martes, 1 de septiembre de 2026




Esta magnífica captura de Juanjo Bruzza para Prensa del Teatro Colón nos muestra en la primera velada de concierto el apreciado mutuo saludo entre Aristo Sham y Srba Dinic ante la satisfactoria mirada de los integrantes de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Corolario de un gran concierto el que se igual forma se repitió a la mañana siguiente.



VALE LA PENA MADRUGAR ASI


Teatro Colón, temporada 2026.Repetición del décimo concierto de abono a cargo de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, Director: Srba Dinic. Solista: Aristo Sham (Piano). Programa: Obras de Shostakovich y Rachmaninoff. 30 de Agosto de 2026.




NUESTRA OPINION: EXCELENTE


  El Teatro Colón, su Dirección Musical y la Conducción de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires tomaron la muy saludable decisión de repetir en día Domingo por la mañana la programación que integró el décimo concierto de abono de la temporada del conjunto con la conducción del probadísimo maestro serbio Srba Dinic y la participación como solista del pianista Aristo Sham, medalla de oro y premio del público del concurso Van Cliburn 2025. En los grandes momentos en la historia del conjunto, el que como se sabe celebra su octogésimo aniversario en la presente temporada, ha repetido sus conciertos importantes como una manera de facilitarle a su público la concurrencia a los mismos y en muchas de esas ocasiones a precios populares. En el primer concierto de este año, lo hizo en Domingo por la tarde y en otras, como en la presente oportunidad, Domingo a la mañana. Nombrar en especial un programa me remonta a 1983 cuando en la integral de sinfonías de Tchaikovsky con el inmenso Yuri Simonov se ofrecieron las sinfonías n°s. 3 y 4 en repetición matinal, en la que el público estalló de manera tal que se percibió lo que en nuestro programa de Streaming llamamos “El rugido del Colón”.


  Este concierto, al que en el ciclo de abono se lo denominó “Dos Miradas de Rusia”, se inició con la interpretación de la Sinfonía N° 15 de Dimitri Shostakovich. Obra estrenada en 1969, no solo representa la última de las sinfonías compuesta por el insigne maestro ruso, sino que conlleva una verdadera “despedida” del género en la forma en que habitualmente se lo conoce con una estructura de cuatro movimientos. 


  De alguna manera Shostakovich se las ingenió para mandar mensajes encubiertos en una época en que la guerra fría y el frente interno, por entonces soviético, se hallaban bajo la férrea conducción de Leonid Brezhnev, por ese entonces solamente secretario general del Partido Comunísta, al que le adosaría el “Presidium” hace cincuenta años atrás en 1976. Citas a “Guglielmo Tell” (última ópera de Rossini), a los “leitmotiv” de la tetralogía Wagneriana, en especial, “El Ocaso de los Dioses”, como también al famoso comienzo de “Tristan und Isolde” del propio Wagner y autocitas a momentos esenciales de sus sinfonías y obras de cámara, dan por resultado un trabajo sumamente complejo del que verdaderamente se necesita una precisión “de relojería” para una verdadera interpretación. El final también marca la repetición de los últimos compases hasta la extinción como en la reprobada (por los comisarios culturales) Sinfonía N° 4. En dicha partitura Shostakovich deja entrever en el final que es consciente de haber transgredido y cruzado el límite que la censura de la época fijaba y de ahí la sensación de incertidumbre en que la página se cierra. Aquí esa extinción es, en cambio, un “hasta aquí llegué” y que sus seguidores estén atentos a esos últimos compases.


  Dinic demostró comprender por completo el sentido de la obra. Su concertación fué magistral, obteniendo de la Filarmónica una respuesta memorable. Ajustada en todos sus sectores, con intervenciones rutilantes de los solistas que tuvieron participación en la obra y con un sonido corpóreo que fue brillante en los “tutti”, la Orquesta sonó a la altura de las mejores agrupaciones internacionales, demostrando todo lo que puede ser.


  Y para redondear una mañana de verdadero “paladar negro”, con el concurso del pianista chino Aristo Sham, se asistió a una extraordinaria versión del Concierto para Piano y Orquesta N° 3 de Serguei Rachmaninoff, pieza de una inusitada belleza en la que el compositor plasma en el pentagrama sus diferentes estados de ánimo transitando de la sombra a la luz.


  Si a Orquesta y Director les reconocemos (luego de la impresionante versión Nelson Göerner en el Teatro Coliseo) el total dominio de la obra y saber acompañar al solista “arropándolo”, aquí también lo logró, sabiéndolo esperar ya que Sham es portador de un enérgico estilo con muy buena personalidad y un  manejo tanto del “tempi” como del silencio verdaderamente magistral. Por la intensidad, la entrega de todos y un final sencillamente electrizante, es que la versión ha sido de excelencia. No extrañó entonces que el Colón “rugiera” una vez más.


  Luego de un momento tan intenso, Sham le regaló al público una “perla” más . Una transcripción de Bach hecha por Rachmaninoff que en sus manos sonó como un delicado presente.


  La culminación del concierto marcó la despedida como solista titular de flauta de Claudio Barile, para quién solo tengo palabras de agradecimiento por tanta música de la buena que ha hecho brotar de su instrumento. Toda la suerte para este gran músico para lo que nos ofrezca de acá en adelante.



Donato Decina


No hay comentarios:

Publicar un comentario