viernes, 8 de abril de 2022

 

Apertura del ciclo Grandes Intérpretes Internacionales en el Colón de la mano de Plácido Domingo

 

CINCUENTA AÑOS DESPUÉS

Martha CORA ELISEHT

 

            El 2022 es un año muy particular: no sólo marcó el retorno a la presencialidad con aforo completo a los espectáculos tras la pandemia de COVID-19, sino también la recuperación de la actividad cultural de Buenos Aires en general y del Teatro Colón en particular. Pero además, con un valor agregado: se cumplieron 50 años del debut de Plácido Domingo en el escenario del Colón, cuando vino a cantar por primera vez en 1972 el personaje de Don Álvaro en LA FORZA DEL DESTINO de Giuseppe Verdi, junto a la soprano portorriqueña Martina Arroyo y el barítono Gian Piero Mastromei.  A partir de allí comenzó el romance existente entre este gran artista español y el público de Buenos Aires, que lo ha elogiado en sus numerosas visitas a la capital argentina y que se vio coronado el pasado jueves 7 del corriente en la apertura del Ciclo “Grandes Intérpretes Internacionales”, donde se presentó junto a la soprano uruguaya María José Siri acompañados por la Orquesta Estable de dicho teatro, bajo la dirección de Jordi Bernácer.

            El programa estuvo compuesto por las siguientes obras:

-          Obertura de “I Vespri Siciliani”- Giuseppe VERDI (1813-1901)

-          “Nemico della patria” (ANDREA CHÉNIER)- Umberto GIORDANO (1867-1948)

-          “La mamma morta” (ANDREA CHÉNIER)- Umberto GIORDANO

-          “Madamigella Válery” (LA TRAVIATA)- Giuseppe VERDI

-          Obertura de “El Corsario”, Op.21- Héctor BERLIOZ (1803-1869)

-          “O vin, dissipe la tristesse” (HAMLET)- Ambroise THOMAS (1811-1896)

-          “Pleurez, pleurez mes yeux” (LE CID)- Jules MASSENET (1842-1912)

-          Meditación de “THAÏS”- Jules MASSENET

-          “Udiste?.... Mira, d’acerbe” 8IL TROVATORE)- Giuseppe VERDI

 

Ante un Colón que rebosaba de gente -a sala llena y localidades agotadas, como en los viejos tiempos-, Jordi Bernácer hizo su presentación en escena al frente de la Estable, mostrándose como un director joven, pero con entusiasmo e ímpetu, que logró el lucimiento de la orquesta en la consabida obertura verdiana y que sirvió como preámbulo para la presentación del legendario cantante, quien fue ovacionado mediante numerosos aplausos y vítores antes de comenzar su parte. A los 81 años, Plácido Domingo sigue manteniendo un impecable estado físico y una presencia escénica formidable, que lo ayudaron muchísimo en cada una de sus interpretaciones. No sólo se ganó el aplauso en homenaje a su trayectoria como tenor y director de orquesta, sino que además tocó el piso del escenario con sus manos, lo que le valió nuevamente la calidez del público. Y ni bien se produjo un breve silencio, no faltó un ¡”Gracias por venir, Plácido!” que retumbó dentro de la sala y que valió otro aplauso.

Desde 2007 en adelante, Plácido Domingo interpreta roles de barítono y abrió el recital con el aria correspondiente de Gérard en ANDREA CHÉNIER: “Nemico della patria”, donde sus dotes histriónicas le sirvieron para componer el personaje. Si bien demostró un gran oficio y presencia sobre el escenario que lo vio brillar, su voz continúa siendo potente, pero con fallas en las notas graves. Hubo momentos donde se lo escuchó muy apagado y por momentos, daba la impresión que apenas se lo escuchaba. Esto se notó más en el dúo de LA TRAVIATA entre Giorgio Germont y Violetta Válery junto a María José Siri. La soprano uruguaya se desempeñó con maestría, soltura e hizo gala de su técnica y color vocal en todas las arias que le tocó interpretar. Inició su recital con La mamma morta de ANDREA CHÉNIER -sumamente conocida por aquella memorable escena de la película PHILADELPHIA-, donde se le notó algo insegura al comienzo, pero posteriormente fue tomando confianza y afianzándose hasta lograr una interpretación magistral. Y se destacó dando vida a una atormentada y dolida Violetta en el dúo anteriormente mencionado junto a Domingo.

Tras el intervalo, la Estable ejecutó una obertura de las menos conocidas: EL CORSARIO de Héctor Berlioz, que abrió la parte francesa del recital. Compuesta en 1844, es una obra poco difundida, pero de gran belleza tonal, donde Jordi Bernácer volvió a demostrar su maestría y su excelente marcación de los tempi. El aria de HAMLET (“O vin, dissipe la tristesse!”) le sentó de maravilla a Domingo, quien hizo gala de sus dotes histriónicas interpretando a un borracho y donde se lo escuchó mejor desde el punto de vista vocal. Tras su interpretación, el Colón volvió a estallar en aplausos para posteriormente, volver a ovacionar la magnífica interpretación de María José Siri en el aria de Chiméne de LE CID (“Pleurez, pleurez mes yeux”/ “Lloren, mis ojos, lloren”). Es una de las óperas menos representadas de Massenet y Siri lo hizo haciendo gala de sus dotes histriónicas y vocales. Seguidamente, Benácer hizo brillar nuevamente a la Orquesta Estable para ofrecer una magnífica versión de la célebre Meditación de THAÏS, donde el violinista Oleg Pishenin se destacó como solista merced a su profesionalismo y fraseo. Fue sumamente aplaudido y ovacionado tras su interpretación previamente al cierre del recital, donde tanto Plácido Domingo como María José Siri se destacaron en el duetto de IL TROVATORE (“Udite… Mira, d’acerba..”). Él se destacó más en los agudos que en los graves en el aria del Conde de Luna, pero su dominio escénico y su histrionismo primaron por sobre la parte vocal y salió airoso del desafío.

 No faltaron los consabidos bises tras el recital y los ramos de flores que los lacayos portaron como regalo para los cantantes y el director de orquesta. Tras los aplausos, Plácido Domingo abrió el juego con una canción romántica de María Gravier: “Amor, vida de mi vida”, donde se lució como buen intérprete del género. Acto seguido, María José Siri ofreció una muy buena versión de la Romanza de Rosa de LOS CLAVELES. La zarzuela tuvo su revancha de la mano del tándem Domingo/ Siri en el dúo entre Rafael y Solea de EL GATO MONTÉS de Penella. Si bien una recuerda la interpretación de Domingo como tenor junto a figuras de la talla de Monserrat Caballé, Pilar Lorengar y tantas otras cantantes -entre las nuestras, Paula Almerares y Cecilia Díaz, quienes lo acompañaron en la gala de apertura del Teatro Avenida-, aquí su voz mostró el paso del tiempo y la falta del brillo que alguna vez la caracterizó. De todas maneras, el público lo ovacionó una vez más hasta que comenzaron a entrar un guitarrista, dos bandoneonistas y un pianista para ofrecer uno de los tantos tangos que Domingo también cantó en sus épocas de gloria: Volver, de Gardel y Le Pera. Su letra le sentó de maravilla para narrar el momento actual en la vida del cantante, quien tuvo una interpretación correcta (aunque falló en los graves al final del tema). 

Quienes han presenciado el recital van a poder decir “Disfruté de la despedida de Plácido Domingo y sus bodas de oro con el Colón”. A diferencia del tango que eligió para cerrar su recital, cincuenta años son toda una vida sobre el escenario. Pese al correr del tiempo, Plácido Domingo tiene el privilegio de gozar de buena salud y de ser un mito viviente. Hay que recordarlo como el gran artista que es y como el tenor que alguna vez supo ser. 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario