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sábado, 18 de agosto de 2018
EVOLUCION EN MAS DE UN SENTIDO
“Evolución”: Espectáculo de Danza. Principales figuras: Carolina Agüero (Primera Bailarina del Ballet de Hamburgo), Tomás Bieszka (Solista de la Opera de Dresde), Florencia Chinellato (Solista de Ballet de Hamburgo), Lucas Segovia (Solista del Joffrey Ballet), Matías Oberlin (Solista del Ballet de Hamburgo), Julieta Paul (del Ballet Estable del Teatro Argentino de La Plata), Paula Cassano (del Ballet Estable del Teatro Colón), Carolina Basualdo (del Ballet del Sur), Karina Olmedo (Primera Bailarina del Teatro Colón), Nahuel Prozzi (del Ballet Estable del Teatro Colón). Participación de “Los Ballets de Araiz”, Dirección: Oscar Araiz y Yamil Ostrovsky y CEM (Compañía “En Movimiento), Dirección: Analía González. Maestro de Baile y Coordinación Artística: Mario Galizzi. Iluminación: Ernesto Bechara. Sonido: Lautaro Grinstein. Teatro Coliseo, 29 de Julio de 2018.
NUESTRA OPINION: MUY BUENO.
Como muy bien lo expresa en sus notas al programa de mano la estimadísima Patricia Casañas, hay en el título del espectáculo dos formas de ver la Evolución. La primera (y la mas lógica) es la del género, marcada por la presencia de un clásico como lo es el Pas de deux de “El Lágo de los Císnes”, otras coreografías de corte Neoclásico y finalmente obras contemporáneas. Y la otra visión que está conformada por la Evolución de las figuras invitadas. Al ver la trayectoria de la mayoría de los Artistas Argentinos que se han presentado, no puedo menos que asombrarme de como en el mayor de los silencios, con sacrificio, esfuerzo, talento, trabajo y humildad, partiendo desde muy jóvenes en busca de mejores horizontes, han llegado a posiciones relevantes en la escena internacional. Es motivo de orgullo ello y es motivo de preocupación ver que solo yéndose al exterior es como se pueden alcanzar esos objetivos. No se trata solo de que los teatros oficiales que cuentan con cuerpos estables se hagan cargo. Hoy por hoy con una ley de mecenazgo cuestionada en lo que a su aplicación se refiere, costos que son imposibles de afrontar por si solas por agrupaciones privadas y la inversión que un bailarín debe afrontar para su formación (de no hacerlo en un Instituto Oficial), hacen que el horizonte que nuestro medio ofrece sea sumamente limitado. Emigrar es casi un imperativo. De ahí que estas presentaciones nos permitan (al menos en mi caso) conocer y disfrutar a estos promisorios valores que están tomando la antorcha que dejaron las Cassano, Rosetti, de Mitri y a las que en pocas horas mas se les sumará Karina Olmedo y los Bocca o Guerra.
Un interesante aporte para las presentaciones grupales lo dio para las aperturas de primera y segunda parte la presencia de integrantes de “Los Ballets de Araiz”, los que encabezados por Martín Machín en la primera y Verónica Bozzano en la segunda presentaron dos notables trabajos : “Pulsos” en donde se le da al cuerpo de baile la posibilidad de expresarse al compás de la música de John Adams y en donde Araiz se reservó para sí la coordinación de la coreografía. Acción, intensidad, vibración, energía liberada fue lo que los bailarines plasmaron en la escena. En cambio la segunda parte tuvo en “Canto Jondo” con música de Carlos Surinach, Ritmo Jondo y Tientos un trasfondo oscuro, relacionado con todo lo oscuro que la cultura española ha tenido a lo largo de la historia, y si nos adentramos aún mas, la cultura andaluza en particular. Un juego de desplazamientos y contrastes nos va trazando el recorrido. Y en ambos trabajos, el notable vestuario de Renata Schissheim: Ropa de trabajo Naranja en el primero, resaltando mas el movimiento y de Blanco y Negro la segunda, sugiriendo ese ambiente sórdido.
También hubo un interesante aporte de la CEM (Compañía “En Movimiento”), a través de “Remanso” una coreografía de Analía González que mereció el Premio María Ruanova 2018, que otorga el Consejo Argentino de la Danza. La interrelación entre dos hombres y una mujer, los vínculos afectivos, las separaciones y reencuentros, plasmados en un trabajo que requiere de la plasticidad de los bailarines, la concentración y un despliegue amplio en escena. Soledad Mangia, Manuel Pacheco y Gastón Gatti fueron los protagonistas que con gran calidad lograron el objetivo trazado por la coreógrafa González.
Y vamos entonces a las figuras invitadas. La Cordobesa Carolina Agüero, quien conformó dupla con el Norteamericano Thomas Biezska. Agüero es hoy primera figura del legendario Ballet de Hamburgo con anteriores pasos por el Ballet Argentino de Julio Bocca, el Ballet de Santiago (Chile), el Stuttgart Ballet, Dresden Ballet y el Ballet Nacional de Finlandia. Su compañero de esta oportunidad proviene justamente del Dresden Ballet, con paso previo por el Ballet de la Opera de París y el San Francisco Ballet y formación en la Julliard School y en la escuela del American Ballet. Animaron el ya mencionado Pas de deux de “El Lago…” con una prestancia estupenda. La calidad de desplazamientos de Agüero, la presencia y porte de Bieszka y el estupendo entendimiento entre ambos dieron por resultado la muy buena versión ofrecida. Y en la segunda parte animaron “Invisible Grace” la coreografía neoclásica de Yaroslav Ivanenko basada en música de Gurdjeff, con técnica suprema.
Florencia Chinelatto, Oriunda de Paraná e integrante desde el año 2005 del Ballet de Hamburgo, realizó dupla con el Santafecino Matías Oberlin, compañero suyo desde el año 2014. Ambos revisten allí la categoría de solistas y lograron de manera natural un entendimiento que se plasmó en dos muy buenas versiones coreográficas. La Imponente de John Neumeier (Su Director en el Ballet) del “Adagietto” de la quinta sinfonía de Mahler y también de tan notable creador “La Dama de las camelias”, con música de Chopin. Los encuentros, las partidas, los enlaces, se dieron en ambos trabajos de modo natural, con mucha química entre ambos y esa frescura es la que el público premió espontáneamente con el aplauso.
Julieta Paul (Bailarina del Teatro Argentino de La Plata), Carolina Basualdo (Integrante del Ballet del Sur de Bahía Blanca) y la muy conocida Paula Cassano (Miembro del Ballet Estable del Teatro Colón), dieron vida a “Les Eumenides” del Solista del Ballet de Santiago Bertrand Cortot de Boutellier. Sín argumento, es en el desarrollo de las formas y el clima que las interpretes deben lograr en donde reside el interés y es allí, en la técnica, los desplazamientos y las formas en donde las tres bailarinas se han destacado.
El punto mas alto de la noche lo pusieron Karina Olmedo y Nahuel Prozzi con una electrizante recreación de la Coreografía de Mauricio Wainrot a partir de “Escualo” de Astor Piazzolla. Enlaces, lo dicho, desplazamientos electrizantes, energía, entrega. Cuesta creer que Olmedo se esté retirando. Fueron breves pero intensos minutos que dejaron marca en el escenario.
Y me reservo para el final la opinión sobre la revelación de la noche. Lucas Segovia, Solista del Joffrey Ballet, formado en el Ballet Argentino y en la Escuela de Washington y decididamente dedicado ahora al repertorio basado en el musical. Bailó en estreno mundial una coreografía de la Colombiana Anabelle López-Ochoa la que con solo 31 años está llamada a ser un nombre importante en la creación coreográfica. “Vendetta”, basada en “Elizabeth Bay” un tema de Hauschka para Piano Preparado y efectos diversos es el disparador para un despliegue inmenso, demostrando Segovia técnica solvente e impecable actuación. Le cupo cerrar la gala con “Percussion 4” de Bob Fosse, abordada con un despliegue estupendo que le valió al interprete la segunda gran ovación de la noche.
Es una gran satisfacción ver el crecimiento de todos y pronto nos lamentaremos por el retiro de Karina Olmedo. Ojalá veamos mas seguido estas galas con mas compatriotas destacándose.
Donato Decina
LANO EN SU SALSA
Orquesta Sinfónica Nacional, Temporada 2018, Ciclo “Jovenes Solistas Internacionales”, Director: Stefan Lano. Solista: Alexandre Castro-Balbi (Violonchelo). Programa: Obras de Richard Strauss, Schumann y Korngold. CCK: Sala Sinfónica, 27 de Julio de 2018.
NUESTRA OPINION: MUY BUENO.
A pedir de Stefan Lano y la mejor forma de retomar el contácto con las agrupaciones sinfónicas locales luego del descomunal vendaval Barenboim de la última quincena con la marca de la excelencia. Con un programa inteligentemente estructurado en donde el Conductor Norteamericano hizo gala de su muy buena reputación como preparador y en un repertorio que domina como pocos para llevar a esta renovada y enjundiosa Sinfónica Nacional a un dignísimo nivel.
La velada se incio con una prolija versión de la Fantasía sobre temas de la Opera “La Mujer Sín Sombra” de Richard Strauss, la que cuenta en su orgánico con breves intervenciones a modo de apoyo del órgano, lo que permite aprovechar de manera integral todo el equipamiento de la Sala Sinfónica del CCK y está muy bien que así lo sea. La página aborda los momentos fundamentales de la ópera, resaltando las intervenciones puramente orquestales. Vista la densidad del programa abordado, es evidente que Lano debió centrar sus esfuerzos en las dos obras posteriores, sacrificando de algún modo la obra de inicio y se notó en algunas pequeñas imprecisiones iniciales y también que algunos sectores de la Sinfónica Nacional necesitan ya de Maestros Preparadores para reforzarlos.
Una interesante actuación desplegó luego el Violonchelista Francés Alexandre Castro-Balbi quien fue el solista del muy exigente Concierto para Violonchelo y Orquesta de Robert Schumann. Obra de pasajes dificultosos tanto para el solista como para la Orquesta, salvo los interpretes muy consagrados, son muy pocos quienes se atreven a abordarlo. Este muy joven instrumetísta, integrante de la Staatskapelle de Weimar, mostró lirismo interpretativo, buen y genuino sonido, sólida técnica y gran refinamiento, con un Lano guiando de manera muy solida a la Nacional, dando como resultado la mejor versión que en los últimos tiempos se haya escuchado de la Obra. Como “yapa”, los oyentes nos vimos gratificados por una impecable interpretación de “Abenlied”del compositor Josef Rheinberger en donde el solista fue acompañado por todos sus colegas intervinientes en el Concierto de la sección de Violonchelos de la Sinfónica Nacional, capitaneados por su Solista, Jorge Pérez Tedesco. Composición muy lírica, fue expresada justamente en ese modo y fue muy bien recibida por la Concurrencia.
El cierre mostró la mejor faceta de Lano, con el estreno latinoamericano de la Sinfonía en Fa sostenido mayor, Op. 40 de Erich Korngold. Obra de su último período de Composición (1954), poseedora de un intenso lirismo y una fantástica orquestación, aún cuando su lenguaje musical ya estaba desactualizado en la época de composición (a Rachmaninoff, Prokofeff y varios mas también les aconteció lo mismo), resulta a esta altura inexplicable su demoradísimo estreno entre Ntros. Lano estuvo en todos los detalles, con una versión exquisita en matices, jugándose a fondo para resaltar su estreno. Fue un acierto innegable y un estreno muy bienvenido.
Con todo lo que se habló en la última semana, durante la interpretación de la Sinfonía hubo aplausos entre movimientos. Sin embargo deseo hacer una salvedad. Hubo mucho público compuesto por familias que en esta etapa de vacaciones de invierno concurreron atraídas por la Feria del Libro Infanto-Juvenil y se encontraron con el aditamento de poder presenciar este concierto, por lo que para muchos Niños y Jóvenes, fue también una valiosísima experiencia. Aquí se han enterado de que entre movimiento y movimiento no se aplaude, pero si además se logra que empiecen a concurrir a las salas de concierto, estaremos empezando a ganar una batalla muy importante, la del Conocimiento y la Cultura. Sean entonces bienvenidos.
Donato Decina
CON SELLO DE SUPREMA EXCELENCIA
“Festival Barenboim 2018”, Realización Conjunta del Teatro Colón de Buenos Aires, el Ministerio de Cultura de la Nación y el CCK. Actuación de Daniel Barenboim junto a la Staatskapelle Berlín, Peter Seifert (Tenor), Irene Theorin (Soprano),Kwangchul Youn (Bajo), Boaz Daniel (Baritono), Angela Denoke (Mezzosoprano), Gustavo López Manzitti (Tenor), Florian Hoffman (Tenor), Adam Kutny (Tenor). Coro Estable del Teatro Colón: Director: Miguel Martínez. Programa: 17/07/18 (CCK-Sala Sinfónica): Johannes Brahms: Sinfonías Nºs. 2,en Re mayor, Op. 73 y 1 en Do menor, Op. 68. 19/07/18 (CCK-Sala Sinfónica): Johannes Brahms: Sinfonías Nºs 3 en Fa mayor, Op. 90 y 4 en Mi menor, Op. 98. 20/07/18 (CCK-Sala Sinfónica): Claude Debussy: “Images” para Orquesta, Igor Stravinsky: “La Consagración de la Primavera”. 22/07/18: Teatro Colón, Temporada 2018 y Cierre Festival Barenboim: Opera: “Tristan e Isolda” con Libreto y Música de Richard Wagner, con Puesta en escena de Harry Kupfer, escenografía de Hans Schavernoch, Vestuario de Buki Shiff y Jefe de Iluminación: Bernd Zeize.
NUESTRA OPINION: EXCELENTE (+)
Me tomaré prestada una expresión vertida al aire en nuestro último programa radial (previo al presente comentario) por Roberto Falcone: “La Vara Quedó Demasiado Alta”. Y es verdad, de tan alta que quedó han quedado expuestos los errores, limitaciones, carencias y el estado de situación general de todos los medios musicales, artísticos y de dirección con que cuenta la Argentina en general y el Teatro Colón por la Ciudad de Buenos Aires y el Ministerio de Cultura por la Nación en particular, que verdaderamente además del balance harto positivo del Festival y de Esta Visita de Barenboim, enciende la luz de preocupación de cara al futuro en el sentido de como se hace para apuntar a la excelencia y a la jerarquía de Ntros. Organismos musicales, que a la vista de lo escuchado antes de este acontecimiento y luego de haber asistido a toda la programación ofrecida por Ntro. Compatriota, uno no hace mas que pensar en los precarios resultados que dichos medios locales han tenido a lo largo de la presente temporada y lo mucho que habrá que hacer, no para apuntar a ser la Staatsoper de Berlin, pero al menos lograr de igual a igual un nivel comparable con la segunda línea Europea, esa que proveyó siempre al Colón de artistas que se convirtieron en Idolos del Público (que siempre se encarga de recordarlos) y no este presente, donde (salvo muy pocas excepciones) las carencias y falencias de muchas voces y muchos solistas convocados estuvieron a la orden del día. Por supuesto que para las autoridades les vale el honor de concretar la impresionante programación , pero ello no debe ser motivo de que eso llegue solo hasta ahí. El desafió es a partir de la excelencia de Ntros. Cuerpos Estables y artistas y propiciar la venida de pocos pero muy buenos interpretes que ayuden justamente a “elevar la vara” en pos de la excelencia señalada. En los Directivos está la respuesta.
Yendo al plano eminentemente sinfónico presencie tres veladas de excepción en la Sala Sinfónica del CCK. La primera tuvo la audición (en ese orden) de las Sinfonías Nºs. 2 y 1 de Brahms. A una fresca y sutil versión de la Nº 2, desgraciadamente salpicada por la reacción de un público no habituado a concurrir a conciertos, que aplaudió entre movimiento y movimiento y hasta unos compases antes del final (lo que motivó a que Barenboim cortésmente solicitara que no lo hagan en la siguiente sinfonía, a modo de una increíble “Clase de comportamiento a observarse en la sala”) , le siguió una vibrante y espectacular versión de la Nº 1, aún con un comienzo también accidentado, ya que a los pocos compases del inicio, el Director, bajó sus brazos y detuvo la interpretación para solicitarle al público ubicado en el sector reservado al coro, es decir, de frente al Director, que no sacaran fotografías. Recomenzada “da capo”, nos permitió descubrir a una Concertino de sonido formidable en el solo del Segundo movimiento. Una expresividad fuera de serie y una tensión sostenida en todo momento, para redondear a mi entender la mejor versión que Yo jamás haya apreciado en vivo. El destaque de todas las familias de instrumentos. Los planos y sonoridades que quedaron expuestos de una manera superlativa y una agrupación visitante que lució a pleno su excelencia.
La segunda sesión presenciada tuvo un desarrollo desgraciadamente muy traumático. Se comenzó con la Sinfonía Nº 3 del Gran Compositor Hamburgues con una increíble visión del primer movimiento: desarrollo, vuelo, “canto” orquestal. En el segundo, una expresividad absoluta, que me llevo (lo confieso) a conmoverme hasta las lágrimas, hasta que un instante antes del final de ese pasaje, un apagón general de electricidad dejó al edificio (y Obviamente a la sala) en total penumbra, solo atenuada por algunas luces de emergencia que le permitieron a los músicos proseguir hasta el final del mismo, coronando el público con una cerrada ovación la actitud de los mismos. Se esperaron unos minutos y ante la información acercada por un asistente Barenboim tomó la palabra para anunciar que se debería salir de la sala como consecuencia del apagón. Sin embargo a los pocos minutos se reanudó el suministro eléctrico, volvimos a la sala y entonces Barenboim retomó la interpretación a partir de los compases que se estaban interpretado al momento de producirse el apagón para luego seguir con los dos movimientos restantes. Un ”Poco Allegretto” como pocas veces se lo ha escuchado, pleno de expresividad, y un remate increíble en sutilezas en los momentos finales de la obra que (mas allá del accidentado momento antes vivido) llevaron a la versión a alturas insospechadas. De igual manera la versión de la Cuarta coronó la integral de Sinfonías con una versión electrizante desde el primer momento. Discurso monolítico de la cuerda, bronces de fuste, vientos de una precisión increíble, percusión impecable y un final de movimiento en donde en lugar de sostenerlo desde el forte, parte desde allí para ir gradualmente disminuyendo el sonido del conjunto hasta extinguirlo por completo. El segundo movimiento fue una clase magistral del “Pizzicato” y eso solo es posible con una cuerda que hace honor al sonido Europeo. Un intenso “Allegro Giocoso” dió paso para un final electrizante con las 34 variaciones sobre la Passacaglia que coronó de manera espectacular la integral, sin dudas, la mejor por mí escuchada.
La tercera y última velada de las programadas en la Sala Sinfónica tuvo como epicentro “Images” de Claude Debussy, felizmente en versión integral, aún cuando alteró el orden de números que la componen para finalizarla con la secuencia de “Iberia” los fragmentos mas conocidos de este trabajo. Color, atmósfera, transitar desde la intensidad a la sutileza, todo eso ha hecho que la versión sea inolvidable y cerrar con una espectac ular versión de “La Consagración de la Primavera” como jamás se la haya escuchado. El equilibrio que el conjunto mantuvo en todas sus secciones a lo largo de la obra es increíble. Jamás un desboque. Jamás la estridencia sin control. Barenboim extrajo todos los detalles posibles, plasmando un trabajo de orfebrería sencillamente memorable.
Párrafo final para este tramo para la heroína de las tres primeras noches: la Acústica. Rotundamente digo que la Sala Sinfónica del CCK es ya el Auditorio de conciertos de Buenos Aires. Si hasta ahora, a excepción del Concierto de la Sinfónica Nacional con Diemecke del 10 de Julio del 2015 con la Segunda Sinfonía de Mahler, nadie le encontró solución al tema de como se escucha, pues que se sepa que la acústica no es la culpable. Habrá que buscar por otro lado y mirar mas hacia adentro.
Y el final fue con Opera. Asistí a la última función de “Tristán e Isolda” ya en el Colón, la que en este caso contó con la presencia de la soprano Sueca Irene Theorin en el protagónico femenino. Barenboim aquí tuvo el gran acierto de traer la producción del Profesor Harry Kupfer para la Staatsoper de Berlin centrada únicamente en un Angel Caído (símbolo de muerte) sobre el cual se desplazan todos los protagonistas, los que imaginariamente viajarán junto al público hacia todas las profundidades y universos posibles, notable realización visual de Hans Schavernoch. El trabajo lumínico se ve reforzado a través de un telón oscuro el que de acuerdo a las situaciones ensombrecerá o aclarará la escena. El plato giratorio del escenario del Colón logrará que por momentos Isolda (ubicada por encima de los hombros del ángel en el segundo acto) nos dé la sensación de Volar al encuentro de Tristán. Otro detalle estupendo lo da la ubicación del pastor en el comienzo del tercer acto, sentado sobre la cabeza del ángel, sacando imaginariamente sonido a una flauta que interpreta el solo que realmente hace el corno inglés en el foso. Y el final con una escena que se oscurece gradualmente al compas de la muerte de amor de Isolda fue sencillamente espectacular. Actoralmente logró marcar de manera estupenda a todos los interpretes, quienes dieron absolutamente todo lo mejor de si mismos. Y entonces entrando ya de lleno en este terreno, Peter Seifert no se guardó absolutamente nada y mas allá de una pequeña imperfección en el último acto trazó un Tristán memorable. Timbre acerado, penetrante, magnífico en el decir, completa línea de canto, puso toda su experiencia y su garra al servicio del personaje. Irene Theorin tiene una voz de potencia sin igual. Es una Isolda arrasadora, muy buen decir y conmueve en la muerte de amor. Convence por completo. Kwangchul Youn trazó un Rey Marke formidable con inflexiones de voz penetrantes y línea de canto sin igual. El atribulado y atormentado monólogo del segundo acto luego de descubrir a los infieles fue expresado de modo excepcional. Boaz Daniel fue un Kurvenal de antología: actuación, dicción, línea de canto. Se puede decir que fue el “Ladero” perfecto. Angela Denoke, aún cuando se le percibió una pequeña molestia vocal, trazó una fantástica Brangania, atormentada por todo lo que acontece a partir del suministro del “filtro del amor “ y las consecuencias que recaerán sobre Isolda. Gustavo López Manzitti cumplió con creces en el Melot y logró el perfil siniestro que ese personaje requiere, estuvo a la altura del resto del elenco, ¡Bravo!. Y cierran la nómina dos muy buenas voces co-primarias: Adam Kutny, muy bueno en la breve intervención del Timonel y Florian Hoffmann, con excelente desempeño tanto como el Marinero y mucho mas aún como el Pastor. Muy ajustado y bien preparado una vez mas el Coro Estable del Teatro Colón a las Ordenes de Miguel Martínez.
Todos estos detalles coadyuvaron para que Daniel Barenboim nos regalara una versión de antología. La Staatskapelle en el foso entregó un sonido sublime. Los detalles que el Director marcó como ninguno. Las tensiones, intensidades, expresiones, absolutamente sostenidas. Los pasajes resaltados, los claroscuros, los momentos de color, los momentos de carga dramática fueron entregados de modo refinado y exquisito. Fueron cuatro sesiones de una verdadera fiesta musical. No cabe en mi asombro que aún persistan en algunos sectores los cuestionamientos al Festival y al Director en particular. Deberíamos con humildad aprender y encontrar nuestro propio camino. Las envidias no son buenas. Conducen irremediablemente a la mediocridad.
Donato Decina
martes, 17 de julio de 2018
BUENOS
SOLISTAS REALZARON LA VELADA
Asociación Cultural “La Bella Música” y “Verano
Italiano 2018”: “Vivaldi Fest”: Concierto integrado por Obras de Antonio
Vivaldi. Solistas: Víctor Villadangos (Guitarra), Rubén Albornoz (Oboe),
Fernando Ciancio-Jonathan Bisulca (Dúo de Trompetas), José Daniel Robuschi,
Delmir Lulja, Marta Roca, Serdar Geldymuradov (Violínes). Con la participación
de Pancho Virasoro y Sergio Pelacani (Actores) Puesta de Espacio, Vestuario y
Figurantes de la Compañía “Opera Prima”, Luces: Luís Pereiro. Orquesta de
Cuerdas “La Bella Música”, Organo y Clave Continuo: Sergio Antonini. Dirección
Musical: Patricia Pouchulu. Teatro Avenida, 21 de junio de 2018.
NUESTRA
OPINION: BUENO.
En el marco del “Verano Italiano 2018”, y en coincidencia
con la actividad musical anual de la Asociación Cultural “La Bella Música”,
tuvo lugar en el Teatro Avenida, este Concierto presentado como “Vivaldi Fest”,
en el que se desarrolló una vasta audición de Obras del “Prete Rosso”. No fue
un concierto formal, sino que se lo presentó a través de una recreación actoral
con Pancho Virasoro dando vida al compositor y a Sergio Pelacani encarnando a
uno de los protectores de Vivaldi, esperando de este la culminación de una obra
que terminaría siendo aquella con la que
cerró la velada. Datos históricos que el recorrido actoral se encargó de
revelarle a la platea, la que de manera gratamente sorpresiva se hallaba
colmada en un 60 % de la capacidad de la sala, casi a la par de las últimas
funciones de opera de las diferentes compañías que en el Avenida se presentan
(A propósito de ello [y síntoma inequívoco de las consecuencias de la
actualidad nacional], dos compañías que habían instalado en la entrada de la
sala sus “Carttelone” quitaron los mismos, por lo que luego del concierto solo
quedó en firme las fechas de “Juventus Lyrica” para el resto del año). Datos
que de alguna manera se encargaron de ilustrar al público neófito, ya que a
pesar de la abundante información respecto a la trayectoria de los artistas intervinientes,
careció de comentarios respecto a la programación a abordarse, lo que entiendo
deberá ser tenido en cuenta a futuro.
La primera
parte del programa se centró únicamente en “Las Cuatro Estaciones”, los
Célebres cuatro conciertos para violín, continuo y cuerdas integrantes del
tratado “Il Cimento dell’Armonia e dell’Inventione”. Sabido es que hoy está en
boga una tendencia revisionista que busca llevar la interpretación con la mayor
fidelidad posible a la época de composición de las obras del período antíguo
tanto como en el Barroco. Por el contrario en muchas partes del mundo se
continúa haciéndolo como a finales del siglo diecinueve y gran parte del veinte
(época del descubrimiento de muchísimos manuscritos y partituras originales no
solo de Vivaldi sinó también de muchos otros compositores), para formaciones
con instrumentos modernos. Entiendo que en este punto, necesidades de programación,
costos y otro tipo de necesidades artísticas han llevado a la Mtra. Patricia
Pouchulu, no solo titular de la Entidad Organizadora sino también Directora
Musical de la Velada, a hacerlo en la segunda forma. Y para ello supo rodearse
de una muy buena selección de instrumentistas de las tres principales Orquestas
de la República Argentina (Sinfónica Nacional, Filarmónica de Buenos Aires Y
Estable del Teatro Colón) mas la convocatoria a un especialista en el género
como lo es Sergio Antonini para la función de Organísta y Clavecinísta para el
“Continuo” que esas obras llevan. Y es así que en “Las Cuatro Estaciones”
aparecieron como solistas tanto el Concertino como su suplente y los dos guías
principales de los segundos violines como solistas en cada “Estación”. Hablar
de José Daniel Robuschi, es hablar de al menos veinte años en la Sinfónica
Nacional. Hacer lo mismo de Delmir Lulja es hablar no solo de que fueron
compañeros de fila con Robuschi en la Sinfónica, sino también de su presente
como segundo Concertino de la Filarmónica de Buenos Aires. De Serdar
Geldymuradov , es remitirnos de manera directa a la Estable del Teatro Colón y
por que no hablar también del paso de alguno de ellos por la Camerata Bariloche
y de innumerables formaciones camarísticas, con las que mas de alguna vez han
abordado Vivaldi. En cambio tuve aquí la oportunidad de conocer a Marta Roca,
violinista Española que ha frecuentado la Argentina como solista ya sea en el
genero clásico como en la temática popular, la que aquí tuvo a su cargo la
sección del Verano.
En lo que a la
parte Orquestal se refiere, la totalidad de los conciertos fueron abordados de
manera muy prolija pero con un sonido un tanto apagado y a un tempi
llamativamente mas lento de lo habitual. Pero en cuanto a los solistas, decimos
que Lulja brilló en su interpretación de la Primavera. Roca (fue la única que
hizo de memoria la parte que le correspondió) se nos reveló como una interprete
temperamental, con movimientos electrizantes y un apasionamiento tal que la
lleva a sacar un sonido a veces “sucio”
que conspira contra la calidad de lo que ofrece en el fragmento de “El Verano”.
Geldymuradov muy sobrio y elegante en su intervención en el “Otoño” y para el cierre, una fina y muy buena
interpretación de Robuschi para el “Invierno” (Que casualmente en ese día hacía su ingreso
triunfal por estas latitudes). En todo momento hubo intervención actoral ya que
Pancho Virasoro recitaba los poemas compuestos por Vivaldi para cada estación
antes del inicio de cada una de ellas, mientras Pelacani en su rol de
protector, acotaba y aprobaba cada una de las intervenciones de “Vivaldi” y,
como también se suele ver en el Teatro Coliseo en los conciertos, cada estación
estuvo representada por un diseño diferente de iluminación, brillo en la
Primavera, Rojo el Verano, Ocre el Otoño
y Oscuro el Invierno.
Para la segunda parte se programaron cinco obras
de diferente temática. Incluyeron una transcripción de Laud a Guitarra del
Concierto Rv. 93 en Re mayor. Un concierto para dos Trompetas del regístro
Rv.537 en Do mayor. El Célebre Concierto para Cuatro Violines del regístro Rv.
580 en Sí menor con los mismos Solistas de “Las Cuatro Estaciones” el Concierto
para Oboe Rv. 447 en Do mayor y cerrar con la “Stravaganza Nº 2 para Violín ,
Cuerdas y Cémbalo Rv. 279 en Mi menor.
La velada arrancó con unos veinte minutos de atraso, ya que para la hora
de inicio fijada recién ahí se permitió el ingreso de los espectadores a la
sala. Si sumamos que con la intervención actoral en su transcurso “Las Cuatro
Estaciones” tuvo una duración aproximada de cincuenta y cinco minutos, mas
otros veinte de intervalo, alrededor de las 21,45 hs. se inició la segunda
parte. Tomando en cuenta la duración de todo el repertorio programado para la
segunda parte, hubo alrededor de una hora veinte de música, por lo que no dudo
en señalar que la programación musical fue harto excesiva, no permitiendo un
mayor lucimiento de los solistas convocados para esa segunda sección, por lo
que o se suprimía el Concierto de Cuatro Violines ( a los que por otra parte se
los había ya apreciado en “Las Cuatro Estaciones”) o, porque no, la Stravaganza Nº 2, si no se
quiso hilar mas fino para no caer en “Las Cuatro Estaciones”.
Y he hecho
este análisis previo, porque en el Concierto para Guitarra se tuvo la presencia
del mejor Guitarrísta Argentino de la Actualidad como lo es Víctor Villadangos,
quien desarrolló una faena memorable, mas allá de la corta extensión de la Obra
(Dieciocho minutos). A tal punto fue lo suyo, que no dudo en señalar que superó
ampliamente a la ofrecida el año pasado por Angel Romero junto a Diemecke y la
Filarmónica en el Colón (Mas allá que esa fue de apuro para reemplazar al
Concierto de Lalo Schiffrin [dedicado al solista] nunca mas reprogramado). Me
quedé con las ganas de algún “bis”.
Otro punto
alto lo constituyó la presencia de un “Dueto” de trompetas compuesto por
Fernando Ciancio, Solista de la Filarmónica y Jonathan Bisulca, Solista de la Sinfónica
Nacional y alumno del Primero, quienes realizaron una notable intervención en
el Concierto en Do mayor Rv. 580, limpio, fresco y muy ágil, con impecables
interpretaciones de ambos.
Los cuatro
Violinistas solistas retornaron para la interpretación del también célebre
Concierto Rv. 580, en donde todos se complementaron e hicieron una versión
sumamente homogénea (Aquí sí a Roca se la vió muy compenetrada y siempre al
nivel del resto de sus colegas).
El otro lujo
de la noche fue la participación del Oboísta Rubén Albornoz como solista del
Concierto Rv. 447 . Sonido noble, realzando pasajes de indudable belleza
sonora, rematando en el Minuetto final una faena memorable.
Durante toda
la segunda parte, se la pudo percibir a Patricia Pouchulu mucho mas comoda y
asentada al frente del grupo instrumental. Inclusive en la conexión con los
solistas, por lo que las obras tuvieron
en su totalidad un buen marco en los respectivos acompañamientos.
Previo a la
última obra, los actores, que participaron caracterizados cada uno a ambos
lados del escenario manteniendo un rol pasivo a lo largo de las
interpretaciones, se unieron para que Virasoro en el rol de Vivaldi,
manifestara que la obra estaba lísta, entregando de manera simbólica la
partitura a Pouchulu. Era la “Stravaganza” Nº2, y como su estreno ocurrió durante los célebres “Carnavales
Venecianos”, dio el pié para que a instancias del mecenas caracterizado por
Pelacani ingresaran por la nave central de la sala actores figurantes
caracterizados, con las máscaras del Carnaval Veneciano ocultando en sus
rostros y guiados al son de un bombo (Aunque en realidad en esos tiempos era
mas un tambor). Y ahí surgió José Daniel
Robuschi, rematando la parte musical con una estupenda intervención solista.
Cuando los
espectadores iniciaban el retiro de la sala, Pelacani pidió la permanencia ya
que había un “Bis” aun cuando todos teníamos la sensación de que todo había
concluido. Se convocó nuevamente a Rubén Albornoz quien reiteró el Minuetto de
cierre del Concierto de Oboe y aquí los figurantes danzaron una coreografía de
“Contradanza”, que cerró musicalmente la noche.
La Maestra
Pouchulu, agradeció al público la presencia y dijo que aun cuando las
propuestas de “La Bella Música” no fueron tenidas en cuenta para calificar para
el “Mecenazgo Cultural”, la respuesta que el público da en cada presentación es
el impulso que recibe para cada concierto. Es entendible y hasta discutible. Me
consta que quienes se encargan de calificar los proyectos no miden con la misma
vara a todos quienes participan de la selección. Pero por otra parte, no escuche
mención alguna a la inclusión de este evento en la programación del “Verano
Italiano 2018”, el que así también figura en el programa de mano. Esperemos
saber si es así y si algún aporte, por mínimo que fuere, hubo y me Comprometo,
como corresponde, a publicarlo.
Donato Decina
MUCHO MAS
QUE AIRES DE RENOVACION
Usina
del Arte: Ciclo de Conciertos: Presentación de la Orquesta Sinfónica Nacional
(En el año del 70º aniversario de su fundación), Director: Francisco Rettig.
Programa: Obras de Von Weber, Stravinsky y Lutoslawski. 22 de Junio de 2018.
NUESTRA OPINION: EXCELENTE.
Originalmente
se había anunciado que el Concierto abriría con “Requiem para Camila” de Juan
Carlos Zorzi, quien fuera titular de la Orquesta en tres períodos: 1968
(Obligado por el nefasto “Onganiato” [o Benévola “Dictablanda” según el cristal
de quien lo mire] a hacerse cargo ya que por esos tiempos era becario del Fondo
Nacional de las Artes [estudios en Siena con Goffredo Petrassi y Franco
Ferrara, formadores de innumerables “camadas” de músicos Argentinos] y, según
la Optica “Morsiana” debía retribuirle al Estado con esa “Titularidad”. El
recuerdo se cierra con el hecho que a la Ida se le dio pasaje en un Carguero de
la hoy extinta “E.L.M.A.” y a la vuelta se lo hizo retornar de emergencia a bordo
de un flamante Boeing 707 de Aerolíneas Argentinas), 1979-1983 (Acaso uno de
los tres mejores en la historia de la agrupación junto a los de Juan José
Castro entre 1956 y 1960 y el mas extenso y reciente entre 2004 y 2015 de Pedro
Ignacio Calderón, hoy justicieramente Director Emérito del Conjunto) y uno breve en 1992, que luego paso a ser el
rol de Director Invitado Principal. Por lo que pude recabar, el material de
Orquesta y, lo fundamental, la Partitura del Director, llegaron cinco días
antes del Concierto a manos de la gente de la Sinfónica y a Rettig, por lo que
dada la complejidad del trabajo de Zorzi, no había garantías de poderse
interpretar de una manera mínimamente
digna, por lo que se recurrió a la Obertura de “Der Freischutz” de Carl María
Von Weber (muy eficaz para estos casos) en el inicio del mismo. Esperemos la
reprogramación de este título emblemático de Juan Carlos Zorzi, por parte de la
agrupación que lo contó como titular y entiendo y acepto el criterio
profundamente profesional del Maestro Rettig, el que además reaparecía luego
del sonoro portazo que pego el pasado año al negarse a dirigir a la Orquesta no
solo por la deuda que esta mantenía por anteriores presentaciones suyas, sino
porque además el Hotel en que se alojaba, por las mismas razones, le suspendió
la Cuenta Corriente a la Sinfónica y le solicitó a Rettig el anticipo del
dinero del Bolsillo de Este. Evidentemente algún acuerdo y cancelación parcial
o total de lo adeudado hubo y entonces pudo ocurrir la renovación del extraordinario
vínculo Director-Orquesta que desde hace mas de veinte años une al Conductor
Chileno con la Sinfónica Nacional.Nacional. a la que encontró renovada con
nuevos instrumentistas titularizados en los atriles. Con una conjunción
experiencia-juventud que está funcionando muy bien y en donde hay ganas,
enjundia y total entrega.Weber fue
objeto de una muy prolija versión, con notorio destaque de la sección vientos,
la que a lo largo de la noche se desempeñó de modo extraordinario.
Una espectacular versión de “El Canto del
Ruiseñor” de Igor Stravinsky completó la primera parte. Obra derivada de su
Opera “El Ruiseñor”(basada en el cuento de Hans Christian Andersen), compuesta
luego de la creación de sus tres máximas criaturas para el ballet (“Petrouchka”,
“El Pajaro de Fuego” y “La Consagración de la Primavera”) y en donde la Opera
original misma tuvo retrasos con motivo del proceso creativo de esos tres
monumentos, es innegable que esas influencias musicales han sido notorias y sin
bien no se puede afirmar que haya mucho de “autoplagio”, la estructura musical
contiene mucho de lo apreciado en sus otros trabajos que he mencionado. La
versión tuvo, ajuste, colorido, plena sonoridad, lo dicho referente a la
excelencia de los vientos y un gran trabajo con la acústica del Auditorio de la
Usina, por momentos mejor que la de la Sala Sinfónica del CCK.
Luego del intervalo, se escuchó en la parte
final el “Concierto para Orquesta” de Witold Lutoslawski, obra que volverá a
ser escuchada en seis días mas, en esta ocasión por la Filarmónica en el Colón.
Nuevamente aquí, Rettig hizo gala de su gusto por las obras de los grandes
creadores del Siglo Veinte. Una versión inspirada, excelentemente ajustada, con
pasajes de brillo Orquestal, de notable lucimiento de los sectores como en el
tercer tiempo, en el que la sutileza fue el fuerte, haciéndola merecedora de la
ovación que el Público le tributó a los interpretes.
Ha sido un gran acierto de la gente de la
Usina, esta invitación. Al igual que iniciar la velada a las 21 hs. La
ubicación del lugar y su proximidad con la Autopista Buenos Aires-La Plata con
sus clásicos embotellamientos de Viernes a la noche, hacen que se llegue mas
fácilmente en ese horario y la
proximidad a la Av. Almirante Brown y sus medios de locomoción que por ella
circulan, garantizan una rápida salida después de las 22,30 hs. Ojalá se
mantenga no solo con la Sinfónica o los Organismos del Colón. Puede ser una
gran vidriera para Conjuntos de la Ciudad y el Gran Buenos Aires, que merecen
también esta gran vidirera.
Donato Decina
UN ORGANISMO
QUE VA ATRAVESANDO TODOS LOS DESAFIOS
Orquesta Estable del Teatro Colón, Director: Enrique
Arturo Diemecke. Solista: Guadalupe Barrientos (Mezzosoprano). Programa: Obras
de Walton y Elgar. CCK-Sala Sinfónica, 23 de Junio de 2018.
NUESTRA OPINION:
EXCELENTE.
Dentro de los muy saludables intercambios que se
realizan entre organismos musicales dependientes de la Nación y la Ciudad
Autónoma de Buenos Aires, siempre es muy bienvenida la presencia en la Sala
Sinfónica del CCK de los Cuerpos Estables del Teatro Colón. Y es en este caso
la Presentación que la Orquesta Estable de Ntro. Primer Coliseo, bajo la
dirección de Enrique Arturo Diemecke como parte de ese intercambio (24 horas
antes la Sinfónica Nacional había hecho lo propio bajo la Conducción del
Chileno Francisco Rettig en la Usina del Arte, comentario que hemos hecho por
separado), llegó a la mencionada Sala para proponernos un programa basado en
dos de los tres músicos mas influyentes de la pasada centuria en el Reino
Unido: William Walton y Edward Elgar (El
otro es, por supuesto, Benjamin Britten).
La sesión
comenzó con una muy buena versión de “Corona Imperial” de William Walton.
Trabajo comisionado por la Corona para matizar la ceremonia de Coronación de
Jorge VI (Padre de la actual Soberana Isabel II, quien debió hacerse cargo del
trono ante la abdicación de su hermano Eduardo VIII quien antepuso su relación
sentimental con la Norteamericana Wallis Simpson, rechazada por la realeza
británica dada su condición de divorciada, antes que asumir el trono tras la
muerte de su Padre Jorge V). Como explicó muy bien el Conductor Mexicano, se
ofreció una versión acotada (Y en este caso es absolutamente comprensible),
dado que el manuscrito original tiene repetición de momentos que sirvieron en
la ceremonia para acompañar el ingreso de dignatarios que lo hacían según la
importancia del rango social, de acuerdo al protocolo de esa época. La
interpretación puso de relieve los momentos cargados de “majestuosidad”, acorde
con la importancia del acontecimiento para el cual esta partitura fue
comisionada y, lógicamente, la imponencia del final, que acompañó la entrada de Jorge VI al lugar
en el que fue coronado en 1936.
Para referirme
a “Pinturas Marinas” de Edward Elgar que cerró la primera parte del Concierto,
debo realizar antes un desagravio a la Mezzosoprano Guadalupe Barrientos. Es
inadmisible que quien haya proporcionado la información ya sea a Prensa del CCK
y/o del Colón, no advirtiese que “Pinturas Marinas” son cinco poemas
musicalizados para Mezzosoprano y Orquesta, ignorando la presencia de esta
notable interprete Argentina, por lo que su nombre no apareció ni en la
Newsletter de Internet del CCK, ni en los programas de mano, ni en la
Comunicación de Prensa emitida por el Colón. Ante una notable lectura por parte
de Diemecke, traducida en una respuesta soberbia de todos los sectores de la
Estable, Barrientos contribuyó con una acertada interpretación que se
robusteció a partir del tercero de los poemas y de ahí hasta final de la obra. Enfatizó
los pasajes mas acentuados de manera excelente, con notable emisión, buena
pronunciación y gran entendimiento con el Director y la Agrupación.
Y en la parte
final, se escuchó una imponente versión de las siempre bienvenidas “Variaciones
Enigma” del mismo Elgar, en la que el Canto orquestal fluyo de modo espontáneo,
con momentos de sublime belleza interpretativa e intervenciones solistas de
viola y violonchelo a cargo de Javier Cárdenas y Stamir Todorov
respectivamente, ambos con notable faena. Las variaciones Nºs. 7 (Presto) y 9
(La celebre Nimrod), mas las mencionadas con participación solista, marcaron
los puntos mas altos de la noche, como así también me cabe consignar que la
asistencia de espectadores a la sala fue, sin temor a equivocarme, una de las
mas altas para Conciertos sinfónicos de los últimos tiempos. Señal de que ante
lo muy bueno, la gente responde.
Donato Decina
RENOVACION
SI, PERO EN TODO EL PROGRAMA
Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, Director: Baldur
Brönnimann, Solista: Iñaki Alberdi (Acordeón). Programa: Obras de Gubaidulina,
Liadov y Lutoslawski. Teatro Colón (Concierto de Abono Nº 6), 28 de Junio de 2018.
NUESTRA
OPINION: MUY BUENO.
Queridos Lectores, Uds. ya conocen mis opiniones a lo
largo de mis columnas de once años a esta parte, primero en Operayre, la página
de la Opera del Buen Ayre que dirige su fundador, Eduardo Casullo, luego en la
del Opera Club, etapa inolvidable que junto a Mónica Rossi vivimos con el
increíble “Gordo” Roberto Blanco Villalba y ahora en este blog que gracias al
decisivo apoyo de Uds. va creciendo día a día. Bregué y brego por una necesaria renovación de
la programación de Conciertos, fundamentalmente en el Teatro Colón y mas
específicamente por parte de la Orquesta
Filarmónica de Buenos Aires. Si debo hacer un diagnóstico mas “sesudo”, este es
que se ha marcado una involución de 15 años, el tiempo transcurrido de la partida
del ultimo “renovador” que tuvo el Colón para programar conciertos y ese se
llamó Gerardo Gandini, el que junto al inolvidable Franz Paul Decker y a la
larga gestión de Pedro Ignacio Calderón ( Quien fomentó innumerables estrenos
de Obras de Compositores Argentinos y Extranjeros, cosa que continuó al frente
de la Sinfónica Nacional, la que aun hoy en menor medida lo sigue haciendo y
queda exenta de este análisis), justamente se destacaron por ese criterio. Pues
bien, el hecho de que este año se compartan conciertos junto al ciclo “Colón
Contemporáneo”, uno de ellos dirigido por Enrique Arturo Diemecke, y que esta
sesión haya sido confiada a un especialista en obras contemporáneas como Baldur
Brönnimann, conductor en el Colón de títulos como “Erwantung”, “Hagith”, “La
Vendedora de Fósforos” y la espectacular “Die Soldaten” de Zimmermann, hacen
que se esté en un camino que esperemos perdure a futuro.
Con muy buen
criterio se programó “Fachwerk” de Sofía Gubaidulina para la primera parte.
Escrita para Bayán (Acordeón muy empleado en el Folcklore Ruso), Cuerdas y
Percusión, contó con el concurso del Vasco (Así se presenta en su “currículum”)
Iñaki Alberdi, y en verdad nos encontramos con un solista imponente. Para una
obra sin concesiones, en donde desarrolla un despliegue técnico y físico,
Alberdi superó el desafío con creces, acompañado por una Filarmónica
impecablemente preparada por Brönnimann. Atravesar todas las escalas, trabajar
todas las sonoridades, melodías que apoyan al solista en el desarrollo de la
idea musical. Sin concesiones. Y una maravillosa respuesta del público que con
el correr de la interpretación pasó de las toses que denotaban incomodidad al
silencio mas profundo y premiar con aplausos sostenidos y algunos bravos
estentóreos que saludaron la interpretación
y la labor de un solista extraordinario.
La obra de
cierre fue una nueva versión del Concierto para Orquesta de Witold Lutoslawski
a 120 hs. de la versión que ofrecieran Francísco Rettig y la Sinfónica Nacional
en la Usina del Arte. La gran satisfacción es decir que Ntras. Dos mejores
Orquestas Sinfónicas están a un mismo nivel en este repertorio. Pero en favor
de la Filarmónica le cabe el hecho de estar mas consolidada como agrupación,
mientras que la Sinfónica está atravesando un período de renovación de sus
integrantes. Entonces a las ganas y el voluntarismo de la Nacional, la
Filarmónica tiene en su haber asentamiento, refinamiento (Como se vió en el
segundo movimiento y en el Coral que inicia el tercero) y hasta momentos de canto
orquestal pleno que Brönnimann obtuvo y administró notablemente. Mas allá de
que algunos espectadores se retiraron en el intervalo, el Público permaneció
mayoritariamente en la sala y al igual que en la Obra de Gubaidulina, respondió
de la misma admirable manera, aplaudiendo de igual forma y también algunos
bravos muy sostenidos.
Fueron dos
obras, una de un consagrado de segunda mitad de Siglo Veinte y otra de una
actual creadora, tal vez la mujer con mayor proyección en el mundo de la
música. Ambas sin concesiones. Ambas con un desarrollo y calidad supremas. Por
lo que no se entiende la inclusión entre ambas de un trabajo tan mediocre de
Anatoli Liadov. “El Lago Encantado” es una obra tonal y pasatista, descriptiva
de un paisaje mágico y supuestamente trabajada para ballet. Rápidamente pasará
su interpretación al olvido. Quien la haya programado, no tuvo en cuenta la
pobreza de escritura y la falta de ideas. Personalmente me quedo con la de “Les
Luthiers” (o lo que es lo mismo decir, la de Johann Sebastian Mastropiero).
Donato Decina
REVISIONADA
IMPECABLEMENTE, MUSICALMENTE INMORTAL
Nuova Harmonia 2018: Balletto di Roma: “Giulietta e
Romeo”: Basado en “Romeo y Julieta” de William Shakespeare y en la Música para
el Ballet Homónimo de Serguei Prokofieff. Interpretes: Azzurra Schena
(Giulietta), Luca Pannacci (Romeo), Raffaele Scicchitano (Mercuccio), Simone
Zannini (Teobaldo), Paolo Barbonaglia (París), Andrea Ginevra (Benvolio),
Giuseppe Paolicelli (Padre de Giulietta), Roberta de Simone (Madre de
Giulietta), Monika Lepisto (Madre de Romeo), Eleonora Peperoni (Nodriza),
Cecilia Borghese/Eleonora Pifferi
(Hermanas). Dirección Escénica: Fabrizio Monteverde. Iluminación: Emanuele De
Maria. Dirección Artística: Francesca Magnini. Director General: Luciano
Carratoni.
NUESTRA
OPINION: EXCELENTE.
Dentro de las propuestas que Nuova Harmonia presenta
durante la corriente temporada, causó expectativa esta que presentó al Balletto
di Roma, compañía surgida en 1960 por la fusión de la Escuela de Ballet de la
Opera de Roma y el Ballet de la Toscana, con la reformulación que el Coreógrafo
Italiano Fabrizio Monteverde realizó tomando la música inmortal de Serguei
Prokofieff y reprocesando la temática de la Obra de Shakespeare, dándole un
carácter mas fuerte a la figura de Julieta, mas libre, personal y decidida y a
Romeo una imagen entre la espada y la pared, en donde deberá optar por su
familia o jugarse por el amor de Julieta. La acción trasladada de Verona al Sur
de Italia en un pueblo no especificado. Las familias muy bien caracterizadas hasta
en los detalles de vestuario. Los Montecchi, con vestimentas de tinte Rojo, los Capuletti con
vestimentas de tinte Negro. Dos madres de fuerte carácter, la de Romeo “Jefa”
de Clan montada sobre una silla de ruedas para incorporarse de ella como
verdadera “Camorrera” ante cada gresca entre clanes y la de Julieta con un
sorprendente rol de jefa aún ante la presencia de su esposo, aquí en actitud
condescendiente con su mujer (raro por esas latitudes italianas), como en el
momento de imponerle a la joven el casamiento con París, mas allá del rechazo
que esta le tiene. Es Julieta la que cita a Romeo a escondidas luego de su
fiesta de quince (a la que Romeo, Mercuccio y Benvolio concurren en barra como
para “Arruinarla”, propósito frustrado ante el deslumbramiento que el primero
adquiere de Julieta). Es Julieta la que ve a Fray Lorenzo (aquí caracterizado
en las sombras por un actor al que no se le ve el rostro) y espera a Romeo para
casarse. Lógicamente es Julieta la que luego de las muertes de Mercuccio y Teobaldo,
del destierro de Romeo y la noticia del Matrimonio arreglado con París la que
le pide al Fray el narcótico que inducirá al error y la tragedia, en una escena
en la que encuentra a este autoflagelandose , acaso por no haber previsto esas
dos muertes. Y es ella la que decide de que forma morirá junto a su amado. Desde
allí partirá una coreografía moderna, plástica, técnica, llevada a cabo por un
imponente cuerpo de baile, muy disciplinado muy bien ensamblado que dieron vida
a este espectáculo formidablemente iluminado, con convincentes desplazamientos
escénicos en donde sobresalieron las labores de Simone Zannini como Teobaldo
(Acaso el bailarin mas dotado técnicamente de la agrupación) , Raffaele
Scicchitano como Mercuccio, dueño de muy buen porte, dotes para la comedia y
plasticidad absoluta y la pareja protagónica, de química absoluta, conformada
por Luca Pannacci como un estupendo Romeo, luciendo atribulado, pero igualmente
decidido a llevar adelante su historia de amor
y la Sobresaliente Azzurra Schena como Julieta, con escena maravillosa,
formidables recursos técnicos y actorales, dueña de una plasticidad absoluta.
Ha sido un
nuevo acierto del equipo comandado por Elisabetta Riva, el que seguramente se
profundizará en el futuro.
Donato Decina
CORRECTAMENTE
VERTIDA, DESPUES DE TANTO TIEMPO
Orquesta Sinfónica Nacional junto al Coro Polifónico
Nacional y al Coro Nacional de Jóvenes, Director: Carlos Vieu. Dirección del
Coro Polifónico Nacional: Darío Marchese. Dirección del Coro Nacional de
Jóvenes: Pablo Banchi. Solistas: Daniela Tabernig (Soprano), María Luísa Merino
Ronda (Mezzosoprano), Ricardo Gonzalez Dorrego (Tenor), Hernán Iturralde
(Bajo-Barítono), Xavier Inchausti (Violín). Programa: Ludwig Van Beethoven: “Missa
Solemnis”, en Re mayor, op. 123. CCK-Sala Sinfónica, 06 de Julio de 2018.
NUESTRA
OPINION: BUENO.
Este
concierto fue dedicado tanto por el Director y mucho mas aún por los
integrantes de la Orquesta al inolvidable Leo Viola, por tantos años solista de
Violonchelo de la Sinfónica, integrando junto a Eduardo Vasallo una dupla solista de incalculable calidad y
que le dio a la agrupación lo mejor de sí a lo largo de su dilatada
trayectoria. Gran docente (formador entre otros de Sol Gabetta), interprete
solista, integrante del grupo “Encuentros” durante muchísimos años, titular de
la cátedra del Conservatorio “Manuel de Falla”, será muy recordado por siempre
y me sumo al homenaje a su memoria.
Como festejo
por los cincuenta años del primer concierto público del Coro Polifónico
Nacional, se programó la “Missa Solemnis” de Ludwig Van Beethoven. Bienvenida
su inclusión. Una obra que no debe estar ausente mucho tiempo de los atriles de
cualquier Orquesta que se precie de ser buena. Se convocó para esta ocasión a
Carlos Vieu, no solo un gran Director y Concertador, sino que también fue
requerido en innumerables ocasiones como Director Coral, invitado como tal a
Dirigir al Polifónico en Diversas oportunidades y en distintos escenarios. Un
“Hermano Menor” como lo es el Coro Nacional de Jovenes , preparado en esta
oportunidad por su Sub-Director Pablo Banchi , mas cuatro reconocidos solistas:
Daniela Tabernig, Maria Luísa Merino Ronda, Ricardo Gonzalez Dorrego (Estos dos
últimos, miembros también del Polifónico) y Hernan Iturralde. Y el Coro
Polifónico, preparado en esta ocasión por un “Histórico” como su Sub-Director,
Darío Marchese.
La versión
ofrecida tuvo momentos de gran intensidad, alta expresividad y respuestas
notables de la gran masa coral dispuesta en el sector reservado a los coros en
la sala, al que debió adosársele ambos laterales del mismo para permitir ahí la
presencia del Nacional de Jóvenes. Los solistas respondieron en un nivel
adecuado, destacándose entre Ellos Ricardo González Dorrego, un verdadero
especialista en este repertorio. La Obra, como es sabido, es casi coetánea con la Novena Sinfonía a
punto tal que en su primera interpretación en Viena, fue vertida en forma
parcial como previa del estreno en esa misma velada de la Novena. Pasajes
complejos, con mucha fuerza expresiva, participación de un Organo integrado al
conjunto Orquestal, tiene tanto en el “Gloria” como en el “Credo” los mayores
momentos emotivos y un pasaje reservado al Violín solista, aquí expuesto por
Xavier incháusti de manera sobresaliente. Vieu mantuvo en todo momento el
control de todas las fuerzas dispuestas, algún pequeño desacople entre Orquesta
y coreutas no empaña en modo alguno el resultado final, aunque en el balance me
cabe preguntar si habrán sido suficientes los ensayos previos. Tal vez con
algunos mas, el resultado hubiese sido aun mas satisfactorio.
Donato Decina
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