domingo, 14 de agosto de 2022

 

NOCHE DE EMOCIONES INTENSAS

 

Orquesta Sinfónica Nacional, temporada 2022. Concierto Sinfónico-Vocal-Coral, Director: Carlos Vieu. Solistas: Jaquelina Livieri (Soprano), María Luisa Merino Ronda (Mezzosoprano), Coro Polifónico Nacional, Director a cargo: Antonio Domeneghini, Preparador Invitado: Ariel Alonso. Programa: Gustav Mahler: Sinfonía Nº 2 en Do menor “Resurrección”. Centro Cultural Kirchner, Auditorio Nacional, 11 de Agosto de 2022.

 

NUESTRA OPINION:EXCELENTE.

 

  En anteriores ocasiones en que la Sinfonía Nº 2 en Do menor “Resurrección” de Gustav Mahler se ha ofrecido, he analizado diferentes aspectos a tener en cuenta como por ejemplo la época de composición, la circunstancia del fallecimiento del Director de Orquesta Hans Von Bulow en cuya ceremonia de sepelio Mahler escuchó por vez primera el poema “Resurrección” de Klopstrock y halló en él el texto justo para cerrar su inmenso trabajo, en donde la música comienza desde el dolor más profundo y gracias a los textos tanto de Armin y Brentano en el lied “Luz Primigenia” que conforma el cuarto movimiento como en el citado poema de Klopstrock, se arriba a un enfoque de revivir o, tal vez mejor dicho, “resurgir” como lo señala la inolvidable traducción de Julio Palacio a los textos y comentarios de Deryck Cooke que acompañan a la extraordinaria edición discográfica de la versión que Sir Georg Solti efectuó con la Orquesta Sinfónica de Londres.  Pues bien, en ese tránsito para el que Mahler dispuso un inmenso dispositivo orquestal, el que halla tregua en los dos movimientos pares de corte más íntimo y reflexivo,  se abordan momentos de altísima tensión donde se grafican el dolor, los recuerdos de los seres queridos  y los pensamientos hacia cada uno de esos seres y encuentran en la parte final en la música con la que Mahler sostiene el texto del último poema un sentido de liberación de espíritu en el convencimiento de que habrá un reencuentro con todos esos seres aun cuando el propio recorrido por la vida haya llegado a su fin . Esa es la idea del trabajo, el que en aproximadamente una hora y veinte minutos transita por todo ese camino. Para el Mtro. Vieu este concierto significaba celebrar los veinte años ininterrumpidos de colaboración con la Sinfónica Nacional. Para la Orquesta, el poder volver a presentarse con un orgánico completo luego del convenio acorado con las autoridades dependientes del Ministerio de Cultura de la Nación, que incluyó además en el final la utilización del órgano Klais de la sala.  Y para quien esto escribe los cuarenta años de haber descubierto esta obra en el desaparecido cine “Maxi” frente al Teatro Colón cuando las recordadas filmaciones de “Conciertorama” ofrecidas los días Domingo por la mañana brindaban la que tal vez sea la mejor versión de la historia con Leonard Bernstein justamente al frente de la Orquesta Sinfónica de Londres en la Catedral Anglicana de Ely (Inglaterra), la que inevitablemente me marcó como oyente.

 

  Durante los días previos a través de las redes sociales fueron apreciándose avances de los ensayos de este concierto. Cuando el día anterior escuché el extracto del ensayo general correspondiente al final tuve la certeza de que estábamos ante el preámbulo de una de las grandes versiones. No me equivoqué. Desde el ataque inicial de Vieu, un sonido profundo y homogéneo nos llevó a encontrarnos con el fondo mismo de la obra. La compenetración de los integrantes de la orquesta fue absoluta. Las tensiones expuestas de la marcha que inicia la obra fueron admirables, tanto  como los breves momentos de serenidad que se incluyen dentro de este fragmento.

 

  Un sonido altamente refinado y de suma delicadeza fue el que el Maestro obtuvo en la interpretación del segundo movimiento, aquí tanto cuerdas como vientos tuvieron desempeños de altísima calidad. En una página en donde pueden quedar al desnudo las imprecisiones y los errores , la Orquesta los resolvió de manera estupenda con la firme guía de Vieu.

 

    Aquí la obra deja de lado los recuerdos y comienza a transitar sostenidamente el camino hacia la resolución de la misma y es por eso que los tres movimientos finales se exponen con brevísimas  pausas, casi con el tiempo justo de dar vuelta las páginas y continuar, en ese sentido los músicos respondieron con creces y el público observó a lo largo de la interpretación una conducta formidable. Tanto que no se escucharon aplausos al final del primer movimiento y tan solo saludó con una respetuosa salva la entrada de las voces solistas y el Coro. En el tercer movimiento son fundamentales tanto los bronces como la amplia batería de percusión quienes intervinieron de forma ajustada y precisa, fundamentalmente en el momento del estallido del tema que preanuncia el comienzo del movimiento de cierre.  Pasamos entonces al cuarto mometo que es el lied “Luz Primigenia” para voz femenina de grave registro (por caso preferentemente contralto) y aquí María Luisa Merino Ronda supo darle el énfasis justo a cada palabra con un timbre bellísimo  y una colocación perfecta de la voz. Manejó muy bien el idioma alemán  y expresó de maravillas el Lied, muy bien secundada por la orquesta que brindó un muy delicado acompañamiento, logrando así el clima de reflexión que la página propone.

 

      Ingresando a la parte final, en donde la orquesta retoma el poderoso “climax” que precede al final del tercer movimiento, se inicia una marcha que grafica el retorno de todos quienes han perecido a la espera de la vuelta a la vida. Hay fanfarrias fuera de escena, las que fueron conducidas por Pablo Bocchimuzzi con suma corrección. Nuevamente fundamentales los bronces y la percusión, los que realizaron una labor sumamente precisa. Y tras la  tercera y última exposición del “estallido” sonoro, llegamos al momento decisivo de la parte final. Aquí inicia el coro desde un “pianissimi” casi imperceptible junto a la voz solista de soprano y le correspondió a Jaquelina Livieri  ser la encargada de ofrecer su voz para este fragmento fundamental. Lo hizo de manera admirable, enfatizando en los pasajes más notorios y dotando de la debida calidez vocal  a los instantes más reflexivos. También se unió la estupenda voz de Merino Ronda a partir del momento en que comienza a ganar en intensidad el movimiento y el Coro Polifónico Nacional, magistralmente preparado por Ariel Alonso  intervino de manera ajustada con impecables intervenciones llegando a la imponente coda final con perfecta potencia y ensamblándose con las solistas, el órgano y la orquesta hasta conformar una perfecta unidad de fuerzas bajo la guía firme de Vieu, quien dispuso además a varios de los integrantes de las fanfarrias en torno a los laterales de la platea alta, para ganar con un sonido envolvente la fuerza que el final pretendido por Mahler expresa .

 

  Fue un final conmovedor que impactó en el público, el que estalló en una imponente ovación para saludar este trabajo.  Nos queda la estupenda intervención de las dos solistas vocales, un Coro Polifónico Nacional que cantó con una entrega total, una Orquesta que hasta hace dos meses atrás temía por su futuro y despejadas las dudas respondió con una excelencia pocas veces vista y porque no decirlo “resucitando” también desde ese momento tan oscuro. Y un Director que ha llegado este año a su absoluta madurez interpretativa, superándose a sí mismo y pudiendo ofrecer el repertorio que le es afín. Solo me resta decir que Vieu ha hecho honor a la tradición de los enormes Maestros que han guiado a Ntra. primera Orquesta: Castro, Tevah,Zorzi y Calderón. Sea Ud. también bienvenido a este grupo.

 

Donato Decina

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