miércoles, 3 de junio de 2026

 

La gran Midori ovacionada por el público asistente al Concierto de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires en el Teatro Colón. Fotografía estupenda de Juanjo Bruzza enviada por Prensa del Teatro Colón.


LA VIGENCIA DE MIDORI

 

Teatro Colón, Temporada 2026. Concierto de Abono a cargo de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, Directora: Zoe Zeniodi. Solista: Midori (Violín). Programa: Obras de Tchaikovsky, Charbonnier y Honneger. 30 de Mayo de 2026.

 

NUESTRA OPINION: MUY BUENO.

 

  Si bien se esperaba que el Concierto para Violín y Orquesta de Tchaikovsky  con el atractivo de Midori como solista se ofreciera en la segunda parte del programa, una voz en off anunció antes del inicio de la primera parte que justamente la obra con solista ocuparía dicha parte y las dos obras restantes pasaban a la segunda. No estuvo para nada desacertada esa decisión por parte de quien la haya tomado. La estructura de un programa coloca a la obra con solista en el centro del mismo balanceando con las otras obras que lo completan, y en el resultado final, se demostró que harto justificadamente correspondía hacerse así.

 

  Desde su primera visita a mediados de los noventa como a su regreso en la pasada década, el romance entre el público porteño y Midori se mantuvo inalterable y se ratificó en esta ocasión. Su versión del Concierto para Violín y Orquesta de Tchaikovsky fue de absoluta excelencia. Una obra que luce permanentemente esplendorosa, en manos de esta eximia interprete se nos revela en que también desde otro enfoque se puede  mantener su esplendor. Pasajes de un refinamiento exquisito ya desde los primeros ataques. Total seguridad ante los desafíos técnicos. Momentos de profundidad sublime en la que construye y comparte con el público una introspección en la que la música fluye con serenidad y naturalidad. El movimiento central se exhibió pleno de canto manteniendo las características antes mencionadas y un final con un  sorprendente y maravilloso timbre “mate” en el que la solista se movió absolutamente a sus anchas. Por su parte la Filarmónica con la guía de su titular, Zoe Zeniodi, acompañó de manera correcta, aun cuando en el primer  movimiento se apreciaron algunos desacoples con la solista. En nada extrañó que la reacción del público fuera la de una sostenida ovación para que Midori retribuyera con dos fragmentos “Bachianos”, marca registrada de su repertorio que dejó al público en total estado de éxtasis. Ojalá pueda contarse con una nueva visita en breve tiempo.

 

  El inicio de la segunda parte nos trajo el estreno del Poema Sinfónico Nº 3 “Bosques de Maiernigg” dedicado a la memoria de Gustav Mahler, el gran compositor Bohemio, justo en una semana en la cual la propia Orquesta en su próximo concierto abordará los “Rückert -Lieder”   y la Sinfónica Nacional a la semana siguiente abordara la imponente quinta sinfonía en la que su cuarto movimiento (Adagietto) tiene en su base la melodía del más famoso de los “Rückert-Lieder” (“Estoy solo en el mundo”). Por lo cual, más allá de las casualidades, resultó muy interesante su audición la que revistió el carácter de estreno argentino y sudamericano. Nos encontramos en una obra de desarrollo tonal, inspirada en esos bosques en los cuales Mahler se retiraba los veranos a componer.  Parte desde un vibrante y sostenido discurso del  cual algunos temas expresados son retomados a lo largo de la misma. Su orquestación es para un orgánico amplio y sin caer en lugares comunes. Charbonnier logra mantener la tensión y la atención de forma permanente y ese es su gran mérito.  La Mtra. Zeniodi obtuvo del conjunto una muy buena respuesta y el público recibió con mucho agrado este trabajo.

 

 

  En el final, anunciado como estreno argentino, aunque al momento de escribir el presente comentario  llegó la información de que la Sinfónica Nacional lo ofreció a comienzos de los cincuenta de la pasada centuria, se interpretó la Sinfonía Nº 2 de Arthur Honneger.

 

  A modo de introducción, tras anunciar la obra y las circunstancias de su composición, la Mtra. Zeniodi con muy buen criterio solicitó al público que no se aplaudiera entre movimientos, para lo cual mantuvo su mano en alto en esos instantes logrando así su cometido. A lo largo de sus tres movimientos, compuesta durante gran parte de la segunda guerra mundial y fundamentalmente en la ocupación alemana de Francia, Honneger plasma en el pentagrama un trabajo de alta densidad y fuerte carga emotiva. Compuesta para cuerdas, con una intervención  de trompeta fuera de escena al final de la obra simbolizando un canto de esperanza ante la adversidad, el compositor hace una extensa e intensa catarsis musical.  Haciendo un paralelismo, esta sinfonía resulta pionera de dos trabajos posteriores también ambos para cuerdas: “Metamorfósis” de Richard Strauss y el Cuarteto Nº 8,Op. 110 de Dimitri Shostakovich, el que luego en arreglo de Rudolf Barshai se transforma en la Sinfonía de Cámara Op. 110 B. Mientras Honneger emplea alrededor de 35 minutos para este trabajo, Shostakovich lo hace en 25 y Richard Strauss casi en otro tanto. Hay una diferencia, Honneger estaba viviendo la guerra y los otros dos compositores se expresaron luego de haberla padecido. Apreciamos una muy interesante labor de la Mtra. Zeniodi, con estupenda actuación de las cuerdas a lo largo de toda la obra y una sobria intervención de Fernando Ciancio desde fuera de escena con la trompeta.

 

  Noche de rendimiento parejo junto a una formidable interprete.

 

Donato Decina



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