viernes, 25 de noviembre de 2022

 

La esperada Tosca con Netrebko se hizo realidad

 

Tosca en el Teatro Colón

Teatro Colón de Buenos Aires

Jueves 24 de noviembre de 2022

Escribe: Graciela Morgenstern

Fotos: Máximo Parpagnoli / Arnaldo Colombaroli

  

Tosca,de Giacomo Puccini
Libreto: Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, basado en la pieza homónima de Victorien Sardou
Elenco: Anna Netrebko, Yusif Eyvasov, Fabián Veloz, Luís Gaeta, Mario De Salvo, Darío Schmunck, Cristian De Marco, Claudio Rotella y Guadalupe Fustinoni
Orquesta y Coro Estables del Teatro Colón;
Director de coro: Miguel Martínez
Coro de Niños del Teatro Colón,
Director del Coro de Niños: César Bustamante                                                                                         Dirección musical: Michelangelo Mazza                                                                                   Producción original: Roberto Oswald 
Escenógrafía: Roberto Oswald                                                                                                       Iluminación: Rubén Conde
Diseño de vestuario: Aníbal Lápiz                                                                                                                    Dirección de escena: Aníbal Lápiz

Ya casi en el cierre de la Temporada 2022, el Teatro Colón repuso "Tosca", una de las expresiones más relevantes y populares den­tro del repertorio operístico italiano.  La obra tiene una particular suma de encantos que la convierte en una maravilla del teatro lírico. Es teatral desde todo punto de vista: por la sucesión de acontecimientos que se desarrollan vertiginosamente, por el talento de Illica y Giacosa para reunir en tres actos relativamente breves las ideas de Sardou y ante todo, por el instinto musical de Puccini que logró un crescendo dramático con escasos parangones en la historia de la ópera.

 

 Además de líneas melódicas extraordinariamente be­llas, la partitura posee una gran sutileza expresiva en la que el compositor plasmó conflictos y reacciones humanas. El libreto está basado en el drama homónimo de Victoriano Sardou, que fue escrito para la inolvidable Sarah Bernhardt. Desde su estreno en Turín en 1900, ha gozado de amplias preferen­cias por parte del público.

 

Tos­ca es una obra de grandes divos, requiriendo a su vez. la participación de un director de orquesta capacitado, con buenas dotes comunicativas. En nuestros días, representarla con resultados artísticos relevantes involucra un desafío de considerable magnitud, especialmente en un teatro con la tradición del Colón. La expectativa que produjo esta reposición no fue poca, por la presencia de Anna Netrebko en el elenco, cantando su primer rol operístico en nuestro primer coliseo y por la recreación de la producción escénica de Roberto Oswald, uno de los más grandes artistas argentinos de las últimas décadas, creador de magníficas puestas que hasta el momento, han sido imbatibles en nuestro medio

La gran mayoría de los asistentes esperaba la presentación de Netrebko, una de las sopranos con mayor fama internacional que si bien se presentó en dos oportunidades con recitales de relevancia, nunca se la había escuchado en una ópera completa. Las expectativas eran muy altas pero la soprano no decepcionó. Su patrimonio vocal es bien conocido. Su voz de timbre grato y ho­mogéneo, excelente técnica, caudal adecuado, unido a un desempeño escénico extraordinario, causó gran impacto en el público, que la ovacionó en "Vissi d'arte" y al concluir la función..

Yusif Eyvasov compuso un Cavaradossi heroico y desafiante, desempeñándose con gran histrionismo. En el aspecto vocal, la manera en que los agudos fluyen con naturalidad lograron convencer. Cantó su parte con pasión, especialmente sus arias "Recondita armonía" y "E lucevan le stelle, en la que supo remarcar sutilezas. Recibió, también ovaciones de una sala repleta.

Fabián Veloz, artista inteligente y refinado, que está desarrollando una carrera internacional en franco ascenso, presentó un Barón Scarpia en quien el deseo se entremezcla con la cruel­dad y la obligación de cumplir con el deber. Y resultó convincente.

Entre los restantes componen­tes del elenco, se hizo notable la participación de Luis Gaeta que compuso al Sacristán con eficiente actuación vocal y escénica. Mani­festando una labor cuidadosa y esmerada, le bastaron los escasos momentos que el libreto le proporciona para definir el perso­naje.

 

También fueron valiosas las actuaciones de Darío Schmunck como Spoletta y Cristian De Marco encarnando a Sciarrone. En un marco de corrección se desempeñó Claudio Rotella (el carcelero) y Guadalupe Fustinoni aportó su bella voz, de timbre cálido, al rol del pastor.

 

Tanto el Coro Estable como el Coro de Niños, bajo la dirección de Miguel Martínez y César Bustamante, respectivamente, realizaron una labor de notoria eficacia.

 

Michelangelo Mazza desde el podio, dirigió a la Orquesta Estable con garra, brillo y expresión, captando y transmitiendo la emotividad y dramatismo del texto.

 

Párrafo aparte merece la producción escénica, basada en la concepción original del gran Roberto Oswald, que resultó revolucionaria por su creatividad en la manera de servir al libreto sin tergiversarlo. Una puesta tradicional que no subestima al público mostrando el tema remanido de la universalidad y atemporalidad, como si fuera necesario “explicar” eso a la audiencia para que lo pueda entender. No se traslada la obra a la época actual ni recurre al uso de simbología de dudoso gusto.

 

La esceno­grafía, de Oswald, fue suntuosa y colorida, reproduciendo cada uno de los lugares donde la acción se desarrolla con gran profusión de detalles. La iluminación diseñada por Rubén Conde también fue apropiada. Com­pletó este trabajo el bellísimo vestuario ide­ado por Aníbal Lápiz, de elaborada factura, refinamiento y buen gusto.

 

La régie de Aníbal Lápiz tuvo acción y vuelo imaginativo. Introdujo algunos cambios en la marcación respecto de versiones anteriores, que dio nueva vida al conocido libreto, sin dejar de evidenciar coherencia y siéndole absolutamente fiel

 

Un público enfervorizado premió el espectáculo con una cerrada ovación. Para alegría de todos, el Colón volvió a rugir.

 

CALIFICACION: EXCELENTE

miércoles, 23 de noviembre de 2022

 

TOSCA

Función de Gran Abono – Teatro Colon  - 22/11/2022

Anoche subió a escena en el Teatro Colon, la primera función de Tosca, de Giacomo Puccini, correspondiente a una serie de diez funciones y que comprende tres diferentes elencos.

 Se presenta nuevamente con la producción, siempre vigente, creada por Roberto Oswald, a cargo de Anibal Lápiz como Director de escena. La certeza de que se va a ver Tosca.

En el elenco del debut, participó la soprano Maria Pia Piscitelli, bien conocida por el público del teatro, en el rol protagónico. Su Tosca fue bien cantada, con buena línea de canto, expresividad sin desbordes y conmovedora en su aria “Vissi d’arte”.

El rol de Cavaradossi estuvo a cargo del tenor argentino Marcelo Puente, de buena presencia escénica pero con el registro vocal desparejo en la zona aguda, que opacó los momentos más intensos de su personaje.

El barítono serbio Zejko Lucic, debutante en el Colon, canto un muy buen Barón Scarpia, con solvencia y robustez vocal además de gran expresión dramática.

En los roles comprimarios actuaron con la solidez de siempre, Luis Gaeta (Sacristán), Mario De Salvo (Angelotti), Cristian De Marco (Sciarrone) y Claudio Rotella (Carcelero).

Keri-Lynn Wilson, también debutante en el Colon, tuvo a cargo la dirección musical del espectáculo. Wilson no logró un buen  balance sonoro entre el foso y el escenario, por lo que en los momentos de más tensión dramática las voces solistas cayeron bajo el peso de la orquesta.

El público presente reaccionó favorablemente a esta versión de Tosca con muy buen aplauso a sus intérpretes.

Roberto Falcone

 

Anna Netrebko y Yusif Eyvasov cerraron el ciclo "Grandes Intérpretes"

 

Broche de oro

 

 

Anna Netrebko

Yusif Eyvasov

Angel Rodríguez (piano)

Freddy Varela Montero (violín)

 

Programa:

Nikolai Rimsky-Korsakov: “O chem v tishi nochey”, Op. 40 Nº 3; “Plenivshis' rozoj, solovey”, Op. 2 Nº 2; “Redeyet oblakov letuchaya gryada”, Op. 42 Nº 3

Sergei Rachmaninov: “Zdes’ khorosho”, Op. 21 Nº 7; “O nyet, molyu, ne ukhodi!”, Op. 4 Nº

Piotr Ilich Tchaikovsky: “Net, tol’ko tot, kto znal”, Op. 6 Nº 6

Gara Garayev: “Ya vas lyubil”

Sergei Rachmaninov: “Ne poy, krasavitsa, pri mne”, Op. 4 Nº 4

Piotr Ilich Tchaikovsky: “Skazhi, o chem v teni vetvey,” Op. 57 Nº 1; “Nochi bezumnie”, Op. 60 Nº 6; “Serenada”, Op. 63 Nº 6; “Snova, kak prezhde, odin”, Op. 73 Nº 6

Sergei Rachmaninov: “Davno l', moy drug”, Op. 4 Nº 6

Piotr Ilich Tchaikovsky: “Akh, istomilas ya gorem”, de "La dama de picas"

                                     “Kuda, kuda vï udalilis”, de "Eugene Onegin"

                                     “Rytsar’, chto takoye svet?...[Chudnyy dar prirody vechnoy …]”, de  "Iolanta"

Richard Strauss: “Cäcilie”, Op. 27 Nº 2; “Ständchen”, Op. 17 Nº 2

Antonín Dvořák: “Když mne stará matka”, Op. 55 Nº 4

Ruggero Leoncavallo: “Stridono lassù”, de "I Pagliacci"

Francesco Paolo Tosti: “La serenata”

Gustave Charpentier: “Depuis le jour”, de "Louise"

Francesco Paolo Tosti: “Non t'amo più", "Ideale", "L'ultima canzone"

Stanislao Gastaldon: “Musica proibita”, Op. 5

Francesco Paolo Tosti: “L’alba separa dalla luce l’ombra”

Francesco Cilea: "Lamento de Federico", de "L’arlesiana"

Ernesto De Curtis/Libero Bovio: "Tu ca nun chiagne”

Ernesto de Curtis (1875-1937)/Domenico Furnò: “Ti voglio tanto bene”, “Non ti scordar di me”

 

Con un recital que quedará para el recuerdo, finalizó el ciclo "Grandes Intérpretes" en el Colón. La muy esperada presentación de una de las más grandes del mundo en la actualidad, Anna Netrebko, y el tenor Yusif Eyvasov, finalmente se produjo. Y el público los recibió con una ovación.

 

Algunos elementos de utilería y dos ramos de flores, no sólo fueron un bello marco visual, sino que además colaboraron para que Netrebko hiciera una verdadera actuación de cada una de sus intervenciones, mostrando su desenvoltura escénica. Esto aunado a su voz caudalosa - tanto que se la escucha aún cuando canta de espaldas al público-, homogénea en toda su extensión, de hermoso color y gran riqueza de matices, tiene un efecto magnético. Es imposible sacar la vista de su figura porque además, en cada gesto por pequeño que sea, está transmitiendo el mensaje musical.

 

Eyvasov  es un tenor con buenos recursos vocales, aunque de color desparejo, facilidad hacia la zona aguda y una tendencia al "forte", más que a la sutileza. Canta con entrega, convicción y sabe ganarse la complicidad del público.

 

La primera parte del programa estuvo integrada básicamente, por canciones de cámara rusas y un par de arias de Tchaikovsky, impecablemente vertidas por ambos intérpretes, siendo el punto más destacado, “Akh, istomilas ya gorem”, de "La dama de picas", en la que Anna Netrebko delineó con precisión, el predicamento de la protagonista.

 

En la segunda, el repertorio fue más ecléctico y fue desde la canción de cámara de Richard Strauss, pasando por Dvorak, Leoncavallo, siendo lo mejor de la velada, la interpretación inmejorable que la soprano realizó de  “Depuis le jour”, de "Louise", aria en la que desplegó su maravilloso arte a la máxima potencia. La magia que creó sólo estuvo interrumpida por los aplausos en medio del aria, de un público ignorante que aún no conociendo la obra, supone que aplaudir antes es mejor y rompe la fascinación del momento. Eyvasov luego cantó una serie de canciones italianas de diferentes compositores, todas muy sentidas y compenetrado con las piezas. Para finalizar, ambos cantaron “Non ti scordar di me”.

 

Contaron con el óptimo acompañamiento del pianista Angel Rodríguez y algunas intervenciones del violinista Freddy Varela Montero.

 

El rugido de un público enfervorizado hizo que Netrebko hiciera fuera de programa, su ya famosa interpretación de  “Meine lippen sie küssen so heiss”, de la opereta "Giuditta", de Franz Lehár Eyvasov  le siguió con una simpática versión de "Granada", de Lara, durante la cual su esposa hizo una pasada "salerosa" por el fondo de la escena, que divirtió al público.

 

Con alegría y ovaciones, terminó este recital que fue un verdadero broche de oro para el ciclo que concluía.

 

CALIFICACIÓN: EXCELENTE

martes, 22 de noviembre de 2022

 

ANNA NETREBKO – YUSIF EYVAZOV – ANGEL RDRIGUEZ (piano)

CICLO GRANDES INTERPTETES

Teatro Colon 21 de noviembre de 2022

Sin ninguna duda, Anna Netrebko es una Diva y tiene como demostrarlo. Hermosa voz, desenvoltura escénica, expresividad, carisma, y un magnetismo muy particular que hace que no se le pueda quitar la mirada ni un instante. Es Diva hasta cuando no canta. Es Diva porque cuando canta de espaldas al público su voz corre por toda la sala. Es Diva porque sorprende con algo inesperado en cualquier momento. Es Diva porque su concierto fue algo completamente diferente a lo habitual, lejos del estereotipo de los recitales de canto. Es Diva, porque este no fue un concierto más; fue “El show de Anna Netrebko”; y en buena hora, porque fue mágico.

El tenor Yusiv Eyvazov, no es un divo, y no posee una bella voz como su esposa Anna. Sin embargo tuvo a lo largo del recital momentos muy buenos. Su voz no es bella, pero la maneja con buena técnica, que junto a su simpatía le valieron grandes aplausos a lo largo de la velada.

La primera parte del recital estuvo dedicada a canciones de Rimsky korsakov, Tchaikowsky, Rachmaninov y Garayev, donde ambos cantantes estuvieron estupendos. Destacable la interpretación del “Aria de Lisa”, de La dama de pique de Tchaikowsky, por Anna Netrebko

La segunda parte fue más variada, con obras de Richard Strauss, Dvorak, Leoncavallo Tosti, Cilea, Charpentier, Gastaldon, y De Curtis.  Netrebko se destacó en “Depuis le jour”, de Louise de Charpentier que cantó maravillosamente, a pesar de un público que evidentemente no conoce la obra y aplaude antes de que esta finalice. Por su parte Eyvazov contó muy bien el “Lamento de Federico”, de La Arlesiana, de Cilea.

Encantadora la Netrebko en el bis; «Meine Lippen, sie küssen so heiß» de Giuditta, de Lehar.

El maestro Angel Rodriguez demostró una vez más  su talento de pianista acompañante.

En fin, un magnífico cierre para el ciclo “Grandes intérpretes” que ofreció el Colon en esta temporada, con un teatro rendido a los pies de la gran DIVA de este tiempo.

Roberto Falcone

 

Cierre del ciclo Grandes Intérpretes Internacionales en el Colón

 

JUNTOS EN LA MÚSICA Y EN LA VIDA

Martha CORA ELISEHT

 

            Es la segunda vez que el binomio formado por Anna Netrebko y Yusif Eyvazov se presenta en el Teatro Colón. La primera vez, en 2018, donde ofrecieron un recital de arias de ópera con participación de la Orquesta Estable, mientras que, en esta ocasión, el matrimonio va a cantar ópera por primera vez en el escenario de nuestro mayor coliseo con “TOSCA” de Giacomo Puccini. Además, tuvo a su cargo el cierre del ciclo “Grandes Intérpretes Internacionales” el pasado lunes 21 del corriente, acompañados al piano por Ángel Rodríguez con un extenso recital que incluyó canciones de cámara de diferentes compositores (Nikolai Rimsky- Korsakov, Sergei Rachmaninov, Piotr I. Tchaikovsky, Gara Gareyev, Richard Strauss, Antonin Dvořak, Francesco Paolo Tosti, Ernesto de Curtis y Stanislao Gastaldon, entre otros) y algunos fragmentos de las siguientes óperas:

-          “Ak, istomilas ya górem” (LA DAMA DE PIQUE)

-          “Kudá, kudá vi odalilis” (EVGENY ONEGUIN)-Piotr I. TCHAIKOVSKY (1840-1893)

-          Lamento de Federico (L’ARLESIANA)- Francesco CILEA (1866-1950)

-          “Depuis le jour” (LOUISE)- Gustave CHARPENTIER (1860-1956)

-          “Stridono lassú” (I PAGLIACCI)- Ruggiero LEONCAVALLO (1857-1919)

A diferencia de otros recitales, éste contó con algunos elementos de escenografía: un escritorio -similar al de Scarpia en TOSCA-, dos candelabros, una mesita con un florero con rosas, una silla y un sillón cubierto parcialmente por un mantón de Manila, ubicado frente al escritorio. Una lluvia de aplausos recibió a la soprano, que entró acompañada por el pianista para dar comienzo a la primera parte del recital, donde prevaleció el repertorio ruso y, especialmente, la canción de cámara. Sin embargo, no pudo apreciarse la poderosa voz de Anna Netrebkjo en la primera de las tres canciones de Rimsky- Korsakov (“O chem v tishi nochey” / Lo que sueño en secreto, Op.40, n°3), donde sonó completamente apagada. Sin embargo, se recuperó en la segunda (“Plevnishis’rosoi” / El ruiseñor cautivado por la rosa, Op.2, n°2) mediante un soberbio pianissimo en agudo para culminar en forma brillante con “Redeyet oblakov letuchaya gryada” (Las nubes comienzan a disiparse, Op.42, n°3). Ahí surgió la gran diva famosa internacionalmente en toda su plenitud y así prevaleció hasta el final del recital.  Siguió con dos canciones de Sergei Rachmaninov (“Zdes korosho” /Aquí se está bien, Op.21, n°7 y “O nyet, molyu, ne ukhodi!” /Oh, te lo ruego, no te vayas, op.4, n°1), donde la primera es luminosa y la segunda, dramática. Ambas permiten el lucimiento y la expresividad de la voz, hecho que fue aprovechado muy bien por Netrebko para desplegar sus dotes histriónicas.

A continuación, Yusif Eyvazov hizo su presentación sobre el escenario del Colón. Se lo apreció mucho más delgado, relajado y suelto escénicamente en las arias y canciones donde no se ajustó tanto a la partitura. El tenor azerí experimentó una notable evolución desde su presentación anterior, donde su voz logró mayor expresividad, mejor fraseo, legato y línea de canto. Sus pianissimi fueron estupendos desde su presentación con la primera de las canciones de cámara de Tchaikovsky (“Snova, kak prezhde, odin” / De nuevo, como antes, solo, Op.73, n°6), descolló en la célebre “Net, tol’kotot, kto znai” (Sólo quien conoce el anhelo, op.6, n°6) y llegó al apogeo con la composición de su compatriota Gara Garayev (“Ya vas lyubil” / Yo te amaba), donde se lo apreció en toda su plenitud. Continuó con otra canción de Rachmaninov con versos de Alexander Pushkin (“Ne poy, krasavitsa, pri mne” / No me cantes a mí, mi belleza, Op.4, n°4), donde participó el concertino de la Orquesta Estable Freddy Varela Montero como solista acompañante. Del mismo ciclo de Seis romanzas pertenece “Davno I’, moy drug” (No me creas, amigo, Op.,4, n°6), donde Eyvazov volvió a lucirse en su interpretación para posteriormente, dar paso a Anna Netrebko en otras tres canciones de cámara de Tchaikovsky: Serenata, Op.63, n°6: “Skazhi, o chem v teni vetvey” (Dime a la sombra de los árboles, op.57, n°1) y “Nochi bezunie” (Noches frenéticas, Op.60, n°6), donde la soprano hizo gala de sus cualidades vocales para luego pasar a las arias de ópera. Comenzó con el aria de Lisa de LA DAMA DE PIQUE (¡“Akh! Istomilas ya górem” / ¡Ah! La pena ya me ha agotado), donde su voz se apreció en toda su madurez y plenitud, siendo sumamente aplaudida antes que su esposo cantara la celebérrima aria de Lensky “Kudá, kudá vi odaililis” (Dónde, dónde se han ido los días de mi juventud) de EVGENY ONEGUIN, donde se pudo apreciar su evolución respecto de su visita anterior. Hubiera sido maravilloso poder apreciarlos en el dúo de IOLANTA de Tchaikovsky, pero a pesar de estar anunciada al final de la primera parte del programa, no se ejecutó. La pareja se retiró en medio de numerosos aplausos y vítores en compañía del pianista, quien también tuvo una destacadísima actuación.

La segunda parte del recital estuvo a cargo de Anna Netrebko, quien eligió comenzar con dos lieder de Richard Strauss: la célebre Cäcilie, Op.27, n°2 y “Ständchen”, Op.17, n°2, donde la soprano se destacó por su interpretación, al igual que en el aria más famosa de LOUISE de Charpentier (“Depuis le jour” / Desde aquel día). El público estalló en aplausos tras la misma, para luego pasar nuevamente al repertorio de cámara con una de las Canciones gitanas, op.55 de Antonin Dvořak (“Když mne stará matka” /Cuando mi anciana madre me enseñó a cantar), donde Anna Netrebko brindó una exquisita interpretación, caracterizada por su lirismo. Seguidamente, Freddy Varela Montero volvió a aparecer sobre el escenario para acompañar a la soprano en La Serenata de Francesco Tosti. La diva cerró su bloque con una bella interpretación del aria de Nedda (“Stridono lassú”) de I PAGLIACCI, de Ruggiero Leoncavallo. A continuación, Yusif Eyvazov volvió a sorprender al público con un plato fuerte del verismo italiano: el célebre Lamento de Federico de L’ARLESIANA de Cilea, caracterizado por una correcta interpretación de una de las arias más consabidas de la ópera, que representa un desafío importante para el tenor. El azerí salió triunfante tras la prueba de fuego y recibió numerosos aplausos por parte del público. Continuó con tres canciones de cámara de Francesco Tosti: “Non t’amo piú”, “Ideale” y L’última canzone”, ofreciendo una interpretación muy correcta; sobre todo, si se tiene en cuenta que estas piezas ya fueron interpretadas por varias figuras de prestigio y renombre durante el transcurso del corriente año. Pero sin lugar a duda, su versión de “Música proibita” de Gastaldon fue lo mejor de la noche. Las canzones napolitanas siguieron de la mano de Anna Netrebko, quien interpretó la celebérrima Mattinata de Leoncavallo. Es un aria donde se luce más el tenor que la soprano y, lamentablemente, sonó deslucida. No fue una buena elección y -a juicio de quien escribe- fue lo más flojo de la noche.  Posteriormente, Yusif Eyvazov eligió otra canción de Tosti para lucirse como solista: “L’alba separa dalla luce l’ombra” antes de cantar las dos últimas canzonettas napolitanas de Ernesto de Curtis junto a Anna Netrebko: “Tu ca nun chiagne” y la famosísima “Non ti scordar di me”, donde se produjo el cierre del recital juntamente con Ángel Rodríguez y Freddy Varela Montero, donde el Colón estalló en aplausos y vítores.

Como en todo recital que se precie de tal, no podían faltar los bises: para el primero, Anna Netrebko demostró sus dotes histriónicas a pleno quitándose los zapatos y bailando la célebre aria de GIUDITTA de Franz Léhar (“Meine Lippen, Sie küssen zu heit”), uno de sus “caballitos de batalla” que la catapultó a la fama en numerosos recitales. Si bien su voz ha cambiado y pasó de ser una soprano lírica ligera a ser una lírica con cierto tinte dramático, fue capaz de dar el imponente agudo al final, lo que le valió una ovación de aplausos. Lo mismo sucedió con su esposo al ofrecer una muy buena versión de GRANADA, de Agustín Lara, con buen dominio de los agudos y sobreagudos, mientras ella se lució como bailarina danzando envuelta en un mantón de Manila. El público los ovacionó y los aplaudió a rabiar. Pedía cada vez más, pero ya se había hecho demasiado tarde en virtud de la enorme cantidad de piezas comprendidas en el programa. Además, ambos estaban cansados y pedían irse a dormir. Ha sido un muy buen recital para marcar un excelente fin de ciclo de un abono prestigioso, donde los grandes intérpretes internacionales marcaron su huella. Sólo falta que sigan su ejemplo cantando ópera además de poder apreciarlos en recitales, ya que el Colón es el ámbito propicio para ello.     

lunes, 21 de noviembre de 2022

 



                                              Saludo Final de los intérpretes de "Turbae ad Passionen Gregorianam"

                                               Op. 43 de Alberto Ginastera ante la ovación del Público presente en

                                               el Auditorio Nacional.


 Concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional, solistas, el Coro Polifónico Nacional, Coro de niños, coro mixto en el CCK

 

.Orquesta Sinfónica Nacional de Argentina

.Directora: Natalia Salinas

.Solistsa: Ricardo González Dorrego, tenor; Alejandro Spies, barítono; Walter Schwarz, bajo

.Coro Polifónico Nacional

.Antonio Domeneghini, director del coro

.María Isabel Sanz, directora del coro de niños

.Sala Principal, Centro Cultural Kirchner, 18 de noviembre, hora 20.

 

             

El oratorio Turbae as passionem gregorianam 0p 43 para 3 cantantes gregorianos, coro de niños, coro mixto y orquesta, de Alberto Ginastera fue la obra abordada en el último concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional.

Fue escrita por encargo del Mendelssohn, de Filadelfia, en 1974. Tanto el comentario de Daniel Varacalli Costas, como la reseña de la obra en el programa del Teatro Colón del 19 de abril de 1980, analizan de una manera exhaustiva tanto la obra como las circunstancias de su gestación y su lenguaje, por demás complejo. Por tal razón, no voy a detenerme en la descripción de las partes que componen el referido oratorio; simplemente es dable señalar que la idea central, más allá de las distintas fuentes litúrgicas, es la idea de las “multitudes enardecidas” y el modo en que ello es expresado musicalmente de muy distintas maneras, con requerimientos técnicos también muy distintos.

El coro aborda ya un canto lírico, ya se subdivide secciones camarísticas, con pasajes extensos en registros extremos –por ejemplo los bajos- y un trabajo en tesituras disonantes, intensas, por momentos agudas y el prolongado pasaje de las onomatopeyas, que instala un clima de angustia, impotencia y confusión.

Los pasajes de las turbas –señala Pola Suarez Urtubey- causaron siempre una impresión de temor al compositor y utiliza fragmentos de los cuatro evangelios referidos a las turbas. Ello confiere a la obra una sensación de universalidad: si algo se hace evidente es este comportamiento  tan extremo como errátil de la turba, expresión que ya de por sí denota a un conjunto enardecido.

Los coros, que incluyen solistas dentro de la masa vocal están, de un modo u otro, siempre fuertemente exigidos, ya sea por los registros, la duración o el énfasis.

La concepción del sonido orquestal es, al mismo tiempo, tradicional y vanguardista –remite a la monodia del canto gregoriano tanto como a timbres disonantes- con un paisaje rítmico intrincado y cambiante. Los sonidos son tajantes, pero, al mismo tiempo, por ejemplo en las baterías de la percusión, muy delicadamente elaborados, en la sucesión de distintos elementos, sucesión que debe producirse de una manera extremadamente precisa. De una renuncia total a todo aspecto melódico, queda a los timbres puros, a los esquemas rítmicos y a la combinación de masas sonoras tan intensas como suaves por momentos, todo el peso de esta concepción musical: el resultado no es una música de reposo y consuelo, sino de permanente angustia. Por momentos de una sencillez tan intensa como expresiva en un lugar como el pedal de bajos y cellos en el momento de la crucifixión, en otros los sonidos parecen no identificables en cuanto a los instrumentos que los producen connotan algo indescifrable, producto de varias fuentes sonoras.

En tal sentido, tanto la labor de la orquesta como la de los coros –ello habla de los méritos como directores de María Isablel Sanz y Antonio Domeneghini- y los solistas fue de una total excelencia en su desempeño. La intervención más extensa fue la de Ricardo González Dorrego como el narrador; impecables también en sus intervenciones, Alejando Spies (Jesús) y Walter  Schwarz (Sinagoga). 

La textura es tan intrincada y cambiante que requiere una marcación muy justa en todo momento, así como de un trabajo previo también muy preciso, ya que no parece posible marcar todo durante todo el tiempo. En tal sentido, la labor de la maestra Natalia Salinas fue excelente.

La paradoja que se presenta es la siguiente: la de una obra de contenido religioso que genera angustia, desconcierto y un eterno interrogante nunca resuelto. Una música que no es consuelo, no reconforta sino que impacta. Finalmente la fe parece ser una interrogación. En el curso de esa interrogación se nos orece una obra musical que, más allá de su contenido, vale por sí misma y se impone por elementos puramente musicales.    

 

 

  

 

 

 Eduardo Balestena

Concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional, solistas, el Coro Polifónico Nacional, Coro de niños, coro mixto en el CCK

 

.Orquesta Sinfónica Nacional de Argentina

.Directora: Natalia Salinas

.Solistsa: Ricardo González Dorrego, tenor; Alejandro Spies, barítono; Walter Swarz, bajo

.Coro Polifónico Nacional

.Antonio Domeneghini, director del coro

.María Isabel Sanz, directora del coro de niños

.Sala Principal, Centro Cultural Kirchner, 18 de noviembre, hora 20.

 

             

El oratorio Turbae as passionem gregorianam 0p 43 para 3 cantantes gregorianos, coro de niños, coro mixto y orquesta, de Alberto Ginastera fue la obra abordada en el último concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional.

Fue escrita por encargo del Mendelssohn, de Filadelfia, en 1974. Tanto el comentario de Daniel Varacalli Costas, como la reseña de la obra en el programa del Teatro Colón del 19 de abril de 1980, analizan de una manera exhaustiva tanto la obra como las circunstancias de su gestación y su lenguaje, por demás complejo. Por tal razón, no voy a detenerme en la descripción de las partes que componen el referido oratorio; simplemente es dable señalar que la idea central, más allá de las distintas fuentes litúrgicas, es la idea de las “multitudes enardecidas” y el modo en que ello es expresado musicalmente de muy distintas maneras, con requerimientos técnicos también muy distintos.

El coro aborda ya un canto lírico, ya se subdivide secciones camarísticas, con pasajes extensos en registros extremos –por ejemplo los bajos- y un trabajo en tesituras disonantes, intensas, por momentos agudas y el prolongado pasaje de las onomatopeyas, que instala un clima de angustia, impotencia y confusión.

Los pasajes de las turbas –señala Pola Suarez Urtubey- causaron siempre una impresión de temor al compositor y utiliza fragmentos de los cuatro evangelios referidos a las turbas. Ello confiere a la obra una sensación de universalidad: si algo se hace evidente es este comportamiento  tan extremo como errátil de la turba, expresión que ya de por sí denota a un conjunto enardecido.

Los coros, que incluyen solistas dentro de la masa vocal están, de un modo u otro, siempre fuertemente exigidos, ya sea por los registros, la duración o el énfasis.

La concepción del sonido orquestal es, al mismo tiempo, tradicional y vanguardista –remite a la monodia del canto gregoriano tanto como a timbres disonantes- con un paisaje rítmico intrincado y cambiante. Los sonidos son tajantes, pero, al mismo tiempo, por ejemplo en las baterías de la percusión, muy delicadamente elaborados, en la sucesión de distintos elementos, sucesión que debe producirse de una manera extremadamente precisa. De una renuncia total a todo aspecto melódico, queda a los timbres puros, a los esquemas rítmicos y a la combinación de masas sonoras tan intensas como suaves por momentos, todo el peso de esta concepción musical: el resultado no es una música de reposo y consuelo, sino de permanente angustia. Por momentos de una sencillez tan intensa como expresiva en un lugar como el pedal de bajos y cellos en el momento de la crucifixión, en otros los sonidos parecen no identificables en cuanto a los instrumentos que los producen connotan algo indescifrable, producto de varias fuentes sonoras.

En tal sentido, tanto la labor de la orquesta como la de los coros –ello habla de los méritos como directores de María Isablel Sanz y Antonio Domeneghini- y los solistas fue de una total excelencia en su desempeño. La intervención más extensa fue la de Ricardo González Dorrego como el narrador; impecables también en sus intervenciones, Alejando Spies (Jesús) y Walter  Schwarz (Sinagoga). 

La textura es tan intrincada y cambiante que requiere una marcación muy justa en todo momento, así como de un trabajo previo también muy preciso, ya que no parece posible marcar todo durante todo el tiempo. En tal sentido, la labor de la maestra Natalia Salinas fue excelente.

La paradoja que se presenta es la siguiente: la de una obra de contenido religioso que genera angustia, desconcierto y un eterno interrogante nunca resuelto. Una música que no es consuelo, no reconforta sino que impacta. Finalmente la fe parece ser una interrogación. En el curso de esa interrogación se nos orece una obra musical que, más allá de su contenido, vale por sí misma y se impone por elementos puramente musicales.    

 

 

  

 

 

 Eduardo Balestena

 

Concierto de la Orquesta Sinfónica Municipal con el Coral Carmina

 

.Orquesta Sinfónica Municipal de Mar del Plata

.Director: Guillermo Becerra

.Coral Carmina

.Director: Horacio Lanci

.Solistas: Georgina Espósito, soprano; Fernando Rocca, tenor; Facundo Domínguez Marzano, barítono.

.Iglesia Stella Maris, 20 de noviembre, hora 20.

 

La Orquesta Sinfónica Municipal –o más propiamente, lo que queda de ella- se presentó, luego de una prolongada ausencia del escenario debido a las extremadamente graves carencias en la conformación de su orgánico- junto con el Coral Carmina y solistas.

            Las Dos canciones  opus 15, de Edward Elgar abrieron el programa, que prosiguió con la Misa nro. 2 en sol mayor, D. 167 obra temprana de Franz Schubert siguió en el orden del programa. Se trata de una breve obra, para orquesta de cuerdas,  de gran musicalidad, ya desde su propio comienzo –Kyrie-; en el Gloria que le sigue, la expresividad reside en un  rápidos y precisos pasajes en el coro y toda la cuerda.

            Georgina Espósito brindó su timbre claro, dulce y refinado en sus intervenciones –Kyrie, Benedictus, agnus dei- por citar un ejemplo. Lo mismo el tenor Fernando Rocca, de un timbre cristalino, a la vez potente y delicado, así como el barítono Facundo Domínguez Marzano.

            El coro destacó en su homogeneidad en todas las dinámicas de una obra con momentos de frases extensas y una demanda de continuidad en el fraseo. Horacio Lanci no sólo es un gran director sino también un estudioso de la música.

            La Sinfonía nro. 2 , opus 36, en re mayos de Beethoven cerró el programa. Obra temprana sus innovaciones, sin embargo, son muy marcadas. Su primer movimiento (Adagio molto – allegro con brío, en re mayor), escrito en forma sonata. Su rica introducción –de una profusa elaboración en las voces instrumentales- condensa varios elementos melódicos y llega, sin transición, a un dramático segundo sujeto, para volver al material de la introducción y concluir con el clímax de la coda.

            El segundo movimiento (Larghetto, en la mayor) en forma sonata está desarrollado con dos temas amables y ricos melódicamente, enriquecida la grácil melodía de la cuerda por las maderas, en una muy cuidada elaboración.

            El tercer movimiento (Scherzo – allegro, en re mayor) es breve y enérgico, con ricas gradaciones en las maderas que  acompañan a los exigentes pasajes de la cuerda.

            La obra concluye (Allegro – molto, en re mayor) con un rondó en el cual el material temático se desarrolla rápidamente en el esquema ABA´CA´´BA – Coda en un progresivo enriquecimiento del material que concluye en una coda que se inicia con un sentido de interrogación y concluye enfáticamente con el tema inicial.

            Guillermo Becerra es un profundo conocedor del repertorio Beethoveniano y la orquesta –con refuerzos de su orgánico- obtuvo una interpretación acorde a la obra.

              Es destacable el permanente esfuerzo del Coral Carmina, ya sea en su nivel coral como en su permanente trabajo y la entrega que ello significa. Tuvo una actuación acorde a su nivel.

            En cuanto a la Orquesta Sinfónica Municipal, debe destacarse la actitud de trabajar con el repertorio –de por sí reducido que puede afrontar con su más que menguada conformación. La calidad de la presentación que llevó a cabo prueba que lo referido repertorio no significan exigencias musicales menores que otros.

            Sin embargo, los problemas que atraviesa –desde larga data- el organismo, están muy lejos de una solución.



  Eduardo Balestena

domingo, 20 de noviembre de 2022

 

 

QUE NO DEBA PASAR PRACTICAMENTE OTRO MEDIO SIGLO SUMERGIDA EN EL SILENCIO

 

Centro Cultural Kirchner, temporada 2022: Concierto a cargo de la Orquesta Sinfónica Nacional, Directora: Natalia Salinas. Solistas: Ricardo González Dorrego (Tenor: Evangelísta), Alejandro Spies (Barítono: Jesús), Walter Schwarz (Bajo: Sinagoga), Coro Polifónico Nacional, Director: Antonio Domeneghini, Coro Nacional de Niños, Directora: María Isabel Sanz. Programa: Alberto Ginastera: “Turbae  Ad Passionem Gregorianam”, Op. 43. Auditorio Nacional: 18 de Noviembre de 2022.

 

 

NUESTRA OPINION: EXCELENTE

 

  Ante un encargo de la Sociedad Mendelsohn de Filadelfia para celebrar el centenario de su fundación en 1975, Alberto Ginastera decidió enfrentar el reto de construir una obra basada en la pasión, muerte y resurrección de Ntro. Señor Jesucristo en la que actuaran como hilo conductor las expresiones vertidas por la turba, tomando como tal a la gente común, ya sea por simpatizar o no con la predica de Jesús. El relato de la historia y sus aristas centrales estaría a cargo de tres voces en pleno estilo gregoriano dispuestas tal como las conocemos en la narración de la Pasión cada Semana Santa de acuerdo al rito católico, esto es: Un evangelista (reservado a la voz de tenor), Jesús (mientras en el rito lo encarna el sacerdote, aquí está reservado  el rol a la voz de un barítono) y Sinagoga (diferentes roles reservados a un bajo). Seleccionando partes de las pasiones escritas por los cuatro narradores de las mismas (Santos Mateo, Marcos, Lucas y Juan), cantada en latín de acuerdo a los ritos pre- Concilio Vaticano II y, de acuerdo a lo que me manifestara un íntimo allegado suyo, utilizando algunos materiales compuestos a posterioridad del estreno de la Opera “Beatrix Cenci”, que integrarían su fallida cuarta ópera: “Barrabás”,  Ginastera acometió su labor tomando como punto de partida las “Turbas”  de Tomás Luís de Victoria, las que escuchara en un concierto conducido por Ntro. Compositor y Director Juan José Castro (quién fuera un entusiasta difusor de la obra de Ginastera en sus comienzos).

 

  “Turbae” se divide en cuatro partes a saber: 1º) La entrada triunfal de Jesús en Jerusalén (Rito del Domingo de Ramos que inicia la Semana Santa). 2º) Pasión de Ntro. Señor Jesucristo (desde su entrega hasta la condena a muerte), 3º) Golgotha (Crucifixión y Muerte de Jesús), 4º) Resurrección de Jesús (Domingo Pascual y cierre de la Semana Santa). Mientras ya he identificado a las voces solistas, la “Turba” está confiada a un gran coro y momentos reservados también a Coro de Niños. La Orquesta debe contar con un gran dispositivo de fuerzas entre las cuales se resalta una gran batería de percusión y gran cantidad de instrumentos de bronce, hay también Piano y el Organo marca con su intervención los inicios de cada pasaje.  La música reservada a la “Turba” es muy poderosa. Estamos aquí hablando de un Ginastera que se encaminaba a su última etapa creativa. Comenzaba a salir de un lenguaje dodecafónico e iniciaba la exploración de un lenguaje de corte más americanista, al que lo encontramos dentro de los instrumentos de percusión y que se expresaría de  modo mas nítido algunos años después con su Concierto para Violonchelo y Orquesta Nº 2, dedicado a su pareja, Aurora Nátola. La resultante nos da entonces una obra caracterizada por una fuerte carga, a veces dramática como en los dos números centrales y a veces jubilosa y conmovedora, tanto para la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén como más fuertemente en la resurrección y el himno final de alabanza que termina imponiéndose y le da un final magistral al trabajo. Finalmente me cabe consignar que las partes gregorianas se caracterizan por la absoluta transparencia de la música y el canto y que en la muerte de Jesús, Ginastera confió en un apoyo de contrabajo solo para acompañar a la voz logrando el efecto desolador solo comparable en este mismo pasaje con “La Pasión según San Mateo” de Bach. “Turbae” tuvo su estreno Sudamericano en el Teatro Colón en 1975, bajo la dirección de Robert Page, Titular del Coro de la Asociación Mendelsohn de Filadelfia y dedicatario, al igual que la agrupación por El dirigida de esta obra.

 

  La versión que ofrecieron los principales Organismos Estables de Música del Ministerio de Cultura de la Nación, solo se la puede catalogar de excelente. Contando, como ocurrió, con el debido tiempo de preparación, se fue construyendo este trabajo que hizo honor a la memoria de Ntro, máximo creador, quién sigue siendo, Ntra. principal carta de presentación en el mundo entero. Un estupendo Coro Nacional de Niños, muy bien preparado por su titular, María Isabel Sanz, quien  logró uno de los mayores éxitos de su gestión. Otra formidable intervención del Coro Polifónico Nacional  bajo la Dirección de Antonio Domeneghini, cada vez más sólido y bien presentado el que incluyó voces solistas desde el propio Coro, muy certeras en cada intervención. Tres solistas en estilo gregoriano todos impecables: Ricardo González Dorrego,  quién se exhibe dominador de este tipo de repertorio. Un magnífico Jesús de Alejandro Spies.  Lo expresó con solvencia y convicción,  y muy justas intervenciones de Walter Schwarz como sinagoga. La Sinfónica Nacional ha demostrado otra vez superación en cada concierto, muy ajustada, sólida y atenta ante cada requerimiento de la Directora.

 

  Y aquí llegamos a la parte principal.  Natalia Salinas realizó una labor descollante, superadora incluso de su triunfal presentación en aquella recordada apertura del Ciclo de Conciertos de Música Contemporánea del Complejo Teatral de Buenos Aires del 2019. Trabajó hasta el mínimo detalle, logró justeza en las intervenciones, guió con absoluta precisión y descolló en el imponente final. Estamos en presencia de una de las conductoras más importantes que Ntro, País ha dado en los últimos tiempos, ha hecho honor a cada desafío y demostró que está llamada a grandes cosas.

 

Donato Decina