jueves, 4 de junio de 2026

 

Escena final de "Dementia" de Oscar Strasnoy/Adriana Harwicz en el escenario del Colón , retratada de forma magistral por Juanjo Bruzza para Prensa del Teatro Colón.


CONSTRUIR UNA OPERA DE UN MODO DIFERENTE

 

 

Teatro Colón, temporada 2026. Opera: “Dementia” (En tres cuadros y un epílogo), Encargo del Teatro Colón en Estreno Mundial. Intérpretes: Florencia Burgwardt (Escritora de 25 años), Daniela Tabernig (Escritora de 50 años), Monica Ferracani (Escritora de 75 años), Sebastián Angulegui (Traductor de 25 años), Alejandro Spies  (Traductor de 50 años), Víctor Torres (Traductor de 75 años), Cintia Velázquez, María Castillo de Lima, Gabriel Vacas, Marcelo Iglesias Reynes, Leonardo Fontana (Coro de Vecinos/Cazadores), Ivan Rutkauskas (Piano), Milva Leonardi (Mucama-Rol actuado), Pablo Ruíz Seijo (Pianísta-Rol Actuado) Orquesta Estable del Teatro Colón. Escenografía y Vestuario: Mariana Tirantte, Iluminación: Matías Seidon, Proyección y Video: Martín Borini, Coreografía: Luciana Acuña. Dirección Escénica: Mariano Pensotti. Dirección Musical: Tito Ceccherini. Función de Estreno Mundial del 31 de Mayo de 2026.

 

 

NUESTRA OPINION: MUY BUENO

 

 

“Somos una mala traducción de nosotros mismos”, a partir de esa frase que Ariana Harwicz introduce en el libreto de “Dementia” comienza a desarrollarse la acción en paralelo de la vida de una pareja a los 25, 50 y 75 años. Una escritora y un traductor de sus obras que transitan desde la euforia inicial a la necesidad  de que ella escriba para poder traducir y así vivir. La presencia de una empleada doméstica que ejercerá atracción sobre el traductor, quien desaparecerá de manera misteriosa. Un vecino pianista el que interferirá en la escritora con sus interpretaciones y vecinos y cazadores de vida rural muy sencilla. En la evolución se verá que ella ha escrito y ganado premios y luego ante la desmemoria de su esposo traductor dejó de escribir largo tiempo atrás. Ahí comienza la reconstrucción del recorrido. Aparecerán miserias, deseos, conflictos. Texto y música van en una misma dirección. La palabra es dura, la música contundente. Aquí entonces surge una impresionante labor de conjunto. En primer lugar la dupla Strasnoy-Harwicz, quienes desde cero se lanzaron a la creación de esta historia con un texto que sirve a la música y  viceversa. Harwicz viste a la obra con lenguaje franco y directo y Strasnoy en  plena posesión de medios musicales nos muestra su evolución compositiva respecto a “Réquiem”, su anterior trabajo. Ambos nos proporcionan un trabajo cerrado de atmósfera densa el que se desarrolla, crece y convence de manera progresiva. Junto a ellos, la puesta  impecable de Mariano Pensotti, ya sea en cuanto a movimiento como a desplazamiento de los intérpretes en el escenario y  hasta en el convincente uso del disco giratorio del mismo, apuntalado por un soberbio vestuario de  Mariana Tirantte utilizando los mismos géneros en diferentes combinaciones para cada etapa de vida de la pareja, siendo además autora de una muy funcional escenografía que para que en cada escena los protagonistas se ubiquen en el espacio adecuado. Todo ello se ve reforzado  por la impecable iluminación de Matías Sendon y el apoyo de video diseñado por Martín Borini. El equipo se completó con la magistral dirección musical de Tito Ceccherini, el que no dejó nada librado al azar, ya sea  por su permanente conexión con el palco escénico como por el rendimiento que obtuvo de la Orquesta Estable la que logró una labor superlativa.

 

  Yendo al plano vocal,  las labores fueron creciendo con el correr de la función. Florencia Burgwardt como la joven escritora asumió el que tal vez sea el rol  más comprometido en lo que va de su carrera, asentándose con el correr de la función  y saliendo airosa. Daniela Tabernig con naturalidad y solvencia se luce tanto vocal como actoralmente como la escritora de 50 años y Mónica Ferracani dando cátedra de buen  gusto tanto en lo vocal como en lo actoral. En los roles masculinos, Sebastián  Angulegui mostro soltura y oficio como el joven traductor, Alejandro Spies en una papel que pareciera haber sido hecho a su medida se lució ampliamente como el escritor de 50 años y, definitivamente, Víctor Torres como el escritor de 75 años con un oficio en el decir y una soltura escénica que logra que el espectáculo todo se torne realmente convincente.

 

  Hubo solvencia en las voces que dieron vida a los vecinos y los cazadore, una labor estupenda de Ivan Rutkauskas desde el piano, para una actuación muy lograda de Pablo Ruíz Seijo en el rol del vecino pianista y una sugerente intervención de Milva Leonardi como la Doméstica que se introduce en la vida de la joven pareja. Finalmente muy acertados fueron los movimientos coreográficos de Luciana Acuña.

 

Esta es la misión permanente del Teatro Colón. Incentivar a los compositores nacionales, ayudar a sus desarrollos y de no olvidar a quienes los precedieron. Es la razón de ser de la casa.  De ahora en más sus directivos tienen la palabra  para el desarrollo futuro.    

Donato Decina


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