jueves, 9 de abril de 2020


COLUMNA DE OPINIÓN
CORONAVIRUS: ¿FIN DE LA GLOBALIZACIÓN?
Martha CORA ELISEHT

            Este artículo podría haberse titulado “LO QUE EL VIENTO TRAJO”. O mejor dicho, lo que los transporte trajeron. Indudablemente, el coronavirus se diseminó por todo el mundo merced a los viajes constantes en avión, pero también por vía terrestre y marítima, lo que favoreció su dispersión en países que aún poseen temperaturas estivales.
            Ante la rápida y descomunal dispersión de la pandemia en Europa, los  países con mayor cantidad de afectados cerraron sus fronteras. Los tratados de cooperación  entre los países miembros de la Unión Europea parecen haberse desmoronado ante las brutales pérdidas económicas ocasionadas por el aislamiento preventivo y  la emergencia sanitaria, donde los sistemas de salud de las principales naciones del Primer Mundo –entre otras, Italia, España, Francia, Alemania, Suecia y Dinamarca- se vieron colapsados ante el avance de la pandemia. Prueba de ello es el descomunal número de muertos en Italia, seguido por España y Francia. Y lo mismo está sucediendo en Estados Unidos, donde el aumento del número de casos es alarmante y no todos los estados del gran país del norte han impuesto una cuarentena preventiva. Y al no poseer un sistema público organizado de salud, la diferencia es aún mayor entre aquellos que pueden costear una internación o un tratamiento y aquellos que no. Si a eso se le suma la actitud de un presidente ególatra, que se caracteriza por poner en primer lugar las ganancias empresariales antes que la salud de sus habitantes -probablemente, por su sesgo de pertenencia-, peor todavía. Al igual que su colega inglés, priorizaron la economía por sobre la salud pública. Los resultados están a la vista y hablan por sí solos.
            Mientras tanto, en el extremo sur del continente hay posiciones contrapuestas. Así como Argentina, Paraguay -y posteriormente, Uruguay- decidieron priorizar la salud pública por sobre la economía tomando medidas destinadas a prevenir el contagio y la diseminación viral mediante la imposición de una cuarentena obligatoria, no sucede lo mismo en países de neta tendencia neoconservadora tales como Ecuador, Chile y Brasil, que siguiendo el ejemplo de las grandes potencias como Estados Unidos o Inglaterra, poseen el mayor número de casos, contagios, infectados y muertes por la pandemia, pese a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la Organización Panamericana de la Salud (OPS o PAHO, según su sigla en castellano e inglés, respectivamente).
            Llama profundamente la atención que, salvo excepción de algunos funcionarios de la talla de la ex presidente de Chile y actual Secretaria de Desarrollo Humano de la ONU, Michelle Bachelet- quien llamó a levantar los bloqueos económicos a países como Venezuela y Cuba mientras dure la pandemia- , las Naciones Unidas se llamaron a silencio.
            Como consecuencia de la misma, y merced al aislamiento preventivo de la mayoría de gente en sus casas, están comenzando a aparecer imágenes que circulan por televisión y  redes sociales que hasta hace poco tiempo atrás parecían impensables. Poe ejemplo, la imagen de un ciervo entrando a un negocio en una ciudad cordillerana del sur argentino, o la proliferación de cientos de monos en las calles de Bangkok –Thailandia- pelando por comida ante la ausencia de turistas. Una no puede saber si las imágenes que circulan por las redes sociales son ciertas o no, tales como la presencia de delfines en los canales de Venecia –ya que puede tratarse de fotos trucadas-, pero es un clara señal que la Naturaleza se está tomando una clara revancha ante el retroceso del hombre en cuarentena.
“Volver a la Naturaleza/ sería mi mejor tristeza…”
Tal como lo menciona el bellísimo poema de Juan Carlos Baglietto en Carta de un León a Otro -con música de Chico Novarro- parece ser una profecía que se está cumpliendo. Sobre todo, si se siguen los últimos versos con los cuales finaliza la canción:
“Cuídate, hermano/ yo no sé cuándo/
Pero ese día/ viene llegando!”

Probablemente, esta pandemia será capaz de crear un nuevo orden mundial cuando la misma ceda. Ha demostrado que no se puede seguir viviendo en un mundo globalizado, donde sólo el 10% de la población mundial concentrada en los países más ricos se beneficia del 90% de las riquezas que poseen y producen los países más pobres, donde hay tremendas desigualdades sociales. Tal como lo diría quien fuera Ministro de Salud Pública de la Nación, Dr. Ramón Carrillo:
…”Frente a males tan graves como la pobreza, la miseria y la exclusión social, los gérmenes como causa de enfermedad son, meramente, unas pobres causas”.
La frase de Carrillo es de candente actualidad. Sobre todo, si se tiene en cuenta que fue pronunciada en 1946, cuando todavía no existía la globalización. Sin darse cuenta y lentamente, la globalización está matando a la humanidad. Y eso se refleja en las condiciones de salud. La avanzada de reformas sanitarias en países del Primer Mundo ha producido un deterioro masivo de los sistemas de salud como consecuencia de los recortes presupuestarios. Y esta pandemia demostró que no hay diferencias entre ricos y pobres frente a una enfermedad incurable hasta este momento. Quizás, el COVID- 19 sea una señal para poner las cosas en su lugar y advertir a los seres humanos que dejen de cometer los mismos errores del pasado y vuelvan a vivir con los adelantos de hoy, pero en un mundo más justo, más equitativo y más en contacto con la Naturaleza. De todos depende.

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