Un pianista de fina estirpe…
Por Jaime Torres Gómez
Con presentaciones en Santiago y Viña del Mar, y luego de algunos años, regresó el excelente
pianista japonés Ryutaro Suzuki, asistiéndose en esta oportunidad a la presentación del Teatro
Municipal de Viña, organizada por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso en alianza
con el Teatro comunal, que este año ha considerado un interesante ciclo de piano.
Con un lleno total, dio cuenta de la alta convocatoria que tienen los recitales de piano en la
comunidad viñamarina y porteña, celebrándose haber organizado, con acertado criterio curatorial,
un ciclo con pianistas nacionales e internacionales, aprovechándose en pleno los magníficos
Bossendörfer y Fazioli del Municipal. Sin embargo, queda pendiente restituir los tradicionales
ciclos de música de cámara en el magnífico teatro viñamarino, considerando la actual hegemonía
de presentaciones de orquestas. En todo caso, el presente ciclo de piano es una muy buena
señal y aporte a la línea editorial de este patrimonial coliseo.
Con repetición del mismo programa ofrecido antes en Santiago, contempló atractivas y poco
frecuentadas piezas de Fredéric Chopin y Franz Liszt. Poseedor de una consumada técnica
(limpia digitación y magnífico uso del pedal) e irreprochable musicalidad (notable capacidad de
construcción de atmósferas), Suzuki responde al perfil deseable de lo que debe ser un músico:
servicialidad irrestricta a la partitura y distancia a todo efectismo…
Con una primera parte dedicada a F. Chopin, comenzó con una notable versión del Nocturno en
mi bemol mayor, Op 9 N° 2, servido de un delicado toucher, precisos tempi y celebrada
cantabilidad de las frases. Seguidamente, toda una curiosidad, con una selección de 3 de las
Canciones Polacas, en transcripción de Franz Liszt, S 480t, Del todo idiomático el abordaje
de estas piezas muy bien transcritas por Liszt, con estupendas transparencias más un acendrado
sentido del canto interior. Y finalizando este primera parte chopiniana, notables versiones de la
Mazurca en la menor, Op17 N° 4 y la entrañable Balada N° 1 en sol menor, Op 23,
nuevamente develando, con elocuencia, el pathos interno de cada pieza.
Luego de una breve pausa (en sí, el programa fue de cortísima duración…), dos portentosas
piezas de F. Liszt: El Miserere de la ópera Il Trovatore, de Verdi, S.433, y las Reminiscencias
de la ópera Don Giovanni, de Mozart, S.418. Con innegable oficio, Suzuki puso su consumada
técnica al servicio de un genuino propósito artístico, con discursos interpretativos de prístinas
transparencias, exquisitos fraseos y segura digitación. Gran claridad de las voces internas y
notable sentido del legato. Sin duda, dos triunfales versiones de obras susceptibles de
desdibujarse ante cierta tentación de pseudos exhibicionismos virtuosísticos.
En suma, una presentación de un pianista de fina estirpe, que supo subordinar su consumado
dominio técnico a un propósito musical superior…
No hay comentarios:
Publicar un comentario