viernes, 10 de julio de 2020


Otra histórica transmisión por streaming del Metropolitan de “IL TROVATORE”

 DRAMA VERDIANO DE ALTA CALIDAD
Martha CORA ELISEHT

            El pasado miércoles 8 del corriente, el Metropolitan Opera House de New York ofreció por streaming una transmisión histórica de uno de los más grandes clásicos de Giuseppe Verdi (1813-1901): IL TROVATORE, con  producción integral de Fabrizio Melano, escenografía de Enzo Frigerio, vestuario de Franca Squarciapino e iluminación de Gil Wechsler, con un elenco integrado por los siguientes cantantes: Luciano Pavarotti (Manrico), Eva Marton (Leonora), Sherill Milnes (El Conde de Luna), Dolora Zajick (Azucena), Mark Baker (Ruiz), Jeffrey Wells (Ferrando), Loretta Di Franco (Inez) y Ray Morrison (Gitano). La dirección de orquesta estuvo a cargo de James Levine y la del Coro, de David Stivender.
            Esta transmisión data de 1988 y al igual que en otras ocasiones, el material fílmico y sonoro se encuentra en perfecto estado de conservación para poder recrear este gran clásico de Verdi, cuyo libreto fue escrito por Salvatore Cammarano basado en la obra homónima de Antonio García Gutiérrez, escrita en 1836. Sin embargo, el libretista murió antes de concluir el mismo en 1852 y fue el joven Leone Emmanuele Bardare quien lo completó y revisó las arias principales: cambió la métrica de la canción de Azucena, añadió el cantabile del Conde de Luna (“Il balen del suo sorriso…”) y el de Leonora (“D’amor sull´ali rosee”). Se estrenó en Enero de 1853 en el Teatro Apollo de Roma y fue un suceso rotundo desde su primera representación. Junto con ERNANI, LA FORZA DEL DESTINO y DON CARLO forma parte de las óperas de Verdi ambientadas en España: en este caso, en Vizcaya y Aragón durante el siglo XV.  Este detalle fue muy tenido en cuenta para el riquísimo vestuario de época realizado por Franca Squarciapino para esta ocasión, donde los soldados del Conde de Luna y Ferrando lucen armaduras con faldas cortas, mientras que el Conde y Manrico lo hacen con largas túnicas. Los gitanos lucen trajes en tonos de rojo y marrón, con excepción de Azucena, que se presenta con un vestido en tonos de rosado y púrpura a rayas. Por su parte, Leonora se presenta ataviada con vestidos largos de corte princesa en tonos de morado, verde y azul en el 1°, 3° y 4° Actos respectivamente, mientras que luce velo blanco y traje con pechera de ese color cuando decide tomar los hábitos.
            La escenografía consta de una gran escalinata con paneles laterales que permiten los múltiples cambios de escena y el agregado de columnas en la escena en el convento del 2° Acto, mientras que al fondo se montan el castillo, la llegada de Leonora a la torre donde se encuentran prisioneros Azucena y Manrico y la escena final, donde el trovador es llevado al cadalso. La iluminación es muy oscura desde sus comienzos y la luz sólo se centra en los protagonistas principales y secundarios, con excepción del coro de los gitanos y la escena de la fortaleza de Castellar, donde las tropas del Conde festejan la victoria antes de atrapar a Azucena. Por último, cuando Manrico muere a manos del verdugo y Azucena le confiesa al Conde que ha matado a su propio hermano, la escena se ilumina en llamas cuando la gitana exclama que su madre ha sido vengada.
            Al igual que en otras oportunidades, James Levine se lució con una impecable dirección orquestal. Es un profundo conocedor de la partitura verdiana y lo demostró con creces en los preludios que abren los Actos y en el celebérrimo Coro de Yunques al inicio del 2° Acto. Puso énfasis en los momentos de mayor dramatismo y dulzura en las arias y dúos de amor. Lo mismo sucedió con el Coro bajo la estupenda preparación de David Stivender, luciéndose en la célebre Aria de los gitanos (“Vedi le fosche notturne spoglie”),  al inicio del 3° Acto (“Or co’dadi m afra poco”) y en el bellísimo “Miserere” del 4° Acto. Y en cuanto a los principales intérpretes, Eva Marton ha sido una excelente Leonora, haciendo gala no sólo de sus magníficas dotes histriónicas, sino de su bellísima voz desde su cavatina en el 1° Acto (“Tacea la notte placida”) y su cabaletta (“De tale amor, que dirsi”), al igual que en el trío final del mismo Acto (“Qual voce! Ah dalle tenebre”), en los dúos de amor con Manrico y en la célebre “D’amor sull’ali rosee” del 4° Acto. Por su parte, el legendario Sherill Milnes brindó un magnífico Conde de Luna desde el inicio (“Tace la notte”), pasando por la célebre “Il balen del suo soriso”, “Per me, ora fatale”, el dúo “In braccio al mio rival” hasta el dúo con Leonora del 4° Acto (“Udite?...Comme albeggi”) hasta el dramático final (“E vivo ancor!”). No sólo se destacó por su caudal y melodiosa voz, sino también por sus perfectas dotes histriónicas. Sin embargo, quien ha sido una auténtica revelación es la mezzosoprano Dolora Zajick, que brindó una dolida y temperamental Azucena desde su entrada luego del Coro de los gitanos (“Stride la vampa”), pasando por el dúo con Manrico (“Condotta ell’era in cepi”) y la cabaletta “Preigliarti ancoir languente” del 2° Acto, el trío “Giorni povero vivea”, el dúo “Sí, la stanchezza m’oprime, mio figlio” para cerrar con “Sei vindicata, o madre”. Su voz no sólo posee una bellísima coloratura, sino además un muy buen fraseo y unos brillantes matices dramáticos, que le permitieron componer al personaje en su totalidad. Y Luciano Pavarotti brindó un excelente Manrico, destacándose desde la romanza inicial fuera de escena “Deserto sulla terra”, pasando por el dúo con su madre adoptiva (“Soli or siamo”) y la célebre “Mai reggendo al’aspro assalto”, para luego lucirse en los dúos de amor con Leonora del 3° Acto (“Ah, sí ben mio, coll’essere”). Y con respecto de la cabaletta más representativa de esta ópera (“Di quella pira”), donde el tenor debe dar un Do de pecho al final de la misma, no pasó desapercibido al oído de esta cronista que la misma estaba un semitono más bajo. Evidentemente, una la volvió a escuchar y la comparó con la grabación que tiene de la ópera (Price/ Domingo/ Milnes/ Cossotto) y corroboró su impresión auditiva. Es lo único que empañó una soberbia actuación del gran divo italiano y uno de los más grandes intérpretes de esta ópera. También se lucieron Loretta Di Franco como Inez, Mark Baker como Ruiz y el excelente Ferrando a cargo de Jeffrey Wells, que tiene a su cargo la idea central del drama desde su aria inicial (“De due figli vivea padre beato”).
            Ha sido un auténtico placer disfrutar de otra versión histórica de una de las grandes óperas de Verdi, tan célebre y popular como LA TRAVIATA o RIGOLETTO. Y cuando se combinan todos los factores que influyen sobre el producto, el resultado final es una perfecta recreación del drama de este gran compositor italiano en todo su esplendor.  

martes, 7 de julio de 2020


Excelente transmisión por streaming de “LA DONNA DEL LAGO” desde el Metropolitan

MONUMENTO AL BUEN GUSTO Y AL BEL CANTO
Martha CORA ELISEHT

            El pasado lunes 6 del corriente, el Metropolitan Opera House de New York ofreció una ópera que muy raramente se representa: “LA DONNA DEL LAGO” de Gioacchino Rossini (1792-1868) con puesta en escena de Paul Curran, escenografía y vestuario de Kevin  Knight e iluminación de Duane Schuler. La soprano Patricia Racette actuó como presentadora, mientras que Michele Mariotti se hizo cargo de la dirección orquestal.
            El elenco estuvo compuesto por los siguientes cantantes: Joyce Di Donato (Elena), Juan Diego Flórez (Rey James de Escocia/ Uberto), Daniela Barcellona (Malcolm), John Osborn (Rodrigo), Oren Gradus (Douglas), Eduardo Valdes (Serano),  Olga Makarina (Albina) y Gregory Schmidt (Paje). Asimismo participó el Coro de la institución, dirigido por Donald Palumbo.
            La presente producción data de 2015 y es una coproducción del Met con la ópera de Santa Fe, que se representa por primera vez en el gran teatro lírico neoyorquino. Rossini la compuso en 1819 sobre la novela homónima de Sir Walter Scott (La Dama del Lago), con libreto de Andrea Leone Tottola. Cabe destacar que es la primera de las 25 óperas italianas compuestas sobre textos del gran poeta inglés. Tras su estreno en el Teatro San Carlo de Nápoles en ese mismo año, se representó en Londres en 1823 y en New Orleans en 1829. Posteriormente, pasó casi un siglo en el olvido hasta su reposición en Florencia en 1958. También se ofreció en 1969 en el Teatro Camden de Londres, con Kiri Te Kanawa como protagonista. Constituye una de las obras menos representadas de Rossini por su gran dificultad técnica en la coloratura, fraseo y fioriture característicos del bel canto. Por ende, debe reunirse un elenco de excepcional jerarquía vocal para poder representarla como corresponde.
            Para esta ocasión se empleó una escenografía sencilla, que permite adaptar perfectamente los numerosos cambios de escena que transcurren en los 3 Actos en los cuales está dividida la obra.  Mediante un efecto de iluminación y proyección se recrea el amanecer sobre el Loch Katrine en las Highlands escocesas, que cambia de color a medida que avanza el día, donde se produce el encuentro entre Elena y el Rey James bajo el pseudónimo de Uberto, las escenas en casa de Elena, la cacería, la victoria de los hombres comandados por  Rodrigo, la entrada de Malcolm, la batalla y el final en el palacio del Rey. Se contó con un vestuario de época, donde el clan de Douglas –al cual pertenece Elena- usa tonos de azul y blusa blanca –en honor a los colores de la bandera escocesa- , mientras que Rodrigo y los Highlanders –al igual que Albina y el sirviente Serano- lo hacen en color bordó. En cambio, el guerrero Malcolm lo hace en verde y es perfecto para diferenciar no sólo los clanes, sino también los intereses de los diferentes protagonistas. El Rey James luce un traje color crema con capa dorada para la escena final, mientras que está caracterizado con traje de cacería marrón cuando pasa camuflado como Uberto. Por su parte, las mujeres lucen trajes de aldeanas de colores oscuros, que pasarán a tener amplia luminosidad en la escena final en el palacio. Ha sido muy lindo también el semicírculo formado con las banderas escocesas en alto cuando Douglas jura casar a Elena con Rodrigo y Malcolm se une para pelear junto a los Highlanders contra el Rey. También estuvo muy bien logrado el efecto del pasaje de un cometa- que es tomado como un buen augurio al principio, pero que marcará la derrota de los mismos y la muerte de su líder, Rodrigo-.
            El desempeño vocal ha sido una auténtica maestría de exquisitez, coloratura y buen gusto en materia de bel canto. Se puede decir que la talentosa Joyce Di Donato es la mezzosoprano rossiniana del momento y una de las mejores voces de la lírica actual. Posee una coloratura soberbia, muy rica en matices y un fraseo impecable. Por lo tanto, pudo sortear la difícil tarea de encarnar a la bella Elena sin ninguna dificultad desde la primera aria (“O matuttini albori”), así como también en el duettino junto a James/ Uberto del 1° Acto (“Scendi nel piccolo legno”) hasta desembocar en la escena final, con la célebre “Tanti affetti in tal momento” –aria con la cual hizo su debut por primera vez en 2013 en el Teatro Colón- . Es sumamente difícil formar pareja con otra mezzosoprano y más aún, interpretar dúos de amor, pero la gran Daniela Barcellona lo hizo posible. Esta excelente cantante se lució como el enamorado y valiente Malcolm, merced a la musicalidad de su voz y a su contextura robusta –que le permitió crear un perfecto physique du rôle- . Cuando realiza su presentación tras haber estado ausente de su pueblo y de su enamorada por mucho tiempo (“Mura felice… Elena! O tu che chiamo”), el Met la ovacionó, al igual que en el aria del 2° Acto (“Ah! Si pera ormai la norte”) y en el duetto de amor junto a Joyce Di Donato (“Vivere ío non potro”).  Y Juan Diego Flórez es –junto al mexicano Javier Camarena- el gran intérprete de roles rossinianos del momento. Fue ovacionado por sus excelsas interpretaciones de cada una de las principales arias y en los dúos de amor con Elena (“Le mie barbare vicende”, “Celo! In qual estasi!”), al igual que en la bellísima cavatina que abre el 2° Acto (“O fiamma soave”). Lo mismo sucedió tras la escena donde le entrega a Elena el anillo como símbolo de amor y amistad, diciéndole que acuda al Rey ante cualquier dificultad que presente. Pero la revelación fue el tenor John Osborn, cuyos insuperables agudos y notas naturales deleitaron al público. Puede decirse que cantó de igual a igual con Flórez y se destacó en su aria principal (“Eccomi a voi, mei Prodi”) luego de su triunfo, tras la cual, el Met se deshizo en vítores y aplausos. También tuvo una actuación muy destacada el bajo Oren Gradus como Douglas –padre de Elena y tutor del anterior Rey de Escocia-  en su aria (“Taci! Ió voglio é basti!”) y en los numerosos tríos y cuartetos. En cuanto a los personajes secundarios, tanto Olga Makarina como Eduardo Valdes estuvieron muy bien dando vida a Albina –amiga y confidente de Elena- y al fiel sirviente Serano.
            Merece una mención aparte la excelente actuación del Coro, magistralmente preparado por Donald Palumbo desde el inicio de la obra, ya que no sólo brinda el marco sonoro para que transcurra la acción, sino que también actúa como un protagonista más.  Prueba de ello son las numerosas arias escritas para el mismo, que permiten los cambios de escenografía (“Del di la mesaggiera”, “Uberto! Ah1 Dove t’ascondi?”, “Qual rápido torrente” y al final del 1° Acto: “Su… amici! Guerrieri!”), hasta llegar a la sala del trono (“Impogna il Re”).  Y el italiano Michele Mariotti dirigió estupendamente esta ópera, demostrando ser un profundo conocedor de la partitura e impartiendo su énfasis en los momentos de mayor tensión, en los crescendi y diminuendi típicos del compositor.
            Cuando uno escucha esta ópera por primera vez, queda maravillado por su musicalidad, su armonía y su argumento, donde triunfan el amor y el honor. Por tratarse de una ópera seria –contrariamente a la mayoría de las óperas buffas típicas de Rossini-, es una obra de marca mayor, que se disfruta plenamente y que además, posee un final feliz.  Pero independientemente de ello, representa un monumento a la exquisitez vocal y al bel canto italiano, género sumamente difundido y difícil de representar hoy en día. Y que es un auténtico deleite para los oídos cuando se cuenta con las voces justas como para interpretarla debidamente.


eaming de “DON PASQUALE” desde el Metropolitan

¡QUÉ ARTISTAS AQUELLOS!
Martha CORA ELISEHT

            Las transmisiones históricas tienen una particularidad: por lo general, están interpretadas por cantantes de excelsa jerarquía. Por eso son clásicas y perduran a  través del tiempo gracias al videotape y a la tecnología. El pasado sábado 4 del corriente, el Metropolitan Opera House de New York ofreció una transmisión de “DON PASQUALE” de Gaetano Donizetti (1797-1848) que data de 1979 y que contó con los siguientes intérpretes: Gabriel Bacquier (Don Pasquale), Alfredo Kraus (Ernesto), Beverly Sills (Norina), Haakon Hadegaard (Malatesta) y Nico Castel (Notario). Participó el coro de la institución, bajo la dirección de David Stivender, mientras que la dirección orquestal estuvo a cargo de Nicola Resigno.contó con puesta en escena de John Dexter, escenografía y vestuario de Desmond Heeley e iluminación de Gil Wechsler.
            Esta versión histórica de la ópera buffa más famosa de Donizetti tuvo una particularidad: fue la despedida de los escenarios de Beverly Sills, quien eligió terminar su prestigiosa carrera como soprano sobre el escenario del Met y con uno de los roles que más interpretó durante su carrera. Por lo tanto, también contó con un valor agregado.
            Dentro de su vastísima producción operística, DON PASQUALE es una de las últimas que compuso Donizetti. El libreto fue escrito por el propio compositor junto con G. Ruffini, basado en la ópera Ser Marcantonio, de Ángelo Agnelli y Stefano Pavese. Se estrenó con gran éxito en el Teatro de los Italianos en París en 1843 y a partir de allí, fue un suceso rotundo que recorrió los teatros más importantes del mundo. Es una de la óperas más representadas del compositor bergamasco, junto con L’Elisir d’Amore y Lucía di Lamermoor.
            Para la presente representación se usó una puesta en escena clásica, de época, muy pomposa, sofisticada, lujosa y de buen gusto, donde se destaca la excelente caracterización de los personajes. Pero la correspondiente al protagonista fue insuperable: vestido con una clásica rôbe de chambre en la primera escena del 1° Acto, se viste como un dandy para impresionar a la supuesta Sofronia antes de ofrecerle matrimonio. Por su parte, la coqueta y sofisticada Norina aparece como Sofronia con un sombrero de ala ancha con velo –que sólo se lo quitará tras una fachada de aparente inocencia a pedido del astuto Malatesta-,  mientras que Ernesto luce el atuendo más sencillo de todos –acorde a su condición social-. El Doctor Malatesta ljuce un traje con saco, chaleco y capa corta estilo inglés, con galera y bastón. Y junto con Don Pasquale se vestirán con frac, bastón y galera para atrapar a los amantes. Un perfecto vestuario acorde a la gala de la régie.
            El rol protagónico estuvo a cargo del gran barítono francés Gabriel Bacquier –fallecido durante el transcurso del corriente año- , que se caracterizó por ser un barítono/ actor, capaz de interpretar todo tipo de roles merced a sus prodigiosas dotes histriónicas. Su perfecta coloratura y su impecable técnica vocal  le permitieron dar vida a este personaje desde la primera cavatina (“Ah! Un fuoco insolito”), pasando por el aria del 2° Acto (“Son  tradito, beffegiato”) hasta el espectacular dúo con Malatesta (“Aspetta, aspetta, cara sposina” y “Cheti, cheti”), donde tanto él como el barítono sueco Haakon Hadegaard hicieron gala de la musicalidad de sus voces. Este último encarnó un espléndido Malatesta, de destacada actuación cuando describe a la novia (“Bella si comme un Ángelo”) y en los dúos con Norina (“Pronta ío son”… Vado, presto”), Ernesto (“Figlio, non mi fai scena”) y con Pasquale (“Fra d’un aparte”). ¿Y qué se puede decir de legendario Alfredo Kraus?... O mejor dicho: ¿cómo puede fracasar un aria de coloratura interpretada por el más grande belcantista de todos los tiempos?.... Su prodigiosa musicalidad, los inconfundibles matices de su voz y sus espléndidas dotes histriónicas le permitieron componer un Ernesto de antología, que brilló en todas las arias (“Sogno soave e casto”, “Ah! Mi fa il destino mendico”, “Cerchero lontana terra”, “E se fia che ad altro oggeto”) y en la celebérrima Serenata cantada fuera de escena del 3° Acto (“Com‘e gentil”) y el bellísimo dúo de amor con Norina (“Tornami a dir che m’ami”), Luego de cada aria, cabaletta y cavatina, el Met cayó rendido a sus pies en una ovación de aplausos.
            Beverly Sills ha sido una de las más grandes sopranos de coloratura de todos los tiempos y una de las mejores intérpretes de Norina, cuyas Cavatinas y arias deben ser interpretadas a la perfección por el fraseo, adornos y fioriture. Desde la primera aria (“Quel’guardo il cavaliere”) pasando por la cabaletta “Son anch’ío la virtú mágica” y el mencionado dúo con Malatesta y con Ernesto hasta la escena con Pasquale (“Vía, caro sposino”) cuando le pega una bofetada en la cara antes de ir al teatro. Naturalmente, el Met también cayó rendido a sus pies al finalizar cada una de sus intervenciones. Y en la moraleja final (“Bravo, bravo, Don Pasquale!”) todos se lucieron junto al Coro en un cuarteto que sonó magistralmente. La preparación del Coro por parte de David Stivender también fue estupenda, al igual que la dirección orquestal de Nicola Resigno.
            Lo bueno que tiene este tipo de transmisiones es que permite apreciar y disfrutar de una generación de cantantes que ya no volverá jamás, pero que ha pasado a ser parte de la historia. Por lo tanto, siempre será posible volver a escucharlos gracias a las grabaciones, el videotape y la tecnología, y en este último tiempo, mediante las transmisiones por streaming. Y que siempre vivirán eternamente en el corazón y en la memoria de los melómanos y operómanos del mundo.  


Muy buena transmisión por streaming de “CARMEN” desde el Metropolitan

FRANCESA POR EXCELENCIA Y UNIVERSAL POR ANTONOMASIA
Martha CORA ELISEHT

            Ante la falta de espectáculos en vivo, las transmisiones por streaming hacen furor en todos los géneros. Y dentro de la amplia gama que ofrece el Metropolitan Opera House de New York al respecto, el pasado viernes 3 del corriente se representó un clásico del repertorio francés: CARMEN de Georges Bizet (1838-1875) con producción de Richard Eyre, escenografía y vestuario de Rob Howell, iluminación de Peter Mumford y coreografía de Christopher Wheeldon. La dirección orquestal estuvo a cargo de Pablo Heras- Casado, con dirección coral a cargo de Donald Palumbo y Anthony Piccolo, a cargo del coro de Niños de la institución. Por su parte, Joyce Di Donato actuó como presentadora.
            La presente producción se ofreció en 2013 con el siguiente reparto: Anita Rachetsvitsvilli (Carmen), Aleksander Antonienko (Don José), Anita Hartig (Micaela), Ildar Abdrazakov (Escamillo), John Moore (Morales), Keith Miller (Zúñiga), Kiri Deonarine (Frasquita), Jennifer Johnson Cano (Mercedes), Malcolm Mc Kenzie (El Dancairo) y Eduardo Valdes (El Remendao). Hubo también una pareja de bailarines solistas en alusión a la pareja protagónica, integrada por María Kowrovski y Martin Harvey.
            Este auténtico clásico de la opéra- comique francesa marca la transición de dicho género hacia el verismo italiano, que recién tendrá lugar entre 10 a 12 años después. Bien puede decirse que Bizet fue un adelantado y precursor de dicho género, basándose en la novela homónima de Próspero Merimée para narrar una clásica historia de amor, celos y muerte entre Carmen y Don José. La gitana es una mujer libre, dueña y señora de sí misma –una auténtica mujer sujeto- en vez de ser una posesión del hombre –mujer como objeto amoroso, y como tal, pertenencia exclusiva del mismo-. En cambio,  es Don José  quien cae presa de su embrujo amoroso y su seducción permanente, que lo llevarán a su degradación moral –de soldado e hijo ejemplar a bandolero, y posteriormente, asesino-. Hoy en día, sería un ejemplo de feminicidio y violencia de género. Y si bien está ambientada en España, es una criatura francesa por excelencia, que ha pasado a ser universal.
            La puesta en escena se basa en un escenario semicircular desmontable, que con ayuda del escenario giratorio permite realizar los cambios de escena en los diferentes lugares donde transcurre la ópera (Cuartel, Plaza de Toros, desfiladero de montaña y la escena final entre la pareja protagónica). Por su parte, las cigarreras ascienden desde una escalera subterránea. Y en la taberna de Lilas Pastia se incorpora un tablado flamenco circular al centro, donde tendrá lugar un número de danza española típica –sevillanas- previo a la célebre Chanson bohème. El vestuario es clásico, efectivo y acorde a la concepción original de la obra: Micaela aparece con un vestido de corte chémisier de mangas largas y falda larga color azul petróleo en el 1° Acto y azul con velo del mismo color sobre su cabeza en el 3° -a la usanza navarra-, mientras que Carmen, Frasquita y Mercedes lucen atuendos gitanos característicos, excepto en el 4° Acto, donde se visten de gala para ir a la Plaza de Toros, usando mantilla, peinetón o pañuelo atado sobre la cabeza. Los soldados, uniformes militares y los bandidos, saco largo, pantalón y botas –el mismo atuendo que usará Don José cuando decide seguir a Carmen y a sus secuaces tras haberse batido a duelo con Zúñiga-. Y en el caso de Escamillo, traje español característico en el 2° y 3° Actos y el típico traje de luces en la corrida de toros, mientras que las cigarreras usan chalecos color crudo sobre vestidos o enaguas. Lo mismo sucede con Carmen cuando hace su aparición en escena. En líneas generales, la caracterización de los personajes estuvo perfecta, pero merece especial atención el Coro de Niños (“Comme les petites soldats”), magistralmente preparado por Anthony Piccolo.
            El español Pablo Heras- Casado es un director joven, que contagió su garra y su ímpetu a la orquesta mediante una perfecta marcación desde la celebérrima Obertura, haciendo énfasis en los Interludios, preludios y en las arias de mayor dramatismo. Al concluir la misma, aparece una pareja de bailarines que hace alusión a los protagonistas sobre fondo rojo, que anuncia lo que va a pasar desde el preámbulo. Y en el preludio al 3° Acto, lo hace sobre fondo azul –resaltando el amor libre entre Carmen y Don José y la falta de obligaciones en el marco de las montañas- . La actuación de los solistas María Korowsky y Martin Harvey fue técnicamente perfecta, sumamente expresiva y demostró una gran plasticidad.
            Con respecto de los principales solistas, la mezzosoprano georgiana Anita Rachetvtitsvilli no sólo fue vocalmente estupenda, sino que además, bailaba con suma gracia, seducía todo el tiempo haciendo gala de sus piernas y exhibiéndolas cuando era necesario, flirteando con Zúñiga luego del altercado en la fábrica de tabaco…En resumidas cuentas: es CARMEN. Se puso en la piel del personaje y lo cumplió de cabo a rabo y de principio a fin. Sus matices vocales son estupendos desde la Habanera (“L’amour est un oiseau rebélle”), pasando por  “Pres les ramparts de Seville” y “Je vais dancer à votre honeur”, donde prácticamente cantó recostada sobre el piso, con mucho juego erótico para seducir a su amante. Sus dotes histriónicas, insuperables. En cambio, el tenor Aleksander Antonienko careció de la sutileza y la dulzura necesarias para cantar un rol tan versátil como el de Don José. Es un cantante ideal para interpretar roles rudos, ya que posee una buena técnica vocal y alcanza bien los agudos, pero le falta línea melódica. Esto se notó mucho desde el 1° Acto (“Parlez-moi de ma mère”) y en el aria principal (“La fleur que tu m’avais jetté”). Se lo notó algo mejor en el duelo con Escamillo, pero nada más. La soprano austríaca Anita Hartig dio vida a una estupenda Micaela: cándida, inocente y a la vez, graciosa en su entrada junto a Morales y los soldados (“Je reviendrai avec la garde entrante”). Su aterciopelada voz se lució en la cavatina del 3° Acto (“Je dis que rien m’épouvant”) y el Met la ovacionó tras su interpretación. Lo mismo sucedió con el barítono ruso Ildar Abdrazakov, quien interpretó un excelente Escamillo. Es un rol que lo interpretó en numerosas oportunidades y que representa uno de sus “caballitos de batalla”, ya que lo hace maravillosamente bien; sobre todo, en sus dos arias principales (“Votre toast, je poux le rendre” y “Toreador”- esta última, fuera de escena-). Keith Miller brindó un muy buen Zúñiga, al igual que John Moore como Morales.  La sorpano ligera Kiri Deonarine fue una revelación como Frasquita, que se lució no sólo en el célebre quinteto del 2° Acto (“Nous avons in tête un affaire”), sino también en el Aria de las Cartas del 3° Acto junto a Jennifer Johnson Cano como Mercedes. Ese trío fue excelente y junto a Anita Rachetsvitsvilli demostraron ser tres bailarinas estupendas en la taberna (“Les sonnes des sistres tinaient”). Muy buenas actuaciones del barítono Malcolm Mc Kenzie como El Dancairo y el tenor Eduardo Valdes como El Remendao. Y el Coro se lució en las arias principales, magistralmente preparado por Donald Palumbo.
            Este clásico de clásicos gusta a todo el mundo no sólo por su bella música, sino también por su temática. Una historia de amor, celos y muerte, que toca un tema de candente actualidad como el feminicidio y la violencia de género. Por eso es universal. Y si se representa con una escenografía adecuada y vestuario de época, se aprecia esta gran gema de la ópera francesa en todo su esplendor.

viernes, 3 de julio de 2020


IDA HAENDEL  (1928-2020)
Martha CORA ELISEHT

            Durante el transcurso del corriente año se produjeron numerosos decesos de artistas célebres, que han dejado su huella en este mundo. A esto se le suma el fallecimiento de la violinista Ida Haendel el 30 de Junio próximo pasado en su residencia de Miami, a los 91 años de edad.
            Nació en la localidad de Chelm (Polonia) en el seno de una familia judía en 1928 y comenzó a tocar el violín a los 3 años de edad. A los cuatro años ingresó en el Conservatorio de Varsovia, donde estudió con Miecyszlaw Michalowitz y a los cinco, ganó el Concurso Hubermann. Su gran talento le permitió competir a los siete años en el Concurso Internacional de Violín Henryk Wienawski, que en aquel momento ganaron Ginette Neveau (1° Premio, 16 años) y David Oistrach (2° Premio, 27 años), Posteriormente, estudió en la Universidad de Música Friederyk Chopin de su país natal y luego, se perfeccionó en París con George Enescu y en Londres, con Carl Flesch.
            Su debut en esa ciudad se produjo en 1937 y en 1940 obtuvo la ciudadanía británica. Durante la Segunda Guerra Mundial tocó para las tropas británicas y americanas y entre 1947 y 18948 grabó el Concierto de Beethoven junto a Rafael Kubelik y la Philarmonia Orchestra. Actuó junto a  los más importantes directores de orquesta del mundo (Bernard Haitink, Sergiu Celibdache, Sir Thomas Beecham, Adrian Boult, Otto Klemperar, Georg Solti, Rafael Kubelik y Simon Rattle, entre tantos otros). Justamente fue junto a Celibdache que grabó el Concierto de Brahms, considerada una de las mejores versiones del mismo, al igual que el Concierto de Tchikowsky junto a la National Symphony Orchestra dirigida por Basil Cameron. También fue histórica su grabación del Concierto para violín de Sibelius, que recibió el elogio del propio compositor.
            Vivió en Londres hasta 1952 y luego, se trasladó a Montreal para radicarse definitivamente en Miami Beach, donde residió hasta el fin de sus días.
            En 1970 publicó su autobiografía (Woman with violin, La Mujer con violín) y recibió la Orden del Imperio Británico en 1991. También fue designada Doctora Honoris Causa por el Royal College de Londres y participó 68 veces en los BBC Proms.
Durante 70 años grabó para los sellos Decca, Deustche Grammophon, EMI y Harmonia Mundi, entre otros. No sólo se dedicó a los compositores clásicos, sino que también fue una ferviente apasionada de la música del siglo XX y los compositores contemporáneos. Estrenó la Tartiniana seconda de Luigi Dallapiccola y el Concierto para violín n° 2 de Allan Peterson, dedicado a ella. También interpretó obras de Benjamin Britten y Béla Bartok. Y grabó en homenaje a su maestro –George Enescu- su Sonata para violín y piano junto a Vladimir Ashkenazy en 2000 y obtuvo el Premio Diapason d’Or por dicho trabajo.
Asimismo, cumplió una importante función pedagógica. Entre sus numerosos alumnos se encuentran los dos auténticos virtuosi del violín en la actualidad: Maxim Vengerov y Anne- Sophie Mutter. Y fue también protagonista del documental I am the Violin de Paul Cohen.
Siempre será recordada no sólo por sus excelentes interpretaciones de la extensa obra para violín y sus innumerables grabaciones, sino también por su prodigiosa musicalidad y la exquisitez de sus interpretaciones. Otra gran artista que ha partido de gira y una estrella más que brilla sobre el firmamento artístico.   


Gran transmisión por streaming de “LA NARIZ” de Shostakovich en el Metropolitan

UN IRÓNICO SENTIDO DEL OLFATO
Martha CORA ELISEHT

            Dentro de la gran gama de transmisiones por streaming que ofrece el Metropolitan Opera House de New York, la ópera moderna tuvo su revancha el jueves 2 del corriente con “LA NARIZ” (Nos) de Dmitri Shostakovich (1906-1975) en una producción  realizada por William Kentridge en 2013 en forma conjunta con el Festival de Aix- en- Provence y la ópera National de Lyon, con vestuario de Greta Goiris, iluminación de Urs Schönebaum y proyección en video de Catherine Meybourgh, dirección orquestal de Pavel Smelkov y dirección coral de Donald Palumbo. La soprano Patricia Racette actuó como presentadora.
            El elenco estuvo compuesto por los siguientes cantantes: Paulo Szot (Inspector Kovalyov), Alexander Lewis (La Nariz), Andrei Pppov (Inspector de Policía), Sergei Skorodvov (Iván, sirviente de Kovalyov), Gennady Bezubenrkov (Doctor), Barbara Dever (Madame Polanova), Ying Fang (Pelagevya, su hija), Vladimir Ognovenko (Iván Yakoievich, el barbero), Adam Willen (Yaritzkin, amigo de Kovalyov), Claudia Waite (Pratskoya, vendedora de pretzels), James Courtney (Redactor del diario), Stass Klassen (Viajero), Tatiana Zbirovskaya (Escorting Lady), Vadim Krol (Escorting Gentleman), María Gabrilova (Madre), Theodora Hanslowe (Matrona), Kathryn Day (Dama respetable) y un ensamble vocal compuesto por los cantantes Brian Konfes, Joseph Barron, Jeffrey Behrens, Matt Boehler, Kevin Bordette, Philip Corovkinos, Michael Forest, Brian Frutiger, Kevin Glavin, Christopher Job, Ricardo Lugo, Michael Meyers, Grigory Solokov, Tony Stevenson y Todd Wilander. Asimismo, paticipó también un ensamble compuesto por los siguientes actores: Szmezlana Chernova, Frank Colardo, Svetlana Kita, Stass Klassen, Vadim Krol, Eric Parillo, Dan Renkin, Dina Ross, Sasha Serrin e Irma Yesllievskaya.
            La primera ópera compuesta por Shostakovich lleva el Op.15 de su vastísima producción y se basa sobre la obra homónima del poeta ruso Nikolai Gogol (1809-1852), donde un funcionario de San Petersburgo pierde su nariz y la misma adquiere vida propia. El mismo compositor realizó el libreto en colaboración con Yevgeni Zamyatin, Alexander Preis y Georgy Iolnin entre 1928 y 1929.  El título original en ruso (“HOC”, o “NOS”) tiene su palíndromo: COH (“SON”), que significa “sueño”. No es casual que por ser una sátira, el autor se refiera a la pérdida de la nariz del protagonista como una pesadilla. Naturalmente, todo termina con un final feliz: Kovalyov se pasea despreocupado por San Petersburgo y vuelve a hacer de las suyas flirteando con las chicas bonitas. Para componer la música, Shostakovich recurre a canciones y melodías folklóricas rusas, atisbos de atonalidad y una serie de cánones y cuartetos para ordenar el caos –recurso tomado del compositor austríaco Alban Berg- , pero con su ironía y sarcasmo característicos. El resultado es una auténtica obra maestra, caracterizada por su gran virtuosismo. Su estreno se produjo en 1930 y las críticas fueron muy desfavorables. Sin embargo, el compositor británico Gerard Mc Burney la definió como “una de las mayores y mejores obras de Shostakovich. Un tour de force electrizante de acrobacias vocales, colores instrumentales y absurdo teatral a través de una mezcla desvastadora de risa y enojo. Y en manos irreverentes del compositor, es sumamente entretenida y perfectamente adaptable al teatro”.  Tras haberla visto y escuchado, es la definición perfecta para esta obra, según opinión de quien escribe.
            Debido a la cantidad de actores, cantantes y figurantes en escena, se representa muy poco. Tras su estreno, no volvió a representarse en la ex Unión Soviética hasta 1974, cuando el gran músico y director de orquesta Gennady Roshdestvensky encontró una copia de la partitura original en el Teatro Bolshoi de Moscú. Dicha reposición contó con la presencia del compositor. El estreno argentino se produjo en 1994 en el Colón bajo la dirección de Vladimir Agronsky, mientras que se representó por primera vez en el Met en 2010. El estreno en Estados Unidos se produjo en la Ópera de Boston en 2009.
            La escenografía creada por Kentridge para esta ocasión es sumamente sencilla, ya que se coloca todo el énfasis en la proyección de video. Esto no sólo permite realizar llos cambios de escena de manera rápida y efectiva, sino también dar vida a la nariz. Naturalmente, la misma aparece posteriormente en escena de color blanco con pantalones negros, mientras que se invierten los colores en la pantalla. Asimismo, también se proyectan en el video textos en ruso y en inglés –además de la traducción simultánea- para que la gente pueda comprender de qué se trata. En cambio, el vestuario del Coro y de los actores contrasta por su intenso colorido. También ha sido excelente la caracterización de los personajes. La duración total de la obra es de 1 hora 45 minutos, dividida en 3 actos. Por ende, resulta sumamente entretenida, interesante y por sobre todas las cosas, divertida. La nariz no sólo baila, sino que camina, corre, trepa escaleras y se sube a un caballo. Además, el video alterna la proyección de la nariz con películas documentales rusas de aquella época.  Y culmina con la palabra “END” (Fin) escrita en cirílico.
            El director ruso Pavel Smelkov tuvo la difícil tarea de recrear la partitura haciendo uso de la ironía y loa acordes tan ácidos –y tan característicos- del compositor, brindando una perfecta cátedra de dirección orquestal. Y el Coro contó con la magistral dirección de Donald Palumbo para recrear muchos momentos: en la Catedral de Kazán, la estación de trenes, las multitudes tratando de buscar a la nariz, donde se reúnen todo tipo de personajes. Los cantantes alternan con parlamentos –dados por el ensamble actoral- en las principales escenas donde el Coro actúa como una voz más: sobre todo, cuando leen los periódicos en el 3° Acto, que narran la historia de Kovalyov y la pérdida de su nariz. Y previamente al final, son los actores los que anticipan el mismo con un  parlamento irónico, diciendo que “este tipo de cosas no suceden muy a menudo”.
            El barítono Paulo Szot tuvo a su cargo el rol protagónico, demostrando ser un excelente actor, que se deprime tanto por haber perdido su nariz como por no poder pegársela una vez que la ha recuperado. Y cuando lo hace, se encuentra sumamente feliz, mientras que la nariz –proyectada en el video- se encuentra triste y abatida. Su voz posee unos invovcreíbles matices, ideales para las acrobacias vocales impuestas por el compositor. Y el tenor ligero Andrei Popov tiene una voz estupenda, con unos impresionantes agudos para interpretar el ultra difícil rol del Inspector de Policía. Y si bien la intervención vocal de la auténtica protagonista de esta historia es pequeña –cuando los policías intentan abusar de la vendedora Pratskoya- magníficamente caracterizada por una serie de anillos concéntricos sobre su busto y cintura, promocionando los pretzels- , la Nariz la defiende. Una espléndida actuación del tenor Alexander Lewis, cuya voz posee matices agudos e hiperagudos. Lo mismo sucede con el tenor Adam Willen, quien dio vida a Yaritzhin (el amigo de Kovalyov), al igual que su sirviente Iván, magníficamente interpretado por el tenor Sergei Skorodvov. Pero quien realmente se lució fue el bajo Vladimir Ognovenko como el barbero Iván Yakoievitch –responsable de haber afeitado al protagonista y de haber encontrado la nariz en su pan. Cuando intenta deshacerse de ella, la Policía lo atrapa. Su voz no sólo posee una coloratura bellísima, sino que es un soberbio actor, al igual que el barítono Gennady Bezubenkov como el Doctor. De las voces femeninas, las más sobresalientes fueron Claudia Waite (la vendedora Prastkoya), la mezzosoprano Barbara Dever (Madame Polanova) y la soprano ligera Ying Fang, quien dio vida a su hija (Pelageyva) y se destacó por su espléndido dominio de las notas agudas en la escena de las cartas –para romper la maldición, ya que Kovalyov no quiere casarse con ella- .Asimismo, Kathryn Day tuvo una gran actuación como la Dama Respetable.
            Ha sido una lástima que una haya descubierto esta obra tan tarde, ya que no estaba preparada para la correcta interpretación y discernimiento de la ópera moderna cuando se produjo su estreno local en el Colón. Gracias al streaming, una la ha podido disfrutar y apreciar. Es raro que dentro de una ópera haya ironía y sarcasmo como en este caso; por lo tanto, bien vale la pena vencer los prejuicios y descubrir un irónico sentido del olfato con la brillante música de Shostakovich. La combinación perfecta de una auténtica obra maestra.

miércoles, 1 de julio de 2020


Magnífica transmisión histórica por streaming  de “LA WALKYRIA” en el Metropolitan

POR SIEMPRE WAGNER
Martha CORA ELISEHT

            Continuando con la serie de transmisiones históricas por streaming desde el Metropolitan Opera House de New York, en el día de la fecha le tocó el turno a “LA WALKYRIA” (DIE WALKÜRE) de Richard Wagner (1813-1883) representada en dicho teatro en 1991 con puesta en escena de Otto Schenk, escenografía de Günther Schneider- Siemssen, vestuario de Rolf Langenfass e iluminación de Gil Wechsler, con un elenco compuesto por los siguientes cantantes: Hildegard Behrens (Brünhilde), James Morris (Wotan), Gary Lakes (Siegmund), Jessye Norman (Sieglinde), Christa Ludwig (Fricka), Kurt Moll (Hunding), Joyce Castle (Waltraute), Jagalyn Bower (Rossweise), Katharina Ikonomu (Helmwiege), Martha Thiegpen (Ortlinde), Diane Kesling (Siegrune), Wendy Hillhouse (Grimgerde), Pyramid Sellers (Gerhilde) y Sondra Kelly (Schwerleite). La dirección musical estuvo a cargo de James Levine.
            La primera jornada de la Tetralogía EL ANILLO DEL NIBELUNGO (DER NIBELUNGEN RING) puede representarse tanto sola como dentro de la misma. La ventaja que tiene cuando se representa la monumental obra de Wagner en forma completa permite apreciar mejor el hilo de la narración y el orden de los acontecimientos. No obstante, el Met la representa muy a menudo fuera del marco de la Tetralogía –la última vez, en Marzo de 2019, con la soprano estadounidense Christine Goerke como protagonista-. Sea como fuere, existe una explicación sobre cómo sucedieron las cosas en el Prólogo (EL ORO DEL RHIN) en el 2° Acto, cuando Wotan le confiesa a su hija predilecta –Brünhilde, la walkyria que da el título a la ópera y su protagonista-  lo sucedido con el enano Albrecht, quien robó el oro a las ninfas del Rhin para forjar un anillo cuyo propietario dominará el mundo. Debido a que el dios debió darlo como parte de pago a los gigantes Fasolt y Fafner por la construcción de su castillo –Walhalla-, Fafner mata a su hermano Fasolt y se transforma en un dragón para custodiarlo. Sólo podría conquistarlo un héroe libre –no creado por el dios-, pero éste todavía no ha nacido. Mientras tanto, para proteger su castillo, envía a las walkyrias a recolectar los cuerpos de los héroes muertos para defenderlo. ¿Por qué? En el interín, Albrecht sedujo a una mujer y ha tenido un hijo –Hagen, que aparecerá recién en EL OCASO DE LOS DIOSES- y de esa manera, prolonga su dinastía, que se contrapone a los intereses del dios. Ya sea por acumulación de poder –en el caso de Wotan- o de dinero –por parte de Albrecht-, cualquiera de las dos cosas puede llegar a corromper el mundo. Ése es uno de los principales mensajes que deja la tetralogía wagneriana, al igual que la salvación del mundo mediante la redención por el amor –cuyo leitmotiv aparece cantado por Sieglinde en el 3° Acto, alabando la bondad de Brünhilde por haberla salvado mientras se encuentra gestando a Siegfried, fruto de la unión con su hermano Siegmund-. Pese a que cuenta con el aval de Wotan (Wälsa), dicha relación incestuosa es imperdonable para Fricka, esposa del dios y diosa del matrimonio. Por ende, le ordena proteger a Hunding –esposo de Sieglinde- y matar a su propio hijo. Sin embargo, Brünhilde desobedece la orden de su padre y pagará muy caro su error: en vez de ser una walkyria divina, será una mujer mortal y esposa del primer hombre que la encuentre. No obstante, Wotan intercede a su pedido de protegerla dejándola sumida en un sueño profundo y rodeada de una muralla de fuego, para que sólo un verdadero héroe sea capaz de rescatarla de su letargo.
            La puesta en escena de Otto Schenk fue espectacular, con una escenografía y vestuario dignos de la mejor tradición wagneriana. Los efectos de iluminación de Gil Wechsler hicieron mucho hincapié en el claroscuro típico de las obras del genio de Bayreuth. En el 1° Acto, la casa de Hunding es humilde y posee un portón, que luego de la escena del descubrimiento de la espada  Nothung (“Ein Schwert verhies mir mein Vater”), se abre para dar paso al bosque florido iluminado por la luz de la luna, donde tiene lugar la escena de amor entre los gemelos Siegmund y Sieglinde (“Winter stürme wiehem den Wonnemond”). Mediante un efecto magistral de iluminación se logra que la espada brille cuando Siegmund más la necesita.  En el 2° Acto, en contraposición a la oscuridad, Fricka aparece íntegramente vestida de blanco, representando la pureza del matrimonio y brinda luminosidad en medio de la oscuridad, mientras que Brünhilde luce la armadura clásica sobre falda y blusa naranja –el resto de las walkyrias lo hace en tonos de gris-. Y en el 3° Acto, una vez que Wotan pronunció su implacable castigo, la escena se ilumina al quedar a solas con Brünhilde hasta el final, cuando invoca a Loge para rodear la roca de la walkyria con una muralla de fuego. Otro efecto de iluminación espectacular.
            En cuanto a los principales intérpretes, James Levine demostró ser un profundo conocedor de la partitura, logrando una muy buena profundidad y equilibrio sonoro desde el Preludio al 1° Acto, crenado el clima de misterio que envuelve la huida de Siegmund hasta que llega a casa de Hunding. Su marcación fue sumamente precisa y puso un énfasis especial en la célebre Cabalgata de las Walkyrias al inicio del 3° Acto. Y en cuanto a la escena final, el telón iba cayendo a medida que se iba desvaneciendo la música. Y que fue sumamente aplaudido al final. Por su parte, ha sido un auténtico placer escuchar un tenor de los quilates de Gary Lakes encarnando a Siegmund, que estuvo acompañado por una eximia Sieglinde: Jessye Norman. Ambos formaron una pareja inolvidable desde el punto de vista vocal y actoral, con un maravilloso intercambio de miradas cuando se reconocen a primera vista el uno al otro como hermanos y descendientes de Wälsa. También estuvo muy bien el detalle de ofrecer hidromiel –licor de la hospitalidad en la mitología nórdica- en un cuerno. Y en los interludios, las miradas de cariño y ternura se correspondían plenamente. Los matices dramáticos de Jessye Norman fueron estupendos, tanto en la consabida aria de amor (“Du bist der Lenz”) como en el diálogo con Brünhilde (“Niche sehre dich Sorge un mich”).  También ha sido un auténtico placer poder apreciar a la legendaria Christa Ludwig como Fricka, cuya interpretación fue excelsa. James Morris ha sido uno de los mejores intérpretes de Wotan de todos los tiempos–rol que también cantó en el Teatro Colón- . Se destacó en la confesión junto a Brünhilde en el 2° Acto (“Ein anders ist’s”) y en el dúo del 3° Acto junto a la protagonista (“War es so schmächlich”) y en la escena de despedida de su hija dilecta (“Leb wohl, du kühnes, herrliches Kind”), donde ambos no sólo se fundieron en un abrazo lleno de ternura, sino que también sucedió lo mismo cuando le besa los ojos para luego sumirla en su sueño (“Der Augen, lichtende Paar”). Por su parte, el bajo alemán Kurt Moll también encarnó un soberbio Hunding. Si bien la caracterización de todos los personajes fue perfecta, la de éste en particular fue la mejor.
            El rol protagónico estuvo a cargo de Hildegard Behrens, quien interpretó una brillante Brünhilde de cabo a rabo a partir de su introducción en el 2° Acto (“Hojoho!”), donde no sólo demostró tener una perfecta técnica vocal, sino también alcanzar sin dificultad las notas agudas en los pasajes más dramáticos (“So sah ich Siegvater nie” y “Siegmund! Sich auf mich”). Y se lució desde el punto de vista actoral cuando decide proteger a Sieglinde y enfrentar a su padre. Por último, las diferentes cantantes que interpretaron a las Walkyrias en la célebre Cabalgata sonaron perfectamente bien cantando al unísono, aunque hubo alguna que otra desprolijidad desde lo individual.
            Ha sido un auténtico placer poder volver a escuchar a estos legendarios cantantes –muchos de los cuales actuaron en el Colón- y apreciar este clásico wagneriano con una puesta en escena y un vestuario  dignos de la mejor tradición de Bayreuth, merced al perfecto estado de conservación del material fílmico y sonoro. Ya sea representada individualmente o dentro de la Tetralogía, es Wagner en estado puro. Y eso es lo que realmente importa.

domingo, 28 de junio de 2020


Otra histórica transmisión por streaming del Metropolitan de “L’ELISIR D’AMORE”

MAESTRÍA EN GRACIA Y BEL CANTO
Martha CORA ELISEHT

            Lo bueno que tienen los programas de  transmisiones por streaming es que alternan versiones históricas con producciones más recientes. Y dentro de la amplísima gama de posibilidades que ofrece el Metropolitan Opera House de New York, en el día de ayer le tocó el turno a una versión histórica de “L’ELISIR D’AMORE” de Gaetano Donizetti (1797-1848) que se representó en dicho escenario en 1991, con puesta en escena de John Copley, escenografía y vestuario de Beni Montresor e iluminación de Gil Wechsler. La dirección de orquesta estuvo a cargo de James Levine y la del Coro, de Raymond Hughes, con un elenco formado por los siguientes intérpretes: Katheleen Battle (Adina), Luciano Pavarotti (Nemorino), Enzo Dara (Dulcamara), Juan Pons (Sargento Belcore) y Korliss Uecker (Gianetta).
            Siempre es un placer volver a escuchar los clásicos italianos y en este caso, una transmisión histórica del Met, cuyo material fílmico se conserva en perfecto estado. Pero a diferencia de otras versiones, esta transmisión careció de un buen volumen de sonido. Probablemente se deba a que la grabación del videotape se hizo a muy bajo volumen en su momento y, por lo tanto, haya costado un poco más poder escucharlo bien. No obstante, la puesta en escena a tres niveles –que permite no sólo cambios rápidos de una escena a la otra, sino también el traslado del coro y los cantantes-  fue muy linda, al igual que el magnífico vestuario diseñado por Beni Montresor para esta ocasión, donde los aldeanos lucieron vestimentas típicas y coloridas, mientras que los soldados, pantalón blanco con listón rojo y chaquetas del mismo color. Todo ello dentro del marco que anuncia la llegada de la primavera y el amor, donde el campesino Nemorino no se ve correspondido por el amor que siente por la bella y culta Adina. Por lo tanto, es el motivo principal por el cual el astuto Doctor Dulcamara aparece ofreciendo su mágico elixir, capaz de hacer auténticos milagros, pero que en realidad, sólo es un licor (Lo que en Medicina se denomina “efecto placebo” y cura por sugestión o convencimiento por parte de quien lo ingiere, sin efecto terapéutico alguno). Así es como Nemorino se alista en el Ejército con tal de conseguirlo, mientras Adina anuncia su compromiso con el Sargento Belcore para causarle celos. Sin embargo, la bella protagonista se da cuenta que ha ido demasiado lejos y, cuando pretende recuperar el amor del campesino, éste la rechaza. Finalmente, el amor triunfa, Dulcamara se retira convencido de que su elixir es el mejor –aunque sólo se trate de un placebo- y Belcore se compromete con Gianetta.  Una obra maestra, donde los enredos se resuelven con un final feliz.
            El mítico director estadounidense demostró ser un profundo conocedor de la partitura de esta ópera, brindando frescura y espontaneidad a la orquesta, pero con mucha precisión en los tempi y en los fragmentos más líricos. Y llegó al summum en el solo de fagot que abre la celebérrima Una furtiva lacrima – el aria más conocida de esta ópera y una de las más mentadas de toda la lírica-, donde el gran Luciano Pavarotti se lució vocal y actoralmente en cuanto a su interpretación. Y como no podía ser de otra manera, el Met cayó rendido tras su intervención y estalló en aplausos. El gran tenor italiano hizo gala de los insuperables matices de su voz desde la primer aria (“Questo é bella, questa é cara”), siguiendo con “O fatale! O caro!” a fines del 1° Acto y prosiguió con la mencionada aria, además de lucirse de cabo a rabo en todos los dúos con Adina, Belcore y Dulcamara. Con respecto de este último personaje, bien puede decirse que Enzo Dara representa quizás el último exponente de una generación de bajos buffos que –hoy en día- es un registro muy difícil de encontrar. Quien escribe tuvo la oportunidad de verlo encarnar roles de este tipo en el Colón, junto a otros grandes exponentes de esta categoría como Sesto Bruscantini, Wladimiro Ganzarolli y Enzo Sordello. Su impecable técnica, sus matices vocales y sus dotes histriónicas le permitieron dar vida a este pícaro y simpático personaje, destacándose en las cavatinas y arias de coloratura, al igual que en la célebre “Audite! Audite!”, donde presenta su mágico elixir a los campesinos, abriendo una capa multicolor llena de botellas . Lo mismo sucedió en el dúo con Adina y el trío final del 1° Acto junto a Belcore, al igual que el célebre dúo junto a Adina en el 2° Acto, o cuando se ve rodeado por el Coro femenino (“O elisire mágico”) creyendo que su producto es el mejor. Por su parte, Katheleen Battle encarnó una espléndida Adina, que sobresalió por su maravillosa e inconfundible voz, su gran coloratura y por la gracia con la cual dio vida al rol protagónico femenino. La musicalidad de su melodiosa voz hizo que el Met estallara en aplausos al final de las arias y dúos principales. La más sobresaliente fue “O grand’amore” en el 2° Acto, antes de iniciar el diálogo con Dulcamara. Y luego de implorar el amor de Nemorino suplicándole que no se aliste en el Ejército,  el Metropolitan se vino abajo al finalizar tan excelsa interpretación. Juan Pons se lució vocal y actoralmente como el Sargento Belcore desde la primer aria (“Non a bella que resista alla gala del’uniforme”). Sus cavatinas fueron excelentes, al igual que su desempeño en los dúos y tríos.
            Una ha visto infinidad de veces esta obra y con muy buenos cantantes, pero siempre vale la pena volver a ver las versiones históricas de este gran clásico de Donizetti. En este caso particular, se trató de una auténtica maestría en gracia, buen gusto y bel canto ofrecida por intérpretes de excelsa jerarquía.

martes, 23 de junio de 2020


ón de “SATYAGRAHA” de Philip Glass en el Metroplitan de New York

EN BUSCA DE LA VERDAD TRAS LAS HUELLAS DEL MAHATMA
Martha CORA ELISEHT

            ¿Alguna vez se imaginó que iba a escuchar una ópera escrita en sánscrito?....Pues bien: esa ópera existe y se llama “SATYAGRAHA” (“La Fuerza de la Verdad”) del compositor estadounidense Philip Glass (1937) y que se transmitió por streaming desde el Metropolitan Opera House de New York el pasado domingo 21 del corriente con puesta en escena de Phelim Mc Dernett, escenografía de Julian Grouch, vestuario de Kevin Pollard, iluminación de Paul Constable y proyección en video de Leo Warner. El presentador fue el barítono Eric Owen, la dirección orquestal estuvo a cargo de Dante Anzolini y la del Coro, por Donald Palumbo.
            El elenco estuvo integrado por los siguientes cantantes: Richard Croft (Mohandas K. Gandhi), María Zifchak (Kasturbal, su esposa), Mary Phillips (Mrs. Alexander, una amiga europea), Molly Flmore (Mrs. Nadoo, colaboradora hindú), Kim Josephson (Mr. Kallenbach, un colaborador europeo), Alfred Walker (Pasi Rustamji, colaborador indio), Rachelle Durkin (Miss Schelsen, su secretaria), Bradley Garvin (Arjuna) y Richard Bernstein (Krishna). A su vez, un grupo de actores representó los personajes mudos del mítico Durodyana y de las siguientes personalidades mundiales: León Tolstoi, Rabindranath Tagore y Martin Luther King, que participan en el 1°, 2° y 3° Actos de la obra respectivamente.
            Junto con EINSTEIN EN LA PALYA  y AKHNATEN, la presente obra forma parte de la Trilogía escrita por Philip Glass sobre hombres célebres que cambiaron el mundo y fue compuesta por encargo de la Ópera de Rotterdam (Países Bajos)en 1980, con textos adaptados por el propio compositor en colaboración con Constance DeJong del poema épico hindú Bhagavad Gita y escenas de la vida del Mahatma Mohandas K. Gandhi (1869-1948) cuando trabajó como abogado en una compañía india en Sudáfrica, donde se interesó por la discriminación y los malos tratos sufridos por sus compatriotas. Ahí es donde decide emplear la no violencia como señal de protesta. Pero a diferencia de las óperas tradicionales, los acontecimientos que se narran en esta creación no siguen un orden cronológico absoluto, sino que tanto el pasado como el presente y el futuro se nivelan totalmente. Para que el espectador pueda comprenderla, se proyectan subtítulos que reproducen las diferentes escenas más una traducción simultánea del sánscrito.
            El estreno tuvo lugar en Rotterdam el 5 de Septiembre de 1980, con la Orquesta Sinfónica de Utrecht dirigida por Christopher Keene.  Al año siguiente se produjo su estreno en Estados Unidos y su primera performance en el Metropolitan fue en 2008, en una coproducción conjunta con la English National Opera (ENO) y el Improbable Theatre. La presente versión data del 2011 y acorde a la concepción minimalista del compositor, la orquesta sólo posee cuerdas y maderas, sin llevar metales ni percusión para resaltar las voces. Está pensada para dos sopranos, dos mezzosopranos –o una mezzo y una contralto-, dos tenores, un barítono y dos bajos más coro a cuatro voces, que actúa como un instrumento más. En determinados momentos, las voces del coro se fusionan con los pasajes orquestales.
            En cuanto a la línea argumental, cada uno de los tres actos en los que se divide la obra consta -a su vez- de tres escenas cada uno y tal como se mencionó anteriormente, están dominados por un personaje histórico: León Tolstoi en el 1° Acto, Rabindranath Tagore en el 2° y Martin Luther King en el 3°. A su vez, la primera escena del 1° Acto narra la lucha entre el dios Krishna y el guerrero mitológico Arjuna en el Campo Kuru de batalla –acorde al texto del Bhagavad Gita- donde el primero aparece como una figura celestial y por ende, el vestuario y el maquillaje son de ese color. Los múltiples brazos del dios se articulan mediante una impecable coordinación de movimientos de los integrantes del Coro y figurantes, que lo ensamblan sobre el escenario. Naturalmente, el dios gana la batalla y porta un libro que simboliza el triunfo de la razón sobre la fuerza. La segunda escena se desarrolla en la dacha de Tolstoi, donde los protagonistas europeos usan sus vestimentas típicas, mientras que las sopranos y mezzosopranos aparecen vestidas con saris en azul, blanco y dorado. Aquí es donde Gandhi deja de vestirse a la usanza europea y usa la vestimenta típica india, de color blanco, mientras que Parsi Rustamji lo hace en blanco y ocre –en clara alusión a Jawarahal Nehru, quien fuera amigo y colaborador-. Y en la última escena, tanto Gandhi como su esposa se retiran momentáneamente para luego aparecer sobre una tarima, cuando decide liderar a su pueblo.
            Es fácil darse cuenta de los cambios de escena por el cambio de temas dentro del desarrollo minimalista anteriormente descripto. Y pese a todo, es una obra que posee una musicalidad pródiga, agradable para el oyente, pero que puede resultar un poco tediosa si se tiene en cuenta que cada uno de los tres actos tiene una duración aproximada de una hora. 
            En la primera escena del 2° Acto, denominada Confrontación y Rescate (1896), el Coro luce vestimenta europea de época, mientras que Gandhi aparece ataviado como el Mahatma –hombre santo- con el atuendo característico que todo el mundo conoce. Es despreciado, pero Mrs. Alexander –íntegramente vestida de blanco, a la usanza de aquel entonces- lo defiende. A continuación, sigue la Opinión de la India, donde el personaje de Rabindranath Tagore entra en escena representando el sentimiento nacional de su país mediante las letras –de hecho, es el autor del Himno Nacional Indio-. Aquí se logra un monumental canon a 7 voces, donde la soprano ligera –Mrs. Alexander- tiene una sobreexigencia vocal por las notas agudas en tono natural. Mientras tanto, los figurantes desenrollan cintas de un lado al otro con mucho cuidado, formando líneas paralelas que marcan diferentes niveles de espiritualidad. Por último ,se pasa a la 3° escena (Protesta), donde la música posee reminiscencias del inicio del 1° movimiento de la sinfonía n° 1 (“El Titán”) de Mahler. Entra el Coro luciendo vestimentas tradicionales indias de color blanco y todos portan velas en sus manos, que representan el triunfo de la sabiduría sobre la oscuridad de la ignorancia. Mediante un presto agitato en cuerdas, todos alimentan el fuego sagrado –en el medio del escenario- quemando sus cartas de registro en Sudáfrica. El Mahatma lo enciende con su antorcha, mientras se observan imágenes de Krishna y Ganesh  más el símbolo “Om” hacia ambos lados del escenario. Por último, se proyectan los colores de la futura bandera de la India mediante un sutil recurso de iluminación.
            Ya en el 3° Acto, sólo Mrs. Alexander y Mr. Kallenbach usan atuendos europeos, mientras que el resto permanece con las vestimentas indias en la primera escena -Marcha de Newcastle (1913)- donde al principio, la iluminación es oscura, pero se va iluminando paulatinamente a medida que la no violencia gana por sobre su oponente. La mezzosoprano (Kasturba) abre la melodía, seguida en canon por la contralto (Mrs. Nadoo) y luego, por la soprano ligera. El resto de los cantantes se acopla, mientras los figurantes portan cintas adhesivas en forma paralela de un lado al otro del escenario y que mediante un magistral efecto de iluminación marcan el camino a seguir, mientras el septeto canta al unísono. Gandhi indica a su gente cuál es el camino a seguir. Y pese a que la mayoría es arrestada, él permanece firme en escena –en alusión al hombre elegido por los dioses para salvar a su pueblo-. Por último, mientras un grupo de figurantes va retirando las cintas, se produce el encuentro entre el Mahatma y Martin Luther King, donde se reverencia a sus pies a medida que cae el telón.
            La dirección orquestal de Dante Anzolini fue estupenda, al igual que el septeto de cantantes conformado por el protagonista –el tenor Richard Croft-, quien supo brindar lo mejor de sí mismo para encarnar al personaje. El bajo Alfred Walker fue un excelente Parsi Rustamji, con una voz de espléndido color tonal e insuperables matices, al igual que el barítono Kim Josephson encarnando a Mr. Kallenbach. Pero la figura de más destacada actuación fue la soprano Mary Phillips, cuya excelsa voz y su perfecto dominio de las notas agudas fue indispensable para interpretar el difícil rol de Mrs. Alexander. Por su parte, María Zifchak se destacó al abrir el canon de Kasturba en el 3° Acto para formar la base sobre la cual se acoplan las demás voces. La contralto Molly Filmore también posee una bellísima voz y sorprendió con su perfecto dominio de los graves al componer una exitosa Mrs. Nadoo. Y Rachelle Durkin completó el septeto principal dando vida a Miss Schelsen. El elenco se completó con el barítono Richard Bernstein como Krishna y el tenor Bradley Garvin como Arjuna.  Por su parte, el Coro tuvo una destacadísima actuación en toda la obra.
            Independientemente que esta cronista sea una ferviente ad miradora del estilo minimalista de Philip Glass y de la cultura de la India, es una obra sumamente interesante para escuchar, admirar y comprender. Sus múltiples lemas, sus simbolismos y el mensaje implícito la convierten en una obra que atrapa al oyente mediante la recreación de escenas de la vida de un personaje histórico como Mahatma Gandhi. No hay que tenerle miedo a la música contemporánea ni minimalista, sino animarse a escucharla. No obstante, se recomienda leer primero el Bhagavad Gita o un poco de mitología hindú para poder comprenderla mejor.