lunes, 15 de agosto de 2022

  

 

EL ANSIADO REENCUENTRO CON EXCEPCIONALES ARTISTAS

 

Festival Argerich, Edición 2022. Segunda jornada: Actuación de Martha Argerich (Piano), Conjunto Instrumental, Director: Charles Dutoit. Actores: Anne Dutoit-Argerich (Narradora). Peter Lanzani (El Soldado), Joaquin Furriel (El Diablo), Cumelén Sanz (Princesa). Programa: Johann Sebastian Bach: Partita en Do menor, BWV 826. Igor Stravinsky: La Historia del Soldado KO299 (Con textos de Charles Ferdinand Ramuz, traducción: Gabriela Massuh), Coreografía: Marina Svartzman, Ambientación: Jorge Ferrari, Iluminación: Gonzalo Cordova, Dirección Escénica y Dramaturgia: Ruben Szuchmacher. Teatro Colón, 13 de Agosto de 2022.

 

NUESTRA OPINION: EXCELENTE

 

  En el marco de una propuesta atípica, Martha Argerich efectuó su segunda presentación en el marco del Festival que lleva su apellido. Atípica, porque fue la propia Martha la que inició la velada y tras ello, el montaje escénico de una obra fundamental de la producción de Igor Stravinsky: “La Historia del Soldado”. La satisfacción de volver a escuchar a Ntra. maxima interprete en el escenario del Colón y también el reencuentro con Charles Dutoit después de 14 años tras la fallida Tetralogía Wagneriana en el Colón de la que solo pudo apreciarse el prólogo y la primera jornada.

 

 Fue un deleite ver en el escenario del Colón a Martha Argerich abordando  la Partita Nº 2 en Do menor Nº 826 del catálogo BWV. La interpretó prácticamente sin solución de continuidad, con los mínimos espacios entra cada uno de los seis tiempos que la componen. Sonido formidable, por momentos cristalino y transparente, digitación perfecta, “tempi” acertadísimo, estilo “Bachiano”. No se podía pedir nada más. La gran ovación que tributó el público la hizo retornar tres veces al escenario y en la última de ellas ante el batir de palmas pidiéndole algo más, Argerich de pié ante el teclado con mucho humor improvisó unos compases sueltos como diciendo “ya está!” y el público en sonoras carcajadas comprendió y volvió a ovacionarla.

 

    En la segunda parte Stravinsky y “La Historia del Soldado”. Aquí encontramos una interesante propuesta en donde Rubén Szuchmacher propuso un escenario dividido en dos. El lado izquierdo ocupado por el conjunto instrumental y el derecho con otro escenario más pequeño donde se desarrolló la trama argumental de la obra. La visión del realizador no pudo ser más perfecta. Tuvo dinámica, actuaciones sumamente convincentes, perfiles estupendamente marcados, asistencias como la coreográfica en donde Marina Svartzman trazó danzas para los actores los que debieron exhibir soltura y plasticidad al ciento por ciento, apoyados por un excepcional marco tanto ambiental, realizado por Jorge Ferrari y el decisivo diseño lumínico aportado de manera extraordinaria por Gonzalo Córdova. Dicha iluminación permitió percibir hasta la sombra de los protagonistas proyectada sobre el blanco bastidor de fondo de ese segundo escenario. Los dos actores principales aportaron entrega absoluta. Desde la física en los movimientos corporales descriptos y la actoral desplegando todos los recursos posibles y declamando ambos de modo extraordinario . Por lo tanto las intervenciones de Peter Lanzani en el protagónico y Joaquín Furriel como el Diablo fueron ambas sobresalientes.,  Impecable tanto en dicción como en la narración y presencia  Anne Dutoit-Argerich  y, aunque más breve, fue no menos importante y lucido el aporte de Cumelén Sanchez como la Princesa .

 

  El otro deleite fue ver a Charles Dutoit al frente de un homogéneo conjunto integrado por: Elías Gurevich (Violín), Elián Ortíz Cárdenas (Contrabajo), Mariano Rey (Clarinete), Gabriel Larocca (Fagot), Fernando Ciancio (Trompeta), Matías Bisulca (Trombón) y Christian Frette (Percusión). Pudo escucharse a fondo la partitura de Stravisnky, excelentemente trabajada y ajustada, con detalles, estupenda sonoridad, justeza en los “tempi”, y plena de equilibrio en donde a pesar de ser una obra camarística, la hizo lucir en el ámbito de la sala del Colón. La respuesta de los músicos fue estupenda, haciéndome recordar este trabajo a los hechos por Gerardo Gandini en el espacio del CETC con músicos de idéntico nivel. Hubo perfecta cumplimentación entre lo actoral y lo musical y eso hizo a la versión 

domingo, 14 de agosto de 2022

 

 

 

SENCILLAMENTE FORMIDABLE

 

Ciclo de Conciertos año 2022 del Jockey Club de Buenos Aires. Actuación de la ViolinIsta Pilar Policano acompañada por Mariano Manzanelli (Piano). Programa: Obras de Beethoven, Paganini, Saint-Saëns, Kreisler y Ravel. 11 de Agosto de 2022.

 

NUESTRA OPINION: EXCELENTE

 

 A través de Ntro. programa de Streaming,  Uds. han podido conocer a Pilar Policano, la adolescente de 14 años dueña de un monumental talento quien ha logrado ser ganadora de la beca Grüneisen del Mozarteum Argentino para continuar sus estudios y perfeccionamiento en Graz (Austria), lo que sucederá a fines de Setiembre próximo. Antes de que acontezca ello, Pilar se ha presentado en el Salón Anasagasti del Jockey Club de Buenos Aires en el marco del ciclo cultural que coordina Ntro. colega y amigo el Dr. José María Cantilo, quien además contó  para esta actividad con la inestimable colaboración de Eugenio Scavo, coordinador artístico de la Comunidad Amijai,  en donde Pilar efectuará su concierto de despedida el próximo mes de Setiembre a escasos días de viajar al viejo continente donde residirá en los próximos años. Ntra. joven estrella se presentó junto al pianista Mariano Manzanelli, con quien compartió actuaciones en los últimos tiempos, para abordar un frondoso y comprometido programa en el que Ntra. interprete ratificó las cualidades que la han convertido en el prodigio interpretativo que asombrara en lugares como el Teatro Colón, el Auditorio Nacional del Centro Cultural Kirchner, la Facultad de Derecho de Buenos Aires o las salas en las que las filiales del interior del Mozarteum Argentino desarrollan sus actividades.

 

    La primera parte del concierto estuvo dedicada exclusivamente a la música de Beethoven a través de la Sonata N 8 en Sol mayor, Op. 30. Intensa, exigente, con momentos sutiles en los que ambos intérpretes se cumpliementaron de modo impecable y en donde Pilar exhibió solidez, sonido exquisito y formidable técnica la que nuevamente quedó expuesta en la transcripción para Violín y Orquesta de la célebre Romanza en Fa. Luego de los sostenidos aplausos y el breve intervalo, Pilar Policano retornó al escenario para abordar el Capriccio Nº 5 de Niccolo Paganini en donde logró una apabullante interpretación que enfervorizó  al público que desató la primera ovación del atardecer. Seguidamente y con el retorno de Manzanelli al teclado, los interpretes acometieron otra página de difícil  resolución: “Introducción y Rondó Caprichoso” de Camille Saint-Saëns en la que una vez más Pilar hizo alarde de su técnica y de su solidez interpretativa y en la que Manzanelli fue sostén de la interpretación,

 

 Una página simpática y colorida es “Tambourine Chinoise” de Fritz Kreisler resuelta una vez más de forma admirable, preludio a  ”Tzigane” de Maurice Ravel en donde ambos intérpretes aunaron esfuerzos para lograr una interpretación electrizante.

 

  La ovación que recibieron los jóvenes instrumentistas hizo que los bises no se hicieran rogar. El primero fue el arreglo para violín y piano que Jascha Heifetz efectuó para la canción “Estrellita” de Manuel Ponce, en el que Pilar descolló con luz propia, logrando un clima de maravilloso silencio y deslumbrar así a toda la concurrencia. Luego se sumó su maestro, Rafael Gintoli, quien de manera muy sentida manifestó que “ahora la alumna tocará mejor que su Maestro”, interpretando ambos un fragmento de un dúo para violines del belga Charles-Auguste de Beriot, violinista, profesor de su instrumento en Bruselas y París, compositor y segundo esposo de Marie Malibran, en la que la querida Pilar y su maestro se prodigaron de igual a igual para redondear un concierto formidable.

 

Donato Decina

 

NOCHE DE EMOCIONES INTENSAS

 

Orquesta Sinfónica Nacional, temporada 2022. Concierto Sinfónico-Vocal-Coral, Director: Carlos Vieu. Solistas: Jaquelina Livieri (Soprano), María Luisa Merino Ronda (Mezzosoprano), Coro Polifónico Nacional, Director a cargo: Antonio Domeneghini, Preparador Invitado: Ariel Alonso. Programa: Gustav Mahler: Sinfonía Nº 2 en Do menor “Resurrección”. Centro Cultural Kirchner, Auditorio Nacional, 11 de Agosto de 2022.

 

NUESTRA OPINION:EXCELENTE.

 

  En anteriores ocasiones en que la Sinfonía Nº 2 en Do menor “Resurrección” de Gustav Mahler se ha ofrecido, he analizado diferentes aspectos a tener en cuenta como por ejemplo la época de composición, la circunstancia del fallecimiento del Director de Orquesta Hans Von Bulow en cuya ceremonia de sepelio Mahler escuchó por vez primera el poema “Resurrección” de Klopstrock y halló en él el texto justo para cerrar su inmenso trabajo, en donde la música comienza desde el dolor más profundo y gracias a los textos tanto de Armin y Brentano en el lied “Luz Primigenia” que conforma el cuarto movimiento como en el citado poema de Klopstrock, se arriba a un enfoque de revivir o, tal vez mejor dicho, “resurgir” como lo señala la inolvidable traducción de Julio Palacio a los textos y comentarios de Deryck Cooke que acompañan a la extraordinaria edición discográfica de la versión que Sir Georg Solti efectuó con la Orquesta Sinfónica de Londres.  Pues bien, en ese tránsito para el que Mahler dispuso un inmenso dispositivo orquestal, el que halla tregua en los dos movimientos pares de corte más íntimo y reflexivo,  se abordan momentos de altísima tensión donde se grafican el dolor, los recuerdos de los seres queridos  y los pensamientos hacia cada uno de esos seres y encuentran en la parte final en la música con la que Mahler sostiene el texto del último poema un sentido de liberación de espíritu en el convencimiento de que habrá un reencuentro con todos esos seres aun cuando el propio recorrido por la vida haya llegado a su fin . Esa es la idea del trabajo, el que en aproximadamente una hora y veinte minutos transita por todo ese camino. Para el Mtro. Vieu este concierto significaba celebrar los veinte años ininterrumpidos de colaboración con la Sinfónica Nacional. Para la Orquesta, el poder volver a presentarse con un orgánico completo luego del convenio acorado con las autoridades dependientes del Ministerio de Cultura de la Nación, que incluyó además en el final la utilización del órgano Klais de la sala.  Y para quien esto escribe los cuarenta años de haber descubierto esta obra en el desaparecido cine “Maxi” frente al Teatro Colón cuando las recordadas filmaciones de “Conciertorama” ofrecidas los días Domingo por la mañana brindaban la que tal vez sea la mejor versión de la historia con Leonard Bernstein justamente al frente de la Orquesta Sinfónica de Londres en la Catedral Anglicana de Ely (Inglaterra), la que inevitablemente me marcó como oyente.

 

  Durante los días previos a través de las redes sociales fueron apreciándose avances de los ensayos de este concierto. Cuando el día anterior escuché el extracto del ensayo general correspondiente al final tuve la certeza de que estábamos ante el preámbulo de una de las grandes versiones. No me equivoqué. Desde el ataque inicial de Vieu, un sonido profundo y homogéneo nos llevó a encontrarnos con el fondo mismo de la obra. La compenetración de los integrantes de la orquesta fue absoluta. Las tensiones expuestas de la marcha que inicia la obra fueron admirables, tanto  como los breves momentos de serenidad que se incluyen dentro de este fragmento.

 

  Un sonido altamente refinado y de suma delicadeza fue el que el Maestro obtuvo en la interpretación del segundo movimiento, aquí tanto cuerdas como vientos tuvieron desempeños de altísima calidad. En una página en donde pueden quedar al desnudo las imprecisiones y los errores , la Orquesta los resolvió de manera estupenda con la firme guía de Vieu.

 

    Aquí la obra deja de lado los recuerdos y comienza a transitar sostenidamente el camino hacia la resolución de la misma y es por eso que los tres movimientos finales se exponen con brevísimas  pausas, casi con el tiempo justo de dar vuelta las páginas y continuar, en ese sentido los músicos respondieron con creces y el público observó a lo largo de la interpretación una conducta formidable. Tanto que no se escucharon aplausos al final del primer movimiento y tan solo saludó con una respetuosa salva la entrada de las voces solistas y el Coro. En el tercer movimiento son fundamentales tanto los bronces como la amplia batería de percusión quienes intervinieron de forma ajustada y precisa, fundamentalmente en el momento del estallido del tema que preanuncia el comienzo del movimiento de cierre.  Pasamos entonces al cuarto mometo que es el lied “Luz Primigenia” para voz femenina de grave registro (por caso preferentemente contralto) y aquí María Luisa Merino Ronda supo darle el énfasis justo a cada palabra con un timbre bellísimo  y una colocación perfecta de la voz. Manejó muy bien el idioma alemán  y expresó de maravillas el Lied, muy bien secundada por la orquesta que brindó un muy delicado acompañamiento, logrando así el clima de reflexión que la página propone.

 

      Ingresando a la parte final, en donde la orquesta retoma el poderoso “climax” que precede al final del tercer movimiento, se inicia una marcha que grafica el retorno de todos quienes han perecido a la espera de la vuelta a la vida. Hay fanfarrias fuera de escena, las que fueron conducidas por Pablo Bocchimuzzi con suma corrección. Nuevamente fundamentales los bronces y la percusión, los que realizaron una labor sumamente precisa. Y tras la  tercera y última exposición del “estallido” sonoro, llegamos al momento decisivo de la parte final. Aquí inicia el coro desde un “pianissimi” casi imperceptible junto a la voz solista de soprano y le correspondió a Jaquelina Livieri  ser la encargada de ofrecer su voz para este fragmento fundamental. Lo hizo de manera admirable, enfatizando en los pasajes más notorios y dotando de la debida calidez vocal  a los instantes más reflexivos. También se unió la estupenda voz de Merino Ronda a partir del momento en que comienza a ganar en intensidad el movimiento y el Coro Polifónico Nacional, magistralmente preparado por Ariel Alonso  intervino de manera ajustada con impecables intervenciones llegando a la imponente coda final con perfecta potencia y ensamblándose con las solistas, el órgano y la orquesta hasta conformar una perfecta unidad de fuerzas bajo la guía firme de Vieu, quien dispuso además a varios de los integrantes de las fanfarrias en torno a los laterales de la platea alta, para ganar con un sonido envolvente la fuerza que el final pretendido por Mahler expresa .

 

  Fue un final conmovedor que impactó en el público, el que estalló en una imponente ovación para saludar este trabajo.  Nos queda la estupenda intervención de las dos solistas vocales, un Coro Polifónico Nacional que cantó con una entrega total, una Orquesta que hasta hace dos meses atrás temía por su futuro y despejadas las dudas respondió con una excelencia pocas veces vista y porque no decirlo “resucitando” también desde ese momento tan oscuro. Y un Director que ha llegado este año a su absoluta madurez interpretativa, superándose a sí mismo y pudiendo ofrecer el repertorio que le es afín. Solo me resta decir que Vieu ha hecho honor a la tradición de los enormes Maestros que han guiado a Ntra. primera Orquesta: Castro, Tevah,Zorzi y Calderón. Sea Ud. también bienvenido a este grupo.

 

Donato Decina

sábado, 13 de agosto de 2022

 Brillante inicio del Festival Argerich junto a la Filarmónica en el Teatro Colón

 

CADA DÍA TOCA MEJOR

Martha CORA ELISEHT

 

            A medida que un intérprete va envejeciendo con el paso de los años, adquiere mucha mayor experiencia y madurez artística. Muy a menudo, se los compara con un buen vino: cuanto más añejo, mejor. En el caso de una eximia intérprete como Martha Argerich, ya entra dentro de una categoría superior: la de un mito viviente o una auténtica leyenda del piano. Que retorna todos los años a su país natal para ofrecer el Festival que lleva su nombre, cuyo concierto inaugural correspondiente a la presente temporada tuvo lugar el pasado viernes 12 del corriente en el Teatro Colón, donde se presentó junto a la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires (OFBA) dirigida por Charles Dutoit y ofrecieron el siguiente programa:

-          Concierto en Sol mayor para piano y orquesta. M.83- Maurice RAVEL (1875-1937)

-          Sinfonía Fantástica, Op.14- Héctor BERLIOZ (1803-1869)

 

Ante una sala prácticamente colmada de gente, se produjo una auténtica ovación de aplausos y vítores cuando el binomio Argerich- Dutoit hizo su presentación sobre el escenario del Colón para brindar una sobresaliente versión del Concierto en sol mayor para piano y orquesta de Ravel. Compuesto entre 1931 y 1932, fue estrenado en París con el compositor en el podio y Marguerite Long como solista. Consta de 3 movimientos (Allegramente/ Adagio assai/ Presto), que se inicia súbitamente con un golpe de látigo, mientras el piano comienza con una serie de arpegios en el registro agudo, con ribetes de jazz para culminar con una coda en frigio. La pulsación, la técnica y la digitación de Martha Argerich permanecen inalterables con el correr del tiempo, hasta tal punto que se eleva hasta el paroxismo. Prueba de ello fueron las difíciles cadencias del 2° movimiento (Adagio assai), donde el tinte impresionista de Ravel alcanza su máxima expresión en el solo de corno inglés final -brillante actuación de Michelle Wong al respecto-. Otros de los solistas de la Filarmónica que se destacaron fueron Fernando Ciancio (trompeta), Matías Tchicourel y Alfonso Calvo (clarinetes), Claudio Barile (flauta), Horacio Massone (piccolo) y los percusionistas Federico Del Castillo y Franco Rapetti (cajas, platillos y timbal, respectivamente). El movimiento final fue una clara demostración de virtuosismo por parte de Martha Argerich en las cadencias, arpegios, trinos y arabescos, mientras que Charles Dutoit dirigió magistralmente a la Filarmónica. Una vez más, el Colón volvió a rugir al final del concierto y se deshizo en una ovación de aplausos y vítores. Tras una breve pausa, se produjo la gran sorpresa de la noche: la aparición de un niño vestido con la camiseta de la selección argentina de fútbol -más precisamente, con el número 10 en la espalda- junto a Martha Argerich. –“¡Es mi nieto!”- exclamó orgullosa. Y demostrando los postulados de Mendel -por los cuales, los genes se heredan-, abuela y nieto se sentaron frente al piano para tocar una transcripción a 4 manos de “Laideronette, Emperatriz de las Pagodas” de MA MÈRE, L’OYE (Mi madre, la Oca) de Ravel. Una nueva ovación de aplausos y vítores se volvió a sentir y el Colón volvió a rugir una vez más.

La Sinfonía Fantástica, Op.14 es la más conocida de las obras de Héctor Berlioz y narra los episodios de la vida de un artista en 5 partes, constituyendo un claro ejemplo de música descriptiva. Fue compuesta en 1830 y se dice que la actriz Henriette Constance Smithson -de quien Berlioz restaba profundamente enamorado- fue la musa inspiradora de esta obra maestra. Un joven músico afectado por una enfermedad -la vaguedad de las pasiones (le vague des passions)- ve por primera vez la imagen de una bella mujer que reúne todas las características que él imaginó y se enamora perdidamente de ella, pero la imagen de la amada ideal siempre está asociada a una idea musical (idée fixe), que se representa en los 5 movimientos que integran la obra (Sueños- pasiones/ Un baile/ En el campo/ Marcha al cadalso/ Sueño de una noche de Aquelarre).  La orquesta se presenta con un orgánico completo (cuerdas, dos arpas, maderas por 3 a 4, cuatro cornos, tres trompetas, tres trombones, dos tubas, doble juego de timbales a 4 manos (solo de dicho instrumento en el 3° movimiento), y numerosos instrumentos de percusión (doble bombo, platillos, campanas, triángulo, cajas)). El 1° movimiento se inicia en Do menor para luego, pasar a Do mayor, donde Berlioz rompe con las convenciones de la escritura simétrica de la época y buscó melodías que desafiaran la armonización normal. El 2° movimiento (Un baile) comienza con un vals en La mayor en 3/8, creando una atmósfera emotiva antes del solo de las dos arpas – muy buena interpretación de María Cecilia Rodríguez y Alina Traine- para dar lugar, posteriormente, al vals propiamente dicho, donde la idée fixe se presenta dos veces. En el 3° movimiento, el músico escucha dos pastores arriando sus vacas -representados por el corno inglés, con oboe fuera de escena- antes de comenzar con el adagio en 6/8 a cargo de la flauta y los violines hasta el sonido del trueno distante representado por los timbales. Los solistas de las diferentes secciones de instrumentos de la Filarmónica tuvieron una destacadísima actuación, mientras Dutoit dirigía de memoria imponiendo energía, una perfectísima marcación y perfecto dominio de los tempi, logrando un sonido prístino en la impresionante Marcha al cadalso, donde el artista está bajo los efectos del opio y sueña que ha matado a su amada, es declarado culpable y es condenado a morir en el cadalso, con una excelente actuación de Rapetti en timbales. Lo mismo sucedió en el Sueño de una noche de Aquelarre, donde existen varios cambios de tonalidad y de compases -que remedan el Dies Irae y al caldero de la reunión de brujas-. La idée fixe se ha transformado en una canción vulgar y el artista decide unirse a la orgía -magistral interpretación de Matías Tchicourel- para culminar con una fuga a cargo de toda la orquesta. Una de las mejores versiones de esta sinfonía que una haya escuchado sobre el escenario del Colón bajo la soberbia batuta de este gran director suizo.

Tras haber estado casados durante mucho tiempo, el binomio Argerich- Dutoit sigue funcionando a la perfección, demostrando todo su arte y de lo que son capaces de hacer. El escenario del Colón volvió a vestirse de fiesta y su rugido se volvió a sentir: esta vez, en materia de conciertos ante la presencia de estos grandes artistas. Otra gran noche de la Filarmónica, donde la orquesta brilló con luz propia y una batuta que brindó una versión sublime. Y una solista que cada día toca mejor

 

Muy buen concierto de apertura del ciclo de sinfonías de Scriabin en el CCK

 

HERMANADOS A TRAVÉS DE LA MÚSICA

Martha CORA ELISEHT

 

            Parece mentira que dos pueblos con una cultura ancestral y milenaria como Rusia y Ucrania sean protagonistas de una guerra absurda (como todas las guerras, según opinión de quien escribe) que parece no tener fin en estos tiempos que corren. Independientemente de compartir una historia y tradiciones en común, han brindado a la humanidad una riquísima producción en materia musical. Precisamente, cuasi en las antípodas desde el punto de vista geográfico, la Orquesta Estable del Teatro Argentino de La Plata/ Centro Provincial de las Artes ofreció el pasado jueves 11 del corriente un concierto con obras de compositores rusos y ucranianos en la Sala Sinfónica -Auditorio Nacional- del Centro Cultural Kirchner (CCK) en forma conjunta con el Coro Estable de dicho teatro y la participación de los siguientes solistas: Guadalupe Barrientos (mezzosoprano) y Santiago Bürgi (tenor). La dirección orquestal estuvo a cargo de Andrés Dos Santos y la del coro, de Hernán Sánchez Arteaga, en un programa compuesto por las siguientes obras:

-          Obertura de “TARAS BULBA”- Mykola LYSENKO (1842-1912)

-          Danzas Polovtsianas de “EL PRÍNCIPE IGOR”- Aleksandr BORODIN (1833-1887)

-          Sinfonía n°1 en Mi mayor, Op.26- Alexander SCRIABIN (1872 -1915)

Con motivo de cumplirse el 150° aniversario del nacimiento de Scriabin, la Orquesta Estable del Teatro Argentino de la Plata ha decidido brindar un ciclo de la obra sinfónica completa de este gran compositor ruso, que se interpreta en forma esporádica en la Argentina. Que una recuerde, sería la primera vez que se ofrece un Ciclo Scriabin en el país, ya que sus cinco sinfonías se presentaron en alguna oportunidad en los programas de conciertos (la Sinfonía n°2 fue interpretada por la Filarmónica en 2017 y el Poema del Éxtasis (Sinfonía n°4) en 2018, bajo la magistral dirección de Alejo Pérez). La idea es brindar una sinfonía por mes dentro de los meses siguientes; por lo tanto, este ciclo culminaría en Diciembre.

Ante la consabida ausencia de programas de mano, Andrés Dos Santos se dirigió al público para explicar las obras comprendidas en el programa y brindar una breve reseña sobre los compositores. Mykola Lysenko es el gran representante del nacionalismo musical ucraniano. Alumno de Reinecke, Wenzel y Richter en el Conservatorio de Leipzig, comenzó su carrera musical recopilando canciones folklóricas de su tierra natal y la música incidental del poema nacional KOBZAR, de Schevchenko. Posteriormente, estudió composición con Rimsky- Korsakov en San Petersburgo entre 1874 y 1876 y se desempeñó como pianista y director de orquesta. De regreso en Kiev, trabajó junto con su primo -Mikhail Starystky- para transformarse en los fundadores del teatro musical ucraniano. Compuso varias óperas, de las cuales, TARAS BULBA es la más conocida y data de 1880, con libreto de Starytsky sobre la obra homónima de Nikolai Gogol. La composición de esta obra duró 10 años y su obertura se inicia con una fanfarria a cargo de los bronces, seguida por la percusión y las cuerdas. Su línea melódica data del período romántico tardío y la versión ofrecida por la agrupación sinfónica fue muy buena desde principio hasta el final, con una excelente marcación y precisión por parte de Dos Santos. Se escuchó una orquesta muy bien afinada y afiatada, con un sonido puro y compacto.

La velada continuó con una monumental versión de las celebérrimas Danzas Polovtsianas de EL PRÍNCIPE IGOR, de Borodin. Debido a la muerte del compositor en 1887, la ópera quedó inconclusa y fue terminada y orquestada por Nikolai Rimsky- Korsakov y Alexander Glazunov. Las danzas representan el fragmento más conocido de la ópera y suceden en el 2° Acto, cuando se celebra un banquete preparado por el Khan Kontchak -gobernador de los polovtsianos- y se inicia con un Andantino en 4/4 en La mayor, para seguir con el coro femenino en la Danza deslizante de las doncellas rusas, donde las muchachas evocan el recuerdo de su tierra natal tras haber caído prisioneras y reducidas a la esclavitud a manos de las huestes de Kontchak. Al Andantino de las doncellas le sigue un poderoso Allegro vivo en 4/4 en Fa mayor, en alabanza al Khan a cargo de los hombres, que prosigue con un Allegro en Re mayor en ¾ (Danza general), donde el redoblante, la percusión, las maderas y las cuerdas se ensamblan en un poderoso tutti frenético para desembocar en la Danza de los jóvenes y de los hombres (Presto en Re menor, 6/8). Luego, se alternan las voces en forma entrelazada entre la Danza deslizante de las doncellas y la de los hombres (Moderato alla breve, 2/2) para recapitular con la repetición de la Danza de los jóvenes y de los hombres hasta culminar con el impactante Allegro con spirito final en 4/4 en La mayor, donde la orquesta y el coro deben sonar de manera unánime, potente y equilibrada a la vez. Precisamente, Dos Santos ofreció una de las mejores versiones de esta famosísima página que esta cronista recuerde respetando lo manifestado en el párrafo anterior. Por su parte, el Coro del Teatro Argentino de La Plata estuvo muy bien preparado, con entradas muy precisas, respetando el canon a 4 voces en las danzas de las doncellas y de los jóvenes y los hombres. El público estalló en aplausos una vez finalizada la obra.

Tras una breve pausa, tanto músicos como coreutas tomaron sus puestos para interpretar la Sinfonía n°1 en Mi mayor de Scriabin. Denominada también por su autor “Gloria al Arte” posee 6 movimientos (Lento/ Allegro dramático/ Lento/ Vivace/ Allegro/ Andante), que narran las diferentes emociones de la vida de un artista (inspiración, amor, frustración, pasión, tormento, sufrimiento, gloria). Fue compuesta entre 1899 y 1900 y es la única de todas sus sinfonías que lleva coro y solistas. El 1° movimiento  (Lento) comienza con un Andante ondulante en Mi mayor en cuerdas, que debe sonar imperceptible para luego, ir in crescendo hasta el acorde -a cargo del arpa y del corno- que da comienzo al tema principal mediante un solo de clarinete -con claras reminiscencias del Amanecer y despertar de Siegfried y Brünhilde de EL OCASO DE LOS DIOSES, de Wagner- que luego, es tomado por las cuerdas para dar paso a un segundo tema -que se repite en el Andante final, típicamente ruso, introducido por la flauta-. Lamentablemente, hubo un desliz en el solo de corno inicial y el Andante ondulante sonó algo más fuerte de lo debido, pero que fue rápidamente subsanado merced a la profesionalidad de los músicos. Muy bien el solo de violín en el 2° tema del 1° movimiento -a cargo del concertino Nicolás Favero-, al igual que el desempeño de las maderas, las cuerdas y los solistas de las principales secciones de instrumentos. Los ronces y la percusión se lucieron en el 2° movimiento (Allegro drammatico) y en el cantábile del 3° movimiento, mientras que las cuerdas, el xilofón y las trompetas hicieron lo suyo en el 4° y 5° movimientos para llegar al Andante final, donde la envolvente voz de Guadalupe Barrientos abrió el juego (“Oh, imagen maravillosa del divino/ pura armonía del Arte!”) seguida por Santiago Bürgi, quien retornó al país después de haber vivido mucho tiempo en Europa y brindó una muy buena actuación. Su voz sonó melódica y potente en su aria y en el canon junto a la mezzosoprano. Y una vez más, el Coro volvió a brillar en el imponente canon a 4 voces, luego de la actuación de los solistas (sopranos/ contraltos/ tenores/ bajos), mientras la orquesta suena de manera triunfante y marcial hasta llegar a la capitulación final. Un muy buen trabajo en conjunto entre orquesta, solistas y coro para un final a todo trapo.

Es una pena que no haya programas de mano para conocer un poco mejor a los intérpretes, porque hubo solistas instrumentales de excelente nivel cuyos nombres quedan en el anonimato en la mayoría de los casos. De todas maneras, una está agradecida que algún funcionario de Cultura haya tomado la iniciativa de brindar la obra sinfónica de Scriabin en forma integral y de hacer innovación en el repertorio. Esto también permitió ahondar en la biografía de Lysenko -un compositor desconocido en nuestro medio- y poder apreciar su obra. En medio de tanto chauvinismo como consecuencia de la guerra ruso- ucraniana, también ha sido genial poder demostrar cómo los pueblos que poseen una rivalidad ancestral pueden estar hermanados mediante la música.  

viernes, 12 de agosto de 2022

 

Donizetti: L’elisir d’amore

Teatro Colon 10 /08 /2022

Anoche subió a escena, en el Teatro Colon,  por última vez en esta temporada, la opera L’elisir d’amore de Gaetano Donizetti. Fue una constante en las cuatro funciones que ofreció el primer elenco, con figuras estelares de la lírica actual, el fervoroso aplauso del público para un espectáculo que ha sido realmente una “mosca blanca” entre las funciones de opera que el Teatro Colon vine presentando desde hace ya muchos años.  Efectivamente, el éxito de esta memorable producción ha sido tal, que hace años que no se escuchan semejantes ovaciones al final de una representación. Esto se debe sin duda a la calidad del elenco elegido para esta popular opera de Donizetti, y demuestra la avidez del público del Colon por presenciar espectáculos de primer nivel, a los que alguna vez estuvo acostumbrado.

Este Elixir de amor, marca también un hito en la historia reciente del Teatro Colon ya que será recordado en adelante, como una gran experiencia artística digna de la historia de nuestro primer coliseo.

Partiendo de una puesta en escena, a cargo de Emilio Sagi, que si bien no fue tradicional, y traslada la acción a la década de los años cincuenta, relata el argumento con claridad, y no entra en grandes contradicciones entre la acción escénica y el libreto.

El rol de Nemorino, en esta puesta, parece haber sido escrito a la medida del tenor Javier Camarena, no solo por la ya conocida perfección de su canto, sino también por su desenvoltura escénica que encaja perfectamente de los requerimientos que esta regie propone. Camarena suma otro triunfo en nuestra sala, después de los dos estupendos recitales anteriores, convirtiéndose en un favorito del público del Colon, que lo ovacionó muy merecidamente. Bisó “Una furtiva lacrima” en una versión escrita por Donizetti antes de componer Elisir.

Lo mismo para la soprano Nadine Sierra, quien cantó estupendamente el rol de Adina. Perfecta vocalmente y muy desenvuelta en su actuación. En “Ah! fu con te verace” , desplegó todo su potencial vocal, con lo que demuestra claramente el porqué es hoy en día una de las principales exponentes de su cuerda.

El barítono italiano Ambrogio Maestri volvió a dejar una grata impresión, tal como lo hizo con su Falstaff en 2014. Fue un muy buen Dulcamara, de canto expresivo y sobrio actoralmente. Su silbido al pronunciar la ”s” en la Barcarola, fue una verdadera “trovata”.

El barítono mejicano Alfredo Deza, compuso un buen Belcore, divertido actoralmente y solvente en lo vocal.

Estupenda dirección orquestal la del maestro Pido al frente de la Estable. Fue la pieza fundamental que llevó a buen puerto estas representaciones. Abrió cortes en la obra que no se habían escuchado antes en el Colon. Muy buen desempeño del Coro Estable, a quienes además se los veía disfrutando de su labor.

En síntesis, una hermosa opera estupendamente servida por grandes intérpretes y que hizo revivir con nostalgia una época en la cual el Colon hacía sentir el rugido de su público ovacionando a las grandes figuras. Esperemos que esto se tenga en cuenta por las autoridades del teatro en las futuras programaciones. Este es el nivel del Teatro Colon que supimos conocer y que se ha ido perdiendo desde hace tiempo.

Roberto Falcone

 

 

Sinfonía nro. 2, “Resurrección” de Gustav Mahler por la Orquesta Sinfónica Nacional, solistas y el Coro Polifónico Nacional, en el CCK

 

.Orquesta Sinfónica Nacional de Argentina

.Director: Carlos Vieu

.Solistas: Jaquelina Livieri soprano); María Luisa Merino Ronda (mezzosoprano);

.Coro Polifónico Nacional

.Ariel Alonso, director del coro

.Orquesta fuera del escenario: Pablo Bochimuzzi,  director

.Organista: Sebastián Achenbach.

.Sala Principal, Centro Cultural Kirchner, 10 de agosto, hora 20.

 

             

En el anuncio de los días previos al concierto el maestro Carlos Vieu señaló que la segunda sinfonía –en do menor- de Gustav Mahler constituye un pináculo en la carrera de cada director y de cada instrumentista.

Agregaba, luego de puntualizar sobre el hecho de la colaboración entre La Orquesta Sinfónica Nacional y el Coro Polifónico Nacional, que es una sinfonía de las más importantes del repertorio, de gran porte, de gran dificultad, y de masas sonoras impresionantes.

Ello constituye un buen resumen de una obra cuyo grado de exigencia y dificultad es muy grande, en gran medida por el requerimiento técnico, la duración y la falta de tregua en un horizonte sonoro casi siempre en tensión y que, cuando ello no es así, demanda un color orquestal muy exacto y fluido así como pureza tímbrica en sonidos siempre puntuales y destacados.

Todos los elementos del sinfonismo de Mahler -la marcha fúnebre, el ländler, la música de resonancias lejanas, los amplios glissandos , los acordes de las maderas, los tutti con abundantes elementos de percusión, los solos del concertino, los pizzicatos en la cuerda y mordentes y trinos en maderas- pero en una escala y con una intensidad desconocida hasta entonces.

Muestra muy representativa de la era del “Esplendor Sinfónico”, la posibilidad de acceder en vivo a esta manifestación de la textura del contrapunto disonante (como la llama Pola Suárez Urtubey) es de por sí un acontecimiento muy importante, máxime con el resultado que fue posible apreciar en esta interpretación, a la altura de los registros referenciales de la obra.

La sinfonía requiere un gran orgánico orquestal que incluye –además de la formación habitual- numerosos elementos percusivos, clarinete bajo, clarinetes en si bemol, la y do, contrafagot, una vigorosa sección de metales, dos arpas y una nutrida masa de cuerdas.

 

Una escritura compleja

Gustav Mahler (1860-1911) concibió esta obra inicialmente como un poema sinfónico, cuyo material conforma el primer movimiento; ante la opinión desfavorable del director Hans von Bülow lo reformuló como parte de una totalidad mayor y escribió los movimientos restantes. Irónicamente, la lectura del poema “Resurrección”, de Friedrich Gottlieb Klopstock en la ceremonia fúnebre en honor a von Bülow terminó de dar forma a la obra.

Uno de los rasgos de Mahler es la reelaboración de materiales a lo largo de su obra y la transformación que hace de ellos. De este modo, dos números del “Cuerno mágico de la Juventud” (Das knaben wunderhorn) están presentes aquí en el tercer y cuarto movimiento, pero todo parece sometido a una especie de torsión y no presentarse en estado puro: un ejemplo es la marcha inicial que surge en las maderas luego de los intensos acordes de la cuerda: es una marcha fúnebre pero acentuada y, por decirlo así, “crispada”.

Excepto en algunos lugares puntuales: el ländler del segundo movimiento Andante moderato , así como el cuarto (Urlicht), a partir de la intervención de la mezzosoprano la escritura no se desarrolla en un diseño melódico amplio sino en una diversidad de motivos que, en su desarrollo ulterior, generan otros. Se trata de una textura de relieves, sumamente  intrincada. Un motivos se expande de un instrumento a otro y en ello encuentra su continuidad: va de suyo que la afinación debe ser perfecta, así como el sentido de la frase.

Movimientos como el tercero (Urlich, Sehr feierlich, aber schlich), una extensa reelaboración de uno de los lied San Antonio de Padua predicando a los peces,  del “Cuerno mágico de la juventud” es un ejemplo de la demanda interpretativa: un movimiento extenso, de sonidos cortantes que comienza en la percusión y se desarrolla a partir de un motivo introducido por las maderas.

Cada parte parece tener una complejidad propia.

 

La interpretación

Exigencias específicas en cada sección y sentido de la totalidad, el mantenimiento de un tempo adecuado y expresivo en el conjunto, precisión en cada detalle y timbres destacados son parte del desafío de la obra que transita una gran gama de sentimientos: la angustia, la introspección y la afirmación: es decir que demanda delicadeza tanto como fuerza y proyección.

Es en el cuarto movimiento (Urlich) que se introduce la voz de la mezzosoprano (“Oh pequeña rosa roja”). María Luisa Merino Ronda mostró su timbre profundo, de solemne musicalidad, elegante en un pasaje majestuoso y desgarrado al mismo tiempo.   

Una muestra del tejido complejo de la obra es el extenso diálogo entre la banda externa y la orquesta previa a la entrada en piano de coro “Resucitará, sí, resucitarás”, con una sutileza y al mismo tiempo densidad en las voces. El pasaje marca, poco después, la entrada de la soprano “Vida eterna te dará quien te llamó”. La voz de Jaquelina Livieri es de grandes y sutiles matices tanto como de proyección y potencia en todo su rango, uno que se extiende en el curso de una simple frase. Voces introspectivas, sutiles, delicadas que van creciendo progresivamente hasta ser intensas y expansivas, audibles claramente ante un aparato orquestal de la magnitud que demanda la obra. Los bajos de la orquesta brindan un soporte armónico al coro, realzan la cuerda de bajos y le dan densidad mientras crecen las voces solistas. La performance del coro habla a las claras de su calidad y su preparación.

En el documental “A mi manera”, sobre Bernard Haitink, de John Bridcut el maestro afirma que llevar a cabo un ciclo de las sinfonías completas de Gustav Mahler demanda diez años. Tal afirmación es una muestra de la dificultad de tales obras, del grado de comprensión y trabajo que requieren y a la vez nos da una pauta de lo que logró la Orquesta Sinfónica Nacional, las solistas y el Coro Polifónico Nacional a unos tres meses de adquirida la actual conformación de la orquesta.

El maestro Carlos Vieu es tan versátil como profundo y detallista en el estudio, enfoque  y la realización de una obra de la magnitud de la sinfonía que nos ocupa. Es además un formador reconocido, con alumnos como Lorenzo Guggenheim, en su juventud, maestro ya reconocido que se formó con él.

Eran certeras las palabras del maestro al caracterizar esta obra como un pináculo para un director y para los músicos que intervienen en ella.

Una vez más, cabe agradecer la gentileza del personal de Organismos Estables Nacionales y en especial de Gonzalo Quintas

 

Brillante debut del contratenor polaco Jakub Jósef Orlinski en el Colón

 

VOZ ANGELICAL Y PRESENCIA ESCÉNICA

Martha CORA ELISEHT

 

            Uno de los registros vocales que se han recuperado en estos últimos tiempos es el de contratenor. El surgimiento y auge de estas voces tuvo lugar en la Edad Media y buena parte del Renacimiento para entonar himnos y cánticos religiosos, ya que las mujeres no podían cantar en las iglesias por una bula papal (Cum pro nostri temporali munere) de 1589. Por dicho motivo, muchos hombres comenzaron a cantar en falsete (falsetistas) hasta que aparecieron los castrati -se realizaba la ablación de los testículos en los niños de origen pobre con grandes dotes vocales antes de la pubertad para evitar la secreción de testosterona, responsable del agravamiento de la voz-, que, con el tiempo, se convirtieron en grandes estrellas de la ópera. El más famoso fue Castro Boschi, más conocido como Farinelli (1705-1782), pero también hubo voces trascendentes como la de Antonio María Bernacchi (1685-1756), Gaetano Majorano (Caffarelli) (1710-1783) y Francesco Bernardi (Senesino) (1685-1759), quien era el favorito de Georg Friedrich Händel y tuvo el privilegio de estrenar su ópera Giulio Cesare en 1724. Por tener la voz de un niño con la potencia de la de un adulto, llegaron a su apogeo entre 1720 y 1730 y cobraban grandes sumas de dinero por sus actuaciones. Los cambios en los gustos operísticos y las costumbres sociales marcaron el fin de los castrati a principios del siglo XIX hasta que finalmente, se abandonó la práctica de la castración en Italia en 1861 por ser declarada ilegal tras la unificación del país. Recién hacia fines del siglo XX aparece nuevamente este tipo de voz en obras sinfónico- corales (Carmina Burana, de Carl Orff) y más recientemente, en ópera (AHKNATÉN, de Philip Glass). Hoy en día, los contratenores han vuelto a estar en vigencia y han surgido voces de gran prestigio como las de Franco Fagioli, Phillip Jaroussky, Anthony Roth Constanzo y Jakub Jósef Orlinski, quien hizo su debut en el Teatro Colón dentro del Ciclo “Grandes Intérpretes Internacionales" el pasado lunes 8 del corriente junto al ensamble instrumental de música barroca “Il Pomo d’Oro”, dirigido por Maxim Emelyanychev.

            El conjunto instrumental se especializa en ópera y obras instrumentales del barroco y clasicismo temprano a nivel internacional e hizo su debut en el Colón en 2019, acompañando a la mezzosoprano Joyce di Donato. Está integrado por Zefira Valova (concertino), Lucía Giraudo (segundo violín), Giulio D’Alessio (viola), Ludovico Minasi (cello), Ismael Camarero Nieto (contrabajo), Dolores Costoyas (tiorba) y Maxim Emelyanychev (clave, flauta de pan y dirección). Asimismo, acompañó a Jakub Jósef Orlinski en sus dos discos: Anima Aeterna y Facce d’amore, en el cual se basó para brindar gran parte de este recital. El contratenor polaco sorprendió tanto por la belleza de su voz como por su estilo jovial y desenfadado, sin solemnidad. Posee un estilo de canto refinado y muy sutil, que le permite brindar interpretaciones de muy buen gusto. Su legato, fiato y coloratura son impecables y lo demostró desde la primera de las arias de La Calisto, de Francesco Cavalli (“Erme e solinge…Lucidissima face”), donde la voz del pastor Erdemione crea la melodía sobre el bajo continuo, pasando por “Chi scherza con amor” de Eliogabalo de Boretti y continuando con otra ópera del mismo autor: Claudio Cesare, donde Orlinski cantó la Sinfonía y el aria “Crudo amor non hai pietá” haciendo gala de su voz angelical y de su magistral línea de canto. Seguidamente, interpretó el aria “Infelice mia costanza” de La Constanza non gradita, De Giovanni Batista Bononcini, caracterizada por ser un bello lamento del barroco. Por su parte, el ensamble instrumental ofreció una memorable versión de la Sinfonía de La Nemica d’amore fatta amante, donde el contrabajo actúa como un segundo violoncello, mientras que los violines ofrecen un magistral contrapunto que contrasta con el solo de viola. Al poseer cuerdas de tripa, los instrumentos permitieron apreciar ese sonido tan característico del barroco. Posteriormente, Orlinski interpretó “Odio, vendetta, amore” de la ópera Don Chisciotte in Sierra Morena, de Bartolomeo Conti, donde hizo gala de su coloratura, al igual que en “Dovrian quest’occhi piangere” de Scipione il Giovane, de Predieri, donde el enamorado se bate entre la tristeza y el despecho. El público estalló en aplausos merced a la excelente calidad de los intérpretes.

            La segunda parte del recital abrió con “Spera ché tra le care gioie” de la ópera Muzio Scevola de Händel -aria concebida para Senesino-, donde invita a confiar en el amor y abandonar el odio existente entre etruscos y romanos. Siguió con la bellísima “Sempre a si vaghi rai” de Orfeo, de Johann Hasse- escrita especialmente para Farinelli- donde el protagonista declara su amor a Eurídice. Es un aria llena de fioriture, que el contratenor supo encarar con una interpretación exquisita, llena de sutilezas y buen gusto. Al finalizar la misma, el Colón estalló en una ovación de aplausos para dar paso nuevamente al conjunto instrumental, donde Maxim Emelyanychev se destacó como intérprete de flauta de pan, clave y director para ofrecer una notable versión del Ballo de Bagliatelieri – sucesión de danzas de la época como la volta, giga, sarabanda, minuetto, bourrée y algunas otras- de Nicola Matteis, que se empleó como un insert dentro de Don Chisciotte in Sierra Morena. Tras otra ovación de aplausos, Orlinski volvió a tomar el control con otra aria de Scipione il Giovane: “Finche salvo e l’amor suo”, donde el protagonista confronta situaciones opuestas (tempestad- calma; tormento- paz) y en este caso, volvió a brindar otra soberbia interpretación para cerrar con el aria más difícil -y la más hermosa de todo el recital, según opinión personal- de Nerone, de Orlandini: “Che m’ami ti prega” (con arreglo de Johann Mattheson), donde el emperador romano demanda el amor de Poppea. El intérprete debe poseer un perfecto dominio de la coloratura, fioriture y de la técnica por la gran cantidad de escalas ascendentes y descendentes que posee. No ha sido obstáculo para Orlinski, quien la ejecutó de manera superlativa. Por dicho motivo, el Colón estalló nuevamente en aplausos. La calidad de sus interpretaciones fue tal, que motivó a ejecutar tres bises, para cerrar con el clásico “Vedró con mio diletto” de Vivaldi. Un auténtico “caballito de batalla” del contratenor, con el cual debutó en el mundo entero y con el que finalizó el presente recital.

            En estas últimas dos semanas hubo grandes eventos: los recitales de Nadine Sierra y Javier Camarena, la excelente versión de EL ELIXIR DE AMOR a cargo de estos notables intérpretes junto a Ambroggio Maestri, el debut de Simon Trpčeski dentro del Ciclo de Abono de la Filarmónica, el inicio del Festival Argerich y como si esto fuera poco, el recital de Jakub Jósef Orlinski. Independientemente de esta constelación de estrellas, se produjo algo que faltaba desde hace mucho tiempo: el rugido del Colón. Esa mágica conjunción entre artistas y público, premiada con una ovación de aplausos y vítores ante la excelencia. Una vez más, el rugido del Colón se volvió a sentir a los pies de este maravilloso artista, quien conquistó al público con su voz angelical y estilo informal.        

domingo, 7 de agosto de 2022

 

Muy buena adaptación de “EL ELIXIR DE AMOR” para público infantil

 

EL ELIXIR SURTE EFECTO HASTA EN LOS MÁS PEQUEÑOS

Martha CORA ELISEHT

 

            Uno de los méritos del Ciclo “Colón para Chicos” es la organización de conciertos didácticos para que los niños se familiaricen con los instrumentos de una orquesta sinfónica y fomentar el gusto por la música, así como también adaptar espectáculos líricos y/o coreográficos para público infantil. En este caso, se aprovechó la puesta en escena de las funciones de “EL ELIXIR DE AMOR” de Gaetano Donizetti (1797-1848) para ofrecer una versión para niños en adaptación de Marina Mora dentro de dicho ciclo. Las funciones tuvieron lugar en el Colón los días 6 y 7 del corriente a las 11 horas con puesta en escena de Emilio Sagi, escenografía de Enrique Bordolini, vestuario de Renata Schussheim, iluminación de José Luis Fioruccio y proyección en video de Natalio Ríos, con subtitulado electrónico de Mónica Zaionz, producción artística de Zunilda Eva González y coordinación técnica de Ladislao Hanczyk, bajo la supervisión escénica de Andrea Mijailovsky. Participó la Orquesta Académica del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón (ISATC) bajo la dirección de César Bustamante y un elenco formado por los siguientes cantantes: Jacquelina Livieri (Adina), Darío Schmunck (Nemorino), Gustavo Gibert (Dulcamara) y Rocío Arbizu (Gianetta) más un elenco de actores figurantes coordinados por Jimena Mangione.

            La presente versión es una adaptación de la obra original que dura aproximadamente 70 minutos, donde se realizó un extracto de las principales arias – cantadas en italiano-, mientras que los parlamentos son en castellano. Si bien se contó con subtitulado electrónico, la concurrencia estuvo formada por niños de todas las edades -algunos de los cuales todavía no saben leer- y hubo que explicarles el argumento. En vez de ambientar este gran clásico del bel canto dentro de su contexto original, Emilio Sagi trasladó la escena al campus de un colegio de Estados Unidos de la década del’50 -al estilo de High School Musical-, donde Adina es la chica más popular del colegio por ser bella, aplicada y estudiosa, mientras que Nemorino es el mejor alumno -caracterizado como un nerd- y está perdidamente enamorado de ella, pero la caprichosa Adina lo ignora. Gianetta -amiga de Adina- actúa como intermediaria y como presentadora de la acción. Al no haber coro, los figurantes ocupan el lugar del mismo cuando Adina lee la novela de Tristán e Isolda o en las escenas donde el mismo juega un papel fundamental (ante la llegada de Dulcamara o cuando Gianetta ordena guardar silencio ante la muerte del tío millonario de Nemorino y éste recibe la herencia, motivo por el cual todas las chicas lo siguen). Aunque no respete la concepción original, la puesta en escena resultó efectiva. A los chicos les encantó y permitió la entrada de los diferentes personajes.  En el caso de Dulcamara, se presenta con un descapotable de época conducido por chofer y acompañado por dos bellas asistentes, mientras que Nemorino se desplaza en bicicleta.  Se suprimieron los pases de básquet y el dribbling entre los figurantes previamente a la entrada del director de orquesta a raíz de un incidente ocurrido durante uno de los ensayos.

            En cuanto a la música, la Académica  del ISATC tuvo un rol muy correcto bajo la dirección de César Bustamante -Director del Coro de Niños del Colón-, quien supo dar una muy buena versión de la selección de fragmentos elegidos para esta ocasión (“Quanto é bella, quanto é cara”;“Della crudele Isotta”; “Chiedi all’aura lusinghiera”; “Udite, udite, rustici!”; “Caro elisir…Sei mio!”;“Esulti sur la bárbara”; “Quanto amore! Una terna occhiatina”; “Ió les laschio un bel tesoro” y la celebérrima romanza “Una furtiva lacrima”). Por su parte, Jacquelina Livieri brindó una graciosa y simpática Adina, derrochando gracia y soltura sobre el escenario. Desde el punto de vista vocal y actoral, perfecta, al igual que Rocío Arbizu como Gianetta.  Darío Schmunck compuso un muy buen Nemorino, sobresaliendo en sus arias y parlamentos junto a Adina y Dulcamara. A Enrique Gibert le tocó componer a este simpático y misterioso personaje, creador del mágico elixir que todo lo puede merced a sus dotes histriónicas y su experiencia profesional. Ha interpretado este rol en varias oportunidades y en esta ocasión lo hizo con gracia y talento, invitando a los chicos a batir palmas al compás de la música en el aria final.

            ¿Y el público?... A veces, una se queda sorprendida de ver lo bien que se portan los chicos durante el desarrollo de un espectáculo. Estaban encantados y fascinados con la puesta en escena, la historia y sus protagonistas. Prestaron mucha atención y exclamaban cada vez que aparecía un personaje -sobre todo, en la entrada de Dulcamara- y comprendieron perfectamente el argumento de la obra. Por más que estuviera cantada en italiano, supieron apreciar de qué se trata una ópera. Es muy recomendable educar a los chicos desde temprana edad llevándolos a ver este tipo de espectáculos -que a juicio de quien escribe, deberían representarse más a menudo-. Es la única manera de formar nuevos públicos y la más correcta. Si les gustó, probablemente retornen algún día a nuestro mayor coliseo para ver una ópera en toda su magnitud. En este caso, el mágico elixir surtió su efecto: no sólo entre los chicos, sino también entre sus padres, familiares y en ese niño que todos llevamos dentro.