sábado, 2 de noviembre de 2024

 

UN MUY INTERESANTE ESTRENO ARGENTINO

 

Orquesta Sinfónica Nacional, temporada 2024: Concierto, Directora: Ligia Amadio. Programa: Obras de Lopszyc y Rachmaninoff. Centro Cultural Domingo  Faustino Sarmiento, Auditorio Nacional. 01 de Noviembre de 2024.

 

NUESTRA OPINION: BUENO.

 

 Este concierto ha tenido sumo valor ya que el centro del mismo y a su vez el punto más alto de la velada lo constituyó el estreno mundial de “Háblame de Dios… y el Almendro Floreció”  de Eva Lopszyc, acaso la más prolífica de las compositoras nacionales actuales. Escrita para cuerdas con un suave final de triángulo, nos muestra a una Lopszyc distinta, con un manejo muy fino de la tensión y la intensidad en el centro de su obra, como tal vez muy pocas veces se la ha apreciado en ese estilo.  Surgida de un episodio de la vida de San Francisco de Asis, aquel en que parado frente a un almendro en reiteradas oportunidades le pide que le hable de Dios, finalmente el florecer de ese árbol es lo que el almendro le corresponde a ese pedido. Una frase melódica citada en varios pasajes de la obra, al estilo de “La Pregunta sin Respuesta” de Charles Ives , arropada por pasajes de la ya citada intensidad musical y un calmo final en donde desde las entrañas mismas del conjunto de cuerdas surge un violinista, en este caso reemplazando al percusionista para graficar con un sutil toque de triángulo el florecer del almendro. La conducción de la Maestra Ligia Amadio (Acaso la conductora con mayor trayectoria y experiencia en esta parte de Sudamérica) fue impecable, demostrando su compromiso con la obra de esta gran creadora argentina y obteniendo por parte de las secciones de cuerdas de la sinfónica un rendimiento superlativo.

 

  El concierto se completó con una correcta versión de la sinfonía Nº 2, op.27 de Serguei Rachmaninoff, en donde deben rescatarse  las intervenciones decisivas de algunos sectores de la orquesta a lo largo de sus cuatro movimientos, fundamentalmente cuerdas y vientos los que respondieron en buena forma a las marcaciones de la maestra Amadio con lógico epicentro en el tercer tiempo en donde fluyó a pleno la belleza de la música.

 

  Un público que llamativamente no colmó las instalaciones del Auditorio Nacional como en otras ocasiones, batió palmas de manera sostenida al final de la obra mostrándose conforme con  la labor de la Directora y los músicos. Justamente estos últimos también la aplaudieron, demostrando su afinidad con los directores con los que el conjunto tiene plena empatía. Todo dicho.

 

Andrea Maragno y Susana Frangi, dos exquisitas interpretes para "Tertulia Maragno". Fotografía de la autora del presente artículo.


Muy buen homenaje a Virtú Maragno en el Salón de Honor del Palacio Sarmiento


UN BRINDIS PARA EL MAESTRO


Martha CORA ELISEHT


Uno de los compositores argentinos más importantes del siglo XX ha sido Virtú

Maragno (1928-2004), cuya obra no solamente comprende música sinfónica, sino

también música de cámara, música de películas – entre otras, El Candidato, Soluna, La

Cosecha, La primera fundación de Buenos Aires y Setenta veces siete- y su ópera de

carácter nacionalista Fuego en Casabindo, cuyo estreno se produjo de manera póstuma

en el Teatro Colón en 2004. El pasado domingo 27 del corriente se produjo un

espectáculo en su homenaje -TERTULIA MARAGNO- en el Salón de Honor del Palacio

Domingo Faustino Sarmiento (ex CCK), que contó con la siguiente ficha técnica:

dirección, coreografía y puesta en escena de Yamil Ostrovsky; dirección de arte de

Débora Teplitzki; diseño de proyección de Pilar Boyle y Mariano Asseff; guion de

Diego Damián Martínez y participación de los siguientes artistas: Andrea Maragno

(soprano), Susana Frangi (pianista acompañante), Gabriela Montes (bailarina) y

Esteban Fiocca (actor).

Mediante una muy buena selección de poemas elegidos por el propio compositor

pertenecientes a Juan I. Ortiz, José Pedroni, César Mermet, Rafael Alberti, Pablo

Neruda y Federico García Lorca combinados con las canciones de cámara compuestas

en diferentes períodos de la vida del músico santafesino -alumno de Vicente

Scaramuzza, Antonio De Raco y Luis Gianneo, entre otros-, el espectáculo ofrece una

perfecta conjunción entre música, danza y canto. Mientras Andrea Maragno interpreta

las canciones, la bailarina y el actor actúan con diferentes elementos (un sillón, telas que

simulan las olas del mar o con las cuales se envuelven). La coreografía también emplea

movimientos en espejo, pasos de tango y elementos de danza contemporánea (giro,

contracción, relajación). Llega un momento donde el actor, la bailarina y la cantante

interactúan para brindar una interpretación acorde a las letras de las canciones. El gran

acompañamiento musical de una pianista de los quilates de Susana Frangi hizo el resto

en los 45 minutos que dura el espectáculo, con una concurrencia a sala llena. Inclusive,

se colocaron puff y almohadones de cuero en el piso para que la gente se sintiera más

cómoda.

La sobriedad y elegancia del Salón de Honor brindaron el marco perfecto para

este concierto, que contó con la magnífica coreografía de Yamil Ostrovsky para dar vida

a este proyecto. Los artistas se lucieron -tanto individualmente como en equipo- y

rescataron la obra de Maragno en un justo y merecido homenaje. Precisamente, el título

de esta crónica es la frase con la cual se abrió la función, que se repetirá en Noviembre

dentro del mismo espacio. Vale la pena asistir y apreciar la obra de cámara de Virtú

Maragno en toda su expresión.

 Gran actuación de la Orquesta de Cámara del Congreso de la Nación


TODO ES TALENTO ANTE LOS OJOS DE DIOS


Martha CORA ELISEHT


Dentro del Ciclo de Conciertos ofrecidos por la Orquesta de Cámara del

Congreso de la Nación, el pasado lunes 28 del corriente tuvo lugar un concierto

temático denominado “JERUSALÉN DE ORO” en el Salón de los Pasos Perdidos del

Congreso Nacional, cuyo repertorio estuvo integrado por obras de compositores judíos.

Bajo la dirección de Esteban Rajmilchuk y la participación de la violoncelista Mariana

Levitin en calidad de solista, la agrupación brindó el siguiente programa:

- “Kaddish” (estreno argentino)- David KORENCHENDLER (1948-2021)

- “Un americano en París” (suite de Claudio Torris)- George GERSHWIN

(1898-1937)

- Kol Nidrei para violoncello y orquesta, Op.47- Max BRUCH (1838-1920)

(transcripción de José Bragato)

- Intermezzo, Op.8- Franz SCHREKER (1878-1934)

- Sinfonía n°12 para cuerdas en Sol menor- Félix MENDELSSOHN (1809-1847)


Nacido en 1948 en Río de Janeiro, David Korenchendler ha sido un compositor muy

prolífico. Hijo de sobrevivientes del Holocausto emigrados a Brasil, estudió piano con

Lúcia Branco y Arnaldo Estrella y, posteriormente, se dedicó a la composición. Su obra

comprende 7 sinfonías, música coral sacra y secular, conciertos para piano y orquesta,

violín y orquesta y la Suite- concerto alla brasileira para oboe. Su obra Kaddish se

representó en calidad de estreno argentino y alude al típico lamento que realizan los

judíos ante la pérdida de un ser querido, donde el violoncello lleva la melodía -muy

buena labor de Paula Pomeraniec-. También se destacaron los violinistas Catriel Galván

y el concertino Pablo Pereira en la ejecución de sus solos.

Seguidamente, se presentó una suite para orquesta de cuerdas de Claudio Torris

sobre la celebérrima Un americano en París de Gershwin. El compositor

estadounidense quedó impresionado por la vida cotidiana y la vorágine de la capital

francesa, hacia donde se dirigió en 1928 para perfeccionarse con Nadia Boulanger. La

presente versión contiene los principales temas de la obra, donde las violas y los

violines reemplazan al solo de trompeta y los primeros violines toman la cadencia del

swing con contrapunto en violas, violoncellos y contrabajos, al igual que la muy buena

cadencia en trémolo de los violoncellos previa al final. Estuvo muy bien logrado y fue

sumamente aplaudida.

A continuación, la violoncelista Mariana Levitin se dirigió al público para explicar

el significado religioso del Kol Nidrei, Op.47 de Max Bruch. Es una melodía que se

interpreta en el Día del Perdón (Iom Kipur), donde se invoca a Dios por la concesión del

perdón y de las promesas no cumplidas, donde el cello imita la voz del cantor que


ofrece la liturgia en la sinagoga. Fue compuesta y estrenada en Berlín en 1881 y es la

obra más conocida de Bruch luego de su Concierto n°1 para violín y orquesta. En este

caso, se usó una transcripción para cuerdas de José Bragato, donde Mariana Levitin se

lució como solista, abarcando todo el registro del instrumento con un perfecto dominio

de trinos y fraseo. Se retiró ovacionada por el numeroso público que se dio cita en el

Salón de los Pasos Perdidos esa noche y recibió el consabido diploma que se les da a

todos los invitados de parte del Dr. Daniel Abate -Director de Cultura del Senado- y

Andrea Barbieri -Secretaria de Cultura de la Cámara de Diputados-, al igual que

Esteban Rajmilchuk en calidad de director invitado. Posteriormente, la violoncelista

volvió a tomar su lugar dentro de la orquesta en calidad de solista guía para completar la

primera parte del concierto con el Intermezzo, Op.8 del compositor austríaco Franz

Schreker, cuya música cayó en el olvido luego de la Segunda Guerra Mundial y que se

ha apuesto nuevamente en vigencia. Compuesto en 1900, posee dos temas: uno, de

carácter elegíaco y el otro, de estilo romántico, que fueron interpretados de manera

exquisita y sutil.

La obra de cierre fue la Sinfonía para cuerdas n°12 en Sol menor, la penúltima de

una serie de 13 sinfonías compuestas entre 1820 y 1823 cuando tenía entre 12 a 14 años

en calidad de ejercicios de composición. Su duración es de aproximadamente 20

minutos y posee tres movimientos: Fuga: grave- Allegro (Sol menor, 4/4); Andante (Mi

bemol mayor, 6/8) y Allegro molto (Sol menor, 4/4). Suena de manera romántica, pero,

a su vez, solemne desde el Grave inicial (de impronta händeliana) al cual, sigue una

fuga escrita a 4 voces que fusiona magistralmente el contrapunto barroco con la

polifonía clásica. La orquesta brindó una excelente versión, con gran profundidad

sonora. El Andante central en 6/8 se sitúa en la misma línea divisoria entre

Romanticismo y Clasicismo y la orquesta lo interpretó de manera sutil y refinada desde

los primeros compases. El Allegro molto final retoma el tema inicial y está compuesto

en forma sonata, al mejor estilo del concerto grosso representativo del barroco alemán,

donde el concertino Pablo Pereira se lució en el solo de violín. La marcación y

conducción de Esteban Rajmilchuk fueron muy precisas y se logró una excelente

versión, que fue muy aplaudida por parte del público.

Si bien la mayoría de las obras comprendidas en el programa fueron compuestas por

músicos de origen judío, hubo uno que era protestante (Max Bruch) y otro, convertido

al protestantismo (Mendelssohn). Todos han dejado piezas de una belleza sonora

incomparable y es un placer no sólo escuchar un estreno, sino también, descubrir la obra

de compositores muy poco conocidos en el medio local. Al fin y al cabo,

independientemente de la religión que se profese, todos son talentosos ante los ojos de

Dios.

domingo, 13 de octubre de 2024

 

VEINTICINCO AÑOS PROMOVIENDO LAS MEJORES VOCES

 

  Juventus Lyrica ha cumplido un cuarto de siglo y quien esto escribe ha tenido el privilegio de ver crecer y desarrollar la idea: promover voces jóvenes, algunas de las cuales han llegado a trascender el medio argentino  para insertarse en el plano internacional. Ya al cumplir veinte años, en donde se festejó a lo grande en el Teatro Colón, reseñé acerca de los cantantes que por allí pasaron y se dieron a conocer, de los directores escénicos que plasmaron sus ideas en el escenario y de los importantes músicos que colaboraron. Hoy, mirando hacia atrás y en perspectiva, ha sido sumamente extenso el camino recorrido y se va plasmando una continuidad, la que es visible en los espectáculos para niños, en los aportes durante los ciclos lectivos con presentaciones en colegios o apoyos como con el proyecto C.A.S.A. llevando la lírica a zonas carenciadas.

 

  En esta oportunidad, los festejos se hicieron en la casa en que sus sueños se llevaron a cabo: el Teatro Avenida de Buenos Aires y dijeron presente voces que integraron los primeros elencos, junto algunas de épocas más recientes y otras que comienzan a marcarnos que el futuro ya llegó.  También dijeron presente, puntales fundamentales de la preparación, la Dirección Orquestal y Coral y el acompañamiento.

 

  En cuanto al contenido, pasajes de títulos de los grandes compositores que nos llevan a recordar grandes noches junto a alguna sorpresa. Se interpretaron pasajes de : “Don Giovanni” y “Cosi Fan Tutte” (Mozart), “Don Pasquale” (Donizetti), “Rigoletto” y Nabucco (Verdi), “La Boheme”, “Madama Butterfly” y “La Rondine” (Puccini), “Cavalleria Rusticana” (Mascagni), “Romeo y Julieta” (Gounod), “Los Cuentos de Hoffmann  (Offenbach), “El Murcielago” (Johann Strauss II), “El País de las Sonrisas” y “La Viuda Alegre” (Lehar), “Carmen” (Bizet) y la sorpresa: “Lohengrin” (Wagner).

 

  Intervinieron en la función que presencié el 13 de Octubre: Jaquelina Livieri, Laura Polverini, Natacha Nocetti, Constanza Díaz Falú, Sol Rise, Cintia Velázquez (Sopranos), Estefanía Cap (Mezzosoprano), Enrique Folger, Marcelo Gómez, Patricio Oliveira, Nazareth Aufe, Alvaro García Martínez, Rodolfo Pettinicchio, Gabriel Vacas (Tenores) y Ernesto Bauer, Juan Salvador Trupia, Alejo Alvarez Castillo, Gabriel Carasso y Nicolás Tumini (Barítonos). Una pequeña orquesta preparada como una gran sinfónica que condujo impecablemente Hernán Sánchez Arteaga (Venido especialmente de Brasil, en donde está actualmente trabajando, para esta ocasión). Una sólida labor coral bajo la preparación de Pablo Manzanelli, quien además lució en algunos pasajes como pianista acompañante. Y como colofón, el buen gusto y la sobria marcación escénica de Ana D’Anna y María Jaunarena, realizadora además del vestuario y la impecable iluminación y ambientación  de Gonzalo Cordova.

 

  Con la marcha nupcial de “Lohengrin”  cantada por los solistas y el coro ingresó la torta y fueron los propios cantantes quienes apagaron las velas. Hubo algunos “extras” como “Non ti scordar di me” y el “Brindis” de “La Traviata” aquí en total mancomunión con el público para que  los festejos sean completos.

 

 

Donato Decina.

 

   

viernes, 11 de octubre de 2024

 Sublime actuación de Pieter Wispelwey y Paolo Giaccometti en el Colón


EL MOZARTEUM SE RINDIÓ A SUS PIES


Martha CORA ELISEHT


El violoncelista neerlandés Pieter Wispelwey no es solamente un intérprete

eximio y un virtuoso de su instrumento, sino un asiduo concurrente a la Argentina. Ha

visitado el país en números oportunidades -siempre invitado por el Mozarteum

Argentino- y se presentó nuevamente en compañía del pianista italiano Paolo

Giacometti el pasado lunes 7 del corriente en el Ciclo de Abono de la prestigiosa

institución en el Teatro Colón, donde interpretaron el siguiente programa:

- Sonata en La mayor “Gran Dúo”, D.574 (versión para violoncello y piano)

Franz SCHUBERT (1797-1828)

- Kaddish de las Dos melodías hebraicas, Op.22 (versión para violoncello de

Pieter Wispelwey)- Maurice RAVEL (1875-1937)

- Sonata para violoncello y piano n°1 en Mi menor, Op.38- Johannes BRAHMS

(1833-1897)

- Sonata para violoncello solo en i menor, Op.8- Zoltan KODÁLY (1882-1967)

Cuando ambos músicos tomaron sus puestos sobre el escenario del Colón,

inmediatamente quedaron perfectamente establecidos los roles: Wispelwey, como el

virtuoso y Giacometti, como un gran pianista acompañante. Esto pudo apreciarse desde

los primeros compases de la mencionada Sonata en La mayor “Gran Dúo” de Schubert.

Compuesta originalmente para violín y piano en 1817, se enmarca siguiendo los

cánones del clasicismo y posee 4 movimientos: Allegro moderato/ Scherzo: Presto/

Andantino y Allegro vivace, que fueron ejecutados de manera brillante, donde

Wispelwey hizo gala de su perfecto fraseo, arpegios y exploró absolutamente todos los

matices de su instrumento; sobre todo, en el Rondó del scherzo, que sonó

magistralmente. En lo que respecta al piano, Paolo Giacometti se lució no sólo como

acompañante, sino también en pasajes de gran belleza que esta sonata posee.

De las Dos melodías hebraicas, Op.22 compuestas por Ravel a pedido de la soprano

rusa Alvina Alvi en 1914 se interpretó Kaddish, en una transcripción para violoncello

del propio Wispelwey con acompañamiento mínimo del piano, que despliega la línea

melódica en Do menor para aludir al lamento que los judíos utilizan ante la pérdida de

un ser querido, pero también, en alabanza a la grandeza divina. Posee matices a cargo

del violoncello que remedan al Kol Nidrei de Max Bruch, que sonaron de manera

perfecta y sublime, imbuyendo a la obra de un profundo sentido religioso. A

continuación, se interpretó un auténtico clásico para este dúo de instrumentos: la Sonata

n°1 para violoncello y piano en Mi menor, Op.38 de Brahms, compuesta en 1866 y

dedicada al violoncelista Joseph Gänsbcher, quien fuera su mentor en Viena. Consta de

3 movimientos: Allegro non troppo/Allegretto quasi minuetto/ Allegro, donde el piano

es el estructurador y marca el carácter de toda la obra desde los primeros compases del

movimiento inicial brindando apoyo al violoncello. Posteriormente, esto se invierte y en


el 2° movimiento se evoca al minuetto francés del siglo XVIII, de carácter jovial y

romántico para desembocar en el poderoso Allegro final, con numerosos contrapuntos y

fuga donde los músicos hicieron gala de su virtuosismo. De más está decir que en

manos de semejantes intérpretes, la versión fue descollante desde todo punto de vista, lo

que se tradujo en una ovación de aplausos por parte del público.

En la segunda parte del concierto, se apartó al piano para que Pieter Wispelwey

ofreciera una versión magistral y sumamente precisa de la Sonata para violoncello solo

en Si menor, Op.8 de Zoltan Kodály, compuesta en 1915 durante la Primera Guerra

Mundial. El músico húngaro era un gran intérprete de instrumentos de cuerda y rescató

el rol del violoncello solista tras 200 años de intervalo entre las suites de Bach para

dicho instrumento, además de ser un gran etnomusicólogo que se dedicó a explorar la

música folklórica de su país. Posee tres movimientos: Allegro maestoso ma

appasionato/ Adagio con grande espressione/ Allegro molto vivace, que se ejecutan de

manera attaca – sin interrupción- y su dificultad radica en que no sólo compendia

diferentes y variadas técnicas, sino también numerosos desafíos tímbricos y texturas que

Kodály solicita al cello para generar la sensación acústica de incluir a otros

instrumentos utilizados en la música popular húngara. De hecho, el último movimiento

cierra con una melodía gitana característica de Europa Central, que incluye un pizzicato

en ritmo de czarda. También se escucha un efecto strappata -golpes en la caja del

violoncello- hacia el final. Es una de las grandes obras del repertorio para dicho

instrumento y Wispelwey descolló con su brillante y sublime interpretación sobre el

escenario del Colón hasta tal punto, que el público no sólo lo aplaudió unánimemente,

sino que, además, se puso de pie. Hacía mucho tiempo que esta cronista no observaba

un hecho de tal magnitud en un concierto del Mozarteum y, desde ya, la gente quería

más. Por lo tanto, Pieter Wispelwey salió a realizar dos números de la célebre Suite en

Sol mayor de Bach, que también sonaron de manera magistral. El músico agradeció los

aplausos y se retiró ovacionado.

Si bien los conciertos del Mozrteum Argentino son sinónimo de excelencia, éste ha

sido superlativo en materia de calidad sonora y jerarquía interpretativa. Una auténtica

noche de Colón, donde el público cayó rendido a los pies del violoncelista holandés en

uno de los grandes lujos del corriente año.

 Excepcional actuación de la Sinfónica Juvenil Libertador Gral. San Martín en el CCK


ÉSA ES LA JUVENTUD QUE UNO QUIERE


Martha CORA ELISEHT


Luego de su exitosa gira por Japón, la Orquesta Sinfónica Juvenil “Libertador

General San Martín” ha ofrecido dos conciertos desde su retorno al país dentro del Ciclo

de Conciertos en la Facultad de Derecho y el pasado domingo 6 del corriente, se

presentó por primera vez en la Sala Sinfónica del Centro Cultural Kirchner (CCK)

desde su regreso. En esta ocasión, lo hizo de la mano de su titular -Mario Benzecry- y

participaron los siguientes invitados: Santiago Bravo (violín), el Coro del Instituto

Municipal de Música de Avellaneda, dirigido por Pablo Manzanelli y el Coro Preto,

dirigido por Clara Balduzzi para interpretar el siguiente programa:

- Gagliarda Hispánica- Juan Francisco GIACOBBE (1907- 1999)

- Concierto n°3 en Si menor para violín y orquesta, Op.61- Camille SAINT-

SAËNS (1835-1921)

- “Pelleas et Mélisande”, Op.80- Gabriel FAURÉ (1845-1924)

- Danzas Polovtsianas, de “EL PRÍNCIPE IGOR”- Alexander BORODIN (1833-

1887)

Una vez que los integrantes de la orquesta ocuparon sus respectivos lugares sobre el

escenario del Auditorio Nacional, Mario Benzecry se dirigió al público para manifestar

su agradecimiento al Sr. Embajador de Japón en la Argentina -Hiroshi Yamaguchi,

quien se encontraba presente en sala- por todo el apoyo recibido para la reciente gira del

organismo por el país nipón, merced a la gestión del director de orquesta Pablo

Boggiano y su esposa, la soprano Ayako Tanaka, quienes fueron los artífices para lograr

el patrocinio de empresas privadas de dicho país. Caso contrario, hubiera sido imposible

realizarla. La orquesta no sólo tuvo un excelente desempeño, sino que también fue

agasajada por la Embajada Argentina en Japón, donde también asistió el embajador

Yamaguchi, quien se encontraba de vacaciones en Tokio y aprovechó la oportunidad

para apoyar a la orquesta y saludar a sus integrantes.

Tras las palabras de agradecimiento, Benzecry aprovechó para anunciar la despedida

de uno de sus asistentes luego de 13 años en la orquesta: Agustín Montalli, quien parte a

Rotterdam en búsqueda de nuevos horizontes como asistente en Holanda. Se retiró

aplaudido por el público y en presencia de sus compañeros (Agustín Tocalli, Lourdes

Sabeckis y Erik Luján Berman), quienes aprovecharon la oportunidad de regalarle un

presente de despedida.

Seguidamente, comenzó el concierto con una muy buena versión de la Gagliarda

Hispánica del compositor argentino Juan Francisco Giacobbe, compuesta en 1940 y

cuya primera representación data del mismo año como música de fondo de la obra

teatral “Rueda de Fuego”, estrenada en el Teatro Nacional de Comedias -actual

Cervantes-. Consta de dos temas bien definidos sobre motivos españoles: uno de

carácter lírico (contradanza española) y el otro, una chispeante muñeira introducida por


la flauta, el clarinete y el fagot y retomada por la orquesta. Existen dos versiones de esta

obra: una para clave y otra, para pequeña orquesta de cuerdas, arpa, timbales y maderas

(flauta, oboe, clarinete en Si bemol y fagot). La versión ofrecida fue magnífica en todo

sentido, donde se lucieron tanto los músicos como el director, que se destacó por su

precisión en los tempi y el vuelo orquestal, motivo por lo cual fue muy aplaudido.

Santiago Bravo es un joven violinista que se formó con Olga Szurpik, Roberto

Calomarde y Lucrecia Herrero en el Conservatorio “Astor Piazzolla” y en la actualidad,

se perfecciona con Rafael Gintoli. Ha sido seleccionado dentro de un concurso interino

de la misma orquesta -donde se desempeña como concertino adjunto- para interpretar

una obra sumamente difícil: el Concierto n°3 en Si menor para violín y orquesta, Op.61,

compuesto por Saint- Saëns en 1880 y dedicado al violinista español Pablo de Sarásate

(1844-1908), quien lo estrenó en Octubre de ese mismo año. Si bien parece ser menos

exigente en la parte técnica que sus predecesores, no obstante, posee numerosas

sutilezas de carácter impresionista que dificultan su interpretación. Sus tres

movimientos (Allegro non troppo/ Andantino quasi allegretto/ Molto moderato e

maestoso- Allegro non troppo) poseen pasajes de notable dificultad técnica, que fueron

bien resueltos por parte del solista desde los primeros compases del movimiento inicial.

Si bien inició correctamente, su interpretación fue creciendo a medida que avanzaba el

concierto hasta llegar al andantino quasi allegretto central, que fue donde más y mejor

se lució, con un muy buen fraseo, manejo de trinos y trémolo hasta llegar al movimiento

final, donde desarrolló una demostración de virtuosismo. Por su parte, la orquesta ha

manifestado un crecimiento exponencial en su interpretación y acompañamiento desde

su regreso tras la gira por Japón, lo que quedó perfectamente demostrado mediante un

aplauso sostenido por parte del público. El violinista brindó como bis un arreglo par su

instrumento de El día que me quieras de Gardel y Le Pera, que fue toda una

demostración de virtuosismo y sutileza interpretativa.

En 1898, Gabriel Fauré compone la música incidental para la obra de teatro de

Maurice Maeterlinck PELLÉAS ET MÉLISANDE por encargo de la actriz Patrice

Campbell, quien deseaba estrenarla en Londres y le había encargado la composición de

la música a Debussy, quien se encontraba trabajando en su ópera sobre el drama

homónimo de Maeterlinck. Luego de la negativa de Debussy, Campbell le encarga la

música a Fauré, pese a que el compositor tenía poco tiempo par completarla. El estreno

se produjo en 1898 y gozó de un éxito rotundo. Posteriormente, Fauré compone una

suite orquestal de 5 movimientos en 1900, que incluye la Chanson de Mélisande. Este

fragmento puede o no representarse -tal como sucedió en la presente versión-, pero sí

los otros 4 números que integran la suite: Prélude (Quasi adagio); Fileuse (Hilandera)

(Andantino quasi allegretto); Siciliènne (Allegretto molto moderato) y La mort de

Mélisande (Molto adagio). La presente interpretación fue magnífica desde el principio

hasta el final, ofreciendo los matices sonoros y las sutilezas que posee esta bellísima

obra, perfectamente ejecutadas por la orquesta. Los solistas de las principales filas de

instrumentos tuvieron oportunidad de lucirse; sobre todo, el solo de flauta y arpa que

abre la célebre Siciliènne, así como también el oboe, el primer corno y el arpa en el 2°

número. Lo mismo se logró en el tema que marca la muerte de Mélisande en el último

número, de intenso dramatismo y profundidad sonora. Una versión magistral, que fue

sumamente aplaudida por parte del público.


Para el cierre, los integrantes del Coro del Instituto Municipal de Música de

Avellaneda y del Coro Preto hicieron su presentación y tomaron sus lugares para brindar

una muy buena versión de las famosísimas Danzas Polovtsianas de la ópera El Príncipe

Igor, de Alexander Borodin. Tras la repentina muerte del compositor en 1887,

Alexander Glazunov y Nikolai Rimsky- Korsakov completaron la orquestación. Su

estreno tuvo lugar en el Teatro Marinskii de San Petersburgo en 1890 y, en la ópera, se

representan al final del 2° acto, donde el Khan Kontchak- jefe de las fuerzas enemigas-

ofrece su hospitalidad al Príncipe Igor y a su hijo Valentín, que fueron capturados por

los polovtsy. Se trata de una serie de 8 números contrastantes, intercalados entre sí y que

se detallan a continuación:


 [a] Introducción: Andantino, 4/4, La mayor

 [b] Danza Deslizante de la Doncellas [Пляска девушек плавная]:

Andantino, 4/4, La mayor

 [c + a] Danza Salvaje de los Hombres [Пляска мужчин дикая]: Allegro

vivo, 4/4, Fa mayor

 [d] Danza General [Общая пляска]: Allegro, 3/4, Re mayor

 [e] Danza de los Jóvenes [Пляска мальчиков] y 2.ª. Danza de los

Hombres [Пляска мужчин]: Presto, 6/8, Re menor

 [b’ + e’] Danza Deslizante de las Doncellas (repetición, pronto

combinada con la danza más rápida de los jóvenes): Moderato alla breve,

2/2

 [e’’] Danza de los jóvenes y 2.ª. Danza de los Hombres (repetición):

Presto, 6/8, Re menor

 [c’ + a’’] Danza General: Allegro con spirito, 4/4, La mayor

La versión ofrecida fue electrizante y vibrante, con una perfecta preparación de

las voces -tanto masculinas como femeninas- y de la masa orquestal, donde Benzecry

demostró su consabida maestría con un perfecto dominio de tempi. La ovación del

público fue total al finalizar una versión tan brillante de esta consabida obra.

Cuando una escucha y sigue la evolución de una orquesta juvenil con el correr

del tiempo, queda demostrado que con esfuerzo, ahínco y tesón se pueden lograr cosas

maravillosas. Si se le suma una buena guía, los resultados están a la vista. Han sido los

mejores embajadores de la República en Japón y lograron un maravilloso crecimiento

profesional luego de la gira, que resultó muy enriquecedora. Ésta es la juventud que una

quiere y que marca el rumbo hacia el futuro.

domingo, 6 de octubre de 2024

 Excelente actuación de la Orquesta Estable del Colón en el CCK


MARCA SU NIVEL EN TODOS LOS ESCENARIOS


Martha CORA ELISEHT


Próxima a celebrar su centenario en 2025, la Orquesta Estable del Teatro

Colón es mucho más que una orquesta que interpreta mayoritariamente ópera y, en

algunas ocasiones, ballet. Es capaz de interpretar música sinfónica a la perfección y, de

hecho, durante el transcurso del corriente año también ha desarrollado un ciclo de

conciertos. En esta ocasión, la mencionada agrupación se presentó dentro del ciclo

“COLÓN EN LA CIUDAD” en un concierto que tuvo lugar en la Sala Sinfónica –

Auditorio Nacional- del Centro Cultural Kirchner (CCK) el pasado sábado 5 del

corriente bajo la dirección de Rodolfo Saglimbeni y la participación de Stanimir

Todorov (violoncello) como solista para interpretar el siguiente programa:

- Suite de “CARMEN”- Georges BIZET (1838-1875)

- Concierto n°1 en La menor par violoncello y orquesta, Op.33- Camille SAINT-

SAËNS (1835-1921)

- Suite n°2 de “ROMEO Y JULIETA”, Op.64- Sergei PROKOFIEV (1891-1953)

Ante una sala atiborrada de público hasta las bandejas superiores, los músicos

tomaron sus puestos sobre el escenario del Auditorio Nacional para dar comienzo al

concierto tras la tradicional afinación de instrumentos a cargo del concertino Freddy

Varela Montero. A continuación, Rodolfo Saglimbeni hizo sonar a la Estable con sus

consabidas calidad sonora y maestría interpretativa para brindar una excelente versión

de la celebérrima Suite de CARMEN, que consta de 4 números: Preludio, Aragonesa,

Intermezzo y la consabida Obertura. El director venezolano no sólo es un maestro en la

interpretación del repertorio sinfónico, sino también, muy didáctico al ofrecer

comentarios sobre las obras comprendidas en el programa. La consabida ausencia de

programas de mano en el CCK es un mal endémico y hace que muchas veces, la gente

no pueda entender lo que se está interpretando. Por lo tanto y, provisto de un micrófono,

Saglimbeni brindó explicaciones breves, concisas y didácticas sobre las mismas.

Seguidamente, Stanimir Todorov hizo su presentación sobre el escenario para

brindar una excelsa versión del Concierto n°1 en La menor para violoncello y orquesta,

Op.33 de Saint- Saëns, compuesto en 1872 y dedicado a Auguste Tolbecque,

descendiente de una prestigiosa familia de músicos franceses y que luchaba por

intensificar las virtudes del violoncello como instrumento. En aquella época, el violín y

el piano eran los instrumentos solistas por excelencia en Francia y sólo se representaban

obras de compositores locales ancianos o muertos. Por lo tanto, su estreno – ocurrido en

el conservatorio de París en 1873 con la presencia de Tolbecque como solista- ayudó a

mejorar la reputación de Saint- Saëns como compositor, ya que era considerado como

“modernista y profeta de Wagner”. Fue muy bien recibido desde su estreno y

considerado como “uno donde el instrumento solista demuestra todo su registro sin la

menor dificultad de penetrar a la orquesta”. En vez de estructurarlo en 3 movimientos,


su autor lo escribió en un solo movimiento en forma de sonata, dividido en 3 secciones:

Allegro non troppo/ Allegretto con molto/ Tempo primo. En vez de la clásica

introducción a cargo de la orquesta, tras un breve acorde orquestal, el violoncello toma

la melodía principal compuesta sobre una base de tresillos, tras la cual, la orquesta y el

solista comienzan un juego de pregunta y repuesta subrayando el discurso melódico

mediante un juego de dobles cuerdas en el instrumento solista y un tempo cada vez más

rápido, mientras que el movimiento central tiene la forma de un minuetto lírico

delicado, que se entrelaza con la orquesta en una melodía majestuosa y turbulenta.

Cuando el violoncello entra solo, el resto de la orquesta forma como una caja de música

que realza el sonido del instrumento y sus cadencias. El final comienza con los tresillos

de la primera sección a cargo de la orquesta, mientras el violoncello ejecuta una serie de

síncopas donde el ritmo suena a modo de sarabanda. Mediante una serie de pasajes de

extrema dificultad técnica que permiten explorar los matices del instrumento y el

virtuosismo del solista en un rondó, los tresillos del tema inicial desembocan en una

coda que regresa a la tonalidad inicial para dar fin al concierto. Una de las mejores

versiones de esta célebre pieza que una escuchó en varias oportunidades sobre el

escenario del Colón -tanto por la Estable como por la Filarmónica-, pero la versión

ofrecida por Stanimir Todorov fue muy superior desde todo punto de vista. El cellista

búlgaro es un virtuoso del instrumento y lo demostró mediante un perfecto dominio del

fraseo y digitación para brindar un interpretación descollante y vibrante. La Estable

supo acompañarlo a la perfección merced a un excelente trabajo de compaginación,

afinación y sonido por parte de Saglimbeni. El público estalló en aplausos y vítores al

final del concierto, motivo por el cual Todorov ofreció un bis: una obra de compositor

italiano (probablemente, Giovanni Solima) donde volvió a hacer gala de su fraseo y

digitación, explorando todos los matices del instrumento. Una nueva ovación para el

solista, quien se retiró sumamente satisfecho tras el éxito obtenido.

Como obra de fondo, la Estable se presentó con un orgánico prácticamente completo

para brindar una excelsa versión de la Suite n°2, Op.64 del ballet “ROMEO Y

JULIETA” de Prokofiev, compuesto y estrenado en 1935 en Moscú, donde obtuvo

inmediatamente un gran suceso y popularidad. Posteriormente, Prokofiev decide

escribir dos suites tomando fragmentos de la música del ballet, de las cuales, la n°2 es l

más célebre y la que mejor se adapta al argumento del drama de William Shakespeare.

La orquestación es exuberante y consta de seis números: Rivalidad entre Capuletos y

Montescos; Julieta, la niña; Fray Lorenzo; Danza: Romeo y Julieta antes de separarse;

Danza de la niñas con lirios y Romeo en la tumba de Julieta, que ilustran perfectamente

la trama de la tragedia y que fueron abordados por la Orquesta Estable de manera

estupenda, con un excelente equilibrio sonoro, matices tonales y calidad interpretativa

para lograr una versión magistral de la mano de Rodolfo Saglimbeni, quien supo

imprimir su sello, marcación y dominio de tempi a la orquesta. Una ovación de aplausos

y vítores puso punto final al concierto.

A pesar de haber sido una de las mejores funciones de la Orquesta Estable durante el

transcurso del corriente año, hubo un detalle ajeno a la misma que, lamentablemente,

opacó el éxito del presente concierto: la mala organización en cuanto a la reserva y

reparto de entradas. Hubo gente que, pese a que reservó mediante la página web del

CCK sus entradas en tiempo y en forma con la debida antelación, no pudo ingresar

porque ya se habían terminado. No es la primera vez que esto sucede cuando los


cuerpos estables del Colón se presentan fuera del ámbito del teatro con entrada libre y

gratuita. Pasó durante el transcurso del corriente año en Parque Centenario y volvió a

pasar en el CCK. Las autoridades de ambos organismos debieran tener en cuenta estos

ítems para que nunca más se repitan estas desagradables situaciones.

 Magnífico concierto de Yeny Delgado al frente de la Sinfónica Nacional en el CCK


MÚLTIPLES TONOS DE UNA INTERESANTE PALETA


ORQUESTAL


Martha CORA ELISEHT


Luego del concurso realizado en 2023 para renovación de cargos vacantes, la

Orquesta Sinfónica Nacional está adquiriendo una nueva dimensión de sonido. La

inyección de sangre joven aporta ánimo y permite la ampliación del repertorio, algo

fundamental en toda orquesta sinfónica que se precie como tal. Si a esto se le suma una

buena batuta y un solista de gran nivel, puede decirse que el éxito está asegurado.

Precisamente, fue lo que sucedió en el concierto ofrecido por la agrupación el pasado

viernes 4 del corriente en la Sala Sinfónica del Centro Cultural Kirchner (CCK) dentro

de su ciclo de conciertos, donde participó la pianista Mónica Zubczuk en calidad de

solista bajo la dirección de Yeny Delgado para brindar el siguiente programa:

- “Una mañana de primavera”- Lili BOULANGER (1893-1918)

- Concierto n°1 para piano y orquesta en Fa sostenido menor, Op.1- Mili

BALAKIREV (1836-1910) (estreno local)

- Sinfonía n°3 en La menor, Op.44- Sergei RACHMANINOV (1873-1943)


Desde la tradicional afinación de instrumentos a cargo del concertino Gustavo Mulé

pudo apreciarse a una orquesta muy bien afinada, afiatada y con un orgánico

conformado por múltiples instrumentos para dar comienzo con la mencionada obra de

Lili Boulanger. Compuesta originalmente como un dúo para violín y piano en la

primavera de 1917, En jour du Printemps es un scherzo con brío audaz basado en una

melodía de baile de tres tiempos, que representa una expresión radiante de la alegría de

la naturaleza. Posteriormente, su autora escribió una partitura para orquesta antes de su

muerte en 1918. La melodía descripta anteriormente está introducida por las flautas en

un ostinato de cuerda ligeramente articulada, que brinda esa expresión radiante de

carácter impresionista. La orquestación es aérea y transparente, pero surge también una

gradación vehemente de la orquesta, que revela el dolor subyacente ante esta serenidad

tan precaria. Quien escribe tuvo la oportunidad de escucharla en más de una ocasión por

la Sinfónica y puede decirse que ya representa una de sus especialidades, con un

perfecto lucimiento de sus solistas instrumentales -impecable introducción de las flautas

a cargo de Amalia Pérez y Patricia Da Dalt y muy buenos solos de violín por parte de

Gustavo Mulé y de violoncello, por Esdras Campos-. Yeny Delgado aportó su maestría

en materia de marcación y dominio de tempi – sobre todo, en los tutti orquestales-,

logrando una muy buena versión que fue muy bien recibida por el público.

A continuación, Mónica Zubczuk se presentó sobre el escenario del Auditorio

Nacional para interpretar la primera audición en el país -a modo de estreno local- del

Concierto n°1 en Fa sostenido menor para piano y orquesta, Op.1 de Mili Balakirev,


compuesto entre 1855 y 1856 cuando era todavía estudiante en la Universidad de Kazán

y estrenado por el propio compositor como solista durante un concierto universitario.

Está estructurado en un único movimiento en forma cíclica: Allegro non troppo -

Maestoso - Più lento - Tempo I - Più mosso - Calmo - Adagio - Allegro non troppo

(Cadenza) - Moderato, alla Romanza - Maestoso - Risoluto – Finale y, siguiendo la

tradición del concierto clásico- romántico para piano y orquesta, se inicia con una

introducción a cargo de la orquesta previamente a la entrada del instrumento solista.

Representa una conjunción de estilos, donde se combinan el estilo de composición

romántica de Schumann y Brahms con melodías típicamente rusas, siguiendo la línea

del nacionalismo musical iniciado por Mikhail Glinka, de la cual el Grupo de los Cinco

-al que pertenecía el autor junto con César Cui, Alexander Borodin, Modesto

Mussorgsky y Nikolai Rimsky- Korsakov- fue su continuador y propulsor. Siguiendo

con esta conjunción ya mencionada, la parte del piano posee ciertas reminiscencias de

Chopin y Brahms, pero con estilo propio. Mónica Zubczuk brindó una versión brillante,

con un gran dominio de tempi y una muy buena interpretación en glissandi, trinos,

arpegios, arabescos y otros elementos de técnica pianística. La orquesta supo

acompañarla muy bien merced a un perfecto dominio de tempi por parte de Yeny

Delgado. También se destacó el trompetista Jonathan Bisulca en la parte donde el

instrumento toma la melodía que, posteriormente, es repicada por la orquesta. La obra

tuvo una excelente repercusión hasta tal punto, que el Auditorio Nacional estalló en

aplausos y vítores tras su interpretación. La pianista agradeció los aplausos del público

con un bis: el Momento Musical n°4 de Rachmaninov, que interpretó de manera

exquisita y brillante. Una nueva ovación para la intérprete, quien se retiró sumamente

emocionada y agradecida.

Compuesta durante su exilio en Villa Senar (Suiza) junto al lago Lucerna en

1935, la Sinfonía n°3 en La menor, Op. 44 es la que mejor refleja el exilio de Sergei

Rachmaninov, que debió abandonar su patria luego de la Revolución de 1917,

dirigiéndose primero a Escandinavia y, posteriormente, a Estados Unidos. Pese a que

allá desarrolló una promisoria carrera como pianista, Rachmaninov siempre se

identificó como un compositor de música sinfónica. Desde su celebérrima Sinfonía n°2

(1907) pasaron 28 años hasta que decidió retomar la composición de otra sinfonía,

escrita luego de la Rapsodia sobre un tema de Paganini y las Variaciones sobre un tema

de Corelli. Se estrenó en 1936 en Estados Unidos por la Orquesta de Filadelfia bajo la

dirección de Leopold Stokowki y consta de tres movimientos: Lento- Allegro moderato-

Allegro (La menor, 4/4) / Adagio ma non troppo- Allegro vivace (Do sostenido menor,

¾) y Allegro- Allegro vivace- Allegro (tempo primo)- Allegretto- Allegro vivace (L

mayor, 4/4). El estilo ruso se pone en evidencia desde los primeros compases del 1°

movimiento con un canto esclesiástico ortodoxo, que refleja las raíces del compositor y

el dolor por haber sido despojado de las mismas. Cuando la música estalla, la melodía y

la armonía lo hacen sobre sí mismas, reflejando el sentimiento de dolor provocado por

el exilio. El movimiento central asume el doble rol de movimiento lento y de scherzo y

se inicia con un solo de corno sobre el arpa que expone el motivo de una forma

diferente, que muta a un tema anhelante y doliente, introducido por el solo de violín.

Este tema se desarrolla ampliamente y alterna cuerdas en legato con otros instrumentos

solistas. La versión ofrecida por la Sinfónica Nacional fue sublime, con una espléndida

labor de los principales solistas de los grupos de instrumentos. Por su parte, Yeny


Delgado imprimió una excelente calidad de sonido a la agrupación y matices tonales. Su

maestría en el dominio de los tempi hizo “cantar” a la Sinfónica Nacional, brindando

una versión de fuste: sobre todo, en el 3° movimiento, donde el enérgico tema de

apertura alterna con otros de carácter más nostálgico, fantástico y grotesco, con

armonías mordaces que desembocan en el tema de Dies irae. Hacia el final, aparece el

tema inicial de manera triunfal y culmina con un tutti en forte. Una obra maestra, que el

público ovacionó de pie tras tan excelsa interpretación.

Un programa compuesto por una obra impresionista, una romántica y una

expresión del romanticismo tardío en pleno siglo XX siempre resulta atractivo. Sobre

todo, cuando una de ellas se representa por primera vez en el país y la otra, en raras

ocasiones. Más aún, cuando la interpretación está a cargo de músicos de primer nivel y

de gran jerarquía, que abarcan toda la gama de la paleta orquestal.

 Excelente actuación de la Orquesta de Cámara del Congreso de la Nación


CON LO MEJOR DEL REPERTORIO CENTROEUROPEO

Martha CORA ELISEHT


Los conciertos de la Orquesta de Cámara del Congreso de la Nación suelen

basarse en ejes temáticos. El pasado lunes 30 del corriente se llevó a cabo un concierto

denominado CORAZÓN EUROPEO en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso

Nacional bajo la dirección de su titular -Sebastiano De Filippi- con participación del

trompetista Fernando Ciancio en calidad de solista para interpretar obras de

compositores de países centroeuropeos, que se detallan a continuación:

- “Una página de álbum”- Richard WAGNER (1813-1883) (orquestación de

Clarence Le Massena)

- Canon y giga en Re mayor (para violines y bajo continuo)- Johann

PACHELBEL (1653-1706)

- Concierto para trompeta y orquesta en Mi bemol mayor- Johann Baptist Georg

NERUDA (1708-1780) (edición de Michel Rondeau)

- Metamorfosis, estudio para cuerdas solistas, TrV290/ Av 142- Richard

STRAUSS (1864-1949)

Posteriormente a la tradicional afinación de instrumentos a cargo del concertino

Pablo Pereira, Sebastiano De Filippi hizo su presentación para comenzar el concierto

con una obra cuasi inédita de Wagner: Una página de álbum, que lleva el número 94 de

su catálogo de composiciones (Wagner Werk Verseichnis, WWV), data de 1861 y fue

compuesta originalmente para piano en el álbum de la princesa Pauline von Metternich.

La transcripción para orquesta de cuerdas realizada por Clarence Le Massara sonó

sumamente romántica desde el principio hasta el final, con una muy buena profundidad

y equilibrio sonoros. Es raro incluir en un concierto música de cámara compuesta por el

genio de Bayreuth y ha sido un gran acierto por parte de la agrupación.

El celebérrimo Canon en Re mayor del compositor barroco alemán Johann

Pachelbel data de 1680 y fue compuesto originalmente para tres violines y bajo

continuo. Posteriormente, se realizó una gran variedad de arreglos para diferentes

instrumentos y es una obra que goza de inmensa popularidad. No obstante, la giga que

sigue al canon en la composición original prácticamente no se ejecuta. En la presente

versión, mientras cellos y contrabajos representan el bajo continuo, los violines

interpretan las 28 variaciones sobre el ostinato sobre una línea de dos compases, que se

repite 31 veces. En la giga, cada grupo ejecuta su parte en canon mediante un

contrapunto al mejor estilo de un concerto grosso. La versión por parte de los

integrantes de la orquesta fue sumamente precisa, correcta y de gran calidad.

Seguidamente, Fernando Ciancio hizo su presentación en el escenario para

interpretar el Concierto en Mi bemol mayor para trompeta y orquesta del compositor

bohemio Johann Baptist Georg Neruda. Fue compuesto originalmente en 1772 para

corno di caccia y, hoy en día, es raro que se toque con otro instrumento que no sea una


trompeta (en esta ocasión, se usó la edición de Michel Rondeau). Representa la obra

más conocida del compositor, cuyo manuscrito original se encuentra en la actualidad en

la Biblioteca Nacional de Praga y consta de tres movimientos: Allegro/ Largo/ Vivace,

siguiendo la estructura clásica de un concierto de aquella época. El movimiento inicial

presenta una introducción de la melodía a cargo de la orquesta, que luego, es tomada

por el instrumento solista. La interpretación de Fernando Ciancio fue estupenda,

logrando un sonido pleno, redondo, con perfecto dominio de trinos y glissandi. Los dos

últimos movimientos se ejecutan sin interrupción (de modo attaca), donde el Vivace

final es un rondó donde la orquesta y el solista establecen un perfecto diálogo. El

contrapunto a cargo de las cuerdas en graves y agudos fue perfecto, al igual que la

resolución de pasajes a cargo del solista. El público estalló en aplausos tras su

interpretación y tanto el encargado de Asuntos Culturales del Senado -Dr. Daniel Abate-

como de la Cámara de Diputados -Sra. Andrea Barbieri- aprovecharon la oportunidad

de entregar el diploma a Fernando Ciancio en calidad de artista invitado, retirándose

sumamente aplaudido.

Como obra de cierre, la orquesta decidió rendir homenaje a Richard Strauss en

el 160° aniversario de su nacimiento con una de sus obras más emblemáticas:

Metamorfosis (Metamorphosen, en alemán), compuesta a fines de la Segunda Guerra

Mundial a comienzos de 1945 para 23 instrumentos solistas de cuerda y comisionada

por Paul Sacher, quien era director del Collegium Musicum de Zürich y la Orquesta de

Cámara de Basilea. Su estreno tuvo lugar en 1946 por la mencionada agrupación en

Zürich bajo la batuta de Sacher. Esta obra cumbre del siglo XX para orquesta de

cuerdas posee 5 temas principales y permite el lucimiento de todos los músicos, donde

cada uno de los instrumentos posee un solo y, por lo tanto, todos actúan como solistas.

El primer tema es lírico (cantábile) a cargo de los cellos, mientras que el segundo, de las

violas. A su vez, éste se divide en dos: uno, de 4 notas y el otro, de dos compases,

tomados de la Sinfonía n°5 de Beethoven. Strauss era un profundo admirador de la obra

del genio de Bonn y, al final de la partitura, escribió “In memoriam” a modo de

homenaje. El tercer tema es de carácter lírico y el cuarto, más dramático. Por último, el

quinto hace alusión a la Marcha Fúnebre de la Sinfonía n°3, “Heroica” de Beethoven y

está a cargo de los contrabajos. Los 5 movimientos que la integran (Adagio ma non

troppo- Aguisto- Piú allegro- Adagio, tempo primo- molto lento) se ejecutan sin

interrupción. En este caso, se hizo una revisión de Sergio Catelani, que se interpretó por

primera vez en el Salón de los Pasos Perdidos -la Orquesta la ejecutó por primera vez en

2023 en el Espacio Cultural El Molino-, donde se pudo apreciar un notable e intenso

trabajo de afinación, compaginación y ensayo mediante la pureza del sonido emanado

de los instrumentos de forma muy compacta desde los primeros compases. La

conjunción de los 5 temas previamente mencionados mediante el efecto de cuerdas

divididas crea ese efecto de devastación, desolación y cansancio causados por la guerra,

que alude asimismo al desánimo de la postguerra. Como todos los instrumentos son

solistas, se crean numerosos contrapuntos que fueron ejecutados a la perfección. Una

muy buena labor de Sebastiano De Filippi mediante una impecable marcación y

dominio de tempi para lograr una versión de excelencia, que fue sumamente aplaudida

al finalizar el concierto.

Es un placer escuchar este tipo de repertorio de la mano de una agrupación de

cámara de excelencia y de un solista que es un virtuoso del instrumento. En este caso,


para traer lo mejor del repertorio centroeuropeo de la mano de sus compositores más

prestigiosos.