miércoles, 3 de julio de 2019


PURO TALENTO MAS ALLA DEL PERCANCE

“Nuova Harmonia 2019”: Proyección del Documental “Beethoven: Ultimas Sonatas” de Mariano Nante, protagonizado por el Pianista Alexandre Tharaud, y en la segunda parte, recital de este último con obras de Beethoven y Ravel.  Teatro Coliseo, 02 de Julio de 2019.

NUESTRA OPINION. MUY BUENO.

Un enfoque muy personal de la música de Beethoven por parte del realizador cinematográfico Mariano Nante,  sumado a su admiración por el pianista Francés Alexandre Tharaud, obró como disparador para la realización del documental: “Beethoven ülimas Sonatas” en las que este increíble intérprete galo aborda la penúltima (Nº 31) que lleva el Op. 110 y la última que lleva el Nº 111. En sus notas al programa de mano el cineasta Argentino expresa que su visión de la música de Beethoven de esas dos obras es una retrospección de la vida por parte de este y una proyección al futuro a partir de la música. La locación elegida es la de una imponente residencia en el campo, virtualmente derruída. Paredes descascaradas, cielorrasos caídos, bibliotecas con libros abandonados, paredes derrumbadas, aberturas arrancadas, goteras, hojas escritas arrojadas a los charcos en el piso. Un piano en donde los escombros lo han “empolvado” en todo su contorno  desdeel que Tharaud  desarrolla su visión Beethoveniana. Una mirada melancólica y verdaderamente introspectiva aborda la Op. 110. Un contraste más enérgico queda establecido para la Op. 111. Llaman la atención 2 cosas, la primera la constante presencia de la partitura en el atril (la que se repetirá durante el concierto en vivo) y (en el caso de la Op. 111) el enfoque rítmico en la parte central en donde llegamos a pasajes que sonaban  “Jazzisticos”, tal el juego que el interprete permite hacerse. Es evidente que la presencia de la partitura le permite buscar innovar sobre la marcha misma de la interpretación. El juego de tensiones, manejo de las pausas y, sobre todo, de los silencios que Tharaud lleva a cabo solo puede plasmarse de esa forma. Su entrega es apabullante. La cámara va desde el enfoque del pianista al recorrido de los ambientes descriptos acorde a cada pasaje musical con magnífica fotografía. Lamentablemente un serio percance ocurrió durante la proyección misma y fue un desfasaje entre imagen (adelantada) respecto al sonido que opacó la presentación. Afortunadamente lel recital posterior en vivo del interprete  nos llevó a momentos de absoluta excelencia, ratificando en la antepenúltima sonata (Op. 109) todas las cualidades que se pudieron observar durante la accidentada proyección, sumadas aquí, sin procesos de sonido, a una mayor calidad en las sutilezas, uso justo del pedal y riqueza de sonido, resaltadas luego durante la espectacular interpretación de la “Sonatina” de Maurice Ravel, plena de detalles, sutilezas, contrastes y climas y un remate de excepción con su propia transcripción de “La Valse” en donde Tharaud fue una Orquesta en si mismo. Un bellísimo vals de Chopin, sumado a una visión muy particular por lo ágil de una sonata de Scarlatti (la que levantó polvaredas entre la concurrencia), marcaron el final de una noche en donde el genio de Tharaud hizo minimizar el percance.

Donato Decina


Original combinación de cine y recital de piano en Nuova Harmonía

CON ACENTO Y ESTILO FRANCÉS MÁS TALENTO ARGENTINO
Martha CORA ELISEHT

            El pasado martes 2 de Julio hubo una innovación dentro del Ciclo de Abono de Nuova Harmonía en el Teatro Coliseo: el estreno del film Beethoven: Last Sonatas, con la participación del pianista francés Alexandre Tharaud y la dirección del argentino Mariano Nante para continuar con un recital de piano a cargo del mencionado músico galo.
            Alexandre Tharaud es uno de los mejores pianistas de la actualidad, con un repertorio que abarca tanto música de cámara- en colaboración permanente con el cellista Jean- Guihen Queyras- como repertorio sinfónico clásico y contemporáneo. Ha visitado la Argentina en más de una ocasión y, precisamente durante su visita al país en 2007 ofreció un magnífico recital compuesto por obras de Maurice Ravel (1875-1937). Allí tomó contacto con el director de cine argentino Mariano Nante, quien asistió a dicho concierto en calidad de espectador. En 2018, el productor y director de cine francés Pïerre- Martin Juban citó a este joven realizador vernáculo para filmar una película con Alexandre Tharaud, a propósito de su nuevo disco con la interpretación de las dos últimas Sonatas para piano de Ludwig Van Beethoven (1770-1827). Así nació el film que se proyectó durante el recital del consabido pianista, en calidad de estreno.  
            No es la primera  vez que Mariano Nante ofrece un film donde el piano es el protagonista. Su ópera prima –La Calle de los Pianistas- se estrenó en el Teatro Colón en 2015 en el marco del Festival de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI) durante la función de clausura del mismo. Y se convirtió en un éxito rotundo en la Argentina y el mundo, donde ganó- entre otros premios-  el Cóndor de la Asociación de Críticos Cinematográficos y el Premio Sur de la Academia Nacional de Cine al mejor documental del año. A partir de dicho film, el teatro Coliseo lo sumó para proyectos en común donde se ofrece la asociación cine/ piano, tal como el Concierto para piano e Imágenes ofrecido durante el Ciclo de Nuova Harmonía en 2018, con la participación de Karin Lechner y Natasha Binder, con puesta en escena de Leonardo Kreimer. Por lo tanto, se aprovechó el recital de Alexandre Tharaud como marco para el estreno de su nueva película, que cuenta con la producción del mencionado Pierre- Martin Juban, la dirección de fotografía del prestigioso cineasta griego Yorgos Arvanitis, la dirección artística de Aurora Vullierme y montaje de Andrés Pepe Estrada.
            La película se desarrolla en dos castillos diferentes: Crèvecoeur en Brie y Bois du Rocher, donde la cámara muestra al pianista avanzando hacia una de las habitaciones principales, que cuenta con un magnífico Steinway –con un teclado lustroso y una pátina de suciedad sobre su caja, dando la sensación que hacía mucho tiempo que nadie lo tocaba- como único mobiliario. Ambos han ostentado un lujoso pasado  por la riqueza de sus frescos – deslucidos y desvencejados- y por la ornamentación típica de la Belle Époque: una chimenea francesa (arrancada de su sitio), ventanales amplios y cortinados largos. El piano se ubica en tres ambientes diferentes, mientras el movimiento de la cámara conduce a las diferentes habitaciones donde se desarrolla el concierto mediante una sucesión de planos: los generales y los primerísimos primeros planos, que muestran las manos del pianista y los gestos del mismo. No es casual que se hayan elegido para la realización del film, ya que representan el correlato visual del Beethoven tardío. Se interpretan las Sonatas n° 31, Op. 110 y n° 32, Op. 111, donde Tharaud demuestra su pasión, su ductilidad y su magistral interpretación del trino que forma parte de la arietta final que cierra no sólo la mencionada Sonata, sino además, todo un ciclo. Al término del film, tanto Mariano Nante como Alexandre Tharaud salieron a saludar al público, Lamentablemente, hubo un desacople entre imagen y sonido en un determinado momento del film debido a un problema técnico, que causó un delay. Eso no impidió disfrutar de una fotografía estupenda y de un producto de altísima calidad visual.
            Luego del intervalo, comenzó el recital de piano propiamente dicho con la Sonata para piano n° 30, Op. 109 de Beethoven, que abre con dos temas contrastantes (Vivace ma non troppo y Adagio espresivo) para desembocar luego en un Prestissimo, donde se destacan elementos de técnica pianística característicos del crescendo beethoveniano. Su último movimiento (Gesangvalt mit innigster Empfindung- Cantando con el sentimiento más profundo) es una maravillosa combinación de cadencias típicas del genio de Bonn. La interpretación  de Tharaud fue muy buena, destacándose por su excelente manejo de los tempi, los silencios y su particular temperamento. A continuación, interpretó la Sonatina de Ravel, caracterizada por los típicos acordes del gran maestro del impresionismo francés: cromatismo y escalas diatónicas, que brindan los matices característicos de sus obras durante los tres movimientos en que se desarrolla la misma (Moderado/ Movimiento de Minué/ Animado). No hay que olvidar que Tharaud tiene grabada la obra integral para piano de Ravel y es un especialista en la materia hasta tal punto, que ofreció como obra final una transcripción para piano de La Valse hecha por él mismo, que fue ejecutada de manera sublime, con un perfecto manejo de tempi y acorde a las especificaciones de la partitura. El público estalló en aplausos hacia el final del concierto.
            Luego del recital, ofreció dos bises: un Vals de Chopin y una Sonata de Scarlatti en tono menor, donde hizo alarde de su técnica y pulsación. Fue una noche para todos los gustos, donde la música y el cine se unieron en una amalgama de imagen y sonido, para plasmar el siguiente mensaje: cuando todo parece estar perdido y en ruinas, la belleza de la música es capaz de superar todos los obstáculos y emerger de la destrucción, brindando al espíritu humano la fuerza necesaria para resistir ante tanto mal.




RENOVADOR Y EXCEPCIONAL

Mozarteum Argentino, Temporada 2019. Recital del Pianista Alessio Bax. Programa: Obras de Marcello/Bach, Rachmaninoff, Dallapiccola y Liszt. Teatro Colón, 01 de Julio de 2019.

NUESTRA OPINION: MUY BUENO.

  Una vez más debemos decir del acierto del Mozarteum en volver a convocar a un extraordinario interprete del piano. Alessio Bax ratificó su excelencia en un recital que será recordado por la renovación del repertorio y por el despliegue interpretativo de este notable del teclado.

  El recital obró como disparador para presentar entre Ntros. las obras que integran su último trabajo discográfico, en donde plasma un enfoque interesantísimo que va desde Alessandro Marcello a Luigi Dallapiccola, pasando por Liszt y Rachmaninoff. Justamente para la apertura Bax propuso la transcripción que Johann Sebastian Bach realizó para Teclado del Concierto para Oboe en Re menor S.D. 935 y que para el Catálogo BWV lleva el número 974 . Si bien Bach concibió este trabajo para el clave, en el que mantiene una respetuosa visión de Marcello, hay (lógicamente) detalles en donde se ve de manera inconfundible la mano del “Kantor” de Leipzig  y Bax supo desandar con suma corrección ese camino. Impecable digitación , muy buena técnica y absoluta limpieza de sonido.

 El centro de la primera parte nos mostró al interprete Italiano abordando las “Variaciones sobre un tema de Corelli”, del Op. 42 de Serguei Rachmaninoff. Una vez más un compositor del Barroco en arreglo de otro, (en este caso) un puntal del Post-Romanticismo. Y es de ese modo (tal como fue escrita) la forma en que Bax llevó adelante su interpretación, alcanzando picos de intensidad emotiva, manejo sutil del “piannissimi” , seguridad plena en la digitación y estupenda concepción de cada variación. Un cerrada ovación en tributo suyo por parte del público coronó este momento.

  “Quaderno musicale di Annalibera” de Luigi Dallapiccola, fue la obra elegida para iniciar la segunda parte. Obra de 1952 dedicada a su hija por entonces de ocho años, es una referencia directa a los Cuadernos que Bach compuso para su segunda esposa Anna Magdalena. Dallapiccola se permite iniciarlas con el anagrama de notas que conforma cada letra del apellido del gran genio Alemán. Cada detalle puesto en la partitura por este gran creador Italiano de la segunda mitad de siglo XX fue resaltado en gran forma por Bax. Así, las rítmicas, los contrapuntos, las delicadas filigranas, desde las mayores sonoridades hasta los silencios, todo fue desarrollado de manera admirable  por el artista, quien realizó una interpretación que será recordada por mucho tiempo.

  El cierre nos trajo al escenario a Franz Liszt con dos complejos fragmentos: St.François d’Assise: La pedicatin aux Oisseau (“San Francísco de Asis: La Predica a los Pájaros”) señalada con el S.175/1 de su catálogo , la que integra “Leyendas”. Obra de sus años de reclusión en un convento de la orden Franciscana de Roma, es una obra introspectiva, casi una meditación. Aquí Bax hizo gala de sutileza, transparencia de sonido y firmeza en los momentos más enérgicos. Casi una contrapartida fue la inclusión de “Apres una lecture de Dante” (Después de una Lectura del Dante) del S.161 del catálogo, Integrante del ciclo “Años de Peregrinaje” en donde la fuente de inspiración de este genio es elpoema de Victor Hugo de 1836, que narra el descenso del Dante a los infiernos y la historia de Francesca da Rimini y Paolo Malatesta. Y este fragmento marcó el punto más alto de la noche. Hubo un despliegue soberbio de talento, energía, pureza de sonido y magnífica técnica. Broche de oro perfecto al que debió agregar bises, del que resalto la versión de un casi seguro arreglo de la Danza Húngara Nº 5 de Brahms , para que ahí si la noche fuera perfecta.

   
Donato Decina


Sutileza y refinamiento en el recital de Alessio Bax en el Colón

CADA DÍA ME GUSTA...¡BAX!
Martha CORA ELISEHT

            Alessio Bax es un pianista con mayúsculas. Ha visitado la Argentina y ha actuado en el Colón en varias oportunidades –muy recordada su interpretación del Concierto para dos pianos de Francis Poulenc junto a su esposa (Lucille Cheung) dentro del Ciclo de Abono de la Filarmónica- y una vez más se presentó el pasado lunes 1° de julio sobre el mismo escenario, dentro del Ciclo de Abono del Mozarteum Argentino, donde ofreció un programa que se destacó por su originalidad y por brindar una interpretación sutil y refinada de todas las obras que integraron el mismo.
            El programa abrió con una transcripción para piano de Johann Sebastian Bach (BWV 974) del Concierto para oboe, cuerdas y continuo en Re menor S D 935 del compositor veneciano Alessandro Marcello (1673- 1747), obra bellísima del barroco italiano. Sus tres movimientos (Andante spiccato/Adagio/ Allegro) fueron interpretados con una maestría, una ductilidad y una sutileza exquisita por parte del solista. Por otra parte, Bax posee una pulsación y una digitación prodigiosas, lo que lo convierte en un digno exponente de la escuela italiana. Acto seguido, el intérprete ofreció las Variaciones sobre un tema de Corelli, Op.42 de Sergei Rachmaninov (1873-1943). Fue compuesta en 1931 durante el exilio del compositor en Suiza y representa su última obra para piano solo. En esta oportunidad, Rachmaninov empleó un patrón característico de los músicos del siglo XVII y primera mitad del XVIII: la Folia, que se utilizaba para escribir y componer variaciones dentro del ámbito de instrumentos de cuerda punteada. Su nombre se debe a una danza festiva portuguesa del siglo XV, que se volvió muy popular entre los músicos de dicha época –especialmente, Lully, Vivaldi y el mencionado Corelli-. Rachmaninov inaugura las 20  variaciones  con un Andante en tono menor, sobre el cual se desarrolla la obra, dividida  en 4 secciones: la primera –en forma de sonata-  comprende 13 variaciones, donde se pueden apreciar un Allegro y un Scherzo. Luego de la cadencia sigue el Intermezzo y, sin solución de continuidad comienza la segunda parte y la variación n° 14, que retoma el tema de la Folia para situar al oyente en la tercera parte de la obra (Adagio). A partir de la  variación n° 16 hasta el final aparece un contraste drástico,  equivalente al  movimiento final de una obra, caracterizado por su imponente vértigo. Hacia  el final, regresa el tema de la Folia (Andante). La  versión ofrecida por Bax fue excelente, haciendo gala de su estupendas  pulsación y digitación. No obstante, hubo un cierto abuso en el uso del pedal en los fortissimi que – a juicio de quien escribe- fue lo único que se pudo objetar. El resto, impecable.
            Para la segunda parte del recital, Bax empezó con  una obra de Luigi Dallapiccola (1904-1975), denominada  Quaderno musicale di Annalibera, que –casualmente- fue la  única que tocó con partitura. Se trata de una serie de miniaturas inspirada en los Cuadernos de Anna Magdalena Bach, donde el compositor oriundo de Istria emplea una estructura dodecafónica para rendir homenaje a Bach. Y lo denomina así también en homenaje a su hija, nacida antes del fin de la Segunda Guerra Mundial. Durante una gira en Estados Unidos en 1952, Dallapiccola comienza a componer 11 piezas con una sucesión de notas (Si- La- Do- Si bemol), que en la nomenclatura sajona- germánica, equivale a B-A-C-H; es decir, al gran músico y mentor. Estas miniaturas poseen gran fuerza rítmica y expresiva, pero a su vez, deben interpretarse de manera sutil y delicada. El refinamiento de la presente versión fue magistral, ya que Bax puso gran fuerza interpretativa, pero a la vez, la ejecutó con una precisión absoluta, sin olvidar la delicadeza y de manera sumamente sutil. Hubo una muy buena marcación en los triple forti y una sutileza absoluta en los pianissimi. Al final de la misma, el público estalló en aplausos. Y finalizó su recital con dos obras de Franz Liszt (1811-1886): Saint Francois d’Assise: La prédication  aux oiseaux, S. 175/1 y Après une lecture de Dante : Fantasia quasi sonata, S.161. La primera de estas dos piezas alude a San Francisco de Asís y su predicación a los pájaros (tal cual su traducción del francés al castellano), iniciándose con un glissando que emula el canto de las aves en los matices más agudos del piano. Posteriormente, un recitativo representa la voz del santo, para terminar en una fanfarria monumental, donde las aves reaparecen cantando prodigiosamente, mientras Francisco las acompaña en su canto. El solista hizo alarde de su eximia técnica y de su virtuosismo, al igual que en la obra siguiente (Después de una lectura del Dante), que se ejecutan sin interrupción. El contraste en tono menor y escala cromática es notorio – que  representa el descenso de Dante al Infierno- y estuvo muy bien logrado. Lo mismo sucedió con los pasajes de tonos menores a mayores- que representan las escenas de amor entre Paolo y Francesca da Rimini- , donde se pasa de la oscuridad a la luz, o del Infierno al Paraíso, pasando por el Purgatorio. Posteriormente, la obra se cierra con una recapitulación en tono menor sobre el primer tema, que va in crescendo. Naturalmente, la interpretación del italiano fue soberbia, con excelentes recursos técnicos y un cromatismo excepcional. Como no podía ser de otra manera, los aplausos y los vítores se multiplicaron al finalizar el concierto.
            En agradecimiento al público, Alessio Bax ofreció dos bises: un Estudio para mano izquierda – no anunciado, de modo que una no puede determinar si se trató de Rachmaninov o Scriabin- que interpretó magistralmente, para luego culminar con una monumental y vibrante versión la Danza Húngara n° 5 de Johannes Brahms. Un recital que se caracterizó por la originalidad del repertorio comprendido y por la delicadeza, sutileza y personalidad del intérprete, que una espera escuchar a la brevedad en otra ocasión.                                                                                                                                                                                                                                                                                                  


lunes, 1 de julio de 2019



FE DE ERRATAS


Estimados lectores, a solicitud de Martha Cora Eliseht, debemos consignar que en la Crítica Correspondiente al Concierto de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, en el párrafo que alude al "Bis" ofrecido por la Pianista Croata Martina Filjak en dicho concierto es "Fur Alina" del Compositor Arvo Pärt. Solicitamos en nombre de Martha y de la Página las debidas disculpas por el error y  agradecemos la Colaboración de Ntro. lector Fernándo Berçot de Río de Janeiro (Brasil) por la colaboración brindada.

TURANDOT – Teatro Colon 28/06/2019
En 1926,  a solo dos meses de su estreno en La Scala, el Teatro Colon llevó a escena Turandot, la opera póstuma e inconclusa de Giacomo Puccini. Desde entonces, Turandot se presentó en 15 temporadas previas a la presente. En cada una de esas 15 temporadas, grandes sopranos representaron a la princesa; Muzio, Raisa, Milanov, Callas, Nilsson, Udovic, Dimitrova, etc. Y otros tantos tenores de renombre interpretaron a Calaf;  Lauri Volpi, Thill, Merli, Del Monaco, etc.
Esto muestra la importancia, no solo por su belleza edilicia, que nuestro primer coliseo, supo tener en una época.
En las representaciones del primer elenco, que se llevan a cabo en estos momentos, destaca el nombre de una gran figura, al nivel de las que se mencionaron anteriormente, por la importancia de su carrera internacional y su calidad artística; Maria Guleghina.
Guleghina compone un personaje. No es la “Princesa hierática” que muchos suelen asociar a este rol; expresa cada una de las emociones que el texto o la situación argumental le pide a lo largo de la obra. Tal vez su voz no suene tan lozana como cuando la vimos en su recital, hace 14 años, pero suena vigorosa y contundente, resolviendo los pasajes más difíciles con la maestría y la experiencia que le dan sus 35 años de carrera.
Por el contrario, Kristian Benedikt, que interpreta el rol de Calaf, muestra lozanía y potencia vocal, pero lejos está de componer un personaje. No hay ductilidad en su canto. Se sabe poseedor de potentes agudos, y se prepara para emitirlos como para que el público los espere, los reciba y se asombre, y a veces sale bien, otras no tanto. El “Nessun dorma”, solo pareció una excusa para llegar al agudo final esperando la “apoteosis” que nunca ocurrió. De todos modos, esto es solo lo que diferencia a un cantante que cumple, con un artista que canta; y Benedikt, cumplió con su compromiso.
Otro tanto ocurrió con Verónica Cangemi en el rol de Liu. De gran trayectoria internacional y una especialista en música barroca, Cangemi incursiona en el verismo cumpliendo bien con un personaje fuera de su especialidad. Absolutamente exagerada en la muerte de Liu y con algunos sonidos fijos típicos del barroco pero no del verismo pucciniano.
El bajo James Morris ya no es el Wotan, que supimos ver en el 96. Sus casi 50 años de carrera se reflejan en su voz que ya perdió el color de su cuerda. A pesar de ello, dadas las características de Timur, su personaje, resolvió todo muy bien con lo que enseña la experiencia.
Raul Gimenez, otro artista de destacada actuación internacional, nos sorprende interpretando al Emperador Altoum. Lo hizo de manera irreprochable, dándole expresividad a cada palabra de su texto.
Ping, Pang y Pong, son una trinidad, tratada por Puccini como un solo personaje. Como dice Mosco Carner en su libro sobre Puccini: “Estas conforman un coro en miniatura, pues Puccini las trata no tanto como personajes individuales, sino como  un grupo que canta la misma música”. El contraste principal reside en sus voces, en efecto, Ping es barítono, y los otros dos tenores.
Sin embargo, es en  Ping, y fuera del trío, en quien recaen algunas frases importantes en el tercer acto, que deben ser dichas con autoridad y presencia vocal. Dicho esto, el rol de Ping interpretado por el barítono Alfonso Mujica, dejo mucho que desear. Su voz es buena, pero su performance carece de la relevancia y la experiencia necesarias para un artista de primer elenco en el Teatro Colon. Lo mismo vale para Santiago Martinez, en el rol de Pang. Correcta la actuación de Carlos Ullan, artista ya probado, y con años de trayectoria en el teatro. Correcto también el resto del elenco; Alejandro Meerapfel, como el Mandarín y Laura Polverini y Gabriela Ceaglio como Doncellas.
La dirección musical del Maestro Christian Badea, no conformó totalmente. No hubo fraseos ni matices. La solemnidad y pomposidad de las grandes escenas en la corte imperial, se convirtieron en simples marchas por los tiempos elegidos por el maestro.
Muy buen trabajo del Coro estable y el de niños del Teatro Colon, a quienes aún les restan 8 funciones prácticamente seguidas, de una opera agotadora.
La magnífica  escenografía que dejara el Maestro Roberto Oswald, fue la utilizada para esta reposición de Turandot. Matías Cambiasso y Anibal Lapiz, con la reggie y el vestuario, nos permitieron ver Turandot de Puccini. Para esta época, ver la opera como fue pensada por sus autores, es todo un logro.
Roberto Falcone

sábado, 29 de junio de 2019


LOS GRANDES POR ALGO LO SON

Teatro Colón, Temporada 2019. Opera: “Turandot”, Drama Lírico en tres actos con Música de Giacomo Puccini y liberto de Giuseppe Adami y Renato Simoni en versión completada por Franco Alfano y Arturo Toscanini. Elenco: María Guleghina (Turandot), Kristian Benedikt (Principe Calaf), Verónica Cangemi (Liú, Esclava), James Morris (Rey Timur), Raúl Giménez (Emperador Altoum), Alfonso Mujica (Minístro Ping), Santiago Martínez (Ministro Pang), Carlos Ullán (Ministro Pong), Alejandro Meerapfel (Un Mandarín), Laura Polverini-Gabriela Ceaglio (Dos Doncellas), Fernando Chalabe (Príncipe de Persia), Coro Estable del Teatro Colón, Director: Miguel Martínez: Coro de Niños del Teatro Colón: Director: César Bustamante, Orquesta Estable del Teatro Colón. Escenografía y Concepción Original de Roberto Oswald  en Reposición de Cristian Prego, Vestuario Anibal Lápiz, Iluminación: Rubén Conde. Dirección Musical: Christian Badea. Reposición de Dirección Escénica: Matías Cambiasso-Anibal Lápiz. Función del 28 de Junio de 2019.

NUESTRA OPINION: BUENO.

    Una vez más el poder de convocatoria de este título póstumo de Giacomo Puccini quedó puesto de manifiesto con un lleno casi total de la sala.  La historia de la Princesa despótica y el Príncipe capaz de entregar todo por amor revivió tanto como la  inolvidable puesta de Roberto Oswald. Este trabajo al que el inolvidable creador Argentino denominó “Puesta de Laca”, volvió a escena con una correctísima reposición de Escenografía de Cristian Prego, el magnífico vestuario de Anibal Lápiz, su co-equiper en tantos trabajos y a este marco original se acopló una magnífica iluminación de Rubén Conde, ajustada en todo momento, ubicándose en los lugares en que se debe estar. Esta puesta, concebida para el Luna Park, estrenada en el año 2007 con un suceso verdaderamente impresionante y llevada a México D.F. merced a la gestión de Roberto Iglesias y Marcelo Lombardero, vuelve ahora a Ntro. Máximo Coliseo en todo su esplendor. Tradicional, mostrando toda la riqueza de los usos y costumbres de la China Imperial, tuvo también una muy buena reposición de movimientos escénicos por parte de Matías Cambiasso y el propio Aníbal Lápiz, respetando inteligentemente la forma de trabajar los personajes por parte de los valores más experimentados que se encontraban en el escenario del Colón.

  Vocalmente hablando, tuvimos en María Guleghina a una protagonista inteligente, que se adueñó de la escena y cautivó al público con tan solo pronunciar “In Questa reggia…”, Veterana en el oficio, justamente hizo gala de ello cantando con inteligencia,  magnífica técnica y escena como pocas. Expresa y eso dice mucho. Otro tanto le cabe al Rey Timur de James Morris. Ya muy veterano, su voz sabe de innumerables batallas vocales y hoy con casi medio siglo de trayectoria profesional con solo cantar el relato de como subsistió junto a Liu habla de su inteligencia en el decir. Raúl Giménez como el Emperador Altoum, padre de Turandot, supo como expresarlo. Altoum es veterano, es venerado y es altivo, Giménez lo hizo como pocos. En cuanto a los valores actuales, Kristian Benedikt como Calaf, cantó en muy buena forma, tiene buen timbre, gran caudal vocal y es muy solvente. Muy eficaz en la escena de los enigmas, estupendo en el duo previo al final y realizando en muy buena forma el “Nessun Dorma” Tuvo también muy buena actuación. Verónica Cangemi como Liu, en esta segunda incursión en el Colón en roles que no son Barrocos o del Clasicísmo, realizó con corrección a Liú. Un muy buen “Signore Ascolta”, una muy buena factura en la escena previa al suicidio, pero el final de “Tu che di gel sei cinta” fue a mi entender sobreactuado en demasía, aun cuando a una gran parte del público le causo impacto, lo que se notó en los aplausos del final. El trío de “Mascaras” o ministros de la corte tuvo un desempeño irregular con un buen Carlos Ullán como Pong, un correcto Santiago Martínez para Pong (aun cuando para estos personajes le faltaría un “golpecito de horno”) y   un irregular Alfonso Mujica como Ping, el principal Minístro. Poseedor de una interesante voz y dignos recursos los que podrían estar mejor administrados. Correctos y en buen estilo para los demás cantantes intervinientes. El Coro de Niños con César Bustamante al frente tuvo notable desempeño, aportando la frescura que la partitura requiere . El Coro Estable, una vez más tuvo una muy buena faena de la mano de Miguel Martínez, aun cuando por momentos emitió muy en “forte”, pero eso ha sido más por decisiones de la Dirección Musical que por la preparación en sí.

  Y para finalizar, la batuta. Sorprendió y muy negativamente la concertación de Christian Badea.  Impropia a Mi entender de un profesional de su veteranía. De trazos absolutamente gruesos, tempi sin términos medios que pasa de los “piano” al “forte” sin solución de continuidad. Carente de matices, carente de las menores sutilezas, ha sido una proeza por parte de los cantantes haber podído hacer “Turandot” sín una guía, clara y firme.

  El hecho de que profesionales de dilatada trayectoria junto a buenas figuras de la actualidad, llevados en escena por “gente de la casa” hayan tenido que llevar por si solos a buen puerto a esta “Turandot” no hace más que repetir aquello de que “Siempre faltan cinco para el peso”.

Donato Decina


TEATRO Y MUSICA: ARTE EN ESTADO PURO

“Ciclo de Visitas Internacionales en la Sala Sinfónica del CCK”: Actuación de la Primera Actriz  Argentina Norma Aleandro junto a la Orquesta Sinfónica del Servicio Oriental de Radio Difusion Eléctrica del Uruguay (S.O.D.R.E.), Director: Diego Naser. Programa: Norma Aleandro y la O.S.S.O.D.R.E. (Fragmentos de Obras de William Shakespeare seleccionadas por Patricio Orozco, acompañados por una selección de obras de Compositores varios realizada por Diego Naser y adaptadas por Felipe Ortíz Verissimo) y la Sinfonía N 5, Op. 64 en Mi menor de Piotr Illich Tchaickovsky. 27 de Junio de 2019.

NUESTRA OPINION: MUY BUENO.

  Cuando una gigante de la escena sale al escenario, solo resta acomodarse en la butaca y dejarse llevar. Cuando Diego Naser atacó los acordes iniciales de la Sinfonía Nº 40 kv. 550 de Mozart y desde el lateral del escenario surgió la figura de la Sra. Norma Aleandro, la ovación reverencial verdaderamente emocionante con la que fue recibida fue el preámbulo a un momento de gloria. “Norma Aleandro y la O.S.S.O.D.R.E”, tal el título que se le dio a la primera parte del Concierto es una idea sumamente inteligente, llevada a cabo por Patricio Orozco en lo Teatral y Diego Naser en lo musical. Seleccionando fragmentos de Obras de Shakespeare a partir de sus heroínas (Julieta, Ofelia, Desdémona, Lady Macbeth, Las Alegres Comadres de Windsor) acompañadas e intercaladas con fragmentos sabiamente elegidos por el Director Titular de la Orquesta Visitante, no siendo menor el trabajo de Compaginación  y Adaptación Musical hecho por Felipe Ortíz Verissimo, el que resulto de suma importancia para el producto final.. Mas allá de un comienzo en donde un micrófono no estuvo correctamente ajustado (felizmente solucionado), escuchar a Norma Aleandro, verla actuar, recordar justamente su paso por las obras Shakespirianas (algunas registradas por la televisión), fue un verdadero placer . La interactuación con algunos músicos de la Orquesta, quienes asumieron los roles acompañantes a las diferentes heroínas fué muy lograda y el marco orquestal brindado por Naser fue magnífico. Los fragmentos musicales elegidos  fueron entre otros  (además de la 40 de Mozart): 7a. y 5ta. Sinfonías de Beethoven y la Obertura Egmont, “Romeo y Julieta” de Tchaickovsky, 1ª, 2ª y 5ª Sinfonías de Mahler, Obertura y Preludio al 4º acto de “Carmen” de Bizet, Sinfonía Nº 7 de Dvorak, Danzas Húngaras y Tercera Sinfonía de Brahms, fragmentos de “Macbeth” de Verdi, pequeños compases de Ravel y Mendelsohn y un final impresionante con la Variación “Nimrod” correspondiente a “Enigma” de Edward Elgar. Previo al final del espectáculo en donde el talento de Aleandro se fusionó con la imponente versión del fragmento de Elgar, hasta tuvimos el placer de ver cono Naser cedía a la talentosa actriz su batuta para que Ella condujera el pasaje de “Carmen”. Fue un momento muy conmovedor y realmente valdría la pena repetirlo.

  La segunda parte mostró el talento del Joven Director Uruguayo con una magnífica versión de la 5ª Sinfonía de Tchaickovsky. Visceral, con total entrega, sabiamente guiada con rendimientos notorios de algunos sectores. Más allá de que los bronces no estuvieran tal vez en su noche más felíz, la concepción de la obra estuvo siempre presente, con un final de alto voltaje emotivo. Naser está llevando a cabo en la O.S.S.O.D.R.E. una labor formidable, la que ya se insinuaba en ocasión de su visita del año pasado. Solo que ahora podemos corroborarlo y desear que este proyecto continúe adelante como bien se merecen Ntros. Hermanos Uruguayos. En mi humilde apreciación, estimo que junto a Alejo Pérez son las dos batutas con mayor proyección internacional que hoy tiene Sudamérica.

Donato Decina