

  Pudo volverse a apreciar “Figarillo” de Juan Bautista Alberdi,  aquí en una versión que agregó una pátina de melancolía en la interpretación. Las “Danzas Populares Rumanas” de Bela Bartok en orquestación de Arthur Willner y que llevan la numeración de catálogo Sz 56/68 en un tempi un tanto más lento que en la anterior ocasión en que las escuché pero lo suficientemente contundentes en el resultado final, lo que otro tanto le cabe a las Cinco Danzas Griegas de Nikolaos Stalkottas, menos vertiginosas que en la anterior ocasión pero sumamente ajustadas para alcanzar una versión de suma jerarquía.

 

  Tras un brevísimo intervalo, el Mtro. De Filippi hizo uso de la palabra para en primer lugar dedicar este concierto a la memoria del Mtro. Guillermo Opitz, figura señera de la música argentina lamentablemente fallecido ese día, enumerar las obras del programa y anunciar que se interpretaría la versión en arreglo no especificado para Orquesta de Cuerdas del Cuarteto “La Muerte y la Doncella” de Franz Peter Schubert, además de efectuar un breve comentario al público de la obra a escucharse. Fue una versión plena de intensidad, con instantes de introspección contrastados con otros de suma enjundia en la que el conjunto fue “hasta el hueso” redondeando la mejor interpretación de las obras ofrecidas en este concierto y que llevó al público a manifestarse con una sonora ovación en retribución al producto recibido.

 

  El balance final nos entregó la presentación de una Orquesta muy bien trabajada, abordando obras que no por conocidas no dejan de ser un verdadero compromiso y la certeza, luego de escucharla en el Auditorio Nacional, de que el país cuenta con un grupo modelo que se supera en cada presentación.

 

Donato Decina

jueves, 20 de junio de 2024

 



Recital del Florilegium Musicum

Fundado en 1981 por la maestra Graciela Plancic, el Florilegium

Musicum es un conjunto de música antigua de extensa trayectoria.

El pasado 15 de junio brindó un recital en un ámbito privado, marco

intimista para una música que, además de su belleza, presenta numerosos

aspectos de interés: por la hermosura de las obras, el significado que tuvieron

en su época, a lo largo del extenso arco que abarcó el recital - desde la baja

edad media al barroco- y por las explicaciones que permitieron guiar su

escucha.

Fueron interpretadas Cinco cantigas de Alfonso X “El Sabio” (1221-

1284), para rave, fídula, arpa, picos y percusión; A l´entrada del temps clar,

anónimo, para picos, cromornos y percusiones; Saltarello, Italia, siglo XII, para

flauta soprano y dos panderetas; Schiarazula Marazula, de Giurgio Mainiero

(1530-1582), para arcos, bordones y cañas; Fantasía para tres flautas, de

Thomas Morley (1557-1602), para dos flautas soprano y flauta alto de pico;

Greenseleeves, para violín barroco, flauta, arpa medieval y cuerdas;

Chaconna The Fairy Queen, de Henry Purcell (1659-1695), para cuerdas,

soplos y continuo; Largo del concierto El Invierno, de Las Cuatro

Estaciones, de Antonio Vivaldi (1678-1741), para violín barroco y tres violas

da gamba; Marcha “para la ceremonia de los turcos” , de Jean Baptiste

Lully (1632-1687); Dos danzas a la diosa de la danza “Terpsichore”:

Süagnoletta y Courante, de Michael Praetorius (1571-1621) y Oy comamos

y bebamos, de Juan del Encina (1468-1529).

Como es posible apreciar, en el programa hay tanto obras muy

conocidas como piezas de extracción religiosa y danzas y ritmos que

acompañaban a la vida cotidiana.

La rica y extensa charla con la maestra Graciela Plancic, luego del

concierto, se refirió –lo mismo que su exposición durante las obras- a la

descripción de los instrumentos, a los dialectos en que las obras eran

cantadas, a su dinámica y al modo en que, originadas en gran parte en una

época marcadamente oral, como la Edad Media, lograron llegar hasta

nosotros. Un capítulo fascinante que también abordo el maestro Horacio Lanci

en sus programas Curiosidades medievales y Carmina Burana, de su serie Un

viaje al interior de la música.

Afinación diferente a la actual, modos antiguos, una textura donde hay

variaciones tanto como líneas lentas y envolventes, el solo hecho de estar ante

ese instrumental es de por sí una experiencia: el arpa medieval, de forma

triangular; las flautas dulces y sus registros; los cromornos, con su arco curvo y

doble lengüeta. El ravé morisco es un instrumento cordófono con arco curvo,

de tres cuerdas, afinado en quintas; la fídula es un antecesor de las violas da

gamba. Pudimos apreciar a las violas da gamba en sus distintos registros, tal

como aparecen en la película Todas las mañanas del mundo y recordar a Mari

Marais, cuando decía que el instrumento podía abarcar todas las gradaciones

de la voz y los sentimientos humanos. La mandora es un instrumento de

cuerda, de cuatro órdenes de cuerdas, dos simples y dos dobles; el violín

barroco, con un arco diferente y sin microafinadores, el teclado afinado con

registro de clave. Una gama de voces muy distintas entre sí.


También la percusión es variada: el tambor de copa, llamado también

debake o tov; las castañuelas, el sistro: tabletas de metal apoyadas sobre una

pequeña caja de resonancia; el aro con sonajas; panderetas; triángulo,

campanita y cascabeles.

No es fácil conseguir tales instrumentos, adquiridos privadamente por los

integrantes del conjunto, alguna vez gracias a los préstamos del Fondo

Nacional de Las Artes. Es posible conseguir algunos en el país y el resto en

Europa –sobre todo en Alemania e Inglaterra- y en Estados Unidos.

Hacer música antigua parece ser una especie de cruzada y de entrega.

La maestra Graciela Plancic y su esposo, el violoncellista Alfredo

Bouvier contaron sus encuentros con Jordi Savall, a quien siguieron en

actuaciones europeas y que invitó a la maestra Plancic a que probara su viola

da gamba, un objeto prácticamente sagrado para ella.

Fue un viaje en el tiempo y también hacia el interior, al rescate de

antiguos sonidos y de la actitud y decisión que lleva a poder producirlos.

La pasión por la Edad Media los llevó al estudio de la gastronomía,

buscando libros de recetas anteriores a la llevada de los españoles a América

–es decir sin papa ni tomate- y también a hacer el vino hipocrás, muy presente

hasta el siglo XVIII, que, elaborado por la propia maestra Graciela Plancic

pudimos degustar: un vino vigorosamente especiado, con las proporciones

justas de ingredientes.

El conjunto Florilegium Musicim está integrado por: Mariela Acuña,

flautas de pico, cromornos y percusión; Nadine Pilcic: flautas de pico,

cromornos; Verónica Giné: fídula, viola da gamba; Alfredo Bouvier, viola da

gamba, laúd. Percusión; Graciela Plancic: flautas de pico, mandora, viola da

gamba y percusión.

Como músicos invitados participaron: Josefina Lyall, violín barroco;

Florencia Olivieri, ravé morisco; Felipe Genovese, contrabajo; Leopoldo

Gaillour, arpa medieval y continuo.

Egresada de la Universidad Nacional de Rosario, la maestra Graciela

Plancic integró el Conjunto Pro-Música de Rosario y participo en giras en el

país, Estados Unidos y Centro y Sud América. Es directora de coros y ha

llevado una extensa actividad en la investigación, que la hizo acreedora al título

“Mérito Académico” y ciudadana ilustre, por sus investigaciones académicas.

Es además una excelente animadora.

La música es siempre un viaje que emprendemos, uno en el cual alguien

nos ensena un camino, algo nuevo y nos brinda una experiencia que es lo que

es a costa del estudio, la dedicación y la entrega.


Eduardo Balestena

 

EN TOTAL ESTADO DE GRACIA

 

Orquesta Sinfónica Nacional, Temporada 2024. Concierto: Director: Carlos Vieu. Programa: Obras de Anatoli Liadov  y Richard Strauss. Auditorio Nacional, 19 de Junio de 2024.

 

  NUESTRA OPINION: MUY BUENO.

 

  Un programa harto interesante, tanto por la complejidad como por la entrega de Director y Dirigidos, fue el que la Orquesta Sinfónica Nacional presentó en el Auditorio Nacional del CCK bajo la batuta de Carlos Vieu. Dos obras que por sus características remiten al post-romanticismo y que hallan en pasajes de suma delicadeza melódica puntos de contacto entre sí, mientras que en la segunda de ellas encontramos una de las mayores expresiones de expansión orquestal de toda la historia. Menudo desafío para todo organismo sinfónico que se precie de ser de calidad.

 

  El concierto se inició con las “Ocho Canciones  Populares Rusas” del Op.58 de Anatoli Liadov, las que en manos de Vieu,  sumada a la versatilidad interpretativa que la Sinfónica Nacional demuestra permanentemente, resultaron un verdadero acierto en su inclusión. Pasajes de notable resolución, fundamentalmente en vientos y cuerda, claro enfoque por parte del Director y respuestas interpretativas de fuste, hacen que esta versión sea muy elogiable.

 

  Hablar de “Una Sinfonía Alpina”, Op.64 de Richard Strauss es decir asumir una empresa de bravura tanto para el Director como para la Orquesta. Un orgánico de arriba de 100 músicos. Inclusión de órgano, máquina de Viento, accesorios poco comunes en percusión (además de Strauss tan solo Mahler y algún otro músico hacen empleo de los cencerros). Veintidós pasajes que se escuchan sin solución de continuidad, banda fuera del escenario, gran cantidad de bronces son algunas de las características de esta gigantesca obra. Carlos Vieu logró transmitir enjundia a un conjunto que sumamente motivado respondió prácticamente a la perfección. Imperfecciones apenas perceptibles no empañan en modo alguno a la esencia de la obra. La interpretación no decayó en ningún momento redondeando una versión dignisima a partir del gran trabajo del Mtro. Vieu y que hace honor a la más rica historia de la Sinfónica Nacional, para que el público con una generosa ovación agradeciera la extraordinaria labor brindada por todos.     

 

Donato Decina

 

REVELACIONES MUSICALES POR UN CONJUNTO EN FRANCO CRECIMIENTO

 

Ensamble Concentus, temporada 2024. Concierto de inicio de sus cuatro presentaciones del corriente año, Director: Ricardo Sciamarella. Solista: Alejandra Malvino (Mezzosoprano). Participación: Néstor Caniglia (Actor). Dramaturgia: Betty Gambartes y Diego Vila. Programa: Obras de Franz Joseph Haydn. Teatro Avenida: 18 de Junio de 2024.

 

NUESTRA OPINION. MUY BUENO.

 

  Tal como lo expresó el Mtro. Ricardo Sciamarella en su visita a Ntro. programa de Streaming el pasado Sábado 15, el Ensamble Concentus efectuó su primera de las cuatro presentaciones pautadas para el presente año en el Teatro Avenida de Buenos Aires. Este primer programa presentado tuvo enfoque en la música de Franz Joseph Haydn a través de dos composiciones de su período final, sumado a una obertura de ópera prácticamente desconocida entre nosotros al igual que de una de sus composiciones de ese mencionado período final. Fueron ellas: La obertura de la Opera “Armida” y la “Scena di Berenice” (Aria de Concierto), mientras que la obra final fue la bien conocida sinfonía Nº 104 “Londres” que le dio el título a este concierto: “Un Vienés en Londres”. Dentro de este título, pudo apreciarse al actor Nestor Caniglia interactuando tanto con la solista vocal, Alejandra Malvino, como con el propio Maestro Sciamarella con textos de Betty Gambartes y Diego Vila. Mientras que en el primer caso encarnó a Demetrio, amor que no le corresponde a la protagonista Berenice, en donde recrearon diferentes textos de amor correspondientes a grandes páginas de conocimiento universal, en el segundo, caracterizado como el compositor,  dialogó en tono de comedia con el Director del conjunto, dando un carácter distendido a la presentación. Gambartes y Vila procuraron así presentar el drama potenciando la actuación posterior de Malvino y en el segundo caso remarcar al compositor ya consumado, del que muchos posteriores tomaron sus obras como referencia, viviendo su mayor momento de gloria.

 

  Resultó un acierto la inclusión de la mencionada Obertura de “Armida”, de la que al carecer de registros me lleva a preguntar si acaso no ha sido el estreno absoluto en la Argentina, más cuando se la rescató después de muchísimo tiempo en 1968 en concierto y la ópera completa en 1981 según la estadística a 2018 del sitio Opera Base. Por su estructura se percibe la habilidad de componer en Haydn  donde va entrelazando los diferentes temas principales que conforman su obra, manteniendo la tensión y dándole un final conciso y contundente.

 

    Alejandra Malvino se reveló como muy buena actriz y entregó una actuación sumamente meritoria en la “Scena di Berenice”, un aria que bien  pudo ser guía para otros compositores como Beethoven y su “Ah Perfido” y para la que Haydn seguramente encontró referencia a Mozart y sus arias de concierto. Música y texto se unen para configurar una fuerte carga dramática y llamativamente el compositor hace hincapié en muchos pasajes en las notas agudas para una voz de Mezzosoprano. Nunca se había tenido oportunidad de escuchar a Malvino en una obra de esa complejidad y sorteó esos pasajes de bravura de modo estupendo sin fisura alguna. Sciamarella y el conjunto brindaron un formidable acompañamiento, por lo que debe tomarse como un todo esta labor, cosa que el público así lo entendió y brindó por ello la merecida primera ovación de la noche.

 

   Escuchar la Sinfonía “Londres” con instrumentos a la usanza de época fue un verdadero deleite y el “Concentus” brindó una versión magnífica tanto por los “tempi” adoptados por Sciamarella, el enfoque, la dinámica y el contagio que le proporcionó a los músicos para que la versión sea una de las más perfectas que este cronista haya escuchado en vivo. Esto se puso de manifiesto en el final, hecho de manera vibrante, lo que llevó al público a pedir un bis, el que con total acierto fue la reiteración de ese último movimiento con el mismo entusiasmo y la misma energía que en la primera ocasión, magnífico broche de oro que invita a que se retorne el 16 de Julio próximo a escuchar el “Requiem” de Mozart en la forma más fiel al original. Experiencia harto recomendable.

 

Donato Decina  

 Impactante inicio del ciclo “ROMÁNTICOS Y REVOLUCIONARIOS” en el Avenida


UNA PROPUESTA DIFERENTE CON IDENTIDAD PROPIA

Martha CORA ELISEHT


El Ensamble CONCENTUS es uno de los mejores grupos especializados en

música de cámara del país y el primero en Sudamérica en realizar historicismo musical.

Una de sus principales características es no sólo ejecutar versiones de compositores

clásicos y románticos con instrumentos de época (corno di basetto, oboe d’amore,

clarinete y trompeta barrocas, timpani), sino también, brindar obras de compositores

prácticamente desconocidos a nivel local o aquellas que se ejecutan en muy raras

ocasiones. Para este año, su director musical y fundador - Ricardo Sciammarella –

decidió redoblar la apuesta y organizar un ciclo de 4 conciertos denominado

“ROMÁNTICOS Y REVOLUCIONARIOS” en el Teatro Avenida de la Ciudad de

Buenos Aires, el primero de los cuales (“UN VIENÉS EN LONDRES”) tuvo lugar el

pasado martes 18 del corriente bajo la dirección musical de su titular con participación

de la mezzosoprano Alejandra Malvino y el actor Néstor Caniglia (demiurgo) para

brindar un programa íntegramente formado por obras de Franz Joseph Haydn (1732-

1809), que se detalla a continuación:

1) Una noche de Mayo…

- Obertura de “ARMIDA”, Hob. XXVIII: 12 (1793)

- Aria de Berenice (mezzosoprano) (1795)

2) Una visita inesperada

- Sinfonía en Re mayor n°12, Hob. I:104 (“Londres”) (1795)


¿Por qué “Un vienés en Londres”?... Debido a la muerte de su mecenas -Nicolas

Esterházy- en 1790, Haydn se había quedado sin trabajo como Kapellmeister, ya que al

sucesor del príncipe no le interesaba la música. Por dicho motivo, aceptó la propuesta

del empresario alemán Johann Peter Salomon para viajar a Londres y poder estrenar sus

sinfonías con una gran orquesta entre 1791 y 1792. Sus conciertos tuvieron una

asistencia masiva, motivo por el cual retornó a Londres entre 1793 a 1795, período al

cual se refiere el presente espectáculo y donde se produce el estreno local de ARMIDA,

considerada por el mismo Haydn como su mejor ópera.

Basada en el relato Jerusalén liberada de Torquato Tasso, fue compuesta y

estrenada en la corte de los Esterházy en 1784 y obtuvo gran popularidad en el Imperio

Austro Húngaro. Posteriormente, desapreció del repertorio operístico y se rescató en

1968 en una versión de concierto en Köln y, posteriormente, en Berna. Su estreno en

Estados Unidos se produjo recién en 1981 y no hay registros de que alguna vez se haya

representado en Argentina. Por lo tanto, podría decirse que se trató de la primera

representación a nivel local. Su obertura – escrita en Si bemol mayor, símbolo del

mundo sarraceno- es una perfecta síntesis argumental en sí misma, llena de colorido y


dramatismo típicos del compositor y representa una conjunción entre lirismo,

sinfonismo y profundidad del relato. La maestría de Haydn respecto de la orquestación

– que, a diferencia de otras obras de época, incluye tambor y platillos- se vio reflejada

en la interpretación del ensamble, logrando una versión vibrante y precisa.

La principal característica de este ciclo es la incorporación de escenas de

dramaturgia a cargo de un actor (demiurgo), que cuenta con la supervisión de una

directora excelsa como Betty Gambartes, secundada por Diego Villa. En este caso,

interpretó a Demetrio previamente a la interpretación del aria de Berenice en la primera

parte, donde Alejandra Malvino brindó una versión magistral. Su amplio dominio del

registro, tesitura y color vocales junto a sus dotes histriónicas lo hicieron posible. La

iluminación de Roberto Traferri resultó muy efectiva para la ilustración de las escenas.

Si bien la participación de Néstor Caniglia como narrador fue muy

enriquecedora en la primera parte – donde interpretó estrofas de LA VIDA ES SUEÑO

de Calderón de la Barca mezcladas con los célebres versos de HAMLET de

Shakespeare-, se lo notó sobreactuado en su interpretación de Haydn previamente al

inicio de la segunda parte (Una visita inesperada), antes de que la orquesta comience a

tocar, lo que resultó algo tedioso para gusto personal de quien escribe. El diálogo entre

compositor y director de orquesta ha sido original, pero una cree que se le podía haber

sacado más el jugo a esta propuesta ofreciendo un argumento más enriquecedor desde el

punto de vista de la composición de la última Sinfonía n°104 en Re mayor “Londres”.

Es la duodécima de las denominadas “sinfonías de Londres” (n°93-104) y,

paradójicamente, la última del compositor. Data de 1795 y su denominación, del siglo

XIX. Consta de 4 movimientos: Adagio- allegro/ Andante/ Menuet- Allegro- Trío/

Finale: Spiritoso, que fueron ejecutados con una precisión y una maestría impecables.

El hecho de usar instrumentos de época hizo que sonara de manera diferente a las

versiones ejecutadas por una orquesta sinfónica moderna, lo que enriqueció la

interpretación. Tanto así fue, que el público presente estalló en aplausos y vítores al

finalizar la misma, motivo por el cual Sciammarella decidió repetir el último

movimiento de la sinfonía en lugar de ofrecer otro bis, el cual sonó aún mejor. El

público aplaudió unánimemente de pie el encore tras su finalización.

Esta propuesta será una constante a lo largo de todo el ciclo cuyo, próximo

concierto tendrá lugar en la misma sala el 16 de Julio. Pese a tener una amplia difusión

y una entrada a valor accesible para los estudiantes de música, no se tradujo en una

notoria afluencia de público. De todas formas, ha sido un excelente debut de ciclo,

lunes, 17 de junio de 2024

 La Sinfónica diversificada….


                                                                                     Por Jaime Torres Gómez

El desarrollo de la nutrida programación de la Sinfónica Nacional se ha

desarrollado, al menos en cuanto a cambios de obras, sin tropiezos.

Cabe destacar la versatilidad programática encabezada por la

tradicional temporada de abono en el Teatro de la Universidad de Chile, y

expandida a otras salas de Santiago como el Teatro Municipal de Las

Condes y últimamente en el emblemático Teatro Oriente, en la comuna

de Providencia, con adecuaciones de los programas al perfil del público-objetivo.

Del Ciclo Grandes Quintas, desarrollado entre marzo y abril en Teatro de la

Universidad de Chile, cabe destacar los dos últimos programas a cargo de Paolo

Bortolameolli, como invitado, y el titular sinfónico, Rodolfo Saglimbeni.   

En el caso de Bortolameolli, consagrado director nacional con activa circulación

internacional, se trató de un esperado retorno a la Sinfónica, luego de varios (y

accidentados…) años de ausencia, revistiendo alta expectación presenciar su

trabajo con la decana orquestal del país, luego de recientes triunfos con

la Novena de Mahler junto a la Filarmónica de Santiago y

la Novena de Beethoven con la Sinfónica Nacional Juvenil. Con un atractivo

programa –conforme al perfil histórico de la Sinfónica, con amplio arco de

repertorio-, contempló obras de Leni Alexander, Xavier Monsalvatge y P.I.

Tchaikovksy.

De completo acierto la inclusión de “Equinoccio”, de la destacada compositora

polaca-germana-chilena Leni Alexander (1926-2005), en el centenario de

su nacimiento, y sin duda figura fundamental en la música de tradición escrita

en Chile. Adscribiendo estéticamente a la atonalidad, serialismo y aleatoriedad,

en Equinoccio se da un continuum de gran riqueza tímbrica y colorística, donde no

necesariamente se reconocen elementos que clarifiquen su relato, convirtiendo tal

misterio, finalmente, en una

fortaleza… Y Bortolameolli, algo distante, se circunscribió a una lectura de

rigor por sobre un mayor auscultamiento del pathos interno, no obstante

una profesional respuesta de los sinfónicos.  

Por distinto carril el resultado en las magníficas Cinco Canciones

Negras del catalán Xavier Monsalvatge (1912-2022), largamente ausentes. Obra

de cautivante enjundia melódica y colorida orquestación,

la versión ofrecida triunfó en idiomatismo, dándose total conexión entre una

empoderada Nancy Gómez (mezzo) y la batuta. Un irredargüible logro…

En la segunda parte, una errática Quinta Sinfonía de Tchaikovsky, en

comparación a la triunfalmente presenciada al mismo Bortolameolli años atrás. En

esta oportunidad, ante una extemporánea ansiedad que no coadyuvó a develar


la inmanencia discursiva -en sí de desgarrador relato-, se tradujo en aleteos sin

tregua contrastante (en lo anímico). Con una adopción de vertiginosas

velocidades (especialmente en el último

movimiento), confundieron arrebato con destemple..., donde, felizmente,

la Sinfónica se mostró dúctil a las indicaciones de la batuta, con buen empaste

sonoro y ajuste grupal.

Y con la Quinta Sinfonía de Gustav Mahler se cerró el Ciclo de Grandes Quintas,

ameritando reeditar otro ciclo numerológico de grandes sinfonías. A cargo del

magnífico titular sinfónico, Rodolfo Saglimbeni, contempló además el Aria de

la Suite N° 3 de J.S. Bach, en orquestación del mismo Mahler, dándose una

interesante organicidad programática.

Gran trabajo de Saglimbeni en sendas obras, obteniendo máxima jerarquía de

los sinfónicos, más plena autoridad en la Quinta mahleriana al hilvanar un discurso

sin tropiezos desde la marcha fúnebre inicial hasta el endemoniado Rondó-

Finale del quinto movimiento. Notables transiciones temáticas a lo largo de esta

compleja (y fragmentada) sinfonía, obteniéndose irreprochable unidad discursiva.

La Sinfónica, en estado de gracia, rindió con máxima calidad, no siendo

hiperbólico relevar esta versión como un genuino “producto de exportación”…

La siguiente presentación, de radical giro y nuevamente a cargo de Saglimbeni,

consideró un atractivo Concierto Familiar denominado “La Magia de la

Orquesta”, contando con la presencia del destacado actor nacional Pablo

Ausensi. Del todo interesante las dos obras especialmente concebidas para fines

educacionales del norteamericano Russell Peck (1945-2009), en la línea de la

famosa “Guía Orquestal para la Juventud”, de Benjamin Britten.

La primera de ellas, “La Emoción de la Orquesta”, presenta lúdicamente los

instrumentos y la forma de tocarlos en el contexto de un orgánico orquestal.

Posterior y complementariamente, “Tocando con Estilo”, otra lúdica narrativa

presentando al director de orquesta como líder en las indicaciones de carácter y

articulación, entre varios, como elementos básicos para introducir cambios de

carácter (ánimo) y estilo. Y como segunda parte, una selección de piezas clásicas

conocidas, incluyendo una pertinente exhibición de música popular a cargo de los

bronces de la Sinfónica, dando cuenta de calibrada versatilidad. Excelente

recepción del transversal público etario.  

Posteriormente, como primera presentación, se retomó el exitoso ciclo en el

Teatro Municipal de Las Condes, abarcando un segmento de público que no

suele asistir a la sede de la Sinfónica. En esta oportunidad se contó con el regreso

del ascendente director nacional Christian Lorca, con exitosas presentaciones

previas con la misma Sinfónica, y ahora con un programa de mayor envergadura

respecto a los anteriores junto a la misma orquesta.

Consultó en la primera parte las “Vísperas Solemnes de un Confesor”, de W.A.

Mozart, luego de muchos años de ausencia local. Obra de buena factura y atípica


dentro de la música religiosa del genio de Salzburgo, contó con excelentes

participaciones solistas de Andrea Betancur (soprano), Fernanda Carter

(contralto), Leonardo Navarro (tenor) y Javier Weibel (barítono), junto a la

Camerata Vocal de la Universidad de Chile. Magníficas indicaciones de

carácter, tempo y dinámicas de parte del maestro invitado.

Seguidamente, con un interesante criterio contrastante, una sólida versión de los

“Cuadros de una Exposición”, de M. Mussorgsky (en la recurrente

orquestación de M. Ravel). Obra bastante ofrecida localmente, incluso en la

misma sala de Las Condes hace dos años con atronador éxito, habría sido

deseable haber programado otra obra conocida de menos habitualidad, como una

forma de ayudar a formar a nuevos públicos. De calibrada interioridad, Lorca

enfrenta la obra no necesariamente privilegiando la rutilancia de la colorida

orquestación raveliana, optando por una mirada contemplativa respecto al relato

interno, validándolo como un director de indiscutida seriedad. Excelente respuesta

global de los sinfónicos.

Y continuando con la itinerancia, después de más de una década, un retorno al

emblemático Teatro Oriente en Providencia, en esta oportunidad inscrito dentro

de las actividades de aniversario de dicha comuna.

Adrede no se asistió… como una forma de exteriorizar la disconformidad al

programa, donde la selección de Grandes Clásicos en nada aportó a una debida

formación de público… En consecuencia, imposible avalar programas sin mayor

organicidad, con extractos inconexos de obras (movimientos aislados de sinfonías,

entre varios desaciertos…), perdiéndose una magnífica oportunidad de retornar al

Oriente con un programa en sintonía a la importante trayectoria de dicho espacio.

Sólo esperar que en futuras presentaciones se revierta tal desacierto…

 




La Impactante presencia del Barítono Will Liverman,  todo un lujo en la estupenda versión del oratotio "Elías" de Mendelsohn. Créditos: Luciana D'Attoma, Dirección Nacional de Elencos Estables.



Mendelssohn en la Sala Sinfónica


Muy buena versión de Elías (Elijah)


Sala Sinfónica (CCK)

Viernes 14 de junio de 2024 

Escribe: Graciela Morgenstern


Oratorio Elías (Elijah), Op. 70, de Félix Mendelssohn-Bartholdy

Libreto tomado de los textos bíblicos del primer Libro de los Reyes.

Elenco: Will Liverman, Juliet Schlefer, Monique Spells, Tyrese Byrd

The Washington Chorus

University of Michigan Chamber Choir

Coro Nacional de Niños (Directora: María Isabel Sanz)

Orquesta Sinfónica Juvenil Nacional Libertador San Martín

Dirección musical: Eugene Rogers


Elías, el último gran oratorio compuesto por Félix Mendelssohn-Bartholdy, se ofreció en

la Sala Sinfónica, en una muy buena versión.

Se trata de una obra monumental, tal vez uno de los más hermosos oratorios escritos

durante el siglo XIX. Compuesto en 1846 con libreto de Karl Klingemann para

el Birmingham Festival, es una obra muy interesante a nivel musicológico y estético. La

elección de la figura del profeta Elías no es arbitraria, pues tiene una connotación

claramente romántica. Tal como dice Marina Hervás Muñoz, "la maestría de Mendelssohn

se revela en su tratamiento barroco del relato, lo cual nos permitiría reflexionar sobre las

vinculaciones temáticas y expresivas que podrían trazarse entre el barroco y el

romanticismo. No se trata solamente del interés del músico alemán por autores como

Bach y Händel, cuya influencia es patente a lo largo de toda la obra, sino también de su

comprensión de la historia de la música como capítulos no aislados que él supo poner en

movimiento y diálogo"

La versión del pasado viernes 14 de junio, presentó al barítono Will Liverman, debutante

en nuestro medio, en el papel protagónico. Liverman, cantante en franco ascenso en

escenarios de Estados Unidos, incluyendo el Metropolitan Opera House y The Lyric Opera

of Chicago, ha sido merecedor de varios premios, por su versatilidad que le permite


abordar obras de diferentes géneros y estilos. Con voz sonora y emotiva expresión,

conquistó los aplausos del público por su rotundez vocal, buena técnica y expresividad.

Otro acierto fue la actuación de la soprano Juliet Schlefer, quien exhibió bello color vocal y

buen legato. Realizó una labor muy meritoria, de bella y cuidada factura.

Su contraparte, Monique Spells, pareció más apta para el godspell que para este oratorio,

en el que realizó una discreta actuación.

De la misma manera, el tenor Tyrese Byrd posee un material vocal sin armónicos, vibrato

excesivo por momentos, zona aguda que se destimbra, por lo que su contribución a la

obra fue  insuficiente.

Magnífica en cambio, fue la labor de los Coros que abordaron admirablemente sus partes,

de importante peso dramático. La gran masa coral integrada por el numeroso The

Washington Chorus, con más de cien integrantes, sumado al Michigan University

Chamber Choir, con sus cuarenta y siete coreutas, quienes brindaron momentos de

verdadera imponencia vocal que se entrelazó, en algunas escenas, con la prístina

sonoridad del Coro Nacional de Niños, quienes cumplieron una meritoria labor, al igual

que su integrante solista.

Un trabajo de excelencia realizó también la Orquesta Sinfónica Juvenil Nacional

Libertador San Martín, bajo la magnífica conducción de Eugene Rogers, sobresaliente

concertador, con una dirección intensa y expresiva, muy atento siempre a buscar colores

y a la construcción dramática del oratorio.

Las actuaciones contribuyeron a un resultado notable que dio testimonio de esta obra

magna de Mendelssohn que resultó muy bien interpretada, para deleite del público.


CALIFICACIÓN: MUY BUENA

domingo, 16 de junio de 2024

 Anoche, viernes 14/6, se pudo presenciar en el Auditorio Nacional del CCK una gran obra de F. Mendelssohn, Elias op.70, poco difundida en nuestro medio.

Ni El sueño de Geroncio de Elgar ni La Infancia de Cristo de Berlioz ni Redencion de Frank pueden disputarle, pese a sus respectivos méritos el mote de "oratorio romántico modelo" a esta obra.En su introducción y sus cuarenta dos números tomados de la narración bíblica y dispuestos a modo de recitativos, arias, dúos y pasajes corales se pudo escuchar al The Washington Chorus y el Coro de Cámara de la Universidad de Michigan junto a La Sinfónica Juvenil J.de San Martín y el Coro Nacional de Niños, con dirección de Mario Benzecry y María Isabel Sanz con la dirección general del M°Eugene Rogers. Como solistas cabe mencionar a Will Liverman (baritono),Juliet Schelefer( mezzo) Monique Spells (soprano) y Tyrese Byrd(tenor)
Gran mención al M° Liverman, que escenificó y cantó magníficamente el personaje de Elías
La estética arcaizante,que sin embargo posee suficientes toques de modernidad como para encontrar razonable y atractivamente ambiguo su aporte a la causa del Romanticismo, fue reflejada en la performance de este enorme conjunto muy bien guiado por la batuta del M° Rogers.La atmósfera religiosa realzada por pasajes en el estilo y espíritu del antiguo coral luterano fue reflejada en todo el transcurso de la función, que finalizando fue ampliamente aplaudida por el público presente en la sala.

                                                                                                        Marta Lugo de Palacio

 Excelente interpretación del oratorio “ELÍAS” de Mendelssohn en el CCK


UNA PROFECÍA PERFECTAMENTE CUMPLIDA


Martha CORA ELISEHT


Uno de los profetas más representativos del Antiguo Testamento es Elías, cuya

historia forma parte del Libro de los Reyes. Bajo el reinado de Ajab, Elías erradicó la

idolatría del culto de Baal en Israel mediante una sucesión de hechos: la resurrección de

un niño ofrecido como víctima por los paganos; el sacrificio del Carmelo, donde Yahvé

convierte un sacrificio ofrecido en una columna de fuego, mientras una frenética

secuencia de plegarias ofrecidas por los sacerdotes de Baal fracasa; la invocación a la

lluvia por parte de Elías luego de una sequía prolongada para castigar la infidelidad de

Israel; la persecución del profeta por la reina Jezabel, su retiro al desierto, su visión de

Dios, su regreso a su trabajo y la ascensión mediante un carro de fuego al cielo. Esto

motivó a Félix Mendelssohn- Bartholdy (1809-1847) a componer un oratorio sobre este

personaje bíblico.

Tras muchos años de ausencia de los escenarios porteños, ELÍAS se representó

en el Auditorio Nacional del Centro Cultural Kirchner el pasado jueves 13 y viernes 14

del corriente con los siguientes intérpretes: la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil

“Libertador Gral. San Martín”, The Washington Chorus, The University of Michigan

Chamber Choir, bajo la dirección de Eugene Rogers; el Coro Nacional de Niños,

dirigido por María Isabel Sanz y la presencia de los siguientes solistas: Will Liverman

(barítono), Juliet Schlefer (soprano), Monique Spells (mezzosoprano) y Tyrese Byrd

(tenor).

Nacido en el seno de una familia judía y convertido posteriormente al

protestantismo, Mendelssohn era un profundo admirador de la obra religiosa de Bach y

de hecho, no sólo se convirtió en un férreo difusor de su obra, sino que también

organizó la primera representación de La Pasión según San Mateo en 1829. También

era admirador de Händel y preparó una edición de oratorios de este último compositor,

los cuales, a su vez, le sirvieron para componer su primer oratorio: Paulus (1836), con

textos elegidos por el pastor protestante alemán Julius Schubring. En 1845, el Festival

de Birmingham le pidió a Mendelssohn que compusiera un oratorio por encargo.

Originalmente, le solicitó el texto a Karl Klingemann sobre la figura del profeta Elías,

pero no fue capaz de terminarlo. Por lo tanto y, en colaboración con Schubring, lo

compuso con texto en alemán y luego, lo fue adaptando a la traducción inglesa realizada

por William Bartholomew. Esta versión fue la que se estrenó en 1846 y la que se

representó en el CCK. No fue hasta después de la muerte del compositor que se estrenó

la versión original en alemán en 1848 en Leipzig, bajo la dirección de Niels Gade. En

ambos casos, obtuvo un suceso rotundo desde su estreno y se representó con frecuencia

en los principales escenarios del mundo.

La obra se divide en dos partes (20 números en la primera y 22, en la segunda),

con una introducción a cargo de Elías y luego, se interpreta la obertura. El protagonista


está representado por el barítono, mientras que la soprano canta la viuda, el joven y el

segundo ángel; la mezzosoprano, el primer ángel y la reina Jezabel, mientras que el

tenor interpreta a Abdías y Ajab. Se alternan pasajes con recitativo y voces solistas

como con recitativo y coro, para lograr escenas de mayor dramatismo.

Eugene Rogers demostró ser un director sinfónico- coral de primer nivel. Es el

actual director del Washington Chorus, que sonó muy compacto, con una perfecta

selección de las voces y en compaginación con el University of Michigan Chamber

Choir. Ambos coros sonaron de manera celestial en los cánones a 4 voces que cierran

cada una de las dos partes del oratorio. Por su parte, el Coro Nacional de Niños también

tuvo una destacadísima actuación de la mano de María Isabel Sanz, sonando de manera

angelical en su intervención en la 2° parte. Una de sus integrantes actuó como el joven

en el penúltimo número de la 1° parte y tuvo un correctísimo desempeño vocal. Una

pena que quien escribe no supo su nombre, porque merece ser destacada.

La orquesta sonó magnífica merced a la excelente preparación y trabajo de su

titular -Mario Benzecry- y demostró estar a la altura del director y los principales

intérpretes, con un perfecto dominio de tempi y un sonido excelso. Asimismo, contó con

un intérprete de los quilates de Sebastián Aschenbach a cargo del órgano Kreis.

En cuanto a las voces solistas, el barítono Will Liverman fue el mejor desde todo

punto de vista. Independientemente de poseer una voz clara, redonda, contundente, con

brillo, squillo y esmalte, su legato y línea de canto fueron impecables, lo que le

permitieron ejercer sin dificultad el rol protagónico. La soprano Juliet Schlefer también

posee una bellísima voz con buenos matices, coloratura y muy buena línea de canto y se

destacó en cada una de sus intervenciones; principalmente, al inicio de la 2° parte

(Escucha, Israel). La mezzosoprano afroamericana Monique Spells posee una voz con

buen color tonal y matices dramáticos -característico de las voces afroamericanas- y

tuvo un mayor crecimiento en el aria de la reina Jezabel. Si bien el tenor Tyrese Byrd

posee una voz clara, fue el que menos se destacó del cuarteto de solistas. El Auditorio

Nacional estalló en aplausos y vítores tras tan sublime interpretación.

Cuando se escucha una versión tan perfecta y sublime de esta magnífica obra, es

muy difícil encontrar las palabras justas y necesarias para dar un cierre a la crónica. En

este caso, puede decirse que la profecía se cumplió a la perfección.

 

Excelente reposición de “AÍDA” en el Teatro Argentino de La Plata

 

EL ENCANTO DEL ANTIGUO EGIPTO, SIEMPRE VIGENTE

Martha CORA ELISEHT

 

            Siempre surgen ideas creativas en los momentos de crisis y, en particular, en los de crisis económicas, donde el ingenio aflora para ofrecer espectáculos de buena calidad con un presupuesto escaso. Y en caso de que se decida no arriesgar, siempre está vigente el recurso de utilizar una producción realizada en años anteriores, que ha sido exitosa. En el caso del Teatro Argentino de La Plata, las autoridades del Centro Provincial de las Artes decidieron colocar nuevamente en cartel AÍDA, de Giuseppe Verdi (1813-1901), que se representará entre los días 7 al 16 del corriente en la Sala Alberto Ginastera de dicho coliseo, con puesta en escena de María Concepción Perre y María de la Paz Perre; escenografía de María José Besozzi; iluminación de Gabriel Lorenti; diseño audiovisual de Hernán Arreseygor; asistencia de dirección escénica de Lucía Portela;  vestuario de Stella Maris Müller, coreografía de María Colusi  y la participación de los siguientes maestros internos: Diego Censabella, Cecilia Prieto, Lucía Zapata, Emilio Rajmilchuk y Eduviges Picone. La dirección musical estuvo a cargo de Carlos Vieu al frente de la Orquesta Estable del Teatro, y de Santiago Cano, al frente del Coro Estable.

            Quien escribe tuvo la oportunidad de asistir a la función del pasado domingo 9 del corriente, con el siguiente reparto: Monserrat Maldonado (Aída), Enrique Folger (Radamés), Guadalupe Barrientos (Amneris), Fabián Veloz (Amonasro), Juan Barrile (Ramfis), Oreste Chlopecki (Faraón), Arnaldo Quiroga (Mensajero) y Rocío Giordano (Sacerdotisa). Las danzas del 1° y 2° acto estuvieron a cargo de integrantes del Ballet Estable del Centro Provincial de las Artes y contó con un importante cuerpo de figurantes para las escenas de conjunto bajo la coordinación de Vanesa Tempone.

El gobernador (jedive) Ismail Pashá decidió mostrar a Egipto ante los ojos del mundo como escenario de la mayor obra de ingeniería construida hasta ese momento: el canal de Suez. Para ello, tuvo la idea de construir un teatro de ópera en El Cairo con motivo de emular a las principales capitales europeas, motivo por el cual se contrató a dos arquitectos italianos -Avoscani y Rossi-, quienes la construyeron en tan sólo 6 meses durante 1869. Para inaugurar su fastuosa obra, el jedive le encargó a Verdi que escribiera una obra inspirada en la gloria del antiguo Egipto. Ante el rechazo de componer obras por encargo, Ismail Pashá no se dio por vencido, sino que decidió redoblar la apuesta: se reunió con el egiptólogo francés Auguste Mariette para que lo ayudara a escribir el argumento. Como este último carecía de experiencia en el tema, se reunió con el escritor Camille Du Locle, quien había colaborado con Verdi en el libreto inicial de Don Carlo en 1867. Al reevaluar la propuesta, Verdi se dio cuenta que era un trabajo realizado por gente de prestigio y le solicitó a Antonio Ghislanzoni que compusiera los versos en base al argumento ofrecido por la dupla Mariette/ Du Locle.  Si bien el jedive quería a toda costa que Verdi estrenara su obra maestra en El Cairo en tiempo y en forma, no fue posible por varios motivos. En primer lugar, el estallido de la guerra franco- prusiana impidió que la escenografía, los decorados y el vestuario hechos en París pudieran llegar a tiempo. En segundo lugar, bien son conocidos los contratiempos que tuvo Verdi en cuanto a la elección del director de orquesta y los cantantes. Por lo tanto, la Khedival Opera House no abrió sus puertas en 1869 con AÍDA, sino con otro gran título verdiano: RIGOLETTO. De esta manera, se transformó en el primer teatro de ópera del continente africano, donde finalmente, allí se produjo el estreno mundial de AÍDA en 1871 con dirección musical de Giovani Bottessini, que gozó de gran éxito y popularidad desde su primera representación.  Posteriormente, se produjo la segunda representación en la Scala de Milán en 1872 con la presencia del compositor y fue todo un suceso, difundiéndose rápidamente en los principales teatros líricos del mundo.

La producción fue íntegramente realizada en los talleres del Teatro Argentino, caracterizada por una escenografía compuesta por columnas egipcias y una escalinata, donde se desarrollaron todas las escenas. Los cambios de escena se realizaron mediante un telón con motivos de jeroglíficos y una muy buena iluminación. Se utilizó proyección de video para simular las aguas del Nilo en el 3° Acto y en las escenas del 4° acto. La lápida subterránea donde Radamés encontrará la muerte en compañía de la protagonista se ambientó usando un marco vertical y un muy buen efecto de iluminación.  El vestuario fue íntegramente de época, respetando la concepción original de la obra y la caracterización de los personajes.

La preparación del Coro Estable a cargo de Santiago Cano fue impecable, con un rol preponderante en las escenas que requieren su intervención y actuando como un protagonista más. Y la ventaja de poseer un director especializado en lírica de los quilates de Carlos Vieu hizo que la orquesta sonara brillante: sobre todo, en la célebre Marcha Triunfal del 2° acto, donde las trompetas fuera de escena sonaron perfectas. Más allá de algún error en las notas de las trompetas provenientes del foso, fue magistral desde todo punto de vista. Hubo un cambio en la coreografía de las danzas en el 2° acto, donde los integrantes del Ballet Estable demostraron un excelente trabajo de coordinación y disciplina.

En cuanto a los roles protagónicos, Monserrat Maldonado fue una Aída con mayúsculas. Su caudalosa voz, rica en brillo, matices y esmalte le permitieron encarnar con creces a la doliente princesa etíope devenida en esclava en sus principales arias (“Ritorna, vincitor” y “O Patria mía”), siendo sumamente aplaudida luego de cada una de sus intervenciones. Independientemente del physique du rôle, Enrique Folger posee una voz potente, caudalosa y una impecable línea de canto para componer un rol como Radamés desde la celebérrima “Celeste Aída” del 1° acto hasta el dúo con Aída en el 3° acto (Aria del Nilo) y con Amneris en el 4°. La voz de Guadalupe Barrientos se encuentra en un proceso de transformación y se ha tornado mucho más dramática, lo que le permitió cantar sin dificultad un rol tan exigente y complejo como el de Amneris.  Por su parte, Fabián Veloz brindó un excelente Amonasro merced a su legato y su línea de canto. Una pudo apreciarlo por primera vez en este rol, ideal para un barítono lírico. No sucedió lo mismo con Juan Barrile como Ramfis, donde se lo pudo apreciar con algunas dificultades en la emisión. En cuanto a los roles secundarios, tanto Rocío Giordano como la Sacerdotisa y Arnaldo Quiroga como el Mensajero se lucieron en sus breves intervenciones, al igual que Orestes Chlopecki como el Faraón.

 Impresionante concierto a cargo del Trío del Este en el Salón Dorado del Colón


INNOVACIÓN DEL REPERTORIO= ÉXITO ASEGURADO

Martha CORA ELISEHT


Desde su fundación en 2019 y su debut en el Salón Dorado del Colón en 2023, el

Trío del Este se ha presentado en numerosas salas de conciertos en el ámbito del área

metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y no para de cosechar éxitos. La prestigiosa

agrupación integrada por Sebastián Masci (violín), Alicia Belleville (piano) y Matías

Tchicourel (clarinete) ha sido nominada al premio otorgado por la Asociación de

Críticos Musicales de la Argentina (ACMA) como “Mejor grupo de Cámara argentino

2023”, donde integró la terna correspondiente junto con Estación Buenos Aires y el

Ensamble Concentus. Si bien no lo ganó, quien sí lo hizo fue la maestra Alicia

Belleville por su trayectoria como docente y se perfila como uno de los mejores

conjuntos del género. El trío fue nuevamente convocado para actuar en el Ciclo de

Cámara del Salón Dorado del Teatro Colón el pasado viernes 14 del corriente, donde se

interpretaron las siguientes obras:

- Suite para violín, clarinete y piano, Op.157b- Darius MILHAUD (1892-1974)

- “Metáforas urbanas”- Aldo MOSCOSO (1942)

- Amanecer cromático

- Voces impetuosas

- Ciudad sin tiempo

- Nocturno azul

- Ecos recurrentes

- “Café Music” (arreglo para violín, piano y clarinete bajo de Matías Tchicourel)-

(estreno argentino) Paul SCHOENFIELD (1947- 2024)

En 1936, el dramaturgo francés Jean Anouilh encargó a Darius Milhaud la

composición de la música incidental para su obra Le Voyageur sans bagage (“El Viajero

sin equipaje”), que lleva el Op.157 y se estrenó al año siguiente en París.

Posteriormente, el músico francés crea dos suites con el mismo número de opus (157b

para violín, clarinete y piano y 157c para violín, alto y piano), donde se pueden apreciar

las numerosas influencias de la música brasileña. Milhaud se desempeñó como

secretario del embajador francés en Brasil -el poeta Paul Claudel- entre 1916 y 1918 y

allí compone su célebre Scaramouche, la suite para saxofón y Saudades do Brasil

mucho antes de regresar a París para integrar el denominado Grupo de los Seis. La suite

Op.157b consta de 4 movimientos: Obertura, Divertissement, Jeu e Introduction et

final, donde se puede apreciar la influencia de la música brasileña anteriormente

mencionada más elementos del impresionismo francés. Mientras que la obertura es

alegre y jovial, el divertissement se inicia con un dúo entre violín y clarinete que posee

reminiscencias de la sinfonía “Pastoral” de Beethoven, donde se acopla posteriormente

el piano para entablar diálogo entre los tres instrumentos. El Jeu (juego) se inicia con

una melodía chispeante y vivaz a cargo del violín y el clarinete, seguida por otra a cargo

del piano, de carácter más bucólico. El último movimiento posee dos partes: la


introducción (más lenta, a cargo de los tres instrumentos) y otra melodía mucho más

vivaz, donde cada uno de los instrumentos efectúa una variación, mientras que el otro

marca el ritmo. La actuación de los intérpretes ha sido excelente, ya que pudieron

lucirse tanto en forma individual como en conjunto.

Independientemente de haber sido un histórico integrante de la Orquesta Estable del

Teatro Colón, Aldo Moscoso es un gran clarinetista y compositor. Metáforas Urbanas

data del año 2000 y son 5 miniaturas (Amanecer cromático, Voces impetuosas, Ciudad

sin tiempo, Nocturno azul y Ecos recurrentes) que ilustran diferentes texturas de una

gran ciudad como Buenos Aires. Posee elementos de atonalidad, politonalidad y

cromatismo en diferentes ritmos como el tango y la milonga, muy bien combinados

entre sí para que todos y cada uno de los instrumentos se puedan lucir. Los integrantes

del Trío del Este tuvieron intervenciones muy destacadas -sobre todo, los glissandi a

cargo del piano en Ciudad sin tiempo y los solos de cada instrumento en Nocturno azul

para cerrar con un excelente glissando del clarinete en Ecos recurrentes-. La obra fue

muy bien recibida y se aplaudió al compositor, quien se encontraba presente entre el

público y salió a saludar junto a los músicos tras su interpretación.

Nacido en Detroit en 1947, Paul Schoenfield ha sido un notable pianista y

compositor de numerosas obras de cámara, jazz, sinfónico- corales y dos óperas:

Devorah (1998) y The Merchant and the Pauper (1999). De toda su producción de

música de cámara, su obra más conocida es Café Music, compuesta originalmente para

violín, violoncello y piano en 1986 por encargo de la Saint Paul Chamber Orchestra. Su

estreno se produjo en 1987 con la presencia del compositor al piano, junto al cellista

Joshua Koestenbaum y Leslie Shank en violín. En este caso, se realizó una transcripción

para clarinete bajo de Matías Tchicourel y se representó en calidad de estreno local.

Consta de tres movimientos: Allegro/ Rubato. Andante moderato/ Presto, escritos en

ritmo de ragtime, blues y jazz respectivamente, donde la combinación de estos tres

instrumentos resultó perfecta. El clarinete bajo aportó un enfoque mucho más jazzístico,

el piano se destacó en la síncopa y el violín aportó la melodía principal en el Allegro,

donde, posteriormente, cada instrumento realizó su respectiva variación e improvisación

sobre el tema. En el 2° movimiento (Rubato. Andante moderato), el tema inicial en blue

a cargo del piano sonó magistral, seguido por el violín y clarón, con un perfecto

sostenuto en las notas agudas por parte de Sebastián Masci. El presto final se inicia con

los tres instrumentos al unísono hasta que el clarón introduce el tema principal en una

sucesión de escalas ascendentes y descendentes en síncopa, seguido por el violín y el

piano. El sonido alcanzado por el trío fue excelente y el Salón Dorado estalló en

aplausos tras la interpretación de esta magnífica obra. Cuando ya se creía que el

concierto había terminado, los músicos regresaron para realizar un bis que podría

tildarse de antológico: una transcripción para violín, piano y clarinete bajo de Verano

Porteño de Astor Piazzolla, que sonó magistral.

A diferencia de los axiomas utilizados en medicina: “…donde no existen las

ecuaciones matemáticas”, en música sucede exactamente lo contrario. En el caso

particular del Trío del Este, el título de esta nota representa una perfecta ecuación,

donde la innovación del repertorio equivale a un éxito asegurado.

martes, 4 de junio de 2024

 


Boris Brovtsyn, María Meerovitch y Serguei Nakariakov desplegando sus talentos en el Escenario del Teatro Colón.  Fotografía gentileza del Mozarteum Argentino, Créditos de la Sra. Liliana Morsia.


MUY BUENOS INTERPRETES EN UN PROGRAMA INFRECUENTE

 

Mozarteum Argentino, temporada 2024. Presentación de: Serguei Nakariakov (Fliscorno), María Meerovitch (Piano) y Boris Brovtsyn (Violín). Programa: Obras de Schumann y Brahms

 

NUESTRA OPINION: MUY BUENO.

 

  Si en algo se destacan los ciclos del Mozarteum Argentino es que siempre en sus abonos anuales encontramos intérpretes de rotunda calidad y en alguna de sus fechas una programación innovadora. Pues bien, estas dos cualidades se han encontrado en este concierto en el que intervinieron Serguei Nakariakov, uno de los más importantes trompetistas del mundo, esta vez interviniendo con un fliscorno (más conocido por su nombre en alemán: Flügelhorn), a quien acompañaron María Meerovitch en piano y Boris Brovtsyn en violín para llevar adelante un programa inteligente en la elección de los autores ya que a través de ellos se pudo establecer una perfecta cronología en cuanto a composición y estilo . Fueron: Robert Schumann y Johannes Brahms. El repertorio ofrecido abordó dos composiciones del primero y una del segundo en transcripciones efectuadas por los propios Nakariakov y Meerovitch y una de cada compositor en su versión original.

 

  En el comienzo, ante un respetuoso público que se mantuvo en un contenido silencio, Nakariakov y Meerovitch ofrecieron su  transcripción para Fliscorno y Piano de las tres romanzas que en el original están escritas para Oboe y Piano y que componen el Op. 94 de Robert Schumann. Compuestas en 1849, su estreno ocurrió al año siguiente ya con una transcripción para Violín y Piano que paradójicamente fue la combinación con la que se hicieron conocidas en esa época. Teniendo en cuenta que alrededor de la época de composición de este trabajo Schumann compuso también nada menos que seis ciclos de obras vocales denominados “Romanzas” , las que claramente tienen inspiración lírico-musical abrevando en el término originario del medioevo que le da este nombre,  para que estas tres páginas instrumentales sea correlato de las seis obras anteriores. En la primera de ellas, pareció que los interpretes se acomodaban paulatinamente y que en algunas oportunidades el Fliscorno se imponía por sobre la melodía del piano. Sin embargo, en las dos siguientes comenzó a percibirse una amalgama sonora que paulatinamente permitió apreciar el largo y pleno entendimiento entre dos excepcionales intérpretes quienes desde hace dos décadas trabajan juntos. Nakariakov sabe dosificar el sonido y Meerovitch lo complementa con una intervención pulcra y plena de color. Tras los cerrados aplausos y sin abandonar el escenario, ambos instrumentistas acometieron  su transcripción del “Adagio y Allegro” en original para Corno y Piano que lleva el Op.70 del mismo Schumann. Aquí si encontramos una total amalgama a lo largo de la obra, con instantes de altísimo vuelo y absoluto refinamiento. El hecho que la sonoridad del Fliscorno es cercana a la del Corno Francés hace que se perciba con mucha mayor naturalidad esta transcripción y que el público la recibiera con mayor entusiasmo.

 

  Meerovitch tuvo su momento de lucimiento individual con una muy buena versión de la “Arabeske” en Do mayor Op.18, en la que demostró ser una “Schumaniana” de fuste con tempi preciso, ganándose la ovación del público.

 

 Para cerrar la primera parte, se tuvo un primer contacto con Brahms a través de la Sonata para Violín y Piano Nº 2 en La mayor, Op. 100. Una obra de altísimo vuelo  con un “Allegro Amabile” inicial de extenso e intenso desarrollo. Un “Andante central” de altísimo vuelo y un “Allegretto Grazioso” de vivaz desarrollo en el cierre. Boris Brovtsyn es un intérprete de sonido transparente y sumamente refinado. Logra pasajes de exquisita belleza con las notas que emana desde su instrumento. Claramente se lo percibió  en el andante central en donde el acople con Meerovitch en el tratamiento de conjunto más el entendimiento reinante entre ambos fue absoluto, logrando a mi entender el momento más alto de la noche y en el cierre de esta composición, demostraron que se puede enfocar de manera sutil y sin caer en excesos una composición lograda y de exquisita factura.

 

  En la parte final, los tres intérpretes se unieron para  brindar la transcripción para Fliscorno, Violín y Piano  del Trío en Mi bemol, Op. 40 del original que es para Corno en lugar del aerófono primeramente mencionado. Una composición que conocí a través de Alberto Lysy en sus legendarios festivales estivales en San Carlos de Bariloche y en esa ocasión junto a Charlotte Salto en Piano y a Nuri Guarnaschelli en Corno.  A lo largo de los cuatro movimientos, los intérpretes tuvieron absoluta cohesión entre ellos, Nakariakov desplegando lo mejor en la noche, Meerovitch como un verdadero sostén de la formación y Brovtsyn con un bellísimo sonido al que se lo percibió con un caudal sumamente ajustado al resto del conjunto. La labor fue saludada sostenidamente por el público que llamó a los músicos tres veces a escena. Sin embargo, llamó la atención que no tuvieran preparado un “bis”, por lo que saludaron a modo de despedida y abandonaron el escenario. El público continuó por un breve instante más el aplauso pero pareció aceptar la decisión. Tal vez ya estaba todo dicho.

 

Donato Decina

lunes, 3 de junio de 2024

 Impactante desempeño de Emmanuel Siffert junto a la Sinfónica Nacional en el CCK


CON PRECISIÓN MATEMÁTICA Y VALOR AGREGADO

Martha CORA ELISEHT


Además de ser un eximio director de orquesta, el suizo Emmanuel Siffert es un

asiduo visitante de la Argentina y un colaborador permanente de las orquestas locales.

Ha dirigido más de una docena de producciones de ballet en el Teatro Colón y en

numerosas oportunidades, a la Orquesta Sinfónica Nacional y a la Sinfónica de San

Juan, de la cual fue director titular. Asimismo, es invitado permanente del Instituto

Superior de Arte del Teatro Colón (repertorio de canto de ópera) y de la Universidad

Católica de Buenos Aires (clase de Dirección Orquestal). Sus interpretaciones son de

excelente calidad y lo demuestra cada vez que se presenta sobre los escenarios de las

salas de conciertos más importantes del país. La última tuvo lugar el pasado viernes 31

de Mayo en la Sala Sinfónica del Centro Cultural Kirchner junto a la Orquesta

Sinfónica Nacional, con la presencia de los siguientes solistas: Lucía Luque (violín) y

Hermann Schreiner (violoncello) para abordar el siguiente programa:

- Obertura “La Novia de Messina”, Op.100- Robert SCHUMANN (1810-1856)

- Doble concierto para violín, violoncello y orquesta en La menor, Op.102-

Johannes BRAHMS (1833-1897)

- Sinfonía n°6 en Do mayor, D. 589 (“Pequeña”)- Franz SCHUBERT (1797-

1828)

Con un orgánico importante y prácticamente completo, Emmanuel Siffert hizo su

presentación sobre el escenario del Auditorio Nacional para interpretar la mencionada

obertura de Schumann, que lleva el Op. 100 de la extensa producción del músico

alemán. Escrita en la tonalidad de Do menor entre 1850 y 1851, es una pieza de gran

belleza tonal e instrumental, característica del estilo romántico. No es una obra que se

incluya habitualmente en los programas de conciertos -de hecho, era la primera vez que

una tomó contacto con la misma- y la interpretación de Siffert gozó de un valor

agregado: el grado de expresividad alcanzado por la orquesta. Como se diría

vulgarmente, la hizo cantar.

El Doble concierto para violín, violoncello y orquesta en La menor, Op.102 es la

última obra orquestal compuesta por Brahms en 1887 durante su estancia de verano en

Thun como gesto de reconciliación hacia su amigo -el violinista Joseph Joachim- tras la

separación de su esposa. También lo dedicó al violoncelista Robert Hausmann, quien le

había solicitado componer piezas para dicho instrumento. Ambos músicos lo estrenaron

en 1887 junto a la Orquesta Gürzenich de Köln, con la presencia del compositor en el

podio. Sus tres movimientos (Allegro/ Andante/ Vivace non troppo) poseen las

características típicas de la producción brahmsiana: solemne, romántico y marcial. Tras

el tutti inicial de 4 compases que abre el 1° movimiento, el violoncello prosigue con una

cadencia que, posteriormente, es tomada por el violín y cuyo desarrollo está a cargo de

los solistas. En el Andante central en Re mayor, los instrumentos solistas interpretan en


octavas paralelas el tema principal, tras las dos cuartas introducidas por las maderas y

las trompetas para desembocar en el vibrante Vivace non troppo, donde el cello

introduce el tema principal, caracterizado por ser inquieto, danzante, a la usanza gitana,

que es retomado posteriormente por el violín hasta la introducción de la orquesta, que

cierra con una coda en La mayor tras su desarrollo. En la presente versión, la Sinfónica

Nacional sonó magnífica, con una perfecta marcación de tempi por parte del director y

lucimiento de los solistas de las diferentes secciones de instrumentos. El desempeño de

Hermann Schreiner fue excelente, completamente compenetrado con la obra, logrando

un sonido profundo. No puede decirse lo mismo de Lucía Luque, donde faltó vuelo en

la interpretación y “canto” en el violín. Sin embargo, los solistas tuvieron su revancha

en el bis: el consabido Dúo para violín y violoncello de Zoltan Kódaly, que sonó mucho

mejor y se retiraron sumamente aplaudidos.

La Sinfonía n°6 en Do mayor, D.589 (Kleine C-dur en alemán, o Pequeña sinfonía

en Do mayor para diferenciarla de la Gran sinfonía en la misma tonalidad, D.944) fue

compuesta por Schubert en 1817, pero recién se completó en 1826. Al igual que con

tantas de sus obras, Schubert no pudo gozar su éxito en vida, ya que falleció antes de su

estreno -ocurrido en Viena en 1828-. Recién fue publicada en 1884 por Breitkopf &

Härtel tras la recopilación de sus obras por Johannes Brahms. Posee 4 movimientos:

Adagio-Allegro en Do mayor (el adagio en ¾ y el allegro, en 4/4), Andante en Fa mayor

(2/4), Scherzo. Presto- Trío. Piú lento (Do mayor, ¾) y Allegro moderato en Do mayor

(2/4), cuya interpretación debe sonar muy precisa, pero a la vez, romántica. Esto fue lo

que se logró merced a la impecable labor de Siffert al frente de la Sinfónica Nacional y

a todos sus integrantes, que lo hicieron posible. Una versión magistral, exquisita y con

un toque auténticamente vienés.

El hecho de contar con un director de primera categoría es algo que le hace muy

bien a cualquier orquesta. En el caso particular de la Sinfónica Nacional, es un romance

que ya lleva muchos años y posee un valor agregado: la correspondencia perfecta entre

músicos y director, que hace que todo suene maravillosamente bien.