martes, 24 de febrero de 2026

 


Los interpretes de los Valses de Amor de Brahms en ´pleno sobre el escenario del Auditorio de la Fundación Beethoven. Fotografía de la autora del presente comentario.


Muy buen concierto de cámara del Festival de Verano en la Fundación Beethoven


EL GENIO DE HAMBURGO EN SU PLENITUD ROMÁNTICA

Martha CORA ELISEHT


Durante el transcurso del corriente año, la Fundación Beethoven festeja su 125°

aniversario. Y decidió comenzar la celebración realizando un Festival de Verano

denominado “En Clave de Sol”, que se inició el pasado jueves 12 del corriente y que

culminará el próximo jueves 26, con participación de Estación Buenos Aires dirigido

por Rafael Gíntoli y músicos invitados de primer nivel. Cuenta con producción general

a cargo del pianista Alan Kwiek y presentación más comentarios de las obras por

Margarita Pollini Saldívar.

Quien escribe asistió al segundo de los conciertos de este ciclo, denominado

“AMADO BRAHMS” que tuvo lugar el pasado viernes 20 del corriente en la

mencionada institución y que contó con la participación de los siguientes artistas: Alan

Kwiek y Mariano Manzanelli (piano), Marisú Pavón (soprano), Mariana Rewerski

(mezzosoprano), Carlos Ullán (tenor) y Sebastián Sorrarain (barítono) para interpretar

un repertorio íntegramente formado por obras de Johannes Brahms (1833-1897), que se

detallan a continuación:

Piano solo:

- Tres piezas para piano (selección del Op. 118)- Intérprete: Alan KWIEK

Piano a 4 manos:

- Cuatro valses (selección del Op.39)- Intérpretes: Alan KWIEK y Mariano

MANZANELLI

- Liebeslieder Walzer (Valses de amor), Op.52

Luego de la introducción y comentarios alusivos a las obras para piano, Alan Kwiek

hizo su presentación sobre el escenario para interpretar la selección anteriormente

mencionada del Op.118, que consiste en seis piezas compuestas en 1893 durante un

verano en Bad Ischen dedicadas a Clara Wieck Schumann. En esta ocasión, se

interpretaron las tres primeras: Intermezzo n°1 en La menor (Allegro non assai ma

molto appasionato), Intermezzo n°2 en La mayor (Andante teneramente) y Balada n°3

en Sol menor (Allegro enérgico), donde se logró un sonido muy preciso, romántico y

cristalino, con un perfecto dominio de tempi y sutilezas en los matices románticos del

Intermezzo n°2 en La mayor (considerado por muchos como una carta de amor secreta a

Clara Wieck). Seguidamente, Mariano Manznelli hizo su presentación junto a Alan

Kwiek sobre el escenario para interpretar cuatro valses para piano a 4 manos del Op.39:

n°1 en Si mayor; n°4 en Mi menor; n°11 en Si menor y el celebérrimo n°15 en La

mayor, que forma parte del repertorio de todo pianista y que ha sido consagrado por

intérpretes de la talla de Arthur Schnabel, Vladimir Horowitz y Arthur Rubinstein, entre

otros. La serie está compuesta por 16 valses cortos escritos originalmente para piano a 4


manos escritos en 1865 y publicados en 1866, cuando el compositor residía en Viena. A

su vez, Brahms escribió también una versión para piano solo y dos versiones diferentes:

una, más compleja (difícil) y otra, simplificada (fácil). Ambos pianistas tuvieron una

perfecta compaginación, logrando una versión que sonó sumamente romántica.

Las danzas húngaras (Ungarische Tänze) WoO 1 es un grupo de 21 danzas basadas

obre temas folklóricos de dicho país, cuya duración oscila entre 1 a 4 minutos. Brahms

las compuso originalmente para piano a 4 manos en 1869 y, posteriormente, arregló diez

de ellas para piano solo y orquestó las n°1, 3 y 10. La orquestación de las restantes fue

realizada ​ por varios compositores; principalmente, Antonín Dvořak, quien era su amigo

personal, mientras que las n°11, 14 y 16 se mantienen en su versión original. En este

caso, se interpretaron las celebérrimas Danza Húngara n°5 en Fa sostenido menor

(versión original para piano, mientras que la orquestal es en Sol menor) y n°6 en Re

mayor. Si bien la idea original era aplaudir al final de ambas obras, el público no pudo

resistir y aplaudió fervientemente al final de la famosísima danza húngara n°5, cuya

interpretación fue estupenda, No sucedió lo mismo con su homónima n°6, donde hubo

algunas imperfecciones y sonó de manera correcta.

Los Liebeslieder Walzer (“Valses de Amor”), Op.52 fueron compuestos en 1869

para piano a cuatro manos y cuarteto de voces en estilo länder -canción folklórica

alemana-, dada la gran admiración que Brahms sentía por Franz Schubert (1797-1828).

Inspirándose en los 20 Länders de este último, el músico hamburgués compuso 18

valses tomando una compilación de textos y canciones románticas de diferentes países

europeos denominada Polydora, atribuida al poeta Georg Friedrich Daumer y que

abarca países y regiones tan disímiles como Turquía, Polonia, Latvia y Sicilia. Su estilo

es fresco y ligero, donde se destaca tanto el cuarteto de voces como determinados valses

donde sólo cantan el tenor, el barítono, ambos o el dúo de voces femeninas. Quien

escribe los ha escuchado en numerosas ocasiones sobre este mismo escenario por

Marisú Pavón y Sebastián Sorrarain, quienes son destacadísimos intérpretes de este

repertorio. En la presente versión, hubo una muy buena compaginación, amalgama y

equilibrio vocales, al igual que un perfecto ensamble entre las cuatro voces solistas.

Ninguno sobresalió por sobre el otro con excepción del tenor Carlos Ullán, quien tuvo a

su cargo el vals n°14, junto al barítono. El repertorio alemán le sienta de perlas y se

lució como trovador romántico. Asimismo, las voces femeninas también se destacaron

en sus respectivas partes. Fue un auténtico placer tanto desde el punto de vista vocal

como musical merced al perfecto acompañamiento del piano a 4 manos por parte de

Alan Kwiek y Mariano Manzanelli. Tal así fue, que ofrecieron como encore el vals n°6

de la mencionada serie y todos se retiraron sumamente aplaudidos tras recibir los

tradicionales ramos de flores.

Tal como lo dijera en alguna oportunidad la querida “Pupi” Sebastiani, la

Fundación Beethoven es la casa de los artistas en Buenos Aires y, por lo tanto, no sólo

está abierta para los locales, sino también para los de todo el país. Este concierto ha sido

solamente una muestra y un autentico ejemplo de cooperación entre pares.

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