miércoles, 13 de abril de 2022

 Sinfónica en esperado retorno a Las Condes…

                                     Por Jaime Torres Gómez

 

Luego de exitosas experiencias en diciembre y enero, la decana Sinfónica Nacional de Chile retornó al Teatro Municipal de Las Condes, dando continuidad a una virtuosa alianza de expansión de sus actividades.

 

Ante las continuas limitaciones de funcionamiento del Teatro de la Universidad de Chile -sede de la Sinfónica-, producto de las constantes manifestaciones políticas en Plaza Italia (principalmente los días viernes), amén de una errada política de concentrar los conciertos los días sábados a una hora definitivamente inapropiada para la mayoría de las personas (a las 13:15 hrs), la extensión hacia Las Condes ha ayudado a compensar la mermada cantidad de audiencia al teatro universitario

 

Y este éxito ha obedecido al gravitante público cautivo que suele llegar al Municipal de dicha comuna, producto de su inmejorable emplazamiento (a la puerta de la Estación El Golf del Metro) como a una certera política de acceso a “bolsillos medios”. Adicionalmente, el perfil de los programas ha sido inteligentemente adaptado a las preferencias del conservador público lascondino. Sin embargo, es menester propender a una gradual innovación de la oferta programática en este espacio, con mayor audacia de repertorio…

 

Dirigida por Rodolfo Saglimbeni, su extraordinario maestro titular, el programa consultó un trío de obras muy queridas por el público, no obstante corriendo algunos riesgos en dos de ellas frente a la coyuntura del conflicto bélico ruso-ucraniano, en sí con totales méritos de ofrecerlas, en contraposición a otras opciones antojadizas y brutales de boicot a todo vestigio de “cultura rusa”…

 

Abrió con una deslumbrante versión de la Obertura de la ópera “Ruslán y Liudmila” del ruso Mikhail Ivanov Glinka, pieza habitualmente ofrecida localmente. Con un enfoque de ágiles (y peligrosas) velocidades, Saglimbeni mantuvo en todo momento soberano control de pulso y claridad de discurso. Excelente trabajo en dinámicas, matices y transparencias.

 

Del noruego Edvard-Hagerup Grieg se ofreció su famoso Concierto para Piano Op.16, también de frecuente programación local, y particularmente en la Sinfónica Nacional. Obra de cautivante audición, se celebra su inclusión en este programa, máxime al contarse con el extraordinario pianista letón radicado en Chile Armands Abols. No es primera vez que se ve a Abols en el Grieg, siendo una obra de su completo dominio.

 

Con acabada técnica y autorizada musicalidad, Abols desarrolla un concepto de magnifico equilibrio entre brillo sonoro e inmanencia discursiva, dejando discurrir, con total empatía, toda la vena poética y vernácula noruega inspirante. Grandes logros en calidad de toque, fraseos y carácter. El acompañamiento de Saglimbeni, en total consubstanciación al enfoque del fabuloso solista, no obstante ciertos ripios en parte de las cuerdas en el primer y segundo movimientos (primera función). Como encore, Abols, haciendo gala de su compromiso con la música chilena, ofreció una excelente exposición de una curiosa Danza de Enrique Soro, de poliestilística estética.

 

Y como colofón, una impactante entrega de los “Cuadros de una Exposición” del ruso Modest Petróvich Músorgski, en la famosa (y más célebre) orquestación de Maurice Ravel.

 

Como parte del repertorio habitual de las orquestas profesionales, en Chile, al menos desde hace un par de décadas, esta obra ha estado bien servida (salvo en dos puntuales y patéticas ocasiones…). La profundidad de la lectura ofrecida por Saglimbeni traspasa todo umbral de lo imaginable en cuanto a idiomatismo y análisis impreso a cada cuadro. Soberbio tratamiento de las texturas y acabado sentido del color, este último sin rayar en exceso de rutilancia ante la colorida orquestación raveliana, en sí misma muy tentadora -a ratos- de desdibujar la esencia de la obra, y mejor sintonizando con el ethos musorgskiano. Un triunfo interpretativo inapelable…

 

En suma, un esperado regreso de la Sinfónica Nacional al Municipal de Las Condes, y con resultados de notables logros

martes, 12 de abril de 2022

 

Muy buena versión de “EL ELIXIR DE AMOR” en el Espacio Cultural QUETREN

 

UN GUALICHO DE MUY BUENA CALIDAD

Martha CORA ELISEHT

 

            En la cultura popular, la palabra gualicho -derivada del vocablo originario pampa wa’llichú- posee una connotación negativa y muy a menudo se la usa como sinónimo de embrujo o sortilegio. Nada más alejado de la realidad. Era la diosa de la vida en la cultura de los pampas gúnnüna küna -grupo étnico que habitaba la Patagonia entre los márgenes sur del río Negro hasta el norte del río Chubut, que no tenía nada que ver con su homónimo de la provincia de Buenos Aires- y para poder ejercer su acción benéfica, había que pagarle un tributo. Caso contrario, se provocaba el enojo de la diosa y el gualicho se volvía en contra. De ahí la connotación negativa de dicho término.

            El Ensamble Lírico Orquestal decidió presentar una de las óperas más conocidas del bel canto que versa perfectamente sobre este tema: EL ELIXIR DE AMOR de Gaetano Donizetti (1797-1848), cuyas representaciones se llevaron a cabo los días 19 y 26 de Marzo pasado y 3 y 10 de Abril en el Espacio Cultural QUETREN, sito en el barrio de Belgrano bajo la dirección musical de Gustavo Codina, con escenografía de José Andrukowicz, iluminación de Luis Bolster, vestuario de Daiana Fiaschi, dirección de escena de Raúl Marego y coordinación de producción de Cecilia Layseca.

            Quien escribe tuvo la oportunidad de asistir a la función del domingo 10 del corriente, donde participaron los siguientes cantantes: Sebastián Russo (Nemorino), Ximena Farías (Adina), Mirko Tomas (Belcore), Mario De Salvo (Dulcamara) y Belén Petasne (Giannetta). Participó el Coro de la institución, con producción general del mismo Ensamble Lírico.

            El mencionado melodramma giocoso compuesto por Donizetti con libreto de Felice Romani está basado en la novela Le philtre (El filtro) de Eugêne Scribe. Fue estrenada en el Teatro della Canobbiana de Milán en 1832 y gozó de una inmensa popularidad desde su estreno. Junto con Las Bodas de Fígaro y El Barbero de Sevilla integra el trío de óperas bufas más representadas y populares en todo el mundo. Posee bellas arias y un buen libreto, donde la ingenuidad del enamorado y despechado Nemorino contrasta con la frivolidad de Adina, el descaro y la vulgaridad del sargento Belcore y el charlatán Dulcamara, un farsante que va de pueblo en pueblo engañando a la gente y vendiendo un simple vino como poderoso brebaje capaz de modificar los sentimientos de las personas. Estos diferentes arquetipos humanos son reflejo directo de los caracteres de la comedia dell’arte.

            El mencionado espacio cultural es lo suficientemente amplio como para permitir la circulación de los personajes, que se sitúan frente al público respetando los protocolos sanitarios de distanciamiento social. Y pese al ruido del tren elevado o aquellos provenientes de la calle, posee una excelente acústica, que permitió lucirse a los cantantes sin necesidad de amplificación. Los intérpretes principales se situaron sobre tarimas ubicadas estratégicamente para tal fin usando una vestimenta sencilla -con excepción de Dulcamara, ataviado con un largo sobretodo azul con faja, sombrero y echarpe multicolor, que remeda los colores del arco iris-. El coro aparece vestido de negro con zapatos acordonados en colores flúo y ese detalle se va a repetir durante toda la obra. Para los cambios de escena, los integrantes se cambian ocultos tras paraguas de diferentes colores, que es un elemento común en todos los protagonistas. Mientras los paraguas de Adina y Nemorino son transparentes, Belcore tiene uno floreado; el de Dulcamara, multicolor y Giannetta, rosado -al igual que su chalina-. Los coreutas cantaron con barbijos decorados -las damas, con unos labios rojos y los caballeros, con unos bigotes pegados sobre los mismos-. Estos recursos brindaron frescura, espontaneidad y fueron sumamente efectivos.

 Debido a que esta ópera se representó hace un año en contexto de plena pandemia, se usó una versión reducida que nuclea los principales números de la misma. Por dicho motivo, el acompañamiento musical a cargo de Gustavo Codina se hizo con teclado amplificado en vez de orquesta. Exhibió sus dotes de pianista, director musical y de la compañía con creces y brindó un acompañamiento perfecto. El coro también tuvo una destacada actuación merced a la preparación de Cecilia Layseca, quien también hizo la presentación del espectáculo y la trama de la ópera.

Por lo general, en las óperas que se representan en el circuito off Colón suele haber auténticas revelaciones en materia vocal. En este caso, la actuación y la interpretación de la mezzosoprano Belén Petasne en el rol de Giannetta fueron sorprendentes. Posee una voz de bello timbre, buen esmalte, caudal y brillo, además de una hermosa coloratura apta para el bel canto. Por su parte, Mirko Tomas ofreció un simpático y arrogante Belcore. El barítono es un intérprete ideal para este tipo de roles y se lo escuchó muy afianzado y firme en escena. Sebastián Russo fue un muy buen Nemorino desde lo actoral y vocal de principio a fin, destacándose desde la primera aria (“Quanto é bella, quanto é cara” y “Caro elisir…Sei mio!”), pasando por los dúos con Adina en el 1° Acto (“Chiedi all’aura lusinghiera” y “Esulti sur la bárbara”) hasta llegar a su apoteosis en la célebre romanza “Una furtiva lacrima”, donde loa aplausos y vítores coronaron el aria más conocida de esta ópera. La soprano Ximena Farías fue otra de las sorpresas de la tarde: manifestó soltura, gracia y espontaneidad sobre el escenario para encarnar a la frívola y coqueta Adina y también se destacó vocalmente en sus arias (“Della crudele Isotta”en el 1° Acto y “Prendi! Per me sei libero”, en el 2°) y en los mencionados dúos no sólo con Nemorino, sino también con Dulcamara (“Quánto amore! Una tenera occhiatina”).Su voz también es caudalosa, con buena coloratura, brillo y fiato, impecable en los agudos.  Y Mario De Salvo fue lo mejor: se llevó los laureles en actuación y vocalmente para dar vida al pícaro y astuto Dulcamara desde su presentación junto al coro presentando su mágico licor en su cavatina (“Udite, udite, o rustici”) hasta su primer dúo con Nemorino (“Voglio dire…Obbligato, ah!”), la barcarola del 2° Acto (“Io son rico e tu sei bella”) y el mencionado dúo junto a Adina. Una magnífica labor que se vio premiada por numerosos aplausos y vítores al final de la obra.

El Ensamble Lírico Orquestal ha dado el puntapié inicial en adaptar ópera dentro de un contexto de pandemia y lo logró con creces; más aún, en un momento donde es muy difícil abrir nuevas salas para interpretar ópera. Es bueno saber que Buenos Aires cuenta con este tipo de lugares para desarrollar espectáculos líricos de corta duración o donde participen artistas de otras disciplinas, ya que también funciona como espacio donde desarrollan sus actividades artistas de circo. Por lo tanto, ¿por qué no aprovecharlo para I Pagliacci, alguna otra joya del verismo o inclusive, alguna ópera de Mozart?... Son iniciativas interesantes a tener en cuenta.  

 En la sala principal del Teatro Colón, colmada a pesar de un horario desacostumbrado,se presentó el jueves 7/4 un concierto con la presencia del M° José  Luis Juri y la oboista venezolana Natalia Auli  Fue lSonata para oboe y piano, FP 185, de F. Poulenc la que dio inicio al programa, donde los movimientos están ordenados lento-rápido-lento opuestamente al esquema rápido-lento-rápido de la sonata tradicional, que conjugó una bella sonoridad entre ambos instrumentos, siendo el último movimiento, Déploration, al que el M°Juri y la M° Auli le imprimieron un intenso dramatismo. Seguidamente interpretaron una obra poco frecuentada del checo J.W. Kalliwoda, Morceau de Salón, tal vez el punto culmine del concierto, al que el público aplaudió efusivamente.Siguieron luego cuatro de Las Canciones sin palabras (Lieder ohne worte) de F.Mendelssohn en una adaptación para piano y oboe del compositor francés David Walter, donde Natalia Auli uso el corno Inglés para la interpretación de una de ellas. Finalmente el dúo brindó una ajustada versión de la Sonata para oboe y piano en re mayor, Op. 166, de Camille Saint-Saëns obra escrita en 1921, año de la muerte del compositor, con gran lucimiento del M° Juri,

pletórica de agradables matices.
Fuera de programa se despidieron con Oblivion de A. Piazzolla,  en una adaptación para oboe y piano. Un concierto de inteligente concepción programática, con atractivos contrastes, presentando obras habituales de repertorio junto a otras adaptaciones poco conocidas, que los asistentes supieron despedir con grandes aplausos 

                                                                                            Marta Lugo de Palacio

lunes, 11 de abril de 2022

 

 

LA HISTORIA SECRETA DE “AMAZING GRACE”

Martha CORA ELISEHT

 

            AMAZING GRACE es uno de los himnos religiosos más cantados en todo el mundo y principalmente, en los países anglosajones. Forma parte de cualquier misa gospel que se precie como tal y se estima que se canta 10 millones de veces por año. Su letra transmite un bellísimo mensaje: a pesar de todos los pecados y errores cometidos por el ser humano, se puede encontrar el perdón y la redención mediante la gracia de Dios. Asimismo, la sublime gracia del Señor reconforta el alma y la rescata de la desesperación cuando el ser humano cree que todo está perdido.

            A continuación se presenta el texto en castellano:

¡Sublime gracia del Señor!

¡Que a mí, pecador, salvó!

Fui ciego, pero ahora veo yo,

Perdido y Él me halló.

 

Su gracia me enseñó a creer,

Mis dudas disipó.

¡Oh, cuán preciosa gracia fue a mi ser!

¡La hora en que me transformó!

 

En los peligros y aflicción

Que siempre abundarán,

Su gracia eterna allí estará,

Y a casa me llevará.

 

Con esperanza en la fe;

 El Señor bien me guardó;

Mientras dure la vida Él será

 mi escudo y protección.

 

Cuando no lata más mi corazón

 la vida mortal cesará,

 dentro del cielo poseeré

la vida eterna en paz.

 

La tierra pronto se disolverá

El sol dejará de brillar;

Pero Dios, que a su lado me llamó,

¡Será para siempre en paz!

(adaptación para ser cantada de la traducción original del inglés)

 

Estos versos fueron compuestos en 1772 por el sacerdote inglés John Newton (1725-1807) cuando era párroco de Olney (Buckinghamshire, Inglaterra) junto al poeta William Cowper para la celebración de la misa de Año Nuevo en 1773 y forma parte de la colección denominada Los versos de Olney -un catálogo de composiciones escritas por Newton y Cowper para ser cantadas en misa-, cuya primera edición data de 1779.  Se desconoce cuál fue la música original que acompañó al texto, pero se estima que se cantó con 20 melodías diferentes hasta 1835, cuando el estadounidense William Walker asoció los versos de Newton a la melodía “New Britain”. A su vez, esta melodía es la fusión de dos composiciones publicadas independientemente y sin letra en 1829: Gallagher de Benjamin Shaw y St. Mary de Charles Spilman, basadas en melodías escocesas. Walker era originario de Carolina del Sur y vivió en Kentucky y Tennessee, donde había muchos colonos de dicha nacionalidad. Desde entonces, se transformó en el himno religioso más popular e interpretado en Estados Unidos.

Resulta asombroso pensar que previamente a ser sacerdote, su autor había sido un marino de pésima reputación y tratante de esclavos. Nacido en el distrito londinense de Wapping en 1725, su padre era un comerciante naval educado como católico, pero que mostraba su simpatía por el protestantismo, mientras que su madre era una cristiana devota no identificada con la iglesia anglicana. Todo parecía indicar que John iba a recibir educación religiosa, pero la realidad fue muy diferente: su madre murió de tuberculosis cuando sólo tenía 6 años y fue educado por una madrastra distante mientras su padre se hacía a la mar. Por dicho motivo fue internado como pupilo, siendo sistemáticamente maltratado. Estas circunstancias adversas hicieron que Newton se transformara en un adolescente huraño y sumamente desobediente. Por dicho motivo, su padre lo forzó a entrar en la Royal Navy y desertó en varias oportunidades; entre otras, porque se había enamorado de Mary “Polly” Catlett -una amiga de la familia que posteriormente sería su esposa-. Tras el escándalo motivado por su deserción, consiguió trabajo en un barco esclavista, donde llegó a ser famoso a causa de sus escritos obscenos desafiando a la autoridad. Unido esto a su constante desobediencia, fue encarcelado en numerosas oportunidades hasta llegar a trabajar en una plantación en Sierra Leona. Tras la intercesión de su padre, fue liberado y se embarcó nuevamente hacia Inglaterra en el Greyhound, donde ganó notoriedad por su crueldad y rudeza.

Fue rumbo de regreso a Inglaterra cuando se desató una violenta tormenta en altamar que hizo zozobrar al barco y que un marinero cayera al agua. Tras muchas horas de achique de agua y cuando creyó que estaban a punto de naufragar, Newton le pidió permiso al capitán para atarse a una bomba junto con el otro marinero y de esa manera, evitar que fuera arrastrada por el agua. lió airoso de la situación, pero se quedó reflexionando sobre lo acontecido. Se dio cuenta que Dios existía y le había dado otra oportunidad de transformar su vida. Manifestó su intención de casarse con Polly y si bien continuó ejerciendo el comercio de esclavos, su actitud y su trato para con los mismos fue completamente diferente. Se casó con Polly en 1750 y luego, abandonó el comercio de esclavos para ejercer como despachante de aduanas en Liverpool. En el interín, estudió latín, griego y teología para ser ministro anglicano. Pero como no poseía título universitario y tenía un pasado atroz, no pudo lograrlo. No obstante, su devoción religiosa fue mayor y comenzó a escribir sobre su conversión y su pasado como esclavista. Por dicho motivo, el obispo de Lincoln le ofreció la parroquia de Olney en 1764. En aquel entonces, Olney era un poblado donde la mayoría de su población era analfabeta, pobre y se dedicaba a la producción de encajes. A diferencia de los ministros anteriores, Newton predicaba desde el púlpito y no a distancia, lo que motivó la cercanía con sus feligreses.

Para esa época ya había trabado amistad con William Cowper, un escritor que había fracasado como abogado y que tuvo varios intentos de suicidio. Al igual que Newton, también sintió el llamado de Dios y sufrió una conversión. Se hicieron inseparables hasta que se les ocurrió establecer una reunión semanal para charlar mano a mano con los feligreses en 1768 y también componer escritos para los niños que asistían a la parroquia. También pensaron en componer himnos utilizando el lenguaje de la feligresía para facilitar su comprensión. Era muy común en aquel entonces que los clérigos escribieran himnos sobre temas religiosos y se destaca la obra de Isaac Watts -hermano de John Watts, fundador de la Iglesia metodista-, que tuvo una marcada influencia en muchos de los escritos de Newton. Finalmente, el tándem Newton/Cowper decidieron presentar un poema o un himno para cada encuentro semanal de oración. Así nacieron los Himnos de Olney, publicados en 1779 y de los cuales, Newton contribuyó con 280 de los 348 poemas que integraron el libro.

En el caso particular de Amazing Grace, el Nuevo Testamento sirvió de base para el texto. Los versos de la primera estrofa evocan la Parábola del hijo pródigo del Evangelio de Lucas (“Por gracia de Dios, este hijo mío estaba perdido, vive de nuevo y ha sido encontrado”).  Sigue con “estaba ciego y ahora puedo ver”, tomada de la historia del ciego de nacimiento del Evangelio de Juan. Por su parte, la frase “Sublime gracia del Señor, ¡cuán dulce es tu sonido!” se repite varias veces en el texto original en inglés, y que “permitió perdonar a un miserable pecador”, donde Newton hace alusión a su propia historia de vida. Asimismo, la salud mental de Cowper mejoró al poco tiempo después de estrenarse el himno y Newton lo atribuyó a la gracia de salvación.

¿Por qué se transformó en el himno más popular en Estados Unidos?  Porque precisamente, su letra figuraba en varias recopilaciones de himnos religiosos publicados entre 1789 y 1799. A comienzos del siglo XIX se instauró en dicho país un gran movimiento religioso que comenzó en los estados de Kentucky y Tennessee e hizo crecer a las comunidades cristianas en forma multitudinaria, reuniéndose al aire libre para tratar los temas de salvación y redención de los pecados. Por lo tanto, el texto de Newton fue incluido en cultos de congregaciones bautistas, metodistas, presbiterianas, reformados holandeses y evangélicas. Y al igual que en Olney, las comunidades estaban formadas por gente pobre y analfabeta. Por lo tanto, los himnos debían ser simples y repetitivos para que los feligreses los pudieran comprender. Y Amazing Grace vino de perlas para ilustrar estos sermones.

Simultáneamente, en el sur y oeste de Estados Unidos se desarrolló un movimiento independiente de canto comunal y en 1800 apareció un método muy efectivo para enseñar música a personas analfabetas basado en la repetición de notas. Así nació el canto shape note, donde cada uno de los sonidos se acompaña de una nota específica. Precisamente, Amazing Grace se publicó tal cual se la conoce hasta hoy en el cancionero shape note de William Walker Southern Harmony en 1835. Se hizo tremendamente popular, llegándose a vender 600.000 copias en un país cuya población total era de 20 millones de personas. Y a medida que Estados Unidos se expandía hacia el oeste, los cancioneros shape note se distribuían entre los soldados y se incluía en todos los servicios religiosos. También se incluyeron los versos de Newton en la novela abolicionista La Cabaña del Tío Tom de Harriet Beecher Stowe, cuando Tom se encuentra en su hora más difícil. Paradójicamente, en Inglaterra no se popularizó hasta 1950 y recién se publicó con letra y música en 1964. 

Existen infinidad de versiones de este celebérrimo himno, cantadas no solamente por especialistas en gospel (Mahalia Jackson, Aretha Franklin, Marian Anderson y Judy Collins, entre otras) sino también por cantantes populares (Whitney Houston, Andrea Bocelli, Il Divo) y versiones instrumentales de diversa índole.

viernes, 8 de abril de 2022

 

Apertura del ciclo Grandes Intérpretes Internacionales en el Colón de la mano de Plácido Domingo

 

CINCUENTA AÑOS DESPUÉS

Martha CORA ELISEHT

 

            El 2022 es un año muy particular: no sólo marcó el retorno a la presencialidad con aforo completo a los espectáculos tras la pandemia de COVID-19, sino también la recuperación de la actividad cultural de Buenos Aires en general y del Teatro Colón en particular. Pero además, con un valor agregado: se cumplieron 50 años del debut de Plácido Domingo en el escenario del Colón, cuando vino a cantar por primera vez en 1972 el personaje de Don Álvaro en LA FORZA DEL DESTINO de Giuseppe Verdi, junto a la soprano portorriqueña Martina Arroyo y el barítono Gian Piero Mastromei.  A partir de allí comenzó el romance existente entre este gran artista español y el público de Buenos Aires, que lo ha elogiado en sus numerosas visitas a la capital argentina y que se vio coronado el pasado jueves 7 del corriente en la apertura del Ciclo “Grandes Intérpretes Internacionales”, donde se presentó junto a la soprano uruguaya María José Siri acompañados por la Orquesta Estable de dicho teatro, bajo la dirección de Jordi Bernácer.

            El programa estuvo compuesto por las siguientes obras:

-          Obertura de “I Vespri Siciliani”- Giuseppe VERDI (1813-1901)

-          “Nemico della patria” (ANDREA CHÉNIER)- Umberto GIORDANO (1867-1948)

-          “La mamma morta” (ANDREA CHÉNIER)- Umberto GIORDANO

-          “Madamigella Válery” (LA TRAVIATA)- Giuseppe VERDI

-          Obertura de “El Corsario”, Op.21- Héctor BERLIOZ (1803-1869)

-          “O vin, dissipe la tristesse” (HAMLET)- Ambroise THOMAS (1811-1896)

-          “Pleurez, pleurez mes yeux” (LE CID)- Jules MASSENET (1842-1912)

-          Meditación de “THAÏS”- Jules MASSENET

-          “Udiste?.... Mira, d’acerbe” 8IL TROVATORE)- Giuseppe VERDI

 

Ante un Colón que rebosaba de gente -a sala llena y localidades agotadas, como en los viejos tiempos-, Jordi Bernácer hizo su presentación en escena al frente de la Estable, mostrándose como un director joven, pero con entusiasmo e ímpetu, que logró el lucimiento de la orquesta en la consabida obertura verdiana y que sirvió como preámbulo para la presentación del legendario cantante, quien fue ovacionado mediante numerosos aplausos y vítores antes de comenzar su parte. A los 81 años, Plácido Domingo sigue manteniendo un impecable estado físico y una presencia escénica formidable, que lo ayudaron muchísimo en cada una de sus interpretaciones. No sólo se ganó el aplauso en homenaje a su trayectoria como tenor y director de orquesta, sino que además tocó el piso del escenario con sus manos, lo que le valió nuevamente la calidez del público. Y ni bien se produjo un breve silencio, no faltó un ¡”Gracias por venir, Plácido!” que retumbó dentro de la sala y que valió otro aplauso.

Desde 2007 en adelante, Plácido Domingo interpreta roles de barítono y abrió el recital con el aria correspondiente de Gérard en ANDREA CHÉNIER: “Nemico della patria”, donde sus dotes histriónicas le sirvieron para componer el personaje. Si bien demostró un gran oficio y presencia sobre el escenario que lo vio brillar, su voz continúa siendo potente, pero con fallas en las notas graves. Hubo momentos donde se lo escuchó muy apagado y por momentos, daba la impresión que apenas se lo escuchaba. Esto se notó más en el dúo de LA TRAVIATA entre Giorgio Germont y Violetta Válery junto a María José Siri. La soprano uruguaya se desempeñó con maestría, soltura e hizo gala de su técnica y color vocal en todas las arias que le tocó interpretar. Inició su recital con La mamma morta de ANDREA CHÉNIER -sumamente conocida por aquella memorable escena de la película PHILADELPHIA-, donde se le notó algo insegura al comienzo, pero posteriormente fue tomando confianza y afianzándose hasta lograr una interpretación magistral. Y se destacó dando vida a una atormentada y dolida Violetta en el dúo anteriormente mencionado junto a Domingo.

Tras el intervalo, la Estable ejecutó una obertura de las menos conocidas: EL CORSARIO de Héctor Berlioz, que abrió la parte francesa del recital. Compuesta en 1844, es una obra poco difundida, pero de gran belleza tonal, donde Jordi Bernácer volvió a demostrar su maestría y su excelente marcación de los tempi. El aria de HAMLET (“O vin, dissipe la tristesse!”) le sentó de maravilla a Domingo, quien hizo gala de sus dotes histriónicas interpretando a un borracho y donde se lo escuchó mejor desde el punto de vista vocal. Tras su interpretación, el Colón volvió a estallar en aplausos para posteriormente, volver a ovacionar la magnífica interpretación de María José Siri en el aria de Chiméne de LE CID (“Pleurez, pleurez mes yeux”/ “Lloren, mis ojos, lloren”). Es una de las óperas menos representadas de Massenet y Siri lo hizo haciendo gala de sus dotes histriónicas y vocales. Seguidamente, Benácer hizo brillar nuevamente a la Orquesta Estable para ofrecer una magnífica versión de la célebre Meditación de THAÏS, donde el violinista Oleg Pishenin se destacó como solista merced a su profesionalismo y fraseo. Fue sumamente aplaudido y ovacionado tras su interpretación previamente al cierre del recital, donde tanto Plácido Domingo como María José Siri se destacaron en el duetto de IL TROVATORE (“Udite… Mira, d’acerba..”). Él se destacó más en los agudos que en los graves en el aria del Conde de Luna, pero su dominio escénico y su histrionismo primaron por sobre la parte vocal y salió airoso del desafío.

 No faltaron los consabidos bises tras el recital y los ramos de flores que los lacayos portaron como regalo para los cantantes y el director de orquesta. Tras los aplausos, Plácido Domingo abrió el juego con una canción romántica de María Gravier: “Amor, vida de mi vida”, donde se lució como buen intérprete del género. Acto seguido, María José Siri ofreció una muy buena versión de la Romanza de Rosa de LOS CLAVELES. La zarzuela tuvo su revancha de la mano del tándem Domingo/ Siri en el dúo entre Rafael y Solea de EL GATO MONTÉS de Penella. Si bien una recuerda la interpretación de Domingo como tenor junto a figuras de la talla de Monserrat Caballé, Pilar Lorengar y tantas otras cantantes -entre las nuestras, Paula Almerares y Cecilia Díaz, quienes lo acompañaron en la gala de apertura del Teatro Avenida-, aquí su voz mostró el paso del tiempo y la falta del brillo que alguna vez la caracterizó. De todas maneras, el público lo ovacionó una vez más hasta que comenzaron a entrar un guitarrista, dos bandoneonistas y un pianista para ofrecer uno de los tantos tangos que Domingo también cantó en sus épocas de gloria: Volver, de Gardel y Le Pera. Su letra le sentó de maravilla para narrar el momento actual en la vida del cantante, quien tuvo una interpretación correcta (aunque falló en los graves al final del tema). 

Quienes han presenciado el recital van a poder decir “Disfruté de la despedida de Plácido Domingo y sus bodas de oro con el Colón”. A diferencia del tango que eligió para cerrar su recital, cincuenta años son toda una vida sobre el escenario. Pese al correr del tiempo, Plácido Domingo tiene el privilegio de gozar de buena salud y de ser un mito viviente. Hay que recordarlo como el gran artista que es y como el tenor que alguna vez supo ser. 

 

 

 

Impresionante debut de la Orquesta Sinfónica Juvenil “Gral. San Martín” en el CCK

 

EL MARAVILLOSO TESORO Y TALENTO DE LA JUVENTUD

Martha CORA ELISEHT

 

            Si hay algo que sobra en la República Argentina -además de ingenio y picardía- es talento en todos los aspectos y en todos los sectores de la sociedad. Afortunadamente, la Orquesta Sinfónica Juvenil “Libertador General San Martín” es un buen ejemplo de ello. Desde su creación en 1994, reúne a músicos muy jóvenes provenientes de todo el país brindándoles no solamente estudio, capacitación y perfeccionamiento, sino que además les ofrece una salida laboral, ya que es el semillero que forma a los futuros integrantes de las principales orquestas sinfónicas del país -y en muchos casos, del exterior-. Dicho derroche de talento se vio plasmado en el concierto de presentación de dicho organismo sinfónico el pasado miércoles 6 del corriente en el Auditorio Nacional del Centro Cultural Kirchner (CCK) bajo la dirección de Agustín Montalli -asistente de Mario Benzecry, quien no pudo estar al frente de la orquesta por un contratiempo- y la participación de la violinista Pilar Magalí Polisano, en un programa donde se ejecutaron las siguientes obras:

-          “Gallarda Hispánica”, Op.33- Juan F. GIACOBBE (1907-1990)

-          Introducción y rondó caprichoso en La menor para violín y orquesta- Camile SAINT- SAËNS (1835- 1921)

-          “Tzigane” (rapsodia de concierto)- Maurice RAVEL (1875-1937)

-          Sinfonía n°4 en Re menor, Op.120- Robert SCHUMANN (1810-1857)

Ante la consabida falta de programas de mano, Montalli se presentó y brindó una breve reseña sobre la historia de la orquesta, los objetivos para los cuales fue creada y las obras comprendidas en el programa. La Gallarda Hispánica del compositor y musicólogo argentino Juan francisco Giacobbe fue compuesta en 1940 y su primera representación data del mismo año como música de fondo de la obra teatral “Rueda de Fuego”, estrenada en el Teatro Nacional de Comedias -actual Cervantes-. Consta de dos temas bien definidos sobre motivos españoles y existen dos versiones: una para clave y otra, para pequeña orquesta de cuerdas, arpa, timbales y maderas (flauta, oboe, clarinete en Si bemol y fagot). La versión ofrecida fue magnífica en todo sentido, donde se lucieron tanto los músicos como el director. Este último se destacó por la precisión en los tempi y el vuelo orquestal, motivo por lo cual fue muy aplaudido.

Pilar Magalí Polisano es una adolescente de tan sólo 13 años y una virtuosa del violín. Y lo demostró con creces ante un Auditorio Nacional a sala llena en las dos piezas de extrema dificultad para el repertorio de dicho instrumento: la Introducción y rondó caprichoso en La menor de Saint- Saëns y la célebre Tzigane de Ravel. La primera fue compuesta en 1863 para el gran violinista español Pablo de Sarasate -quien encargó al compositor francés un concierto para violín y orquesta cuando sólo contaba con 15 años de edad, en 1859-. Ante semejante halago, Saint- Saëns compuso su Concierto n°1 en La mayor y posteriormente, la Introducción y rondó caprichoso, que fue estrenada por Sarasate en 1867. Se basa en motivos españoles que permiten un lucimiento del solista en cuanto a fraseo, técnica- alternando en cascada como pizzicato y punteo- y virtuosismo. Luego de una lánguida introducción, el rondó caprichoso propiamente dicho es chispeante y repite numerosas veces el tema principal. Esta pequeña gigante del violín sorprendió y deleitó a los espectadores merced a su magistral digitación, fraseo y la frescura de su interpretación. (Por momentos, hizo recordar a quien escribe el debut de Midori sobre el escenario del Colón cuando sólo tenía 9 años). Como era de esperarse, la ovación a esta talentosísima intérprete fue total, ya que dejó boquiabiertos a todos. Lo mismo sucedió con la consabida Tzigane, definida por su autor como “rapsodia de concierto para violín y orquesta” sobre temas gitanos. Fue compuesta en 1924 para la violinista húngara Jelly d’Aranyi, a quien había escuchado en Londres junto a Bela Bartók. Se sintió cautivado por su estilo de improvisación y decidió componer una obra para violín y piano. Para ello se basó en las Danzas húngaras de Brahms, las Rapsodias húngaras de Liszt y tomó los Caprichos de Paganini para la parte del violín. El famoso solo que abre la obra está basado en las improvisaciones de d’Aranyi y fue orquestado posteriormente por Ravel para completar el trabajo. El resultado es una obra de extrema dificultad técnica para el instrumento solista que sólo dura 10 minutos, pero de una belleza singular. Y fue ejecutado con una impresionante maestría tanto por Polisano como la orquesta en las cadencias, escalas cromáticas ascendentes y en el pizzicato con ambas manos, de extrema dificultad técnica. Tanto los solistas a cargo del oboe, clarinete, celesta y arpa supieron lucirse con creces. Al final de la pieza, el Auditorio Nacional estalló en vítores y aplausos, motivo que obligó a Pilar Polisano a hacer un bis: el Capricho n°24 de Nicolo Paganini -en el cual se basa Rachmaninov para componer su célebre Rapsodia-, donde se volvió a lucir como una gran promesa y virtuosa del violín.

La obra de fondo elegida para esta ocasión fue la celebérrima Sinfonía n°4 en Re menor, Op.120 de Schumann, que posee una particularidad: sus 4 movimientos (Ziemlich langsam- Lebhaft/ Romanze: Ziemlich langsam/ Scherzo & Trio: Lebhaft/ Langsam- Lebhaft- Schneller- Presto) se ejecutan de manera attaca (sin interrupción). Tras la introducción inicial a cargo de clarinetes y fagots (Bastante lento- Ziemlich langsam) en Re menor, pasa luego a un tema brillante en Re mayor (Lebhaft- vivo). Este juego y alternancia de tonalidades (primero, en menor y luego, en mayor) se va a dar también en el 2° movimiento (Ziemlich langsam- Bastante lento), donde se inicia en La menor y pasa posteriormente, a La mayor, mientras que el Scherzo y trío característico del 3° movimiento se mantiene en Re menor para culminar con un final brillante y rápido (Schnell- Presto) en Re mayor, que fueron interpretados con una entrega, maestría y precisión totales, donde se destacaron todos y cada uno de los músicos. Por su parte, Agustín Montalli demostró ser un director de excelencia, que supo brindar una interpretación brillante, con una marcación muy precisa y un perfecto dominio de la orquestación y los tempi. Y como no podía ser de otra manera, el Auditorio Nacional volvió a estallar en aplausos y vítores.

Tras tanto tiempo de ausencia, parece ser que la presencialidad ha traído una especie de “primavera cultural”, donde los espectáculos brotan como hongos. Pero además y hasta este momento de la temporada, los ofrecidos en el CCK son todos de excelente calidad y uno mejor que el otro. En este caso, con toda la fuerza, la energía y el maravilloso talento de la juventud que integra los organismos sinfónicos del país.

jueves, 7 de abril de 2022

 

Mansiòn BA: Primer concierto lírico

Una noche para el recuerdo

Mansión BA

Domingo 3 de abril de 2022

 Escribe: Graciela Morgenstern

Fotos: Mansión BA

 

Gala de apertura Mansión BA

Elenco: Mónica Ferracani (soprano)

               María Luján Mirabelli (mezzo soprano)

               Enrique Folger (tenor)

               Leonardo López Linares (barítono)

                Mario Perusso (Director musical) 

Programa:  "Aída", Giuseppe Verdi: Obertura

                                                          Dúo de Aída y Amneris

                   "Andrea Chenier", Umberto Giordano: "Nemico della patria"

                                                                                 "Un dí all'azzurro spazio"

                  "Tosca", Giacomo Puccini: "Vissi d'arte"

                                                              "E lucevan le stelle"

                   "Cavalleria Rusticana", Pietro Mascagni: "Voi lo sapete"

                   "Don Carlo", Giuseppe Verdi: Dúo Don Carlo y Rodrigo

                                                                   "O don fatale"

                  "La Forza del Destino", Giuseppe Verdi: "Pace mio Dio"

                  "Il Trovatore", Giuseppe Verdi: "Il balen del suo sorriso"

                                                                    Cuarteto final

Sala: Mansión BA                         

 Siempre es una alegría contar con un nuevo espacio para la música. En este caso se trata de la reapertura de lo que era la famosísima Unione e Benevolenza, inaugurada en 1858 en la que muchos jóvenes cantantes daban sus primeros pasos y era la piedra fundacional para sus carreras. Luego se convertían en artistas muy destacados.

Ahora, restaurada y con el nombre de Mansión BA, reinicia sus actividades líricas y vuelve a lucir la belleza arquitectónica de su sala. Las actividades a desarrollar serán de diversa índole y abarcarán estilos musicales diferentes que tendrán un común denominador: apuntar a la calidad artística

En esta oportunidad, se llevó a cabo un concierto lírico que contó con figuras de alto nivel de jerarquía. El programa, compuesto por obras de compositores italianos de diferentes épocas, estuvo muy bien seleccionado. Si bien se trataba de escenas de óperas muy conocidas, todas tenían dificultades que sortear, lo que permitió el lucimiento de los cantantes y sostuvo el interés del público.

De esta manera, se pudieron apreciar las bondades del canto de la soprano Mónica Ferracani quien dejó expuestas todas sus virtudes vocales y estilísticas en todas sus intervenciones. Ya sea en las arias que abordó: “Vissi d’arte” (“Tosca”) y “Pace mio dio” (“La Forza del Destino”), en las que conjugó dramatismo y delicadeza, asì como también en los dúos y escenas de conjunto, no escatimó en exhibir su línea de canto impecable, técnica depurada y buen gusto en el decir, lo que la ha convertido en una de las mejores sopranos de nuestro medio.

Tampoco fue menor el desempeño de la mezzo soprano María Luján Mirabelli, hacedora de esta reapertura, ya que tiene a su cargo el armado y preparación de los espectáculos líricos a realizarse. Y, por supuesto, del que es objeto de este comentario. En todas sus intervenciones se pudo apreciar su importante caudal vocal y la entrega y energía puesta al servicio del dramatismo que conlleva sus arias "Voi lo sapete", de "Cavallería Rusticana" y "O don fatale", de "Don Carlo".

Enrique Folger es uno de los tenores más descollantes con que contamos, tanto en lo vocal como en el compromiso con los personajes que interpreta. No escatimó recursos en las arias y escenas de conjunto a su cargo. Salió airoso de las dificultades propuestas.  Sonó seguro y realizó una muy buena actuación desde todo punto de vista.

Completando el cuarteto de cantantes, el barítono Leonardo López Linares realizó una óptima actuación,  con voz potente y generosa que se adaptó perfectamente a la línea de canto y fraseo que las obras exigían. Ésto sumado a una fuerte personalidad  y notable habilidad interpretativa.

Acompañó la orquesta dirigida por la experimentada batuta de un de nuestros directores líderes, Mario Perusso, quien condujo con pericia y sensibilidad.

Tras el final del cuarteto de "Il Trovatore" con el que concluyó el programa y ante los entusiastas aplausos de la concurrencia, los artistas brindaron, fuera de programa, "Mattinata", de Ruggiero Leoncavallo.

En definitiva, la recuperación de un espacio muy valioso, cantantes de gran nivel y un director de orquesta avezado. Qué más se puede pedir?

lunes, 4 de abril de 2022

  Ciclo de Conciertos de Cámara 2022

Museo de la Fundacion Rómulo Raggio
El sábado 2/4 se inauguró el Ciclo de Conciertos de Cámara 2022 , 11° temporada, con la actuación del Ensamble Presencias, siendo esta la primera intervención en público del trio, formado por Lucía Herrera, Gabriela Massun Sovic y Agustina Herrera que  se dedicará a la difusión de obras de compositoras. El concierto  se inició con el Trio op.11 en sol menor de Cecile Chaminade, compositora y pianista francesa que  creo esta obra en 1880, con texturas claras, melodias memorables, estilo elegante y asequible, donde Agustina Herrera pudo  demostrar gran expresividad  en sus  intervenciones pianisticas. En segundo lugar se  ejecutó Los Fuegos de San Telmo de Marta Lambertini, obra comisionada a la autora argentina por el Trio de la Fundación  San Telmo en 1985, Los fuegos de cámara de San Telmo fue dedicado al Trio por la M° Lambertini, allí Lucia Herrera mostró gran virtuosismo en algunos pasajes de la obra
En la segunda parte se pudo escuchar una grata ejecución del Trio op17 en sol menor de Clara Weick- Schumann, fue este su único trío para piano  y tuvo una gran influencia en la composición del trío de su esposo Robert, el primer trío para para piano op. 63, ya que ambos comparten muchas similitudes interesantes.
Al final del concierto el público despidió a las artistas con un caluroso aplauso

                                                                                     Marta Lugo de Palacio

 El viernes 1° de abril a las  20.30 concierto homenaje en la Sala Gastón Barral a cien años del nacimiento de Ariel Ramírez.

Con sala colmada, se escucharon versiones para cuarteto de cuerdas de obras del compositor argentino que fueron solicitadas al M° Espel por SADAIC dentro del marco de homenajes por el centenario del  nacimiento del M° Ramírez. Con magníficas interpretaciones de Elías Gurevich y Grace Medina  en violines, Kristine Bara  en viola, Pedro Carabajal en cello y Lina Avellaneda en canto, se pudo disfrutar de una velada de alta calidad. Mención especial al Gloria, cuya transcripción e interpretación van a ser dignas de recordar. El cierre del concierto lo constituyó La hermanita perdida obra del  M° Ramírez y A.Yupanqui a cargo de Lina Avellaneda acompañada por el Cuarteto, que creó un clima de honda emoción a horas de la  celebración de los 40 años del inicio de la Guerra de Malvinas
Esperemos que La Misa Criolla sea versionada en su totalidad por el M° Espel, que en este concierto nos  presentó algunos de sus pasajes que fueron de excelente cualidad

                                                                                      Marta Lugo de Palacio