domingo, 20 de marzo de 2022

 

UN REGRESO CON TODO EL AMOR PROPIO

 

Orquesta Sinfónica Nacional, temporada 2022. Director: Luis Belforte. Solitas: Valentín Garvie (Trompeta), Rodrigo Domínguez (Saxo), Sebastián Achembach (Organo). Programa: Obras de Rudel Rey, Garvie, de Falla y Saint-Säens. Centro Cultural Kirchner, Auditorio Nacional, 18/03/22.

 

NUESTRA OPINION: MUY BUENO.

 

  Y por fin la Sinfónica Nacional retornó al escenario del Auditorio Nacional con el mejor orgánico que hoy por hoy puede presentar. Al momento de escribir este comentario, ya Uds. han conocido en Ntro. programa  de ayer, Sábado 19, por las declaraciones de su Coordinador, el Mtro. Marcelo Massun, acerca de las vicisitudes para completar la plantilla de instrumentistas para la presente temporada. Así y todo debo recalcar que en este concierto se han estrenado dos obras de compositores Argentinos en lo que parece ser la recuperación de sus objetivos fundacionales de promoción de los compositores nacionales.

 

  Podrá discreparse por el orden en que fueron ofrecidas las obras que integraron este primer programa (las dos argentinas al comienzo, luego de Falla y cerrar con Saint-Säens), pero como manifesté, se inició con los dos estrenos argentinos. En primer lugar  “Supernova” de Demian Rudel Rey, joven compositor. Se trata de una obra muy concentrada, por momentos de orquestación muy potente y de frondoso discurso orquestal. Hay una sección central sin embargo, en la que se produce un interludio en el que los aerófonos sostienen un acorde base para que el resto de las secciones desarrollen diferentes variaciones y luego retomar con fuerza el momento final. Belforte condujo con suma concentración a las fuerzas orquestales y logró un muy correcto resultado. Un muy respetuoso aplauso acompañado del llamado al escenario al compositor recibió este trabajo que en mi opinión está inscripto en formas musicales que hoy se están dejando de lado, empero, sea bienvenida y le permita al creador seguir desarrollando una labor sostenida.

 

  Valentín Garvie es un destacado compositor y trompetista quien está desarrollando una muy interesante carrera tanto en el campo de la música popular como en el clásico y aquí sorprendió con una composición para una combinación de trompeta, saxo, órgano y orquesta, caracterizada por un comienzo enjundioso en donde los solistas desarrollan sus partes y un espacio librado a la improvisación acompañados por una orquesta muy potente. Aquí también debo expresar que la acústica tantas veces discutida del Auditorio Nacional ayudó a resaltar los “tutti” y por momentos hubo saturación de sonido. Sin embargo la sorpresa sobrevino después ya que el orgánico orquestal se va apagando, el escenario quedó en penumbras y desde los laterales de la bandeja del tercer piso del Auditorio emergieron los aerófonos acompañando las improvisaciones fuera de escena del Saxo, del propio Garvie que con su trompeta fue interpretando desde distintos sectores fuera de escena y la apoyatura del órgano manejado de forma irreprochable por Achembach. Al igual que la orquesta, los aerófonos también fueron disminuyendo su sonido hasta su extinción total, la sala se oscureció aún más, saxo y trompeta culminaron su intervención y quedo solamente iluminado el órgano en donde Achembach de modo impecable cerró la obra en la sala totalmente oscurecida. Un estupendo trabajo. Original, creativo y sumamente interesante, realzado por el acompañamiento estupendo de Belforte y la Orquesta.

 

  Luego de una primera mitad intensa, la Sinfónica acometió con la versión orquestal definitiva de los fragmentos de “El Amor Brujo” de Don Manuel de Falla. Belforte logró plasmar la riqueza de matices, los momentos de intimidad y la paleta de color con la que Don Manuel describe a Andalucía en su música. Muy efectivas las respuestas de todas las secciones de la Orquesta y como es lógico con punto culminante en la “Danza Ritual del Fuego”, aplaudida a pesar de los últimos números que aún faltaban ofrecer.

 

  Y para el cierre, la versión orquestal de la “Danza Macabra” de Camille Saint-Saëns en la que brilló la labor solista del Concertino José Daniel Robuschi y en donde ese trasfondo intenso y misterioso fue muy bien expresado por la orquesta con la segura guía de Belforte.  La gente pedía más y los maestros no se hicieron rogar. El bisado de la “Danza Ritual del Fuego” para cerrar una noche de reencuentros, buena música, una irreprochable labor de Luís Belforte y una entrega de la Orquesta la que con un orgánico no muy frondoso rindió como si hubieran más de cien músicos en el escenario.

 

 

Donato Decina

 

Nueva producción de “LA TRAVIATA” en el Teatro IFT

 

SER INDEPENDIENTE CONLLEVA CIERTOS RECAUDOS

Martha CORA ELISEHT

 

                        Desde la pandemia, el Teatro IFT se ha transformado en la sala de referencia de producciones de ópera independiente. Bajo la dirección general y artística de Adriana Segal, la Compañía Lírica Verdi preparó una nueva producción de “LA TRAVIATA” cuyo estreno estaba originalmente pensado para Noviembre de 2021, pero  tuvo que postergarse por la presencia de casos de COVID entre los integrantes del elenco y la producción. Por lo tanto, el tan esperado estreno se produjo en el día de ayer con la participación de los siguientes cantantes: Mónica Ferracani (Violetta Valéry), Nazareth Aufe (Alfredo Germont), Leonardo Estévez (Giorgio Germont), Laura Domínguez (Flora Bervoix), Sol Risé (Annina), Raúl Lagomarsino (Barón Douphol), Roberto Neugebauer (Doctor Grenvil), Pablo Daverio (Gastón) y Tomás Eckart (Marqués d’Obigny). La escenografía estuvo a cargo de Lux Rondán, vestuario de Lux Rondán y Adriana Segal, iluminación y proyección de video a cargo de Adriana Segal y Juan Baleirón como maquinista, con la participación de Facundo Sacco como director de orquesta. Además, esta producción contó con la participación de Juan Casasbellas, Adriana Segal y Susana Cardonnet como maestros internos.

            Este auténtico superclásico de la ópera con música de Verdi y libreto de Franceso María Piave fue compuesto entre 1852 y 1853 durante una estadía del compositor en París tras asistir a la representación teatral de La Dama de las Camelias de Alexandre Dumas, que sirvió como fuente de inspiración. Pero al igual que en otros tantos personajes de novela inspirados en historias de la vida real, la verdadera dama de las camelias existió. Se llamaba Marie Duplessis (1824- 1847) y era una famosa cortesana de la sociedad parisina, integrante de un círculo sofisticado formado por músicos -entre otros, Franz Liszt-, hombres de letras -Alexandre Dumas y Charles Dickens- y adinerados aristócratas, quienes fueron sus amantes. Nacida en Nonant (Baja Normandía) como Rose- Alphonsine Plessis, escapó de su hogar para probar fortuna en París cuando sólo tenía 15 años, cansada de la brutalidad y el alcoholismo de su padre. Según sus biógrafos, llegó en 1839 a la capital francesa en compañía de unos gitanos circenses y trabajó en distintos sitios hasta que conoció en un baile a un restaurador de la Galería Montpensier del Palais Royal, quien se interesó en su belleza y la tomó como protegida, instalándole un piso. Tras él llegó su primera gran conquista -el Duque de Gramont, ministro de Asuntos Exteriores de Napoleón III- y se transformó en la cortesana más codiciada de París. Su belleza e inteligencia le permitieron moverse en los círculos de la alta sociedad y tras cambiar su nombre por el aristocrático Marie Duplessis, en 1841 conoce a quien posteriormente sería su marido -el Vicomte de Pérregaux- quien le instala una mansión en Bougival. Sin embargo, la joven Marie contrae una feroz tuberculosis que hace estragos en su salud, motivo por el cual realiza numerosos viajes a centros de aguas termales. Tras haber sido protegida del Conde Ernst von Stackelberg y haber mantenido apasionados romances con Alexandre Dumas y Liszt, finalmente se casa en Londres en 1846 y muere un mes antes de cumplir 23 años en 1847.

            ¿Por qué Verdi se interesó en la obra de Dumas?... Porque tenía que componer una ópera por encargo del teatro La Fenice de Venecia y quería “algo simple, conmovedor y apasionado” que sucediese a sus dos últimas composiciones trágicas (RIGOLETTO e IL TROVATORE). Piave será el encargado de transformar a Marie Duplessis/Margarita Gauthier en Violetta Valéry y a Armand Duval en Alfredo Germont. Tras el fracasado estreno en 1853, Verdi realizó una profunda revisión de la obra e introdujo cambios -entre otros, al personaje de Giorgio Germont- y se presentó 14 meses más tarde en el Teatro Gallo de la misma ciudad. A partir de ahí, la obra se transformó en la ópera más representada hasta nuestros días.

            En la presente versión, Lux Rondán empleó una escenografía sencilla y a su vez, muy efectiva. Un par de mesas y pocas sillas para colocar el champagne y las copas para el célebre Brindisi del 1º Acto y la fiesta en casa de Flora Bervoix en el 3º más una mampara fenestrada que se empleó como baranda en un jardín imaginario en el 1º Acto, como separador en el 2º -tras la cual está la mesa donde Violetta le escribe a Alfredo su carta de despedida y donde figura su correspondencia, merced al empleo del escenario giratorio- y tras la cual se encuentra el lecho de muerte de la protagonista en el último acto. En cuanto al vestuario, se empleó uno moderno, informal y casual, donde hubo un marcado contraste entre los nobles -vestidos de negro en el 1º y 3º Actos con excepción de Flora, quien usó un traje a saco en dorado viejo con anteojos que simulaban ser un antifaz en el 3º- y el coro, donde aparecieron vestidos de rojo y blanco en el 1º acto y rojo y negro para el 3º, con un contraste muy marcado en relación a la protagonista, quien lució un vestido largo en llamativo lamé dorado con zapatos al tono en el 1º Acto. En el 2º, Violetta empleó un atuendo casual compuesto por pantalones largos y una blusa blanca con escasos brillos, mientras que Annina lució un atuendo sencillo de blusa verde hoja seca y pantalón negro. Giorgio Germont apareció ataviado con saco sport y corbata en el 2º acto y contó con el mismo atuendo para el resto de la obra. En el 3º Acto, la protagonista empleó un vestido largo color champagne rosado y una chalina blanca cubriendo sus hombros y en el final, camisón y bata de raso blancos.

            A pesar de contar con una muy buena proyección de video, hubo numerosas imprecisiones y discordancias en cuanto a la puesta en escena. Por empezar, la primera proyección tuvo un contraste abismal en cuanto al resto, donde las escenas se desarrollaron acorde a los diferentes ámbitos donde transcurre la obra (casa de campo en las afueras de París, casa de Flora y habitación de Violetta). Dio la impresión que el 1º Acto se celebró más en una casaquinta con pileta de natación en San Isidro que en el palacete de Violetta. Previo a la muerte de la protagonista, la proyección de video marcaba los últimos latidos normales del corazón, seguido de una arritmia ventricular. Ese efecto estuvo muy bien logrado y una celebra la creatividad al respecto. Sin embargo, no pareció muy apropiado que el coro estuviera presente ocupando sus lugares en el escenario previamente al Prólogo de la obra y a la entrada del director de orquesta. También se tardó demasiado en bajar el telón a fines del 1º Acto y hacia el final de la obra, al igual que el cambio de video para el 3º. (Se hizo un intervalo a fines del 1º Acto y del 3º para permitir los cambios de escenografía y vestuario de la protagonista antes del acto final). Puede entenderse que quizás hubo inconvenientes técnicos para realizar los cambios correspondientes, pero fueron desprolijidades que se notaron mucho. Lo mismo puede decirse del empleo de barbijos en la primera entrada del coro, que se los quitaron posteriormente en su siguiente intervención. O se canta con barbijo durante toda la obra o no se lo emplea. No se puede estar a medias tintas.

            En cuanto a la dirección orquestal, Facundo Sacco resultó ser un joven director con mucho talento, capaz de marcar muy bien las entradas de los cantantes y dar un buen sonido a la orquesta. Hubo quizás algún exceso de percusión tras la retirada del coro, que no opacó la labor desempeñada por el director. El coro tuvo un buen desempeño -pese a la predominancia de voces femeninas respecto de las masculinas- y supo acompañar al resto de los cantantes. Respecto de los roles secundarios, tanto el tenor Pablo Daverio como la soprano Sol Risé tuvieron una muy buena labor con una notable interpretación de Gastón y Annina respectivamente. Ambos poseen buen caudal de voz, línea de canto y esmalte vocal. No puede decirse lo mismo de Raúl Lagomarsino y Roberto Neugebauer, quienes no estuvieron a la altura de las circunstancias. Tomás Eckart brindó un correcto Marqués D’Obigny, mientras que Laura Domínguez se desempeñó con soltura y presencia escénica como Flora Bervoix.   

            En cuanto a los roles protagónicos, el trío formado por Mónica Ferracani, Nazareth Aufe y Leonardo Estévez demostraron su profesionalismo y jerarquía en escena. El barítono hizo gala de su gran técnica vocal, su exquisito timbre de voz y sus dotes histriónicas y encarnó un excelente Giorgio Germont, destacándose en la celebérrima “Di Provenza il mar”. Por su parte, el uruguayo brindó un muy buen Alfredo, mostrándose joven, impetuoso y apasionado actoralmente y desde el punto de vista vocal, se destacó en sus arias principales (“Lunge da mei… Dei mei volenti spiriti” y la celebérrima cabaletta “Pariggi, o cara” junto a Mónica Ferracani). La soprano es una de las mejores cantantes del país y el rol protagónico le sentó de maravilla. Es uno de los más difíciles y ha sido escrita para grandes sopranos, donde además de poseer coloratura para las arias del 1º Acto (“É strano….Ah, fors’e lui che l’anima”; “Follie! Follie! Delirio vano é questo!”, que preceden a la celebérrima “Sempre libera”), la soprano tiene que pasar al registro dramático en el 2º Acto para desembocar en la trágica “Addio del pasato” en el último acto antes del “Strano…. Rinascio!” final. Aquí se llevó los laureles, porque realmente lloraba al saber que estaba sola, a punto de morir y lo logró con creces. Fue sumamente ovacionada al final de todas y cada una de sus intervenciones.

            En síntesis, puede decirse que fue una función muy buena desde el punto de vista vocal, actoral y musical, pero con numerosas imperfecciones escénicas que pueden – y deben- ser corregidas. Cuando se representa un clásico de estas características y tan conocido, hay que tratar de mejorar en todos los aspectos y tomar ciertos recaudos para que este tipo de cosas no vuelvan a suceder. Si se quiere dar auge a la ópera independiente, las producciones tienen que ser lo más perfectas dentro de lo posible.

 

Peligra la cultura nacional por inoperancia e ineficiencia de los funcionarios a cargo

 

DOSSIER

UNA EPIDEMIA MÁS PELIGROSA QUE LA COVID

Martha CORA ELISEHT

 

            En los últimos tiempos, las declaraciones a la prensa por parte de numerosos funcionarios públicos a cargo de los diferentes organismos de cultura del país -ya sean Ministros o Secretarios- no sólo han puesto en tela de juicio la labor que los mismos desempeñan, sino que también -en muchos casos- han puesto en peligro la continuidad de los mismos o amenazan con bloquearlos o disolverlos. Y esto no sólo es una grave pérdida del patrimonio cultural de una nación, sino también echar por tierra numerosos años de trabajo, esfuerzo y tesón por parte de los artistas involucrados, además de cerrar una importante fuente de trabajo para músicos, directores, copistas, cantantes, coreutas y bailarines. 

            Si se entiende por cultura a “todo aquello que el hombre produce o crea”, la misma no tiene por qué estar reservada para una determinada elite, sino para todos. En consecuencia, la música clásica, la ópera y el ballet entran dentro de esta definición.

            El concepto errado de ver la cultura como un gasto es una constante por parte de los dirigentes políticos en Argentina -independientemente del partido o coalición de gobierno a los cuales representan-, ya que se trata de una inversión. Pero si no se sabe cómo aprovecharla, esto muestra la profunda ignorancia por parte de quienes ejercen los cargos relacionados en dicha cartera, quienes además, en la mayor parte de los casos carecen de la idoneidad y/o formación necesaria para ejercerlos. Y muchos otros conciben a la música clásica, la ópera y el ballet como algo reservado para ciertas elites. Nada más alejado de la realidad. La pandemia ha demostrado que la cultura es un bien tan esencial como la salud o la educación. En el caso particular de la música, es una poderosa herramienta que permite -en muchos casos- sacar de la pobreza a los jóvenes de las barriadas humildes y carenciadas mediante el estudio de un instrumento. Prueba de ello es el Proyecto de Orquestas en las Villas en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, creado en 2006 con excelentes resultados en lo cultural y artístico.

            Por otra parte, el modelo privatista de la cultura es algo que se ha probado en todas partes del mundo y ha fracasado rotundamente. El mejor ejemplo se da en Estados Unidos, donde su modelo de organizaciones privadas está en crisis desde hace mucho tiempo. Entre 2012 y 2016, más de diez orquestas de dicho país -entre otras, la prestigiosa Orquesta de Filadelfia- han solicitado convocatoria de acreedores e incluso, la quiebra de dichas instituciones. Por otra parte, la pandemia de COVID 19 puso al desnudo la situación de los músicos de la orquesta del Metropolitan Opera House de New York. Al estar cerrado el teatro por más de un año, no hubo recaudación. En consecuencia, hubo problemas para abonar salarios y sus integrantes no pudieron mantener sus seguros de salud, ya que la contratación se realiza a través del sindicato de músicos (American Federation of Musicians). Muchos tuvieron que abandonar sus cargos, con la consiguiente pérdida de calidad. El conflicto se solucionó tras una ardua negociación. Lo mismo sucedió en Alemania en la década del ’90, cuando se implementó el modelo privatizador. El resultado fue un fracaso, ya que la mayoría de los patrocinadores se declararon insolventes. Si se cuenta con un sponsor, el dinero que aportan no se debe usar para abonar salarios, sino para proyectos especiales.

 

Citas no tan citables en vísperas de fin de año

            La primera de esta catarata de desafortunadas declaraciones se produjo el pasado 18 de Diciembre de 2021 por parte del Ministro de Cultura de Jujuy Federico Posadas, quien dijo no recomendar “bajo ningún concepto” la vinculación de la recientemente creada Orquesta Sinfónica de dicha provincia bajo la órbita del gobierno local, ya que “los cuerpos estables conllevan decrecimiento en calidad, aumento en costos y sindicalización de los trabajadores”. Por ende, propuso crear la orquesta mediante la modalidad de contratación de servicios. Parece que dicho funcionario desconoce por completo el marco jurídico argentino (artículo 14 bis de la Constitución Nacional), que consagra la estabilidad de los puestos públicos, pasando por el régimen legal positivo de la Nación (Decreto Ley 6.666, Leyes 22.140, 24.185 y 25.164), las reglamentaciones provinciales y municipales vigentes y la jurisprudencia al respecto, que afirman que todo trabajador tiene derecho a percibir un salario y una jubilación dignas. En consecuencia, si un funcionario público que ejerce un puesto clave desconoce el contexto legal que contiene institucionalmente como país, lo que debe hacer es renunciar inmediatamente a su cargo, ya que con sus declaraciones demostró fehacientemente su incapacidad para ejercerlo. La mayoría de los organismos sinfónicos del país (Dirección Nacional de Organismos Estables, Orquesta Estable del Teatro colón, Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, Orquesta de Cámara del Congreso de la Nación, etc.) repudiaron sus declaraciones y lo declararon persona no grata.

            A los pocos días y en vísperas de fin de año, la Secretaria de Cultura de Salta -Sabrina Sansone- hizo causa común con su colega jujeño en una soberana muestra de ignorancia. A través de una declaración a la radio FM Capital de la ciudad capital de la provincia, la funcionaria no sólo apoyó las declaraciones de Posadas, sino que además se refirió a la situación de la Orquesta Sinfónica de Salta: “Podrían trabajar un poco más, y no sólo 3 horas por día de lunes a viernes. Cuando uno tiene un sueldo fijo todos los meses, el artista se va haciendo menos artista y se convierte en un empleado estatal”. Pero ahí no terminó la cosa, sino que se refirió al salario que cobran los músicos con las siguientes palabras: “Un integrante de la orquesta cobra entre 80.000 y 90.000 pesos. Hay que ver si está bien invertido y se justifica el gasto. Está buenísimo tener una orquesta sinfónica y tener los cuerpos estables, pero tener un cuerpo estable que trabaje 3 horas por día, con un gasto de 120 millones de pesos anuales (y me quedo corta, no sé…), tendría que tener otra disponibilidad horaria y salir a hacer el trabajo en el interior, para todos los salteños y salteñas…” “Yo creo que tener cuerpos estables es complejo, no diría que es un gasto de dinero porque es un patrimonio. Ahora considero que determinados cuerpos estatales deberían estar más presentes porque es dinero que le sacan al pueblo a través del Estado, por supuesto, pero que pagan cada salteño y cada salteña”. Digna contradicción en sus declaraciones, con una  pobreza franciscana del lenguaje e ignorancia supina respecto del tema, como buen producto de la famocracia, ya que el único mérito que tiene para ocupar dicho cargo es haber bailado en el programa de Tinelli.

            Aún así, en el presunto caso que el gasto mensual de la orquesta fuera de 150 millones de pesos, sería una de las orquestas sinfónicas más económicas del mundo. No deben existir muchas orquestas de jerarquía que se puedan sustentar con 250.000 dólares por año. Y en cuanto a la logística para su traslado a diferentes localidades de la provincia, no queda claro si la misma es responsabilidad de sus integrantes o del personal administrativo de su propia cartera.

 

Un verano candente en la provincia de Buenos Aires

            Lincoln es una importante localidad agrícola del interior de la provincia, que siempre tuvo el sueño de tener su propia orquesta sinfónica. Esta propuesta se inició de la mano del profesor Gustavo Diderle, quien comenzó a concurrir a dicha ciudad en 2007 “cuando no había nada más que un anhelo”, según declaraciones a radio La Posta. El proyecto fue tomando color en 2009, con la creación de la Orquesta Escuela de Provincia dependiente de la Municipalidad linqueña. Allí se manifestó nuevamente el sueño de la orquesta sinfónica, que no se pudo concretar oportunamente. El tiempo pasó y lo más cercano fue la creación de la Camerata Lincoln en 2016, formada por músicos de la zona y de municipios vecinos y financiada con fondos municipales. Se organizaron numerosos ciclos de conciertos con buena concurrencia de público y las cosas marcharon bien hasta Diciembre del año pasado. En una reunión con la Secretaria de Cultura del municipio -Marisa Serenal-, Diderle manifestó que “se habló de rescindir el contrato a algunos profesores no residentes de Lincoln y se prometió tratar el tema en una próxima reunión, que nunca se llegó a concretar”.

            Sorpresivamente y sin aviso previo, el 10 de Enero del corriente año los integrantes de la Camerata comenzaron a recibir telegramas de despido donde se les comunicó la disolución del organismo. “Era algo que nunca esperábamos que fuera de esa manera. Estamos sorprendidos porque no entendemos los motivos de los despidos. La última vez que nos vimos con Marisa Serenal y la gente de Cultura, se había hablado de organizar una reunión para discutir cosas operativas y si había algún problema, resolverlo ahí, pero jamás se dio”- explicó Diderle en declaraciones a radio La Posta el 13 de enero pasado. “Lo único que llegaron fueron los despidos y no están claros los motivos de una decisión así, ya que fue algo totalmente inesperado”.

            En ese sentido, el músico agregó lo siguiente:

“Desde hace ya tiempo que veníamos pidiendo una reunión. La idea era hacerla antes del último concierto, pero no se pudo dar. En lugar de eso fueron llegando de a poco los despidos. Eso nos quitó reacción, porque no entendíamos nada”.

            “La idea es que esto tome estado público. Y vamos a pedir la solidaridad de todos los organismos del país porque acá no se trata de despidos personales, sino que se está cerrando un organismo. Ahora esperemos que reconsideren la decisión y que esto se encamine porque realmente, lo sentimos como una injusticia, ya que no sólo hicimos todos los conciertos que se nos pidieron y mucho más, ya que pusimos todos mucho de cada uno para sacar este proyecto adelante”.

            De no haber sido por la publicación de esta entrevista en las redes sociales y en los medios alternativos, los grandes multimedios hicieron oídos sordos a esta situación. Inclusive, los periodistas especializados -al igual que quien escribe- tampoco se hubieran enterado.

 

Y todo a media luz

            El pasado 23 de enero, la filial Mar del Plata de Cantantes Líricos Asociados de la República Argentina (CLARA) organizó un concierto en la Plaza del Agua a las 20 horas con entrada libre y gratuita para facilitar la concurrencia del público y que tanto locales como visitantes pudieran disfrutar de un espectáculo de jerarquía al aire libre. El concierto no sólo era la primera función del año, sino que contó con el apoyo de la secretaría de Cultura de la Municipalidad de General Pueyrredón. Para sorpresa de los presentes, justo ese día tras la puesta del sol, el escenario se quedó sin luz. Tanto los cantantes como la gente alumbraron el escenario Violeta Parra con sus teléfonos celulares para que el concierto se pudiera llevar a cabo -cosa que se hizo y que contó con una numerosa concurrencia-. Sorpresivamente, al día siguiente la Plaza del Agua tuvo luz y sus faroles brillaron en todo su esplendor.

            ¿Boicot o corte sorpresivo de energía?...

            Al día siguiente, la entidad emitió el siguiente comunicado:

“Una vez que el sol se puso, nuestro recital se desarrolló absolutamente A OSCURAS.  Esto significa que las autoridades del municipio, y sobre todo de la cartera de CULTURA, consideran innecesario brindarnos las mínimas condiciones para poder desarrollar nuestro arte. Cabe destacar que el mencionado espacio público es gestionado por OSSE (Obras Sanitarias de la Municipalidad de General Pueyrredón), pero la programación de la actividad artística está a cargo de la Secretaría de Cultura del municipio (Cultura Mar del Plata).

Sorprendentemente, al día siguiente la Plaza del Agua resplandeció con sus faroles iluminándolo todo. Quizás nuestras voces y los posteriores reclamos de una gran cantidad de personas que nos siguen y que expresaron su consternación e indignación por lo sucedido hicieron un poco de ruido.

La oscuridad en que se vio envuelto nuestro concierto es la clara imagen del trato que el arte lírico recibe por parte de las autoridades de la Municipalidad de General Pueyrredón, lamentablemente desde hace muchos años.

Debemos señalar que CLARA Mar del Plata -como muchos de los artistas del género- no recibe apoyo municipal de ningún tipo, aún habiendo buscado incansablemente el espacio para el diálogo, la presentación de proyectos, etc. No existe colaboración en facilitación de materiales o equipamiento, mucho menos, económica o de financiamiento. Ni siquiera hay predisposición para lo más básico, que sería otorgarnos algunas fechas para actuar en el Teatro Colón de Mar del Plata. Hemos solicitado en julio de 2021 fechas para lo que restaba del año y para la temporada de verano 2022, contemplada hasta Abril. Sólo nos brindaron la posibilidad de organizar un concierto en Octubre, para el cual se nos advirtió que no se podía disponer de la sala para ensayar, ni hacer prueba de luces sino hasta 1 hora antes del concierto: como si estructurar un espectáculo de ópera fuera, sencillamente, un trámite”.

“Queremos enfatizar que habiéndose cursado las debidas invitaciones, jamás hubo asistencia oficial de las autoridades políticas en nuestras Galas al aire libre”.

Consideramos que cuando se necesite financiamiento, es factible conseguirlo. Sólo hacen falta VOLUNTAD POLÍTICA Y UNA VISIÓN A LA ALTURA Y DE LARGO PLAZO SOBRE LA CULTURA Y EL LUGAR QUE MERECE LA ÓPERA EN LA AGENDA CULTURAL DE LA CIUDAD”.

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            Todo posee un común denominador: falta total de apoyo político y capacidad de gestión. Una avalancha de funcionarios incompetentes e inoperantes, con total desconocimiento de los problemas del área a su cargo y para los cuales, la cultura es un gasto en vez de una inversión. Aducen recortar gastos, pero no comienzan por sus propios sueldos. No sólo son capaces de interiorizarse acerca de los problemas que se presentan, sino que además carecen de la ética suficiente como para renunciar a un cargo para el cual no están preparados, en vez de dejar su puesto para aquellos que sí lo están, aunque sean de diferente color político. Así nos va.

            Lamentablemente, esta avalancha se va extendiendo como una gran marcha de aceite a lo largo y a lo ancho del país, transformándose en un brote. Pero del brote a la epidemia, sólo hay un tris. En este caso, puede tratarse de una epidemia mucho más grave y más peligrosa que la de COVID. Ojalá se aplique a tiempo el antídoto antes que sea demasiado tarde.

sábado, 19 de marzo de 2022

 

Brillante actuación de la Filarmónica dirigida por Fabio Mechetti en el Colón

 

BRILLO, JERARQUÍA Y PRECISIÓN

Martha CORA ELISEHT

 

            Desde hace un par de años atrás -previamente al inicio de la pandemia de COVID 19- se ha venido dando una lógica al comienzo del Ciclo de Abono de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires (OFBA). Los segundos conciertos eran ostensiblemente mejores -en cuanto a calidad y repertorio- que el concierto inaugural. Dicha lógica ha vuelto a repetirse en el día de la fecha, donde tuvo lugar el 2º concierto correspondiente al Ciclo de Abono de la mencionada orquesta en el Teatro Colón bajo la dirección de Fabio Mechetti con la participación del pianista español Javier Perianes como solista, en un programa donde se ejecutaron las siguientes obras:

-          Concierto en La menor para piano y orquesta, Op.16- Edvard H. GRIEG (1843-1907)

-          Sinfonía nº1 en Sol menor- Vassily S. KALINNIKOV (1866-1901)

Previamente al inicio del concierto, pudo apreciarse que la orquesta poseía un sonido muy compacto y bien afiatado desde el momento de afinación de los instrumentos. Estas características van a prevalecer durante todo el concierto, que se resumen en los tres términos que figuran en el título de esta nota.

Tras los aplausos de presentación, tanto Fabio Mechetti como Javier Perianes tomaron sus puestos para dar comienzo a la celebérrima obra de Grieg, que fue compuesta en 1868 en Søllerød (Dinamarca) en homenaje a su homónima de Schumann y en la misma tonalidad (La menor) cuando el músico noruego contaba con 24 años de edad. Grieg era un gran admirador de la obra de Schumann merced a su profesor en el Conservatorio de Leipzig -E. F. Wenzel-, quien fue amigo personal del gran compositor alemán. Y como buen concierto romántico, consta de los tres movimientos tradicionales: Allegro molto moderato/ Adagio/ Allegro moderato molto e marcato- Quasi presto- Andante maestoso, de gran virtuosismo para la orquesta y el instrumento solista. Pese a gozar de inmensa popularidad desde su estreno en Copenhague en 1869, Grieg realizó numerosas revisiones del mismo durante su vida. La última tuvo lugar entre los años 1906 y 1907 y es la que se representa actualmente. Tras los golpes de timbal que dan inicio a la obra, el piano abre el juego en el Allegro moderato inicial, escrito en forma de sonata, donde el clarinete repica el primer tema para luego, dar paso al segundo -a cargo de los violoncellos- con una melodía típicamente noruega. La labor desarrollada por Perianes fue magnífica, caracterizada por una excelente pulsación, precisión en los tempi pero por sobre todas las cosas, exquisitez y sutileza en su interpretación. Por otra parte, hubo una perfecta marcación por parte de Fabio Mechetti en los forti y tutti, pero sin caer en excesos. Unido esto a cada una de las intervenciones de los principales solistas de los diferentes grupos de instrumentos (Mariano Rey en clarinete, Gabriel La Rocca en fagot, Matías Bisulca en trombón, Fernando Ciancio en trompeta, Claudio Barile en flauta, Néstor Garrote en oboe, Pablo Saraví como concertino, Martcho Mavrov en corno, Benjamín Báez y Diego Fainguersch en violoncellos y Javier Dragún en contrabajo), fue una versión memorable desde todo punto de vista. El pianista se lució en los trinos del Adagio central y en la perfecta pulsación del Allegro moderato molto en tempo de halling (danza popular noruega en ritmo de ¾). El esfuerzo de los músicos y el solista se vio coronado por numerosos aplausos y vítores, que obligaron a Javier Perianes a hacer un bis: una transcripción del Liebestod de TRISTÁN E ISOLDA de Wagner, tras la cual se retiró sumamente aplaudido.

La obra de fondo elegida para esta ocasión fue la Sinfonía nº1 en Sol menor de Vassily Kalinnikov, que raramente se representa en los habituales programas de conciertos pese a ser la banda sonora de la película El Bosque de los Abedules de Andrzej Wajda. Compuesta entre 1894 y 1895, consta de 4 movimientos (Allegro moderato/ Andante commodamente/Scherzo: Allegro non troppo/ Finale: Allegro moderato) y fue estrenada en un concierto de la Sociedad Musical de Rusia en Kiev en 1897, bajo la dirección de Vinogradsky. La obra está dedicada a S. N. Krugilov, quien fuera amigo personal de Kalinnikov y su profesor de composición. Hay que recordar que, a diferencia de muchos de sus contemporáneos, Kalinnikov provenía de un hogar humilde (su padre era agente de policía) y por ende, tras aprender fagot en el Conservatorio de Moscú mediante una beca, tuvo que abandonar sus estudios porque la precaria condición económica de su familia le impedía mantenerlo. En consecuencia, trabajó como pudo en numerosas orquestas para ganarse el sustento y enfermó de tuberculosis en el interín -dolencia que le provocará la muerte a los 34 años de edad-. Por dicho motivo, su obra sinfónica es reducida (dos sinfonías y la música incidental para el drama Zar Boris de Aleksey Tolstoi). No obstante, son obras típicamente rusas y que poseen una inusual belleza cromática. El Allegro moderato inicial abre con un tema lírico que permite el diálogo entre las diferentes secciones de instrumentos. Dicho de otra manera: la orquesta debe “cantar” la melodía. Pocas veces se escuchó a la Filarmónica con un sonido prístino, con mucho vuelo y una perfecta marcación de los tempi. Fabio Mechetti no sólo demostró ser un excelente director, sino también un profundo conocedor de la obra -la dirigió de memoria-. Se produce un profundo contraste en el Andante comodante, introducido mediante un solo de arpa con cuerdas muteadas para dar lugar al bellísimo solo de oboe central, característico de este movimiento, cuyo tema es retomado a posteriori por el corno inglés -brillante labor de Néstor Garrote y Paula Llan de Roson al respecto-. El scherzo del 3º movimiento abre con otro tema típicamente ruso, seguido por los sones de una danza de campesinos, donde la orquesta se luce en todo su esplendor. Finalmente, el último movimiento abre con el tema inicial del primero, pero se desarrolla mediante una monumental fuga que permite que la orquesta se expanda hasta el paroxismo. Tras una ejecución magistral, el público estalló en aplausos.

Según opinión personal de quien escribe, éste debió haber sido el concierto de inicio del Ciclo de Abono de la Filarmónica. No sólo por las obras comprendidas en el repertorio, sino también por los tres elementos que fueron la constante de la presente función: brillo, jerarquía y precisión. Hubiera sido bueno aprovechar la presencia de este gran director brasileño para ejecutar las dos sinfonías de Kalinnikov, ya que se consagró como un especialista en la materia. Ojalá que los programadores de conciertos lo tengan en cuenta.

viernes, 18 de marzo de 2022

 

OTRA BOHEME

Teatro Colon 17/03/20202

Desde su estreno, el 1 de febrero de 1896, en el Teatro Regio de Turin, bajo la dirección de Arturo Toscanini, La Boheme cuarta opera compuesta por el Maestro Giacomo Puccini se ha convertido en una de las operas más populares del repertorio lírico, y por ende una de las más representadas.

El mismo año de su estreno, llega a Buenos Aires donde se presenta con gran éxito en el Teatro de la Opera bajo la dirección orquestal de Edoardo Mascheroni, junto a Hariclee Darclee, como Mimi y Emilio de Marchi, como Rodolfo, representándose ocho funciones.  La obra sigue apareciendo frecuentemente en las carteleras porteñas y finalmente el 16 de julio 1909 se estrena en el Teatro Colon con Eugenia Burzio, Alessandro Bonci y Giuseppe De Luca como protagonistas. De ahí en más, La boheme es representada en nuestro teatro en 51 temporadas con elencos y batutas históricos.

La versión que nos ofrece este año el Teatro Colon en su apertura de temporada, con su primer elenco, seguramente no pasará a la historia.

En el rol de Rodolfo se presentó el tenor Saimur Pirgu ya conocido en nuestro medio. Fue realmente el mejor de la noche. Voz potente, con delicados detalles de expresión vocal, y buena actuación.

Nuevamente Veronica Cangemi encara un personaje pucciniano, en este caso Mimi, con los mismos magros resultados de su Liu de 2019. Su voz no tiene frescura, tampoco conmueve y su actuación es por momentos exagerada con expresiones dramáticas sobre el canto fuera de estilo.

El barítono Alfonso Mujica interpretó el rol de Marcelo. Insuficiente en lo vocal, voz despareja, escasos recursos actorales, no estuvo a la altura para interpretar un rol protagónico en el escenario del Teatro Colon.

A Giuliana Gianfaldoni, como Musetta, pudimos escucharle en “Vals” del segundo acto; después desapareció vocalmente de la obra.

Muy bien Fernando Radó como Colline, luciéndose en el “Vecchia zimarra”. Intrascendente el trabajo de Juan Font como Shaunard.

La Orquesta Estable dirigida por el Maestro Alain Guingal, sonó ajustada y acompañó con solvencia a los cantantes.

La dirección escénica de Stefano Trespidi fue convencional. Con demasiado movimiento para no ir a ningún lado y no hacer nada. Por momentos fuerza situaciones sin sentido

La escenografía de Enrique Bordolini, si bien es bella a la vista desde la sala, parece poco práctica para el desarrollo de la acción teatral.

En síntesis, una Boheme más a la que habrá que anotar pronto en la cronología del Teatro Colon antes de olvidarnos de ella.

Roberto Falcone

 Un Réquiem irreprochablemente idiomático…

 

                                     Por Jaime Torres Gómez

 

Con casi el ciento por ciento de la capacidad del Municipal de Santiago en las cuatro funciones del Réquiem de Verdi, se dio inicio a la temporada de abono de la Filarmónica de Santiago.

 

Cabe destacar la multivariedad de hitos confluyentes en estas presentaciones, por cuanto se trató de la primera actividad presencial enmarcada en una tradicional temporada de abono pre-pandemia. Asimismo, el retorno en pleno del Coro Profesional de Santiago, largamente esperado tras las restricciones de aforo imperantes para la actividad coral. Además, luego de una forzosa ausencia debido a la pandemia, se concretó el debut del maestro italiano Roberto Rizzi-Brignoli como Director Titular de la Filarmónica. Y sumado a esto, el carácter religioso de una obra que invita a reflexionar sobre el sentido de la muerte, llegando en un momento crucial ante la presente coyuntura del conflicto bélico ruso-ucraniano…

 

Así, imposible abstraerse de la emoción de presenciar un numeroso contingente de músicos y coreutas en un espacio cerrado -a estas alturas, inédito en estos tiempos pandémicos-, no obstante un exitoso referente con el Réquiem Alemán de Brahms en enero, aunque en un espacio sustancialmente mayor y abierto como la Estación Mapocho (Concierto de la Hermandad). 

 

La Messa da Requiem verdiana -de inmenso orgánico coral, solístico e instrumental, amén de una expresividad y emotividad especiales- sigue la estructura de la misa de difuntos católica (Requiem, Dies Irae (subdividido en nueves partes), Ofertorio, Sanctus, Agus Dei, Lux Aeterna y Libera me). Inicialmente promovido por el mismo Verdi como homenaje a la muerte de Gioachino Rossini (1868), luego le dio completa forma ante la muerte del escritor Alessandro Manzoni (1873). Y considerando que Verdi era un compositor esencialmente de ópera, se percibe aquí una sincera mirada contemplativa, a pesar de su agnosticismo, aunque aflorando su formación inicial en la Fe…

 

Con irreprochable idiomatismo, Rizzi-Brignoli, maestro de amplia experiencia en ópera italiana y verdiana en particular, enfocó la obra con alto sentido de globalidad, respetando, sobre todo, el carácter religioso ante cierta tentación de enfoques más asociados a lo operístico, aunque dejando discurrir la omnipresencia de un creador esencialmente de ópera como lo era Verdi.

 

Atentísima respuesta de los filarmónicos en ensamble, hermosura de sonido y balances ante los autorizados requerimientos de su nuevo titular, motivándose estar atento a sus próximas contribuciones en el ámbito de conciertos, que, al menos en la presente temporada, será exigua, esperándose a futuro una presencia mínima del 40% en la temporada de conciertos...

 

 

Mención especial al cometido del Coro Profesional de Santiago. Considerando sus exitosas intervenciones en la misma obra en sus 40 años de historia (sólo en 3 ocasiones), en esta oportunidad, con una importante merma de coreutas (poco más de 60 voces), de ninguna manera se resintió la proyección y balance global, dando cuenta de absoluto profesionalismo y oficio, ameritándose otra anotación de mérito a su importante trayectoria.

 

Respecto a los solistas, teniendo en cuenta la dificultad histórica de encontrar las voces ideales en el medio local ante exigencias muy específicas -recurrentes en toda la producción verdiana- en timbres, espesores y colores, en esta oportunidad se recurrió a eficientes cantantes locales, y en general con parejos resultados. Irreprochablemente comprometido el bajo-barítono Homero Pérez-Miranda, musicalmente sólido el tenor Pedro Espinoza, especialmente con un deslumbrante Ingemisco…, completamente idiomática la destacada mezzo argentina María Luján Mirabelli, y de completo esmero la soprano Andrea Aguilar en expresividad y homogeneidad en línea de canto, considerando no poseer la vocalidad ideal, resintiéndose algo en el Liberame me ante el inmisericorde requerimiento de graves. 

 

En suma, una versión irreprochablemente idiomática de un Réquiem para una particular coyuntura global

domingo, 13 de marzo de 2022

 

BEETHOVEN EN ESTUPENDAS VERSIONES

 

Auditorio de Belgrano (Ciudad de Bs. As.). Teatro Colón: Ciclo de conciertos fuera de sede. Presentación de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, Director: Mariano Chiacchiarini. Solista: Antonio Formaro (Piano). Programa: Obras de Ludwig Van Beethoven. 11 de Marzo de 2022.

 

NUESTRA OPINION: MUY BUENO.

 

  Ante la platea de la sala casi colmada, la Filarmónica retornó al Auditorio de Belgrano, para ofrecer un programa compuesto por dos obras de Beethoven que llevan el Nº 5: tanto el Concierto para Piano y Orquesta op. 73 “El Emperador”, como la Sinfonía Op. 67. Velada confiada a uno de los Directores Jóvenes de Argentina de mayor proyección internacional: Mariano Chiacchiarini y como solista Antonio Formaro, garantía de solidez y calidad.

 

  Una observación que deseo formular antes de entrar en las consideraciones musicales es la que corresponde una vez más a la conducta que observa un sector del público y en este caso también la actitud del personal de sala del Auditorio de Belgrano. Ya es casi anecdótico que se tengan que escuchar aplausos fuera del lugar entre movimiento y movimiento a pesar de indicaciones tanto por parte del solista como del director en el sentido de que no se efectúen y se espere al final de la obra. Aquí se suma  ingreso de público aún 10 minutos después de comenzado el concierto con anuencia de los acomodadores y produciendo inevitablemente ruidos al ubicarse en sus localidades. Entiendo que aún habían lugares vacíos en los sectores superiores y lo lógico es que si no se quería dejar afuera a los rezagados hasta el final del primer movimiento, ocuparan esos lugares y  que luego del “Emperador” si se ubicaran en la ubicación asignada. Realmente un soberano despropósito.

 

   Ahora si en el plano estrictamente musical, el concierto para piano y orquesta “El Emperador” fue objeto de una formidable versión en donde se aunaron el talento, la sutileza y la solidez interpretativa de Antonio Formaro con una transparencia sonora exquisita y un magnífico acompañamiento de Mariano Chiacchiarini al frente de una Filarmónica motivadísima que rindió de manera estupenda. Ida y vuelta permanente, plena conexión y una amalgama sonora que deleitó a toda la audiencia que respondió con una justiciera ovación a este trabajo.

 

  Al igual que lo hiciera el año anterior el Director Chileno Paolo Bortolameolli con la Sinfonía Nº 7 op. 92 del mismo Beethoven, Chiacchiarini efectuó un trabajo con criterio historicista empleando una formación de poco más de 50 instrumentistas y con los tempi marcados porel compositor para su estreno. Ajuste impecable, discurso sostenido y respuestas  impecables de todos los sectores de la Orquesta dieron por resultado una versión plena de enjundia y equilibrio y que nuevamente motivó la ovación del público presente.

 

 Fue una de las mejores noches de la Filarmónica, con un nivel similar a muchas de las que percibiéramos el pasado año con programaciones que incluían obras poco frecuentadas y que por las restricciones de pandemia por fin retornaban a los atriles. Y para Mariano Chiacchiarini una magnífica labor que recibió hasta la aprobación de los propios músicos de la Filarmónica, los que lo aplaudieron junto al público. Todo dicho.

 

 

Donato Decina

jueves, 10 de marzo de 2022

 

LA JUSTA VALORACION PARA LA MUJER

 

Centro Cultural Kirchner, Temporada 2022. Dirección Nacional de Organismos Estables. Presentación de la Orquesta Nacional de Música Argentina “Juan de Dios Filiberto”, Directora: Mtra. Lucía Zicos. Solistas: Nora Sarmoria (Piano y Voz), Nuria Martínez (Aerófonos andinos y Flauta), Sonia Posetti (Piano), Eleonora Eubel (Canto), Ingrid Feniger (Saxo Tenor y Clarinete Bajo),María Laura Antonelli (Piano y Electrónica), Patricia Sosa (Canto). Auditorio Nacional, 09 de Marzo de 2022.

 

NUESTRA OPINIÓN: MUY BUENO.

 

  Puntualmente a la hora pactada para el inicio se rebajó la luz de la sala del Auditorio Nacional y se iluminó el escenario del mismo para que el Mtro. Sebastián Prussak (Delegado de la Orquesta por el Sindicato U.P.C.N.)  irrumpiera en escena para dar la bienvenida, en nombre de la agrupación que integra , al público y a las autoridades nacionales presentes encabezadas por el Ministro de Cultura de la Nación Tristán Bauer, destacando  que el ciclo que en minutos se iniciaba puede ser considerado el más ambicioso en la historia de la Orquesta. Valoró el hecho de la equidad de género que existe en la aagrupación y que sea la Directora Invitada Lucía Zicos la que tenga a su cargo la cuarta parte de la programación de conciertos a ofrecerse. Tras los muy respetuosos aplausos del público comenzó el concierto propiamente dicho.

 

  El programa ofrecido incluyó una combinación de música popular y clásica. Dado que Ntro. enfoque pertenece a esta última, mencionaré en primer lugar que dentro de lo popular intervinieron la Compositora, Pianista y Vocalista Nora Sarmoria, quien acompañada en aerófonos andinos y flauta traversa  por Nuria Martínez ofreció tres composiciones de su autoría: “Bolivian Buey” de interesante instrumentación y muy efectiva, en donde Martínez se lució como muy buena interprete de aerófonos, “Respirando Simple y Trunca” y cerrar con “Culebrón”  un tema muy pegadizo en tiempo de candombe rioplatense en donde el juego de palabras que interpretó Sarmoria me recordó al estilo cultivado por Rubén Rada.  Respecto a Eleonora Eubel, quien actuó  junto a la participación de  Ingrid Feniger en Saxo Tenor y Clarinete Bajo, desplegó tres temas propios “Orquidea Salvaje”, “Una Mujer y una Gallina” y “Oigame Mamasara”. Aquí encontré una imaginativa  fusión entre el folcklore y el canto en estilo del blues, algo en lo que la compositora trabajó muchísimo y que en un tema como “Oigame Mamasara”  lo subrayó con creces logrando un efecto muy interesante, reforzado por una muy buena instrumentación para que la Orquesta la acompañara con un sonido homogéneo. Y qué decir de Patricia Sosa. Innegable oficio, fuerza interpretativa, y sus impactantes notas bajas para cerrar la noche con tres temas, dos con música de Daniel Vilá y el restante con música de su pareja Oscar Mediavilla. Fueron “Bendigo”, “El Valor de Mis Sueños” y “Por un Mundo sín Violencia”, este último en estreno, compuesto en pandemia, lejos de imaginarse que esta primera versión además de esta  pandemia trajo la antítesis del título con la Guerra Rusia-Ucrania que tanto ha impactado en el mundo entero. Una letra muy pegadiza, hizo que el púbico reaccionara muy favorablemente, al punto que Sosa bisó la estrofa final “a cappella” y de modo muy emotivo, marcando el instante más alto de la velada.

 

  Yendo ya entonces a la parte clásica se presentó la compositora y pianista Sonia Posetti, la que interpretó cuatro composiciones de su autoría. Abreva en el folcklore urbano ahí en donde es innegable la influencia de Astor Piazzolla (ha marcado un rumbo tras el cual los compositores jóvenes se identifican y realizan su propia búsqueda). Las obras están compuestas en forma mayoritariamente tonal y los solos fueron reservados en su totalidad al guía de segundos violines. “Sepia” (muy contundente), “Desmonte”, “Papel PIcado” y el muy interesante candombe “Bullanguera” son los nombres de estas muy efectivas composiciones, con orquestaciones que aprovecharon todos los recursos instrumentales de la Filiberto y que obtuvieron la aprobación y el sostenido aplauso del público.

 

 Y finalmente hablo ahora de la presentación de María Laura Antonelli, la que compuso para esta velada y en calidad de estreno mundial “Gravitación de los Oceanos Internos”, un desafío en sí mismo para una composición compacta, con matices para mostrar y dificultades tanto para la Orquesta como para la solista, los que fueron resueltos de modo estupendo. Me detengo aquí para resaltar la espectacular labor de Lucía Zicos tanto en los trabajos de corte “popular” como para este repertorio clásico. Ofreció calidad sonora, la labor no decayó en ningún momento y el rendimiento de todos los sectores de la Filiberto fue óptimo. Retornando a María Laura Antonelli, es una exploradora de los sonidos urbanos en los que se sumerge para extraer toda la fuerza e impactar y realizar como solista una labor sin desmayos. Ha sido una inteligente decisión incluir dos números de la recordada “Infernadero” del año 2019, en este caso los Números 3 “Dejar Morir” y 4 “Esqueletos de Barcos y Gritos Olvidados” en donde en estos últimos encontramos, pregones, discursos públicos y sonido ambiente de calle. Antonelli logra captar al oyente con todo este dispositivo y  ¿por qué no?  tambien  con esa captación logra otra creación en sí misma.

 

Donato Decina

 

 

domingo, 6 de marzo de 2022

 

UN CORRECTO INICIO

 

Teatro Colón, temporada 2022. Primer Concierto de Abono a cargo de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, Director: Enrique Arturo Diemecke. Solistas. Linus Roth (Violín), Laura Pisani (Soprano), María Luisa Merino Ronda (Mezzosoprano), Coro de Niños del Teatro Colón, Director: Cesar Bustamante. Programa: Obras de Korngold y Mendelsohn. 04 de Marzo de 2022.

 

NUESTRA OPINION: BUENO.

 

  Haciendo un ejercicio de memoria, una temporada anual del Colón comprendía conciertos de verano de sus dos orquestas en los que en muchos de ellos intervenían algunos de sus instrumentistas como solistas al igual que intérpretes vocales nacionales  y sobre el final se sumaban el Coro Estable y el recordado Coro del Instituto Superior de Arte. Se reponía con elenco nacional algún título de opera ofrecido en la anterior temporada y se remataba con una función con algunos fragmentos de ballet, que marcaban el retorno de ese Cuerpo Estable. Luego se podía apreciar alguna opereta vienesa o alguna zarzuela, mientras que la Filarmónica ofrecía un ciclo de otoño (recuérdese por ejemplo la integral Beethoven con Moshe Atzmon). Con el tiempo comenzó a adelantarse la fecha de inicio de los abonos regulares con menos títulos líricos y reducción en la sala de los conciertos de la Filarmónica que comenzaron a trasladarse al igual que algunos de la Estable al Auditorio de Belgrano y tras su inauguración a la Usina del Arte. Los espacios estivales comenzaron a ser reemplazados por conciertos de artistas populares, sumados al tradicional arriendo a las entidades privadas de conciertos, lo que motiva que los ciclos regulares del Colón comiencen en fechas insólitas como fin de febrero o como ahora comienzos de Marzo y deban culminar durante el mes de Diciembre.  Enrique Arturo Diemecke, como le corresponde al titular de la Orquesta, tuvo a su cargo el concierto de apertura del ciclo en un programa un tanto fuera de lo común compuesto por el Concierto para Violín y Orquesta de Erich Korngold y en la segunda parte por la música incidental para “Sueño de una Noche de Verano” que Félix Mendelsohn compusiera para la ambientación de la obra de William Shakespeare. Apreciable cantidad de espectadores con preeminencia de público neófito, el que como siempre ocurre aparece tomándose fotografías sin cubre bocas aun cuando el personal de sala se cansa de solicitar la colocación de los mismos, aplausos fuera de lugar aun cuando previamente el Mtro. Diemecke fue suficientemente claro en la explicación previa de cuando debería hacerse y hasta conversaciones durante la interpretación de las obras. Esta es la realidad 2022 en las funciones del Colón tras diez años transcurridos desde su reapertura.  algo que se incrementa cada vez más en los últimos tiempos.

 

  Discípulo entre otros de los hermanos Ana y Nicolás Chumachenco, el violinista alemán Linus Roth fue el solista del concierto de Korngold. Obra escrita en forma absolutamente tonal dentro de los cánones del romanticismo tardío bien entrada la primera mitad del siglo veinte, tiene momentos sumamente interesantes que incluyen pasajes de apreciable belleza y necesita de un muy buen solista para su interpretación. Roth brindó pasajes de muy buen sonido con instantes de alto vuelo interpretativo, aunque en otros se apreciaron momentos de sonido un tanto “sucio”, mientras que Diemecke y la Filarmónica ofrecieron un correcto acompañamiento, no exentos de un sonido brillante. La versión fue recibida con entusiasmo por el público, lo que motivó que Roth ofreciera un bis, en este caso una balada de Eugene Ysaye en donde Roth ahí si ofreció todo lo mejor de sí, despejando toda duda y alcanzando el momento más alto de la noche.

 

  La parte final trajo para la música de Mendelsohn el concurso de la Soprano Laura Pisani y la Mezzosoprano María Luisa Merino Ronda junto a la participación del Coro de Niños del Teatro preparado como es habitual por Cesar Bustamante. Si bien se emplea en esta obra el coro de mayores, es sabido que en el Colón no se emplea al Coro Estable junto a la Filarmónica, debido a que se reclama desde hace un tiempo el cobro de un adicional por ese tipo de participaciones. El Coro de Niños tuvo una participación dignísima haciendo lo suyo con sumo entusiasmo. María Luisa Merino Ronda tuvo un correcto desempeño en su breve parte vocal y Laura Pisani mostró su acostumbrada solvencia en sus dos intervenciones vocales. En cuanto a la Orquesta, recae sobre ella todo el peso de la obra, en donde se aprecian pasajes de corte intimista que requieren suma sutileza y “canto orquestal”, junto a pasajes chispeantes y otros de altísimo brillo con la celebérrima “Marcha Nupcial” como punto culminante. Diemecke trazó una versión correcta en el balance general, pero carente en forma llamativa de sutilezas, algo en lo que siempre se ha distinguido. Sumado a ello algunas “pifias” que aparecen de modo incomprensible en metales de la orquesta. Detalles que deben seguirse con atención durante el transcurso del ciclo. No es habitual señalar esto a la que en reiteradas ocasiones se la ha distinguido como la mejor orquesta del País.    

 

 

Donato Decina