sábado, 13 de agosto de 2022

 Brillante inicio del Festival Argerich junto a la Filarmónica en el Teatro Colón

 

CADA DÍA TOCA MEJOR

Martha CORA ELISEHT

 

            A medida que un intérprete va envejeciendo con el paso de los años, adquiere mucha mayor experiencia y madurez artística. Muy a menudo, se los compara con un buen vino: cuanto más añejo, mejor. En el caso de una eximia intérprete como Martha Argerich, ya entra dentro de una categoría superior: la de un mito viviente o una auténtica leyenda del piano. Que retorna todos los años a su país natal para ofrecer el Festival que lleva su nombre, cuyo concierto inaugural correspondiente a la presente temporada tuvo lugar el pasado viernes 12 del corriente en el Teatro Colón, donde se presentó junto a la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires (OFBA) dirigida por Charles Dutoit y ofrecieron el siguiente programa:

-          Concierto en Sol mayor para piano y orquesta. M.83- Maurice RAVEL (1875-1937)

-          Sinfonía Fantástica, Op.14- Héctor BERLIOZ (1803-1869)

 

Ante una sala prácticamente colmada de gente, se produjo una auténtica ovación de aplausos y vítores cuando el binomio Argerich- Dutoit hizo su presentación sobre el escenario del Colón para brindar una sobresaliente versión del Concierto en sol mayor para piano y orquesta de Ravel. Compuesto entre 1931 y 1932, fue estrenado en París con el compositor en el podio y Marguerite Long como solista. Consta de 3 movimientos (Allegramente/ Adagio assai/ Presto), que se inicia súbitamente con un golpe de látigo, mientras el piano comienza con una serie de arpegios en el registro agudo, con ribetes de jazz para culminar con una coda en frigio. La pulsación, la técnica y la digitación de Martha Argerich permanecen inalterables con el correr del tiempo, hasta tal punto que se eleva hasta el paroxismo. Prueba de ello fueron las difíciles cadencias del 2° movimiento (Adagio assai), donde el tinte impresionista de Ravel alcanza su máxima expresión en el solo de corno inglés final -brillante actuación de Michelle Wong al respecto-. Otros de los solistas de la Filarmónica que se destacaron fueron Fernando Ciancio (trompeta), Matías Tchicourel y Alfonso Calvo (clarinetes), Claudio Barile (flauta), Horacio Massone (piccolo) y los percusionistas Federico Del Castillo y Franco Rapetti (cajas, platillos y timbal, respectivamente). El movimiento final fue una clara demostración de virtuosismo por parte de Martha Argerich en las cadencias, arpegios, trinos y arabescos, mientras que Charles Dutoit dirigió magistralmente a la Filarmónica. Una vez más, el Colón volvió a rugir al final del concierto y se deshizo en una ovación de aplausos y vítores. Tras una breve pausa, se produjo la gran sorpresa de la noche: la aparición de un niño vestido con la camiseta de la selección argentina de fútbol -más precisamente, con el número 10 en la espalda- junto a Martha Argerich. –“¡Es mi nieto!”- exclamó orgullosa. Y demostrando los postulados de Mendel -por los cuales, los genes se heredan-, abuela y nieto se sentaron frente al piano para tocar una transcripción a 4 manos de “Laideronette, Emperatriz de las Pagodas” de MA MÈRE, L’OYE (Mi madre, la Oca) de Ravel. Una nueva ovación de aplausos y vítores se volvió a sentir y el Colón volvió a rugir una vez más.

La Sinfonía Fantástica, Op.14 es la más conocida de las obras de Héctor Berlioz y narra los episodios de la vida de un artista en 5 partes, constituyendo un claro ejemplo de música descriptiva. Fue compuesta en 1830 y se dice que la actriz Henriette Constance Smithson -de quien Berlioz restaba profundamente enamorado- fue la musa inspiradora de esta obra maestra. Un joven músico afectado por una enfermedad -la vaguedad de las pasiones (le vague des passions)- ve por primera vez la imagen de una bella mujer que reúne todas las características que él imaginó y se enamora perdidamente de ella, pero la imagen de la amada ideal siempre está asociada a una idea musical (idée fixe), que se representa en los 5 movimientos que integran la obra (Sueños- pasiones/ Un baile/ En el campo/ Marcha al cadalso/ Sueño de una noche de Aquelarre).  La orquesta se presenta con un orgánico completo (cuerdas, dos arpas, maderas por 3 a 4, cuatro cornos, tres trompetas, tres trombones, dos tubas, doble juego de timbales a 4 manos (solo de dicho instrumento en el 3° movimiento), y numerosos instrumentos de percusión (doble bombo, platillos, campanas, triángulo, cajas)). El 1° movimiento se inicia en Do menor para luego, pasar a Do mayor, donde Berlioz rompe con las convenciones de la escritura simétrica de la época y buscó melodías que desafiaran la armonización normal. El 2° movimiento (Un baile) comienza con un vals en La mayor en 3/8, creando una atmósfera emotiva antes del solo de las dos arpas – muy buena interpretación de María Cecilia Rodríguez y Alina Traine- para dar lugar, posteriormente, al vals propiamente dicho, donde la idée fixe se presenta dos veces. En el 3° movimiento, el músico escucha dos pastores arriando sus vacas -representados por el corno inglés, con oboe fuera de escena- antes de comenzar con el adagio en 6/8 a cargo de la flauta y los violines hasta el sonido del trueno distante representado por los timbales. Los solistas de las diferentes secciones de instrumentos de la Filarmónica tuvieron una destacadísima actuación, mientras Dutoit dirigía de memoria imponiendo energía, una perfectísima marcación y perfecto dominio de los tempi, logrando un sonido prístino en la impresionante Marcha al cadalso, donde el artista está bajo los efectos del opio y sueña que ha matado a su amada, es declarado culpable y es condenado a morir en el cadalso, con una excelente actuación de Rapetti en timbales. Lo mismo sucedió en el Sueño de una noche de Aquelarre, donde existen varios cambios de tonalidad y de compases -que remedan el Dies Irae y al caldero de la reunión de brujas-. La idée fixe se ha transformado en una canción vulgar y el artista decide unirse a la orgía -magistral interpretación de Matías Tchicourel- para culminar con una fuga a cargo de toda la orquesta. Una de las mejores versiones de esta sinfonía que una haya escuchado sobre el escenario del Colón bajo la soberbia batuta de este gran director suizo.

Tras haber estado casados durante mucho tiempo, el binomio Argerich- Dutoit sigue funcionando a la perfección, demostrando todo su arte y de lo que son capaces de hacer. El escenario del Colón volvió a vestirse de fiesta y su rugido se volvió a sentir: esta vez, en materia de conciertos ante la presencia de estos grandes artistas. Otra gran noche de la Filarmónica, donde la orquesta brilló con luz propia y una batuta que brindó una versión sublime. Y una solista que cada día toca mejor

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