domingo, 8 de diciembre de 2024

 Presentación de “ENTRE REDES” del Conservatorio Piazzolla en el Sarmiento


UN EXPERIMENTO MUSICAL QUE SUENA BASTANTE BIEN

Martha CORA ELISEHT


“Vivimos hoy en día entre redes. No solamente me refiero con este término a las

redes sociales disponibles en los sitios web que todos manejamos, sino también a las

redes de la calle y las redes humanas; es decir, aquellas que representan a las

personas”.

Estas palabras fueron parte del discurso que el compositor Fernando Abinarrate

mencionó antes de la presentación en calidad de estreno de “ENTRE REDES” el pasado

jueves 5 del corriente en la Sala Sinfónica del actual Palacio Libertad Domingo

Faustino Sarmiento (ex CCK), donde participaron alumnos y profesores de varias

cátedras del Conservatorio de Música “Astor Piazzolla” del gobierno de la Ciudad de

Buenos Aires, con un total de más de 100 artistas sobre el escenario del Auditorio

Nacional. Ente otros, se presentaron el Ensamble de Percusión de dicha entidad, bajo la

dirección de Marina Calzado Linage; estudiantes de la Carrera de Producción Musical,

bajo la coordinación de Ezequiel Kosiner Blanco y Juan Domingo Infante Camaño; el

Coro del Piazzolla, dirigido por Miguel Ángel Pesce y la participación de los siguientes

artistas: Pablo Mainetti (bandoneón); Andrea Croce (guitarra eléctrica); Gonzalo

Lizama (piano), Anahí Scharovsky (soprano); Luis Gianneo (entrenamiento actoral) y

Agustín Daulte (narrador).

Durante la presentación, el compositor y creador agradeció a la directora del

centro cultural -Valeria Ambrosio- y a la del Conservatorio Piazzolla -Marina Calzado

Linage- por la cooperación y la organización de este proyecto. Se trata de un poema

musical -no sinfónico, ya que no está escrito para orquesta sinfónica- basado en 4

motivos conductores principales, que se entrelazan durante toda la obra. El primer

motivo es de carácter romántico y es muy similar al del Himno a la Alegría de

Beethoven; el segundo, de tinte más lento y dramático; el tercero, clásico, que alude a

los cornos en una melodía de cacería y el último, de línea melódica romántica. La

ilustración musical a cargo del propio compositor al piano fue muy eficiente para que el

público pudiera comprender mejor la obra.

Este poema se inicia con un solo de bandoneón, seguido por vocalización de la

soprano hasta la entrada del coro, siguiendo los motivos explicados anteriormente. La

línea melódica es simple, audible, que incorpora elementos de electroacústica hasta el

glissandi a cargo de la marimba, el xilofón y vibrafón -impecable tarea de Marina

Calzado Linage al respecto- con el coro in crescendo hasta culminar en un tutti con la

entrada del piano. Los efectos callejeros -introducidos por intervención del narrador,

que presenta las diferentes partes en las que se divide la obra- se logran mediante golpes

en instrumentos de percusión no convencionales (escaleras, tubos, caños, tachos de

metal) acompañados por un solo de guitarra eléctrica – demasiado estridente y

amplificada para gusto personal de quien escribe, al igual que el empleo de idiófonos no


convencionales en exceso-. Seguidamente, la entrada del piano alterna la línea melódica

y el motivo clásico con elementos de jazz (síncopa) y swing mediante idiófonos

pequeños (cucharas, cajas) que recrean la escena en un bar, seguidos por una melodía en

ritmo de tango -muy buen labor de Abinarrate en piano y Pablo Mainetti en bandoneón,

respectivamente-, acompañados por golpes de timbal (equivalentes al contrapunto que

realiza normalmente el contrabajo). Mediante una sucesión de contrapuntos entre los

instrumentos de percusión, el piano y la intervención de la soprano, la obra prosigue con

aparición del coro en una melodía religiosa acompañada por una mímica a cargo de

estudiantes de producción escénica, que desemboca en un poderoso solo de batería, al

cual se le acopla la guitarra eléctrica en ritmo de rock. A partir de allí, los estudiantes

se dispersan saliendo del escenario; todo es algarabía e invitan a aplaudir al público en

una especie de escena digna de la recordada serie FAMA, pero a la criolla. Le sigue un

solo de instrumentos de percusión no convencionales, dando una sensación de caos -

sonó demasiado fuerte y excesivo- hasta que, finalmente, la intervención de la soprano

da una sensación de alivio y consuelo acompañada por el piano -muy buena labor de

Anahí Scharovsky y Gonzalo Lizama al respecto-, ya que sólo vocaliza de manera suave

y romántica. Poco a poco, se van acoplando el coro y el resto de los intérpretes para

desembocar en un tutti que entrelaza todos los motivos mencionados al inicio.

Es muy valioso y meritorio que diferentes cátedras de un conservatorio realicen

obras y proyectos en común y se presenten en calidad de estreno con un género no

convencional, pero cuando se extiende demasiado (una hora de duración), puede llegar a

ser algo tedioso y un tanto iterativo. Sonó bastante bien, pero se podría mejorar bajando

un poco el grado de estridencia para que no resulte irritante a oídos del espectador. De

esta manera, todos pueden participar y lucirse junto a intérpretes de consabida actuación

y jerarquía que, al mismo tiempo, se desempeñan como profesores del conservatorio.

 Estupendo recital del italiano Giulio Biddau en el Festival CHOPINIANA


MARCA SU NIVEL POR MÉRITO PROPIO


Martha CORA ELISEHT


Nacido en Cagliari (Cerdeña) en 1985, Giulio Biddau no sólo es un gran

pianista, sino también un asiduo visitante a la Argentina. Ha ofrecido numerosos

recitales -tanto como solista como en colaboración con otros músicos de prestigio- y, al

igual que en su última visita al país en 2022, se presentó nuevamente en la sala del

Palacio Paz para participar en la actual edición del Festival CHOPINIANA 2024, hecho

que tuvo lugar el pasado miércoles 4 del corriente en dicho espacio para brindar el

siguiente programa:

- Sonata en Si menor, K.173

- Sonata en Re mayor, K.96- Domenico SCARLATTI (1685-1757)

- Sonata n°3 en Sol menor, Op.50- Muzio CLEMENTI (1752-1832)

- Ballade, Op.19- Gabriel FAURÉ (1845-1924)

- Sonata n°3, Op.58- Frederic CHOPIN (1810-1849)

Según el catálogo del clavecinista y musicólogo Ralph Kirkpatrick, Doménico

Scarlatti compuso alrededor de 555 sonatas para teclado durante sus años de servicio a

las monarquías portuguesa y española. Todas poseen una estructura binaria compuesta

por dos partes: la primera, a modo de exposición y la segunda, donde se repiten los

elementos rítmicos y melódicos que figuran en la primera. Cada parte se repite y acaba

con cadencias similares: la primera, en dominante y la segunda, en tónica. La genialidad

de Scarlatti radica en las modulaciones, que permiten explorar todo el teclado y los

matices del instrumento. Algunas presentan pasajes de suma dificultad técnica (saltos de

octava, arpegios complicados, entrecruzamiento de manos o escalas rapidísimas), que,

en este caso, fueron resueltas magistralmente por Biddau. El italiano grabó la edición

crítica de las sonatas para piano de Scarlatti en 2022 y demostró que es un experto en el

tema desde los primeros compases de la K.173 en Si menor (Allegro), logrando una

interpretación sumamente precisa, segura y convincente. Lo mismo sucedió con su

homónima en Re mayor, K.96 (Allegrissimo), que sonó como una auténtica filigrana

barroca de alto nivel. En efecto, las principales características de las interpretaciones de

Giulio Biddau son la delicadeza al percutir sobre el teclado, la sutileza y el refinamiento

sonoro. Estas características se mantuvieron constantes durante todo el recital, que

siguió con una estupenda versión de la Sonata n°3 en Sol menor, Op.50 de Muzio

Clementi (“Didone abbandonata”), publicada en 1821 y que consta de 3 movimientos:

Largo patetico e sostenuto e Allegro ma con espressione/ Adagio dolente/ Allegro

agitato e con disperazione. La interpretación descolló por la precisión y el refinamiento,

motivo por lo cual el pianista se retiró sumamente aplaudido.

Seguidamente, le tocó el turno al repertorio francés mediante una bellísima

interpretación de la consabida Ballade en Fa sostenido mayor, Op.19, compuesta en

1877 y dedicada a Camille Saint- Saëns. Fauré la concibió originalmente como una


compilación de piezas individuales, pero posteriormente, las unió en una única obra

llevando el tema principal de cada sección como tema secundario. Es una obra que

cabalga entre el romanticismo tardío y el impresionismo y se inicia con un andante

cantabile en la tonalidad inicial, seguida por un lento, andante y finaliza con un allegro

donde regresa el segundo tema a modo de conclusión. Es otra de las especialidades del

italiano, donde volvió a hacer gala de su delicadeza y exquisitez interpretativas.

No podía faltar la música de Chopin en el festival que lleva su nombre, motivo por

el cual Giulio Biddau decidió homenajear al poeta del piano con la Sonata n°3 en Si

menor, Op.58, publicada en 1844 en Londres, París y Leipzig en simultáneo y dedicada

a la condesa Elise de Perthuis. Posee 4 movimientos: Allegro maestoso/ Scherzo: molto

vivace/ Largo/ Finale: Presto non tanto, que fueron ejecutados de manera impecable,

con muy buena marcación y profundidad sonora desde los primeros compases del

allegro maestoso inicial, con especial marcación de tempi en la segunda parte de dicho

movimiento (sostenuto e molto espressivo), mientras que prevaleció un hondo

dramatismo en el scherzo: molto vivace. El 2° y 3° movimientos se ejecutaron sin

interrupción y el largo sonó muy marcial y, a su vez, romántico para desembocar en el

imponente movimiento final (Presto non tanto), que irrumpe con 8 compases de

extrema densidad que preceden al tema principal, apasionado y fogoso. Este

movimiento de gran riqueza rítmica y melódica permitió que Biddau volviera a lucirse

como el intérprete eximio que es haciendo gala de su pulsación y digitación, retirándose

ovacionado después de su interpretación. El pianista volvió a sentarse frente al teclado

para ofrecer un bis: una brillante versión del Estudio Op.10 n°12 (“Revolucionario”),

compuesto en ocasión del Levantamiento de los Cadetes contra las tropas rusas en

Polonia en 1831. Debido a su frágil salud y la imposibilidad de volver a su país natal,

Chopin descargó sus sentimientos hacia la revolución en forma de piezas musicales.

Nada mejor para concluir el recital y retribuir a un público que se puso de pie para

aplaudirlo tras tan brillante interpretación. Es un auténtico placer escuchar a artistas de

alta jerarquía que, además, marcan su nivel por sus propios méritos.

 









“Un Ballo in Maschera”, en el Colón

 


Muy buen cierre de temporada 


Teatro Colón

Martes 3 de diciembre de 2024


 


Escribe: Graciela Morgenstern

Foto: Lucía Rivero


“Un ballo in maschera, de Giuseppe Verdi

Libreto: Antonio Somma

Elenco: Ramón Vargas, Alessandra Di Giorgio, Germán Alcántara, Guadalupe Barrientos,

Oriana Favaro, Fernando Radó, Lucas Debevec Mayer, Crisitan de Marco, Juan González

Cueto, Diego Bento.

Coro Estable del Teatro Colón. Director: Miguel Martínez

Orquesta Estable del Teatro Colón.

Dirección de escena: Rita Cosentino

Escenografía: Enrique Bordolini

Iluminación: José Luis Fiorruccio

Vestuario: Stella Maris Müller

Dirección musical: Beatrice Venezi.

Como cierre de la Temporada Lírica Oficial 2024, subió a escena “Un ballo in maschera”, dando

brillo a una temporada signada por la repetición de títulos y puestas en escena ridículas o

inconsistentes en las que se dilapida el dinero que podría ir a contratación de mejores

intérpretes. Pero no fue el caso en esta oportunidad. La obra de Giuseppe Verdi basada

en  "Gustave III ou le bal masqué”, de Eugène Scribe, estrenada en 1859, tras una conocida

historia de censuras, fue un buen broche final.

Dentro del cuadro de solistas, esta versión tuvo como pilares fundamentales, el excelente

desempeño de Guadalupe Barrientos, el retorno de Ramón Vargas y la muy buena dirección

orquestal de Beatrice Venezi

El rol de Riccardo ´presenta muchas dificultades para la cuerda de tenor, tal como lo han

confesado la mayoría de los grandes divos que lo han tenido a su cargo. En esta oportunidad,

Ramón Vargas, aunque con caudal algo disminuido debido al paso del tiempo, lució bello

timbre e impecable línea. Presentó un retrato conmovedor de su personaje, luciéndose en

arias, dúos y escenas de conjunto, especialmente en la del tercer acto “Ma se m’è forza


perderti”, muy difícil debido a la incómoda tesitura que debe abordar, que lo lleva al pasaje

agudo en gran parte de la romanza. Sin embargo, Vargas salió airoso y fue ovacionado.

Pero la mejor actuación de la noche vino de la monumental Ulrica de Guadalupe Barrientos, por

su voz suntuosa, registro parejo en toda su extensión, graves poderosos de los que no se

escuchan a menudo actualmente y su muy buena actuación. Al final de su acto, recibió una

muy merecida cerrada ovación, la más entusiasta de la velada.

Alessandra Di Giorgio cumplió con el rol de Amelia, con musicalidad. Aunque su voz no es

de bello color, sonó segura tanto en el registro agudo como en el grave, y aprovechó las

varias oportunidades que la pieza le ofrece para incluir bellísimas frases piano. Sus arias “Ma

dall’ arido stelo divulsa” y “Morró, ma prima in grazia”, fueron cantadas con entrega y buen

fraseo.

En tanto, Germán Alcántara lució un material interesante, con sonidos robustos, firmes y bien

centrados. Su canto no tiene demasiado refinamiento pero realizó una muy buena actuación,

temperamental, especialmente en su aria “Eri tu”.

 Oriana Favaro presentó un Oscar chispeante y vivaz, vocalmente correcto.

Por otra parte, sobresalieron Lucas Debevec Mayer y Fernando Radó, en una simbiosis vocal y

actoral, encarnando a Tom y Samuel, respectivamente. El resto del elenco también cumplió

una buena labor.

De gran lucimiento fue la intervención del Coro Estable, que tiene un papel muy importante en

esta obra. Bajo la dirección de Miguel Martínez, hicieron honor a la preponderancia que Verdi

les otorga en esta obra y dieron realce a las escenas en las que participaron.

Rita Cosentino, a cargo de la producción escénica, tal como ella lo dice en el programa de

mano, trasladó la escena a los Estados Unidos, a comienzos del siglo XX y puso el acento en

la trama conspirativa. También da participación escénica al hijo de Amelia y Renato. Si bien

esto se traduce en algunas incongruencias, el hilo conductor de la trama básicamente se

sostiene. En la faz negativa, las peores partes son las coreografías (mucamos bailando cuando

no deberían y el mismo baile de máscaras del último acto) y la ambigüedad del rol de Ulrica,

presentada como médium y hechicera, dos funciones que no conviven bien. Por otra parte, hizo

buen uso del escenario giratorio y una buena marcación de solistas y masas.

Tanto la escenografía de Enrique Bordolini, como el diseño de iluminación de José Luis

Fiorruccio y el vestuario de Stella Maris Müller plasmaron el contexto de la puesta en escena de

manera eficaz.

De la misma manera, fue muy acertada en general, la conducción de Beatrice Venezi, al frente

de la Orquesta Estable, aunque por momentos, la orquesta se podía oir por encima de las

voces de los solistas, la condujo con buenos matices y expresividad.


Al finalizar la función, aplausos para los intérpretes y un casi unánime comentario que con un

muy buen elenco y una puesta en escena razonable, fue este un muy cierre para la Temporada

Lírica 2024.

CALIFICACION: MUY BUENA

martes, 3 de diciembre de 2024

 en el Palacio Paz


OCHO ESTACIONES QUE SIEMPRE SE DISFRUTAN

Martha CORA ELISEHT


El celebérrimo grupo de cuatro concerti grossi para violín y orquesta de cámara

denominado Las Cuatro Estaciones de Antonio Vivaldi (1678-1741) es la obra más

conocida del mencionado compositor italiano -más conocido como Il prete rosso- y data

de 1721. Cada uno de los conciertos alude a una estación (primavera, verano, otoño e

invierno) y representan uno de los ejemplos más tempranos de música programática o

descriptiva, ya que evocan sucesos naturales que ocurren en cada una (el canto de los

pájaros en primavera; una tormenta de verano luego de una ola de intenso calor; la

alegría de los campesinos en la vendimia otoñal y caída de nieve en el invierno). Cada

concierto se compone de tres movimientos: rápido- lento- rápido, que puede ser Allegro

o Presto o, en el caso del movimiento central, Adagio o largo. Vivaldi publicó sus

conciertos con una serie de poemas de acompañamiento – presumiblemente, de su

autoría- narrando lo que sucedía en cada una de ellas durante todo el año.

Muchos años después, el argentino Astor Piazzolla (1921-1992) compuso entre

1965 y 1970 cuatro piezas en ritmo de tango denominadas Estaciones Porteñas para ser

interpretadas en forma individual. Originalmente escritas para quinteto de violín, piano,

guitarra eléctrica, contrabajo y bandoneón, con el correr del tiempo se transformaron en

una suite y se la denominó Las Cuatro Estaciones Porteñas. La primera -Verano

Porteño- se compuso originalmente como música incidental para la obra Melenita de

Oro de Alberto Rodríguez Muñoz en 1965 y le siguió Otoño Porteño (1969). Primavera

Porteña e Invierno Porteño se completaron al año siguiente y narran la impresión

causada en un habitante de Buenos Aires por cada una de las estaciones en vez de

referirse al sentido meteorológico del término, como sucede en su homónima de

Vivaldi. Posteriormente, el músico ruso Leonid Desyatnikov realizó un nuevo arreglo de

la obra de Piazzolla entre 1996 y 1998 y las dividió en cuatro piezas de tres secciones

cada una, reordenando ciertas secciones para violín y orquesta de cuerdas. De esta

manera, contribuyó a trazar un paralelismo entre los dos compositores.

Quien escribe tuvo oportunidad de escuchar numerosas versiones de ambas

obras -sea por separado o dentro de un mismo concierto- y por destacados intérpretes.

El pasado domingo 1° del corriente se ofreció dentro del ciclo Gala Lírica Show en el

Palacio Paz un concierto formado por estas dos obras a cargo del Ensamble Argentum,

integrado por Sebastián Masci, Myriam Gandarillas y Juan José Raczkowski (violines),

Fernando Hermann (viola), Alejandro Becerra (violoncello), Marisa Hurtado

(contrabajo) y María Eugenia Marchionni (piano y clave). La presentación estuvo a

cargo de la directora del ciclo – María José Maito-, mientras que Sebastián Masci hizo

la presentación y los comentarios sobre las obras.

Ante un auditorio atiborrado de público, el conjunto inició el programa con una

soberbia versión de Las Cuatro Estaciones Porteñas en el siguiente orden: Verano


Porteño, Otoño Porteño, Invierno Porteño y Primavera Porteña, donde sus integrantes

se lucieron al ritmo del 2/4 en una versión vibrante, luminosa, donde Sebastián Masci se

destacó en su doble rol como director y solista de la agrupación por un perfecto dominio

de su instrumento, logrando unos matices sonoros de alto nivel mediante un impecable

fraseo. El resto de los instrumentistas se destacó en cada uno de sus respectivos solos,

mientras que María Eugenia Marchionni brindó el apoyo y la base melódica desde el

piano. Los efectos sonoros de chicharra en violines y strappata en contrabajo se

escucharon perfectamente y contribuyeron a crear esa atmósfera auténticamente

piazzoliana. Al término de la interpretación, Sebastián Masci anunció un bis para cerrar

la primera parte del concierto: una versión magistral de Adiós, Nonino, que fue

calurosamente aplaudida por el público.

La segunda parte del concierto estuvo integrada por Las Cuatro Estaciones, Op.8

de Vivaldi e interpretada en el siguiente orden:

- Concierto n°1 en Mi mayor, RV 269 (Primavera): Allegro/ Largo e pianissimo

sempre/ Allegro pastorale

- Concierto n°2 en Sol menor, RV 315 (Verano): Allegro non molto/ Adagio e

piano- Presto e forte/ Presto

- Concierto n°3 en Fa mayor, RV 293 (Otoño): Allegro/ Adagio molto/ Allegro

pastorale

- Concierto n°4 en Fa menor, RV 297 (Invierno): Allegro non molto/ Largo/

Allegro

En la presente versión, una vez más Sebastián Masci hizo gala de su maestría y del

dominio del instrumento solista en las cadencias, trinos, trémolo, cascada desde el

célebre Allegro inicial de La primavera pasando por el famosísimo Presto final de El

Verano, continuando con el Allegro inicial y el bellísimo Allegro pastorale de El Otoño

y el Allegro non molto inicial de El Invierno, mientras que el resto del conjunto supo

crear los contrapuntos y el acompañamiento necesarios para resaltar la labor del violín

solista en una versión de altísimo nivel. Si se tiene en cuenta que la última versión de

este clásico fue interpretada nada más ni nada menos que por Janine Janssen junto a la

Amsterdam Sinfonietta durante el transcurso del siguiente año, la versión ofrecida por el

Argentum estuvo a la altura merced a la pasión y la entrega puestas al servicio de la

música por parte de todos sus integrantes. Tras tan excelsa interpretación, el público

aplaudió y vitoreó a rabiar a los músicos, motivo por el cual, María Eugenia Marchionni

se colocó frente al piano mientras sus compañeros tomaron sus posiciones para ofrecer

un bis: una bellísima versión del Ave María de Schubert, que fue interpretada de manera

exquisita.

Lo bueno que tiene el ciclo de conciertos y recitales del Palacio Paz es que no sólo

cuenta con intérpretes de altísimo nivel en materia de música clásica y ópera, sino que

se ofrecen espectáculos durante todo el año con una entrada accesible. Por lo tanto,

representa una muy buena opción para todos aquellos que quieran iniciarse en el mundo

de la música clásica y un espacio más dentro de la amplia oferta cultural de la ciudad de

Buenos Aires en el marco de una antigua mansión de la aristocracia porteña. En este

caso, para seguir disfrutando de la magia de estas ocho estaciones.

domingo, 1 de diciembre de 2024

 


Boris Giltburg, Tito Ceccherini y la Filarmónica de Buenos Aires. Perfecta conjunción anoche en la sala del Colón. Créditos: Prensa Teatro Colón, Fotografía del Mtro. Arnaldo Colombaroli,


UN FINAL CON LA FILARMONICA QUE TODOS QUEREMOS

 

Teatro Colón, temporada 2024, Decimonoveno y último concierto de abono a cargo de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, Director: Tito Ceccherini. Solista: Boris Giltburg (Piano). Programa: Obras de Bela Bartok. 30 de Noviembre de 2024.

 

NUESTRA OPINION: EXCELENTE.

 

   En un concierto que quedará en el recuerdo para quienes asistimos a la sala del Teatro Colón, la Filarmónica de Buenos Aires, con la Dirección del Italiano Tito Ceccherini, bien conocido por el público del Teatro por sus presentaciones en los ciclos “Colón Contemporáneo” y por su concertación de “Le Grand Macabre” de György Ligeti en el Teatro Argentino de La Plata, descolló en un programa dedicado a Bela Bartok, figura fundamental de la música del siglo XX, el que además se vio enaltecido por la presencia del Pianista Ruso-Israelí Boris Giltburg,  igualmente conocido entre nosotros dadas sus reiteradas presentaciones en Ntro. medio.

 

  El comienzo le correspondió a una brillante versión de la Suite del Ballet “El Mandarín Maravilloso” del Op. 19, en donde el gran compositor Húngaro expone los temas más importantes  de la obra y en el que Ceccherini logró un magnífico empaste, precisión de ataques y una magnífica respuesta de todo el conjunto, el que expuso toda la enjundia de los pasajes más vibrantes. Una característica que sobresalió durante toda la noche fue la presencia en el escenario de los solistas que conformaron el “Quinteto Filarmónico” (Claudio Barile en Flauta, Néstor Garrote en Oboe,  Mariano Rey en Clarinete, Gabriel La Rocca en Oboe y Fernando Chiappero en Corno), a los que bien podríamos sumar a Fernando Ciancio en Trompeta, quienes aportaron bellísimo sonido en sus respectivas intervenciones.

 

  Ya con la presencia de Boris Giltburg, se pudo apreciar una magnífica versión del Concierto para Piano y Orquesta Nº 3 indicado en catálogo como Sz. 116. No pudo existir mejor conjunción, tanto por la impecable labor de Giltburg, portador de caudaloso sonido, técnica impecable y precisos ataques, como por el formidable acompañamiento que Ceccherini y los Filarmónicos le brindaron con total entendimiento. Hubo plenitud de sonido, un segundo movimiento con clima de melancolía, tal como la partitura lo expresa y un Giltburg brillante y un final pleno de tensión y energía.

 

  Tras la gigantesca ovación y los reiterados llamados del público, Giltburg ofreció un bis, aunque sin especificarlo, pero de una transparencia y delicadeza que conquistó una vez más a la concurrencia.

 

  Ya en la parte final, y a exactos ochenta años de su estreno mundial, La Filarmónica con una espectacular dirección de Ceccherini brindó una de las mejores versiones que este cronista ha escuchado del “Concierto para Orquesta” Sz. 119. Aquí a lo largo de sus cinco movimientos, toda la orquesta fue la protagonista siguiendo cada gesto o indicación del conductor Italiano. Instantes de supremo brillo otros de magnífica sonoridad, color, total empaste. Un magnífico homenaje a un gigante y un cierre perfecto del ciclo de abono.

 

  A mi entender, los últimos cuatro conciertos del ciclo mostraron a la Filarmónica a pleno, con un sonido de color europeo constante que no lograba hace muchísimo tiempo y una sostenida respuesta de la agrupación ante cada desafío. Ojalá pueda profundizarse este camino.

 

Donato Decina


 



Final de Cuadro de "Un Ballo in Maschera " de Verdi en el Teatro Colón. Créditos: Prensa Teatro Colón, fotografía del Mtro. Arnaldo Colombaroli


VERDI, VERDI, VERDI

 

Teatro Colón, temporada 2024 (cierre de temporada): “Un Ballo In Maschera”, Drama en tres actos con música de Giuseppe Verdi y libreto de Antonio Somma basado en el original de Eugene Scribe que fuera empleado por Daniel Auber “Gustave III ou Le Bal Masqué”. Intérpretes: Gastón Oliveira Weckesser (Riccardo), María Belén Rivarola (Amelia), María Luján Mirabelli (Ulrica), Constanza Díaz Falú (Oscar), Emiliano Bulacios (Samuel), Mario de Salvo (Tom), Sergio Wamba (Silvano), Juan González Cueto (Juez), Diego Bento (Sirviente). Escenografía: Enrique Bordolini, Vestuario: Stella Maris Müller, Iluminación: José Luís Fiorruccio. Coro Estable del Teatro Colón, Director: Miguel Martínez. Orquesta Estable del Teatro Colón. Dirección Musical: Beatrice Venezi. Dirección Escénica y Coreografía: Rita Cosentino. Función del 29 de Noviembre de 2024 (segundo elenco).

 

NUESTRA OPINION: BUENO

 

  Llegamos al final de una temporada enmarcada en una casi total austeridad, con algunas polémicas (fundamentalmente las correspondientes a presentaciones escénicas y otras [las menos] respecto al nivel de voces o de concertaciones), títulos mayoritariamente archiconocidos, convocantes y que garantizaron una recaudación que permitió cubrir los desfasajes de temporadas anteriores con compromisos asumidos en moneda extranjera  y que, aun con ciertas demoras, el Teatro Colón honró. Haciendo un balance de este año transcurrido, los creadores escénicos nacionales le pusieron el hombro al primer coliseo, los cantantes y músicos del medio local también lo hicieron. Se completó la colaboración que brindó el Instituto Italiano de Cultura con el (al menos controvertido) ciclo “Divina Italia” y, como arista saliente, se vio la puesta de “Carmen” de Calixto Bieito, de la que estimo ya se habló lo suficiente a favor y en contra. En este cierre se contó con el concurso en el protagónico del primer elenco del gran tenor mexicano Ramón Vargas, quién en este final le agregó un necesario brillo que puede ser el punto de partida para contar con intérpretes extranjeros de nombre en próximas temporadas.

 

  Se eligió para el cierre “Un Ballo In Maschera” de Giuseppe Verdi que regresó de este modo al escenario del Colón tras la controvertida puesta de la década anterior del colectivo “La Fura dels Baus”. Se confió a Rita Cosentino, bien conocida por todos por sus trabajos en la recordada “Buenos Aires Lírica” y en el Teatro Argentino de La Plata  quién hoy reside en España. La realizadora optó por la versión de la obra tamizada por la censura austríaca con Riccardo, Gobernador de Boston, en lugar de la tendencia actual en mostrar al verdadero protagonista de la obra, el rey sueco Gustavo III, asesinado a fines del siglo XVIII durante un baile de máscaras. Cosentino al hacerlo, le da una vuelta de tuerca más al trasladar la acción a 1901 en Estados Unidos tomando como base el asesinato del presidente Wlliam Mackinlay a manos de un anarquista. Es decir, algo de la historia del País del Norte que para el libreto aprobado por la censura austríaca al situar en cuanto a época el desarrollo de la acción, aun no existía. Su decisión fue centrarse en las intrigas políticas, las conspiraciones, la lucha por el poder y la visión, desde su niñez, del hijo de Amelia y Renato con respecto a los hechos que transcurren.  En mi modo de ver, dicha traslación no siempre resulta efectiva, sobre todo porque al emplearse el texto original, las alusiones a Inglaterra y a su urbe principal no se condicen con la narración pretendida. A Ulrica se le asigna un rol de pitonisa que, al iniciarse su escena, está en verdadero trance actuando como “médium” en una residencia y no tal como se la conoce y en cuanto a Oscar, el paje, es un joven que virtualmente hace de “secretario” del protagonista, también con alguna marcación discutible como la de beber confianzudamente el Whisky puesto a la mesa de Renato en el instante de llevar la invitación al baile, sin que le llame la atención la presencia en el recinto de los dos conspiradores. Renato adquiere un rol de verdadero secretario y brazo derecho del Gobernador, lo que le da a éste contacto casi permanente con su amada Amelia.  Tampoco ayuda un movimiento coreográfico a cargo de los figurantes de tipo “music hall” en el final del primer cuadro, el que distrae al público de la acción que se está desarrollando. Sí, en cambio, hay aciertos en las escenas de conjunto, en  la marcación a los cantantes durante el quinteto en la referida escena de la entrega de la invitación al baile, en la escena inicial entre Riccardo y Renato y luego entre Renato y Amelia antes del célebre  “Morro ma prima in grazia”.

 

  Un verdadero esfuerzo fue el llevado a cabo por las secciones técnicas del Teatro para cumplir con los requerimientos de la Directora Escénica, comenzando por  el impecable marco escenográfico de Enrique Bordolini, el muy buen vestuario realizado por Stella Maris Muller y, una vez más, la impecable iluminación de José Luís Fiorruccio, de absoluta precisión en cada detalle. Todos ellos aportaron el sello de calidad “Teatro Colón” para este espectáculo.

 

  En cuanto a la faz vocal, el Coro Estable exhibió su acostumbrada solvencia bajo la guía de Miguel Martínez. Muy correctos en los roles coprimarios Sergio Wamba como Silvano, Juan González Cueto como el Juez y Diego Bento como el Sirviente. Una sólida labor le cupo a Emiliano Bulacios como Samuel e irreprochable presentación para Mario de Salvo como Tom. Aunque por momentos la marcación escénica le llevó a la sobreactuación, Constanza Díaz Falú brilló vocalmente como Oscar aportando gracia en el decir y frescura en su emisión. María Luján Mirabelli con innegable oficio trazó una muy correcta Ulrica, agregando de este modo un nuevo rol verdiano a su carrera. Leonardo López Linares con presencia, oficio y total entrega en sus intervenciones principales dio vida de manera muy efectiva a Renato. Gastón Oliveira Weckesser en el protagónico cumplió con corrección, administrando sus recursos vocales en todo momento. Tiene buen timbre y adecuada línea canora, aunque esa administración de recursos a la que hago referencia puede jugarle a veces una mala pasada en cuanto a la actuación y la expresividad. El punto vocal más alto de la función, correspondió a la espectacular Amelia de María Belén Rivarola, con una inmaculada línea vocal, canto franco, sólido y de absoluta expresividad, mostrando al público que es una verdiana de pura cepa, arrancándole con justicia al soberano una larga y merecida ovación.

 

  Y el otro puntal fundamental estuvo a cargo de Beatrice Venezi (desde la próxima temporada, concertadora invitada principal) con una muy convincente dirección. Muy buen fraseo, pleno dominio del estilo y conexión con el palco escénico. Todo esto contribuyó a que el mensaje musical verdiano llegara al público más vigente que nunca.

 

  Final. En un corto tiempo más sabremos que nos deparará el 2025.

 

 

Donato Decina

 

 

 

 

   

 

 


viernes, 29 de noviembre de 2024

 Sobresaliente actuación de Vitaly Pisarenko en el Festival CHOPINIANA


VIRTUOSO POR DONDE SE LO APRECIE


Martha CORA ELISEHT


Una de las principales características de la presente edición del Festival

CHOPINIANA 2024 es que, con excepción de Martha Noguera- presidente de la

Fundación Chopiniana y organizadora de dicho evento en el país-, el resto de los

pianistas que participan son extranjeros. Todos son intérpretes de altísima calidad y

auténticos embajadores de sus países de origen, pero el recital ofrecido por el ucraniano

Vitaly Pisarenko el pasado miércoles 27 del corriente en el Palacio Paz fue superlativo.

No es la primera vez que este gran pianista visita la Argentina, pero sí se presentó por

primera vez en la sede del Festival, donde ofreció el siguiente programa:

- Polonesa Militar en La mayor, Op.40, n°1

- Polonesa en Re menor, Op. Póstumo 71, n°1- Frederic CHOPIN (1810-1849)

- Carnaval de Viena, Op.26- Robert SCHUMANN (1810-1856)

- Dos czardas

- Rapsodia húngara n°10- Franz LISZT (1811-1886)

- Diez piezas para piano del ballet “ROMEO Y JULIETA”, Op.75- Sergei

PROKOFIEV (1891-1953)

- “La Valse”- Maurice RAVEL (1875-1937)

La presentación del intérprete estuvo a cargo del encargado de Cultura del Círculo

Militar/ Palacio Paz – Coronel Castiglione-, quien mencionó algunos logros de su vasto

curriculum. Nacido en Kiev, comenzó su educación musical con Natalia Romenskaya

en su ciudad natal y, posteriormente, en Khariv, bajo la tutela de Garri Gelfgat. Se

perfeccionó en la Escuela Central de Música de Moscú con Yuri Slesarev y luego, en el

Conservatorio Estatal Tchaikovsky. Completó su formación con Aquiles delle Vigne en

Rotterdam y con Oksana Yablonskaya en Italia y actualmente se perfecciona en Londres

-ciudad donde reside y ejerce como profesor titular de la cátedra de piano en el Royal

College of Music- como becario del doctorado Emma Rose Memorial y Bob and Sarah

Wigley, entre sus múltiples antecedentes. Sus dotes excepcionales quedaron plasmadas

desde los primeros compases de la celebérrima Polonesa “Militar” en La mayor de

Chopin, que sonó precisa y sumamente solemne. Su homónima en Re menor Op.

Póstumo 71, n°1 fue compuesta en 1825, pero recién se publicó en 1855, seis años

después de la muerte de Chopin. Sonó auténticamente romántica y marcial al mismo

tiempo, en una verdadera demostración de virtuosismo.

A diferencia de su Carnaval, Op.9, la composición que lleva el Op.26 de Schumann

está inspirada durante la visita del compositor alemán a Viena en 1838 y la estrenó al

año siguiente con el nombre de Faschingsschwang aus Wien. Se trata de una pieza

bastante extensa, escrita en 5 movimientos: Allegro. Sehr lebhalft (Si bemol mayor, ¾) /

Romanza. Ziemlich langsam (Sol menor, 2/4) / Scherzino (Si bemol mayor, 2/4) /

Intermezzo. Mir grösster Energie (Mi bemol menor, 4/4) y Finale. Höchst lebhalft (si


bemol mayor, 2/4). El pianista hizo gala de sus magistrales pulsación y digitación,

además de un perfecto dominio de tempi en cada uno de los movimientos que integran

la obra, logrando una versión sublime. Su virtuosismo quedó puesto de manifiesto una

vez más en las Dos czardas y la Rapsodia Húngara n°10 de Liszt, con un sonido

prístino con matices de la música de dicho país, bien marcado y un perfecto dominio de

todos los matices del piano en materia de trinos, arpegios, glissandi, cadencias y

escalas. El público deliró con cada una de sus interpretaciones, retirándose sumamente

vitoreado y aplaudido después de todas y cada una de sus intervenciones.

Para la segunda parte del recital, Pisarenko eligió un repertorio difícil y complejo

integrado por obras de dos compositores del siglo XX: Diez piezas para piano del ballet

ROMEO Y JULIETA, Op.75 de Prokofiev, compuestas tras el éxito alcanzado en 1940.

El pianista brindó una versión exquisita y bien equilibrada, con una perfecta descripción

sonora y muy buena marcación de los numerosos contrastes característicos de la música

de Prokofiev en los 10 números que la integran (Danza folklórica/ Escena: la calle

despierta/ Minuetto: llegada de los invitados/ Julieta cuando era niña/ Máscaras/

Capuletos y Montescos/ Fray Lorenzo/ Mercucio/ Danza de las niñas con lirios/ Romeo

y Julieta antes de partir). Y culminó con una excelsa interpretación de La Valse de

Ravel en versión para piano solo. Según definición del propio Ravel, “un torbellino

fantástico y fatal” que evoca la grandeza, la decadencia y la destrucción de la

civilización occidental tras la Primera Guerra Mundial. Una versión monumental en

manos de un intérprete eximio, que se retiró ovacionado tras el aplauso unánime de pie

por parte del público.

A seis años después de su última presentación en el país y tras haber sido

galardonado por la Asociación de Críticos Musicales de la Argentina en la categoría

Revelación 2018, Vitaly Pisarenko sigue desarrollando una carrera meteórica,

cautivando multitudes con el brillo y la jerarquía de sus interpretaciones. Un auténtico

virtuoso por donde se lo mire y se lo aprecie.

miércoles, 27 de noviembre de 2024

 Soberbia actuación del pianista Raúl Canosa en el escenario del MACBA


ÍNTIMO Y PERSONAL


Martha CORA ELISEHT


Dentro de la enorme oferta cultural que posee la ciudad de Buenos Aires, el

Museo de Arte Contemporáneo (MACBA) ha organizado una serie de conciertos donde

participaron intérpretes de música académica, popular y de diversos géneros. Este

prestigioso ciclo cuenta con la dirección de Fernanda Morello y brinda oportunidad de

participar a jóvenes valores para demostrar su talento en público. En este caso, se

accede por invitación y se reparten sobres para recaudar fondos a voluntad, con los

cuales no sólo se les abona el cachet a los artistas, sino que también se solventan los

gastos. El pasado martes 26 del corriente se presentó en el escenario del MACBA el

pianista español Raúl, Canosa, que brindó un recital compuesto íntegramente por obras

de Frederic Chopin (1810-1849) y que se detallan a continuación:

- Estudio Op.25, n°6

- Sonata n°2 en Si bemol mayor, Op.35

- Balada n°3, Op.47 en La bemol mayor

- Nocturno n°3, Op.9 en Si mayor

- Vals n°5 Op.42

- Polonesa en La bemol mayor n°6, Op.53 (“Heroica”)

Este joven pianista nacido en Madrid se encuentra actualmente radicado en

Estados Unidos y ha sido invitado a participar en el ciclo Conciertos del Mediodía

organizado por el Mozrteum Argentino durante el transcurso del corriente año.

Actualmente se perfecciona con el maestro Bruno Gelber  con

motivo de su próxima participación en el Concurso Internacional de Piano Chopin en

Estados Unidos el año próximo. El auditorio del subsuelo del MACBA y un piano

Kawai completamente nuevo ubicado en el centro brindaron el marco adecuado para un

recital de carácter íntimo, que comenzó con una versión muy prolija del mencionado

Estudio, que sonó con fuerza y delicadeza desde los primeros compases. Seguidamente,

el pianista ofreció una memorable versión de la Sonata n°2 en Si bemol mayor Op.35,

publicada en Leipzig en 1840 y que consta de 4 movimientos: Grave- Doppio

movimiento/ Scherzo/ Marcha fúnebre- Lento/ Presto. La celebérrima Marcha fúnebre

fue compuesta como obra independiente en 1837 y posteriormente, incorporada a la

presente sonata en 1839. Tras una introducción breve e imponente, el 1° movimiento

(Doppio appasionato) contiene dos temas: uno, apasionado -como su nombre lo indica-

y el otro, de carácter más lírico, con desarrollo libre. En el 2° movimiento, Chopin

invierte los tiempos y coloca este scherzo en Mi bemol menor, fogoso y de tinte

netamente nacionalista, que alterna con un trío piú lento, en una gran interpretación. En

este caso, Raúl Canosa dedicó la Marcha fúnebre en memoria de un amigo fallecido

recientemente, motivo por el cual sonó de manera íntima y emotiva. Tal así fue, que el

público aplaudió fervientemente tras su interpretación, motivo por el cual el pianista


español se sintió sumamente halagado y completó la melodía del Presto final con un

pasaje formidable en octavas y tresillos, que sonó de manera apasionada y sentida.

Seguidamente, Raúl Canosa brindó una bellísima versión de la célebre Balada

en La bemol mayor n°3, op.47, compuesta en 1841 y dedicada a la Princesa de Noailles.

Es la más completa de las 4 baladas que escribió Chopin y posee una serie de

modulaciones (dolce/ mezza voce/ piano/ forte) que permiten aumentar la tensión

mediante una serie de cadencias y arpegios que fueron ejecutados de manera solemne y,

a la vez, romántica. Una interpretación exquisita y de gran calidad, con un excelente

dominio de la pulsación y la digitación que hizo que el público estallara en aplausos,

tras los cuales, el mismo intérprete anunció los bises: una bellísima interpretación del

Nocturno n°3, Op.9 en Si mayor, caracterizado por una serie de elementos de técnica

que exigen un alto grado de virtuosismo. No fue mayor problema para el intérprete, que

lo demostró con creces sobre el escenario. A continuación, Canosa ofreció una

espléndida versión del Vals n°5en La bemol mayor, Op.42, compuesto en 1840 y que

sonó de manera precisa, romántica y, por sobre todas las cosas, muy personal. Y, como

no podía ser de otra manera, no podía faltar el sello distintivo del compositor y su obra

más famosa: la Polonesa n°6 en La bemol mayor, op.53 (“Heroica”). Compuesta en

1842, posee numerosas dificultades técnicas (escalas dobles, trinos, arpegios y acordes

que exigen mucha apertura de manos) que hacen que sólo pueda ser interpretadas por un

virtuoso. Fue una versión brillante y precisa desde los primeros compases hasta la

introducción del tema principal y el tema en escalas ascendentes y descendentes

centrales, logrando una interpretación soberbia en la recapitulación. El pianista se retiró

ovacionado y sumamente aplaudido.

Independientemente de descubrir un nuevo espacio sumamente apropiado para

realización de conciertos y recitales de cámara, el lugar cuenta con una muy buena

acústica y es de fácil acceso. Quizás sea muy moderno, pero permite el lucimiento del

artista en toda su dimensión. En este caso, de carácter íntimo y personal por el

repertorio elegido para la ocasión.

 Soberbia actuación de la Orquesta de Cámara del Congreso de la Nación junto al Coro

Municipal de 3 de Febrero


NO CABÍA UN ALFILER


Martha CORA ELISEHT


Elegida en 3 oportunidades consecutivas como mejor orquesta de cámara del

país por la Asociación de Críticos Musicales de la Argentina, la Orquesta de Cámara del

Congreso de la Nación continúa con su ciclo de conciertos temáticos durante el

transcurso del corriente año. En este caso, con un programa denominado “POR

AMADEUS” íntegramente compuesto por obras de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-

1791), que tuvo lugar en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso Nacional el

pasado lunes 25 del corriente bajo la dirección de su titular -Sebastiano De Filippi-, con

la participación de los siguientes invitados: el organista Javier Escobar y el Coro

Municipal de Tres de Febrero, dirigido por Débora Maccarone para interpretar el

siguiente programa:

- Divertimento n°3 en Fa mayor, K.138

- Divertimento n°1 en Re mayor, K.136

- Te Deum (himno) en Do mayor, K.141

- Inter natos mulierum (ofertorio) en Sol mayor, K.72

- Misericordias Domini (ofertorio) en Re menor, K.222

- Ave Verum Corpus (motete) en Re mayor, K.618

- Sancta María (gradual) en Fa mayor, K.273

Debido un ligero contratiempo con los horarios de los medios de transporte para

llegar a destino, quien escribe se encontró con un Salón de los Pasos Perdidos

atiborrado de gente, motivo por el cual el personal de sala tuvo que sacar sillas del

recinto de la Cámara de Diputados para que el numeroso público que se dio cita esa

tarde en el Congreso Nacional pudiera tomar asiento y así dar comienzo al concierto,

que constó de dos partes: la primera, con dos obras emblemáticas del genio de

Salzburgo como sus Divertimentos para cuerdas y la segunda, integrada por obras

religiosas con participación de órgano y coro.

En 1771, la familia Mozart se traslada a Italia con el objetivo que una corte

respetable le otorgara al joven Wolfgang Amadeus un puesto de Kapellmeister. Pese a

que el objetivo no se cumplió, el genio de Salzburgo no se amilanó, sino que hizo

exactamente todo lo contrario: compuso sus tres Divertimentos para cuerdas en los

primeros tres meses de 1772. Se trata de una forma musical sin una estructura concreta,

que cumplía la misión de divertir a la sociedad durante la época del clasicismo.

Posteriormente, se dejaron de componer después de 1790 y todos poseen tres

movimientos: Allegro/ Andante/ Presto. En el caso del Divertimento n°3 en Fa mayor,

K.138, el presto final se transforma en un rondó, mientras que el celebérrimo

Divertimento en Re mayor, K.136 conserva la estructura anteriormente mencionada.

Ambos son una especialidad de la agrupación, donde De Filippi impuso una


correctísima y rigurosa marcación de los tempi – sobre todo, en el Presto final-, al

mismo tiempo que contagiaba su entusiasmo a los músicos, logrando una versión de

excelencia de ambas piezas.

Seguidamente, el Coro de la Municipalidad de Tres de Febrero y Javier Escobar

tomaron sus puestos sobre el escenario para iniciar la segunda parte del concierto junto

a la orquesta con la primera de las obras de música religiosa: el himno Te Deum en Do

mayor, K.141, compuesto en Viena en 1769 originalmente para coro a 4 voces, órgano y

dos violines. Posteriormente, se realizó la versión par orquesta de cuerdas y se notó

desde los primeros compases la excelente preparación del coro, con un equilibrio vocal

perfecto y bien marcado. Lo mismo sucedió con el ofertorio Inter natos mulierum en Sol

mayor K.72, compuesto originalmente en 1771 para soprano, alto, tenor y bajo, órgano

y orquesta de cuerdas y dedicado a San Juan Bautista. A medida que transcurría la

segunda parte del concierto, el Coro fue creciendo en calidad y brindó una estupenda

versión del ofertorio Misericordias Domini en Re menor, K.222, que data de 1775 y que

se inicia con la introducción de la melodía por parte del órgano, seguida por un canon a

4 voces: en primer lugar, las graves y luego, las agudas. Posteriormente, se incorporan

los violoncellos y contrabajos y luego, el resto de las cuerdas, logrando un muy buen

efecto de profundidad sonora. El celebérrimo motete Ave Verum Corpus en Re mayor

K.618 sonó de manera angelical. Fue compuesto en 1791 con motivo de la festividad de

Corpus Christi sobre el himno eucarístico homónimo atribuido al Papa Inocencio VI.

Uno de los platos fuertes de la noche y también, uno de los más aplaudidos. Por último,

la orquesta y el Coro brindaron una versión sublime del gradual Sancta María en Fa

mayor K.273, compuesto con motivo de la fiesta de la Natividad de la Virgen María en

1777. En la misa católica, el gradual es un canto que se canta -o se lee- después de la

Epístola, previamente al aleluya. Esta tradición tuvo su apogeo durante la Edad Media

en Francia y en Hungría, durante el Renacimiento. Lamentablemente, se ha perdido

mucho material en este último país tras la invasión del Imperio Otomano, pero aún se

conservan algunos graduales en la biblioteca nacional húngara, que inspiraron a Anton

Bruckner a escribir su célebre Locus iste. Tras los aplausos, se entregaron los

tradicionales diplomas a Javier Escobar y Débora Maccarone por parte de los

encargados de Asuntos Culturales del Senado y de la Cámara de Diputados de la Nación

-Dr. Daniel Abate y Sra. Andrea Barbieri, respectivamente-.

A pesar de haber sido un concierto muy exitoso, al cierre de la presente crónica

transcurrió una información por la cual, aproximadamente la mitad de los integrantes de

la Orquesta de Cámara del Congreso de la Nación se encuentran cumpliendo el horario

reglamentario de 7 horas laborales diarias de lunes a viernes por una disposición

meramente burocrática como empleados del Senado Nacional. Algo completamente

absurdo, si se tiene en cuenta que se trata de músicos profesionales que han ganado sus

respectivos cargos por concurso y, además, son profesores en el Conservatorio o la

Universidad Nacional de las Artes (UNA). Son horas que se le restan al estudio y las

posibilidades de perfeccionamiento, lo cual no sólo resta mérito a la calidad del

organismo, sino que puede hacer que -a largo plazo- peligre su continuidad. Ojalá que

las autoridades del Senado recapaciten acerca del tema antes que sea demasiado tarde.