SÓLIDO INICIO DE TEMPORADA LÍRICA
Por Jaime Torres Gómez
Como ha sido tradicional, en mayo se inició la temporada lírica del Teatro Municipal de
Santiago, en esta oportunidad con la La Bohème, de Giacomo Puccini, sin duda uno de los
títulos más populares del repertorio operístico.
Estratégicamente, la elección de La Bohème, al igual como Madama Butterfly al inició de la
temporada del año pasado, obedeció a una lógica de reencantar a los operáticos tradicionales
más la captación de nuevas (y necesarias) audiencias.
Huelga destacar el importante esfuerzo asociado de las instituciones musicales (teatros y elencos
artísticos respectivos) por desarrollar continuamente la ópera (suma de todas las artes musicales
y escénicas) ante su alta complejidad técnica y económica..., reconociéndose el esfuerzo, por
décadas, del Municipal de Santiago al ofrecer temporadas internacionalmente reconocidas. Sólo
esperar, superada la actual coyuntura económica, retomar a futuro los tradicionales 6 títulos
históricos…
Los referentes de La Bohème en el Municipal son potentes, como las producciones de 1978 con
la afamada Adriana Maliponte; 1982, en la recordadísima producción de Nicola Benois junto a
Yasuko Hayashi, Luis Lima y Vicente Sardinero; y la antológica versión de 1986 con Renata
Scotto y Jaume Aragall.
Cabe señalar que la producción de Benois se repuso –con algunas variantes- todas las veces
hasta la anterior puesta en escena propiamente tal, considerando que la última vez correspondió
a una versión semi escenificada y en contexto de pandemia (2022). En esta oportunidad se contó
con una nueva producción liderada por Cristina Gallardo-Domâs, en su debut como regisseur, y
sin duda toda una autoridad artística (particularmente en esta ópera), al ser un referente mundial
en la interpretación de Mimí. El diseño de escenografía estuvo confiado a Julián Hoyos,
asimismo, Loreto Monsalve como diseñadora de vestuario, y Ricardo Castro en la iluminación.
Con celebrada intuición teatral, la regie de Gallardo-Domâs acertó con el cambio de época al año
1945 del siglo XX, no desdibujando la esencia del libreto original, y consecuentemente,
discurriendo, en lo macro, hacia una correcta exégesis argumental, no obstante ciertas libertades
menores.
Muy bien delineado el perfil de cada personaje, amén de una ordenada disposición de masas y
elementos corpóreos. Del todo acertada la omnipresente aparición de la figura del compositor (a
cargo del actor Francisco Pérez-Bannen) deambulando en buena parte de la ópera, quizás en
señal de empatía con los personajes en escenas relevantes. Y siendo un recurso teatralmente
recurrente, quizás no fue siempre lograda la yuxtaposición de planos escénicos paralelos,
perdiéndose algo la sorpresividad de algunas entradas de personajes (en el primer acto la llegada
de Benoit, y en especial la llegada de Mimí a la buhardilla). A la vez, poco (o nada) se entendió la
presencia de la misma Gallardo-Domâs evocando a Marlene Dietrich, no siendo más que una
curiosa anécdota.
Sobre la producción misma, de buena factura la escenografía de Julián Hoyos, de pictórica
mirada, con buen sentido contrastante y estupendamente apoyada por un acertado diseño
lumínico de Ricardo Castro. Excelentes diseños de vestuario de Loreto Monsalve.
En lo musical, una triunfal concertación de Paolo Bortolameolli, donde el lenguaje pucciniano
definitivamente le es afín (formidable su dirección de M. Butterfly el año pasado). Abordar Puccini
no es baladí ante la rica paleta armónica, tímbrica y colorística presente en casi toda su
producción. Del todo consubstanciado, Bortolameolli propone una penetrante mirada analítica,
transparente, y libre de ciertos aditamientos tímbricos y colorísticos (abusos de glissandi y otros
extemporáneos efectos) que se dan en ciertos enfoques. Magnífica conjunción foso - palco
escénico, con logrados balances, empática adopción de tempi, certeros matices y excelente
acompañamiento a las voces.
Con dos elencos de parecidas trayectorias, especial expectativa revestía el debut de la destacada
soprano chilena Yaritza Véliz como Mimi, luego de cantarlo en importantes casas de óperas
mundiales, cometido que la validó como una gran intérprete al poseer todos los atributos vocales
y musicales deseables para el rol. De amplia proyección, homogéneo legato, rango y calibrada
musicalidad, Yaritza logra empoderarse en la mayor parte del desarrollo dramático, destacándose
en todo el primer acto (notable la atmósfera irradiada desde su primera aparición, y luego con una
entrañable entrega en “Mi chiamano Mimí”, como en el dúo “O soave fanciulla”). Aunque errática
en el tercer acto (día del estreno), careció de mayor progresión dramática, recuperando
expresividad hacia el final de la ópera.
Muy bien complementada en todo orden la segunda Mimí, con la debutante Usbeka Angelina
Akhmedova, de importante material y consumada musicalidad, brindando toda la fragilidad
propia del personaje, y logrando gran emotividad especialmente en el tercer acto. Sin duda, un
valor a tener en cuenta para futuras temporadas.
Siderales diferencias entre los Rodolfos… En el caso de Michael McDermott (primer elenco), si
bien su canto es noble y con una entrega más bien enfatizada en la fragilidad del personaje,
empero, su vocalidad es inadecuada para el rol al no poseer el espesor requerido (se trata de un
tenor lírico y de insuficiente caudal para Rodolfo), evidenciando dificultades en el passaggio y una
permanente tirantez en los agudos. Por distinto carril Kameron Lopreore (segundo elenco),
tenor-spinto de impactante caudal, hermoso timbre y amplia extensión, que ofreció una entrega
más extravertida (quizás, en exceso). Ideal a futuro volver a ficharlo para roles veristas e incluso
en algunos de tenor heroico.
De los secundarios y comprimarios, muy buenos resultados como Marcello de los también
debutantes Germán Enrique Alcántara y especialmente Yeontaek Yang. De menor jerarquía
Camila Romero y Pilar Garrido, como Musetta, en parte al no tener todos los atributos del
physique du rôle demandados (no es fácil interpretar a Musetta), no obstante, al tratarse de
talentosas cantantes. Y descollantes Matías Moncada y Francisco Salgado como Colline, a la
vez, muy sólidos Javier Weibel y Sergio Gallardo como Shaunard, lo mismo Cristián Lorca y
Pedro Alarcón, respectivamente, como Benoit y Alcindoro.
En suma, un sólido inicio de la temporada lírica del Teatro Municipal de Santiago, y buen
referente para los próximos títulos de ópera en el decano coliseo artístico nacional.
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