sábado, 17 de octubre de 2026

 

Fotografía de los integrantes del "Cuarteto de la Sierra" aportada por el autor del presente comentario.



Concierto del Cuarteto de cuerdas de la Sierra

.Oriana Savino, violín

.Analía Vega Karl, violín

.Emma Chacón Oribe, violoncello

.Diego Barraza, viola

.Próspero, Espacio Cultural, Mar del Plata, 11 de octubre, hora 18

Dos obras de centrales del repertorio de la formación, fueron las

abordadas por el Cuarteto de la Sierra que, formado en parte por integrantes

de la Orquesta Sinfónica Municipal, viene presentándose desde 2025 en

distintos espacios de la ciudad.

A tal centralidad se refirió Analía Vega Karl al poner a las referidas obras

en un marco histórico y estético, abordando asimismo los aspectos más

importantes de cada lenguaje y de la forma macro de los referidos opus.

El Cuartero opus 20, nro. 2, en do mayor, de Franz Joseph Haydn

(1732-1809) abrió el programa.

Los seis cuartetos de cuerda del opus 20 (1772) establecieron un

lenguaje nuevo para la formación, en el cual los instrumentos, en lugar del

protagonismo del primer violín o ambos violines, dominaban el concepto

melódico; en este opus asistimos no solo a una paridad de importancia en las

voces instrumentales sino a una mayor libertad y exploración formal.

Ejemplo de ello es el propio comienzo, Moderato en do mayor, una

forma sonata con introducción contrapuntística. El Capriccio, adagio en do

menor, es por demás enigmático e inquietante. Cuando esperamos una

tonalidad de la mayor (dominante del do mayor inicial) nos encontramos con un

comienzo en do menor. Pensamos entonces en que Haydn, el paradigma del

músico clásico, era un gran experimentador y que en su música este tipo de

concepciones sorprendentes con en verdad esperables. Como si ese enigma

del comienzo, en forma de recitativo, fuera poco, en el tratamiento central

asistimos a la fragmentación del material y luego a un inesperado tratamiento

lírico en la bellísima melodía del violín primero, para regresar luego a la sección

inicial expandida.

Cuando esperamos del Minueto –tercer movimiento en forma ternaria

ABA- asistimos a una suerte de alteración de la regularidad rítmica y de la

relación armónica entre los distintos registros.

Lo más inicial es el final, en cuarto movimiento en forma de fuga Fuga, lo

cual era totalmente inusual hasta ese momento.

Se trata de un pasaje técnicamente muy comprometido, en el cual el

sujeto de la fuga es transformado y expuesto en stretto (la línea se interrumpe y

es retomada por otra voz) y en movimiento contrario.

El Cuarteto de cuerdas nro. 12, opus 96, en fa mayor, de Antonin

Dvorak (1841-1904) cerró el programa.

En su período creativo transcurrido en Estados Unidos (1892-1895)

Dvorak produjo lo que acaso sea lo más difundido de una obra donde cada

opus es una creación plena y única: El quinteto nro.3 opus 97, en mi bemol

mayor, Americano; el Concierto para violoncello y orquesta en si menor, opus


104; la Sinfonía nro. 9 en mi menor, opus 95 del Nuevo Mundo, así comoel

cuarteto que nos ocupa.

Más allá de la inspiración melódica, es muy importante el sincretismo

que el compositor logra entre elementos eslavos (como la síncopa y los

ostinatos rítmicos) el modo eólico y de la música folklórica americana, con

influencias de la música celta, llevada por los colonos y, particularmente, las

escalas pentatónicas en las que se encuentra escrito este cuarteto que Dvorak

escribió en Spilville, Iowa, un pueblo con una importante colonia checa.

El hecho de ser un compositor de música pura, como Brahms, es decir,

de obras concebidas en términos musicales y regidas por leyes puramente

musicales, introduce algunos pasajes descriptivos, como en la segunda frase el

tercer movimiento –Scherzo- donde el primer violín imita el canto de la Tangala,

un ave migratoria del norte de Estados Unidos, o en el cuarto, movimiento, se

inspira en la marcha del tren.

El primer tema del primer movimiento Allegro ma non troppo en forma

sonata, comienza en la escala pentatónica de fa mayor y tras un serie de

modulaciones (la menor, mi mayor, la bemol mayos, lleva al segundo tema en

la mayor. Las aventuras sonoras de ambos temas, que pasan por los distintos

instrumentos, incluyen un fugato en la sección de desarrollo. Obra rica en todos

los aspectos (melódicos, rítmicos, armónicos) es compleja en su interpretación

en parte por el permanente cambio de intensidades.

El segundo movimiento, Lento está desarrollado en una bellísima y

sencilla melodía con una introducción en la escala pentatónica de re menor, ,

melodía que –en la forma ternaria ABA- se expandirá en las restantes voces

instrumentales.

El scherzo del tercer movimiento, Molto vivace responde a la alternancia

entre el scherzo y el trío que se reitera, la segunda vez con una expansión en

las voces instrumentales (ABABA) discurre en ritmos cruzados.

El Finale vivace ma non troppo es un rondó simétrico que se deriva de la

escala pentatónica de fa mayor y alterna el material del scherzo con los

distintos episodios. Uno de dichos episodios corresponde al coral que Dvorak

interpretaba en el órgano de la iglesia de Spilville. Como en otras obras, es una

manera de relajar la dinámica previa y ser una suerte de instancia de reflexión

–esto parece algo no infrecuente en otras obras: un elemento breve se

introduce y al hacerlo nos hace percibir más claramente el contexto, sucede por

ejemplo en la Metamorfosis para 23 instrumentos de cuerda solistas de Richard

Strauss- .

La coda final surge del material del rondó.

Una lucida interpretación

Lugares como el tema del segundo movimiento del Cuarteto Americano

demandan un gran lirismo en el primer violín, al cual se le confían varios

pasajes cantábiles, en un grado diferente, la demanda se extiende a las

restantes voces instrumentales, aunque quizás el mas audible sea el primer

violín.

Reglón aparte merecen los cambios dinámicos permanentes, en ambas

obras.

Estuvimos ante un cuarteto perfectamente ensamblado, muy pendiente

de las inflexiones, los pasajes rápidos y la afinación. Al igual que el día anterior

en el concierto del Florilegium Musicum, la humedad ambiente fue un factor de


mucha incidencia, que debió ser manejado por un ajuste en la afinación del

cuarteto tras cada movimiento, lo que habla del detalle con el que fueron

abordadas las obras en un proceso de preparación coetáneo con el concierto

del día anterior de la Orquesta Sinfónica.

Analía Vega Karl cerró la audición señalando que en una cultura de

permanente flujo vidual e inmediatez, de cosas que fluyen y desapareen, el

valor de los instrumentos acústicos es muy relevante: ellos vibran, son algo

vivo y “al hacerlo también nos hacen vibrar como interpretes” en esa corriente

que, partiularmente un grupo de cámara requiere.

Hacer la música, sentir los instrumentos y transmitir esas sensaciones:

para hacerlo eligieron obras mayores de la literatura de la formación a la cual

se han consagrado.


Eduardo Balestena

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