Escena final de "Dementia" de Oscar Strasnoy/Adriana Harwicz en el escenario del Colón , retratada de forma magistral por Juanjo Bruzza para Prensa del Teatro Colón.
CONSTRUIR UNA OPERA
DE UN MODO DIFERENTE
Teatro
Colón, temporada 2026. Opera: “Dementia” (En tres cuadros y un epílogo),
Encargo del Teatro Colón en Estreno Mundial. Intérpretes: Florencia Burgwardt
(Escritora de 25 años), Daniela Tabernig (Escritora de 50 años), Monica
Ferracani (Escritora de 75 años), Sebastián Angulegui (Traductor de 25 años),
Alejandro Spies (Traductor de 50 años),
Víctor Torres (Traductor de 75 años), Cintia Velázquez, María Castillo de Lima,
Gabriel Vacas, Marcelo Iglesias Reynes, Leonardo Fontana (Coro de
Vecinos/Cazadores), Ivan Rutkauskas (Piano), Milva Leonardi (Mucama-Rol
actuado), Pablo Ruíz Seijo (Pianísta-Rol Actuado) Orquesta Estable del Teatro
Colón. Escenografía y Vestuario: Mariana Tirantte, Iluminación: Matías Seidon,
Proyección y Video: Martín Borini, Coreografía: Luciana Acuña. Dirección
Escénica: Mariano Pensotti. Dirección Musical: Tito Ceccherini. Función de
Estreno Mundial del 31 de Mayo de 2026.
NUESTRA OPINION: MUY BUENO
“Somos una
mala traducción de nosotros mismos”, a partir de esa frase que Ariana Harwicz
introduce en el libreto de “Dementia” comienza a desarrollarse la acción en paralelo
de la vida de una pareja a los 25, 50 y 75 años. Una escritora y un traductor
de sus obras que transitan desde la euforia inicial a la necesidad de que ella escriba para poder traducir y así
vivir. La presencia de una empleada doméstica que ejercerá atracción sobre el
traductor, quien desaparecerá de manera misteriosa. Un vecino pianista el que
interferirá en la escritora con sus interpretaciones y vecinos y cazadores de
vida rural muy sencilla. En la evolución se verá que ella ha escrito y ganado
premios y luego ante la desmemoria de su esposo traductor dejó de escribir
largo tiempo atrás. Ahí comienza la reconstrucción del recorrido. Aparecerán
miserias, deseos, conflictos. Texto y música van en una misma dirección. La
palabra es dura, la música contundente. Aquí entonces surge una impresionante
labor de conjunto. En primer lugar la dupla Strasnoy-Harwicz, quienes desde
cero se lanzaron a la creación de esta historia con un texto que sirve a la
música y viceversa. Harwicz viste a la
obra con lenguaje franco y directo y Strasnoy en plena posesión de medios musicales nos
muestra su evolución compositiva respecto a “Réquiem”, su anterior trabajo. Ambos
nos proporcionan un trabajo cerrado de atmósfera densa el que se desarrolla,
crece y convence de manera progresiva. Junto a ellos, la puesta impecable de Mariano Pensotti, ya sea en cuanto
a movimiento como a desplazamiento de los intérpretes en el escenario y hasta en el convincente uso del disco
giratorio del mismo, apuntalado por un soberbio vestuario de Mariana Tirantte utilizando los mismos géneros
en diferentes combinaciones para cada etapa de vida de la pareja, siendo además
autora de una muy funcional escenografía que para que en cada escena los protagonistas
se ubiquen en el espacio adecuado. Todo ello se ve reforzado por la impecable iluminación de Matías Sendon
y el apoyo de video diseñado por Martín Borini. El equipo se completó con la
magistral dirección musical de Tito Ceccherini, el que no dejó nada librado al azar,
ya sea por su permanente conexión con el
palco escénico como por el rendimiento que obtuvo de la Orquesta Estable la que
logró una labor superlativa.
Yendo al plano vocal, las labores fueron creciendo con el correr de
la función. Florencia Burgwardt como la joven escritora asumió el que tal vez
sea el rol más comprometido en lo que va
de su carrera, asentándose con el correr de la función y saliendo airosa. Daniela Tabernig con
naturalidad y solvencia se luce tanto vocal como actoralmente como la escritora
de 50 años y Mónica Ferracani dando cátedra de buen gusto tanto en lo vocal como en lo actoral.
En los roles masculinos, Sebastián Angulegui
mostro soltura y oficio como el joven traductor, Alejandro Spies en una papel
que pareciera haber sido hecho a su medida se lució ampliamente como el escritor
de 50 años y, definitivamente, Víctor Torres como el escritor de 75 años con un
oficio en el decir y una soltura escénica que logra que el espectáculo todo se
torne realmente convincente.
Hubo solvencia en las voces que dieron vida a
los vecinos y los cazadore, una labor estupenda de Ivan Rutkauskas desde el piano,
para una actuación muy lograda de Pablo Ruíz Seijo en el rol del vecino pianista
y una sugerente intervención de Milva Leonardi como la Doméstica que se
introduce en la vida de la joven pareja. Finalmente muy acertados fueron los movimientos
coreográficos de Luciana Acuña.
Esta es la
misión permanente del Teatro Colón. Incentivar a los compositores nacionales,
ayudar a sus desarrollos y de no olvidar a quienes los precedieron. Es la razón
de ser de la casa. De ahora en más sus
directivos tienen la palabra para el desarrollo
futuro.
Donato Decina
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