sábado, 6 de junio de 2026

 


Philippe Herreweghe y la Orchestre des Champs-Elysees en el escenario del Colón durante el concierto de abono del Mozarteum Argentino captados por la Sra. Liliana Morsia. Agradecemos al Mozarteum la gentleza de acercarnos esta fotografía para ilustrar el presente comentario.


GLORIOSA COMBINACION DE EXPERIENCIA Y SABIDURIA

 

Mozarteum Argentino, Temporada 2026. Presentación de la  Orchestre des Champs-Elysees. Director: Philippe Herreweghe. Programa. Obras de Schubert y Beethoven. Teatro Colón, 01 de Junio de 2026.

 

NUESTRA OPINION: EXCELENTE

 

  A casi dos décadas de su primera visita a Buenos Aires (y también gracias a los esfuerzos del Mozarteum Argentino), retornó la Orchestre des Champs-Elysees bajo la guía de su fundador Philippe Herreweghe. Como se sabe, este extraordinario conjunto dedicado al revisionismo histórico se aboca a llegar a la más precisa interpretación musical al momento del estreno de las obras que aborda, utilizando instrumentos construidos en el estilo de esos tiempos. Fundada en 1991, la Orchestre des Champs-Elysees ha recorrido en estos 35 años un extensísimo camino que la ha llevado a interpretar un repertorio que abarca desde Vivaldi al post-romanticismo. Imposible no recordar esa primera visita en donde apreciamos, incluso con montaje de fondo, la Sinfonía Fantástica de Berlioz  junto a su Op. 5b “Lelio o el regreso a la Vida”, única oportunidad en que este cronista pudo escucharlo en concierto (y quién sabe cuántas otras personas más).

 

  Sabido es que en estos tiempos difíciles traer un conjunto sinfónico desde el viejo mundo a estas latitudes es una empresa harto complicada. Gastos de todo tipo (acarreos, seguros, traslados aéreos y terrestres, alojamiento, entre otros). Es por eso que ante estas circunstancias en nada debe extrañar la elección del repertorio para un conjunto de medianas dimensiones, pero no por ello se puede perder la oportunidad de apreciar a dos monumentos de la historia universal de la música y en este tipo de abordaje. Entonces, bienvenida la ocasión y la apuesta del Mozarteum Argentino en volver a traer a su abono a un conjunto sinfónico.

 

  La primera parte del programa estuvo dedicada a la Sinfonía Nº 8 en Si menor, número de catálogo D.759 de Schubert, es decir, la celebérrima “Inconclusa”.

 

  Sumergirse en la escucha de esta versión, es ingresar en un mundo fascinante. La precisión, los “Tempi” y las dinámicas impuestas por el  Maestro Herreweghe, hacen que se aprecie una verdadera “limpieza” de todo lo que ha venido transcurriendo después con la evolución de los conjuntos orquestales hasta nuestros tiempos. Hago hincapié en el tema de la magnífica resolución de la afinación, concepto fundamental para este tipo de organismos. Siempre al tono, surgiendo entonces un sonido “mate” tan distintivo de las orquestas Europeas. Herreweghe plasma un enfoque intenso, ofreciendo la interpretación sin cortes de la partitura, de total justeza, en el que un “tempi” dinámico no significó en modo alguno sacrificar profundidad e intención. Así las cosas, los dos movimientos fluyeron con naturalidad ante el silencio total de la sala, la que luego de una pequeña pausa al final, estalló en la primera ovación de la noche.

 

  Tras la justa pausa, retornamos para escuchar ahora al otro monumento: la Sinfonía Nº 7 en La mayor, Op. 92 de Beethoven. Aquí puedo decir que con esta elección, el Maestro Herreweghe ofrece una línea de continuidad en la evolución musical. Beethoven y Schubert coexistieron en la misma época y en la misma ciudad. Por lo tanto es como si el gran genio de Bonn le pasara al otro gran genio austríaco el testimonio, aunque desgraciadamente la prematura muerte del segundo nos privó de apreciar cual pudo haber sido su evolución musical. Al ir escuchando esta versión, también de partitura completa, pude volver a apreciar ese “tempi” parejo  y un detalle de excelencia cual fue el de un silencio extendido entre frase y frase al inicio de la recapitulación del tema principal del cuarto movimiento. Debería decir que más que la “exaltación de la danza” (como siempre se la denomina a esta sinfonía), en esta versión podríamos denominarla como “exaltación de la libertad”,  en honor a esa libertad creativa de la que Beethoven gozó y a la que llevó hasta las últimas consecuencias. No extrañó entonces que tras el compás final otra gran ovación saludó a Herreweghe y a los músicos como gratitud  y reconocimiento a la labor desplegada en el escenario del Colón.

 

  Un Director conmovido y agradecido, decidió, tras consultar con los músicos, ofrecer un pequeño, pero apreciado “bis”. Ofrecer el final del Tercer movimiento de la “Séptima”.  Todo dicho.

 

Donato Decina


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