La gran Midori ovacionada por el público asistente al Concierto de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires en el Teatro Colón. Fotografía estupenda de Juanjo Bruzza enviada por Prensa del Teatro Colón.
LA VIGENCIA DE
MIDORI
Teatro
Colón, Temporada 2026. Concierto de Abono a cargo de la Orquesta Filarmónica de
Buenos Aires, Directora: Zoe Zeniodi. Solista: Midori (Violín). Programa: Obras
de Tchaikovsky, Charbonnier y Honneger. 30 de Mayo de 2026.
NUESTRA OPINION: MUY BUENO.
Si bien se esperaba que el Concierto para
Violín y Orquesta de Tchaikovsky con el
atractivo de Midori como solista se ofreciera en la segunda parte del programa,
una voz en off anunció antes del inicio de la primera parte que justamente la
obra con solista ocuparía dicha parte y las dos obras restantes pasaban a la
segunda. No estuvo para nada desacertada esa decisión por parte de quien la
haya tomado. La estructura de un programa coloca a la obra con solista en el
centro del mismo balanceando con las otras obras que lo completan, y en el
resultado final, se demostró que harto justificadamente correspondía hacerse
así.
Desde su primera visita a mediados de los
noventa como a su regreso en la pasada década, el romance entre el público
porteño y Midori se mantuvo inalterable y se ratificó en esta ocasión. Su
versión del Concierto para Violín y Orquesta de Tchaikovsky fue de absoluta
excelencia. Una obra que luce permanentemente esplendorosa, en manos de esta
eximia interprete se nos revela en que también desde otro enfoque se puede mantener su esplendor. Pasajes de un
refinamiento exquisito ya desde los primeros ataques. Total seguridad ante los
desafíos técnicos. Momentos de profundidad sublime en la que construye y
comparte con el público una introspección en la que la música fluye con
serenidad y naturalidad. El movimiento central se exhibió pleno de canto manteniendo
las características antes mencionadas y un final con un sorprendente y maravilloso timbre “mate” en
el que la solista se movió absolutamente a sus anchas. Por su parte la
Filarmónica con la guía de su titular, Zoe Zeniodi, acompañó de manera correcta,
aun cuando en el primer movimiento se
apreciaron algunos desacoples con la solista. En nada extrañó que la reacción
del público fuera la de una sostenida ovación para que Midori retribuyera con
dos fragmentos “Bachianos”, marca registrada de su repertorio que dejó al
público en total estado de éxtasis. Ojalá pueda contarse con una nueva visita
en breve tiempo.
El inicio de la segunda parte nos trajo el
estreno del Poema Sinfónico Nº 3 “Bosques de Maiernigg” dedicado a la memoria
de Gustav Mahler, el gran compositor Bohemio, justo en una semana en la cual la
propia Orquesta en su próximo concierto abordará los “Rückert -Lieder” y la
Sinfónica Nacional a la semana siguiente abordara la imponente quinta sinfonía
en la que su cuarto movimiento (Adagietto) tiene en su base la melodía del más
famoso de los “Rückert-Lieder” (“Estoy solo en el mundo”). Por lo cual, más
allá de las casualidades, resultó muy interesante su audición la que revistió
el carácter de estreno argentino y sudamericano. Nos encontramos en una obra de
desarrollo tonal, inspirada en esos bosques en los cuales Mahler se retiraba
los veranos a componer. Parte desde un
vibrante y sostenido discurso del cual
algunos temas expresados son retomados a lo largo de la misma. Su orquestación
es para un orgánico amplio y sin caer en lugares comunes. Charbonnier logra
mantener la tensión y la atención de forma permanente y ese es su gran
mérito. La Mtra. Zeniodi obtuvo del conjunto
una muy buena respuesta y el público recibió con mucho agrado este trabajo.
En el final, anunciado como estreno argentino,
aunque al momento de escribir el presente comentario llegó la información de que la Sinfónica
Nacional lo ofreció a comienzos de los cincuenta de la pasada centuria, se interpretó
la Sinfonía Nº 2 de Arthur Honneger.
A modo de introducción, tras anunciar la obra
y las circunstancias de su composición, la Mtra. Zeniodi con muy buen criterio
solicitó al público que no se aplaudiera entre movimientos, para lo cual mantuvo
su mano en alto en esos instantes logrando así su cometido. A lo largo de sus
tres movimientos, compuesta durante gran parte de la segunda guerra mundial y
fundamentalmente en la ocupación alemana de Francia, Honneger plasma en el
pentagrama un trabajo de alta densidad y fuerte carga emotiva. Compuesta para
cuerdas, con una intervención de
trompeta fuera de escena al final de la obra simbolizando un canto de esperanza
ante la adversidad, el compositor hace una extensa e intensa catarsis musical. Haciendo un paralelismo, esta sinfonía resulta
pionera de dos trabajos posteriores también ambos para cuerdas: “Metamorfósis”
de Richard Strauss y el Cuarteto Nº 8,Op. 110 de Dimitri Shostakovich, el que
luego en arreglo de Rudolf Barshai se transforma en la Sinfonía de Cámara Op.
110 B. Mientras Honneger emplea alrededor de 35 minutos para este trabajo,
Shostakovich lo hace en 25 y Richard Strauss casi en otro tanto. Hay una
diferencia, Honneger estaba viviendo la guerra y los otros dos compositores se
expresaron luego de haberla padecido. Apreciamos una muy interesante labor de la
Mtra. Zeniodi, con estupenda actuación de las cuerdas a lo largo de toda la
obra y una sobria intervención de Fernando Ciancio desde fuera de escena con la
trompeta.
Noche de rendimiento parejo junto a una
formidable interprete.
Donato Decina