martes, 24 de febrero de 2026

 


El Maestro Jordi Mora junto a los participantes de la edición 2026 del Campus Musical Santa María de la Armonía. Fotografía del autor del presente comentario.



Concierto final de la 35 edición del Campus Musical de Santa María

de la Armonía


.Director: Maestro Jordi Mora

.Solistas e intérpretes: Florencia Ordoñez (violín); Mariana Juliana Rufail

(viola) y Juan Simón Tori (piano); Juan Francisco Stella, viola; Juan

Manuel Franco, cello; Gilda Lerithier (oboe), Lis Rigoni, oboe, Juan

Fernando Páez (corno inglés); Ana Paula Rodríguez Nuñez (piano);

Nadia Baldi (violín), Nerea Baldi (viola), Felipe Garese (cello); Catalina

Marchini (piano); Ayelén Isaia (soprano), Agistín Campo (piano)

.Santa María de la Armonía, Cobo, 11 de febrero, hora 18

El Campus Musical de Santa María de la Armonía tuvo su primera

edición en 1991, es decir que la presente fue la trigésimo quinta. Como suele

suceder, hubo nuevos participantes y otros que han venido en oportunidades

anteriores, lo cual es una constante indicativa de lo que el trabajo llevado a

cabo durante la semana en que el campus tiene lugar, les aporta.

Hay un predominio de músicos jóvenes, en plena formación y también

hay otros muy experimentados; según las obras de que se trate, tocan juntos.

El concierto final es la presentación y celebración de un trabajo y una

convivencia musical.


Primera parte

El extenso programa fue iniciado con la allemanda y giga de la Partita

nro.2 en re menor BWN 1004 de Johann Sebastian Bach (1685-1750)

interpretada por Florencia Ordoñez en violín, de gran dificultad técnica en el

instrumento, que abordó con gran solvencia y un acabado dominio

instrumental.

Maria Juliana Rufail y Juan Simón Tori hicieron lo propio con el adagio y

el allegro de la Sonata nro. 2 para viola y teclado en re mayor, BWV 1028,

de Johann Sebastian Bach obra de gran musicalidad y dulzura que demanda

un gran manejo del fraseo.

Por su parte, Juan Francisco Stella abordó, en viola, el preludio, la

sarabanda y la giga de la Suite nro.1 para cello en sol mayor, de Johann

Sebastian Bach; el célebre y bellísimo preludio es la puerta de entrada al tan

complejo como inagotable mundo de las suites para cello del gran compositor.

El preludio, la sarabanda, el menuet 1 y el 2 y la giga de la Suite para

cello nro. 2, en re menor de Johann Sebastian Bach fueron interpretados

por Juan Manuel Franco, en cello, que requiere del instrumento una sutil gama

de inflexiones.

El Trío para 2 oboes y corno inglés op.87 de Ludwig van Beethoven

(1770-1827) fue abordado por Gilda Lerithier (oboe), Lis Rigoni (oboe) y Juan

Fernando Páez (corno inglés) en los movimientos allegro, adagio y finale-

presto. Se trata de una obra de sonoridades netas y rápidas, articuladas en

motivos y oírla da la idea de un mecanismo de engranajes tan finalmente

encastrado que todo debe ser absolutamente preciso.

Ana Paula Rodriguez Nuñez –a quien entrevistamos en dos

oportunidades para el programa De paraíso para usted- fue becada para


estudiar en Suiza en 2025 y recientemente en Italia, para 2026; respecto a la

edición anterior del campus es dable apreciar la expansión de su abordaje

musical, en la oportunidad con la Sonata nro.17, opus 31 “Tempestad” en

re menor, de Ludwig van Beethoven. El trabajo en el campus permitió

apreciar la elaborada textura de un opus que discurre, por ejemplo en el tercer

movimiento, con la presencia casi constante de un fuerte elemento rítmico –el

maestro señala que en música no hay repeticiones: alude a que el elemento es

invariable pero al mismo tiempo no lo es, ya que las frases se intensifican y

relajan a lo largo de ese discurrir, que se encuentra dado en una armonía tan

cambiante como la propia intensidad. Va de suyo que en una textura de

tensión/distención permanente, la interpretación solo puede estar lograda si es

capaz de plasmar todas las complejidades dinámicas y armónicas que le

plantea la partitura. En un dialogo posterior, sin embargo, la intérprete

manifestó que el más difícil es el segundo movimiento adagio, en si bemol

mayor.

Segunda parte

La siguiente secuencia abrió con el allegro del Cuarteto con piano en

sol menor, K. 478 de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) interpretado

por Nadia Baldi (violín), Nerea Baldi (viola), Felipe Garese (cello) y Juan Simón

Tori (piano). Alumnos del Programa Creciendo en Armonía, los tres intérpretes

mencionados en primer término, vienen llevando a cabo una actividad

sostenida en el campo musical. Nerea Baldi ingresó a la Orquesta del Instituto

Superior de Arte del Teatro Colón y Felipe Garese (a quien entrevistamos

oportunamente para el programa De paraíso para usted), entre otras

actividades, ha tocado en la Orquesta Estable del Teatro Colón.

La Sonata en do mayor para dos cellos G.74 de Luigi Boccherini

(1743-1805) fue interpretada por Juan Manuel Franco y Felipe Garese, que

lograron la amalgama sonora que tan bella obra requiere.

Juan Simón Tori, -a quien también pude entrevistar en al menos dos

ocasiones- abordó el Nocturno nro. 1 opus 40, de Frederic Chopin (1810-

1849) el año pasado lo hizo con la Sonata nro. 23, opus 57, “Appasionata” de

Beethoven. Delicadeza sonora, expansión del material temático, la sensación

de una línea que va siendo improvisada y luego una gran intensidad, son muy

diferentes a las de la obra del año anterior. Juan Simón Tori es un excelente

pianista acompañante lo mismo que un elegante y sutil solista, con un manejo

de las gradaciones que las obras requieren y una concepción intelectual y

estética muy definida respecto de las obras que toca.

El allegro grazioso y vivace de la Sonata nro. 1 en fa menor, opus 120,

para viola y piano de Johannes Brahms (1833-1897) fue interpretada por

Maria Juliana Rufail (viola) y Juan Simón Tori (piano). Opus producido sobre el

final de la producción de la obra de Brahms, originalmente escrita para

clarinete, es una obra de gran belleza melódica y complejidad armónica, de la

cual pudimos apreciar una excelente versión de su último movimiento.

Catalina Marchini abordó el movimiento andante molto cantabile ed

expressivo de la Sonata nro.30 en mi mayor, opus 109 de Ludwig van

Beethoven. Del mismo modo que las tres últimas sinfonías de Mozart,

podemos considerar a las últimas sonatas para piano de Beethoven como una

única obra que inspira un sentimiento de despedida: del género de sonata para

piano y de la vida. En sus análisis de las 32 sonatas de Beethoven (Wigmore


Hall, 2004/2006) András Shift se refiere a este andante como “el más

maravilloso movimiento que Beethoven haya escrito”: un tema con seis

variaciones- El tema, que es una suerte de sarabanda inspirada en Bach, en sí

mismo sugiere una resignada y feliz despedida. El maestro Shift señala que

Beethoven debe haber conocido las variaciones Goldberg 1 muy bien y tomado

esa estructura en su serie de variaciones, de muy distinto carácter pero que

parecen encaminarse, en conjunto, en un sentido de despedida.

El desafío interpretativo es plasmar esta sutileza expresiva y darle un

tempo que –tal como sucede a veces- no debe ser demasiado lento. La frase

ha de discurrir en una continuidad en la que las inflexiones son centrales.

Este marco nos sirve para destacar la cuidada y conmovedora

interpretación que logró Catalina Marchini de este momento tan caro a la

historia de la música.

Por último, Ayelén Isaia (soprano) y Agustín Campo (piano) abordaron

las Cuatro últimas canciones, de Richard Strauss (1864-1949). Varado en

Suiza, al final de la guerra, sin percibir derechos por sus obras ni poder actuar,

Strauss se preguntaba qué hacer: “escriba canciones” le dijo alguien, en lo que

fue una suerte de camino para dejar fluir una música despojada e íntima.

Inspiradas las tres primeras en poemas de Hermann Hesse y la última en un

poema de Joseph von Eishendorf, son una despedida del mundo. Ayelén Isaia

leyó cada uno de los poemas antes de cantar las canciones. El último de ellos

fue el más significativo: ¡Oh, inmensa y dulce paz,/tan profunda en el

crepúsculo!/!Qué cansados estamos después de haber caminado tanto!/ ¿Será

ésta quizás, la muerte? La voz cesa, desaparece y la música sigue en un tono

esperanzado y resignado a la vez.

Rica en inflexiones y en cambios en las alturas de la línea de canto, es

una obra de grandes demandas, técnicas y expresivas, de la cual pudimos

apreciar una excelente versión en el canto y el piano.

Tres horas y media de música concluyeron así en el respetuoso silencio

que el cierre nos produjo hasta que surgieron de a poco los aplausos.


Los treinta y cinco años del Campus Musical de la Armonía son

indicativos de una vigencia que muchos buscan reeditar y otros descubrir. ¿Ha

el maestro Jordi Mora a lo largo es este muy extenso ciclo dejado una escuela

de interpretación y concepción de la música? Es una pregunta difícil de

responder porque no parece tratarse de establecer determinados principios

sino de abrir la idea de interpretación desde lo formal y los postulados de la

fenomenología. En este sentido, pareciera que son los intérpretes quienes han

podido optar por su propio camino, lo cual es quizás el mejor postulado de un

proceso educativo.


Eduardo Balestena


1 En la época de Brahms era publicada regularmente la obra de Bach y cada vez que el compositor las

recibía, dejaba todo lo que estuviera haciendo para analizarlas; esto no era así en tiempos de Beethoven,

donde la obra de Bach no era fácilmente accesible.


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