El Maestro Jordi Mora junto a los participantes de la edición 2026 del Campus Musical Santa María de la Armonía. Fotografía del autor del presente comentario.
Concierto final de la 35 edición del Campus Musical de Santa María
de la Armonía
.Director: Maestro Jordi Mora
.Solistas e intérpretes: Florencia Ordoñez (violín); Mariana Juliana Rufail
(viola) y Juan Simón Tori (piano); Juan Francisco Stella, viola; Juan
Manuel Franco, cello; Gilda Lerithier (oboe), Lis Rigoni, oboe, Juan
Fernando Páez (corno inglés); Ana Paula Rodríguez Nuñez (piano);
Nadia Baldi (violín), Nerea Baldi (viola), Felipe Garese (cello); Catalina
Marchini (piano); Ayelén Isaia (soprano), Agistín Campo (piano)
.Santa María de la Armonía, Cobo, 11 de febrero, hora 18
El Campus Musical de Santa María de la Armonía tuvo su primera
edición en 1991, es decir que la presente fue la trigésimo quinta. Como suele
suceder, hubo nuevos participantes y otros que han venido en oportunidades
anteriores, lo cual es una constante indicativa de lo que el trabajo llevado a
cabo durante la semana en que el campus tiene lugar, les aporta.
Hay un predominio de músicos jóvenes, en plena formación y también
hay otros muy experimentados; según las obras de que se trate, tocan juntos.
El concierto final es la presentación y celebración de un trabajo y una
convivencia musical.
Primera parte
El extenso programa fue iniciado con la allemanda y giga de la Partita
nro.2 en re menor BWN 1004 de Johann Sebastian Bach (1685-1750)
interpretada por Florencia Ordoñez en violín, de gran dificultad técnica en el
instrumento, que abordó con gran solvencia y un acabado dominio
instrumental.
Maria Juliana Rufail y Juan Simón Tori hicieron lo propio con el adagio y
el allegro de la Sonata nro. 2 para viola y teclado en re mayor, BWV 1028,
de Johann Sebastian Bach obra de gran musicalidad y dulzura que demanda
un gran manejo del fraseo.
Por su parte, Juan Francisco Stella abordó, en viola, el preludio, la
sarabanda y la giga de la Suite nro.1 para cello en sol mayor, de Johann
Sebastian Bach; el célebre y bellísimo preludio es la puerta de entrada al tan
complejo como inagotable mundo de las suites para cello del gran compositor.
El preludio, la sarabanda, el menuet 1 y el 2 y la giga de la Suite para
cello nro. 2, en re menor de Johann Sebastian Bach fueron interpretados
por Juan Manuel Franco, en cello, que requiere del instrumento una sutil gama
de inflexiones.
El Trío para 2 oboes y corno inglés op.87 de Ludwig van Beethoven
(1770-1827) fue abordado por Gilda Lerithier (oboe), Lis Rigoni (oboe) y Juan
Fernando Páez (corno inglés) en los movimientos allegro, adagio y finale-
presto. Se trata de una obra de sonoridades netas y rápidas, articuladas en
motivos y oírla da la idea de un mecanismo de engranajes tan finalmente
encastrado que todo debe ser absolutamente preciso.
Ana Paula Rodriguez Nuñez –a quien entrevistamos en dos
oportunidades para el programa De paraíso para usted- fue becada para
estudiar en Suiza en 2025 y recientemente en Italia, para 2026; respecto a la
edición anterior del campus es dable apreciar la expansión de su abordaje
musical, en la oportunidad con la Sonata nro.17, opus 31 “Tempestad” en
re menor, de Ludwig van Beethoven. El trabajo en el campus permitió
apreciar la elaborada textura de un opus que discurre, por ejemplo en el tercer
movimiento, con la presencia casi constante de un fuerte elemento rítmico –el
maestro señala que en música no hay repeticiones: alude a que el elemento es
invariable pero al mismo tiempo no lo es, ya que las frases se intensifican y
relajan a lo largo de ese discurrir, que se encuentra dado en una armonía tan
cambiante como la propia intensidad. Va de suyo que en una textura de
tensión/distención permanente, la interpretación solo puede estar lograda si es
capaz de plasmar todas las complejidades dinámicas y armónicas que le
plantea la partitura. En un dialogo posterior, sin embargo, la intérprete
manifestó que el más difícil es el segundo movimiento adagio, en si bemol
mayor.
Segunda parte
La siguiente secuencia abrió con el allegro del Cuarteto con piano en
sol menor, K. 478 de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) interpretado
por Nadia Baldi (violín), Nerea Baldi (viola), Felipe Garese (cello) y Juan Simón
Tori (piano). Alumnos del Programa Creciendo en Armonía, los tres intérpretes
mencionados en primer término, vienen llevando a cabo una actividad
sostenida en el campo musical. Nerea Baldi ingresó a la Orquesta del Instituto
Superior de Arte del Teatro Colón y Felipe Garese (a quien entrevistamos
oportunamente para el programa De paraíso para usted), entre otras
actividades, ha tocado en la Orquesta Estable del Teatro Colón.
La Sonata en do mayor para dos cellos G.74 de Luigi Boccherini
(1743-1805) fue interpretada por Juan Manuel Franco y Felipe Garese, que
lograron la amalgama sonora que tan bella obra requiere.
Juan Simón Tori, -a quien también pude entrevistar en al menos dos
ocasiones- abordó el Nocturno nro. 1 opus 40, de Frederic Chopin (1810-
1849) el año pasado lo hizo con la Sonata nro. 23, opus 57, “Appasionata” de
Beethoven. Delicadeza sonora, expansión del material temático, la sensación
de una línea que va siendo improvisada y luego una gran intensidad, son muy
diferentes a las de la obra del año anterior. Juan Simón Tori es un excelente
pianista acompañante lo mismo que un elegante y sutil solista, con un manejo
de las gradaciones que las obras requieren y una concepción intelectual y
estética muy definida respecto de las obras que toca.
El allegro grazioso y vivace de la Sonata nro. 1 en fa menor, opus 120,
para viola y piano de Johannes Brahms (1833-1897) fue interpretada por
Maria Juliana Rufail (viola) y Juan Simón Tori (piano). Opus producido sobre el
final de la producción de la obra de Brahms, originalmente escrita para
clarinete, es una obra de gran belleza melódica y complejidad armónica, de la
cual pudimos apreciar una excelente versión de su último movimiento.
Catalina Marchini abordó el movimiento andante molto cantabile ed
expressivo de la Sonata nro.30 en mi mayor, opus 109 de Ludwig van
Beethoven. Del mismo modo que las tres últimas sinfonías de Mozart,
podemos considerar a las últimas sonatas para piano de Beethoven como una
única obra que inspira un sentimiento de despedida: del género de sonata para
piano y de la vida. En sus análisis de las 32 sonatas de Beethoven (Wigmore
Hall, 2004/2006) András Shift se refiere a este andante como “el más
maravilloso movimiento que Beethoven haya escrito”: un tema con seis
variaciones- El tema, que es una suerte de sarabanda inspirada en Bach, en sí
mismo sugiere una resignada y feliz despedida. El maestro Shift señala que
Beethoven debe haber conocido las variaciones Goldberg 1 muy bien y tomado
esa estructura en su serie de variaciones, de muy distinto carácter pero que
parecen encaminarse, en conjunto, en un sentido de despedida.
El desafío interpretativo es plasmar esta sutileza expresiva y darle un
tempo que –tal como sucede a veces- no debe ser demasiado lento. La frase
ha de discurrir en una continuidad en la que las inflexiones son centrales.
Este marco nos sirve para destacar la cuidada y conmovedora
interpretación que logró Catalina Marchini de este momento tan caro a la
historia de la música.
Por último, Ayelén Isaia (soprano) y Agustín Campo (piano) abordaron
las Cuatro últimas canciones, de Richard Strauss (1864-1949). Varado en
Suiza, al final de la guerra, sin percibir derechos por sus obras ni poder actuar,
Strauss se preguntaba qué hacer: “escriba canciones” le dijo alguien, en lo que
fue una suerte de camino para dejar fluir una música despojada e íntima.
Inspiradas las tres primeras en poemas de Hermann Hesse y la última en un
poema de Joseph von Eishendorf, son una despedida del mundo. Ayelén Isaia
leyó cada uno de los poemas antes de cantar las canciones. El último de ellos
fue el más significativo: ¡Oh, inmensa y dulce paz,/tan profunda en el
crepúsculo!/!Qué cansados estamos después de haber caminado tanto!/ ¿Será
ésta quizás, la muerte? La voz cesa, desaparece y la música sigue en un tono
esperanzado y resignado a la vez.
Rica en inflexiones y en cambios en las alturas de la línea de canto, es
una obra de grandes demandas, técnicas y expresivas, de la cual pudimos
apreciar una excelente versión en el canto y el piano.
Tres horas y media de música concluyeron así en el respetuoso silencio
que el cierre nos produjo hasta que surgieron de a poco los aplausos.
Los treinta y cinco años del Campus Musical de la Armonía son
indicativos de una vigencia que muchos buscan reeditar y otros descubrir. ¿Ha
el maestro Jordi Mora a lo largo es este muy extenso ciclo dejado una escuela
de interpretación y concepción de la música? Es una pregunta difícil de
responder porque no parece tratarse de establecer determinados principios
sino de abrir la idea de interpretación desde lo formal y los postulados de la
fenomenología. En este sentido, pareciera que son los intérpretes quienes han
podido optar por su propio camino, lo cual es quizás el mejor postulado de un
proceso educativo.
Eduardo Balestena
1 En la época de Brahms era publicada regularmente la obra de Bach y cada vez que el compositor las
recibía, dejaba todo lo que estuviera haciendo para analizarlas; esto no era así en tiempos de Beethoven,
donde la obra de Bach no era fácilmente accesible.
No hay comentarios:
Publicar un comentario