La desgarradora escena final de "Otello" de Giuseppe Verdi encarnada por María Belén Rivarola y Michael Fabiano, captada de manera magistral por Juanjo Bruzza para Prensa Teatro Colón.
Gran debut de Michael Fabiano en la producción de “OTELLO” en el Teatro Colón
CON EL ESPÍRITU DE SHAKESPEARE Y EL ALMA VERDIANA
Martha CORA ELISEHT
Tras el suceso alcanzado con AÍDA en 1871, Giuseppe Verdi (1813-1901)
consideró que había alcanzado su apogeo como compositor de ópera y, por lo tanto, el
hecho de componer otro melodrama no estaba en sus planes. No obstante, el gusto
musical había cambiado por aquel entonces. El drama wagneriano se imponía por sobre
la tradición operística italiana y este hecho no pasó desapercibido por el denominado
movimiento Scapagliati, entre cuyos integrantes estaba el joven compositor y libretista
Arrigo Boito (1842-1918), quien fue el introductor del drama wagneriano en Italia con
su ópera Mefistofele (1868). En aquella época, Boito tenía 21 años e instaba desde las
páginas del semanario satírico Il Fígaro a romper con los característicos cánones
tradicionales de composición (obertura, recitativo, aria, cavatina y cabaletta) para
integrar los elementos y la complejidad armónica de la ópera alemana al drama italiano
colocándolos al servicio de la voz. Previamente al fracaso de Mefistofele en la Scala de
Milán, Boito había compuesto en 1865 un libreto sobre la obra maestra de William
Shakespeare (1564-1616): Hamlet, que nunca llegó a estrenarse.
Sabiendo la fascinación que el genio de Stratford- on- Avon ejercía sobre Verdi,
el editor Giulio Ricordi aprovechó la oportunidad para reunir al Vecchio con el joven
Boito en la revisión del libreto de SIMON BOCCANEGRA en 1881 y ahí nació una de
las mejores contribuciones en la historia de la lírica: OTELLO, compuesta y estrenada
en la Scala de Milán en 1887 con música de Verdi y libreto de Arrigo Boito sobre el
drama shakesperiano cuando Il Vecchio contaba con 73 años. Se transformó en un
suceso rotundo y está considerada como uno de los mejores dramas de la lírica italiana.
El Teatro Colón decidió incluir la penúltima de las óperas de Verdi dentro de la
temporada lírica del corriente año en una coproducción con la Ópera de Tenerife, cuyas
representaciones tendrán lugar entre los días 14 al 25 del corriente con la siguiente ficha
técnica: dirección escénica de Favio Sparvoli; escenografía de Nicolás Boni; diseño de
video de Nicolás Boni y Matías Otálora; vestuario de Tomasso Lagattola; iluminación
de José Luis Fioruccio; coreografía de Vagram Ambartsoumian y asistencia de dirección
de escena, vestuario e iluminación a cargo de Ángela Boveri, Martina Nosetto y Ariel
Conde, respectivamente. Asimismo, participan la Orquesta Estable bajo la dirección
musical de Alejo Pérez, el Coro Estable y de Niños dirigidos por Miguel Martínez y
Mariana Rewerski respectivamente.
Quien escribe tuvo oportunidad de asistir a la función ofrecida el pasado sábado
15 del corriente, con el siguiente reparto: Michael Fabiano (Otello), María Belén
Rivarola (Desdémona), Fabián Veloz (Yago), Darío Leoncini (Cassio), Alejandra
Malvino (Emilia), Christian Peregrino (Lodovico), Iván Maier (Roderigo), Sebastián
Barboza (Montano) y Gabriel Vacas (Heraldo).
La puesta en escena de Favio Sparvoli y la escenografía de Nicolás Boni
resultaron muy apropiadas y efectivas para ambientar la obra y permitir los cambios de
escena, al igual que la proyección de video de Matías Otálora y el vestuario de Tomasso
Lagattola, logrando una muy buena producción escénica que respeta la concepción
original de la obra y los detalles de época, pese a que el protagonista no está maquillado
como moro. A juicio personal de quien escribe, es la única inconsistencia de la presente
producción.
Una de las principales características de Otello es que es atemporal: el León de
Venecia -que ejerce el poder en Chipre- está consumido por los celos -por cierto, un
sentimiento de total inseguridad hacia la fidelidad de su esposa- mediante una intriga
muy bien urdida por Yago, quien actúa como un auténtico patrón del mal con tal de
satisfacer su propia ambición colocando el pañuelo de Desdémona en manos de Cassio,
que inicia la tragedia y ofrece al moro de Venecia una prueba de aquello que temía. No
obstante, en la presente versión, Sparvoli presenta a la protagonista femenina no como
una mujer doliente y sumisa a la voluntad de su marido, sino como una mujer rebelde,
consciente de sus actos y decisiones. Esto se pone de manifiesto en el vestuario del 4°
acto, donde aparece con un deshabillé color carne, cuyo simbolismo significa pérdida de
toda protección y expuesta a la violencia por parte de su esposo. Por su parte, Otello
aparece ataviado con una chilaba para reforzar su origen morisco. El uniforme no
desparece sólo porque haya cambiado, sino porque aquello que representaba ha dejado
de sostenerlo.
La dirección musical de Alejo Pérez fue impecable desde el principio hasta el
final, donde manejó con absoluta maestría y perfección los matices de la partitura
verdiana y los silencios para permitir la respiración de los cantantes. La Estable brilló
bajo su batuta, al igual que el Coro Estable desde el comienzo del 1° acto en todas sus
intervenciones, magníficamente preparado por Miguel Martínez y sucedió lo mismo con
el Coro de Niños en el 2° acto bajo la preparación y dirección de Mariana Rewerski.
Con respecto de los roles coprimarios, todos los intérpretes se destacaron en sus
respectivos roles y Darío Leoncini brindó un muy buen Cassio. Por ser el personaje
pivotal y eje sobre el cual se va a desencadenar la tragedia, se lució desde el punto de
vista vocal y actoral, al igual que Alejandra Malvino como Emilia.
En cuanto a los roles principales, Fabián Veloz demostró una vez más por qué es
un barítono de trayectoria internacional y el ganador durante tres veces consecutivas del
premio “Mejor Cantante Lírico masculino” otorgado por la Asociación de Críticos
Musicales de la Argentina. Su interpretación de Yago fue magistral desde su
participación en el aria del brindis con Cassio y Roderigo (“Innafia l’ugola”) que
alcanza su clímax en la célebre “Credo in un Dío crudel che m’ha creato” y prosigue en
el dúo con Otello (“Ció m’accora”) cuarteto con Emilia, Otello y Desdémona (“D’un
uom che geme il tuo disdegno/ la preghiera ti porto”) y la gloriosa aclamación del
protagonista ante el pueblo al final del 3° acto (“Ecco il leone”) mientras Otello se
debate deshecho por el dolor al comprobar la supuesta e infundada traición por parte de
su esposa. María Belén Rivarola es la soprano verdiana argentina por excelencia:
perfecta comprensión e interpretación del drama en todos sus aspectos y, en este caso
particular, brindó un excelente Desdémona merced a su legato, línea de canto y tesitura,
luciéndose en los pianissimi de las arias a su cargo (“Giá nella notte densa”, los dúos
con Otello del 1° acto (“Te ne rammenti?”) y del 3° (“Dio ti giocondi, o sposo” y “Io
prego il cel”)), antes de pasar al final de dicho acto (“Dammi la dolce e lieta parola del
perdono”) la célebre Canción del sauce y el Ave María del 4° acto. Fue sumamente
aplaudida y vitoreada al terminar su plegaria y en el saludo final.
El debut de Michael Fabiano sobre el escenario del Colón no pudo ser mejor. El
tenor estadounidense se lució en el rol protagónico en toda su dimensión merced a la
potencia de su voz, su línea de canto, matices y dotes histriónicas. Desde el “Esultate!”
inicial, los dúos de amor con Desdémona anteriormente mencionados y la célebre “Un
bacio… un bacio ancora” que va a actuar como leitmotiv durante el desarrollo de toda
la ópera para reaparecer en el 4° acto y cerrar la tragedia con fuerza desgarradora.
También se lució al final del 2° acto en la cabaletta “Sí! Per ciel marmoreo giuro!”,
demostrando la furia de un hombre herido por los celos, al igual que en el monólogo del
3° acto (“Dio mi potevi scagliar”) para culminar en el 4° acto con “Niun mi tema”.
Descolló en todas y cada una de sus interpretaciones y cuando salió junto a María Belén
Rivarola antes del saludo final, el Colón los aplaudió intensamente en mérito por su
labor.
No solamente es una obra maestra y de una candente actualidad, sino que sus
personajes son también terriblemente humanos. El poder, la ambición, los celos y las
intrigas son sentimientos y actitudes inherentes a los seres humanos cuya vigencia
persiste hasta la actualidad y, al mismo tiempo, capaces de desencadenar una tragedia
íntima. No existe nada tan actual como el femicidio y la violencia de género que, en este
caso, provienen de la conjunción entre la pluma inmortal de Shakespeare y la magistral
música de Verdi.
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