domingo, 27 de agosto de 2017

CRECIENTE TENSION Y CRECIENTE INTENSIDAD

Teatro Colón, Temporada 2017, Opera: “Ascenso y Caída de la Ciudad de Mahagonny”, Libreto: Bertold Brecht, Música: Kurt Weil. Interpretes: Nikolai Schukoff (Jim Mahoney), Nicola Bieller Carbone (Jenny), Iris Vermillion (Leokadja Begbick), Pedro Espinoza (Fatty), Hernán Iturralde (Moses), Luciano Garay (Bill),  Gonzalo Araya Pereira (Jack), Iván García (Joe), Pablo Pollitzer  (Toby Higgins), Laura Pisani-Mariana Carnovali-Alejandra Tortosa-Virginia Correa Dupuy-Rocío Arbizu-Lidice Robinson (Seis muchachas de Mahagonny). Bailarines y Actores figurantes. Coro Estable del Teatro Colón, Director: Miguel Martínez. Orquesta Estable del Teatro Colón. Escenografía: Diego Siliano. Vestuario: Luciana Gutman. Iluminación: José Luís Fiorruccio. Coreografía: Ignacio González Cano.  Dirección Musical: David Syrus. Dirección Escénica: Marcelo Lombardero. Co-Producción entre el Teatro Colón junto al Teatro Municipal de Santiago de Chile y al Teatro Mayor de Bogotá. Función del 25 de Agosto de 2017.

NUESTRA OPINION: MUY BUENO.

  A treinta años de su estreno absoluto en Argentina y en el Colón (lo que en su momento constituyó un hito histórico en la rica historia del Teatro  y un puntal en la recuperación democrática, dada la represiva censura que imperó hasta Diciembre de 1983), como parece ser recurrente,  cada quince años retorna el emblemático trabajo de la dupla Brecht Weil al escenario. Esta vez de la mano de una co-producción que involucra al Municipal de Santiago de Chile (de donde vinieron las primeras noticias de su suceso), al mayor de Bogotá  y al Colón, con la Dirección Escénica de Marcelo Lombardero y la musical de David Syrus (hasta el presente año Jefe de Estudios Musicales del Covent Garden de Londres). Lo primero que debe tenerse en cuenta es que para evaluar este trabajo, Usted querido lector, oyente/espectador del programa en Internet y asistente al Colón, debe despojarse de pensar en la ya mítica puesta de Jaime  Kogan en aquel inolvidable estreno. Aquella, reitero, fue una circunstancia  única e irrepetible. Entonces enfoquémonos en el presente, dado que Marcelo Lombardero traslada la acción a época actual, pero respetando la esencia misma del trabajo, lo que en cierto modo ayuda a llevar adelante la acción. Ese respeto lleva a que el sobretitulado narre la historia de la ciudad.  Solo durante el momento del huracán una  filmación de un desopilante cronísta encarnado por Hernán Iturralde, que pierde su peluca durante una ráfaga de viento, es la única instancia en la que se recurre a ello. Un accidente carretero durante la fuga es el punto de partida para que el trío de forajidos decida emplazar una ciudad/páramo, la que luego mutará a ciudad del deseo en donde todo estará permitido (por supuesto, dinero de por medio). Entonces, la lujuria, el hedonismo, el sexo, pasan a ser la regla cotidiana. Es por eso que el desarrollo escénico y la música van de la mano y crecen en tensión e intensidad con el transcurrir de esta puesta, en donde hasta el final de la primera parte, previo a la aproximación del huracán, se va desarrollando en forma de algún modo monótona, en consonancia con lo que le va sucediendo a los personajes. Justo en el momento en que el trío dueño de la ciudad comienza a preguntarse como contener la fuga de los habitantes que se van buscando otras motivaciones, es cuando cobra importancia el protagonismo de Jim Mahoney al responderles que se quedaría si encontraría que todo estuviese permitido y que el tiene El dinero suficiente para obtenerlo. Por ello es que en la segunda parte, el ritmo va transcurriendo en forma vertiginosa. Placeres, juego, sexo, comida (aquí uno de los mejores amigos de Jim se quedará “planchado” en una opípara mesa), Boxeo (en este caso un segundo amigo morirá en un combate contra uno de los forajidos a consecuencia de los golpes recibidos) y consecuencia de este combate, el protagonista perderá todo su dinero en una apuesta a mano solo de su amigo y no solo eso, también su vida, al intentar ofrecer canilla libre de whisky a los asistentes al bar sín tener recursos para abonarlo, mientras que el mismo tribunal que juzga y condena este hecho se corrompe al absolver a un asesino que convenientemente “acordó” con los jueces, mientras Bill, único amigo sobreviviente del protagonista no le presta cien dólares a este para intentar lo mismo). Detalle interesante, es que en este punto el vértigo se detiene (como recordándole al protagonista masculino lo que era Mahagonny antes del “vale todo” y en que terminó después) hasta el momento en que es llevado a su ejecución, para de ahí en mas retomar ese vértigo hasta el final. Este es el mérito del estudio a fondo que Marcelo Lombardero ha hecho del libreto y encontrarle esta interesantísima  resolución a su trabajo, y desde ya sólidamente acompañado por todo su equipo de colaboradores, desde la siempre efectiva escenografía de Diego Siliano, que incluyó el tradicional “guiño Lombarderiano” de incluir un cartel de “Welcome to Mahagonny” (Bienvenidos a Mahagonny) igual al del Teatro Argentino que recibía a los automovilistas  en la bajada de ingreso a la Ciudad de La Plata durante su gestión al frente de los destinos artísticos del Coliseo de esa ciudad. El formidable vestuario de Luciana Gutman. La impecable iluminación de José Luís Fiorruccio  (exacta en todo sentido), y las siempre efectivas colaboraciones coreográficas de Ignacio González Cano. Todo estuvo allí, desde el desarrollo de los recursos de hoy como la multimedia, el video y hasta bailarinas de cabaret (Poole dance o simplemente “Caño”en el vale todo y cuerpo de baile en la escena del juicio). En cambio, lo que no siempre fue de la mano fue la realización musical, en donde estuvo pesante en muchos momentos y carente de energía en el cuadro final. Consecuencia directa de esto fue la también discreta actuación del Coro Estable, ajustado sí, pero sin desplegar lo que puede dar. En cambio las voces (tanto en lo vocal como en lo actoral) conformaron un conjunto homogéneo de punta a punta. Entonces, Nikolai Schukoff, fue un estupendo Jim Mahoney, voz muy potente y una presencia actoral importantísima, debiera pensarse en El para roles Wagnerianos. Nicola Bieller Carbone literalmente se “comió” el escenario como Jenny con muy buenos recursos vocales y actorales. Iris Vermillión exponiendo autoridad y oficio escénico como Leokadja. Pedro Espinoza fue un Fatty de estupenda factura vocal además de buena actuación y Hernán Iturralde como Moses, la Trinidad, lució a pleno como corresponde a sus antecedentes. Luciano Garay como Bill, tuvo un lucimiento formidable, lo mismo que Iván García como Joe, con voz y “physique du rol” ideales. Gonzalo Araya Pereira un muy interesante Jack, aunque un detalle algo escatológico de escena empañó el remate de su actuación y Pablo Pollitzer en la parte final como Toby Higgins  fue avanzando paulatinamente en escena hasta lucir a pleno. El “sexteto de chicas” que integraron Laura Pisani, Mariana Carnovali, Alejandra Tortosa, Virginia Correa Dupuy, Rocío Arbizu y Lidice Robinson, que siempre integraron los equipos de trabajo del Director Escénico, mostraron no solo belleza y presencia, sino que supieron decir en sus intervenciones vocales.

  Entiendo que se trata de un trabajo que debe verse mas de una vez, así puede  comprenderse la magnitud de la tarea y todo lo que conlleva lo expuesto anteriormente.


Donato Decina
UN VENDAVAL INTERPRETATIVO SOBRE EL ESCENARIO DEL COLON

Teatro Colón, Ciclo “Colón Contemporáneo”, presentación del Pianista Nicolás Hodges. Programa: Obras de Salvatore Sciarrino y Doménico Scarlatti. 23 de Agosto de 2017.

NUESTRA OPINION: EXCELENTE

  Este concierto que “Colón Contemporáneo ha ofrecido tuvo la virtud de mostrarnos el crecimiento artístico de Salvatore Sciarrino.  El vehículo ideal para este recorrido fue el  pianista Ingles Nicolás Hodges, quien se nos reveló como un interprete absolutamente consustanciado con la obra del reconocido creador Italiano, al punto tal que Este le dedicó sus “Dos Nocturnos Crueles” (“Due Notturni Crudeli”), obra del 2001, junto a la que se incluyeron las Cinco Sonatas que van desde 1976 a 1994. Junto a todos ellos, se intercalaron sonatas de dos períodos bien diferenciados de Doménico Scarlatti las K 69, K84, K502 y K 532 . Estas obraron como separadores entre las obras contundentes de Sciarrino, algo así como un bálsamo, un descanso en el teclado, al que también matizó al permitir el interprete aplaudir entre obras, lo que le posibilitó incorporarse y caminar unos metros entre el Piano y el Backstage, aumentando así esa necesaria distensión. Entiendo que no fue casual el orden en que intercaló las sonatas, partiendo de la Nº 2, obra de 1983, incisiva sí, pero que conserva notoria influencia aún de los grandes creadores italianos de siglo veinte. Recuérdese que aquí estamos ante un Sciarrino de treinta y tres años y es probable que aún persistieran esos detalles señalados. La segunda sonata abordada fue  la Nº 1 de 1976, muy sutil, que en nadia presagia lo que años después sobrevendría. El Cierre de la primera parte le cupo a la Nº 4 de 1992 y aquí el Sciarrino que todos conocemos, arrollador, sin concesiones, sin respiro alguno al oyente, demoledor y un primer detalle que es que el interprete se calza guantes de manejo (esos que dejan  los dedos al descubierto) y de esa manera debe ejecutarla. Hodges aquí realizó una verdadera proeza y en cuanto a Scarlatti (de las que abordó las K502 y K84), fue muy correcto, con buena digitación y grato sonido.

  La segunda parte abrió con la Sonata Nº 5 de 1994 con juegos tímbricos, trabajo sobre una persistente melodía, la que surge en medio de las sonoridades mas enérgicas y aquí otra formidable entrega del solista, que reiterará en la Sonata Nº 3 (Esta también comn los “guantes” colocados) y cerrar la descomunal faena con los antedichos “Due Notturni Crudeli” que enfatizaron aun mas el credo compositivo de Sciarrino, capaz  de pasar de los sonidos mas violentos a las formas mas apaciguadas que precisamente cierran ambos nocturnos y entre las tres “criaturas” las K69 y K.532 de Scarlatti, que completaron el ideal de concierto y revelaron a un formidable interprete.


Donato Decina
 EL EPICENTRO FUE MENDELSOHN

Teatro Colón, Temporada 2017 Ciclo de Conciertos Sinfónicos de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, Director Invitado: Maximiano Valdés. Solistas: Pinchas Zukerman (Violín), Amanda Forsythe (Violonchelo). Programa: Obras de Brahms y Mendelsohn. Teatro Colón, 24 de Agosto de 2017.

NUESTRA OPINION: MUY BUENO.

   Para Nuestra mayor sorpresa fue de alguna manera decepcionante la actuación de la dupla que conforman Pinchas Zukerman y su Esposa, la Violonchelista Norteamericana Amanda Forsythe, los que junto a la Filarmónica, conducida por el Chileno Maximiano Valdes, abordaron el “Doble Concierto” de Brahms. La expectativa era grande y lógica. Sabido es de la gran capacidad interpretativa del gran violinista Norteamericano y de sus formidables condiciones para las presentaciones a dúo, trío o con conjuntos formados con sus amigos, además de sus innatas condiciones como consumado solista. Pues bien, aquí su actuación en particular solo rozó la línea de la discreción. Sonido muy chico y pobre, con tan solo algunas pocas pinceladas de las cualidades que lo han hecho famoso, quedando disminuido ante la muy buena actuación de su Esposa en Violonchelo, con muy buen sonido, notable musicalidad y total entrega, y una Filarmónica que desde el vamos hizo Brahms. Esperábamos mucho mas y deseamos que haya una próxima con El como único solista para que asi pueda refrendar una actuación como a las que siempre nos ha tenido acostumbrados.

  Lo grato fue escuchar una “Escocesa” de Mendelsohn (a la que hace mucho no se la abordaba), plena de matices, musicalidad, color y absoluto “canto” en el discurso orquestal con formidable lucimiento de todos los sectores del conjunto. Todo ese resultado fue el fruto del muy buen trabajo que Maximiano Valdes llevó a cabo con la Filarmónica, que lo hizo merecedor de una justiciera ovación como no se registró en el “Doble” de Brahms. El público “no comió vidrios” y supo hacer justicia.


Donato Decina 

viernes, 25 de agosto de 2017

HMMMMMMM!!!!!!!

Orquesta Sinfónica Nacional: Director: Emmanuel Sieffert. Programa: Benjamin Britten: “Cuatro Interludios Marinos de la Opera Peter Grimes”. Claude Debussy: “El Mar”. Domingo 20 de Agosto de 2017, CCK-Sala Sinfónica.

NUESTRA OPINION: REGULAR

  Recibí entusiasmado la noticia de la vuelta a la actividad de la Sinfónica aunque como siempre la información escasea y, por ahora, mas allá de las noticias a través de la página del Ministerio de Cultura o del propio CCK, no hay mayores pecisiones. Esperemos que esto se vaya corrigiendo y que todos y no solo algún medio dispongamos de las programaciones completas.

  El panorama no pudo ser mas inapropiado. El programa del concierto que se ofreció el Viernes 18 y que debía repetirse en esta oportunidad, anunciaba “La Ballena” de John Tavener  en donde intervendrían el Actor Horacio Roca como recitante, la Mezzo-soprano Chilena María Luisa Merino Ronda y el Barítono Alejandro Meerapfel como solistas vocales y la intervención del Coro Nacional de Jóvenes, preparado por Pablo Banchi. Era la hora del concierto, la obra figuraba en la primera parte como integrante de una temática que abarcaba “La Ballena y el Mar”, casi también, una referencia al nombre original que llevaba la Sala Sinfónica,  “La Ballena Azul”. Eran las 11, hora pautada para el inicio del concierto, faltaban instrumentistas de la Orquesta, por lo que los huecos con las sillas vacías se hacían harto evidentes. Y las sillas de los solistas vocales se veían en el “Backstage”, es decir, fuera del escenario. El Coro no aparecía. A  las 11,08, luego de varios conciliábulos, que incluyeron la aparición de los técnicos armadores de sala en mas de una ocasión,  los músicos avanzaron hacia los atriles vacíos, recordándome mi etapa estudiantil de la primaria y la secundaria cuando el Maestro o el Preceptor nos ordenaba “cubrir la fila vacía” en alguna formación,  y el Concertino Xavier Inchausti ingresó para afinar y, oh sorpresa, comenzaron a aparecer los ausentes hasta ese momento, ubicándose en los asientos vacíos. Ingresó el Director Sieffert, el que micrófono en mano leyó un comentario preparado (ya que no los hay tales en el programa de mano recibido) y mencionó que el Concierto tenía al  “Mar” como temática, explicando las obras de Britten y Debussy, por lo que sin mediar anuncio alguno nos dimos cuenta que Tavener no estaba incluido y que solo se abordarían las obras que integraron la segunda parte del concierto del Viernes anterior. Consultados algunos allegados míos a la Orquesta, nadie supo el porqué de la no inclusión de la obra de Tavener  e ingresando en las páginas de Cultura de la Nación y del CCK para averiguar si la omisión ya estaba prevista, ya se había bajado de las mismas la información de Esta velada. Saque cada cuál sus conclusiones. La mía es que no se puede jugar así con el público, máxime cuando se trata de un día y horario atípicos para la sinfónica.

  El factor común que unió a la interpretación de ambas páginas es que Sieffert se preocupó para que todos lleguen a tiempo. No hubo matices, tensiones. Algunos “tempi” fueron muy lentos, mas de lo habitual. Se apoyó mas en la fuerza del bronce y de la percusión para el subrayado de pasajes, que por la sutileza, el colorido de la cuerda y muchos detalles que evidencian que solo hubo tiempo de ensayo para trabajar el trazo grueso y que el “pulido fino” será en otra oportunidad. Demasiado poco. Es evidente que salir de momentos  conflictivos llevan a que se tarde mucho tiempo en retomar una senda de categoría. Deseo fervientemente, como lo indiqué varias veces en el programa, que en la mesa de diálogo se solucionen los problemas. Los Argentinos nos merecemos la Sinfónica Nacional a pleno.


Donato Decina

sábado, 19 de agosto de 2017

UN IMPERECEDERO RECUERDO PARA NUESTRAS. RETINAS Y OIDOS

“Nuova Harmonía”, temporada 2017: Actuación de Andras Schiff (Piano). Programa: Johann Sebastian Bach, “El Clave Bien Temperado”, Libro Nº 1, 24 Preludios y Fugas registrados en el catálogo BWV desde el Número 846 al Número 869 inclusive.

NUESTRA OPINION: EXCELENTE.

  En uno de los conciertos mas memorables desde la creación de este abono, ya sea como “Italiana 86”, “Harmonía” o ahora “Nuova Harmonía”, el Húngaro Andras Schiff brindó una inolvidable versión del primero de los libros de “El Clave Bien Temperado” de Johann Sebastian Bach. Aunque como su título lo indica, el Genio de Leipzig concibió para el clave y no para el Pianoforte este ciclópeo trabajo, es desde el Piano donde en la actualidad se lo ofrece mayoritariamente. Y la concepción de Schiff es  tal que si bien lo hace desde el Piano, el enfoque es tratar al instrumento como un Clave. Y es entonces en donde uno queda maravillado con todos los detalles minuciosos, transparencia absoluta de sonido, casi  nulo el uso del pedal, digitación perfecta, “tempi” exacto para cada preludio y fuga, lo que hizo que la interpretación se sostuvo de modo permanente, sin caer en modo alguno en baches o monotonía, por lo que la hora y cuarenta y cinco minutos que duró la versión transcurrió a una increíble velocidad, teniendo al Público en una concentración casi absoluta, solo alterada en momentos en los que el intérprete, por propia decisión, tomaba un tiempo mayor entre el final de una fuga y el comienzo del preludio siguiente a modo de separación por el contraste que cada composición tiene. Fue admirable ver como luego de algún preludio de factura exigente, Schiff  atacaba con un entusiasmo increíble la fuga posterior. La concentración que mantuvo a cada instante, la entrega con la que abordó la obra y su inmaculado sonido, lograron el previsible premio del público que vitoreó al interprete de manera sostenida, sin desbandarse en una desordenada retirada (¡Por fín!), sino  todo lo contrario, y, para sorpresa de todos, hubo lugar para dos bises “Bachianos” mas: La variación mas famosa de las “Goldberg” y uno de los momentos mas importantes del “Concerto Italiano”, en donde cada uno fue expuesto de tal manera que no parecía que antes  hubiese estado casi dos horas trabajando en el teclado.

  Las Autoridades de la Fundación Cultural Coliseum y Elisabetta Riva, Directora General del Ciclo, tienen aquí una prueba sobrada de lo que son capaces de producir. Y dentro del relanzamiento que se han propuesto para el Ciclo, este concierto es la prueba concreta de adonde debe apuntarse.


Donato Decina

UN ESPECIALISTA DE SUPERLATIVO NIVEL


Teatro Colón, Temporada 2017, Ciclo Colón Contemporáneo: Concierto Sinfónico a cargo de la Orquesta Estable del Teatro Colón, Director: Tito Ceccherini. Participación del Ensamble Vocal de Solístas Nonsense, Dirección Musical: Valeria Martinelli. Programa: Obras de Lutoslawski, Ades y Berio. 03 de Agosto de 2017.

NUESTRA OPINION: EXCELENTE.

  A poco mas de una semana del rotundo triunfo que obtuvo en el Teatro Argentino de La Plata, en la única, accidentada pero imponente versión de “Le Grand Macabre” de Gyorgi Ligeti, Tito Ceccherini entregó ahora en el Colón y nuevamente al frente de la Estable, con la que se presentara por primera vez en la inolvidable visita de Salvatore Sciarrino, una prueba definitiva e irrefutable de su capacidad, entregándonos una velada de música de dos figuras centrales  de la segunda mitad de la pasada centuria y una obra de una de las figuras actuales, con lo que el asistente al Colón a este evento gozó del privilegio de ampliar su panorama de audiciones y, sin temor a equivocarme, crecer como oyente y valorar lo mucho que Martín Bauer a través de Colón Contemporáneo ofrece para ello.

  La programación  incluyó “Mi-Parti”, de Witold Lutoslawski, compuesta en 1975, integrante de la producción central del gran Maestro Polaco. Es una página contundente, con todas las características que tiene esta etapa compositiva de Lutoslawski. Provoca un  fuerte impacto en el oyente y aquí el primer merito del conductor Italiano que no dejó detalle alguno librado al azar y entonces todas las sonoridades, intensidades y tensiones de la obra pudieron ser percibidas con total nitidez. Primer gran acierto en la apertura del Concierto.

  Siguió la sesión con una obra casi actual de Thomas Ades, gran compositor Ingles. “Asyla”, compuesta hace 20 años en 1997. Un detalle de color, si se quiere, es que causó fortísimo impacto en la concurrencia mas joven (mayoritariamente estudiantes de música) ya que en su parte central recrea a partir de temas de neto corte “Pop” una noche de Discoteca. Al finalizar ese pasaje, los aplausos brotaron espontáneamente. Mas allá de esto, los valores de “Asyla” (Encargo de Sir Simon Rattle y la Sinfónica de Birmingham) residen en una orquestación interesante, sin caer en masa orquestal sobredimensionada, entretejiendo sonidos y pasajes muy interesantes con una intensidad que no decae en ningún momento. Y en cierta forma, tuvo el efecto de obrar como transición entre la potencia sonora de Lutoslawski y la imponencia de “Sinfonía” de Luciano Berio, en  esta nueva versión entre Ntros., luego de la que en 2009, Alejo Pérez y la Sinfónica Nacional ofrecieran en la apertura del Ciclo de Conciertos de Música Contemporánea del Teatro General San Martín, también desarrollado por Martín Bauer, por lo que evidentemente, esta página es algo así como una obra “fetiche” que va siendo incluída en cada programación suya. En su favor, cabe el hecho que al ser programada ocho años después, hay una distancia suficiente entre las versiones como para volver a disfrutarla en vivo. Nuevamente el Ensamble Vocal de Solistas “Nonsense” asumió las partes vocales. Ceccherini nos brindó una imponente versión, absolutamente trabajada hasta el mas mínimo detalle, una unidad de sonido, en la que se fundieron la música de Berio, los creadores invocados por el: Mahler (Tercer Movimiento de la Sinfonía Nº 2 “Resurrección”), ”La Valse de Ravel, Bach, entre otros, con sonidos vocales y pasajes como el discurso de Martin Luther King. Recordemos que es una página de 1968, encargada por Leonard Bernstein y la Filarmónica de New York  ante el 125º aniversario de la agrupación. Epoca de Mayo Francés, asesinatos de Luther King  y Bob Kennedy, Nixon-Mc Govern, Vietnam y Guerra Fría. Eclosión al por mayor y Berio como nadie captando toda esta confluencia y plasmándola en el pentagrama. El Nonsense se mostró como seguro interprete de la parte vocal y la Estable en una faena enorme como pocas veces. Una noche de excepción y un Conductor realmente formidable.



Donato Decina

viernes, 18 de agosto de 2017

UNA FAMILIA QUE DIGNIFICA A LA MUSICA

Buenos Aires Lírica, Temporada 2017. Opera: “La Boheme”, Música de Giacomo Puccini. Libro de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, basado en “Escenas de la Vida Bohemia” de Henri Murger. Elenco: Monserrat Maldonado (Mimí), Nazareth Aufe (Rodolfo), María Belén Rivarola (Musetta), Ernesto Bauer (Marcello), Luís Loaiza Isler (Schaunard), Walter Scwarz (Colline), Sergio Carlevaris  (Benoit/Alcindoro), Fabián Frías (Parpignol), Juán Pablo Pacazocchi (Sargento), Juán Feico (Aduanero). Nicolás Ramos-Mauro Heinz-Clara Hecker-Enzo Pascal (Actores). Coro de Buenos Aires Lírica, Director: Juán Casasbellas, Coro de Niños Petits Coeurs, Directora: Rosana Bravo, Vestuario: Ramiro Sorrequieta, Iluminación: Rubén Conde. Escenografía y Puesta en escena: Marcelo Perusso, Orquesta Académica de Buenos Aires, Dirección de Orquesta y Concertación: Mario Perusso. Teatro Avenida: Función del 13 de Agosto de 2017. (Esta puesta es co-producida por la entidad organizadora junto al Teatro “El Círculo” de Rosario).

NUESTRA OPINION: MUY BUENO.

  Por un momento nos olvidamos de la vida cotidiana marcada por la política y el acto pre-electoral de ese día. Ya al llegar, los integrantes de la banda que actuaría en escena en ese imponente final del segundo acto, predisponía maravillosamente al público que aún permanecía en la vereda junto a las puertas de acceso del Avenida, cuando aparecieron desde la esquina de Salta y Av. De Mayo interpretando justamente (y ya caracterizados) la marcha que cierra el mencionado acto.

  Al momento de hacer Mario Perusso su aparición en el foso, los jóvenes integrantes de la Orquesta Académica de Buenos Aires comenzaron a golpetear los pies en el piso de dicho foso en señal de admiración por el Maestro. Estricta Justicia. Quienes tenemos muchos años de opera en Ntras. Espaldas conocemos la trayectoria del Maestro, su especial simpatía por el Verísmo y en especial por Giacomo Puccini. “Tosca” en el Colón con Marton, Domingo y Mastromei, “La Boheme”, también en el Colón, con Freni-Lima-Almerares y Gaeta,  el Mismo título en el Argentino de La Plata Con Ayas-Farré –Gaeta y una jovencísima Almerares debutando Musetta. “Turandot” en la misma sala (en la única vez en que se ofreció el final original de Franco Alfano, luego mutilado/retocado por Toscanini) con Negri-Contreras Bello .Farré-Gallardo-Martínez-Carrión-Gramajo y Alza, dan cuenta del compromiso permanente de Perusso con el legado musical del hombre de Lucca, el que tuvo su premio con actuaciones en el Festival de Torre del Lago, templo Pucciniano por antonomasia. Y así de esta manera comienzo esta reseña, puesto que los Perusso (Mario y Marcelo) fueron las figuras centrales del espectáculo, el primero conduciendo a la Orquesta Académica de Buenos Aires (Gran iniciativa de Buenos Aires Lírica la convocatoria a este conjunto, ya que hacer esta partitura con un conjunto de permanente actuación en donde todos se conocen, redunda positivamente en el resultado final) , enriquecida por algunos atriles profesionales de primerísima línea, de la que extrajo las sonoridades mas exquisitas, logrando un “canto”orquestal de gran intensidad y donde Puccini “exudó” hasta por los poros. Y Marcelo con una puesta de época muy ingeniosa y práctica, apoyada por un vestuario de muy buen gusto realizado por Ramiro Sorrequieta y la siempre excelente y efectiva iluminación de Ruben Conde. Las marcaciones actorales, los desplazamientos de masas del segundo y el inicio del tercer acto y el caminar de los interpretes en la escena fueron acertadísimos, por lo que ya de movida el espectáculo escénica y musicalmente arrancó de manera formidable y así se mantuvo sín decaer en lo mas mínimo hasta el final.

 En cuanto a los conujntos, otra gran labor le cupo a Juán Casasbellas al frente del Coro de Buenos Aires Lírica que lució a pleno con gran ajuste y muy efectivas intervenciones al igual que el Coro de Niños “Petites Coeurs”, que Rosana Bravo peparó de manera formidable, el que realizó una intervención tan simpática como emotiva en el segundo acto.

  En el plano vocal, las protagonistas femeninas Monserrat Maldonado y María Belen Rivarola fueron las puntales fundamentales. La Primera con una voz de magnífico caudal, timbre sin fisuras y esplendido fraseo. Se paseó desde la calidez del “Si, mi chiamano Mimí”, hasta el pleno sentimiento de “Dove lieta Usci”, entregando toda su garra y personalidad, cumplimentada con una magnífica actuación. La Segunda fue una muy simpática “Musetta” desde la entrada misma del segundo acto, hasta conmover en los momentos finales acompañando a Mimí moribunda y correr junto a Marcello a empeñar los aros y comprar el manguito. Esplendidos comediantes fueron Luís Loaiza Isler como “Schaunard” (A quien ya valoramos en varios espectáculos de I.S.A. del Teatro Colón y en la reciente “Scala di Seta” también de B.A.L. en el “Picadero”) y Walter Schwarz (Experimentadísimo) como “Colline”, ambos con estupendo regístro vocal  y un total lucimiento para el segundo con una estupenda versión de “Vecchia Zimarra”. En cuanto a los protagonistas masculinos, ambos tuvieron una tarde en la que evidentemente algún episodio de salud complicó las perfomances de los dos, no obstante el oficio que ambos han adquirido logró que sortearan las partes mas difíciles de los dos primeros actos con apreciable soltura, compensando en lo actoral el déficit vocal, para irse asentando también ambos en los dos actos finales, surgiendo en Ellos toda la garra, y en donde Aufe logró su punto mas alto en el relato de Marcello de la enfermedad de Mimí, secundado estupendamente por Bauer, para luego abordar con notable soltura los cuatro el contraste Drama-Comedia de los dos dúos que cierran el Tercero  para luego llegar los hombres al dúo  “En Un Coupe”  expresado  noblemente y de allí  hasta el desenlace, todas las voces mostrar un sólido nivel. Tambien vaya el reconocimiento para el experimentadísimo Sergio Carlevaris en los roles de Alcindoro y Benoit, con una soltura para la comedia muy efectiva y tambien valorar la selección de los demás co-primarios, los que en ningún momento desentonaron, logrando una unidad vocal encomiable.

  Buenos Aires Lírica una vez mas ha logrado plasmar una producción de incuestionable calidad y a la altura de sus antecedentes. Ya transcurrida casi la totalidad de la presente temporada, la misma muestra profesionalidad sín altibajos y nos preparamos entonces para el cierre con “Ba-Ta-Clan”  de Offenbach, el que deseamos sea a toda orquesta para terminar de redondear un muy buen ciclo.


Donato Decina

miércoles, 16 de agosto de 2017

FESTIVAL BARENBOIM 2017 EN EL COLON



BREVE, CONTUNDENTE Y DE EXCELENCIA

NUESTRA OPINION: MUY BUENO.

Teatro Colón, Abono Azul año 2017: Festival Barenboim: Daniel Barenboim (Piano y Dirección), Martha Argerich (Piano), Kian Soltani (Violonchelo), Michael Barenboim (Violín), “The West- Eastern Divan Orchestra”  e instrumentistas solistas de Este Conjunto. Programas: 02 de Agosto de 2017: Obras de Ravel, Shostakovich y Berg. 04 de Agoato de 2017: Obras de Beethoven. 05 de Agosto de 2017: Obras de Richard Strauss y Tchaickovsky.

  La versión 2017 de este evento que originalmente se llamó “Festival de Música y Reflexión” nos mostró que aunque hayan restricciones de carácter económico en el Colón (Que son secreto a voces , las que tuvieron implicancia en el comienzo de la temporada con cancelaciones, cambios de programaciones y negociaciones con las editoriales musicales), y que este año la reflexión haya quedado de lado, las propuestas de Barenboim son abundantes, abarcan todos los períodos de la música y todo se hace con niveles de excelencia muy difíciles de superar. Aportes fundamentales como los de Martha Argerich, la capacidad de ese segundo instrumento suyo como lo es la West-Eastern Divan y las intervenciones que desde el interior mismo del conjunto hacen sus principales solistas con momentos de excelencia, dan como resultado un balance final harto positivo, aun cuando la programación haya sido del formato de dos conciertos sinfónicos y uno de cámara y la consabida velada “dueto” entre Argerich y Barenboim del que ya diéramos cuenta en esta página (y que además incluyó una sesión para público masivo en Plaza Vaticano), en lugar de las estadías mas largas anteriores (No hubo música de creadores árabes e israelíes, tampoco obras de algún compositor joven de los que el Director promueve siempre en sus programas y algún ciclo sinfónico para abordar).

  Las tres noches nos brindaron un amplísimo repertorio. La primera de ellas incluyó obras de Ravel, en homenaje a los ochenta años de la desaparición  física del inmenso creador francés. En el comienzo “Le Tombeau de Couperin”, bellísima suite en donde Barenboim extrajo de la Orquesta del Diván toda la transparencia de la música, los colores de cada fragmento y ese aire de corte melancólico que la composición trasunta, para alcanzar un final tan vivaz como lo marca Ravel. Y para el inicio de la segunda parte , la siempre bienvenida suite “Mi Madre la Oca”, de la que minutos antes tuviéramos un anticipo, ya que para el Bis posterior al Concierto de Shosta kovich, Martha Argerich y Daniel Barenboim interpretaron a cuatro manos “Laideronette, Emperatríz de las Pagodas”, el tercer movimiento de la composición en su versión original en donde tuvimos detalles que habitualmente en la versión orquestal no se perciben y sirvió de introducción a la versión orquestal posterior, la que tuvo todo el color, la sutileza y los climas que Ravel requiere, con un inmenso clima preparatorio al éxtasis final que da “El Jardín Feérico”. Los centros de ambas partes nos entregaron una nueva versión de Argerich del Concierto para Piano, trompeta y Orquesta Nº 1 en Do menor, Op. 35 de Dimitri Shostakovich, con un abordaje muy personal en la que una vez mas ese veradero “Huracan” que Martha es en este tipo de obras surge en plenitud, con endiablada digitación, tiempos enérgicos y ágiles y un recorrido en el que Barenboim estuvo siempre pendiente para estar en sintonía con la propuesta de la interprete y que hace que por ejemplo el Trompetísta solista de la Orquesta (cuyo nombre no figuró en el programa de mano aparentemente por motivos de seguridad) no siempre interviniera “a tempi”. De cualquier modo resultó una versión muy interesante que hizo eclosionar a la concurrencia  y que generó el bis ya comentado.  Y el final mostró la generosa “audacia” del Director al ofrecernos una impactante versión de las Tres Piezas para Orquesta del Op. 6 de Alban Berg. Es increíble lo que Barenboim ha logrado con este conjunto, el que solo actúa durante dos o tres meses en todo al año y que cada uno o dos años registra la rotación de algunos de sus integrantes. El sonido, la contundencia del discurso musical, la energía que generan algunos de los fragmentos y esos por momentos “impiadosos” pasajes que impactan duramente en el oyente y que Barenboim  los expresa como pocos. Final arrasador que no dejó lugar a absolutamente nada mas.

  La segunda de las noches nos trajo la velada de Cámara en la que  Barenboim en el piano que lleva su nombre junto a su hijo Michael en violín y a Kian Soltani en Violonchelo abordaron tres tríos de Beethoven, repertorio que maneja como pocos y en el que se mueve como pez en el agua. Fiel a su estilo, seleccionó  composiciones de las tres etapas compositivas del genio de Bonn: El Nº 1 del Op. 1 (Sí, la primera obra de catálogo que se registra), el Nº 1 del Op. 70 en Re mayor, llamado “Espíritu” y cerrar con esa inmensa página que es el Op. 97 en Si bemol mayor “Archiduque”. Barenboim extrae de su piano hasta el mas mínimo detalle, marca el pulso de las interpretaciones, genera los climas, logra las mayores sutilezas y obtiene una transparencia sonora pocas veces escuchada. A su lado, Kian Soltani demuestra ser el socio casi perfecto, con pasajes de una belleza tímbrica exquisita y una entrega absolutamente apasionada y Michael Barenboim desde el violín aportó muy buen sonido  y pasajes de acertadísima intervención. No hizo falta nada mas.

  Y la última velada nos trajo la revelación en vivo de un Barenboim imponente en la concertación de Richard Strauss con un “Don Quijote” de increíble factura, con Soltani nuevamente solista en una entrega verdaderamente de antología, con sonoridad maravillosa y notable refinamiento. Su compenetración con la obra fue tal que en la intervención final que marca la partida definitiva de la criatura cervantina también El se desinfló en el último compás. Notable intervención de la solista de viola como “Sancho Panza” y buenos pasajes de Michael Barenboim como solista en los fragmentos de “Dulcinea”: Hago especial hincapié  en el pasaje de la Cabalgata en los Aires en donde el “Tutti” orquestal registró uno de los puntos mas altos de la actuación en todo el festival.

 El cierre le cupo a una maravillosa versión de la Quinta Sinfonía en mi menor, op. 64 de Tchaickovskky, que tuvo intensidad, vuelo, tensión, canto como pocas veces Barenboim  nos haya ofrecido, pasajes de una vibración  poco común y una coda final en donde hasta las fanfarrias sorprendieron al estar en un plano de igualdad con el resto del conjunto. Un cierre increíble para una versión magistral, que dio lugar a dos bises. El primero con Soltani (que en la segunda parte volvió a su lugar en el conjunto) como solista de un arreglo de Laham Shani (Espero que así se escriba, al menos así lo entendí), quien es asistente del Director, de “El Císne” de “El Carnaval de los Animales” de Camille Saint-Säens, para luego sí cerrar con la Obertura de “Ruslan y Ludmila” de Mikhail Glinka, casualmente el fragmento que Shani dirigiera como Bis en el Colón en el 2015 y que aquí tuvo todo.

  La Orquesta del Divan y Martha regresarán en el 2019 y Barenboim regresará el año próximo con la Staatskapelle Berlín para ofrecernos “Tristán e Isolda” y conciertos sinfónicos. El Balance nos entregó: un Festival superior al del año pasado, por programación y resultados logrados. Que este es el único evento que el Colón programa con suficiente antelación y es por lejos el que mejor resultado le brinda,  y se nota. Se debería tratar de acordar con Barenboim  para la programación, alguno de los ciclos que el Director trabaja a la perfección. ¿Por qué no Brahms?. Barenboim y el teatro tienen la  respuesta.


Donato Decina

miércoles, 2 de agosto de 2017

CADA CONCIERTO ES UNA NUEVA SORPRESA


Orquesta de Cámara del Congreso de la Nación, Temporada 2017, Director: Sebastiano de Filippi. Solistas: Hernán Apaolaza (Oboe), Pablo Pereira (Violín), Coro de Cámara de Tres de Febrero, Directora: Susana Galimberti. Programa. Obras de Piazzolla, John Williams, Rutter, Barber, Lauridsen, Rózsa y Morricone. Salón de los Pasos Perdidos del Congreso Nacional, 31 de Julio de 2017.

NUESTRA OPINION: MUY BUENO.

  Una nueva demostración de calidad brindaron la Orquesta de Cámara del Congreso de la Nación y su titular, Sebastiano de Filippi, esta vez en un repertorio dedicado a pequeñas composiciones tanto de creadores  clásicos como populares. Contó como invitados (y aliados) con Hernán Apaolaza en Oboe, el Córo de Cámara de Tres de Febrero, excelentemente preparado por Susana Galimberti y el Concertino, Pablo Pereira, apoyo fundamental para el Director.

  Bienvenido y muy saludable es referir en el programa de mano a quienes pertenecen los arreglos de las obras populares que se abordaron en el concierto. Así la velada se inició con una maravillosa orquestación de Norberto García de “Oblivion” de Piazzolla con Apaolaza como solista, en una versión muy sentida y ajustada y un solista muy lúcido. Otro tanto cabe para el arreglo de  Nicolás Castillo para la música que John Williams compuso para el filme “La Lista de Schindler”, el que si bien ya lo escucháramos anteriormente , aquí tuvo aún mayor intensidad que la anterior, con lucimiento de Pablo Pereira, brillante solista en violín. La Primera parte culminó con una versión verdaderamente sobresaliente de la Suite para Cuerdas del Norteamericano John Rutter, muy llena de elementos característicos de la música Norteamericana. El ajuste del conjunto fue pleno y De Filippi logró expresar todo el colorido y las riqueza que la música de Rutter contiene.

  Para la segunda parte se sumó el Coro de Cámara de Tres de Febrero, el que preparado por Susana Galimberti se mostró como un muy sólido conjunto. “Agnus Dei” de Samuel Barber, Versión con coro del “Adagio para Cuerdas” llevó al máximo la calidad del concierto, con una interpretación que cerró abriendo una  esperanza cuando sobre el “danos la paz” el Coro y la Música  extinguen lentamente la melodía, dejándola como “flotándo en el aire”.

  De Morten Lauridsen se escuchó “O Magnum Mysterium” en orquestación de Marco Varísco, recordatoria del nacimiento de Jesús. Sencilla pero atractiva encontró a los intérpretes ideales.

  Tantos años pasaron cuando todas las Semanas Santas de la década del 70, los Sábados de Gloria el viejo Canal 11 en “Hollywood en Castellano “ proyectaba “Rey de Reyes” con Geffrey Hunter como Jesús (acaso la mejor película que se haya filmado sobre los misterios de semana santa, sin tanta carga truculenta, aunque para ello Hunter tuvo un larguísimo camino actoral que incluyó “westerns” que co-protagonizó junto a la bellísima actriz francesa Pascale Petit). Miklos Rosza compuso la banda de la que en Orquestación de Pablo Salzman se escuchó el final que ambienta el relato solo hablado que Hunter hace luego de la escena de la ascensión de Cristo. Ese “Hosanna” que el coro subraya a cada compas mientras la Orquesta interpreta el tema principal conmueve.

  Y el cierre trajo una versión completa de música de “La Misión” de Ennio Morricone, en arreglo de Nicolás Castillo, con Apaolaza en el célebre solo de oboe y el Coro expresando el “Vita Nostra”, mientras la Orquesta desarrollaba la mas conocida melodía. Intenso y sólido final, para un muy buen trabajo que ratifica el maravilloso momento por el que el Conjunto atraviesa.


Donato Decina