domingo, 24 de abril de 2022

 

 

 

A PESAR DE TODO SIGUE FIRME EN LA BRECHA

 

Orquesta Sinfónica Nacional, temporada 2022. Director: Ezequiel Silberstein. Solista: Claudio Espector (Piano). Programa: Alberto Williams: Obertura de Concierto Nº 2, Alfred Schnittke: Concierto para Piano y Orquesta de Cuerdas, Antonin Dvorak: Sinfonía Nº 7. Centro  Cultural Kirchner, Auditorio Nacional, 22 de Abril de 2022.

 

NUESTRA OPINION: MUY BUENO.

 

  En mi opinión le corresponde a este concierto esta calificación final porque más allá de las serias vicisitudes que Ntra. Orquesta Sinfónica Nacional atraviesa, el empeño puesto por sus integrantes (incluyendo a los jóvenes refuerzos que este año están cubriendo lugares vacantes que deben concursarse por jubilaciones o renuncias de sus titulares), el rescate de obras que su programación está ofreciendo y la estupenda predisposición de Directores y Solistas invitados, dan por resultado un nivel digno en las presentaciones sumado all apoyo que el público le brinda en cada presentación traducido en sostenidos aplausos que inundan la sala del Auditorio Nacional.

 

  La velada fue confiada al Mtro. Ezequiel Silberstein actual regente de la Academia Orquestal del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y se inició con la siempre bienvenida Obertura de Concierto Nº 2 de Alberto Williams, dentro del ciclo de interpretación de muchos de sus trabajos al cumplirse el 70º aniversario de su fallecimiento. Silberstein ofreció una versión muy depurada, trabajada en todos los detalles, desde las sutilezas del inicio en “pianissimi” hasta los “crescendos” con notables respuestas no solo de las cuerdas sino también por parte de los vientos de la orquesta. Obra que responde a los cánones del post-romanticismo, con fuerte influencia no solo de su formador, Cesar Franck, como de Chausson o la presencia elementos Bramhsianos, fue recibida con notable entusiasmo por el público que tributó el primer  reconocimiento de la noche.

 

  El gran acierto de este programa lo constituyó la versión del Concierto para Piano y Orquesta de Cuerdas de Alfred Schnittke con el concurso de Claudio Espector como solista. Obra que parte desde los más bajos sonidos, torna hacia contrapunto entre el solista y una cuerda que trabaja en disonancia y crece hasta momentos de suma fuerza interpretativa tanto para el solista como para la orquesta. El trabajo fue ofrecido en una versión notable en donde la cuerda brilló y acompañó en extraordinario nivel a la titánica labor de Espector, que fue decididamente consagratoria. Aun en los momentos en donde los silencios se imponían aunque una parte del público intentara aplaudir, obviamente fuera de lugar  (cuánto cuesta procesar el que por un instante no se escuche nada), igualmente se decía mucho. Aquí si hubo una estupenda labor de equipo y Silberstein en el final priorizo (correctamente)  la labor del solista a la hora del aplauso. Una batalla claramente ganada a la hora de ofrecer un trabajo de un gran creador del siglo XX  que llegó a un público neófito, con un solista estupendo, por entrega, garra, apasionamiento y técnica impecables  que le permitieron superar los escollos que la partitura presenta. Llamado a saludar en un par de ocasiones, Espector incluyó a manera de bis un recuerdo hacia Ucrania en esta difícil situación que atraviesa, interpretando una miniatura para Piano de sencilla y penetrante melodía de la que no pudo escucharse a quién pertenecía, dado que el público comenzó a aplaudir la mención cuando aun Espector no había culminado de decir el apellido.

 

  La parte final la ocupó la Sinfonía Nº 7 de Antonin Dvorak. Página de finales de siglo XIX, se inscribe en una de las obras más apasionantes de esa época. Ya sea por el intenso movimiento inicial, la belleza del discurso en el segundo, el endiablado y sentido Vals que ocupa el tercero y el brioso final, es un trabajo que de ninguna manera pasa desapercibido. Silberstein ofreció la más pulcra versión posible, aun cuando el rendimiento del conjunto fue desparejo. Mientras las cuerdas respondían pese a un desbalanceo provocado por la falta de instrumentistas, los bronces sonaron un tanto desparejos ante una hilera de cornos que no estuvo en su noche más feliz. Aun así, las ganas y la entrega pudieron más y se pudo plasmar una aceptable versión, saludada por todo lo antedicho por el público con el sostenido y fervoroso aplauso

 

  Pude apreciar la presencia en la sala del Ministro de Cultura de la Nación, Tristán Bauer, quién se acercó al borde del escenario para saludar a los interpretes al final de la Sinfonía. Espero (y creo que será así) que haya tomado nota de lo sucedido al igual que Yo, y que las soluciones lleguen lo antes posible.

 

    Donato Decina

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