martes, 12 de diciembre de 2023

 Muy buen concierto de la Sinfónica y el Coro de la Municipalidad de 3 de Febrero en la

basílica de Lourdes


ORGULLOSAMENTE BONAERENSES Y A MUCHA HONRA

Martha CORA ELISEHT


Dentro del santoral de la iglesia Católica Apostólica Romana, el 11 de Febrero

se conmemora la celebración de Nuestra Señora de Lourdes, una de las vírgenes más

veneradas en el país. Por dicho motivo, todos los días 11 de cada mes se celebran misas

y diversos eventos en el santuario ubicado en Santos Lugares, donde el pasado lunes 11

del corriente se ofreció un concierto en conmemoración de dicha virgen, prácticamente

coincidente con la celebración de la Inmaculada Concepción de María el 8 de

Diciembre pasado. Participaron la Orquesta Sinfónica y el Coro de la Municipalidad de

Tres de Febrero bajo la dirección de Ezequiel Fautario y Débora Maccarone

respectivamente, junto al conjunto vocal Vox Animæ, bajo la dirección de Santiago

Cano y los solistas Perla Hrynkiewiecz (soprano), Diana Delfino Flood (contralto),

Fabián Frías (tenor) y Emiliano Rodríguez (bajo) para brindar el siguiente programa:

- Stabat Mater en Sol menor, D.175- Franz SCHUBERT (1797-1828)

- Misa en Do mayor, Op.86- Ludwig van BEETHOVEN (1770-1827)

Tras la tradicional afinación de instrumentos y la presentación de los organismos

intervinientes a cargo del locutor oficial del municipio, Ezequiel Fautario hizo su

presentación para realizar una breve reseña sobre las obras debido a la ausencia de

programas de mano. El Stabat Mater (Estaba la Madre) es una composición religiosa

que data del siglo XIII y narra el dolor y el sufrimiento de la Virgen María ante la

crucifixión y posterior muerte de su único hijo, Jesús. Hubo más de 200 compositores

que llevaron los versos de este poema medieval escrito en latín a la música -entre otros,

Giovanni Battista Pergolesi, Antonio Vivaldi, Franz Liszt, Zoltan Kódaly y Antonin

Dvořak-, pero el de Franz Schubert es uno de los menos representados. Compuesto en

1815, es una obra de corta duración -no más de 13 minutos- que se caracteriza por ser

sumamente romántico y cuya música presenta una belleza singular. Sólo incluye 4 de

las 20 estrofas del Stabat Mater original, que se repiten como “variaciones de gran

alcance” en forma continua, luego de una breve introducción orquestal. A diferencia de

otras composiciones religiosas de Schubert, donde un único movimiento se divide en

tres secciones, el Stabat Mater D. 175 se representa como un solo movimiento continuo.

Originalmente, Schubert quiso emplear cornos en vez de trombones en su orquestación,

pero no pudo hacerlo por dos motivos: en primer lugar, las trompas de aquella época

carecían de válvulas para lograr ciertas notas y, en segundo lugar, la tonalidad en Sol

menor hacía imposible su uso. Por lo tanto, decidió emplear trombones en vez de

trompas. Al año siguiente, el genio vienés compone su Stabat Mater en Fa menor,

D.383, de mayor duración en forma de un oratorio breve. En este caso, el coro estuvo

magníficamente preparado y la orquesta sonó muy bien afinada para otorgar una versión

exquisita de dicha obra, caracterizada por ser dramática y, a su vez, romántica.


Seguidamente, el grupo vocal Vox Animæ hizo su presentación junto a los

solistas- quienes integran el Coro Municipal de Tres de Febrero- para brindar una

majestuosa versión de la Misa en Do mayor, Op.86 de Beethoven, compuesta en Viena

en 1807 por encargo del príncipe Nikolas Esterházy. Consta de 5 secciones (Kyrie/

Gloria/Credo/ Sanctus/ Agnus Dei), donde algunas abarcan varios números. Mientras

que el imponente y jubiloso Kyrie inicial es un Andante con moto assai vivace quasi

allegretto ma non troppo en la tonalidad inicial de Do mayor a cargo de los solistas y el

coro en un canon a 4 voces, el Gloria se divide en 3 partes: Gloria (Allegro con brio, a

cargo del tenor), Qui tollis pecsata mundi (Allegro mosso, a cargo de la contralto) y

Quoniam tu solus sanctus (Allegro ma non troppo, con participación de los solistas y el

coro). A su vez, el Credo se divide en 5 partes: Credo (Allegro con brío, coro), Et

incarnatus est (Adagio, con participación de los 4 solistas y el coro), Et resurrexit

(Adagio, con participación del bajo), Et in Spiritum Sanctus (Allegro) y Et vitam Venturi

saeculi (Allegro ma non troppo). Estas dos últimas secciones contaron con una

excelente participación de los dos coros y el cuarteto de solistas, cuyas voces estuvieron

muy bien seleccionadas y preparadas para asumir un compromiso de gran envergadura.

Por su parte, la orquesta sonó espléndida, con muy buen desempeño de los solistas

instrumentales (en especial, el fagot y el cuarteto de maderas). La excelente labor

desempeñada por el coro se hizo sentir en las dos primeras secciones del Sanctus

(Sanctus, adagio y Pleni sunt coeli, Osanna, allegro), mientras que el cuarteto de

solistas descolló en el Benedictus (Allegretto ma non troppo) mediante un canon a 4

voces perfectamente equilibrado. El movimiento se cierra con el Osanna in excelsis

(Allegro) a cargo del coro. En contraste con el jubileo demostrado en el movimiento

anterior, el Agnus Dei abre con un poco andante en Do menor a cargo del coro, mientras

que el Dona nobis pacem se divide en dos partes: la primera, a cargo del cuarteto de

voces solistas (Allegro ma non troppo en Do mayor) y cierra con un andante con moto a

cargo del Coro en la misma tonalidad para recapitular con el tempo del Kyrie inicial.

Una joya sinfónico- coral magistralmente interpretada, donde el numeroso público que

se dio cita en el templo disfrutó a más no poder, culminando con un sinfín de aplausos y

vítores.

Una basílica o una iglesia siempre es el ámbito más apropiado para la ejecución de

música religiosa, donde el sonido se eleva hasta alcanzar alturas celestiales y las voces

suenan angelicales, independientemente que la acústica del templo permita que el

sonido se multiplique y que una orquesta formada por algo más de 40 músicos suene

como si fuese exactamente el doble o el triple. En este caso, se dio una perfecta

conjunción entre orquesta, coro y solistas para lograr una magnífica versión de ambas

obras. Los organismos artísticos de la Municipalidad de Tres de Febrero pueden sentirse

orgullosamente bonaerenses y lo demuestran con creces todo el tiempo sobre los

diferentes escenarios donde les ha tocado participar.

domingo, 10 de diciembre de 2023

 

 

 

UNA ESTUPENDA NOCHE CON EL BARROCO

 

Ciclo Musical “Orfeo en Barracas”, temporada 2023. Actuación del Ensamble “Tempo Barroco”, Director: Fabrizio Zanella.  Solistas: Pablo Saraví-Fabrizio Zanella (Violines), María Carranza (Soprano), Matías Tomasetto (Tenor). Programa: Obras de Zipoli, Falconieri, Frescobaldi, Monteverdi y Corelli. Templo de Santa Felicitas,  09 de Diciembre de 2023.

 

 NUESTRA OPINION: MUY BUENO

 

 

  Al tomar conocimiento de que a una escasa semana de haberse retirado de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, Pablo Saraví se presentaría como invitado dentro del ciclo “Orfeo en Barracas” que se desarrolla en el templo de Santa Felicitas (el actual, no el Escondido) junto al ensamble “Tempo Barroco” que dirige el violinista Fabrizio Zanella, la atracción fue inmediata. Máxime si se tiene en cuenta de que se trata de una agrupación que emplea instrumentos construidos a la usanza de la época de ese estilo, que incluye en sus filas a notables exponentes del mismo como los hermanos Manuel y Miguel de Olaso (en órgano y archilaud respectivamente) Hernán Cuadrado (en viola da gamba) y Gabriel Said (en percusión) y sumados a todos ellos las voces de María Carranza (soprano) y Matías Tomasetto (Tenor). El programa ofrecido incluyó obras que abarcaron desde el período inicial hasta llegar casi al desemboque del período tardío por lo que se denominó “Música Instrumental y Vocal en la Italia del 1600”.

 

  Tras las palabras de bienvenida del Padre Carlos Pereira, quien lució parte de sus hábitos que había empleado en la misa que había tenido lugar previo al concierto, los Maestros ingresaron a la nave central del templo antes de la escalinata del altar  y con una introducción del Director del conjunto, Fabrizio Zanella, quien de modo conciso explicó las obras a escucharse,  el conjunto, con el propio Zanella y Pablo Saraví como solistas, abordó la sonata a dos violines y bajo continuo de Domenico Zipoli. A lo largo de sus cuatro movimientos pudo apreciarse el refinamiento del grupo y  la alta calidad interpretativa de ambos solistas quienes se prodigaron en toda la obra y arrancaron del público los primeros aplausos cerrados de la noche.

 

   Seguidamente, el conjunto pasó al momento musical más extenso del concierto en donde se interpretaron una interesante selección de páginas de Andrea Falconieri, músico napolitano que vivió en el llamado “Reino de Nápoles y las Dos Sicilias” en tiempos de la dominación española.  La Integraron: “L’Eróica” (Sinfonía [hoy se la denominaría “Obertura”]) de extenso desarrollo, “La Gioiosa” (Fantasía), “La Mirándola” (Canzona), “Allemanda detta la Ciriculia”, “Gallarda a tre”, “Sinfonía Seconda”, “Bella Lisarda” y “La Mala Spina”. En dichas páginas puede percibirse una clara influencia del estilo español que caló hondo en las composiciones de esa época. El conjunto aportó instantes de muy alta calidad, tanto por el soporte brindado por los hermanos de Olaso desde sus respectivos instrumentos como por la sólida participación de Hernán Cuadrado en Viola da Gamba,  la reiteración  de las buenas intervenciones de la dupla Zanella-Saraví y sumado a todo ello los delicados momentos que desde la percusión aportó Gabriel Said, fundamentalmente en las dos danzas de cierre que de inmediato cautivaron al público, el que tributó una muy cálida y justificada ovación a los intérpretes.

 

  Entrando en el momento reservado a la voz y el ensamble, descubrimos en María Carranza a una muy delicada voz de gratísimo timbre para abordar “Se l’aura spira tutta vezzosa” de Girólamo Frescobaldi uno de los compositores fundamentales del barroco. El sobrio aporte instrumental llevó a que esta interpretación fuera estupenda en todo el sentido, tras lo cual llegó el turno del tenor Matías Tomasetto para aportar su muy buena voz en el celebérrimo “Se dolce il tormento” de Claudio Monteverdi, padre de lo que hoy conocemos como ópera. Ambas voces desarrollaron junto al ensamble una muy buena versión de “Amor, che deggio far?” del propio Monteverdi, gratísima en la escucha en otro de los instantes más logrados del concierto.

 

  Retornando a lo puramente instrumental se volvió a Falconieri con unas danzas rápidas estupendamente vertidas que hicieron el deleite del público, tras lo cual el Mtro. Zanella invitó a Pablo Saraví a que asumiera la dirección del grupo para abordar la Sonata para dos violines y bajo continuo de Arcangelo Corelli en donde Saraví dio rienda suelta a su apasionamiento por el género, secundado de manera estupenda por Zanella como el segundo violín, llegando aquí sin dudas al momento más alto de la velada.

 

    Hubo lugar para bises. Con al aporte del Violinista Javier Weintraub, invitado por el ensamble en otros conciertos de este ciclo, se tuvo el gusto de escuchar una magnífica versión del célebre “Canon” de Pachelbel y luego, ante el pedido (casi ruego) del Padre Pereira y en donde Matías Tomasetto se sumó, ahora como percusionista, otra danza rápida que enfervorizó al público constituyéndose así en el broche de oro de una dignísima velada.

 

Donato Decina

jueves, 7 de diciembre de 2023

 



                          Créditos: Prensa del Teatro Colón, Fotografía del Mtro. Arnaldo Colombaroli


UNA EMBAJADA ARTISTICA PARA UN IMPORTANTE ACONTECIMIENTO

 

Teatro Colón, temporada 2023. Función Extraordinaria. Actuación  de The Geidai  Philarmonia Orchestra Tokyo,  Director: Kazuki Sawa. Solista: Eitetsu Hayashi (Wadaiko [Tambor Japones]). Programa: Obras de Smetana, Matsushita y Brahms. 06 de Diciembre de 2023.

 

NUESTRA OPINION: BUENO

 

 Durante el corriente año, el Imperio Japonés y la República Argentina celebran el 125º aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas. Dícese que los primeros inmigrantes nipones de los que se tenga constancia en Ntro. territorio fueron ubicados allá por 1886. Varios hitos mutuos tuvieron lugar hasta el presente, pero el más significativo es el tratado de migración de 1961 firmado en Tokyo durante la gira del Presidente Constitucional Argentino Dr. Arturo Frondizi, cuya entrada en vigor tuvo lugar en 1963. Por ambas partes se registraron visitas de artistas, deportistas, delegaciones comerciales e incluso militares (En 1903 Argentina adquirió a Japón dos acorazados de la época aquí conocidos como Moreno y Rivadavia. En recuerdo del primero hasta se compuso una célebre marcha militar). Para celebrar esta feliz circunstancia, se ofreció  un concierto en el Teatro Colón de Buenos Aires en el que se presentó la Geidai Philarmonia Orchestra Tokyo, agrupación originada  en la Universidad de Bellas Artes y Música de Tokyo, en 1898 (También cumple 125 años) en la Tokyo Music School, la que luego viró hacia la actual universidad. Para tener una idea cabal, esta orquesta estrenó en Japón las sinfonías Nºs. 5 y 9 de Beethoven y la Nº 6 “Patética” de Tchaickovsky. La agrupación  se presentó bajo la dirección del Mtro. Kazuki Sawa, quien además de Director de Orquesta es Violinista,  reconocido músico de cámara y actualmente es profesor emérito de la Universidad de las Artes, tras haber sido Presidente de la misma y Decano del Departamento de Música.

 

  La programación ofrecida la constituyeron dos obras de “punta” conocidas por todos: “El Moldava” (integrante del ciclo “Ma Vlast” [de mi Patria]) de Bedrich Smetana y la 4ª Sinfonía en Mi menor, Op. 98 de Johannes Brahms, mientras que en el centro se produjo un estreno absoluto en la Argentina cual es “Hi-Ten-Yu” para Tambor japonés y Orquesta de Itsao Matsushita. Llamó poderosamente la atención la ausencia de música argentina, en momentos en que cada vez con mayor frecuencia las orquestas de primer nivel mundial ofrecen obras de Alberto Ginastera y Astor Piazzolla (máxime en el caso de este último con la devoción que los japoneses profesan por el tango). Así como en los últimos tiempos van ganando más protagonismo nombres como Osvaldo Golijov y Esteban Benzecry (En el caso de este último su mono-opera “Garasha” inspirada en una historia en el Japón del 1500 se estrenó en tierra nipona con rotundo éxito). También el hecho de que el programa de mano recibido, tanto como la gacetilla de prensa, tuvieron carencia total de comentarios, sobre todo de la obra japonesa ofrecida en estreno, en momentos en que un público mayoritariamente neófito, integrado fundamentalmente por japoneses y descendientes de los mismos, seguramente pisaba el Colón por vez primera. Me provocó mucha pena esta situación. Además debería observarse el hecho que traer una agrupación de arriba de 75 músicos con un traslado aéreo que como mínimo debe haber insumido al menos 36 horas de viaje y con una diferencia horaria de 12 horas por un solo concierto sin la posibilidad de ofrecer al menos uno más es un verdadero despropósito.

 

  Entrando de lleno en la música escuchada, se apreció una interesante lectura de “El Moldava” de Smetana a partir de la elegancia originada en los gestos del Mtro. Sawa, haciendo honor a sus conocimientos surgidos como instrumentista y desde la música de cámara, hecho que motivó una excelente respuesta de las cuerdas del conjunto. Sin embargo se apreció un sonido excesivamente  “forte” en el timbal, característica que se mantuvo en casi todo el concierto y que por momentos conspiró con todo lo bueno desarrollado por el resto del conjunto.

 

 

 El punto más alto de la noche se produjo con la interpretación de “Hi-Ten-Yu” para tambor japonés de Isao Matsuyita con la participación  del solista Eitetsu Hayashi. De lo poco que se ha hallado sobre el compositor es que es un vasto creador de canciones las que han llegado a los registros grabados. Aquí parte con un instrumento que es empleado en la música tradicional japonesa. Eitetsu Hayashi es un profesional de vastísima trayectoria, el que por muchos años formó parte del conjunto soporte del Ballet “Kodo”, el que años atrás se presentó en el ciclo del Mozarteum Argentino en el Teatro Coliseo en tiempos del Colón cerrado por el “Masterplan”  y del cual el tambor Wadaiko es fundamental en la música que se emplea en las danzas. Este solista muestra una condición física envidiable, ya que la interpretación surge desde la entrega física, la música parte de los planos más bajos hasta estallar un “fortísimo”. La orquesta se integra como sostén con una intervención uniforme, hasta que tras un grito emanado desde lo gutural por parte del solista estalla el conjunto todo atacando una melodía por momentos demoledora, tras lo cual retorna la calma y la música tanto desde el solista como de la orquesta se va extinguiendo de manera paulatina. Debe decirse que el Colón “rugió” con el final de la obra aclamando a los intérpretes y a la tercera salida se produjo la aparición del solista junto a otros dos jóvenes instrumentistas para abordar otra obra de similares características en la que la energía domina y la entrega de los solistas fue total. Tras largas ovaciones se llegó al intervalo.

 

  La parte final nos trajo una apenas correcta versión de la Cuarta de Brahms en donde llamaron mi atención algunas pifias y el hecho de que más allá de los gestos del director que pedía enfatizar las sutilezas, estas quedaron por alguna razón a mitad de camino. Más allá de que la idea de la obra era la correcta, la misma no se plasmó por completo en esta versión. Sin embargo,  el público sostuvo el aplauso y tras varias salidas del Mtro. Sawa al escenario, este concedió un único bis: la “Rapsodia para Orquesta” de Yuzo Toyama, la que seguramente se escuchó por primera vez en la Argentina por intérpretes netamente japoneses con un brillante despliegue de energía que hizo delirar a la sala, para que todos, Orquesta, Director y Solistas visiblemente conmovidos salieran una última vez a agradecer el fervor de la gente.

 

Donato Decina

miércoles, 6 de diciembre de 2023

 


                       Fotografía cortesía de la Dra. Martha Cora Eliseht tomada con equipo propio


CONDECORACIÓN AL MAESTRO SEBASTIANO DE FILIPPI COMO

CABALLERO DE LA ORDEN DE LAS ARTES Y LETRAS DE FRANCIA

Martha CORA ELISEHT


El pasado martes 5 del corriente se realizó un acto en la Embajada de

Francia donde se condecoró al Maestro Sebastiano De Filippi con el máximo

galardón que el gobierno francés otorga a un artista: la Orden de Caballero de

las Artes y las Letras (Chévalier dans l’Ordre des Arts et Lettres) por su labor

como músico y ensayista.

El acto se celebró con la presencia del Sr. Embajador de Francia en la

Argentina- Romain Nadal- y el Encargado de Asuntos Culturales de la

Embajada, Sr. Émilien De Petris, entre otras autoridades y contó con la

presencia de numerosos invitados, entre los cuales estuvo el Presidente de la

Asociación de Críticos Musicales de la Argentina, Sr. Carlos A. Ure.

Además del maestro De Filippi, fueron condecorados los siguientes

artistas y escritores: el productor musical Leandro Frías, el ensayista y escritor

Alejandro Katz, el dibujante y humorista Miguel Repiso (Rep) y la productora y

realizadora cinematográfica Agustina Llambi Campbell, quienes recibieron de la

mano del embajador Nadal -quien se dirigió al público y a cada uno de los

premiados en un perfecto castellano- sus respectivas condecoraciones.

En la actualidad, Sebastiano De Filippi se desempeña como director

titular de la Orquesta de Cámara del Congreso de la Nación -cargo ganado por

concurso en 2013- y es uno de los mejores directores de orquesta del país. Es

asimismo autor de numerosos libros (Alta en el cielo, Ensayos de Ópera y

Notas Sinfónicas, entre otras obras) y ha recibido el título de Caballero y Oficial

en la Orden al Mérito de la República Italiana, entre sus múltiples antecedentes

y premios. 

 


                  Créditos. Prensa Teatro Colón, fotografía del Maestro Arnaldo Colombaroli



Muy buena reposición de “LA CIUDAD AUSENTE” en Colón Contemporáneo


AUSENCIA Y SOLEDAD, UN COMÚN DENOMINADOR

Martha CORA ELISEHT


Con motivo de cumplirse el 10° aniversario de la desaparición física de Gerardo

Gandini (1936- 2013), el Teatro Colón decidió homenajearlo con una de sus óperas: LA

CIUDAD AUSENTE que, a su vez, marcó el fin del ciclo Colón Contemporáneo y cuyas

representaciones tendrán lugar entre los días 5 al 7 del corriente, con escenografía de

Carles Berga, dirección de escena de Valentina Carrasco, vestuario de Luciana Gutman

e iluminación de Peter Van Praet. A su vez, esta producción cuenta con los siguientes

asistentes: Diego Censabella en dirección musical, Lorenzo Nencini, en dirección de

escena; Martina Nosetto, en vestuario y Mercedes Camejo, en escenografía.

La dirección musical está a cargo de Christian Baldini al frente de la Orquesta

Estable del Colón, con participación del siguiente reparto: Oriana Favaro (Elena),

Sebastián Sorrarain (Macedonio), Gustavo Gibert (Ingeniero Russo), Alejandro Spies

(Junior), Andrés Cofré (Fuyita), Mairín Rodríguez (Ana), María Castillo de Lima

(Lucía Joyce), Constanza Díaz Falú (la Mujer Pájaro), Mariano Fernández Bautista

(Hombre Viejo), Iván Maier (Estudiante de Música), Santiago Martínez (Doctor Jung),

Verónica Cano (Enfermera), Darío Leoncini (Ayudante) y el conjunto de 6 sopranos

integrado por Laura Polverini, Analía Sánchez, Natacha Nocetti, Izumi Ishigaki, Selene

Lara Iervasi y Cintia Velázquez. También participó un elenco de figurantes encabezado

por Pablo Giles Pereyra, bajo la coordinación de María Eugenia López.

Publicada en 1992, la novela LA CIUDAD AUSENTE de Ricardo Piglia es un

relato basado en una idea crítica sobre otra novela: Museo de la novela de la Eterna, de

Macedonio Fernández (1874-1952), donde su autor “no trató de producir una réplica

del hombre, sino una máquina de producir réplicas” según palabras textuales de Piglia.

En ausencia de la mujer amada (Elena de Obieta), su alma se transforma en objeto de

representación y éste, a su vez, dará origen a la réplica. Pero a diferencia de la novela de

Piglia, la ópera de Gandini no es una pieza musical basada en la obra homónima, sino

que se trata de dos objetos diferentes. En el caso particular de LA CIUDAD AUSENTE

y, a modo de palíndromo, Gandini comienza y termina el relato con dos variables en

común: la ausencia de la persona amada (Elena), cuya alma -atrapada en una máquina-

se encuentra en soledad, que es la otra variable mencionada y, además, el motivo con el

cual la ópera comienza y termina. Los diferentes personajes femeninos que aparecen en

la recorrida que el periodista Junior realiza por el museo en compañía del guardián

Fuyita – la Mujer Pájaro, la cantante lírica Lucía Joyce y el coro formado por 6

sopranos- representan diferentes facetas de Elena, al igual que la ausencia y soledad a

las que su alma se ve sometida. Un círculo brillante con forma de luz dicroica simboliza

su alma, atrapada e inmortalizada dentro de una máquina a la cual, nadie puede acceder

y aguarda desesperadamente que alguien acuda a su rescate. Sólo el periodista Junior -

quien se encuentra escribiendo un artículo de investigación sobre el tema, pese a las


recomendaciones de su amiga Ana y de Fuyita de no seguir profundizando en ello- se

atreverá y perecerá en el intento.

El estreno de LA CIUDAD AUSENTE tuvo lugar en el Teatro Colón en 1995 y,

posteriormente, se representó en el Teatro Argentino de La Plata en 2011. Ésta es la

tercera vez que la ópera de Gandini se vuelve a ofrecer en menos de tres décadas y

posee un lenguaje musical tonal, con atisbos de atonalidad y numerosos contrapuntos

entre las diferentes secciones de instrumentos, al igual que magníficos glissandi en el

dúo de pianos alternando con la percusión, metales y cuerdas. Asimismo, cuenta con

numerosos inserts de música de diferentes épocas. Para el cuadro de la Mujer Pájaro,

Gandini apela al clasicismo mozartiano; para la escena de amor entre Macedonio y

Elena, a los grandes dúos de ópera del siglo XIX y, en el caso de Lucía Joyce, alterna

parte de LA TRAVIATA con Finnegan’s Wake. En otros pasajes, también se aprecian

reminiscencias del expresionismo de Alban Berg con ribetes de La Consagración de la

Primavera de Stravinsky. Por dicho motivo, no es fácil de dirigir ni de representar. No

pareció ser un obstáculo para Christian Baldini, cuya dirección fue magnífica desde el

inicio hasta el final. Supo conducir perfectamente a la Orquesta Estable con brillo y

enjundia, al igual que al elenco de cantantes. La selección de las voces no pudo haber

sido mejor, ya que el nivel de canto e interpretación han sido excelentes. Es una obra

donde todos son protagonistas -pese a la mayor preponderancia de las voces femeninas-

y no existen los roles coprimarios. Por lo tanto, sería muy injusto destacar la labor de un

cantante por sobre otro, ya que todos estuvieron espléndidos.

Si bien la puesta en escena estuvo acorde al título de la obra, no necesariamente

tenía que tratarse de una ciudad en ruinas. En declaraciones ofrecidas a un medio de

prensa, Valentina Carrasco dijo que …”se trataba de una búsqueda en forma de capas,

como si fueran estratos arqueológicos”. No es necesario montar una escenografía a

base de bolsas de residuos negras hechas añicos, simulando escoria y restos de

máquinas, bicicletas, hierros retorcidos y oxidados para representar la ausencia. Sí

estuvieron muy correctas la iluminación y los efectos de video simulando una nebulosa

al inicio y final de la obra, con la enorme luz dicroica mencionada anteriormente en

alusión a la máquina, al igual que el uso del escenario giratorio para los cambios de

escena. Ahora bien: ¿por qué el interior de la galería de un museo tenía que estar en

ruinas?... ¿Y por qué el bar de Ana tenía que ser un auto?... Tampoco se entendía qué rol

cumplía el figurante -caracterizado como un astronauta en vez de un arqueólogo- en

medio de semejante nivel de destrucción. El estilo de Valentina Carrasco continúa

siendo el mismo: pobre y carente de recursos. Lo demostró hace años atrás en Colón

Ring y persiste en la misma tesitura. Una ya está saturada de ver puestas de escena

mersas, pedorras y carentes de imaginación, indignas de un escenario como el del

Colón.

De no ser por este detalle, la presente reposición ha sido muy buena desde el

punto de vista musical, actoral y vocal. Un merecido homenaje al creador del Centro de

Experimentación del Colón (CETC) y a uno de los músicos más brillantes que ha dado

la Argentina. Es un placer contar con títulos nacionales dentro de una temporada lírica

y, en este caso, un perfecto cierre de Colón Contemporáneo.

martes, 5 de diciembre de 2023

 

INTERESANTISIMO CICLO EN LA AMIA

 

Ciclo de Extensión Cultural de la Asociación Mutual Israelita Argentina (A.M.I.A.), temporada 2023. Función de cierre. Opera:”Nabucco” de Giuseppe Verdi con libreto de Temistocle Solera (Versión Semi montada con vestuario y proyecciones). Intérpretes: Mauro Esposito (Nabucco), María Belén Rivarola (Abigail), Marina Biasotti (Fenena), Juan González Cueto (Ismael), Luciano Straguzzi (Zaccaria), Hernán Quinteros (Abdallo). Chorale Lyrique de Buenos Aires, Directora: Silvia Aloy. Vestuario: Mariela Daga, Asistente de Dirección: Gustavo Espósito. Dirección General: Mauro Espósito. Dirección Musical: Juan Casasbellas. 04 de Diciembre de 2023.

 

NUESTRA OPINION: MUY BUENO.

 

Desde hace algunos años, la Asociación Mutual Israelita Argentina (A.M.I.A.) desarrolla una política de extensión cultural abierta a la comunidad toda con especial hincapié en la música y dentro de esta en la Opera. A lo largo del corriente año y con dirección general del barítono Mauro Espósito se desarrollaron seis funciones con títulos reconocidos por el público en el auditorio que la entidad organizadora posee en su sede  de la calle Pasteur. El título elegido para el cierre: “Nabucco” de Giuseppe Verdi, caro para muchos de los asistentes por la historia del pueblo judío en tiempos de Nabucodonosor, Rey de Babilonia. Y así revivieron en el escenario las escenas del asalto al templo de Baal, los delirios del Rey  al creerse más que Dios, el odio y la venganza acumulados en Abigail al saberse esclava y no hija natural del rey. El desplazamiento del monarca, la asunción de la impostora al trono, la conversión de Fenena  (Verdadera hija de Nabucodonosor)  al judaísmo, consolidando así su amor por el joven Ismael, la predica de Zaccaría el Sumo sacerdote y líder del pueblo. Nabucco que recupera su conciencia y encuentra que el trono ha sido usurpado, su arrepentimiento, la promesa de reconstrucción del templo judío y Abigail  que desplazada se quita la vida. Todo este planteo fue resuelto de manera hábil e inteligente por Mauro Espósito con un semi-montaje el que careciente de escenografía, se vio resaltado por proyecciones de los lugares históricos en los que la acción transcurre y completado por un muy buen vestuario de época aportado por Mariela Daga, utilizado de manera tal que por el color se identificaba a los conjuntos (rojo para los babilonios, azul para los hebreos). También se logró una muy buena iluminación escénica, siempre en apoyo de los intérpretes. Todo esto fue coordinado de manera eficiente por Gustavo Espósito, verdadera mano derecha del Director de Escena. Al ser un espacio muy reducido, es imposible pensar en un soporte orquestal. Por ello se recurrió a audios de la obertura y de inicios de escena para ser ensamblados luego con el piano, y aquí jugó la “Verdadera Orquesta” que fue la experimentadísima Julia Inés Manzitti desde el teclado, con una labor sin fisuras para que los interpretes se mantuvieran seguros a lo largo de la noche.  Otro papel fundamental le cupo al Chorale Lyrique de Buenos Aires dirigido por la Maestra Silvia Aloy. Voces que con entusiasmo y total entrega fueron el soporte de la acción. Mauro Espósito con innegable oficio, buen gusto en el decir y con timbre robusto dio vida al protagonista expresando todas las tribulaciones que en el surgen a lo largo de la obra. Marina Biasotti volvió a encontrarse con Fenena tras la notable recreación que hiciera junto a Adelaida Negri en el Teatro Avenida. Tuvo presencia,  soltura escénica y voz muy firme siendo con justicia muy aplaudida. Luciano Straguzzi creció con el correr de la función pudiendo finalmente desplegar en escena todos sus solidos recursos vocales  para exponer a Zaccaría, el Sumo Sacerdote. Más allá de alguna nota tirante, fue satisfactorio el nivel de Juan González Cueto como Ismael, llegando al punto más alto en las escenas de conjunto. Una voz de interesante timbre fue la de Hernán Quinteros como Abdallo y le suma una buena presencia escénica. Es un elemento a tener en cuenta. La gran triunfadora de la noche fue María Belén Rivarola quién en el rol de Abigail ratificó su extraordinario momento escénico por el cual el Colón la distinguió como Inés para cantar el rol junto a Anna Netrebko en “Il Trovatore”. Timbre robusto, presencia en el escenario, voz que corre por toda la sala. La labor más descollante de toda la función.

 

  Todo esto fue posible gracias a la concertación de Juan Casasbellas, notable intérprete que en cada ocasión en la que se lo llama demuestra su experiencia y su pulso firme en la conducción de espectáculos líricos. Digno broche de oro para el 2023. Esperamos las novedades para el 2024.

 

Donato Decina

lunes, 4 de diciembre de 2023

 Teatro Municipal de Viña: desperfilada reinauguración…

Por Jaime Torres Gómez

Luego de casi 14 años de inutilización del emblemático Teatro Municipal de Viña

del Mar, producto de las refacciones tras el terremoto del 27 de febrero del 2010,

el pasado 1 de diciembre se concretó la anhelada puesta en marcha de

patrimonial coliseo artístico.

Como axioma, toda localidad urbana, indistintamente de sus dimensiones,

virtuosamente es valorada conforme la masa crítica de sus habitantes, en cuanto

su capacidad de brindar debido valor agregado a un patrimonio intangible básico

como es la vida cultural en su conjunto, siendo fundamental el rol de las

instituciones locales que facilitan su cultivo.

Para un debido fomento de lo cultural per se, debe proveerse una infraestructura

ad-hoc que facilite su transmisión. Y en el caso de las artes musicales y de la

representación, la disposición de un teatro es condición sine qua non para dar vida

a lo generado por la propia comunidad y lo foráneo.

Viña del Mar, coloquialmente conocida como la Capital Turística de Chile, ha

contado por casi 100 años con un coliseo artístico de relevante valor

arquitectónico, correspondido con una vasta y reconocida actividad artística. Por

tal razón, el costo de prescindir del mismo por tantos años es irreparable…, al

punto que es menester un cuestionamiento ex post de optar por una remodelación

inorgánicamente más allá de los daños específicos producidos por el 27F, con la

resultante de privar a varias generaciones poder conocer un inmueble de mucha

historia y centro de gravedad de las actividades culturales más gravitantes de la

ciudad…

El perfil tradicional del TMV principalmente ha discurrido hacia los espectáculos

escénicos y musicales doctos, no obstante abierto a ámbitos populares de calidad

que no fagocitaran la natural jerarquía docta, dándose una saludable convivencia

entre ambos mundos. Así, por décadas, hubo una Temporada Oficial del Teatro,

organizada tanto por la misma Municipalidad a través del Área de Cultura, o bien,

por muchos años, por la Corporación Cultural de Viña, solventada por el municipio,

concibiéndose espectáculos en base a un riguroso criterio curatorial, y en

consecuencia disponiendo para la ciudad un acceso a lo mejor posible de lo

regional, nacional e internacional.

La esperada reinauguración del pasado 1 de diciembre, definitivamente, no

respondió a los estándares editoriales tradicionales enunciados, con una narrativa

sesgada respecto a la propia historia del TMV, signada de un pseudo glamour no

en sintonía a la señorial tradición socio-cultural viñamarina, donde la frivolidad por

relevar ciertas figuras de lo popular -cuyos ámbitos son naturalmente otros-, no fue

congruente al histórico perfil del mismo TMV…


La transmisión en vivo de esta reinauguración por Canal Nacional (TVN) dio

cuenta de una errónea conceptualización de la difusión cultural, en este caso

parcializando el quehacer del decano coliseo artístico viñamarino al no mostrar en

su totalidad el desarrollo del espectáculo, cuyos damnificados fueron destacados

músicos del ámbito clásico local, deviniendo en meros teloneros de un evento

claramente orientado hacia lo popular con el show de Los Jaivas, estos últimos

hegemonizando el conjunto del hito…

En otro orden, al ver la parrilla de espectáculos anunciada para el resto de

diciembre (enero aún sin información), no hay proporción con el mediático evento

inaugural visto en televisión, no disponiéndose de figuras relevantes del mundo

artístico nacional e internacional, dando cuenta de la potencial (y/o real)

incapacidad del municipio de Viña por invertir en espectáculos con mayor valor

agregado… Si bien lo local es imprescindible tenga espacio en el TMV, en el caso

de marras era esperable, al menos durante los primeros días de la puesta en

marcha del teatro, la presencia de espectáculos foráneos de relevancia que sin

duda habrían dado un plus a esta inmediata puesta en marcha.

Finalmente, aprendiendo de las lecciones desde el 27F en adelante…, aún es

tiempo de replantear el perfil curatorial del Teatro Municipal de Viña, en el

entendido que hoy es una realidad su puesta en marcha, conjuntamente al alto

nivel de su infraestructura para montajes de grandes espectáculos. Sólo confiar en

la receptividad y creatividad de los responsables de su administración en

orientarse al mejor derrotero posible…

domingo, 3 de diciembre de 2023

 

Créditos: Prensa Teatro Colón. Fotografía del Mtro. Arnaldo Colombaroli


Brillante cierre del Ciclo de Abono de la Filarmónica en el Colón


BROCHE DE ORO EN LA DESPEDIDA DE UN GRANDE

Martha CORA ELISEHT


En el último mes del año, la Temporada y los ciclos de Abono organizados por el

Teatro Colón llegan a su fin. En el caso particular de la Orquesta Filarmónica de Buenos

Aires (OFBA), el pasado sábado 2 del corriente tuvo lugar el concierto de clausura del

Ciclo de Abono de esta entidad, que contó con dos acontecimientos: la presencia del

violinista ruso Maxim Vengerov -uno de los mejores intérpretes mundiales de dicho

instrumento y un coloso de la música- en calidad de solista y la despedida del

concertino Pablo Saraví tras 40 años de permanencia en la orquesta.

La dirección musical estuvo a cargo de Elías Grandy y se interpretaron las

siguientes obras:

- Concierto para violín y orquesta en Re menor, Op.47- Jan SIBELIUS (1865-

1957)

- Obertura Leonora n°3, Op.72 b- Ludwig van BEETHOVEN (1770-1827)

- Suite de “El Pájaro de Fuego” (versión 1919)- Igor STRAVINSKY (1882-

1971)

Cuando Pablo Saraví hizo su presentación sobre el escenario del Colón, el público

estalló en aplausos y vítores a modo de homenaje a este eximio artista, quien -entre sus

múltiples antecedentes y su extensa trayectoria- es miembro fundador y primer violín de

la World Orchestra for Peace (organismo creado por Sir Georg Solti en 1995), fundador

del Cuarteto Petrus y concertino de la academia Bach de Buenos Aires. Por lo tanto,

correspondía que se despidiera como concertino de la Filarmónica en su último

concierto. Tras la tradicional afinación de instrumentos, Elías Grandy y Maxim

Vengerov hicieron su presentación sobre el escenario para brindar una de las versiones

más brillantes que se recuerden del mencionado Concierto en Re menor de Sibelius.

Compuesto en 1903, es uno de los más bellos dentro de su género, pero también,

uno de los más difíciles debido a la enorme variedad de matices entre los tres

movimientos que lo integran (Allegro moderato/ Adagio di molto/ Allegro ma non tanto)

y de pasajes de extrema dificultad técnica. Debido a que despertó críticas ambiguas en

su estreno, fue revisado posteriormente y su primera interpretación tuvo lugar en Berlín

en 1905, bajo la dirección de Richard Strauss y la participación de Karl Hariř como

solista. El éxito alcanzado fue rotundo y es la versión que persiste hasta la actualidad.

Posteriormente, en 1990 se escuchó la versión original en Helsinski dirigida por el

propio compositor, con participación del violinista sueco Víctor Novaček, pero sin

éxito, dadas las profundas discrepancias existentes entre el original y su revisión. En el

Allegro moderato inicial escrito en forma de sonata en Re menor, el violín solista abre

el concierto prácticamente sin introducción orquestal previa y domina la música con un

tema típicamente escandinavo, apoyado por los clarinetes. Las cuerdas recién entran en

el segundo tema de este movimiento, pero lo interesante es que la cadenza se emplea


como parte del desarrollo. De más está decir que la excelencia del solista y de la

orquesta hicieron posible no sólo que la presente versión fuera brillante y perfecta de

cabo a rabo, sino también que el bellísimo cantábile del 2° movimiento (Adagio di

molto, en Si bemol menor) sonara como los dioses. Es el más romántico de los tres y se

inicia con una melodía a cargo de los vientos de carácter impresionista, que deja en

suspenso la frase hasta la entrada del violín, que la ejecuta de manera más

temperamental. Y, en este caso, de manera sublime, merced al virtuosismo de Vengerov

y del ímpetu de Elías Grandy, quien resultó ser un director joven y talentoso. Contagió

su entusiasmo a la orquesta, que acompañó de forma magistral al solista durante todo el

concierto; muy especialmente, con un excelente contrapunto entre el contrabajo solista y

el timbal en la introducción del movimiento final (Allegro ma non tanto, en Re menor),

previamente a la entrada del violín. El movimiento final se caracteriza por su intensidad

rítmica en ritmo de polonesa/ mazurka sobre notas dobles y ahí es donde reside su

enorme dificultad técnica. Posteriormente, la orquesta introduce el segundo tema con

matices de vals, pero brindando protagonismo al solista en un tutti lleno de armonías

con una particularidad: cuando la resolución parece inevitable, el violín regresa con el

tema inicial y con la misma frase. A partir de allí, la orquesta adquiere cromatismo y el

solista -a toda velocidad y con un fraseo sumamente dificultoso- se mueve en cascada

para terminar con una sola nota, que da lugar al final del concierto. El impecable fraseo,

técnica y la avasallante digitación de Maxim Vengerov hicieron posible -junto a una

Filarmónica que sonó como nunca- una versión antológica. El rugido del Colón se hizo

sentir y el público ovacionó al solista y al director. Tras numerosos aplausos y vítores,

se produjo otro hecho trascendental: Vengerov invitó a Pablo Saraví a afinar sus violines

y se dirigió en inglés al público para anunciar el bis: una monumental versión del 1°

movimiento del Doble concierto para violines y orquesta de cuerdas en Re menor, BWV

1043 de Johann S. Bach, donde ambos músicos hicieron gala de su virtuosismo. Al

finalizar, Maxim Vengerov y Pablo Saraví fueron ovacionados y sumamente aplaudidos;

no sólo por el público presente, sino también por los propios integrantes de la orquesta.

De las cuatro oberturas que Beethoven compuso para su única ópera (FIDELIO), la

Leonora n°3, Op.72 b es la única que se interpreta dentro del repertorio de las salas de

conciertos sinfónicos. Narra perfectamente el argumento de la obra: Leonora desciende

a las mazmorras para rescatar a su esposo Florestan -detenido injustamente por el

corregidor Pizarro-. La oscuridad, el canto de Florestan recordando días mejores, el

motivo de la libertad, el solo de trompeta fuera de escena que marca la liberación del

protagonista y una poderosa recapitulación sinfónica de carácter heroico y triunfalista

cierra esta joya orquestal, compuesta entre 1804 y 1805. La Filarmónica brindó una

versión sumamente precisa y luminosa de la consabida obertura, donde Elías Grandy

hizo gala de su ímpetu y precisión.

Concebido originalmente como un conte dansé (cuento bailado) inspirado en

leyendas rusas, El Pájaro de Fuego se estrenó como ballet en 1910 en la Ópera de París

y fue la primera colaboración que Stravinsky hizo para la compañía de Sergei Diaghilev

Les Ballets Russes, con coreografía de Mijail Fokine y vestuario de Leo Baskt. Su

estreno fue un suceso rotundo desde su inicio y, posteriormente, se hicieron varias suites

orquestales. La más conocida y representada es la de 1919, que consta de 5 números:

Introducción- Danza del Pájaro de fuego- Variación- Jorovod (Ronda de las princesas)-

Danza infernal de los súbditos de Kaschei- Berceuse (Nana)- Final. Es otro de los


“caballitos de batalla” de la Filarmónica y, en esta ocasión, el equilibrio sonoro fue

sublime, con grandes intervenciones de todos y cada uno de los instrumentistas para

lograr una versión vibrante, que fue in crescendo a medida que transcurría la melodía.

El rugido del Colón se hizo sentir una vez más y, tras los aplausos, se hizo presente el

Director General del teatro -Sr. Jorge Telerman- para despedir a Saraví entregándole un

diploma enmarcado en mérito a su labor desempeñada tras 40 años de permanencia en

la orquesta. La ovación fue total y el violinista se retiró de la mejor manera: aplaudido

por su público.

El concierto de cierre del presente Ciclo de Abono no pudo haber sido mejor. La

presencia de dos gigantes del violín sobre el escenario del Colón y la despedida de

Pablo Saraví fueron el broche de oro para una excelente temporada en materia de

conciertos. A partir de ahora, se cierra una nueva etapa en la historia de la Filarmónica y

comienza otra, que promete ser tan enjundiosa como la actual.

 



Creditos: Ricardo Mandel/Por Siempre Coloneros. Gracias querido Amigo y Colega por compartir esta fotografía con Ntros.


spectacular cierre del Festival CHOPINIANA en el Palacio Paz

 

EL POETA DEL PIANO, POR LA POETISA DEL PIANO

Martha CORA ELISEHT

 

El Festival Internacional de piano CHOPINIANA 2023 es uno de los eventos más trascendentales de la temporada de música clásica, que tiene lugar en Buenos Aires todos los años entre los meses de Septiembre a Noviembre. El pasado miércoles 29 de Noviembre tuvo lugar el concierto de cierre de la edición 2023 de dicho Festival, organizado por la Fundación CHOPINIANA en el Palacio Paz -Círculo Militar-, a cargo de la presidente de la entidad: la talentosa pianista Martha Noguera, donde se ofreció un recital integrado exclusivamente por obras de Frederic Chopin (1810- 1849), que se detallan a continuación:

  • Nocturno n°1 en Do menor, op.48
  • Balada en La bemol mayor, Op.47
  • Andante spianato y Gran Polonesa brillante en Mi bemol mayor, Op.22 
  • Rondó en Mi bemol mayor, Op.16
  • Vals en La bemol mayor, Op.42, n°1
  • Sonata en Si menor, Op.58    

El evento contó con la presencia de los siguientes sponsors: la Embajada de la República de Polonia en Buenos Aires, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el Instituto Italiano de Cultura, el Instituto Adam Mickiewicz, la Societá Concerti Sorrento y la Seccional CABA de la Unión de Trabajadores Gastronómicos y Hoteleros de la República Argentina (UTHGRA). Asimismo, se hicieron presentes representantes diplomáticos de Japón, España y la Sra. Embajadora de Polonia en la Argentina, Sra. Aleksandra Piatkowska, quien se desempeña -asimismo- como Presidente Honoraria de la Fundación.

La sala Levalle del Palacio Paz contó con una notable afluencia de público, percibiéndose claramente que había mucha gente de pie. Posteriormente, fue ubicada para poder dar lugar al inicio del concierto. Tras las palabras de presentación a cargo del encargado de Asuntos Culturales del Palacio Paz - Coronel (RE) Castiglione-, la Embajadora Aleksandra Piatkowska pronunció unas palabras alusivas antes de la presentación de Martha Noguera, quien ofreció un espléndido recital desde los primeros compases del célebre Nocturno en Do menor, continuando con la bellísima Balada en La bemol mayor, Op.47. Ambas obras datan de 1841 y fueron publicadas en vida del gran compositor polaco. Asimismo, este recital tuvo una particularidad: a medida que se ejecutaban las obras, las interpretaciones de Martha Noguera fueron creciendo en intensidad hasta culminar con una versión memorable del Andante spianato y Gran Polonesa brillante en Mi bemol mayor, op.22. Chopin compuso la Gran Polonesa brillante en 1830 -originalmente, para piano y orquesta- pero entre 1834 y 1835 agregó el Andante spianato a modo de una extensa introducción par piano solo. Por lo tanto, transcribió la obra completa para piano tal como hoy se la conoce y la versión ofrecida por Noguera fue excepcional. Su prodigiosa memoria y su perfecta interpretación le valieron numerosos aplausos, pese a que la acústica de la sala Levalle pudo haberle jugado en contra en los tutti y los pasajes de mayor volumen. Lamentablemente, el mármol de Carrara no absorbe adecuadamente el sonido, sino que produce cierta reververancia y estridencia.

En la apertura de la segunda parte del recital, Martha Noguera interpretó una de las piezas para piano menos representadas: una magistral y vibrante versión del Rondó en Mi bemol mayor, Op.16, que consta de dos partes: Andante/ Allegro vivace. Lo mismo sucedió con el celebérrimo Vals en La bemol mayor, Op.42, n°1. Ambas obras fueron compuestas entre 1840 y 1841 y no es casual que el programa comprendido en el presente recital haya incluido obras que datan de ese período del compositor. También pertenece a dicha etapa la Sonta en Si menor, Op.58, compuesta en 1844 y que posee 4 movimientos: Allegro maestoso/ Scherzo: molto vivace/ Largo/ Finale: presto, non tanto, que fueron ejecutados de manera exquisita y sublime, merced a su prodigiosa digitación y pulsación. Como no podía ser de otra manera, el auditorio estalló en aplausos y vítores. Pero a diferencia de otros conciertos, primero, se entregaron a la intérprete numerosos ramos de flores y presentes, y luego, se ofreció el bis. En un recital dedicado a Frederic Chopin, no puede faltar la celebérrima Polonesa en La bemol mayor, Op.53 (“Heroica”), de la cual, Martha Noguera es una eximia intérprete y lo demostró con creces para poner punto final al concierto de cierre del Festival.

La presente edición de CHOPINIANA contó con pianistas de la talla de Adrián Kreda y Tamara Granat (Polonia) y los argentinos Eduardo Delgado -quien tuvo que reemplazar a Edda María Sangrigoli por razones de salud-, José Luis Juri y Martha Noguera, quien tuvo a su cargo el cierre del ciclo. Un merecido homenaje al poeta del piano por la poetisa del piano